Ingrid se bajó del autobús noctámbulo en la puerta de la Mansión Malfoy. Orion le había escrito un par de noches antes contándole lo de su hermana y diciéndole que sus padres no los dejaban salir de casa hasta que volvieran al colegio, por lo que no podría verla a no ser que ella fuera. Así que allí estaba ella, de pie ante aquella imponente mansión, muerta de nervios y sin saber muy bien qué hacer. Sabía que aquella mañana solo estarían sus hermanos y sus abuelos allí, pero aún así no podía evitar estar nerviosa. No estaba muy segura de si su abuelo se tomaría bien lo de que fuera nacida de muggles, aunque no se había atrevido a sacarle el tema al chico. Lentamente se acercó y pegó a la puerta, tratando de dejar sus miedos atrás. Cassie no tardó en abrirle, aunque puso mala cara al verla y enarcó una ceja.
- Hola, ¿está tu hermano? – Preguntó, un poco extrañada debido a su comportamiento.
- No lo sé, no me hablo con él. – Respondió y le cerró la puerta en las narices antes de que la Hufflepuff pudiera decir nada más.
Ingrid se quedó quieta, sin saber muy bien qué hacer. ¿Volvía a llamar? ¿Intentaba entrar? Por suerte, la puerta no tardó en volverse a abrirse. Carina apareció, acompañada de una mujer mayor que, supuso, sería su abuela. La pelirroja le dedicó una sonrisa indulgente.
- Hola, Carina. – La saludó un poco nerviosa. – Y hola, señora ¿Malfoy?
- Astoria. – Contestó ella, sonriéndole también. – ¿Y tú eres?
- Ingrid, Ingrid Scott.
- Es la…
- Una amiga de Orion. – Cortó a la pequeña rápidamente.
- ¿Y has venido a verlo?
- Sí, me dijo que no podía salir de casa así que quedamos en que me pasaría por aquí, si a usted no le importa, claro está.
- Pasa, hija, tranquila. – Se echó hacia un lado para que pudiera entrar. – Debe estar en su dormitorio, el segundo a la izquierda nada más subir las escaleras, y siento lo de Cassie, lleva unos días de mal humor.
- No pasa nada. – La morena sonrió mientras entraba a la imponente mansión. – Todos tenemos malos días.
- Se peleó con Orion nada más volver de Hogwarts. – Dijo la pequeña. – Pero no han querido decirme por qué.
- Seguro que ha sido una tontería, Carina, no te preocupes. – Trató de animarla la otra. – De todas formas, si me entero de algo te lo diré.
- ¡Vale!
- Voy a subir. Ha sido un placer conocerla, Astoria, supongo que la veré luego.
- Claro, pasa a despedirte, Ingrid.
La chica se apresuró a subir las escaleras y la mujer suspiró antes de mirar a su nieta.
- La novia de tu hermano, ¿verdad?
- Yo no he dicho nada. – Carina se encogió de hombros, pero sonrió, confirmándole aquello a su abuela.
- Bueno, tiene pinta de ser una buena chica.
Astoria Malfoy sonrió sin poder evitarlo. Sus nietos se estaban haciendo mayores.
Ingrid pegó en la habitación de su novio antes de abrir y pasar. Orion, que estaba tumbado en la cama, se levantó rápidamente y se acercó a ella. Apoyó sus manos en su cintura y la besó con dulzura pero, al mismo tiempo, necesidad.
- No te esperaba tan temprano. – Murmuró cuando se separaron, antes de acariciar su mejilla.
- El autobús noctámbulo es más rápido de lo que creía. – Ella sonrió. – Pero tu hermana me ha cerrado la puerta en las narices, ¿se puede saber qué le has hecho?
- ¿Por qué se supone que es culpa mía? – Preguntó él, separándose de ella un poco molesto.
- Porque nos conocemos. – La morena sonrió y se acercó a él otra vez para poder besarlo. Cuando sus labios se separaron, volvió a preguntar. – ¿Qué has hecho, Orion?
- Solo le he dicho que no me cae bien Jones y que debería dejar de verlo inmediatamente.
- Ya hablamos de eso en el baile. Cassie tiene 14 años, es normal que quiera salir con chicos. Recuerda cómo eras tú a su edad.
- Por eso precisamente me preocupo, porque me acuerdo de cómo éramos nosotros. – El rubio suspiró. – Además, ¿por qué tiene que salir con ese? No lo soporto, es un creído y es un chico de sexto, seguro que tiene intenciones deshonestas.
- Seguro que no es tan malo al final.
- Ingrid, lo conoces tan bien como yo.
- Sí, tú lo has dicho, tan bien como tú y eso es más bien poco. – Ingrid se sentó sobre la cama y él la siguió. – Dale una oportunidad y arregla las cosas con tu hermana. Ella no tiene culpa de nada, solo está enamorada.
- Es que no puedo fiarme de él, lo siento. – Negó con la cabeza. – No puedo permitir que le hagan daño a Cassie.
- Ya lo sé, pero confía un poco en ella. – La chica suspiró. – ¿Cómo está Lyra?
- Mejor. – Sonrió levemente. Las cosas en su casa no iban demasiado bien desde el ataque, pero su hermana poco a poco iba recuperándose. Lo peor había sido el susto. – Le han mandado mucho reposo, supongo que estará durmiendo. De todas formas, Leah está con ella, pasa prácticamente todo el día aquí.
- Entonces no las molestaré. – La morena se encogió de hombros. – Solo dile que he estado aquí y dale un beso de mi parte.
- Lo haré, no te preocupes.
- Tú estás bien, ¿verdad?
- Un poco agobiado con esto de no poder salir, pero sí, tranquila. – Orion suspiró. – Me da un poco de miedo que vuelvan a atacar, que le hagan daño a alguien más de mi familia o a ti. Deberías tener cuidado.
- Lo estoy teniendo, no te preocupes por mí ahora. – Ingrid apoyó su cabeza sobre el hombro del chico y este empezó a acariciar su pelo lentamente. – No va a pasaros nada.
- Eso espero. – El rubio cogió la mano de la chica y la besó, haciendo que ella sonriera. – Gracias por venir, te necesitaba.
- No me las des, ya te he dicho que estamos juntos en esto. – Lo besó lentamente y ambos sonrieron. – Te quiero.
- Yo a ti también, Ingrid, no sabes cuánto.
- Oye, mamá, ¿te importa si viene un amigo a estudiar a casa? – Jane le dedicó a su madre una sonrisa y trató de sonar tranquila y sincera. – Es mi compañero de Pociones y queríamos repasar un poco y empezar a preparar las próximas.
- Claro, cielo, no te preocupes. – Caroline se encogió de hombros. – ¿Lo conocemos?
- Quizás. Es Matt Zabini, el amigo de Dan.
- ¿Pero no está en último curso?
- Sí, pero suspendió Pociones y es mi compañero, así que lo ayudo para que pueda recuperar la asignatura y sacarse el ÉXTASIS este año. – Explicó la rubia rápidamente.
- ¿Y te va bien con él? – La mayor la miró un poco preocupada. – Si ves que es muy complicado trabajar con él deberías pedir un cambio de compañero.
- Nos va bien juntos, tranquila. Nos complementamos bien y suele hacerme caso, de hecho ha mejorado muchísimo sus notas.
- Como veas cielo y, claro, por supuesto que puede venir a estudiar.
- Genial porque debe estar al llegar.
Jane salió hacia la puerta corriendo y su madre negó con la cabeza sin poder evitarlo. Su hija era demasiado buena a veces, pero si aquel chico estaba mejorando gracias a ella, no diría nada en su contra. Matt no tardó en aparecerse en un callejón cercano y llegar caminando hacia la puerta, donde la chica lo esperaba.
- ¿Vía libre? – Le preguntó antes de darle un beso en la mejilla.
- Completamente. – Jane lanzó una carcajada y él no pudo evitar sonreír. – Anda, te llevaré a mi cuarto, tenemos mucho que estudiar.
Los dos entraron a la casa y subieron rápidamente al dormitorio de la chica. Jane cerró la puerta y se sentó en la silla del escritorio mientras Matt hacía lo mismo en la cama. Le daba un poco de vergüenza estar en su casa, pero como ella no podía salir aquella era la única opción.
- ¿Cómo estás? – Se atrevió a preguntarle. El día anterior había estado con Dan y Leah y, la verdad, ninguno de los dos estaba bien. Podían intentar aparentar, pero los conocía lo suficiente para saber que todo era una fachada y después de verlos estaba todavía más preocupado por Jane.
- Un poco agobiada. – Confesó ella. – No puedo casi ni asomarme a la ventana, mi padre está paranoico, cree que va a pasarme lo mismo que a Leah y Lyra.
- ¿Viste el artículo del Profeta?
- "Un altercado sin importancia provoca una avalancha en el Callejón Diagón que manda a una chica a San Mungo". – Recitó aquella mentira de memoria. Todavía le costaba creérsela. – Son unos embusteros, no sé por qué sigue la gente creyéndose lo que dicen.
- Yo tampoco. – Matt suspiró. – Esto es una locura.
- Dime algo que no sepa. – Jane se levantó y se sentó a horcajadas sobre el chico, que posó sus manos en su cintura y sonrió de medio lado. ¿Dónde había quedado aquella chica tímida a la que había besado a principio de curso? Apenas habían pasado unos meses y, por Merlín, la estaba pervirtiendo demasiado. – O, mejor, no digas nada.
Lo besó con esa mezcla de dulzura, inocencia e intensidad que lo volvía loco mientras apoyaba las manos en sus hombros y dejaba que él acariciara su espalda lentamente. Profundizaron el beso y él enterró una mano en su pelo. Ella metió con un poco de timidez sus manos bajo su camiseta y se pegó más a él si es que aquello era posible.
- Tu madre está abajo. – Murmuró separándose un poco de la rubia y tratando de recuperar el aliento.
- Cree que estamos estudiando, no va a molestarnos nadie, no tienes de qué preocuparte.
Matt asintió lentamente antes de volver a besarla con la misma intensidad. Le gustaba la chica mucho más de lo que jamás le había gustado ninguna otra. Metió una mano bajo su camiseta y ella se estremeció levemente.
- Si quieres…
- No. – Lo cortó antes de volver a besarlo. – Sigue.
Él sonrió y siguió acariciando su piel. Sus labios descendieron hacia su cuello y comenzó a besarlo, haciéndola gemir levemente. Sonrió y siguió con aquello, empezando a morder un poco, haciendo que sus gemidos subieran de tono, dejándose llevar. Y justo entonces la puerta se abrió de par en par.
- ¡Jane!
- Pa… papá. – La rubia se levantó rápidamente y colocó su camiseta, completamente roja y sin saber qué hacer. Albus Potter los miraba desde la puerta con una ceja enarcada y una expresión que hizo que el chico quisiera salir corriendo y esconderse lo que le quedaba de vida. – ¿Qué… qué haces aquí?
- He llegado y tu madre me ha dicho que estabas estudiando arriba con tu compañero de Pociones, pero tu hermano nos ha contado que Matt es más bien tu novio. – Explicó cruzándose de brazos y fulminándolo con la mirada. – Puede venir a estudiar a casa, pero tenéis que estar en el salón, con todas las puertas abiertas. Si es que tenéis pensado estudiar, claro está, porque veo que no era precisamente lo que estabais haciendo. – Jane bajó la mirada, avergonzada, y Matt se removió incómodo en la cama. – ¿Desde cuándo sales con mi hija, Zabini?
- Papá, él y yo…
- No te estoy preguntado a ti, cielo, sino a él. – El tono del hombre sonó amenazante. - ¿Y bien?
- Un par de meses. – Contestó el chico rápidamente. Ella giró la cabeza hacia él rápidamente, un poco sorprendida. Nunca habían hablado de lo suyo de aquella manera y no se esperaba que contestara eso delante de su padre. – No voy a hacerle daño, señor Potter, se lo prometo. Su hija es muy especial y tengo las mejores intenciones con ella.
- Más te vale, Zabini. Y ahora, abajo.
Albus se dio la vuelta y se dirigió hacia la planta inferior. Jane y Matt se miraron sin saber muy bien qué decir. Menuda mala suerte.
- Voy a matar a Thomas. – Susurró la rubia. – ¿Cómo se le ha ocurrido decir eso?
- No creo que lo haya pensado mucho.
- Pero ni siquiera estamos saliendo. – Protestó ella.
- Bueno, nos ha visto besarnos seguro, no es que nos ocultemos para liarnos, y todos en Slytherin saben que la noche del baile dormimos juntos, seguro que se ha enterado.
- Qué mal, Matt. – Jane se sonrojó otra vez. – ¿Crees que me ha escuchado?
- Por su forma de mirarme, yo diría que sí. – El chico apretó un poco los labios. – Me da bastante miedo tu padre.
- ¿Mi padre? Pero si es muy dulce.
- Será dulce contigo, pero conmigo no creo que lo sea. – Matt puso los ojos en blanco. – De verdad, ese hombre asusta y lo de saber que es auror… Deberíamos bajar ya.
- Estás asustado de verdad. – La chica empezó a reír. – Por Dios, no seas tonto.
- Me gustaría conservar mi vida.
- Anda, deja que coja los libros y bajamos.
El moreno asintió lentamente, un poco más tranquilo. Lo que menos quería era que el hombre volviera a subir. Cuando bajaron, vieron que Albus estaba sentado en el salón, leyendo el periódico. Les dedicó una sonrisa y señaló las sillas. Los dos chicos se sentaron y se pusieron a estudiar, un poco cohibidos por toda esa supervisión. Caroline llegó poco después y se llevó a su marido, alegando que tenía que ayudarla a preparar la comida – aunque le dedicó un guiño cómplice a su hija, que suspiró aliviada –, y aprovechó para preguntarle al chico si quería quedarse a almorzar. Él declinó la oferta con amabilidad antes de seguir estudiando. Estuvieron así hasta que llegó la hora de comer, momento en el que ambos cerraron los libros. Jane lo acompañó hasta la puerta y aprovechó que nadie los vigilaba ahora para besarlo.
- Al final no ha estado tan mal. – Murmuró él cuando se separaron.
- Supongo que no. – La rubia se mordió el labio. – Pásate por aquí otro día.
- Lo intentaré, aunque tienes que darme los horarios de tu padre para venir mejor cuando él no esté. – Volvió a unir sus labios. – Nos vemos pronto, Jane.
- Ten cuidado.
- Tenlo más bien tú.
La rubia se encogió de hombros e hizo un gesto de despedida con la mano. Ya se las ingeniaría para poder volver a verlo sin su padre rondando a su alrededor.
