Disclaimer: Los personajes de Shingeki No Kyojin no me pertenecen. Son propiedad de Hajime Isayama.


SEGUNDA PARTE

— Capítulo 36 —

Deber

Los cascos del caballo de blanco pelaje resonaban estrepitosos y diligentes en el suelo adoquinado de las calles de Cabourg. La brisa costera soplaba con fuerza en pleno otoño, y el graznido de las gaviotas revoloteando en la ensenada acompañaba a los barcos pesqueros y comerciales que zarpaban a alta mar.

El jinete del llamativo y elegante caballo pura sangre parecía ansioso de llegar a su destino: el lujoso chalé anclado en el estuario de la Dives. Había anhelado, desde su ingreso al ejército, pasar más tiempo con sus parientes desde que tuvo conciencia y edad suficiente para viajar por su cuenta. Y ahora que se había graduado como el mejor de su generación no desaprovecharía la oportunidad de dejar por unos cuantos días las tierras que lo vieron crecer para compartir con su familia.

Cuando divisó la ostentosa propiedad aceleró el trote calle abajo y se detuvo en la entrada, sintiendo el corazón palpitando desbocado en su interior, víctima de la emoción.

—¡Tío! —exclamó al divisar a Eren en el jardín, que terminaba de podar los rosales a un costado del pórtico.

—¡¿Ethan?! ¡¿Eres tú?!

—Tiempo sin vernos.

La sonrisa de Eren no se hizo esperar. Se acercó rápidamente a saludar a su sobrino político —y ahijado— y le dio una cálida bienvenida.

—¡Qué sorpresa! —dijo—. No creí que vendrías este año.

—Después de graduarme tuve permiso para visitarlos —comentó Ethan tras bajar de su caballo.

—Ya eres todo un soldado. Y vaya que has crecido —comentó Eren al notar que Ethan lo sobrepasaba fácilmente por varios centímetros. Su parecido con Irvin no dejaba de sorprenderle.

—Creo que he crecido un poco —dijo Ethan un tanto apenado. No disfrutaba presumir de ese tipo de cosas.

—Ellery se pondrá muy contento de verte —señaló Eren.

El rostro de Ethan se iluminó.

—¡¿De verdad lo cree?!

—Estoy seguro.

—¿Y... dónde está?

—Atrás, en las caballerizas. Siéntete como en tu casa. Puedes quedarte todo el tiempo que quieras.

Ethan asintió con una amplia sonrisa y se encaminó a la parte posterior de la mansión. Esperaba sorprender a Ellery luego de un año sin verse. Sus tres años de diferencia habían hecho que sus rangos como soldados los mantuvieran en distintas divisiones y misiones, pero ahora que se había graduado y podía elegir una de las tres ramas militares lo alcanzaría rápidamente para compartir más tiempo con él. Y esa era una de las cosas que más le entusiasmaba luego de haber cumplido los quince años.

Cuando divisó a Ellery montado en su caballo su corazón se aceleró, y sintió aquel calor en su rostro que tan bien conocía cuando pensaba en él o lo veía. Admiraba a Ellery, más de lo que hubiera podido imaginar. Desde que lo conoció no se había querido apartar de su lado; parecía una necesidad imperante en su cuerpo tenerlo cerca y contemplarlo. Porque le atraía todo de él, desde sus movimientos, la forma en la que se expresaba, sus labios —y el sabor de estos—, sus ojos, sus manos, su aroma, hasta la manera en la que arrugaba el ceño cuando algo le desagradaba y la sonrisa que solo a él le dirigía cuando estaban solos.

Lo vio bajar del caballo y caminar al interior de la caballeriza. Fue en ese momento que decidió darle una sorpresa. Se acercó cauteloso y pretendió sorprenderlo. Lo encontró retirando la montura de su caballo al interior del corral y se plantó tras él, rodeándole la cintura con los brazos y besándole el cuello. El contacto sobresaltó a Ellery y le hizo voltear el rostro sorprendido.

—¿Me extrañaste? —preguntó Ethan cuando sus miradas se encontraron.

—Me asustaste —respondió Ellery, intentando soltarse ante tan aprensivo agarre.

—Esa no era la respuesta que quería escuchar. —Ethan sintió una punzada de decepción, aunque conocía perfectamente a Ellery y su concepto de "afectuoso".

—¿Qué haces aquí?

—Esa respuesta es peor. ¿No te alegra verme?

—Sabes que sí, pero te hice una pregunta.

—Vine para estar contigo.

Ellery frunció el ceño y se alejó una vez que logró soltarse.

—No pareces contento —dijo Ethan, siguiéndolo.

—Debiste avisarme que vendrías —le respondió Ellery mientras ingresaba al guadarnés con la montura de su caballo.

—Quise sorprenderte, pero eres muy aguafiestas.

—No tengo mucho tiempo para tus sorpresas.

Ethan permaneció de pie con evidente decepción. Ellery se dio cuenta que sus palabras no fueron bien recibidas y volteó a verlo. Contrariado por su actitud, resopló y se le acercó, lo suficiente para sentir su aliento chocar en su rostro y el aroma que despedía su cuerpo.

—Si te digo que estoy feliz de verte, ¿qué harás?

Los ojos de Ethan se iluminaron y atrapó nuevamente a Ellery entre sus brazos.

—Puedo hacerte muchas cosas, pero no quiero que tu padre me asesine. No está aquí, ¿verdad?

—Está en el cuartel.

Ethan sonrió y suspiró aliviado.

—Entonces puedo hacerte lo que quiera —dijo con un dejo de travesura.

Ellery no pudo evitar ruborizarse al entender el doble sentido de sus palabras y frunció el ceño.

—Puedes hacer lo que quieras, pero no aquí —dijo mientras se soltaba.

—¿Es lo que creo? ¿Me estás invitando a tu habitación?

—Tómalo como quieras. Puedes venir o quedarte aquí. Tú eliges.

Una sonrisa aún más grande acudió a los labios de Ethan y siguió a Ellery fuera de la caballeriza. Pero antes de que se alejara lo suficiente de su alcance le sujetó del rostro y capturó sus labios entre los propios. Había ansiado ese momento desde que dejó el cuartel en María con el título de soldado en su uniforme. Un año sin probarlos resultaba una tortura inaguantable, pero ahora se encargaría de compensar todo el tiempo perdido.

Ellery le correspondió sin objeciones. También lo había extrañado, pero era de las personas que prefería evitar confrontaciones innecesarias cuando las consideraba una causa perdida. Las detestaba, y no quería dar motivos para pleitos con sus padres, al menos con uno de ellos.

Se dejó envolver por los brazos acaparadores de Ethan y le permitió explorar cada rincón de su boca. No pudo evitarlo.

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A Levi no le causó gracia alguna encontrar a Ethan sentado en la sala de su casa, mucho menos verlo cerca de Ellery mientras compartían el calor de la chimenea con una taza de té en las manos. Su expresión irritada no dejó indiferente a nadie.

—Tú aquí —soltó de pie en medio del salón.

Ethan se levantó rápidamente y lo saludó con la postura oficial del ejército.

—Buenas noches, señor.

Aun cuando la diferencia de estatura fuera considerable, Ethan le tenía un profundo respeto a Levi. No solo era su tío, sino también su superior en la milicia.

Levi prefirió ignorarlo y dejó la habitación.

—Sigo sin agradarle —dijo Ethan con un tono de derrota mientras regresaba al sofá.

—Ya deberías haberlo superado —respondió Ellery, encogiéndose de hombros.

—Lo sé, pero no tengo la culpa de los conflictos que tiene con mi padre.

—Son asuntos que ellos deben resolver.

—¿Crees que me deje dormir dentro de la casa? ¿O me enviará a las caballerizas como la última vez?

Ellery no respondió; bebió su té en silencio, consciente de que Eren se haría cargo de contener a Levi y persuadirlo para que fuera más condescendiente ahora que Ethan estaba de visita.

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Con los brazos cruzados y la espalda contra en la pared, a un costado del ventanal del segundo piso, Levi no dejó de manifestar su descontento por la presencia de Ethan en la casa. No lo odiaba; era su sobrino, pero verlo merodeando a Ellery era como ver nuevamente a Irvin cortejando a Eren, y eso era algo que simplemente no podía tolerar. Porque desde que Ethan tomó control de sus propias acciones y sentimientos, su afición hacia Ellery no dejó indiferente a nadie. Siempre estaba detrás de él —"como una maldita cola", decía al verlo sujeto a su ropa—, siempre expresando su amor, su interés y sus ganas de estar a su lado en todo momento. Y ahora que estaba en plena adolescencia, sabía perfectamente lo que las hormonas eran capaces de hacer en su cuerpo si los descuidaba un segundo.

Y sin embargo nadie parecía incomodarle la cercanía de Ethan y Ellery, y por momentos se sentía ridículo reclamando por algo que para los demás no tenía importancia y resultaba natural.

—¿Vas a estar molesto hasta que se vaya? —preguntó Eren mientras dejaba en el borde del balcón el libro que llevaba leyendo desde hacía una semana.

—Sabes perfectamente que no me gusta tenerlo aquí. Debí haber enviado a Ellery al cuartel para no tenerlos bajo el mismo techo.

—Me encanta cuando muestras tan abiertamente tu rol de padre sobreprotector, pero estás exagerando. Ellery ya no es un niño.

—Irvin bastardo —masculló Levi—, sabe que detesto tener a su hijo en mi casa.

Eren se le acercó y acarició su rostro.

—Deja que los chicos se diviertan. Son jóvenes, y tienen todo el derecho a pasarlo bien.

Levi torció los labios y entornó la mirada con desconfianza.

—No me gusta la manera en la que lo dices —siseó. Como respuesta, obtuvo una sonrisa y vio a Eren tomar asiento junto al balcón—. ¿Dónde está Lear? —preguntó al percatarse del silencio que había en la casa.

—Logré que entrara para cenar. Se está lavando las manos. Se pasó toda la tarde trepando los árboles del patio y jugando con su caballo.

Levi se apartó de la muralla y se detuvo bajo el marco del ventanal.

—Iré por él.

—Trata de no regañarlo —pidió Eren—. Él disfruta ser así.

—Le das mucha libertad a ese mocoso malcriado.

—Corrección: tú lo sobreproteges y consientes demasiado.

Levi frunció el ceño y dejó la terraza para ir por Lear, su hijo pequeño.

A diferencia de Ellery, que prefería pasar el tiempo libre leyendo o montando a caballo, Lear disfrutaba correr por los terrenos del chalé y trepar árboles. Levi lo veía como una versión de Eren en todos los sentidos, no solo en el aspecto físico. Tenía ese espíritu de idealista que luchaba por las causas justas. A su corta edad de diez años ya cuestionaba todo y defendía sus derechos, ayudando siempre a quien lo necesitara. Ya sea un animal indefenso o un niño agredido por abusadores, Lear no dudaba en estar ahí sin importarle si se metía en problemas o salía lastimado.

Eren cerró los ojos y dejó que la brisa costera acariciara su rostro. El aroma a sal y algas aún podía disfrutarlo como la primera vez que puso un pie en Cabourg y supo que sería su hogar. Y aunque algunas veces añoraba las tierras del reino, ya había echado raíces en la cuidad que nació Lear y vio crecer a Ellery, y esperaba pasar el resto de sus días allí con la familia que había construido con Levi.

No podía quejarse; su vida era perfecta en muchos sentidos. No solo estaba el hecho de haber logrado superar los obstáculos del pasado y conseguir la libertad que quería para él y los habitantes del reino, había encontrado el amor en un hombre que enriquecía sus días y llenaba todas sus expectativas. Los años no habían pasado en vano para ninguno de los dos; se amaban incluso más que al principio. Tenían dos hijos de los cuales sentirse orgulloso y, aunque siempre estaban los altos y bajos, habían logrado superar hasta los más difíciles obstáculos, consolidando su relación y su amor como pareja y familia.

Las decisiones a lo largo de su vida, y el camino que en un principio planificó para su futuro sufrieron grandes cambios, pero no los resentía. Estaba más que satisfecho con su actual yo. Y si tuviera la posibilidad de volver el tiempo atrás, no cambiaría ni un solo aspecto de su vida, porque gracias a sus decisiones y errores, así como también aciertos, había alcanzado lo que él llamaba: felicidad.

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Luego que la sirvienta a cargo de la cocina avisara que la cena estaba lista, se reunieron en el comedor para celebrar la llegada de Ethan con un gran banquete. Sin embargo, Levi parecía más interesado en empañar la velada con sus comentarios y su expresión irritada.

—Oye, tú. Siéntate al otro lado —soltó de mala gana cuando vio a Ethan sentado junto a Ellery.

—Sí, señor.

Ethan obedeció sin protestos. Con una sonrisa gentil cambió de lugar, quedando al otro extremo de la mesa. No tenía intenciones de desafiar a Levi, mucho menos causar inconvenientes siendo solo un invitado.

—¿Y ya decidiste la división a la que ingresarás? —preguntó Eren.

—Sí, será en la legión de reconocimiento. Es la mejor y la más honorable de las tres ramas —dijo Ethan con orgullo, echándole un vistazo fugaz y cómplice a Ellery.

—Es la peor pagada —señaló Levi—. Con tus capacidades deberías unirte a la policía militar.

—Quiero seguir los pasos de mi padre —aclaró Ethan.

Levi entornó la mirada con suspicacia.

—Oh... pensé que seguías los pasos de alguien más —dijo.

Ethan solo sonrió, fastidiando aún más a Levi al ver que su sonrisa era idéntica a la de Irvin.

—Y... ¿cómo van las cosas en María? —preguntó Eren, intentando cambiar el tema.

—Bien, mi padre ha logrado mantener el orden desde que asumió nuevamente el puesto de jefe de estado.

—Es verdad. Recibimos la noticia el mes pasado —comentó Eren—. Es bueno saber que todo marcha bien.

—Desde el golpe de estado de hace dieciocho años, el reino ha logrado levantarse y adaptarse a los cambios de la nueva era industrial. Ya se cumplirán cinco años desde que llegó el ferrocarril al reino, y la economía se ha vuelto más estable.

—Las distancias entre los países se está reduciendo considerablemente, y más ahora después que aquel científico extranjero inventara lo que denominó como "telégrafo" —comentó Ellery.

—Es un sistema de comunicación mucho más rápido que las cartas tradicionales —añadió Eren con gran fascinación. Él aún mantenía comunicación habitual con Armin, y gracias al reciente invento, los mensajes llegaban con una prontitud impresionante.

—Ethan, ¿cuándo vendrá Alger? —preguntó Lear mientras picaba con el tenedor un trozo de carne.

—Quiso venir pero le dio gripe —respondió Ethan—. Así que está reponiéndose en casa.

Lear bajó el rostro derrotado.

—Quisiera ir a verlo —murmuró abrumado.

—Iremos durante el verano —aclaró Eren para animarlo—. Podrás pasar toda la temporada allá.

—¡¿De verdad?! ¡¿Y veremos a los abuelos?!

—Por supuesto.

La idea de pasar las vacaciones de verano en casa de su tío y compartir con su familia, hizo que una amplia sonrisa llenara los labios de Lear. Amaba vivir en Cabourg, pero tenía un particular interés en las tierras donde alguna vez existieron tres imponentes muros que contenían una gran historia. Disfrutaba pasar el verano en la hacienda de Irvin, su tío, y en la casa de sus abuelos. Escuchar las historias de cuando sus padres lucharon por la libertad de las personas lo llenaba de orgullo y emoción, motivo por el cual había decidido convertirse en soldado y ser miembro de la legión de reconocimiento.

Eren pidió hacer un brindis por la llegada de Ethan y su graduación en la milicia, y continuaron el resto de la cena compartiendo en familia.

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Cerca de la media noche, y tras haberse dado un baño, Ellery ingresó a su dormitorio mientras se secaba el cabello con una toalla. Al mirar hacia su cama encontró a Ethan tendido en ella, leyendo un libro.

—¿Cómo entraste? —le preguntó, cerrando la puerta.

—Por la ventana. Tu padre estaba vigilando el pasillo.

Ellery se sentó a los pies de la cama, manteniendo la toalla en la cabeza, y de inmediato los brazos de Ethan le rodearon la cintura, sintiendo su nariz respirando cerca de su cuello.

—Hueles bien —le escuchó decir en un susurro.

—Eso es porque me acabo de dar un baño —respondió, restándole importancia.

—Siempre hueles bien.

—Me elogias demasiado. No conseguirás nada con eso.

Ethan lo soltó y trató de acomodarse para verlo a la cara.

—¿Qué piensas de mi ingreso a la legión? ¿Te agrada la idea? Así podremos estar juntos.

—Es decisión tuya. Lo que diga no tiene que importar.

—¡Para mí es importante! —exclamó Ethan—. Si me pides que me una a la policía lo haré, o si quieres que sea de la tropa estacionara...

—No tienes que hacer lo que yo quiero. Es tu vida, tu decisión.

—Pero mi vida está junto a ti —dijo Ethan—. Obtuve la mejor calificación de mi generación y puedo optar a la división que quiera.

—No presumas, yo también tuve el primer lugar cuando me gradué —aclaró Ellery.

—Cierto, te graduaste tres años antes que yo, y somos los más fuertes y capacitados de nuestra generación. Si un enemigo apareciera, nosotros seríamos capaces de derrotarlo.

—No olvidemos a nuestros padres. Ellos son inmensamente fuertes.

—Sobre todo el tuyo —comentó Ethan—. ¿Aún quiere castrarme?

—Ya te lo dijo el año pasado cuando te sorprendió metido en mi cama —le aclaró Ellery—. Esa vez tuviste suerte porque mi papá intervino.

—Cierto —dijo Ethan, apoyando las manos en el colchón—. Tío Eren está de acuerdo con nuestra relación.

—Lo difícil será convencer a mi padre. Es alguien complicado.

—Complicado es poco.

Ellery suspiró y se tendió en la cama. Ethan aprovechó para acercársele y colocarse sobre él.

—Te extrañé mucho, ¿lo sabías?

—Sí, pero no necesitas decírmelo a cada rato.

Ethan rió un poco.

—Tengo que hacerlo —dijo—, o se te podría olvidar.

—Algo así no se olvida —le aclaró Ellery con seriedad.

—Y menos después de lo que hemos pasado —añadió Ethan, llevando la mano derecha a su pecho, donde pudo tocar un poco de piel expuesta gracias a la camisa a medio cerrar.

—Ya estás presumiendo —protestó Ellery, estremeciéndose ante el contacto de su mano con su piel.

—No es cierto.

—Claro que sí.

Ethan hundió su rostro en el cuello de Ellery y capturó una vez más su aroma. Lo embriagaba, y permaneció así hasta que escuchó unas pisadas provenientes del pasillo.

—Debo volver a mi dormitorio. No quiero ser asesinado —dijo, apartándose con lentitud.

—Espera —dijo Ellery, deteniéndolo del brazo.

—¡¿Quieres que me quede?!

Ellery esquivó la mirada con molestia.

—No me pidas que responda algo obvio.

Ethan sonrió y se recostó nuevamente.

—¿No tienes miedo que tu padre nos descubra?

—No te preocupes —dijo Ellery mientras observaba cómo se desabotonaba la camisa—. Mi papá se encargará de distraerlo.

—Quería tanto volver... a estar contigo… —El murmullo de Ethan fue suave y gentil, pero había cierta ansiedad que Ellery supo reconocer. Pudo percibirlo en el movimiento de sus manos afanosas, así como también la urgencia por colarse bajo la tela de su camisa y reconocer la tibieza de su piel tras el baño. —Ansiaba graduarme pronto para alcanzarte.

—Entonces elegirás la legión.

Ethan se apartó y lo vio a los ojos.

—A donde sea que vayas, ahí estaré —confesó con seriedad.

—Eres mi acosador —dijo Ellery. La idea no parecía molestarle, pero no lo felicitaría por su iniciativa.

Una nueva sonrisa aún más traviesa acudió a los labios de Ethan.

—Sé que no podrías hacer nada sin mí —señaló.

—Te tienes mucha fe. No olvides que soy tres años mayor que tú.

—Pero puedo protegerte de todos modos. Siempre...

Ellery aguardó en silencio, dejando que Ethan terminara su declaración con un beso.

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Las imágenes de aquel suceso eran como un sueño para Eren, pero lograba verlas con una nitidez que lo asustaba. Podía sentir el olor de la sangre, aquellas manos tocándolo, aquel aroma nauseabundo que revolvía su estómago. Luego solo era oscuridad, gritos, dolor, y su cuerpo empapado con sangre que no le pertenecía robaban su respiración.

Despertó sobresaltado y observó a su alrededor, en un intento por reconocer el lugar en el que se encontraba, y descubrió con alivio que se hallaba en su habitación. Una nueva pesadilla lo había despertado a mitad de la noche. No era la primera vez que experimentaba esas desagradables escenas en su cabeza, pero cada vez que lo hacía, el horror al saber que posiblemente eran verdaderas echaba por tierra sus esfuerzos por recuperarse y olvidarlas.

Sintió la mirada de Levi, que lo observaba a los pies de la cama, y se secó el rostro mientras luchaba por controlar los espasmos que sacudían su cuerpo.

—Estoy bien —dijo con suavidad.

Levi se le acercó y escudriñó su rostro.

—No mientas. Lo que te pasó...

—No fue tu culpa. Solo sucedió —le aclaró Eren antes que se volviera a responsabilizar de algo que estuvo fuera de su control.

—Aunque pasen los años sigues metiéndote en problemas.

—Ajá, y sigo saliendo de ellos.

Levi se apartó, molesto.

—Deja de minimizarlo —masculló—. Lo que te sucedió no fue una maldita broma.

—Pero tampoco es motivo para que vivas atormentado. Ya olvídalo —insistió Eren, reteniéndolo del brazo para que no se alejara—. Sigo aquí con ustedes, y eso es lo único que debería importarte.

Levi dejó que Eren lo abrazara y se refugiara en su pecho. Incluso con el paso de los años él seguía siendo aquel chiquillo impulsivo que había derribado las murallas que lo retenían en la soledad y el desapego a su propia vida.

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Solo cuando confirmó que Eren estaba profundamente dormido salió al pasillo y avanzó directo al dormitorio de Ellery. Al doblar el primer recodo sorprendió a Ethan abandonando la habitación con descarado sigilo. Aguardó en silencio hasta que advirtiera su presencia, y cuando lo logró disfrutó ver su reacción.

—S-Señor... —murmuró Ethan con nerviosismo. Verlo de pie en el pasillo en medio de la penumbra no era un escenario digno de apreciar, en especial cuando la mirada que le arrojaba era similar a la de una bestia peligrosa asechando una presa.

—Sígueme —le ordenó Levi.

No hizo falta más que eso. Ethan lo siguió en silencio hasta su oficina. Una vez allí, fue encarado sin preámbulos.

—Dime por qué estás aquí —preguntó Levi.

—Ya le dije, señor. Estoy de vacaciones.

—A los demás podrás mentirle. Dime por qué te envió Irvin. Qué está tramando —soltó Levi con sequedad.

Ethan suspiró resignado; ya nada sacaba con mantener su farsa.

—Mi padre me envió para investigar el secuestro de tío Eren. Durante el último año se han descubierto otros casos similares a lo largo del continente. Diez para ser exactos. Y se cree que hay más aún sin confirmar.

Levi se mantuvo impávido, aunque la preocupación de enterarse que Eren no era la única víctima despertaba el mal presentimiento que tenía alojado en su interior desde aquel día.

—¿Qué sabe Irvin al respecto? —preguntó.

—No mucho. Mi padre ha intentado averiguar, pero la policía se ha vuelto muy hermética en ese asunto. No quieren que se filtre la información. Aparentemente para no despertar el pánico colectivo.

—Si se pusieron pesados significa que algo saben.

—Exacto, por eso estoy aquí. Quiero recopilar información desde afuera y encontrar similitud con los otros casos de secuestro. Al parecer hay un patrón que los vincula.

—¿Y cuál es ese patrón?

—La pérdida de memoria —respondió Ethan—. Los que han logrado sobrevivir no recuerdan nada. Además de tío Eren, solo dos personas han sobrevivido, y sin recuerdos de lo ocurrido.

—¿Y tienen alguna otra pista aparte de eso?

—No, pero mi padre cree que se trata de algún culto pagano.

Levi recordó las pesadillas que atormentaban a Eren en las noches. Cuando le describía las imágenes, la idea de que había sido víctima de un culto cobraba sentido, y más ahora que Irvin también creía en esa posibilidad.

—Al parecer, tío Eren tuvo suerte —añadió Ethan.

—¿A qué te refieres? ¿Qué tuvo de afortunado?

—Sobrevivió. La mayoría de las víctimas fueron encontradas sin vida. Estamos convencidos que se trata de un ritual que ofrece personas en sacrificio. Pero no hay pistas que lo puedan confirmar.

Hubo una pausa, en la que Levi intentó unir las piezas y dar con una respuesta. Pero todo estaba en el aire, sin solución ni claridad. Sus manos estaban atadas y la frustración lo carcomía por dentro.

—Tío Eren... él... no recuerda nada aún, ¿no es así? —preguntó Ethan.

—Nada que pueda servir —soltó Levi.

Ethan vio hacia el reloj de la habitación y supo que debía marcharse.

—Ya es tarde... me iré a dormir.

Dio media vuelta y sujetó el pomo de la puerta. Pero antes de cruzar el dintel, Levi lo atajó.

—No comentes de esto con nadie, menos con Ellery. Y mantente a veinte metros lejos de él, o te castraré.

Ethan tragó duro y asintió con una sonrisa casual antes de dejar la oficina.

Una vez solo, Levi tomó asiento tras su escritorio y se dedicó a recordar las angustiantes horas que vivió tras la desaparición de Eren hacía un año.

Fue un día común y corriente; sin algún indicio de que algo malo fuese a ocurrir, pero Eren desapareció una tarde, y cuando lograron encontrarlo él había conseguido escapar por su propia cuenta. Lo hallaron en las afueras de la ciudad, semidesnudo y bañado en sangre. Las pistas para dar con el paradero de los culpables fueron nulas. Eren no recordaba lo ocurrido, y cuando localizaron el sitio donde estuvo cautivo no descubrieron nada. Al parecer sus captores se habían encargado de borrar toda evidencia, dejando sin respuestas el misterio de su desaparición.

Levi empuñó las manos, recriminándose una vez más por haber permitido que algo así sucediera. No sabía la causa del tal acto, pero llegaría hasta las últimas consecuencias para dar con los responsables y hacerles pagar por lo que hicieron.

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Una semana después, las cosas habían continuado sin mayores complicaciones. Las labores de Levi en el cuartel de la ciudad se concentraron principalmente en la información entregada por Ethan a nombre de Irvin tras su conversación. Pero los cuerpos de investigación no lograron mucho debido a que aún faltaban piezas del rompecabezas.

Durante el fin de semana, y como era de costumbre, Eren se encontraba en las caballerizas coordinándose con los funcionarios que estaban a cargo del criadero que desde hacía ocho años tenía en la propiedad. Lear lo acompañaba en esos momentos, mientras terminaba de alimentar a su caballo a un costado de los abrevaderos. La relación que ambos tenían como padre e hijo era excelente pero, a diferencia de Ellery, el apego de Lear se concentraba mayormente en Levi. Era con él con quien mejor se llevaba y a quien más admiraba. Su anhelo por convertirse en un soldado era algo que tanto Eren como Levi tenían muy claro, y no tenían pensado impedírselo por mucho que quisieran que su destino fuese uno más tranquilo que el que había elegido Ellery.

—Papá, quiero enlistarme en el ejército el próximo año —dijo Lear encaramándose al corral donde trotaban los caballos de Eren para su entrenamiento habitual.

—Lo harás cuando tengas edad suficiente.

—¿Y cuándo será eso? Ya quiero atrapar a los inútiles que molestan en la ciudad y explorar el mundo.

—Ya tendrás todo el tiempo del mundo para atraparlos y conocer el mundo —dijo Eren, mientras escuchaba al capataz gritonearle a sus empleados al otro lado del establo.

—Pero mi hermano ingresó al ejército cuando tenía diez años. Ya estoy en edad de hacerlo.

—Lear, no tienes que ser igual que tu hermano.

—¡Pero yo quiero ser como él y mi papá!

—Lear. —Levi había llegado en ese momento, escuchando la conversación—. ¿Cuál es tu urgencia de entrar a la legión?

—Quiero ayudar a las personas que no pueden defenderse. Quiero que la justicia prevalezca siempre, y también ser capaz de entender el mundo en el que vivo.

Levi y Eren intercambiaron miradas al comprender que Lear finalmente estaba tomando conciencia de la vida y de sus propias necesidades. Porque por más impulsivo que fuera, él ya sabía distinguir lo que era justo y lo correcto.

—Podrás ingresar al ejército cuando comprendas los límites de tu propia fuerza —dijo Levi.

Los expresivos ojos de Lear se abrieron con sorpresa. El color gris de ellos le daba una intensidad incomparable a cada una de sus expresiones.

—¿Los límites de mi fuerza? —repitió confundido—. ¿Y cómo voy a saber eso?

—No tengo que explicártelo. Cuando llegue el momento lo entenderás.

—¡Pero!

—Lear, ve por tu hermano —dijo Eren.

Lear bajó el rostro con derrota y bajó de la cerca rumbo a las caballerizas.

—Cada día que pasa se parece más a ti —soltó Levi tras pararse junto a Eren.

—No es cierto. Yo no era así. —Levi lo miró con incredulidad. —Bien, bien, sí era así. Pero por muy obstinado, al final terminé aceptando la voluntad de mis padres. De lo contrario hoy sería un miembro de la legión.

—Lo eres aunque no oficialmente —le aclaró Levi—. Has participado en guerras sin preparación militar.

—Pero tus entrenamientos en todos estos años, incluso antes que naciera Ellery, fueron como haber estado en el ejército. Solo me falta el uniforme.

—No lo necesitas.

Eren asintió y terminó de dar instrucciones a los funcionarios a cargo de sus caballos. Hacía mucho que no pensaba en lo diferente que hubiera sido su vida de haber entrado a la legión. Ya no le importaba; sus capacidades eran las indicadas, pero tener una familia lo consideraba un desafío mucho más completo e importante que participar en guerras y conocer el mundo. Todo lo que necesitaba y quería estaba dentro de las cuatro paredes que conformaban su hogar.

La sirvienta a cargo de las labores domésticas de la casa se les acercó, avisando que un soldado había llegado y esperaba en la sala. Levi fue a recibirlo y vio que se trataba de un guardia a cargo de la seguridad del ayuntamiento.

—Señor, lo necesitamos con urgencia.

—¿Qué ocurrió?

El soldado apretó los labios con preocupación.

—Hubo otro asesinato, señor.

Levi no necesitó detalles.

Ethan y Ellery llegaron en ese momento, logrando escuchar parte de la conversación.

—Ellery, trae los caballos. Partimos ahora —anunció Levi.

—Entendido.

—Yo los acompañaré —dijo Ethan con prisa. Ellery quiso objetarle, pero al ver que Levi no se opuso, comprendió que él tampoco debía.

Fue en cuestión de minutos que se alistaron para partir. Eren los despidió en el porche junto con Lear, que protestaba por las ansias que tenía de ir con ellos.

—Que les vaya bien —dijo Eren, acercándose a Levi antes que subiese a su caballo—. ¿Estarás bien? —le preguntó.

Levi lo vio a los ojos con seriedad.

—Eso debería preguntarte yo.

—Sabes a lo que me refiero.

—Y yo también. —Montó y tiró las riendas para ponerse en marcha—. Nos vemos en la noche.

—¡Qué les vaya bien! —exclamó Lear mientras agitaba el brazo en señal de despedida. Se volvió hacia Eren y le dijo: —Estoy seguro que mi papá encontrará a esos asesinos.

Eren sonrió y revolvió sus cabellos.

—Claro que sí. Tu padre es el soldado más fuerte de la humanidad.

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Tras cruzar el centro de la ciudad llegaron al sitio donde se había cometido el asesinato. El crimen se había realizado al interior de una edificación abandonada, en los suburbios. En el sótano se hallaba un cuerpo desmembrado, y tanto el suelo, como las paredes y el techo se encontraban impregnadas con sangre que parecía ser únicamente de la víctima. El olor nauseabundo incomodó a Levi, pero no fue impedimento para ingresar al cuarto en busca de pistas.

—Arruinarás tus vacaciones —dijo Ellery de pie en la entrada del sótano.

—Esto es mucho más importante —respondió Ethan con seriedad. Ver tan horrendo crimen le hacía pensar que había tomado la decisión correcta al elegir entrar a la milicia y ser un miembro de la legión de reconocimiento.

—Al parecer la víctima se trata de una mujer. Fue encontrada por un ebrio que frecuenta el bar que está en frente y pasa las noches en este edificio —dijo uno de los soldados pertenecientes a la brigada de investigación de la ciudad.

—Y nadie vio nada durante la noche —comentó Levi mientras inspeccionaba.

—No señor. Interrogamos a las personas que se encontraban en los alrededores, pero nadie vio ni escuchó nada.

Levi se detuvo frente al cuerpo desmembrado y lo observó. Desde el incidente con Eren no dejaba de sentirse intranquilo, más aún ahora, luego de enterarse que su caso no era el único, y que con el correr de los meses nuevas víctimas —con más o menos suerte— aparecían en el camino.

—Esta vez no tuvieron tiempo de limpiar la escena —señaló Ethan luego de detenerse a su lado—. Parece como si hubieran desaparecido sin intenciones de borrar las huellas. Lo mismo ocurrió en el norte.

—¿Por qué sabes tanto? —preguntó Ellery al escucharlo—. ¿Y qué sucedió en el norte?

—Solo sé lo que mi padre me comentó. —Fue la respuesta de Ethan luego de ver fugazmente a Levi.

Ellery entornó la mirada con desconfianza.

Levi recorrió la habitación hasta que se percató de algo: bajo la sangre y restos de carne, habían trozos de papel. La sangre se había impregnado en ellos, haciéndolos irreconocibles, pero apostaba que se trataba de un libro, porque al otro extremo de la habitación un funcionario de la brigada levantaba en ese instante lo que parecía ser la cubierta.

—Definitivamente esto es muy extraño —murmuró Ethan, sin percatarse que Ellery lo estaba observando—. En los otros casos las víctimas no lucían de esta forma. En cambio esto... es como si hubiera explotado desde su interior. —Se dirigió hacia un funcionario de la brigada—. ¿Están seguros que los restos pertenecen a una sola persona?

—Aún no lo sabemos.

—Envíen las pruebas a laboratorio —ordenó Levi.

Ellery permaneció en silencio. La idea de que Ethan le estuviera ocultando algo comenzó a apoderarse de sus pensamientos. Y solo cuando se reunieron en el cuartel para estudiar el caso aprovechó para encararlo y exigirle una explicación.

—Dime la verdad —dijo cuando lo sacó al pasillo tras el término de una de las reuniones del día.

—¿De qué verdad hablas? —preguntó Ethan con desconcierto.

—¿Por qué viniste?

—Ya te lo dije, vine para estar contigo.

—¡No mientas!

Ethan se mantuvo en silencio, intentando sostener la mirada, pero finalmente la culpa terminó echando por tierra sus esfuerzos.

—Lo siento —murmuró—, no puedo decir nada. Tu padre...

—Es por estos misteriosos casos, ¿no es verdad? ¿Por eso viniste solamente?

—Te equivocas. No fue solo por eso. Mi verdadero interés de estar aquí es por ti, pero tengo trabajo que hacer, y no puedo involucrarte.

—¿De verdad te graduaste este año, o también es una mentira? —preguntó Ellery con un tono seco y hostil. Eran pocas las ocasiones en las que reaccionaba de esa manera. Normalmente él prefería ser displicente, manteniendo un límite entre la indiferencia y la confrontación.

—No mentiría con algo así —dijo Ethan de manera conciliadora. Lo que menos quería era provocar conflictos entre los dos, pero ahora que había dicho la verdad, la discusión era inevitable.

Con una mirada álgida, Ellery le dio la espalda con la intención de alejarse, pero antes que lograra su cometido lo sostuvo de los brazos y lo acorraló contra la pared.

—Cuando dije que no puedo estar sin ti fue verdad. No dudé en aceptar este trabajo solo para estar cerca de ti. ¿No lo entiendes?

—Aun así me mentiste.

—No tuve otra elección. Creí que llegado el momento lo entenderías.

Ellery logró apartarse con un movimiento brusco y retrocedió.

—Claro que entiendo, así como también la importancia de este caso. Pero es claro que valoras más tu deber como soldado que confiar en mí.

Esta vez Ethan no pudo retenerlo, y solo fue capaz de verlo alejarse mientras una incómoda presión se instalaba en su pecho.

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Durante la cena el ambiente se mantuvo denso y áspero. Solo Lear con sus hazañas de cómo había golpeado a un bravucón en la plaza tras ver que molestaba a dos niñas suavizó la tensión por momentos. Ellery permaneció serio y en absoluto silencio, mientras que Ethan aguardó tranquilo a la espera que le volviera a dirigir la palabra, porque desde que discutieron en el cuartel, no había vuelto a hablarle.

Eren no pasó por alto la situación y vio a Levi esperando una explicación. Pero él simplemente se hizo el desentendido aun cuando supiera el motivo. En esta ocasión, prefería dejar que Ethan y Ellery resolvieran sus propios asuntos porque conocía sus propios límites, en donde no podía inmiscuirse como padre, por mucho que quisiera.

Tras terminar de cenar, y al ver que Ellery se rehusó a dirigirle la palabra, Ethan aprovechó su visita a las caballerizas y ahí lo encaró. Era la única oportunidad que tenía para confrontarlo sin interrupciones.

—¿No volverás a hablarme?

Ellery, que terminaba de cepillar a Fauvel, lo ignoró.

—Mi primera intención fue contarte la verdad —insistió Ethan—, pero tu padre me ordenó que no dijese nada.

—Cuando te conviene le haces caso. El resto de las veces pasas por encima de su autoridad y te metes en mi cama sin culpa —soltó Ellery sin siquiera verle a la cara.

—Eso es distinto. Ahora es por trabajo.

Ellery terminó de cepillar a Fauvel y se volteó para encararlo.

—Pudiste disimular mejor tu mentira —dijo—, y no haberme llenado la cabeza con tus tonterías románticas que me irritan.

Ethan se sintió dolido, pero conocía de sobra el carácter de Ellery. Impasible, distante, reservado, prudente, pero con una personalidad fuerte y aguerrida que a veces lo cegaba al no querer ser pasado a llevar por nadie, en especial cuando lo lastimaban.

—Ya olvídalo, no quiero seguir hablando de esto.

Vio a Ellery pasar por su lado y lo sujetó súbitamente del brazo. Si dejaba que se marchara lo perdería.

—Suéltame —ordenó Ellery con dureza.

—Escúchame por favor —pidió Ethan.

—¡He dicho que me sueltes!

—¡Ellery!

—¡No importa cuánto te escuche! ¡Siempre es lo mismo! ¡Tu devoción por la milicia te impide pensar con claridad las cosas!

—¡El que no está pensando eres tú!

Ellery forcejó en un intento por soltarse, pero fue inútil.

—¡Sabes lo importante que es para mí encontrar a los responsables que lastimaron a mi papá! —masculló—. ¡Y aun así...!

—Ya te dije que fue tu padre...

—¡Debiste decírmelo! ¡Debiste pensar en lo que era importante para mí y no acatar una orden!

—¡Esa no es la forma de hacer las cosas y lo sabes!

—¡No me importa!

Sus gritos terminaron alterando a los caballos que descansaban en sus corrales. Algunos relincharon molestos y otros se agitaron, golpeteando el suelo con sus cascos.

—Yo quiero apoyarte... —dijo Ethan, bajando en tono de su voz al ver lo que su discusión había provocado.

—No te necesito —rebatió Ellery.

Ethan sintió una nueva punzada en el pecho tras escuchar esas duras palabras, pero sabía que Ellery las decía porque se sentía herido.

Le soltó el brazo y lo envolvió con los propios.

—¿Qué puedo hacer para que me perdones? —preguntó.

—Largarte de aquí.

Ethan se apartó tan solo poco para verlo a los ojos.

—No puedo hacerlo —dijo—, porque si lo hago te voy a perder.

Como respuesta, Ellery le ofreció una mirada cargada de severidad, pero también de un profundo e insondable sentimiento. Eso era otra de las cosas por la que Ethan era capaz de perder el aliento: sus ojos poseían una fuerza única, capaces de romper lo irrompible. Había una corriente en ellos que lo atraía poderosamente, traspasando todas sus barreras hasta hacerle olvidar cualquier cosa que estuviera a su alrededor. Y lo supo desde el momento en que lo conoció.

—Incluso si me perdonas —le dijo— yo jamás podré hacerlo, porque te lastimé. Quebranté tu confianza, la pasé por alto, y recuperarla será un trabajo que estaré dispuesto a asumir. Y si tengo que enfrentarme a tu padre para sanar tu corazón, lo haré.

Ellery relajó sus facciones y arrugó el ceño.

—Estás exagerando nuevamente.

—Quiero hacer lo mejor para los dos. Entraré a la legión por ti, para estar contigo.

—Creí que querías seguir los pasos de tu padre.

—Mi prioridad eres tú.

—Haz lo que quieras.

Ethan le sujetó el rostro y capturó sus labios, permitiendo que el contacto terminara con la tensión que había atenazado sus corazones desde la tarde, cuando discutieron en el cuartel.

A pesar de los tres años de diferencia, Ellery se sentía pequeño frente a Ethan. Una parte de él se perdía y volvía dependiente a su lado, necesitando de su calor y compañía. Se sentía tonto al pensar de esa forma, cuando su prioridad era la milicia y no romances que creía pasajeros, pero cuando pensaba en Ethan o estaba con él, sentía que lo demás perdía relevancia.

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Con la casa en completo silencio luego que Lear se quedara dormido, Eren decidió darse un baño para relajarse tras el arduo día al interior del chalé. Frente al espejo empotrado en la pared, a un costado de la bañera, contempló su cuerpo desnudo, repasando casualmente con sus manos el resultado de los entrenamientos realizados con Levi durante los últimos diez años. Porque a sus treinta y siete años no era mucho lo que había cambiado —tampoco Levi—. Ninguno de los dos había envejecido lo suficiente como para lamentar el paso del tiempo.

Se palpó el vientre y recordó el embarazo de Lear. No había sido complicado, pero una cicatriz en esa zona era el recuerdo de la cesárea a la que tuvo que ser sometido debido a la posición en la que venía Lear al momento del parto. Incluso para su nacimiento —incluso durante el embarazo— había demostrado su personalidad enérgica y apasionada.

Al ascender con sus manos, una imagen fugaz flaqueó su memoria, repercutiendo peligrosamente y llevándolo a aquel evento que su mente se negaba a recordar. Aun así, la sensación permanecía intacta en su cuerpo, como si hubiera sido tatuada en su piel a hierro caliente, negándose a desaparecer.

Levi ingresó al cuarto y lo sorprendió de pie frente al espejo, observándose como si intentara encontrar algo en su reflejo.

—¿Qué haces? —preguntó, aunque ya sabía la respuesta. No era la primera vez que lo sorprendía contemplándose de esa manera ausente.

Eren apartó la mirada del espejo y se metió a la bañera. El agua tibia relajó sus músculos y le incitó a liberar un profundo suspiro. Cerró los ojos un momento hasta que el sonido de la ropa que Levi dejaba caer al suelo capturó su atención. En el instante que se despojó de la camisa, Eren curvó los labios con gusto y un indiscreto rubor adornó sus mejillas al ver que su cuerpo lucía igual de fibroso y tonificado que siempre; incluso mucho más que hasta hacía algunos años.

Una vez desnudo, Levi se metió en la bañera, recibiendo a Eren entre sus piernas y dejando que apoyase la cabeza contra su pecho.

—Por más que intento recordar...

—No te hace bien —comentó él cuando Eren intentó explicar sus frustraciones—, así que olvídalo.

—Pero si recordara más podrían averiguar quiénes están detrás de todo y así detenerlos.

—Me preocupa más tu seguridad que la de esos bastardos.

Eren cerró los ojos y dejó que Levi vertiera agua tibia en su pecho mientras lo acariciaba. Disfrutaba de esos momentos con él, los dos a solas, sin interrupciones. Su mente viajaba a las reminiscencias de los primeros días en Cabourg, cuando inició una nueva etapa en su vida junto a él y a Ellery, ansiando conocer lo que les deparaba el mañana.

—¿Crees que las cosas se compliquen si no los encuentran? —preguntó.

—Es posible, pero ahora concentrémonos en nosotros.

Una agradable sonrisa acudió a los labios de Eren y acarició los brazos de Levi, que lo rodeaban como si quisieran retenerlo caprichosamente.

—Soy afortunado por tenerte —murmuró adormilado—. Nunca he dejado de pensar en que la mejor decisión de mi vida fue enamorarme de ti desde el primer momento en que te vi. Tenemos dos hijos maravillosos, ¿habías imaginado llegar a este punto de nuestras vidas?

—Antes de conocerte, jamás.

—Entonces eres igualmente afortunado.

—No te creas tanto, mocoso —dijo Levi.

Eren dejó escapar una pequeña carcajada y volteó el rostro para alcanzar su boca.

—Me encanta cuando me dices mocoso —murmuró, retozando con sus labios—. En todos estos años, creo que me he acostumbrado a tu particular sentido del romanticismo.

—No elogies mis palabras —le rebatió en un intento por permanecer indiferente a sus caricias y su intensa mirada—. No te estaba dando un cumplido.

Eren se inclinó sobre él, dejando que el agua se derramara un poco por los bordes de la bañera, y se acomodó contra su pecho, rozando sus pieles desnudas. Le rodeó el cuello con los brazos mientras su propia cintura era apresada bajo el agua rebosante de espuma.

—Te amo —le dijo, obteniendo como respuesta un beso que los llevó una vez más a consumar ese amor que los había unido desde el instante que sus miradas se encontraron.

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Notando la ausencia del calor de Ellery a su lado, Ethan despertó para buscarlo. Luego de discutir, habían terminado el encuentro en medio de los fardos de heno apilados al final de la caballeriza. La penumbra del lugar había hecho posible tal momento sin el peligro de ser interrumpidos ni descubiertos, consiguiendo la intimidad que quería cuando Levi estaba en casa.

—¿Ya despertaste? —preguntó Ellery.

Ethan giró la cabeza hacia su costado izquierdo y lo vio colocándose la camisa en medio de la penumbra. Inevitablemente sonrió, contemplándolo y recordando lo que recién habían hecho. Aún podía sentir cada fibra de su cuerpo convulsionando luego de arder en su interior.

—Sí, pero quisiera quedarme aquí contigo, un poco más —confesó mientras comenzaba a vestirse.

—Olvídalo, de seguro mi padre notará nuestra ausencia y saldrá a buscarnos.

—Te sobreprotege demasiado. Ya no eres un niño.

—Más que sobreprotección, es el hecho de que tú o cualquiera se me acerque con malas intenciones.

—¿Y qué si tengo malas intenciones? —preguntó Ethan, sentándose para atraparlo por la cintura—. De verdad puedo ser muy malo.

—Aún eres un mocoso —le recordó Ellery.

—Pero un mocoso con experiencia —susurró Ethan en su cuello. Sabía que aquel era su punto más sensible, y disfrutaba verlo estremecerse bajo sus atenciones.

Tras recoger sus ropas y vestirse, ambos se encaminaron fuera de la caballeriza. Pero antes de cruzar la puerta, Ethan sujetó del brazo a Ellery y se paró frente a él.

—Encontraré a los culpables que secuestraron a tu papá —dijo con seriedad—. No descansaré hasta hallarlos. Te lo juro.

Ellery asintió sin vacilar. La determinación que existía en los ojos de Ethan era suficiente para sentirse tranquilo y confiara sin arrepentimientos. Su determinación de luchar por la justicia lo convertía en una persona leal, honesta, justa y equilibrada. Ellery —y cualquiera— podía poner las manos al fuego por él, y sabía que jamás se quemaría.

Un súbito y violento remezón sacudió la tierra en ese instante, seguido de una potente luz que surcó el cielo nocturno, iluminándolo con un gran destello ambarino. Sucedió en cuestión de segundos, y una vez que acabó todo fue silencio. Ethan y Ellery intercambiaron miradas con inquietud y decidieron alistar los caballos para salir a investigar lo que había sucedido. Levi se les unió rápidamente, vestido con el uniforme de la legión y el equipo de maniobras.

No tardaron en llegar al sitio del suceso. Se hallaba al interior del bosque, al otro lado de la ciudad, cerca de los acantilados que separaban la tierra del océano. Los árboles donde se había generado el destello se encontraban quemados, y una humareda extraña calentaba el aire.

—¡Desplieguen los equipos de exploración! —ordenó Levi mientras revisaba desde la copa de un cedro el centro del estallido.

—¿Qué pudo haber sido? —preguntó Ethan.

—Parece una detonación —señaló Ellery—. Pero de qué, y porqué el aire está tan caliente.

—¡Señor, encontramos cadáveres!

Un soldado del cuerpo de exploración dio el aviso, y Levi, Ethan y Ellery bajaron a inspeccionar.

—Al parecer fueron envueltos en la detonación, señor.

—Entonces ellos tuvieron que ver en algo. Nadie está en el bosque a estas horas.

Inspeccionaron el lugar el resto de la noche en busca de huellas de los involucrados en el estallido, y solo cuando recabaron evidencias suficientes para enviar al laboratorio regresaron a casa.

Tres días después, un soldado a cargo del equipo de investigación llegó a casa de Levi con el resultado de los análisis obtenidos de la anterior víctima del sótano y los restos óseos de los cuerpos en el bosque. La noticia no lo dejó tranquilo.

—La sangre del sótano corresponde a cinco personas diferentes, incluyendo a una mujer de treinta años y un bebé en gestación. Los restos óseos recopilados en el bosque corresponden a tres hombres y dos mujeres. Una de las víctimas estaba embarazada: era un hombre de veinte años.

Levi observó a Eren, que escuchaba atentamente luego de encerrarse en la oficina con Ethan y Ellery, excluyendo a Lear aun cuando él protestó.

—Necesito informarle de esto a mi padre y llevarle las evidencias —dijo Ethan—. Debo volver a María.

—Yo iré contigo —dijo Ellery.

Eren lo vio con preocupación.

—Ellery, no deberías involucrarte. Es posible que intenten detenerlos en el camino si descubren que tienen evidencias.

—Papá, quiero encontrar a los culpables que te lastimaron.

—No sabemos qué clase de personas están detrás de todo esto. Deja que tu padre se haga cargo.

—Soy un soldado, un miembro de la legión de reconocimiento. Mi deber está con las personas que necesitan ser protegidas.

—Ellery —lo llamó Levi.

—Padre, debo hacerlo. Estoy perfectamente capacitado para este tipo de misiones.

Levi sabía perfectamente que Ellery ansiaba tanto como él encontrar a los responsables del secuestro de Eren. Como su superior no podía prohibirle participar de las misiones, pero como su padre el sentimiento de preocupación era inevitable. Aun así, no lo detendría.

—La decisión es tuya. Conoces tus responsabilidades.

—Ellery, sé que estás haciendo esto por lo que me pasó —dijo Eren, intentando persuadirlo.

—Papá, si estuvieras en mi lugar harías exactamente lo mismo —dijo Ellery.

Eren no pudo contradecirle; en su lugar haría lo mismo, y tal vez un poco más. Hacía dieciocho años atrás había luchado contra el propio reino a costa de su propia vida, arriesgándolo todo por sus seres queridos. Ahora Ellery estaba dispuesto a hacer lo mismo, y no podía impedírselo. Él ya no era un niño, y eso era algo que no podía evitar.

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A la mañana siguiente, Ethan y Ellery estaban listos para ir al estado de María. El ferrocarril que partiría de la estación de Cabourg a las ocho en punto reduciría a la mitad el tiempo de viaje, desde que los caminos principales fueron adoquinados.

—Prométeme que te cuidarás —dijo Eren desde la entrada principal del chalé.

—Lo haré, no te preocupes —respondió Ellery.

—Sé que eres tan fuerte como tu padre, pero aún te falta mucha experiencia.

—Confía en mí.

Eren lo hacía. Desde pequeño, Ellery había sido preparado por Levi para ser un soldado, y ahora que pertenecía a la legión, era el miembro más calificado y capacitado para enfrentar cualquier adversidad. Era su orgullo.

—Buena suerte, hermano —dijo Lear con entusiasmo—. Muy pronto me enlistaré y podré ayudarte. Ya lo verás.

—Lo sé, pero por ahora cuida a papá por mí, ¿de acuerdo? —pidió Ellery, revolviendo sus cabellos castaños.

—¡Sí! —exclamó Lear, con el saludo oficial de un soldado.

Ellery se plantó frente a Levi y se colocó la mano derecha en el pecho.

—Recopilaré la información que necesita. No lo defraudaré.

—No lo hagas —ordenó Levi.

—Sí, señor.

Tras terminar de despedirse, Ethan y Ellery montaron sus caballos y se alejaron rápidamente rumbo a la estación. Ahora ellos eran la esperanza de erradicar los males que rompían la armonía que durante los últimos diez años permaneció intacta en los países del continente. Esperaban no sufrir tropiezos grandes en el camino, pero confiaban en que juntos, y con las nuevas generaciones de soldados lograrían algo poderoso, capaz de vencer cualquier adversidad en este nuevo futuro.

...Continuará...