Hola a todas nuestras queridas lectoras, una vez más aquí tienen un nuevo cap de esta linda historia, esperamos lo disfruten. Recuerden, nada nos pertenece.
Mucho después de que el Centro había terminado sus labores, Alice seguía trabajando en su oficina. Los papeles tenían la horrible costumbre de apilarse.
Se descubrió a si misma contemplando el teléfono y tuvo que maldecir en voz baja. Era humillante, absolutamente mortificante, darse cuenta de que uno de los motivos por los que trabajaba hasta tarde era la esperanza de que Jasper la llamara. Lo cual no había hecho en dos días.
Miro su pequeño closet. Había enterrado la caja de música bajo el material de embalaje y la arrumbo allí. ¿Por qué se la había enviado? ¿Era una señal de paz o una amenaza?
Cuando sonó el teléfono, Alice dio un respingo y después miro al cielo, fastidiada. Tenía que ser Jasper, pensó. ¿Quién más llamaría tan tarde? Dejo que sonara tres veces. Cuando contesto, hablo con voz firme y serena.
-Centro naturalista River's End.
Oyó la música, un sonido lejano, y empezó a reír. De pronto, enmudeció. La había reconocido: se trataba de La bella durmiente de Peter Ilich Tchaikovsky. Las notas liquidas y envolventes de la música la hicieron retroceder a una cálida noche de verano y a sangre con olor a hierro.
Aferró el auricular al tiempo que la invadía el pánico.
-¿Qué quieres? Sé quién eres -el terror le hizo un nudo en el estómago. Sintió deseos de meterse bajo el escritorio. Ocultarse. Simplemente ocultarse-. No te tengo miedo. ¡Aléjate de mí! ¡No te me acerques!
Colgó el auricular de golpe y echo a correr.
El picaporte se le resbalaba entre los dedos, haciéndola gemir de frustración hasta que pudo sujetarlo. El Centro estaba oscuro y en silencio. Casi retrocedió, pero el teléfono volvió a sonar. Sus propios gritos la sobresaltaron y le hicieron dar un patinazo camino de la puerta. Tenía que salir de allí.
Cuando llego a la salida, la perilla giro de pronto. La puerta se abrió y en el umbral apareció la sombra de un hombre.
La visión de Alice se nubló. Unas manos la tomaron de los brazos. Se sintió mareada y después se deslizo entre aquellas manos, hundiéndose en la negrura.
-Oye, oye. Despierta. Vamos.
Sintió unos leves golpecitos en las mejillas. Tardo un momento en reconocer que estaba en el suelo y que Jasper la acunaba en su regazo como a un bebe.
-Oye, tonto, deja de abofetearme -se quedó quieta, débil aun por la vergüenza y los vestigios del pánico.
-Bueno, así está mejor -le tapó la boca con los labios y un mar de consuelo la cubrió con ese beso-. Es la primera vez que una mujer se desmaya a mis pies. A decir verdad, no me gustó nada.
-No me desmaye.
-Pues entonces, hiciste una magnifica imitación. Siento mucho haberte asustado.
-Déjame levantarme.
-Quedémonos así un minuto más -Jasper la volvió para poder sonreírle de frente. El solo mirar esos ojos y la piel pálida lo hizo estremecerse hasta lo más profundo-. Te extrañe mucho -le acaricio el cabello-. ¿Sabes cuánto tiempo hemos pasado juntos?
-No.
-Demasiado poco -susurro conmovido Jasper, y volvió a inclinarse para besarla.
Esta vez, los labios de Alice se mostraron suaves e incitantes. Estiro los brazos y lo estrecho. Jasper sintió que se hundía y después tocaba fondo plácidamente, como si la maravilla misma de aquel abrazo fuera tan natural como respirar.
-Al, déjame cerrar la puerta.
-¿Mmm?
Su respuesta soñolienta parecía despedir chispazos ardientes en medio de la íntima tibieza.
-La puerta. Digo que no quiero hacerte el amor bajo el quicio de la puerta.
Ella volvió a murmurar, al tiempo que estiraba un brazo hacia la puerta, en un intento por cerrarla. En ese momento sonó muy fuerte el teléfono y Alice empezó a dar manotazos, desesperada por zafarse de Jasper.
-Es solo el teléfono -dijo el, estrechándola con fuerza.
-¡Es él! ¡Suéltame! ¡Es él!
No le pregunto a quien se refería. Ally solo usaba ese tono cuando hablaba de su padre.
-¿Cómo sabes?
Los ojos de Alice estaban desorbitados por el pánico.
-Llamo hace un rato.
-¿Que te dijo?
-Nada -abrumada, se agazapo junto a el-. Nada.
-Está bien. Quédate aquí -Jasper la aparto y fue a la oficina. Justo cuando tomaba el auricular, el repiqueteo ceso.
-Era él -Alice había logrado ponerse de pie e ir hasta la puerta, pero temblaba-. No dijo nada. Solo puso la música. La música que mi madre tenía en el tocadiscos la noche en que la mató.
Jasper había reservado una habitación, pero le advirtieron que estaría desocupada solo una noche. Sin embargo, había un par de sitios disponibles para acampar. Tendría que mudarse a uno de ellos si quería quedarse.
Su plan original había sido alquilar una suite ostentosa en algún hotel a una distancia razonable en auto, donde pudiera trabajar con comodidad y seducir a Ally con elegancia. Después de enterarse de lo sucedido, no quiso estar lejos. La única manera de poder vigilarla era quedarse allí mismo y ser más obstinado que ella.
Alice había dado muestras de esa obstinación la noche anterior. Le contó sobre la llamada Telefónica, la caja de música, y revivió su miedo ahí en la habitación. Pero después de que salieron, volvió a endurecerse. Se irrito cuando él dijo que la llevaría a casa: ya se sabía el camino, Jasper iba a perderse al regreso, no necesitaba un guardaespaldas... Y nadie la llevaría a ningún lado.
Jasper salió a su diminuto patio en el primer piso y observo el verde intenso del bosque veraniego. En realidad, nunca antes había arrastrado a una mujer a su auto. Se preguntó si tendría que avergonzarse por haberlo disfrutado tanto. Había llevado a Alice a su casa a salvo y además, logro esquivar el último golpe para coronar su victoria con un beso muy placentero.
Se froto distraídamente las costillas. Fue a buscarla, esperando que se le hubiera pasado el enojo.
No se le había pasado. De hecho, Alice estaba mimando su mal humor como una madre devota alimentaria a un bebe inquieto. Le enfurecía el pánico visceral y trémulo que sentía cada vez que sonaba el teléfono de su oficina. De modo que siguió incubando su enojo, prácticamente inmersa en él.
Cuando Jasper entro en su oficina, se puso de pie muy despacio y le clavo una mirada gélida. Como un pistolero legendario, desenfundo y disparo sin previo aviso.
-Saca tu roñosa humanidad de mi oficina y de esta propiedad. Si no tomas tu equipaje y te largas en menos de diez minutos, llamare a la policía y te denunciare por violación.
-No podrás hacerlo -repuso él, con un desparpajo que supo la irritaría aún más-. Yo tengo los cardenales -cerro la puerta tras de si-. Vengo a ofrecerte un trato.
-¿Un trato? -ella le mostró los dientes en un gruñido.
-Quiero ir de excursión y acampar en el bosque contigo.
-Sí, ¡cómo no! -rio con sorna.
-Tres días. Tú y yo. Desaparecemos por un rato. Tú haces lo mejor que sabes hacer y yo también. Accediste a las entrevistas, de modo que hablaremos. Te encanta este lugar así es que deseo que me lo muestres.
Ella lo miró.
-¿Es por el libro?
-No. Es por mí. Quiero estar a solas contigo.
Alice de pronto sintió que su determinación, y su mal humor, se disipaban.
-Volví a pensarlo y no me interesa.
-Sí, si te interesa. Solo que estas enojada conmigo porque anoche fui más fuerte que tu -Jasper bajó los ojos hacia la mano de Alice y vio un pálido cardenal arriba de la muñeca-. Creo que no soy el único que tiene moretones -la tomo de la muñeca y se la beso-. Lo siento.
-Ya basta -ella retiro la mano bruscamente-. De acuerdo, estoy enojada porque me viste débil y en mi peor momento. Estoy enojada porque no me dejas en paz, y estoy enojada porque me gusta estar contigo aunque me irritas.
-Entonces, puedes contar con que seguirás enojada un buen tiempo. Vamos a juguetear al bosque, Ally.
-En veinticuatro horas estarás llorando para que te devuelvan tu computador portátil.
-¿Quieres apostar?
-Cien dólares.
-Trato hecho.
Jasper le dio un apretón de manos.
Siguiendo las instrucciones de Alice, Jasper compró todo el equipo que necesitarían. Cuando terminó, comprobó que había empacado unos quince kilos, y se imaginó que después de ocho kilómetros le pesarían como si fueran cincuenta. Con cierto pesar, guardó su teléfono y su computadora portátiles en el auto rentado.
-Adiós, amigos –musitó.
-Voy a ganar los cien dólares antes de que nos vayamos.
-No estaba lloriqueando. Solo fue un adiós cariñoso.
Se volvió a mirarla. Alice llevaba unos pantalones vaqueros amplios y desteñidos, una camiseta con el logotipo de River´s End y unas botas resistentes, cubiertas de raspaduras y rayas imponentes. Cargaba su mochila como si no pesara.
-En marcha –dijo, señalado con el pulgar.
El bosque le resultó a Jasper más atractivo, aunque no menos primitivo, sin la lluvia. Esta vez pudo recordar y reconocer mucho de él: la variada corteza de los arboles gigantes, las alfombras vastas e irregulares de musgo. Vadearon un arroyo estrecho y empezaron a subir por el sendero largo y sinuoso que los llevaría a internarse en la espesura.
-Mira –Alice se detuvo en seco y se acuclillo, señalando con un dedo unas tenues huellas en el sedero.
-¿Son…?
-Huellas de oso –respondió ella, incorporándose-. Y muy recientes.
-¿Cómo lo sabes? Siempre dicen eso en las películas. Las huellas son recientes –imitó, con voz grave-. Pasó por aquí hace no más de una hora con un sombrero negro, comiendo un plátano y silbando una canción de la película El Libro de la selva.
La hizo reír.
-Todos los osos que conozco silban temas de películas.
-¡Vaya!, por primera vez te oigo hacer una broma, Al –la besó-. ¡Felicidades!
-No se permiten los besos por el camino –lo reprendió ella.
-No leí eso en mi manual del excursionista.
Echó a andar a sus espaldas. Alice había elegido aquella ruta porque rara vez la escogían otros excursionistas; tenía largos tramos en zigzag que llevaban a un terreno escarpado. Continuaron a marcha entre el denso bosque, subiendo y bajando salientes, siguiendo un risco que a ratos les dejaba ver el río. La vida silvestre abundaba allí.
Cruzaron un amplio arroyo donde el agua corría veloz y limpia. Las orillas estaban salpicadas de matas de aguileña y dedalera. El paisaje cambió drásticamente del verde intenso de la cuenca del río al imponente bosque, por donde los haces de luz penetraban como dardos y formaban pequeños círculos. Los vetustos arboles crecían rectos como soldados en posición de firmes, altos cual gigantes, las abundantes copas susurraban en el viento que no lograba llegar hasta el suelo.
Sin decir palabra, Jasper se quitó la mochila de la espalda.
-Por lo que veo, quieres tomar un descanso.
-Solo me gustaría estar aquí un rato. Es un lugar hermoso.
-Entonces, ¿no quieres un sándwich?
-¿Quién dijo q no? –inquirió él, arqueando las cejas.
Alice bajó su mochila y abrió el compartimiento donde llevaba sándwiches y trozos de verduras crudas.
-¿Con que frecuencia vienes aquí? –preguntó Jasper al tiempo que empezaba a comer.
Alice reflexionó.
-Traigo grupos cuatro o cinco veces al año.
-No me refería al trabajo. ¿Con que frecuencia vienes aquí como hoy, a sentarte y no hacer nada?
-Muy poco –respiró hondo, se apoyó en los codos y cerró los ojos-. Yo diría que demasiado poco.
Jasper notó que estaba relajada. Como si al fin sus pensamientos hallaran paz. Solo tuvo que inclinarse un poco para apoyar una mano sobre la de ella.
Alice suspiró tranquila cuando abrió los ojos para observarlo.
-Estas empezando a preocuparme un poco, Jasper. Dime, ¿qué pretendes?
-Creo haber sido muy franco contigo. Desde el principio de todo esto, te he dicho lo que siento por ti.
-¿De que serviría el supuesto vínculo que nos une y en el que tú crees, si se originó en un asesinato? Dime, ¿tú nunca te lo has preguntado?
-No, pero creo que tú lo has hecho.
-No lo hice hace seis años, pero ahora sí. Es una parte intrínseca de mi vida y de lo que soy: monstruo y victima están dentro de mí. Necesitaras pensarlo muy bien antes de que esto llegue a… cualquier lado.
-Ally –le tomó el rostro firmemente y la besó a la fuerza-. Eres tu quien necesita pensarlo, porque esto ya llegó muy lejos, y al menos para mí va muy rápido.
Ella se puso de pie.
-Las relaciones sexuales son fáciles. Tan solo una función humana básica.
Él le clavó los ojos azul oscuro mientras se incorporaba.
-Voy a disfrutarlo, en verdad voy a disfrutar demostrarte que te equivocas.
Alice decidió no discutir.
La luz del Sol se hizo más intensa conforme iban escalando y más prodiga. En el siguiente vado, el río era tumultuoso y estaba salpicado de rocas, con una estruendosa cascada que se desprendía del peñasco.
-¡Allí! ¡Míralo! –Alice señaló con la mano y buscó sus binoculares-. Está pescando.
-¿Quién? –Jasper entrecerró los ojos. Vio una silueta oscura encorvada sobre una isla de roca en medio del río revuelto-. ¿Es un….? ¡Es un oso!
Tomó los binoculares que Alice le ofrecía y miró a través de ellos, observando al oso mientras éste veía el agua. En un movimiento ágil como el relámpago, una enorme garra negra barrió el arroyo y emergió sujetando un pez que se retorcía y que despidió un destello plateado al Sol.
-¡Lo atrapó a la primera! ¿Lo viste?
Alice no lo había visto. Contemplaba en cambio la sorpresa y la emoción reflejada en el rostro de Jasper, la absoluta fascinación que trasmitía.
Jasper movió la cabeza cuando el oso devoraba su presa.
-Muy buen pescador, pero muy malos modales –bajó los binoculares y se topó con la mirada de Alice-. ¿Sucede algo?
-No –tal vez sí, algo que estaba muy mal o muy bien-. Será mejor que instalemos el campamento antes de que oscurezca. Ahora seguiremos el río. Nos falta como una hora.
Cuando llegaron al lugar previsto, a Jasper le gustó. Estaban al abrigo de los gigantescos árboles y el río saltaba entre las rocas.
-Voy río arriba por la cena –mientras hablaba, Alice saco de su mochila una caña de pescar plegable-. Si tengo suerte, cenaremos como osos esta noche. ¿Crees que puedas armar la tienda mientras pesco?
-¡Claro! Tú ve por la comida y yo preparare el nido. Nunca me ha molestado esta inversión de papeles.
La tienda no traía instructivo para armarla, lo que Jasper Whitlock considero una innegable falla del sistema. Instalar el campamento le tomó el triple de tiempo y energía que hubiera necesitado Alice, pero reservaría esa información para sí.
Hacía más de una hora que ella se había ido cuando Jasper al fin se sintió seguro de que la tienda no se caería. Concluida su lista de tareas, se decidió a escribir.
Se concentró en Alice. ¿Habría sido más abierta, más sociable de haber vivido su madre? ¿Se habría mostrado menos independiente si hubiera crecido como la hija mimada de una estrella de Hollywood? ¿Habría canalizado toda su energía e inteligencia al mundo del entretenimiento, o habría vuelto a las raíces de su madre y elegido el aislamiento?
Habría vuelto, concluyo Jasper. Quizá su vida no se hubiera centrado allí, pero ese sitio la habría atraído una y otra vez. Lo mismo que atraía a su madre en vida. Le hubiera hecho falta ese sitio, sus olores y sonidos. Lo necesitaba ahora, no solo por su trabajo y para su tranquilidad de espíritu. Era en ese lugar donde parecía encontrar a su madre.
Anotó estos pensamientos e impresiones. Cuando su mente empezó a divagar, se tendió a la orilla del rio y se quedó dormido.
Alice había pescado tres espléndidas truchas. También encontró un arbusto cuajado de arándanos. Llevaba el sombrero lleno de ellos cuando volvió al campamento. Vio a Jasper la sintió y ella se volvió parte de un sueño. Se le acerco y extendió una mano para tocarla. Alice retrocedió, pero la protesta que empezaba a pronunciar enmudeció en su garganta cuando el abrió los ojos, azules y oscuros. Alice se quedó sin aliento por lo que vio en ellos.
-Oye, creo que no...
El negó con la cabeza para interrumpir sus palabras y no aparto los ojos de los de ella hasta que los labios se unieron. Alice temblaba.
Las manos de Jasper abandonaron el rostro, pasaron por el cabello y llegaron a los hombros conforme la intensidad del beso aumentaba. El pánico la invadió, paralelo al deseo que había brotado intenso y salvaje. Lo empujo un poco de los hombros para alejarlo de ella.
-No puedo darte lo que quieres. No está en mí.
¿Cómo podía no ver lo que él veía, no sentir lo que el sentía? Los labios rozaron la boca de Alice, jugueteando, probando.
-Déjame tocarte -apoyo los dedos suavemente sobre uno de los senos-. Aquí, al sol.
Taran!... que opinan chicas?, al parecer las cosas entre estos dos van mejorando, sera nuestro querido Jazz capaz de ganarse a Ally con tantas cosas acosándola? Esperamos nos regalen muchos hermosos reviews con sus lindas opiniones. Nos leemos pronto!
