El vientre cada vez estaba más redondo, y ella por su parte podía moverse menos por culpa de ello, finalmente decidió levantarse de la cama para salir a dar una acostumbrada vuelta por el bunker tenía la esperanza de verlo, aunque fuera platicando con Hitler, o haciendo planes ¿Qué más le daba? La cosa era que cuando Caspian estaba cerca los días pintaban un poco mejor para ella tanto para él.

Una patada que venía desde dentro le hizo levantarse antes se habría alarmado y quería ir a por un doctor. SIn embargo ya sabía de sobra cuáles eran las razones al menos podía darse el empacho de sonreír y fantasear. Ya faltaba tan solo mes y medio a ese paso ya no podía si quiera andar se cansaba a los pocos pasos. Pero aún así ansiaba llegar al final de aquel eterno recorrido que duraba nueve meses. Extrañaría sin duda las patadas, las molestas náuseas en las noches pero sobre todo, los antojos; eso sí que iba a echarlos de menos.

Con algo de lentitud se paró de la cama buscando a tientas los zapatos, la lámpara de la habitación se movía sin duda alguna los aliados estaban bombardeando Berlín nuevamente. Esta vez estaban, acorralando a Hilter y estaba cien por ciento segura de que no pararían hasta verlo caer.

Susan se detuvo la barriga con una mano y la espalda baja con la otra, continuó su camino a través del estrecho pasillo por el que iban y venían personas que siempre fueron fieles al Reich.

La reina de Narnia trataba de hacerse camino con aquella panza del tamaño el globo terráqueo no era fácil lo primordial era que estuviera en su habitación reposando y aguardando. Hasta que al niño o en su defecto niña se le ocurriese venir al mundo. Empero quería ver que Caspian estuviera bien, y dentro de ello comprobar si Frederick también lo estaba tanto tiempo a su lado fingiendole un amor que no le tenía, logró que le cogiera algo de cariño

Finalmente se topó con su marido, Frederick estaba con la cara sudorosa, la camisa y las manos estaban a su vez manchadas de sangre, tenía varios moretones en el rostro no era de Hilter los hubiese mandado fuera; la primer reacción de su esposo al verla fuera de la cama fue de furia Susan. Tomó con violencia el antebrazo de su mujer guiandola hasta la pared más cercana. Susan podía sentir el aliento frío de Frederick mientras que ella poco a poco se hacía pequeña a causa del miedo.

Antes de que le pudiera decir algo simplemente resolvió su furia primero con un par de bofetadas de derecha a izquierda sin darle tiempo a su joven esposa de parpadear, luego le sujetó de los cabellos obligándola a permanecer con los ojos azules. Expuestos a los suyos que chispeaban furia.

—Recuerdo haberte dicho que te quedarse en tu habitación, ¿Por Qué diantres has salido?

Mientras hablaba su amantísimo esposo le empotró el hombro contra la pared, Susan apenas tuvo tiempo de coger aire.

—Quise saber...

—¡Saber que!

Frederick estaba fuera de sí, y ella poco a poco recobraba la compostura para ceder de a poco a la ira. Aquello no iba a servirle de mucho al bebé pero estaba sencillamente harta de vivir teniendo única persona que podía provocar tal sentimiento ya no vivía. Frederick a comparación con él solo era más que un triste bufón.

Aslan, ayúdame ya no quiero seguir aquí, quiero ser libre por primera vez, ayúdame a decirle la hacerlo necesito hacerlo.

Pero se daba cuenta de que tristemente, mientras siguiera embarazada no podría abrir la boca lo mejor era esperar, tratar de calmarse y junto con Caspian y Peter tratar de trazas un plan para deshacerse de Frederick. Ya les quedaban pocos obstáculos para lograr ser completamente felices, si pudieron esperar cinco años, entonces podrían esperar unos días más.

Susan logró coger todo el valor que pudo para hacer frente a la ira creciente de su esposo.

—Saber si estabas bien.—La mentira salía natural, aunque ya pesaba más que antes decirlas.—Me asusté cuando escuché los bombardeos tuve la esperanza de que estuvieras a mi lado. Como cuando me convenciste de dormir, al ver que ya no estabas quise salir a buscarte. Mi hijo y yo tenemos miedo cada vez que tú te vas. Nos sentimos desprotegidos con tu ausencia.

Poco a poco vio que el rostro de Frederick volvía a la normalidad; al menos así no se ponía ella tan nerviosa. E inclusive que sus palabras le alimentaba el ego luego de las malas caras. A continuación venía una sonrisa acompañada por un casto besito en la comisura de los labios.

—Entonces ya sabes que estoy bien, ahora vuélvete a tu habitación y no salgas. No me gustaría saber que te ha sucedido algo simplemente por tu terquedad.

La sonrisa fue borrada de nuevo a Susan no le quedaba más remedio que volverse a encerrar en aquellas cuatro paredes, que tan odiables le resultaban. Pero en vez de volver a la cama como le habían ordenado solo se quedó quieta, esperó a que su esposo doblara el pasillo y ella volvió a seguir su camino esta vez segura de que nadie se le interpondría en el camino.

Trataba de caminar lo más a prisa que su estado le permitía, no era muy cómodo caminar con un bebé que crecía dentro de su vientre y daba patadas. Probablemente captaba su estado de alteración y él también se asustaba al notarlo. Susan se tomó un descanso, recargó la cabeza en una pared poniendo la mano en el vientre ya abultado dentro del mismo el crío no dejaba de patear.

—Shh.—Susan se pasó la mano varias veces sobre el vientre; le incomodaban las patadas del bebé todo cuanto pedía era que se calmara—Ya, no ha pasado nada.

Veía varios soldados con los uniformes de la SS correr con las armas en mano, ella negó con la cabeza era un esfuerzo sobrehumano el que se les estaba exigiendo Hilter ordenaba salvar lo poco que quedaba del Riech aún cuando él mismo sabía. Que no había nada que salvar.

Ella por su parte siguió con su camino; oculto entre un montón de coches hechos chatarra se encontraba el armario que el profesor Kirke le envió desde Inglaterra, con él venía una pequeña notita que le abrió nuevamente un camino de posibilidades para regresar a su amada Narnia sin problemas: Era un gemelo del armario que los llevó a Narnia por primera vez.

Verlo cubierto con aquella sencilla tela blanca, le proporcionó cierta paz. Se sobresaltó un poco cuando vio que el mueble se movía como si tuviese algo dentro que lo sacudiera sin cesar. Susan aterrada giró la cabeza de izquierda a derecha, tenía pánico de que alguien pudiera estar en ese mismo sitio.

Al comprobar que seguía estando sola sintió nuevamente alivió, lo que la preocupaba era que el armario en sí no dejaba de sacudirse. Ella tragó saliva; dio unos cuántos pasos adelante alargó la mano para quitar las mantas.

—No te servirá de nada.

La voz tranquila de Caspian la hizo darse la vuelta.

—Ha estado así desde que estoy aquí, quise saber por qué era pensé que Aslan al fin nos llamaba pero, simplemente se sacude y ya.

—¿Crees que escuchen el ruido? Es decir, este escándalo debe escucharse allá dentro me sorprende sinceramente que no vengan a ver qué ocurre. Tengo miedo de que le encuentren y lo destruyan.

—No creo, este es un ruido estruendoso Susan, he estado aquí oculto por espacio de una hora con ese armario moviéndose como una sonaja cada que le place, nadie ha venido.

Susan se acercó a Caspian.

—¿Crees que se esté acercando nuestra hora?

—Al parecer, si se mueve cuando estamos nosotros cerca creo que Aslan todavía tiene más planes para nosotros. No creo que nos quiera en Narnia cuando esto aún no puede terminar.

Susan vio a Caspian pasarse la mano por el cuello evidencia de que estaba pensando en algo que no le gustaba nada. El ropero seguía aún moviéndose sin cesar cada vez más fuerte el ruido que hacía era estridente; ella se asustaba cada vez más.

—¿Caspian?—Susan se acercó a su amante poniéndole una mano sobre el hombro.—¿Que Piensas?

Vio a Caspian ponerse tenso; ver al ropero, y después verla a ella con un deje de tristeza en los ojos.

—Susan.—Caspian le tomó ambas manos—¿Sabes que te amo verdad? ¿Sabes que todo lo que hago, y no hago es por amor hacia ti?

Susan asintió mecánicamente; sin dejar de ver en dirección a ese condenado ropero que cada vez se sacudía con mayor fuerza. Inclusive la tela que le cubría se había caído hacía unos instantes.

—Caspian, estás asustando.

—Te quiero Susan pero temo que iremos volviendo a Narnia por turnos. Primero fueron Edmund y Lucy tú misma me dijiste que los viste felices en tus sueños, y creo que ahora es tu turno.

Susan negaba con la cabeza, tenía los ojos llenos de lágrimas siempre quiso volver a Narnia con Caspian y Peter sencillamente no acariciaba la idea de que tendría que volver sola.

—Estás loco si piensas que voy a aceptar.

—Susan, es lo más probable esta vez te toca a ti ve y espérame ten a nuestro hijo allá lejos del horror de la guerra, lejos de todo esto. Házme caso—De un tirón Caspian terminaba de deshacerse de la tela que cubría el ropero, con la mano izquierda abría la pequeña puerta que exponía un montón de abrigos.—Entra allí.

Susan negaba férreamente.

—¿Por Qué no vamos los dos?

—Eso no es posible, anda vamos es tu oportunidad de escapar de este horror así que no la desaproveches.

Antes de darse cuenta Caspian ya le tomaba en brazos para llevarla hasta el interior del ropero. Una última mirada bastó para que se diera cuenta de que tal vez el adiós no era para siempre y que bueno. Quizás algún día lo tuviera con ella como siempre soñó.

—Todo estará bien.

Susurró para sí misma antes de caminar en reverso, a través del interminable mar de abrigos que se encontraba dentro del ropero. Al seguir su camino se tropezó con una rama de no haber sido porque alguien la sostuvo en brazos, habría dado de bruces en el suelo.

—Se encuentra usted...Susan, Tú aquí.

Esa voz tampoco la había conoció cuando vivía aún en Belzec y el escucharle de nueva cuenta la hizo tiritar.

No volvió la cabeza. No era necesario hacerlo si ya conocía al dueño de aquella voz tan varonil y al mismo tiempo tan dulce.

—Wilhelm.