Advertencia: Lenguaje vulgar, violencia.
Gracias a Veglover ! quien me regaló de su sabiduría para mejorar :)
Capítulo 35
Desolación
El cielo estrellado que se podía ver a través del domo, en otro momento habría sido digno de apreciación para ella. No ahora. Sus ojos zafiro no miraban en detalle nada a su alrededor. Había una disputa mental que la sumía en un silencio espectral. Mientras ella sufría una lucha interna, a su alrededor Zarbón se movía con profesionalismo ordenando a técnicos y soldados de su escuadrón. Sus órdenes eran claras, reunir todo lo necesario para salir en quince minutos del planeta.
El soldado verde no estaba al tanto del trance mental de la joven. Para el subordinado de Lord Freezer, estaba a un paso de provocar una discordia ejemplar en uno de los personajes que más odiaba. Sabía que el orgullo del mono sería profundamente afectado y era el orgullo la esencia de Vegeta. Le encantaría poder ver su reacción cuando supiera que su mujer lo abandonaba para irse con él. La sonrisa maliciosa que se formaba en sus labios no pasaba desapercibida para nadie. Los soldados a su alrededor miraban a hurtadillas a la pareja, sabían quién era la mujer al lado de la mano derecha del emperador. Muchos se sentían entre la espada y la pared, podían sentir que estaban en medio de titanes y que cualquier error desataría la exterminación de víctimas como ellos. Pero no podían hacer más, debían obedecer a su líder de escuadra aunque eso costara su propia vida.
La bota del soldado se movía con nerviosismo, miraba a sus esbirros moverse con suma eficacia pero no era suficiente para él. Sus ojos ámbar tenían un brillo inusual que reflejaba la desesperación que sentía en ese momento. Ansiaba poder concretar su mal y el tiempo que lo sentía aletargado lo hacía sentir inseguro. Como si en cualquier momento pudiera llegar el heredero de los saiyajin e impedir su plan. No era como si no pudiera derrotarlo pero su idea era hacer daño emocional no físico. Quería burlarse del saiayajin, arrebatarle la seguridad y porque no decirlo, la felicidad. Podía ver y envidiar esa vida que llevaba y se lo quitaría, el maldito saiyajin podría tener el favoritismo del emperador, pero no a su mujer que tanto celaba y protegía.
—… Zarbón—el soldado volteó a verla regalándole una sonrisa, pero el rostro perturbado de ella que evitaba su mirada lo confundió—no me iré.
— ¿Qué? —Frunció el ceño y la miró fijamente, se inclinó un poco para quedar a su altura y buscó sus ojos— ¿De qué estás hablando?
—Prefiero avisarle a Vegeta primero— murmuró levantando la mirada— él sabe qué pienso de esto y, no creo que salir así como así le vaya a agradar.
— ¿Estás jodiéndome? —Bulma lo miró extrañada— ¡Debes irte ahora!
— ¡Yo decidiré cuando irme! —Exclamó indignada—te agradezco mucho tu interés, pero me las arreglaré sola cuando llegue el momento—asintió a sí misma y le dio la espalda. Después de pensarlo mucho, no logró entender cómo se dejó arrastrar por él. Ella conocía a Vegeta y sabía que no le gustaría lo que estaba haciendo. Ellos ya habían hablado de la situación, él sabía lo que pensaba pero ese no era el método de alejarse de él. Su pecho se comprimía, había algo que la inquietaba y suponía que se debía a su decisión. Estaba en un error, lo mejor sería salir de allí.
—Oh no… tú no te irás de aquí—Bulma frunció el ceño y volteó hacia él, pero el soldado la sorprendió al tomar con fuerza su muñeca— mejor dicho… sí te irás de aquí.
— ¿Qué? — Balbuceó atónita—no puedes obligarme… esto es un—
— ¿Secuestro? —Dijo divertido— no linda, tú quieres irte, alejarte de él pero no tienes el valor de enfrentártele. Yo te ayudaré, él no te pondrá ni un dedo encima nunca más—Bulma se sorprendió al oír sus palabras. Su promesa de defensa inferida de su discurso la dejó confundida. En parte, porque aunque su esposo ya no era el de antes, el que conoció y la dañó demasiado al punto que a veces temía que se repitieran aquellos dolorosos recuerdos, sus palabras le prometieron seguridad y lo quisiera o no, era más atractivo que vivir en las dudas e incertidumbres.
Por eso se dejó arrastrar sin decir una palabra. Cinco minutos más tarde ella estaba a bordo de una nave del OIC. En silencio observó cómo subían los últimos implementos necesarios para un viaje que no tenía idea cuanto duraría ni a dónde iría. Todo pasaba a un ritmo demasiado lento para ella, pero no había forma de cambiar ese hecho. Estaba ida, miraba y no veía lo que realmente pasaba a su alrededor, no era consciente de la catedra que Zarbón a su lado le explicaba o más bien intentaba hacerle entender, como si ella no supiera las palabras que él le decía, como si ella no fuera consciente de lo retorcido que era su relación. Pero a menudo se repetía que eso era antes, que el hombre con el que estaba ahora no se merecía esto. Venía a su memoria sus momentos juntos, la mayoría en la cama. Sus últimas palabras y sus miradas, esas miradas que eran solo para ella. El ronroneo del motor de la nave la sobresaltó, y fue ahí, en ese preciso instante en que la puerta se cerró y la nave vibró elevándose mientras que el domo se abría a su paso para permitirle salir, que ella tembló. Sus piernas empezaron a tiritar, el frío estremeció cada célula de su cuerpo, y su corazón latió lento y doloroso. Lo último que vio fue el rostro sonriente del soldado apuesto y todo se desvaneció.
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Cuando despertó, los ojos amberinos preocupados la saludaron. Sus ojos somnolientos miraron a su alrededor para verse en medio de una sala blanca con ventanas redondas. Estaba sobre una cama pequeña y de colchón delgado, para nada cómoda. No podía compararse a los lujos de su nave que compartía con su esposo. Intentó sentarse, pero todo daba vueltas a su alrededor. Las formas y contornos no lograba distinguir, solo el verde agua de la piel del soldado destacaba junto a sus dos orbes doradas. Su mano temblorosa acarició su sien perlada de sudor. Las fuerzas habían abandonado su cuerpo y por más que intentó mantenerse sentada no lo consiguió.
— ¿Estás bien? ¿Qué es lo que sientes? — Dijo la voz aterciopelada del soldado.
— ¿Dónde estamos?— Preguntó sin mirarlo observando el techo metálico, podía oír a lo lejos el ronroneo de la nave, muy ruidoso a su parecer— ¿Hace cuánto que nos marchamos?
—Tenemos tres horas de ventaja, pero si se dan cuenta y toman su nave más rápida eso se reducirá a una…—murmuró pensativo—pero con lo sumido que están en alabar sus propios traseros, no creo que noten tu ausencia.
—…—cerró sus ojos unos minutos, pensando sí realmente él demoraría en notar su ausencia ¿Qué diría cuando lo supiera? Tragó saliva de solo pensarlo. Esa inquietud que la acompañó todo el viaje hacia el planeta del lagarto y que ahora estaba allí latente, se había vuelto más molesta que nunca. Era como su intuición, la que le advertía que algo saldría muy mal— ¿A dónde vamos?
—Es una sorpresa—dijo el soldado sonriéndole. Bulma lo miró por el rabillo del ojo y negó— ¿Qué?
—Quiero ir a mi planeta. Pon las coordenadas de la Tierra—soltó firme.
—Pero… allí será el primer lugar donde él te vaya a buscar—comentó extrañado.
—No estoy escapando de él. Solo me voy— murmuró cerrando los ojos—él sabe que me iría. No me estoy separando. Él es mi esposo.
—No porque lo decidieras—soltó mordaz. La peliturquesa desvió la mirada, recordando las palabras del saiyajin. Él realmente era un ser venenoso. En ese momento, el arrepentimiento por haberse dejado embaucar por su labia la atacó. Vegeta le había advertido, él no tenía buenas intenciones… entonces, ¿Con quién estaba más segura? ¿Con su esposo o Zarbón? ¿Cuál era el monstruo?
— ¿Por qué haces esto? —Preguntó sin mirarlo. Zarbón alzó una ceja y sonrió.
—Ya te lo dije, no quier—
—Di la verdad—interrumpió alzando la voz—odias a Vegeta ¿En dónde quedo en tu juego? ¿Cómo sé que me estás ayudando o lo haces por tu conveniencia?
—… ¿Si desconfías de mí, porque me acompañaste? —preguntó serio, interesado en la respuesta de la mujer joven.
—… De imbécil. ¿No piensas ayudarme, verdad? ¿Sólo buscas dañar a Vegeta? —Preguntó con dificultad, cayendo en cuenta del error que había cometido.
Soltó una risa cansada y respondió—Lord Freezer siempre ha estimado más de la cuenta a tu esposito. Se atribuye sus logros y todo porque pasó un tiempo con él cuando era un crío insolente—resopló cansado y se acercó a la cama de ella sentándose a su lado, la sintió tensarse pero no se movió. La vio reincorporarse con dificultad para apoyarse en la muralla y poder verlo de frente. Notó su palidez y muy en el fondo, se preocupó. Miró las aureolas violáceas debajo de sus ojos azules y dudó. ¿Estaba cometiendo un error? —Kuriza, su propio hijo, ha sido degradado por tu esposo…
—… ¿Por qué me sigues diciendo esas cosas? —murmuró mirándolo seria, intentando estudiar al desconocido que tenía en frente— no veo que me sirvan de algo.
—Intento justificarme… Tu esposo nunca me ha agradado, y no creo que se merezca a alguien como tú—Bulma agachó la mirada, perdiéndose el detalle de la proximidad del soldado que, poco a poco se acercaba a ella— no eres feliz con él…
—Eso no es asunto tu—sus palabras se vieron interrumpidas por los labios del saldado. Sorprendida con los ojos bien abiertos recibió el beso del hombre que había posado sus grandes manos sobre sus menudos hombros. En tres años no recibió otros labios que no fueran los de Vegeta. Los labios del guerrero se sentían fríos y se movían con experiencia sobre los suyos, pero no se sentía bien. No se sentía para nada bien. Estando allí, dominada por el soldado lo único que pasaba por su cabeza era ¿Hasta qué punto los hombres, se sentirían con el derecho de tomarse ese tipo de atribuciones sobre ella? En ese momento, algo la sacudió internamente. Ella ya no quería una vida así. Cuando volviera con Vegeta, se lo iba a decir. No soportaba más hacer algo que ella no quería, dar en el gusto a alguien por temor a que se molestara, quería poder expresarse sin temor. Y esa sería la verdadera prueba que tendrían que pasar su esposo y ella. Se alejó del guerrero con determinación, volteó su rostro quitándole sus labios rosa y lo miró furiosa. Su ceño arrugado y sus ojos ardiendo, le reflejaron al hombre a su lado que no había actuado bien— ¿Qué se supone que haces?
—… ¿Te molestó? —preguntó sonriéndole.
— ¿Qué si me molestó? ¡Claro que me molestó! —dijo levantando la voz—no vuelvas a tocarme—aseveró seria y esquiva. Zarbón alzó una ceja y río divertido— ¿Qué te causa gracia?
— ¿Con él eres igual de rebelde? Debe ser un problema para él poder controlarte—Bulma lo miró despectiva, con su mano empujó su pecho y aunque su fuerza no era comparable para el soldado, éste se hizo a un lado y le permitió alejarse de él.
—No se trata de rebeldía. No tenías por qué hacer eso—murmuró de modo acusador mientras se ponía de pie—estoy casada y amo a Vegeta. No vuelvas a tocarme—sentenció molesta y salió de la habitación dejando solo al soldado verde.
Sentía que su corazón latía a mil por hora. Su respiración agitaba su pecho, su abdomen se retorcía y su mano acariciando su vientre intentando calmar su dolor era lo único que podía mermar su desesperación. Estaba nerviosa, demasiado, como si Vegeta en cualquier momento pudiera salir de las paredes y decirle que la oyó, que oyó lo que ella sentía y que era una estúpida por haberse enamorado de él. ¿Amor? ¿Siquiera sabían los saiyajin que era el amor? Había reconocido lo que sentía delante de un desconocido y ahora estaba hecha un revoltijo de sensaciones y emociones ¿Cómo sería reconocérselo al dueño de esos sentimientos? No podía siquiera llegar a imaginarlo. Lo más irónico de todo era que, a pesar de sentirse turbada por haber dicho aquellas palabras en el fondo, muy en el fondo se sentía tranquila. Algo que no lograba comprender le gritaba que eso había sido liberador ¿Pero por qué? Solo había alejado a un atrevido dejándole claro que ella no era una infiel y sobre todo porque amaba a su marido, no había mucho mérito en ello, era lo que correspondía. Se detuvo en medio del camino, sin saber a dónde ir o qué hacer en una nave que no conocía. Se apoyó en la muralla fría metalizada y suspiró.
En unas cuantas horas, había sentido y pensado demasiado. Quería un descanso. No podía soportar un minuto más de pie. A su memoria vinieron esas terribles acusaciones de Zarbón en contra de su marido… ¿Realmente Vegeta había actuado de esa forma? Le costaba creerlo incluso teniendo en cuenta lo que él le había hecho. Algo no encajaba, no sabía qué, pero de lo que lo conocía, no lograba imaginarse a su marido en esas circunstancias, bien, quizás asesinando y desmembrando sí, pero a pesar de haber sufrido ella misma abusos por su parte, no lo veía haciéndole lo mismo a otras mujeres y no entendía porque ¿Quizás porque ella era la única torpe en negársele a un hombre apuesto como él? Podría ser. Pero no era un argumento suficiente. Era algo, como su intuición, la que le gritaba que todas esas habladurías eran solo mentiras por parte del soldado que buscaba dejar mal a su esposo. La había hecho dudar, debía darle crédito por eso. De aquí a una parte, se había dado cuenta que era más intuitiva de lo que pensaba.
Miró por la ventanilla reforzada y se perdió en el negro del espacio. Las estrellas seguían viéndose lejanas y lo único que la asaltaba era qué podía estar pensando Vegeta cuando supiera que se había ido. Algo le decía que lo que realmente le molestaría era que no lo había hecho sola. Maldijo por lo bajo. Debió permanecer firme y no dejar que el soldado la arrastrara a ese punto, y ahora ahí estaba, pensando en qué excusa le diría a su marido cuando lo viera. Lo único que la consolaba era que ellos ya habían discutido el tema. Tampoco podía culpar de todo a Zarbón, si en primer lugar estaba allí se debía a sus dudas y miedos que no podía contener.
¿Realmente estaba dañada?
Miraba su reflejo en contra luz del fondo espacial, observó sus ojeras y miró con disgusto su estado. Ese no era el mejor momento para observarse. Apoyó su frente contra el vidrió y suspiró ¿Estaba mal haberse enamorado de Vegeta? ¿Era cuestionable su relación por todo lo que habían pasado? ¿Por qué se lo cuestionaba ahora? Vegeta no era el mismo que conoció, ahora el saiyajin era más atento a su manera, gentil cuando se lo pedía. Y se preocupaba por ella, eso lo sabía. Podía verlo en sus ojos fríos y calculadores, cuando se ablandaban, cuando la miraban a ella. Él era diferente. No era un ejemplo de marido, pero no era el desgraciado que la dañó tantas veces. ¿Era feliz a su lado? Había aprendido a ver sus aspectos positivos y a soportar los negativos. Estaba conforme con la relación que tenían, en parte al menos. Jamás tendría una relación de ensueño, de príncipes y princesas y finales felices. Pero funcionaban a su manera, se entendían y eran cómplices el uno con el otro ¿A quién engañaba? Ella era feliz a su lado. Con sus caricias olvidaba sus temores e inseguridades, se sentía protegida en sus brazos. Cada vez que se tocaban y sus cuerpos se entendían tocaba el cielo, y era él quién la acompañaba. Él la guiaba… había aprendido de él. Ella podía pedir la luna y él se la bajaría. No había nada que él no hiciera por ella… ¿Por qué dudó?... sintió sus ojos humedecerse. Él nunca le diría que la amaba, pero la trataba bien y a su manera saiyajin le demostraba que le importaba con sus arranques de celos, con sus constantes preocupaciones, asegurándose que comiera, cuidándola y mimándola en esos días del mes porque ella se lo pedía.
¿Por qué dudó de ser feliz a su lado? No era como lo había imaginado, pero no era malo. Dentro de su realidad y contexto, ella estaba bien a su lado. Lo extrañaba cuando no estaba, cuando entrenaba y no se veían, ella sufría. ¿Por qué otra razón sufriría si no lo quisiera a su lado? Él era una pieza fundamental en su felicidad lo quisiera o no, y ¿Qué importaba si estaba enferma por eso? Mientras estuviera bien ¿Qué importaba? Él le había prometido que nunca más le haría daño, se había disculpado ¿Cómo pudo olvidar esas palabras que tanto le costaron decir?
¿Por qué menospreciaba lo que él había hecho por ella? ¿Solo por el daño que le hizo en el pasado? No podía ser injusta. Las personas podían equivocarse y cambiar, y ese saiyajin no era la excepción. Secó sus lágrimas y olfateó el aire, respiró profundamente y suspiró. Vegeta debía estar furioso en ese mismo instante. Había cometido un error al irse con Zarbón, pero no al irse. Debió salir de allí por su cuenta, ahora, aunque el soldado había querido inmiscuirse por decisión propia, estaba en medio de una situación compleja, Vegeta no lo dejaría pasar. A Goku casi lo mataba porque se veían en el bosque, ¿Qué haría ahora a uno de sus enemigos con el que se había ido?
En cierta medida, se sentía culpable. Era como si cualquiera que no fuera Vegeta y ella lo mirara o hablara, lo estaba condenando a un odio y muerte en manos del saiyajin. Era un poder peligroso. Se alejó de la ventana y se dispuso a caminar, pero una ola de mareos la hicieron apoyarse nuevamente en la pared. Su cabeza dolía, el torrente de emociones que había sentido en tan poco tiempo la agotaron físicamente al punto de caer desmayada y debilitarse de ese modo, o al menos eso pensó ella. Se fue caminando sin dejar de apoyarse en la pared blanca, cada paso tembloroso que daba le hacía girar todo a su alrededor. No debió levantarse. Pero en ese momento, lo único que quiso hacer fue alejarse de la venenosa víbora que tenía en frente y que osó besarla.
De solo recordar el beso se disgustaba consigo misma ¿Cómo no lo vio venir? Se sentía sucia. En ese momento quería a Vegeta a su lado, que estuviera allí, correr a sus brazos y lanzársele, besarlo y borrar ese mal recuerdo. Pero las cosas no eran así de sencillas. Con mucha dificultad, llegó a la sala de control de la nave donde había un par de hombres reptilianos dirigiendo la vaina espacial.
— ¿Hacia dónde nos dirigimos? —preguntó alzando su voz. Ambos hombres voltearon hacia ella y se miraron entre ellos, confusos e inseguros— ¡Respondan!
—Al planeta madre del señor Zarbón, princesa—Bulma sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo. Su corazón se detuvo unos segundos y respiró profundamente antes de hablar.
—No—alzó su voz de modo imponente, imitando a su marido—llévenme a la Tierra.
—Son órdenes del capitán, princesa—murmuró uno desviando la mirada—solo el capitán puede ordenarnos que—en ese momento, una alarma ruidosa los interrumpió. Bulma respingó en su posición y miró hacia el techo donde luces rojas titilaban al ritmo de la horrorosa melodía— ¿Qué?...
— ¿Qué está pasando? —dijo con voz de comando Zarbón al llegar a la sala. Bulma frunció el ceño al recién llegado, de partida porque que él estuviera allí indicaba que la siguió; casi adivinando sus pensamientos, el soldado la miró preocupado, cosa que no supo cómo tomarse la princesa.
—Nos siguen—contestó el soldado con voz angustiada—es… es la nave de Lord Freezer—volteó hacia el capitán de la nave confundido, y vio con asombro, que el soldado verde estaba igual que él.
Bulma miró a Zarbón extrañada, el rostro del hombre estaba pálido y sus puños temblaban. Algo que no auguraba nada bueno. Su intuición volvió, con más fuerza y supo, que algo no andaba bien, es más, que eso no iba a resultar nada bien. Y no sabía si temía por ella o por Zarbón, e incluso por Vegeta. No sabía nada… lo único que supo, y estaba segura, que Freezer no los seguía por algo bueno. Tragó saliva en seco y caminó hacia Zarbón, quién agachó la mirada al verla.
— ¿Qué hay de malo que nos siga Freezer? —preguntó con recelo— ¿Hay algo que debería saber?
—No es Freezer…—murmuró sin mirarla—es Vegeta.
— ¿Qué? ¿Por qué vendría en una nave que no es suya? —se preguntó a sí misma.
—Es Lord Freezer quien lo acompaña…—levantó su mirada hacia la joven, intentando comprender más o menos el humor de la humana. Bulma miró a los pilotos de la nave sin preocupación aparente y caminó hacia ellos— ¿Qué vas a…?
—Establezcan contacto con la nave. Si Vegeta está allí, quiero hablar con él—Zarbón abrió los ojos de par en par y antes que los soldado le preguntaran él ya estaba encima del panel de control— ¿Qué estás haciendo? —preguntó la princesa mirándolo extrañada.
—No—ordenó recuperando su calma habitual—pongan la nave en modo ausente ¿A cuánto están de nosotros? —Bulma frunció el ceño al oírlo. Había escuchado ese tal modo ausente de algunas naves. Consistía en darle un período de invisibilidad en radares, donde no podían verlas en el espacio ni mucho menos rastrearlas e infiltrarse en los sistemas operacionales.
—3 horas, capitán—Zarbón asintió sin pensarlo y les dio la espalda. Caminó a paso firme hacia la peliturquesa que lo miraba confundida; el guerrero se acercó y la tomó de la muñeca, la joven quiso alejarse pero él no se lo permitió.
Bulma fue arrastrada fuera de la sala de control, el guerrero no aplicó fuerza pero sí firmeza. La humana fue todo el camino exigiendo una respuesta, pero el soldado no dijo una sola palabra. La princesa inevitablemente se angustió. Antes el soldado la había besado sin su permiso ¿Qué querría ahora? ¿Sería capaz de…? No quería ni imaginarlo. Con hombres como Vegeta o Zarbón, ella no tenía oportunidad de defenderse más que con palabras y muchas veces en vez de ayudarse, terminaba haciendo todo lo contrario.
Observó afligida como descendían entre plantas y plantas. Poco a poco la fachada de la nave se volvió más industrial y con nulo diseño visual. Las latas y tuercas se veían y algunas estaban oxidadas. Bulma, horrorizada, estudiaba el deplorable trabajo tecnológico de la nave del OIC, y comprendió porque el lagarto quería la tecnología terrícola. No podía seguir los pasos del soldado, daba pisadas largas para poder seguir su ritmo, su falda se mecía de lado a lado entorpeciendo su trote.
— ¿A dónde me llevas? —preguntó intentando mirarlo, pero el soldado no contestó. Bulma miraba su trenza menearse junto a su paso, de vez en cuando volteaba hacia atrás para medir la distancia que llevaban recorriendo. Los susurros del motor cada vez se hacían más ruidosos— ¡Zarbón!
—Te sacaré de aquí—respondió sin mirarla—no estás segura.
— ¿Qué? ¡Debo hablar con Vegeta! —exclamó exaltada—no me iré a ningún lado… ¿Estás escuchándome? —preguntó afligida.
—Escúchame tú a mí—el hombre se detuvo abruptamente y volteó hacia ella; Bulma tragó saliva en seco al ver su semblante preocupado—Vegeta viene a buscarte y no está feliz ¿Qué crees que te hará cuando te encuentre?
—Nada—se apresuró en responder—estará molesto, sí, pero no me hará daño.
—Eso es lo que crees… Suena lindo—soltó irónico—pero la verdad es mucho más cruda—se inclinó y posó sus manos en sus hombros y la acercó a él, la joven alejó inconscientemente su rostro, previniendo cualquier acercamiento de tipo amoroso que al soldado se le pudiera ocurrir—lo conozco, estará furioso y no medirá consecuencias. Es capaz de matarte—tragó saliva en seco, aunque su mente le jugaba malas pasadas y le hacía recordar el desastroso encuentro en el bosque junto a Goku, donde el saiyajin no midió ni la quiso escuchar en primera instancia, se repetía que ahora era distinto. Que Vegeta la oiría y no reaccionaría de ese modo, no otra vez.
—Zarbón, asumo lo que pueda pasar. Sé que no me hará daño—quiso decir que él se lo había prometido y que nunca había faltado a su palabra. Pero no se atrevió, es más, prefirió dejar eso para ella. Era algo intimo que solo le correspondía a Vegeta y ella. Nadie más debía saber de eso—déjame hablar con él.
— ¡No seas terca!—exclamó y volvió a caminar—te enviaré a la Tierra, que allá te vaya a buscar más calmado. Ahora no me arriesgaré a que cometa una estupidez.
— ¿Estás preocupado… por mí? —preguntó confundida y desconfiada. El soldado se detuvo justo en el umbral de una sala, sin mirarla suspiró y habló en un murmullo bajito.
—Te metí en esto. Si te hubieras ido por tu cuenta, Vegeta tal vez te oiría como dices. Pero estás conmigo, y eso no lo perdonará y puede herirte aunque no quiera hacerlo. Es mejor prevenir—por más que intentó desmenuzar sus palabras, analizarlas y ver maldad o dobles intenciones. No las halló. La princesa notó como el hombre soltaba su muñeca y caminaba hacia el centro del cuarto amplio, lo siguió lentamente en silencio. Sin poder responder a sus palabras.
Se vio en medio de un mini puerto espacial. Había una hilera de naves esféricas que ella bien conocía. Un modelo similar usaban los saiyajin para salir de misiones, claro, su padre le había implementado mejoras exclusivas. Recordó las palabras del soldado y se angustió ¿Realmente debía irse así sin hablar con el príncipe? Estaba confundida, por una parte sentía que era necesario quedarse y explicarle sus motivos al saiyajin y sobre todo, prevenir una desgracia. Ya podía oír la noticia sobre la muerte del soldado verde y a pesar de todo, ella no le deseaba ese desenlace. Pero, conocía a su marido y sabía que cuando perdía el control no había nada que lo calmara hasta que explotara y dejara a lucir toda su irá y poder. Y perfectamente eso podía herirla y no tenía por qué ser a propósito.
—Llegarás en dos meses a la Tierra—dijo el soldado sacándola de sus pensamientos. Lo vio adentrarse en una nave e ingresar unos datos en el panel—aunque no sé si él llegue a buscarte…
— ¿Disculpa? —Preguntó extrañada. El soldado salió de la cavidad personal y la miró hacia abajo— ¿Qué?...
—Quizás no lo vuelvas a ver—afirmó con una sonrisa ladina— serías libre de una vez por todas ¿No?
—Vegeta volverá por mí—afirmó mirándolo con rabia— ¿Por qué insistes en que me aleje de él?
—… No lo decía porque él no quisiera verte. No podrá, que es diferente—respondió cruzándose de brazos—lamento decirlo, pero no me contendré con tu esposito.
— ¿Estás insinuando que lo matarás? —preguntó levantado una ceja; se sorprendió a sí misma tomándose con calma sus palabras, pero era fácil. Eso no pasaría. Vegeta no perdería jamás con Zarbón. Goku se lo había dicho en una ocasión, su esposo había superado el nivel de los soldados más fuertes del emperador, estaba segura que, en un combate, quien ganaría sería su esposo.
—No lo insinúo. Lo sé. Nunca pudo vencerme—soltó con soberbia—pareces tranquila a pesar de—
— ¿Y eso fue cuando Vegeta tenía 6 años? ¿O menos? —preguntó con ironía—no conoces a mi marido. Sé que puede vencerte. Quien temo que no volveré a ver será a ti—Bulma no esperó una respuesta ni mucho menos alguna reacción, miró la nave esférica y respiró profundamente, intentando decidir.
—Le tienes confianza—murmuró mirándola con recelo—pero luego hablamos de esto—la princesa frunció el ceño por su afirmación, sabía que estaba ignorando sus palabras y dejándole ver su seguridad frente a un enfrentamiento con el príncipe—es mejor que te vayas. Tendrás unas horas de ventaja.
—Ya te dije que no me iré—afirmó sin mirarlo—agradezco tu "preocupación"—Zarbón frunció el ceño al oír su tono, podía entre ver su incredulidad—pero no huiré de Vegeta. Es mi esposo y—sus palabras fueron interrumpidas por el empujón del guerrero. La princesa fue lanzada con precisión dentro de la nave— ¿Qué haces? —preguntó exaltada, pero cuando el soldado se adentró junto a ella en el pequeño espacio, guardó silencio. El rostro del hombre estaba a pulgadas del suyo, sus ojos ámbar miraban fijamente los suyos que por la sombra que cubría su rostro debido a la forma de la nave, parecían más oscuros de lo que eran, al igual que sus ojeras.
Zarbón admiró en silencio su rostro femenino. Esos segundos en los que ella debería estar saliendo de allí para él resultaron más oportunos para observarla. Al ver su expresión confundida y sus ojos de mar en furia, supo porque el saiyajin la había elegido. Había algo en esa humana que atraía y no solo era su cuerpo y cara bonita. Era su carácter, su temperamental personalidad que le hacía frente a titanes como él o Vegeta. Esa mujer era digna de admiración y en ese instante, cuando esa revelación lo asaltó, lo decidió. Ella sería para él. Alejaría las sucias garras del mono y se quedaría con la princesa, la sacaría de su cuento de horror como el caballero honorable que creía que era.
—Eres tan terca—gruñó sonriéndole, provocándole más confusión aun a la humana. Ella iba a quejarse, a reprocharle y pedirle que se alejara quizás o discutirle, no lo sabía, pero no quería oír más negativas de su parte. La silenció con un beso, un beso que ella no quiso recibir pero el asiento acolchado le impidió su escape y con sus enormes manos en sus pequeños hombros, la aproximó para él. Sus labios fueron esquivos, intentaron rehuírsele en cada oportunidad, pero él era un guerrero fuerte y ella solo una humana que no podía evitar lo que sucedía. Sentir esa constante lucha por parte de la chica lo animó en cierta medida, aun en esa circunstancia donde la mujer no tenía ninguna oportunidad de salirse con la suya, intentaba alejarse y zafarse de su beso demandante. Pero no ganó. Sus labios verdes se movieron con premura sobre los de ella, devorando todo a su paso. Hizo suyo su sabor, su saliva y su hálito. Se alejó de ella solo cuando le faltó el aire.
—Imbécil—murmuró entre jadeos la princesa, completamente indignada—no vuelvas a besarme ¡Apártate! No me iré—chilló intentando reincorporarse, pero la mano del soldado que se posó en su pecho se lo impidió. Bulma frunció el ceño por su atrevimiento, empezaba a sentirse muy pasada a llevar y no le gustaba. Sólo su esposo tenía ese poder en ella, no permitiría que nadie más osara siquiera en pensar que podía hacerle algo así, pero no pudo dejar ver su postura. El soldado no le hizo caso y en cambio, presionó un último botón en el panel y salió rápidamente de la nave— ¿Qué…?
Fue lo último que alcanzó a oír el soldado cuando se cerró la vaina. Bulma miró horrorizada como el soldado le susurraba "volveré por ti" sin ningún escrúpulo, como si no entendiera sus constantes negativas. Pero no era momento de indignarse, miró rápidamente el panel, buscando cómo detener ese despegue. Sus ojos recorrieron el compartimiento y lo primero que notó fue la luz roja que indicaba el bloqueo de teclado. Frunció el ceño desesperada, mientras la vaina vibraba, podía oír como la nave abría sus puertas para dejar salir la esfera individual. Desesperada, tocó todas las teclas que ella conocía y sabía podían desbloquear los botones. Pero nada resultó. Cuando reparó en la cuenta de que, le estaba exigiendo un código para poder establecer los comandos que ella desesperadamente intentaba introducir, se le fue el aliento. Levantó la mirada hacia la ventanilla y vio a Zarbón sonreírle con galanura, cosa que la hizo enfurecer. Gritó a pesar de que él no podía oírla, pero para antes de terminar su insulto, la nave ya había salido disparada hacia el espacio vacío.
La desesperación aumentó, y todavía más cuando el sueño empezó a apoderarse de su cuerpo. Alcanzó a ver como el gas inundaba el pequeño cubículo, entre tantas veces que cerró sus ojos e intentó abrirlos de pura terquedad, miró las coordenadas que parpadeaban en la pantalla. El único alivio que sintió fue ver que él no mintió.
La enviaba a la tierra. Cerró sus ojos rendida, lo último que asaltó su mente fue que Vegeta estaría un buen tiempo molesta con ella, sonrió en medio de sueños y alucinaciones, ya se le ocurriría como reconciliarse con el príncipe.
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Planeta Cold XX
Sus ojos negros viraban desde los presentes hasta el actual emperador del OIC, "actual" porque no duraría mucho más en su posición. Su sangre se aceleraba de solo pensarlo. Revolvía el contenido de su copa intentando no parecer aburrido, la diplomacia no era algo que llamara su atención y le sorprendía que incluso el lagarto se diera esas molestias con sabandijas que no tenían ni un mísero poder de pelea. Pero por mucha sorpresa que sintió en un principio, poco a poco fue notando patrones entre los sujetos que lo rodeaban y que recién conocía o recordaba sus nombres porque antes simplemente no importaban.
Cada individuo que estaba regocijándose en vino, comida y putas, era dueño de alguna posesión que el lagarto quería y por x motivo no podía hacerse con ello. Esos motivos variaban desde que no tenía el conocimiento adecuado para adueñarse de algún ecosistema en particular, o había una especie que le interesaba sin ningún motivo aparente, etc. Entonces, comprendió porque no había atacado la tierra antes. La tecnología que el padre de su mujer había desarrollado era imposible de copiar y estudiar, solo los científicos del Rey Hakase y Bulma lograban descifrar y seguir produciendo mejorías. Si el lagarto hubiera querido usar la fuerza bruta con los humanos, simplemente no hubiera conseguido nada. Ahora entendía, que lo que Freezer quería era que el Rey Brief estuviera entre esa manga de inútiles que le lamían las botas al emperador. Pero el padre de su mujer no era así, había decidido bien el viejo al acercarse a los saiyajin y no ceder a la presión del tirano.
Unas mujeres de una especie que no conocía se le acercaron ofreciéndole un aperitivo. Levantó la mano evitándolas y suspiró aburrido apoyándose en su mano. Miró al frente y vio como el lagarto le sonreía, como solo él sabía hacerlo. La misma voluptuosa hembra que le ofreció un bocado de marisco regresó donde el tirano, y comprendió lo que pretendía el emperador. Quería congraciarlo con mujeres, comida y alcohol. Pero Vegeta sabía que buscaba algo más allá de lo que aparentaba. Podía oler sus planes a lo lejos, los años lo habían preparado para seres rastreros y malintencionados como él. Buscaba alejarlo de ella. También, quizá pretendía saber qué tipo de relación tenía con su mujer, lo que le hacía bastante sentido. Pero no caería en su juego. Había madurado, había comprendido que por serle fiel a su mujer no significaba que era menos macho que otros. La lealtad en un saiyajin se medía una vez que se unía a una pareja y él lo había hecho. Aunque su mujer no fuera saiyajin, él la respetaba y después de todo lo que habían pasado juntos, él mantenía su palabra. Y aunque quisiera, no podía ni le interesaba. Todas esas hermosas mujeres, a su parecer, no le llegaban ni a los talones a su esposa. No podía compararlas. Al recordarla, quiso estar junto a ella.
No sabía cuánto tiempo había estado allí en esa habitación privada de Freezer, donde sus invitados más ilustres disfrutaban de una fiesta íntima en la que él solo presenciaba en modo ausente, pero era suficiente para él. Quería pasar el resto de la noche junto a su mujer, sabía que pronto tendrían que separarse y no quería perder ni un minuto más lejos de ella. Además, estaba esa "amenaza/advertencia". Su intrépida mujer pretendía irse, sonrío al pensarlo. Se divertiría al encontrarla donde sea que fuera. Inevitablemente, buscó su presencia. Mirando su reflejo en su vaso, buscó a su mujer por los pisos y pasillos próximos. Frunció el ceño cuando la presencia que tanto conocía y buscaba siempre, no la encontró. Tragó saliva en seco, casi presintiendo un detalle que en ese momento se le escapaba y se concentró en buscarla por todo el lugar.
Quebró el vaso en sus manos al no encontrarla en ningún lugar. El vidrio quebrándose pasó desapercibido entre los gritos de júbilo y placer de los invitados del emperador. El contenido se esparramó en la alfombra y ensució sus guantes blancos, pero no le importó. Por más que buscaba y buscaba, ella no estaba en ningún lugar. ¿Sería que acaso... ella había decidido irse? ¿Sin siquiera hablarlo? Pero… ¿Qué más tenían que hablar? Todo había quedado claro entre ellos, pero algo no calzaba. Tenía más sentido que se tomara otra ruta cuando se tuvieran que despedir ¿Por qué irse sin siquiera comentarle o despedirse? ¿Estaría enojada con él? Miles de preguntas lo asaltaron en cosa de minutos, su cabeza dolió de tantas ideas, cada una más incoherente que la otra. Se puso de pie abruptamente, llamando la atención de los viejos que estaban sentados con mujeres sobre sus pelvis. El lagarto dejó su copa a medio camino hasta su boca, sus ojos rojos sangre miraron al saiyajin buscando algún indicio qué le pudiera revelar sus pensamientos, pero el príncipe tenía años de experiencia en esconder lo que sentía y pensaba.
—Me retiro—comentó serio caminando hacia la salida.
— ¿No gozarás de una buena mujer? —preguntó un viejo regordete mientras le agarraba las nalgas a una hembra pelirroja que se mecía sobre la casi inexistente pelvis debido a su gordura.
—Estoy unido a una buena mujer—murmuró sin mirarlo—y prefiero pasar la noche en compañía femenina antes que un grupo de—
—Pero aquí hay muchas mujeres, Vegeta—interrumpió Freezer frunciéndole el ceño—no hay necesidad de ir a buscar a la misma hembra que te follas siempre.
El príncipe meditó sus palabras unos segundos. No podía decir lo que realmente pensaba y sentía que era exponerse frente a quién menos debía hacerlo. Tuvo que alejar de su cabeza las frases como "siempre es una necesidad tenerla" o "ni siquiera pensaba en mirar ni tocar a otra que no fuera su Bulma", pero eran ideas y frases que no podía pronunciarlas delante de Freezer ni de nadie. Apretó sus manos en puños y miró de soslayo al lagarto que bebía de su vino y lo miraba atento, esperando quien sabe qué cosa.
—No necesito follar a otras para sentirme bien y seguro con mi masculinidad—soltó mordaz, haciendo que muchos en la habitación se ruborizaran sintiéndose identificados con sus palabras.
Salió del salón sin mirar atrás. No le importaba que pudiera estar pensando Freezer, solo quería saber dónde estaba su mujer, si tenía que mentir y fingir estupideces con tal de salir de allí para poder estar cerca de ella lo haría. Lo que sea con tal de estar de pie en frente de ella. El silencio interior se prolongaba, tragándose sus seguridades y optimismos, regurgitando las dudas e inquietudes, temores y locura. Con cada paso que daba, sus pensamientos iban mezclándose y dañándolo sin siquiera notarlo. La idea de que ella se hubiera ido lo hacía delirar en vida y su conciencia permanecía en jaque junto a su inconsciente. Cuando llegó al salón donde él la había dejado sola, no la encontró como supuso, como su intuición y control de ki le advirtió. Pero en ese momento la ira, en contra de sí mismo, fue la única que lo invadió.
¿Por qué la había dejado sola? ¿Por qué había dejado sola a su mujer, en medio de un montón de imbéciles que ella no conocía? ¿Cómo había dejado lo más preciado para él así como así? ¿En qué demonios había pensado? En nada. No pensó. Con la única idea en mente de inmiscuirse en relaciones diplomáticas con un grupo de pervertidos inútiles con los que tendría que tratar tarde o temprano al heredar el OIC, había dejado en la boca del lobo a lo único que le importaba realmente. Y ahora lo comprendía, comprendía su error y sobre todo, comprendía que sus sentimientos no eran de adorno. Que su preocupación latente, su posesividad y deseo constante se debía a un único motivo.
Ella era lo más importante para él. Al diablo el OIC. Al diablo Freezer… si ella no estaba junto a él, nada tenía sentido. Como ahora, en ese momento cuando estaba de pie en el umbral del salón principal observando el puesto vacío en que antes estuvo ella. Fue duro para él darse cuenta que por más que intentaba hacer a un lado sus sentimientos, no podía. Estaban presentes de modo inquebrantable. Más importante aún, reparar en que su propósito giraba en torno a ella resultaba un poco humillante. Pero había aprendido a ignorar esa humillación que en esa etapa de su vida ya carecía de sentido. La realidad era esa, la humana que había elegido para concretar la alianza entre sus razas le había robado el corazón, el alma y espíritu, sus pensamientos y deseos. Todo se reducía a ella. Y era la única verdad absoluta. No era un capricho como se intentó convencer al principio, era amor como lo entendió cuando la desposó por las leyes terrícolas. Y ese nuevo sentimiento que había conocido por ella, le dictaba que lo primero que debía buscar y luchar por conseguir, era la seguridad de ella. Y si no comprobaba con sus propios ojos que su mujer estaba bien, donde quiera que ella quisiera estar, perdería el control.
Podía entender, en cierta medida, el motivo de su "huida". Ella era intrépida y vivaz, no iba con su personalidad quedarse esperando mientras lo veía jugar al general y el soldado como le dijo antes. Podía suponer que hubiera querido irse para molestarlo o hacerle entender la determinación de sus palabras. Hubiera querido decirle que no era necesario, que sus hermosos ojos zafiro y mirada oceánica le habían dicho antes que sus palabras no eran en vano. Que no necesitaba llegar a eso. Que le hacía daño. Pero era tarde y lo que necesitaba era saber dónde estaba y cómo estaba. No tenía tiempo para lamentarse, tampoco para enojarse ni con él ni con ella. Ya podrían hablar con calma, ya podría tratar de hacerle entender a la loca de su esposa que con esas actitudes solo conseguía desquiciarlo y volverlo loco. Que la preocupación lo hacía delirar y obsesionarse con su presencia, que le urgía saber su bienestar.
Ella era su maldición, su veneno y su antídoto y bendición. Ella lo era todo. Respiró profundamente, su cola hizo presión en su cintura, podía sentir sus pelos erizarse, estaba perdiéndose. Debía calmarse, el palacio de mal gusto del lagarto temblaba por su ira. No podía dejar que nadie supiera su nuevo poder de pelea. Respiró profundamente, exhalaba ruidosamente y su pecho subía y bajaba con intensidad.
— ¿Está bien? —Volteó hacia un soldado que lo miraba perturbado— ¿Príncipe Vegeta?
—Mi mujer—ladró mirándolo con el ceño fruncido—ella estaba aquí ¿Dónde está?
—Su-su mujer—murmuró en son de pregunta—sí, estuvo aquí. Pero se marchó hace un par de horas—Vegeta abrió los ojos de par en par, el soldado se tensó al ver la máscara de horror que desfiguró el rostro del saiyajin, el pobre hombrecito lo interpretó como furia—no sé dónde está ahora, príncipe. Lo siento mucho yo—el heredero del OIC salió disparado de allí con una única idea en mente, dejando al soldado tembloroso más confundido y temeroso.
Recorrió el camino ido, completamente perdido en el torbellino de sus pensamientos. En ese momento se cuestionaba cada paso que dio y daba. A pesar de no saber el resultado de la situación, si realmente debía alterarse y preocuparse, no paraba de someter a juicio sus acciones, su propio actuar era lamentable a su parecer y sin siquiera poder evitarlo, la culpa poco a poco comenzó a recorrerlo. El miedo persistía, volvió arrasando todo a su paso. El pavor que lo dominó durante todo el viaje al pensar en que algo podía pasarle a la princesa se hizo más real que nunca. Y era ese miedo, el que le insistía que algo andaba mal, que no eran imaginaciones suyas y era comprensible que estuviera culpándose antes de tiempo. Aceleró el paso, su capa escarlata se mecía poco elegante por su ritmo; sentía que todo a su alrededor estaba borroso, y que el lugar al que quería ir se encontraba más lejos de lo que recordaba.
— ¡Vegeta!—volteó hacia atrás al oír a su Mano derecha, iba tan alterado que ni siquiera notó la presencia del saiyajin— ¿Qué ocurrió? Hiciste temblar todo el palacio…
—Bulma no está—no se atrevió a decir "me dejó" o "se marchó". Dolía, dolía mucho de solo pensarlo. No podía siquiera formularlo con palabras—quiero que cada saiyajin esté buscándola.
— ¿Cómo estás tan seguro que no está? —Preguntó pensativo mientras seguía el paso del príncipe—quizás está en su cuarto…
—Sé que no está ¡Haz lo que te digo! Maldita sea—gruñó haciendo que el hijo de la Mano del Rey se sobresaltara. Goku miró la espalda del saiyajin y obedeció en silencio. Envió órdenes a cada saiyajin a través de su Scouter.
—Ni siquiera puedo intentar buscar su ki, no tiene poder de combate, no lograría encontrarla—murmuró llegando al lado del príncipe.
—No está—repitió el heredero del OIC. El saiyajin de melena alborotada miró sorprendido a Vegeta. Sus palabras le dejaron en claro una cosa, que el príncipe ya había buscado la presencia de la humana. Pero lo que le llamó la atención, y aunque no dijo nada, fue la habilidad del saiyajin para sentir un ki tan minúsculo entre medio de tanta multitud y muchos de ellos con poderes de pelea altos. Solo había una explicación para el amable saiyajin, el príncipe estaba más familiarizado con Bulma de lo que pensaba. Siempre supo que el punto débil del príncipe era su mujer, esto era una evidencia más. No comentó nada, aunque quería. Pero la mirada tétrica del heredero le advirtió no abrir la boca.
Doblaron por un par de pasillos más hasta llegar a la sala de seguridad. El amigo de la peliturquesa miró curioso el lugar. Había múltiples pantallas en cada pared, él no era muy brillante ni observador, menos cuando se trataba de cosas tan triviales como avances tecnológicos. Pero no necesitaba ser un genio ni científico loco para notar que el progreso del OIC en cuanto a ciencia no era tan avanzado como el de los humanos y saiyajin. Aunque éstos últimos se debían netamente a la alianza de ambas especies.
—Quiero que revisen las cámaras de seguridad del salón principal en las últimas 3 horas—ladró mirando a dos técnicos que voltearon hacia los recién llegados, fruncieron el ceño y se miraron entre ellos— ¿Es que no me escucharon? ¡REVISEN LAS CÁMARAS!
—Lo-lo sentimos mucho, príncipe—balbuceó nervioso un ser de color azul y cabello rojo—pero solo los capitanes con mandatos de Lord Freezer pueden darnos esa orden.
—No te estoy preguntando—gruñó acercándose de modo depredador. Goku se tensó al sentir como la energía del guerrero ascendía rápidamente. Eso debía parar, no podían permitir que supieran el progreso del príncipe de ese modo tan descuidado.
—Calma—susurró detrás—harás temblar todo el palacio otra vez y ahora sí sabrán que fue por ti—Vegeta empujó bruscamente al saiyajin alto y le dio la espalda a los técnicos de la descuidada habitación. Goku no quiso preguntar ni tampoco disculparse con los hombrecillos, solo siguió al príncipe que a su parecer necesitaba alguien cerca que lo mantuviera con la mente fría— ¿A dónde vas?
—No preguntes estupideces—ladró sin mirarlo.
Goku tuvo que acelerar el paso para poder seguir su ritmo. El príncipe se movía impaciente y podía sentir como su poder se descompensaba. A momentos se elevaba para luego disminuir, su alteración era notoria y bien sabía que para que el saiyajin orgulloso demostrara lo que sentía, debía de ser por algo muy importante que lo afectara a ese punto. La única ventaja que podían sacar de todo eso era que, no todos podían sentir el ki como ellos. Era una técnica que muy pocos conocían.
Lo acompañó en silencio, miraba las paredes que cada vez se volvían más elegantes según el camino que tomaran, y mientras más se acercaban a su destino, el joven saiyajin supo a dónde iban. Podía sentir el enorme poder maligno del emperador. Se detuvieron en frente de unas puertas grandes y decoradas, el saiyajin alto frunció el ceño al oír la música extraña que provenía desde el interior, pero mucho tiempo para disgustarse no tuvo. El príncipe abrió ambas puertas de un golpe, y todos al interior de la sala se sobresaltaron con el ruido. Goku dejó ir un quejido de exclamación al ver a tantos hombres con mujeres copulando en la misma sala, que al verlos se detuvieron entre jadeos y vaivenes. La Mano derecha del príncipe desvió la mirada aturdido de toda las parejas que se encontraban allí.
— ¿Qué sigini—
— ¡Da la orden al centro de seguridad!—interrumpió el príncipe al tirano, en ese momento no se percató del soldado Dodoria que estaba al lado del lagarto que había dejado de hablar al verlo allí— Quiero ver las grabaciones ahora ya.
—Entonces es verdad…—murmuró sonriente mirando burlón al príncipe.
— ¿Qué? —Vegeta miró confundido al lagarto, la máscara de burla del lagarto y del soldado fucsia lo desconcertó, y en cosa de segundos se hizo la idea de que algo muy siniestro estaban tejiendo esos dos— ¿Qué sabes?
—Nada—se apresuró en contestar a la vez que presionaba un botón del brazo de su silla flotante para que avanzara hacia delante, mientras todos en la habitación guardaban silencio observando al tirano y saiyajin—Dodoria acaba de comentarme que estabas como loco porque tu mujercita no estaba.
— ¿Darás la orden o no? —dijo entre dientes, controlando la ira que hacía vibrar cada célula de su cuerpo. No había tiempo para sentir vergüenza, más tarde se cobraría esas humillaciones. El tirano le sonrío y le asintió sin dejar de sonreírle de forma burlesca. Algo en su sonrisa que normalmente era desagradable, le repudió todavía más. Nuevamente su intuición le decía que había detalles que se le escapaban y peor aún, el lagarto los sabía. En cierto aspecto eso le irritaba, la incertidumbre y no saber nada lo desquiciaba aún más. Esa inseguridad latente que no se iba lo empezaba a impacientar y eso sumado a la mezcla de sensaciones molestas, pensamientos y miedos e imaginación. Lo tenían completamente en los nervios.
No recordaba haberse sentido así antes. En sus casi 30 años jamás había pasado por algo así, donde todo su control, inteligencia, seguridad innata, orgullo y emociones, se revolvieran a un punto de reducirlo a nada. Y todo debido a ella… salió del salón rápidamente, con el lagarto, Dodoria y Goku siguiéndole el paso. Mientras caminaban, pudo oír como la bola de grasa con pinchos se comunicaba con los del centro de seguridad, informándoles que iban para allá. El camino se le hizo eterno, cuando solo habían pasado unos cuantos minutos, no más de diez. Pero el tiempo, la situación y todos a su alrededor, para el príncipe no significaban nada, lo único que lo movía e insistía a permanecer consciente o alerta, era la necesidad de saber de su mujer, saber que estaba bien.
Cuando el grupo entró al cuarto descuidado, los técnicos a cargo ya estaban con el archivo que él había solicitado antes listo para reproducir. Lideró el ingreso al cuarto, no esperó que nadie hablara ni mucho menos que le dieran los respetos correspondientes al tirano. Fue directo al tablero digital y presionó el archivo para poder analizarlo. Uno de los hombrecitos de piel azul se le acercó para ayudarlo en el proceso. Cosa que en el fondo, muy en el fondo, agradeció. No tenía tiempo ni ganas para lidiar con aspectos que él no conocía del todo, por lo que permitió que el técnico manipulara el tiempo del archivo.
El grupo se acercó curioso al príncipe, poniéndose en primera fila para ver lo que el saiyajin buscaba. Observaron atentos como la cinta se reproducía a media velocidad, mostrando las imágenes del banquete que se dio en el salón principal. Los ojos del saiyajin no tardaron en encontrar a su objetivo. Algo se rompió en su interior al verla sentada en el largo mesón. Vio rápidamente como todos se ponían de pie, incluyéndose, y la dejaban sola. Tragó con dificultad, lamentándose, queriendo que en la realidad pudiera retroceder el tiempo y quedarse allí con ella, evitando cualquier huida inminente o algo peor.
Y lo peor vino después.
No pudo seguir lamentándose por aquella decisión. Cuando vio al soldado con cara de rana acercarse al mesón, solo unos momentos después de él haberse ido, su estómago se tensó. Sintió su vientre tensarse y pesado, revuelto y suelto, todo a la vez. Y entonces supo porque algo no andaba bien, porque mentalmente se insistía que todo eso tenía un trasfondo y peor aún, que el detalle que se le escapaba era sumamente importante. Miró horrorizado, como si lo peor que pudiera pasarle fuera que Zarbón se sentara en la misma mesa a solas con Bulma. Y su mente le jugó feas y muy malas pasadas. Recordó la mirada perversa y lasciva del soldado hacia su mujer, como le tomó y besó la mano y mucho más frustrante fue recordar hace tanto tiempo atrás, cuando los vio a solas en un estudio del palacio en la Tierra. Entonces, algo le supo mucho peor. El muy maldito bastardo, siempre buscaba a su mujer. Por algún motivo que desconocía pero suponía muy bien, siempre que estaba cerca se le acercaba y esos ojos dorados y sonrisa boba, los odiaba tanto como a Freezer. Pensó que el inútil buscaba molestarlo, que intentaba provocarlo, pero verlo allí sentado junto a ella, haciéndola reír… fue duro. Porque entendió que el imbécil no estaba jugando. Que lo que fuera que se proponía, iba en serio.
Y lo comprobó minutos más tarde. El silencio en la sala era tenso, cada individuo en aquella habitación tenía sus propias ideas al respecto. Pero lo único seguro era, que no debían perder segundo de lo que sucedía en la pantalla. El príncipe fue ajeno a su cola que por cuenta propia se había desenredado y se meneaba de lado a lado, sacudiendo y rompiendo el aire de forma ruidosa. El heredero del OIC miró atónito como su mujer se ponía de pie abruptamente en movimientos veloces por el ritmo de la cinta y como el soldado la seguía rápidamente. En su mente se repetía una y otra vez "fue él" "él se la llevó" "me la arrebató" y un sinfín de ideas extrañas y que solo conseguían alterarlo; su boca estaba seca y le costaba trabajo poder tragar, pero debía hablar, debía pronunciar alguna palabra, debía saber cómo terminaba aquello. Porque esas imágenes lo único que conseguían era avivar la llama de su miedo.
—Sigue con las grabaciones del pasillo—murmuró. El soldado a cargo rápidamente hizo lo que le pidió. Se movió nervioso pero al ritmo de la situación, puso dos cintas a la vez, cada una mostraba lo que se filmó de lado derecho e izquierdo. No tardaron en omitir una, al ver a la humana y el guerrero en otra. Vegeta poco a poco fue perdiendo la calma, ver a su mujer junto al soldado le pasó la cuenta. Las siguientes escenas las sintió como un constante ataque de ki que le perforaban en abdomen. Algo pasó allí, algo que la hizo permanecer junto a uno de sus enemigos más peligrosos y desagradables, algo que la hizo platicar y discutir con el sujeto. Casi como si el técnico les leyera la mente, desaceleró el archivo permitiendo que se reprodujera en tiempo real. Lo lamentable del asunto era que no podían escuchar nada de lo que hablaban, y todos morían de curiosidad por saber, pero él, él moría lento y dolorosamente, no podía reaccionar, cuando sabía que debía buscar una alternativa para lo que estaba viendo.
—Vaya—dijo burlesco el lagarto—parece que hay detalles que se te escapaban de tu gran y maravillosa mujercita—soltó con ironía, provocando al saiyajin. Sus ojos rojo sangre miraron a su soldado y se rieron en complicidad. Hace no más de diez minutos el soldado le había informado que habían visto a Zarbón y a la humana subirse a una nave y despegar, fue cuando el príncipe irrumpió el salón hecho una completa fiera. Pudo decirle en ese momento, pudo hacerlo. Pero presenciar el dolor y humillación que seguramente sentía el príncipe en ese momento, fue mucho más tentador.
Vegeta no respondió. No podía. Porque cuando pensó en mandarlo al diablo, vio algo mucho peor. Al ver al imbécil que tanto tiempo deseó matar, tomar la mano de su mujer y largarse fue más desalentador de lo que pensó. Ya se había imaginado que él se la había llevado, pero verlo con sus propios ojos fue de todo menos tolerable. Antes de siquiera poder explotar de rabia, sintió la mano fuerte del amigo de su mujer sobre su hombro, que aunque no mencionó palabra alguna, fue fácil de inferir su intención. Aunque le costara, debía guardar la compostura por muchos motivos. No podía dejar ver que aquello le importaba a ese punto, y no podía mostrar su poder de pelea actual cuando todos creían que seguía igual de fuerte que hace unos años atrás. Entonces, solo podía actuar según el protocolo y lo "normal" que indicaba este. Como su esposo, marido, hombre, compañero, etc. No podía permitir esa humillación, debía hacerle pagar al que había osado con tocar o acercársele a su mujer, esposa, compañera. Pero los motivos que al saiyajin lo movían, iban más profundos que eso. Lo único que lo desesperaba más que la humillación o su orgullo herido, era la preocupación. Los escenarios donde ella resultaba herida por culpa del imbécil de Zarbón le helaban el espinazo y se le erizaban los pelos de la cola de solo imaginarlo. No había tiempo para despotricar en contra de ella cuando no sabía qué había pasado exactamente.
Eso lo había aprendido después de muchos errores que cometió. No podía juzgarla sin escucharla. Ella merecía eso antes que la regañara o peor… él no desconfiaba de ella, de la babosa malvada que se la había llevado sí.
—Prepara la nave—su voz era más grave de lo que cualquiera recordaba, podían sentir a través de esas tres palabras, lo que le afectaba al saiyajin la situación.
— ¿Piensas ir tras ellos? — Preguntó Freezer sin dejar de burlarse con su mirada— ¿Cómo sabes que no están en el planeta? — El lagarto quería hacer perdurar su diversión, y sobre todo, el estado de su mono favorito, quería ver a que se reducía.
—Simplemente lo sé—contestó de mala gana, dándole la espalda a los presente— ¡Kakarotto! ¡Muévete ahora ya! —exclamó por los segundos que el saiyajin no respondió.
— ¡Claro! —atinó a contestar dando un brinco, movió sus dedos con agilidad pero la voz del lagarto lo detuvo.
—Bien, bien… cálmate—murmuró moviendo su mano de lado a lado para restarle importancia al asunto—si realmente se fueron, te será más cómodo rastrearlos desde mi nave personal…
— ¿Por qué? —a esas alturas el príncipe le quedaba muy poca paciencia. Un minuto más o menos podía significar mucho en su situación.
—Si Zarbón salió del planeta, lo hará con una de mis naves—se encogió de hombros y sonrió a los presentes—mi nave personal tiene los registros de cada vaina espacial de mis dominios y están vinculadas, podemos rastrear la de Zarbón desde mi nave—Vegeta miró de modo suspicaz al emperador, después de las burlas y comentarios desagradables no esperaba ese tipo de ayuda. Él conocía ese sistema, sabía que de lo que hablaba y también que era verdad, y era bastante adecuado para las circunstancias.
—Bien—contestó de mala gana. Antes de caminar hacia la salida, el lagarto le dio la orden a Dodoria para que cuando estuvieran en la zona de despegue, la nave estuviera lista para el salir.
—No me mires así—murmuró fingiendo indignación—no podemos permitir que deshonren al heredero del OIC.
Deshonra. Aunque en ese momento sentía un conflicto de emociones que se yuxtaponían entre ellas o se mezclaban, sabía que debería estar molesto por eso, porque ella lo había desobedecido y había escuchado a un ser que él mismo le advirtió no hacerlo, y porque se había ido con él. Y claro, en cierta medida lo sentía. Pero lo único más fuerte ante su propia humillación era el bienestar de ella. Deshonra. ¿Su mujer habría sido deshonrada por el imbécil de Zarbón? Todo daba vueltas de solo imaginarlo. Él se había atrevido a tocarla delante de todos, incluyéndolo ¿Qué podía hacerle ahora estando a solas en medio del espacio? No quería ni imaginarlo. Si algo así le pasaba a su mujer, no dejaría ni rastros del estúpido que osó con arrebatársela.
—Vámonos ahora ya—gruñó con rabia.
El camino hacia el aeropuerto espacial fue más rápido de lo que pensó, o quizás así lo sintió. Cuando llegaron, lo primero que pudieron ver fue la enorme nave con aspecto de insecto. El saiyajin miró disgustado la vaina, pero ¿Qué más podía hacer? Debía dejar atrás la repulsión que sentía por todo lo que proviniera del ser que odiaba y quería asesinar. Recordaba cuando era un niño y había visto esa enorme nave el día que se fue de su planeta, que lo asustó en su momento aunque nadie lo notó porque desde muy pequeño que su orgullo le impedía demostrar sus emociones. Ahora se le hacía tan insignificante… tanto la apariencia en sí de la nave como lo que significaba. Solo le daba asco. Pero debía dejar eso aparte, era más importante el beneficio que obtendría al viajar en ella.
—Vegeta—volteó hacia el saiyajin que lo acompañó en ese momento y le frunció el ceño—los seguiremos.
—No es necesario—dijo el soldado fucsia entrometiéndose en la plática de saiyajin.
—No te metas en lo que no te concierne, bola de grasa—soltó mordaz el príncipe, el soldado, aunque quiso responder e insultar o defender su dignidad, no pudo hacerlo al ver la indiferencia del saiyajin hacia él. Molesto se alejó de ambos y subió a la nave—reúne a todos mis hombres.
— ¿Quieres que todos te sigamos?—preguntó confundido— ¿Estás seguro?...
—Sí—Vegeta le dio la espalda y se elevó en el aire—no cuestiones mis órdenes, Kakarotto.
No necesitó decirle más. No se preocupó que el saiyajin pudiera obedecer con eficacia, aunque le costara reconocerlo, sabía que el amigo de su mujer cumpliría. Entendía que el soldado se extrañara de su orden, él no necesitaba a su séquito de soldados para ir a buscar a su esposa. Pero nuevamente, su intuición, le decía que debía tomar precauciones.
Se embarcaron en cosa de minutos. La nave se tambaleó cuando guardó sus patas metálicas y se elevó en el aire para salir disparada al espacio. La gravedad controlada les permitió no sentir muy brusco el despegue, pero el saiyajin iba sumido en sus pensamientos por lo que no le prestó atención. Iba junto a Freezer en la sal de control. Los soldados que piloteaban la nave movían sus dedos largos con experiencia sobre un teclado colorido y luminoso. Mordía la mejilla interna izquierda, tratando de contenerse y guardar el poco autocontrol que le quedaba. Sentía todo a ritmo excesivamente lento, y con ello, las ansias de recibir respuestas lo alteraban aún más.
—Efectivamente la nave del capitán Zarbón está en este cuadrante—murmuró un soldado reptiliano—deme unos minutos para encontrarla…—tragó saliva en seco. Todo apuntaba a que sus ideas eran ciertas y es que era lo único que tenía sentido. Si lo último que había visto fue al imbécil arrastrarla de la mano por el pasillo, y no sentía su energía por ningún lugar, era cosa de atar cabos y entender que ella no estaba en el planeta y no se había ido sola—aquí esta… murmuró el reptil—se encuentra a tres horas, Lord Freezer ¿Qué quiere que hagamos?
—Establece comunicación con la nave, somos caballeros, hay que hablar de esto—sonrío el lagarto.
—No—todos voltearon hacia el príncipe quien miraba el tablero fijamente—síguelo.
— ¿Qué pretendes Vegeta?—por primera vez desde que Freezer se había enterado de lo que había hecho su soldado favorito, demostró preocupación en su voz y expresión.
—Poner en su lugar a tu esbirro baboso—contestó sin mirarlo. Dodoria frunció el ceño y miró al emperador que por unos segundos, observó serio y perturbado al saiyajin como si creyera sus palabras. Minutos más tarde, el lagarto rompió en risas.
— ¡Qué buena broma! —exclamó a carcajadas y segundos más tarde se le unió el resto de soldados.
—Veremos si es una broma cuando veas el polvo espacial que quede de tu queridísimo Zarbón—Freezer miró con la boca abierta al príncipe y por mucho que intentó burlarse o decir alguna tontería, no pudo. La seguridad con la que el saiyajin se expresó le hizo creer lo que el príncipe decía era cierto.
—Es un cretino…—susurró Dodoria.
— ¡La nave del capitán Zarbón entró en modo ausente! —exclamó un soldado mientras presionaba botones; Vegeta frunció el ceño y se acercó al tablero.
— ¿Y eso que significa? —el mismo soldado lo miró temeroso y sin dejar de temblar, cosa que molestó al emperador pero no hizo nada porque lo necesitaba en ese momento, le explicó con palabras simples de qué trataba aquel modo.
—Necesito unos minutos para poder infiltrarme en el sistema y saber el rumbo de la nave…—esos minutos para el saiyajin fueron eternos. Su pie se movía nervioso y sus dientes mordían con más fuerza su mejilla interna—no logro ingresar…
—No tiene sentido que active el modo ausente—murmuró el soldado al lado del reptil; Vegeta frunció el ceño y volteó a verlo y casi adivinando sus pensamientos, el soldado se explicó brevemente—solo puede estar en ese modo unos minutos, veinte o quizás media hora, pero no más. En media hora no podrá salir de nuestro radar.
— ¿Los seguimos? —preguntó el reptil al tirano. Vegeta no se molestó en prestarle atención a la respuesta. Él vería la forma en que se hiciera lo que quería. Pero no fue necesario pensarlo, el lagarto no tardó en asentir y guardar silencio.
El soldado Dodoria miró a su emperador y luego al saiyajin. No lograba comprender porque el dueño del OIC tenía ese favoritismo con el mono. Le permitía hablarle de forma irrespetuosa y terminaba dándole en el gusto en muchos aspectos, cosa que no hacía con nadie que no le fuera leal. Y ese era lo más curioso, porque sabían que no se podía confiar en los saiyajin. Supuso que si Lord Freezer había accedido a la "petición" del príncipe, se debía única y exclusivamente porque quería divertirse. Estaría atento al resultado de ese conflicto. Lo que comprendía menos aún era el comportamiento de Zarbón. Ya todos sabían que Vegeta sucedería al emperador ¿Cómo se le ocurría hacer semejante tontería? El soldado verde nunca le tuvo simpatía al mono, desde que lo conocieron siendo un cachorro. Y con el tiempo eso nunca mejoró, eran años de combates sin sentido porque siempre los ganaba el mayor, y de insultos y burlas mutuas. Pero ahora debía ser diferente, debían respetar las decisiones del emperador y con su atrevimiento estaba faltándole el respeto al saiyajin. Entendía lo difícil que era tener que rendirle cuentas a alguien inferior en todos los aspectos, pero solo les quedaba acatar. Suponía que era ese mismo motivo por el que Zarbón buscaba fastidiar al saiyajin, cualquiera debió ser quien usara el rol de Kuriza, menos el mono débil y altanero. Miró de soslayo al saiyajin que observaba por la ventana apoyado en la pared metálica. Aparentemente lucía tranquilo, pero su cola sacudiéndose de lado a lado y la ferocidad de su mirada gritaba en todos los idiomas y tonos, que estaba furioso.
—Sigue el mismo rumbo—comentó el reptil—ya pudimos infiltrarnos en el sistema, no hay ninguna anomalía. A toda velocidad no tardaremos en alcanzarlos. —Vegeta no respondió, sus dedos chocaban en sus músculos de modo ansioso. Sentía la sangre hervirle al pensar en su mujer en la misma nave que ese imbécil. Estaba desesperado por matar al idiota de Zarbón. Se debatía en hacerlo lento para verlo sufrir y regocijarse en su dolor, o hacerlo rápido para poder verla cuanto antes. Y a pesar de sus instintos, todo lo empujó a decidirse por la segunda opción. Antes que vengarse o cualquier cosa, quería saber de ella. Zarbón solo pagaría con su muerte. No había más opción que esa, porque sabía que no se contendría, no podría dejarlo en un estado inmovible o inconsciente. No en esas circunstancias.
Su Scouter se encendió y en el único lente se dejó ver un mensaje del saiyajin de cabello alborotado. Vegeta comprobó conforme que el soldado no había tardado en obedecerlo y estaban siguiéndolos de cerca. No es que los necesitara, pero prefería no cometer otro descuido. Estando allí, rodeado de súbditos del lagarto, no estaba seguro y prefería, una vez que recuperara a su mujer, viajar en su propia nave. Pensar en su mujer era igual a pensarla con el imbécil de Zarbón, y esas imágenes que le dejaban entre ver detalles que él desconocía. ¿Qué pudo decirle el soldado para alejarla? Porque no era idiota, él la conocía y esa Bulma que vio por las filmaciones, no era su Bulma. La vio alterada, nerviosa y afligida. El maldito había sabido usar sus putrefactas palabras sobre ella. Era imposible en ese momento no sentirse culpable, sabiendo que no estaba segura la había dejado sola ¿En qué demonios estaba pensando? Se preguntaba una y otra vez y nada venía a su cabeza, ninguna excusa era válida.
Oyó al reptil nuevamente hablar, mencionar que la nave donde viajaba su mujer junto al idiota de Zarbón se había detenido, seguramente a esperarlos. El príncipe miraba el espacio sideral sin musitar una palabra. Podía deducir que el soldado sabía lo que le esperaba y no tenía caso seguir huyendo además, imaginaba que al igual que el lagarto y los demás, no tenían idea de que su poder había sobrepasado con creces el suyo y el de cualquier soldado del tirano. ¿Cuánto más le faltaría para sobrepasar al tirano? Sus ojos negros viraron del espacio hacia el otro lado de la nave, donde el lagarto bebía de su vino y conversaba con Dodoria.
El tiempo que la nave se demoró en alcanzar la de Zarbón, fue más lento de lo que lo hubiera deseado. En esos momentos, no había nada que lo distrajera de sus propios pensamientos y empezaba a molestarse. El miedo no era una sensación que disfrutara y mucho menos valorara. Lo repudiaba con todo su ser. Y desde que había decidido viajar con ella que ese maldito miedo no lo dejaba. Ahora, después de comprender que no se equivocó, que su instinto estuvo todo el tiempo en lo correcto, ese miedo rayaba al borde de la locura. Y todo por ella. El pánico que invadía su sistema de solo pensar que el maldito le hubiera tocado un pelo, que ella resultara dañada de lo que pasaría, y cualquier escenario en donde por muy mínimo que fuera el daño hacia ella se volviera real, lo trastocaba.
Agradeció mentalmente cuando le informaron que habían ingresado al diámetro de la otra nave. Necesitaba respuestas y distraerse. Su propósito se veía más y más cerca, casi podía oler la sangre azul de Zarbón en sus manos. Costaba creer que solo habían pasado unas cuantas horas desde que se dio cuenta que ella no estaba allí, se sentía como si hubieran sido días y épocas muy lamentables y tortuosas para él.
—La nave está a solo diez minutos, Lord Freezer—el emperador se acercó en su silla flotante y miró hacia el saiyajin que durante tres horas no se movió ni un centímetro de su posición.
— ¿Qué pretendes Vegeta?—preguntó interesado.
—Ya lo dije—contestó sin mirarlo—volver polvo a Zarbón—Freezer sonrío ladinamente y suspiró.
—Activa el Campo T—murmuró desinteresado—si lucharán, no podrán hacerlo en la nave y son tan inferiores que no pueden mantenerse en el espacio sin oxígeno—soltó mordaz.
Vegeta no hizo caso a sus provocaciones. Tampoco al tono burlesco e incrédulo de su voz. Ya se divertiría al ver su rostro lleno de asombro cuando cumpliera su palabra. Observó como el reptil manipulaba los controles de la nave y esta se detenía al instante. El Campo T sería perfecto para la ocasión. Algunas naves tenían implementado esa característica que consistía en extender un campo de veinte kilómetros a la redonda con condiciones climáticas y atmosféricas ideales para la mayoría de las especies. Eran muy pocas las razas que podían sobrevivir en el espacio, como Freezer afirmaba.
Estaban a aproximadamente unos tres kilómetros de distancia entre naves. La portezuela de la nave insectoide del lagarto no tardó en abrirse, y en la de Zarbón, que era igual a la del emperador pero más pequeña, también. Vegeta sentía su corazón latir fuerte y rápido, estaba ansioso. Se obligó a amarrar su cola en su cintura y se cruzó de brazos mientras bajaba de la nave, seguido por el lagarto y Dodoria, y un par de soldados más. Miró de modo fugaz a su espalda y pudo ver su nave detenida fuera del Campo T. Cuando volvió su mirada al frente, tuvo que contenerse para no lanzarse y quebrarle el cuello al soldado verde que salía de su nave con actitud soberbia y risueña. Combinación típica de él y que odiaba. Esa sonrisa de estúpido la borraría para siempre. Pero primero debía dejar en claro un par de cosas. Casi al mismo tiempo se acercaron volando, Vegeta hubiera querido poder ir solo pero el lagarto iba demasiado entretenido para perderse detalle alguno.
Cuando quedaron en frente, a solo unos cuantos metros. Se miraron fijamente; el soldado Zarbón sonreía como siempre lo hacía, sus brazos en su cintura demostraban su confianza y su capa meciéndose de lado a lado junto a su cabello le asqueó. Vegeta, con los brazos cruzados, mirándolo con el ceño fruncido y su capa roja sacudiéndose al igual que la del soldado, ladró imponente, su voz estremeció a más de uno de los presentes.
— ¿Dónde está mi mujer? —Zarbón alzó una ceja y se encogió de hombros antes de hablar.
— ¿Cómo habría de saberlo? Es tú mujer ¿Me seguías por eso?—contestó fingiendo inocencia.
—Contesta antes que no puedas hablar—soltó rechinando los dientes. Zarbón forzó una sonrisa de burla. Pero internamente no se sentía muy tranquilo. Había algo en la confianza del saiyajin que lo perturbaba. Siempre habían sabido que el saiyajin no era más fuerte que él o Dodoria ¿Por qué de pronto amenazaba con asesinarlos sin siquiera arrugarse? El saiyajin no hablaba por hablar, y era por eso que le inquietaba.
—Ya te lo dije, deberías sa—
— ¡Ay por favor, Zarbón! —interrumpió ansioso el emperador—ya vimos que te la llevaste, ¿Qué se supone que querías hacer? — preguntó con una sonrisa maliciosa.
—Ella se fue porque quiso—sentenció antes de sonreírle al príncipe—deberías saber que ella no quiere estar con un mono despreciable… déjala en paz.
—…—respiró profundamente, poco a poco su poder se fue elevado, alrededor de su cuerpo su energía fue acumulándose y su aura celeste lo rodeó— última vez que lo digo, imbécil ¿Dónde está mi mujer?
—La pregunta correcta que deberías hacerme es ¿Qué hay entre Bulma y yo?, ¿No lo crees? —la risa cantarina y aguda del lagarto no lo importunó, porque simplemente no le prestó atención. La insinuación del soldado lo descompensó. Su respiración se aceleró y su energía se elevó todavía más. Uno de los soldados se le ocurrió encender el Scouter y antes de siquiera pudiera calcular el potencial del saiyajin, estalló en su propia oreja.
— ¡Debe ser una broma!—exclamó el soldado; Zarbón miró al hombre que exclamaba asustado y tragó en seco. No quiso encender el suyo, no quería darle en el gusto al saiyajin, no quería demostrarle que en el fondo empezaba a preocuparse y creía lo que él le decía.
— ¡BULMA! —Gritó fuerte el saiyajin, haciéndolos brincar. Freezer frunció el ceño y encendió su aparato y al igual que el del primer soldado, explotó. Los ojos rojos del emperador miraron asombrados los restos del aparato y luego al saiyajin que colérico llamaba a su mujer— ¡SAL DE AHÍ AHORA MISMO! —Zarbón miró extrañado y asustado al saiyajin.
—No tiene caso—intentó sonar seguro—ella no saldrá, entiende ¡No quiere nada contigo! ¿Por qué más crees que huyó?
—Eso no es asunto tuyo—rugió el príncipe—ella es mi mujer. Debe estar conmigo lo quiera o no—su voz sonaba amenazante y había algo en su confianza y furia que intimidó a muchos. Freezer sabía que por mucho que ascendiera el poder del príncipe, no podía superarlo, era imposible, pero aun así, se sintió perturbado por la demostración de poder— ¡BULMA!
— ¿Es así como la mantienes controlada? ¿Imponiéndote y mandándola?—preguntó frunciendo el ceño— ¿Cómo quieres que ella quiera estar contigo si la maltratas?
—Cállate—rugió y antes que pudiera verlo, se lanzó a darle un puñetazo en la cara. La velocidad del saiyajin sorprendió a todos. Zarbón fue lanzado metros más allá y alcanzó a detenerse para no chocar con su propia nave. El soldado miró con rabia al príncipe y con el dorso de su mano limpió su boca y miró con horror como los restos de su sangre azul manchaban su piel.
— ¡Estúpido!—exclamó molesto— ¿Tan difícil es de entender que no quiere estar contigo? Métetelo en tu cerebrito pequeño de mono ¡Ella te dejó! Y no pienso entregártela—nuevamente no vio venir un puñetazo que esta vez, le dio por el otro lado de la cara y lo lanzó lejos de las naves.
Freezer tragó saliva en seco. Sus uñas se enterraron en los respaldos de su silla y su cola golpeó con fuerza al soldado que estaba a su lado, haciéndolo gritar de dolor al dislocarle el hombro. Pero no le importó. Sus ojos escarlata brillaban al ver al saiyajin. No podía creer lo fácil que le fue golpear dos veces a uno de sus soldados que más estima y confianza le tenía. Vio estupefacto como Zarbón con mucha dificultad, se reincorporaba antes de chocar con el campo verdoso y se lanzaba hacia el saiyajin. Pero su impulso no sirvió de nada y el príncipe lo esquivó con suma facilidad para luego darle un rodillazo en el abdomen. Freezer no necesitó más para entender el resultado de esa "batalla". Lo que sea que hizo el saiyajin, lo había vuelto más fuerte que sus soldados y esa idea le estremeció. Él sabía el potencial de los guerreros con cola de mono, también, siempre fue consciente del talento innato del príncipe. Su decisión de dejarle su preciado OIC se vio turbada, se sintió inseguro de pronto y supo que el no haber estado al tanto de la mejoría del saiyajin le había jugado en contra. Lo peor del asunto era que ni siquiera se esforzaba en la lucha. No podía permitir que Vegeta se superara, no podía ni debía dejarle su OIC. Sin embargo, sus pensamientos se vieron interrumpidos por los alaridos del soldado verde. Hizo rechinar sus dientes y se levantó de su silla.
— ¡Es suficiente!—exclamó impaciente. Zarbón miró a su emperador y sin pensarlo se detuvo entre jadeos, limpió la sangre de su boca y luchó internamente para no acariciar su torso adolorido.
—No te metas—gruñó el príncipe sin mirarlo. Freezer abrió la boca de asombro, no logró articular ninguna palabra.
— ¡¿Quién te crees que eres para hablarle así a Lord Freezer?!—exclamó Dodoria— ¡Es hora de que vayas aprendiendo tú—el soldado no tuvo tiempo de continuar hablando, el último aliento que sus labios gruesos escupieron fue de asombro cuando el saiyajin en menos de dos segundos acortó la distancia entre ellos y se lanzó hacia él, para posar sus manos en su cabeza y sin esfuerzo alguno quebrar su cuello. Los soldados gritaron asustados y asombrados. No era que no estuvieran acostumbrados a la muerte, fue la maniobra y su velocidad que horrorizaron a los pocos soldados que se encontraban presenciando el encuentro.
Zarbón observó boquiabierto como el saiyajin agarraba el cuerpo sin vida del soldado fucsia y lo lanzaba fuera del Campo T. El cadáver del soldado se perdió en el espacio. En ese momento sus ojos ámbar cruzaron con los del emperador.
— ¡Esto es inaudito!—balbuceó el emperador— ¿Cómo te atreves a asesinar a uno de mis soldados? ¡Eres parte del OIC también! —Vegeta ignoró al tirano y se lanzó de vuelta hacia Zarbón; el soldado abrió los ojos sorprendido y alcanzó a defenderse de los golpes pero no con mucho éxito. Sus brazos no lograban contener la intensidad de los ataques del saiyajin— ¡Ya…basta! —exclamó furioso el lagarto mientras elevaba su poder. Vegeta al sentir la ascensión de su ki volteó hacia él solo para observarlo al igual que Zarbón— ¿Cómo puedes perder el control por una mujer? ¡Hay miles de ellas! ¡Puedes tener a la que quieras! ¿Cuál es el problema que la tenga Zarbón?
—Es mi mujer—dijo entre dientes, respirando con dificultad por la rabia que sentía.
—Pues préstasela—soltó indiferente—que se la folle un par de veces, Zarbón se aburre rápido de las hembras—dijo moviendo su muñeca con desinterés, restándole importancia a sus palabras. El príncipe lo miró con los ojos entrecerrados ¿Realmente hablaba en serio? El nivel de estupidez del lagarto lo extrañó. Ya había dejado claro con su actuar que nada de lo que él proponía era siquiera pensable—y considera lo que la usó en estas tres horas… te la devolverá pronto—la sonrisa ladina del tirano le hizo imposible no perder la calma. Sabía que lo estaba provocando, sabía que buscaba burlarse de su situación y por primera vez desde que supo que ella no estaba en el planeta, se molestó con ella. Si Bulma no hubiera sido así de impertinente, si no hubiera caído en las estupideces del imbécil de Zarbón, si se hubiera comportado… él no estaría pasando por esa humillación. Bulma necesitaba explicarle muy bien su estúpida idea, porque ahora estaba furioso.
Rio burlesco y miró al saiyajin sin dejar de respirar agitado por la breve disputa— ¿Ya ves? Escucha a Lord Freezer. Puedes conseguirte otra… Bulma prefiere mis caricias antes que estar contigo—podía comprobar por su mirada y su cara, que todo lo que estaba diciendo, le afectaba demasiado al saiyajin. Y se sentía estupendo. Lo poco que duró su plan y su intención de llevarse a la humana, había servido para poder ver el espectáculo que estaba dando el príncipe. Incluso él consideraba que estaba exagerando, salir disparado a buscar a una mujer y encima pelear con los de su propio bando no tenía sentido. Así eran las cosas en el OIC. Y Vegeta tendría que aceptarlo. Estaba disfrutando ser el dueño de una verdad que ni siquiera el emperador sabía. Tenía una ventaja poderosa y podía aprovecharla. El saiyajin no tenía idea de nada y verlo perder la calma, actuar estúpidamente e incluso faltarle el respeto a Freezer por nada, le parecía lo más divertido. Podría burlarse demasiado tiempo del príncipe. Lord Freezer estaba allí, atento a cualquier movimiento del saiyajin, no le pasaría lo que le ocurrió a Dodoria. El tonto se había confiado, pero él no era tonto—ríndete. Ella no volverá a ti, prefiere estar con un hombre de ver—antes de poder terminar de hablar, la mano del saiyajin había perforado su abdomen. Abrió los ojos sorprendido al ver al príncipe en frente de él mirándolo con odio puro, sus caninos exhibiéndose y gruñéndole fuerte. Tosió con dolor y escupió su propia sangre. Sentía sus viseras revolverse y los dedos del guerrero en su interior ¿Realmente… su destino sería el mismo de Dodoria? Sus ojos buscaron a su emperador. Lord Freezer lo miraba aún más horrorizado que cuando había matado a Dodoria, supo entonces, que el guerrero había sorprendido una vez más a todos.
"Sé que puede vencerte. Quien temo que no volveré a ver será a ti"… sus palabras. Las había dicho con tanta seguridad… ¿Realmente temía que no lo volvería a ver o lo dijo por cortesía? Seguramente fue por cortesía. Sonrió con su boca ensangrentada y cuando el saiyajin sacó su mano bruscamente, aulló de dolor. Sus tripas se expulsaron de su cuerpo por el movimiento, sus ojos dorados miraron con pánico como sus propios órganos y tripas se exhibían fuera de su armadura. Lo que antes fue una armadura prolija ahora estaba manchada con su sangre azul y destrozada en el centro, con algunas abolladuras por los golpes previos.
Vegeta no se contentó con eso. Sin esfuerzo alguno tomó sus brazos y hundió su rodilla derecha en la herida, haciéndolo retorcerse de dolor y chillar ruidosamente. Lo alejó unos centímetros y le lanzó varios puñetazos en su antes perfecta cara que ahora estaba dibujada una expresión de miedo y dolor. Los huesos faciales se fueron quebrando, podía oírlos y el antes bello rostro se fue desfigurando con cada golpe certero. No estuvo pendiente de la reacción de su público, lo único que tenía presente era hacerlo callar. Esas palabras sin sentido, no quería volver a oírlas. Ella jamás lo dejaría, ella jamás preferiría estar con otro ¿Compartirla? Nunca. Imposible. Ella era suya.
—Ella ja-más quiso es-tar conti-go—murmuró con un hilo de voz y con suma dificultad. Sus ojos negros estallaron de rabia; detrás de esas palabras estaba una cruda verdad que él bien sabía por uno u otro motivo. En algún momento de su relación, quizás al principio y un poco más… ella no quería nada con él.
Y aunque el rostro desfigurado respiraba con dificultad, y sus parpados estaban tan hinchados que no podía ver sus ojos dorados, sentía que si el soldado había soltado justo esas palabras con el casi último aliento de su vida, era por algo. Ella se lo pudo haber dicho y esa idea lo enfureció. Pensar que su mujer pudo haber tenido esas confianzas con el imbécil de Zarbón lo desquició. Sin previo aviso, alejó el cuerpo del soldado a varios metros de él y con todas sus fuerzas, lanzó uno de sus ataques más fuertes. La bola resplandeciente de luz morada salió disparada de sus palmas y lo único que lamentó fue que el cuerpo del soldado estaba más muerto que vivo para comprender que sería reducido a nada.
El cuerpo incinerado de lo que antes fue el soldado más leal al emperador, fue expulsado fuera del Campo T en un parpadeo. La red verdosa poco a poco se fue enmarañándose para cerrar el agujero que el poder del príncipe provocó.
— ¡¿Pero qué has hecho?! —gritó el tirano. Vegeta aun con sus brazos estirados y palmas al frente, respiraba agitado y descontrolado. Su pecho subía y bajaba, su frente perlada de sudor por el esfuerzo, sus guantes estaban manchados con la sangre del soldado y su armadura salpicada por esta. No había recibido ni un solo golpe del imbécil. Al final, todo el entrenamiento había servido… — ¡Mataste a mis dos soldados más fieles y fuertes!
—El nivel de tu ejército debe ser muy deplorable—soltó sin mirarlo. Freezer aun observaba hacia el espacio donde fuera que estuvieran los restos de Zarbón. Sus labios pintados temblaban, su cola estaba tiesa y podía sentir su cuerpo acelerado con su sangre hirviendo de la rabia. Su común sonrisa burlesca se había desfigurado por una mueca de desprecio, sus ojos rojos ardían con un brillo que prometía venganza. Los soldados a su lado se fueron alejando poco a poco al ver su estado; el tirano miró colérico al saiyajin y decidió ahí, en ese mismo momento, que debía buscarse un heredero nuevo o procrear otro, cualquier opción era válida. Pero el traidor que tenía en frente no lo sería. Entre dientes controló el chillido que quiso escapársele, haciendo que su voz sonara aguda y molesta. Vegeta volteó hacia él mirándolo con una ceja alzada. Él sabía lo mucho que le molestaba al tirano que le quitaran sus cosas, y para él, sus soldados les pertenecían. Zarbón y Dodoria eran sus juguetes favoritos. Entendía que estuviera molesto y por fin, dentro de esas desagradables y lentas horas, pudo sonreír, aunque fuera por burlarse de alguien más.
—Todo esto… todo esto—comenzó diciendo el lagarto, completamente perturbado—hiciste todo esto por… por una zorra…—Vegeta abrió los ojos al oírlo, la ira pronto volvió abriendo paso por su cuerpo—una zorra que te abandonó…
—Cállate—gruñó molesto—no tienes derecho a hablar de—
— ¡TÚ NO ME CALLAS MOCOSO MALCRIADO! —Vegeta miró sorprendido al tirano, en el tiempo que lo conocía, jamás lo había visto enojarse a ese grado y mucho menos con él— ¿Tanto escándalo por una zorra? ¿Es que no te críe bien? —soltó decepcionado. Vegeta frunció el ceño y abrió la boca para hablar, para decirle que él no lo habría criado, que lo que él era no tenía nada que ver con su desempeño, pero el lagarto continuó salpicando veneno—tú no mereces mi OIC… eres una vergüenza… y aprenderás, que a mí, el Emperador Freezer, nadie le arrebata lo suyo ni desobedece.
Vegeta había preparado el discurso que tenía para gritarle, como si fueran padre e hijo discutiendo y soltando todas las recriminaciones que tenían. Pero el movimiento del lagarto lo distrajo. Vio claramente como el tirano se le lanzaba rápidamente; toda su vida se imaginó venciendo al emperador del mal, para eso entrenaba y se esmeraba constantemente. Para deshacerse de una vez por todas de él. Siempre en su mente, el escenario era una arena de combate repleta de público saiyajin. Muy diferente era ahora, ambos en un Campo T, solo con unos cuantos soldados viéndolos. No pensó que no estaba listo para enfrentarlo, en su cabeza solo pasó una única idea y era defenderse y atacar. Solo eso. Pero el lagarto pasó de largo de su defensa.
El príncipe volteó hacia él confundido, pensando que lo atacaría por la espalda. Pero al verlo de pie en frente de la nave de Zarbón, respirando agitado y sacudiendo la cola de lado a lado, se congeló.
—Y para que aprendas…—murmuró volteándose hacia él. Lo siguiente pasó en segundos, pero el príncipe lo vio más lento que nunca. Freezer estiró su mano hacia delante, y con solo su dedo índice, expulsó un rayo de ki dorado y rojizo que en un abrir y cerrar de ojos cayó de lleno en medio de la nave. La explosión tardó unos segundos en concretarse.
Vegeta observó boquiabierto como la vaina estallaba en mil pedazos. Las luces y fuego salieron disparados a todos lados junto con las latas carbonizadas. Todos los soldados que pudieron estar a bordo de la nave, estallaron por igual. Junto con ella… su corazón se pausó. Intentando procesar lo que sus ojos negros resplandecientes de miedo y congoja observaban. El humo dificultaba la vista, pero no había que ser un genio para entender que de la nave en donde estaba su mujer, ya no existía más que restos quemados. Las partes carbonizadas caían por doquier y atravesaban el campo verduzco con fuerza.
No sentía su cuerpo respirar. Su aliento salía pesado pero no era consciente de ello. Su cuerpo entero temblaba, su cola tenía todos los pelos erizados, el sudor frío que recorría su sien era ignorado, su boca abierta en completo asombro y shock. Freezer lo miraba con burla, regocijándose por su dolor, pero el príncipe no le prestaba atención. El lagarto comenzó a decirle una catedra llena de comentarios venenosos, uno más cruel que el anterior. Pero el saiyajin no tenía su atención puesta en él. Cada palabra que soltó el lagarto, fue completamente ignorada por el príncipe.
Intentaba recordar cuando fue la última conversación. ¿En la habitación horrible o en el pasillo sin gusto? No podía. No lograba llegar a su cabeza en ese momento. Lo que sí estaba seguro, era que debió ser en su habitación del planeta Vegeta. Que sea cualquiera la situación, la última vez que hablaron, debió ser ahí. No en ese mezquino lugar. Su rostro, ¿Estaba molesta? ¿O reía? ¿Indiferente o fría? ¿Con sueño quizá?... ¿Por qué no lograba recordar? De pronto, sintió que los últimos minutos que estuvo a su lado, fueron completamente desperdiciados. Sentados en una mesa llena de individuos repudiables, opacando por completo el último recuerdo que tenía de ella. No quería asumir que la última vez que la vio, fue allí. Sentada junto a él sin decir una palabra… por eso intentaba recordar su última plática, para no sentirse más mierda de lo que ya se sentía. El último momento juntos debió ser desagradable para ella.
Aunque no debió ser oportuno, recordó sus palabras, su disconformidad ante su decisión, todo el maldito conflicto vino a su memoria. ¿Por eso se había ido? ¿Por qué fue un mal compañero? ¿Por eso lo había dejado? ¿Por su culpa ahora ella ya no existía más que en su memoria? Muchos pensamientos lo asaltaron en ese instante. Desde que ella había provocado todo, que no debió irse, que al final, que ella hubiera ido junto a él al planeta Cold había sido provocado por la misma peliturquesa, que todo, cada uno de los sucesos habían pasado debido a ella. A ella y su terquedad. Pero entonces, su lado justo, el que quería por sobre todas las cosas no opacar ningún recuerdo de ella, le decía que el desenlace fue una serie de sucesos desafortunados. Y que tanto él como ella, habían sido víctimas de la maldad de seres que eran más crueles que la mismísima maldad.
Pero él no era bueno ni mucho menos una víctima. Ella sí. Su mujer… ella. Ella no le deseaba el mal a nadie, jamás usó sus bellas manos para otra cosa que no fuera crear o acariciarlo. Oh sus caricias… no era justo que en ese momento lo recordara. No era justo que nada de eso hubiera pasado pero pasó. Gritó de dolor, sin siquiera ser consciente de lo que hacía. El aullido rasgó su garganta y retumbó en el Campo T, pero nada lo hizo reaccionar o dejar de gritar y expresar su dolor. Sus ojos ardían, nunca habían ardido así, ni siquiera en combate. Ignoró las lágrimas que caían una tras otra, lo único que tenía en mente era ella, ella y que nunca más podría tenerla a su lado. Y entonces, un pensamiento más retorcido lo inquietó. Por su egoísmo ella había terminado así. Si le hubiera permitido hacer lo que ella quisiera sin anteponer sus propios deseos, ella estaría sana. O no, incluso antes… si la hubiera tratado como se debía desde que la conoció, ella no habría querido dejarlo. Simplemente, no debió ser ella. No debió elegirla… no debió. Ella no era para él, no debió ser para él, nunca fue de él. Era una niña cuando la conoció… y le arrebataron una mujer. Siempre quiso que fuera su mujer. Pero ella nunca debió serlo, debió ser libre, como siempre quiso serlo.
En un laboratorio hubiera estado segura, lejos de él. Y ahora ya no estaba, por su culpa. Su cuerpo temblaba de ira, pena, dolor, angustia, miedo, dudas, culpa, sobre todo culpa. La rabia no se quedaba atrás. Rabia contra él, contra el maldito sistema en que estaban insertos, rabia hacia la maldita forma en que tuvieron que conocerse, rabia por el maldito tirano que provocó que ambas razas buscaran la ayuda del otro y ¿Para qué? ¿Para que finalmente solo ella terminara siendo la mártir de la situación? Si desde en un principio el lagarto no los hubiera empujado a hacer esa alianza, ella estaría viva, tranquila en su planeta y no habría pasado por sus garras ni las de nadie.
Freezer.
Completamente desquiciado buscó al lagarto con su mirada. Ahí estaba él, el maldito que nunca debió existir, quien debió morir y no ella. Morir. Era una palabra muy corta. El final. Ella había tenido su final y a manos de un sicópata enfermo. Él también lo era. Él también asesinó, también mató inocentes… siempre se dijo que era la ley del más fuerte, que el débil servía al fuerte, nunca se lo cuestionó. Y ahora se lamentaba más que nunca esa maldita ley, la repudiaba, renegaba de ella. No era justo… ella tenía tanto o más derecho que él o Freezer para vivir. No era justo. Todo era una absoluta mierda, empezando por el lagarto y él.
Debía alejar sus recuerdos, su rostro, su sonrisa, sus ojos, su voz, su cabello, su piel, su cuerpo, sus caricias y sus besos. Dolían. La angustia invadía sus sentidos y solo podía gritar y llorar sin siquiera pensarlo. No era consciente de lo que hacía, solo de lo que sentía, y sufría. Más que nunca. Un dolor que jamás había sentido, no se comparaba a ningún hueso roto, a ningún órgano perforado, a nada. Era un malestar en el pecho, o quizás en el cuerpo entero ¡No lo sabía! Era una sensación que lo invadía desde el centro de todo su ser. Si es que existía un alma, esa le dolía. Sus ojos negros solo podían mirar a un culpable aparte de él mismo. Sus ojos negros solo tenían a un punto en la mira.
No sabía cuál iba a ser el resultado. No sabía qué pasaría después. No sabía cómo lidiaría con la muerte de ella. No sabía si estaba arriesgándolo todo por ella cuando no debía hacerlo. Porque como príncipe, tenía deberes que cumplir antes que sufrir por la muerte de su princesa. Pero en esos minutos de horror, él no era un príncipe. No era saiyajin. No era nadie más que un hombre enamorado sufriendo por la muerte de su amada. Y solo fueron minutos, solo minutos malditamente dolorosos, horriblemente lentos y tristes. Donde los recuerdos de ella, lo bombardearon uno tras otro y su mente rayando por el borde de la locura, y sus emociones estallando a montones de lágrimas, lo hicieron sentir que todo se había detenido cuando el maldito tirano había hecho estallar su nave. Pero no fue así.
Porque el tirano lo vio. El tirano lo sintió. El tirano lo experimentó. Freezer vio que apenas los trozos de nave salieron disparados como fuegos artificiales, el saiyajin colapsó. Los segundos que disfrutó al verlo perdido en su dolor, pasaron al olvido cuando comenzó a gritar y gritar, mientras que su poder y energía se elevaba cada vez más al punto que podía verla. Y era eso lo que lo horrorizaba. Apenas podía balbucear algo, solo frases cortas y sin sentido salían de sus labios traicioneros. Sus ojos rojos sobresaltados miraban con miedo como el saiyajin se retorcía de rabia y gritos, y como un aura dorada lo rodeaba titubeante por completo.
—Ve-Ve-Vegeta—murmuraba aterrorizado—cal-cal-calma—le costaba tragar. No podía creer que un mugroso saiyajin, un mamífero como muchos otros, podía alcanzar ese nivel. El saiyajin se retorcía, gritaba y su cola se sacudía furiosa, mientras que aun podía ver como los restos de la nave salían disparados para todos lados. En ese momento, hubiera deseado poder hacer desaparecer los trozos de metal, era como si provocaran aún más al saiyajin. Y lo que menos deseaba en ese momento era que el guerrero se enfureciera más.
Cuando los ojos perturbados giraron en su dirección, se estremeció. Su espinazo lo sacudió por completo, la garganta se le secó. Sintió sudar frío y sus manos temblaron nerviosamente. Nunca había sentido miedo. Jamás. Y ahí estaba, temblando por una demostración de ira del saiyajin. Debía controlarse. Él era el más fuerte del Universo, no podía titubear cuando veía a alguien más ser un poco más fuerte de lo normal. Frunció el ceño molesto, con él y con el saiyajin. No podía creer que tanto berrinche se debiera por matar a su mujercita. Iba a hablar nuevamente, a decirle que desde el principio supo que su esposa era una mujerzuela, que seguramente siempre lo engañó y un montón de basura para seguir haciendo daño. Aunque sabía que el príncipe no estaba en condiciones de oírlo, de siquiera prestarle atención, no se detuvo. Habló y habló y llenó de mierda la cabeza del saiyajin, o eso intentó. Pero sabía que no lo oía. Que sus palabras solo se las llevaba el vacío. Muy en el fondo, lo agradeció. No quería perturbar más el estado colérico del guerrero. Pero era demasiado tarde.
Cuando cruzaron miradas, aun con todo el sufrimiento, descontrol e ira del saiyajin, pudo ver en sus ojos un reflejo de odio y cordura. Y supo que el guerrero no estaba perdido del todo y que era más consciente de lo que creía. Se preocupó otra vez. Todo ese poder no era desperdiciado por nada, todo ese poder tenía un motivo y un propósito, y un origen. Un origen que él había provocado. Cuando el ambiente en el Campo T empezó a cambiar, se inquietó todavía más. El calor subió, y su propia enorme nave empezó a temblar. Algo le dijo que si encendía un Scouter ahora, éste estallaría antes de siquiera poder calcular el poder del príncipe. El miedo volvió y más recargado que nunca, su cola era lo único que no temblaba de su cuerpo. Miró estupefacto al saiyajin y se propuso un ultimátum, debía acabar con el saiyajin ahora.
Pero cualquier movimiento se vio interrumpido, quedó estático y boquiabierto ante la demostración de poder, él ni en su última transformación podía alcanzar algo así. Y cuando vio su cabello negro cambiar lentamente a rubio y sus ojos ónix aclararse gradualmente hasta un verde agua, supo que había cometido el peor error de su vida, y que su vida llegaba hasta allí.
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N/A: Anoche terminé el capítulo pero quedé muy cansada para editarlo y alcancé a corregir hasta la mitad. Cosas a considerar de este capítulo... Bien, Vegeta entrenó durante 3 años en al cámara de gravedad, de ahí puedo explicar porque tan fuerte. Su reacción... hemos visto como perdió la compostura en la serie cuando hieren a Bulma o cuando mataron a Trunks, o cuando pensó que le pasaría algo a Trunks pequeñito en Super. Espero que no les haya parecido excesiva. No soy buena con la acción y menos redactándola, perdón por eso. Pero debía escribir ese suceso :/
Soy muy llorona, y la verdad, mientras escribía lo que él sentía cuando "murió" Bulma, me puse a llorar xDDDD que tontería pero en fin. El próximo capítulo es el último. Algunos ya deben adivinar que pasará, espero sorprenderlos xD Este desenlace estaba planeado desde que comencé el fic, y algunos pudieron adivinar lo que pasaría a medida que escribía, pensé en cambiarlo pero preferí dejarlo tal cual, porque es mi esencia, así lo pensé y así salió.
Espero sus rw. Realmente los espero xDD sé cuantos leen este fic y son muchísimos! y quiero saber qué opinan de esto, el próximo cap será solo para concluir y abrir paso para la secuela. Así que espero sus rw!
Gracias nuevamente a Veglover, espero haber aprendido de lo que me comentaste y haberlo aplicado correctamente! gracias!
y Gracias a quienes leen, siguen y apoyan este fic.
Nos leemos :)
