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Le Début d' une Nouvelle Vie
XXXVI
Oscuridad…
. .. . .. . .. . .. Penumbras…
Inmensa oscuridad. Lúgubre y luctuoso lugar, en el que nada es visible, donde la nada prevalece y todo es una inmensa nada. Sin embargo, se puede escuchar el sonido de un ligero tamboreo, pero esa misma resonancia se hace cada vez más enérgica y los golpeteos más precisos. El eco que produce cada golpeteo se percibe, siendo más evidente la salvedad de ser el sonido del latir de un corazón, el cual palpita más, más y más fuerte, y cuyo corazón disminuye la velocidad de sus palpitaciones.
"¿Dónde…?"
"¿Dónde estoy?"
En algún lugar entre las densas tinieblas, al final de la misma, se visualiza una mujer desnuda, abrazada en posición fetal protegiéndose así misma, mientras gruesas cadenas le mantienen todo el cuerpo atado lastimándole su blanquecida y pálida piel. Su largo, lacio y hermoso cabello violeta, el cual cae como cascada, se encuentra dispersado ocultando su rostro y meciéndose con sutil ligereza al compás de un posible viento.
"¿Qué es este lugar?"
Inclina un poco la cabeza, dejando a la apreciación sus semiabiertos, opacos y sin brillo ojos marrones claros, reflejando una mirada sin vida. Una mirada vacía, una mirada carente de emociones y prisionera de su propia jaula de oro.
"No puedo ver nada."
...
El reconocible y puntual sonido del despertador se escucha por toda la pequeña recámara...
Los rayos del sol entran por su ventana, iluminando la recámara. Sobre la cama, se puede distinguir un bulto encogido debajo de las cobijas, el cual se remueve y de éste, sale un brazo que empieza a tentar con la palma de la mano, la mesita de noche en busca de sentir aquel odioso objeto de donde proviene aquel molesto sonido que no se detiene. Tienta hasta encontrarlo, agarra el despertador y se lo lleva debajo de las sábanas. A los pocos segundos, el mismo brazo sale de entre las cobijas sosteniendo el despertador y éste cae al suelo. El bulto se mueve en un intento de acurrucarse y descansar otros cinco minutos, pero una voz femenina resonó en su cabeza.
"Alguien… por favor…"
Quince minutos más tarde...
Se puede escuchar provenir del baño, el sonido del agua cayendo contra el piso, y a través de la plástica cortina se puede apreciar la figura de una mujer de veintitrés años de edad, de nívea piel, permitiéndose refrescar su cuerpo. Cierra los ojos con pesadez mientras siente las cálidas gotas de agua golpeteando suavemente contra las curvas, cumbres y hondonadas de su rostro para luego caer lentamente por éste hacia abajo, por su mentón, cuello, la pequeña depresión de su clavícula, entre sus pechos, su plano vientre y finalmente hasta sus pies, en el resbaloso suelo de cerámico blanco.
Suspirando, cierra el grifo y toma una toalla, la cual sujeta con firmeza alrededor de su cuerpo. Luego, sin más, abandona la ducha y toma una segunda toalla y con ésta, empieza a presionar delicadamente su cabello violeta una y otra vez, librándose del exceso de agua en éste. Entrecierra sus opacos ojos marrones claros con tristeza. Camina hacia el guardarropa y escoge su atuendo. Con parsimonia, se coloca una ajustada mini-falda anaranjada, más luego se remueve la toalla y se abrocha un brasier blanco, mismo color de la camiseta de tirantes que había elegido y ahora se desliza desde el cuello hasta las caderas; asimismo, se pone unas botas blancas en material sintético decorado con un correaje en el empeine que tiene una hebilla, de tacón fino y elegante. Y, por encima, se desliza una chaqueta negra, la cual deja desabrochada.
Completamente vestida, con el cabello suelto cayendo como cascada, agarra su cartera blanca y sale del apartamento. Camina todo el trayecto de las calles de la ciudad, sin prestar atención a sus alrededores, ya que es un día cero importante, al igual que todos los días que transcurren en su aburrida vida. Nada especial sucede y no se sorprende, vive su vida autónoma, tiene muchas amistades con los cuales comparte y bastantes admiradores a los cuales ignora en plenitud; pero esa sensación vacía que siente su corazón, no se le disipa del pecho. En momentos de soledad, intenta recordar si hubo o hubieron momentos en los que se sintió ¿feliz?
Detiene su caminar, en ese instante dos niños chocan contra ella provocando que perdiera el equilibrio, más se reincorpora al instante. Avergonzados, los niños pidieron disculpas con formalidad y se retiraron corriendo, con el pensamiento de que ella les haría algo, pero no actuaría en contra de unos niños que acabaron por pedir disculpas, sería inmaduro de su parte. El solo pensamiento de correr detrás de esos niños, le causa gracia, por lo que una divertida sonrisa atraviesa sus labios; sin embargo, dicha sonrisa desvanece al ver a una pareja, abrazada y conversando gustosa, acercarse a ella y pasar a su lado.
Estando la pareja a unos metros de distancia, ella vuelve la cabeza en dirección a esos dos enamorados. La chica reía felizmente y él... El sonrojado rostro de ese hombre le es familiar, en especial, ese alborotado cabello de color plata. Ese hombre es... la visión se le puso borrosa y el rostro de él ahora es diferente, su cabello ya no es plateado sino castaño oscuro. Cierra los ojos, los abre y ante éstos ve la sombra de un hombre.
Opresión en el pecho. Frunce el entrecejo, debido al fuerte dolor pulsando en el pecho. La sensación no es solo de inquietud, sino de ¿tristeza? La sombra desaparece al instante, pero la sensación de miedo es sentida y latente. El miedo se apodera de ella mientras al mismo tiempo el nerviosismo y la angustia se entremezclan dentro de su ser.
...
"Alguien..."
En la infinita oscuridad donde la nada prevalece, la mujer desnuda, abrazada en posición fetal, mantiene la cabeza agachada mientras los flequillos impiden que sus ojos sean apreciados. La oscuridad no le permite ver nada, absolutamente nada. Entonces, una luz aparece frente a ella. Levanta la cabeza y se puede apreciar la figura borrosa de un hombre alto con el cabello de punta. Éste extiende sus brazos hacia ella.
– ¿Quién eres?
– Toma mi mano. (Voz masculina)
– No deberías estar aquí.
Ella entrecierra sus semiabiertos, opacos y sin brillo ojos marrones claros y agacha la cabeza. Las gruesas cadenas que provienen de la nada, se comprimen solas apretujándola. Esa sensación de dolor que comprime su pecho, cada vez es más grande. Esa sensación de haber lastimado y ser lastimada, crece. Esa sensación de vacío, no se irá por más que lo desee. Esa sensación de querer desaparecer, permanece. Y ese lugar, ahora es su hogar. Siente que allí, nadie puede lastimarla. Siente que allí, está protegida. Por lo que, no debe irse, debe permanecer en ese oscuro lugar.
– No te haré daño. Extiende tus manos hacia mí.
– ¿Por qué quieres ayudarme?
– No puedo dejarte sola.
Levanta la cabeza un poco sorprendida, pero no mostrando emoción en sus faciales. ¿Sola? Ella siempre ha estado sola en aquel desértico y lúgubre lugar. ¿Sola? No conoce la compañía de alguien más. Sola ha de estar. Sola ha estado. Sola estará. Pero algo en él, en su voz, se percibe melancolía, tristeza. ¿Por qué?
– No comprendo. No te conozco.
– Confía en mí.
– Siento que he escuchado tu voz en alguna dimensión, en otro mundo. ¿Quién eres?
– Conoces la respuesta.
– ¿Conozco… la… respuesta? Pero… ¿Quién soy?
...
Sentada encima de una silla en un restaurante sencillo, con ambos codos apoyados sobre la mesa, y los dedos de sus manos enroscados firmemente alrededor de una taza blanca, ella acerca ésta a sus labios y bebe un sorbo del humeante té de manzanillo. – Delicioso. – dice dentro de sí misma, disfrutando del aroma y sabor del líquido ambarino.
– ¡Mitsuru-chan! – exclama una vocecilla de alguien que conoce a la perfección, al mismo tiempo que se abalanza sobre ella.
La nombrada entrecierra los ojos y vuelve la cabeza hacia el costado izquierdo. – Es de mala educación colgarte de las personas, Neil. – musita, arqueando una ceja.
La aludida, Neil, de ojos azules y cabello rubio recogido en una coleta de caballo, se aparta de Mitsuru. – Gomen, gomen. – toma asiento en la silla frente a su amiga. – Es la costumbre desde la secundaria. – levanta su brazo derecho, llamando la atención del camarero, quien rápidamente se aproxima a ellas. – Un café bien cargado con dos cucharadas de azúcar. – deja caer su cabeza en la mesa. – Estoy muerta de agotamiento.
Sus labios se curvan hacia arriba en una leve sonrisa. – La tienes difícil. – bebe un sorbo de su humeante té de manzanillo. – Ser diseñadora y madre, no debe ser un trabajo sencillo. – Neil deja escapar un gruñido de exasperación. – ¿El negocio va bien? – Neil suspira. – Ya veo, numerosos trabajos. – Neil asiente con la cabeza. – Deberías agradecer que todo marche bien.
– Señorita, su café. – el camarero coloca la taza sobre la mesa y se retira.
Mitsuru observa a su amiga Neil recuperar la postura y beber con alivio el café recientemente servido. Divertida por las reacciones de Neil, niega la cabeza y sopla el líquido de la taza, alejando un poco el humo proveniente de éste. En ese instante, sus ojos se desvían hacia la televisión, en la cual se presenta una noticia para ella sin importancia, pero muchos de los presentes en el café la veían con atención. Sus ojos abren desmesuradamente y sorprendidos sin saber el motivo, sin embargo, en la noticia presentada se visualiza a un hombre alto de cabellos plateados a quien le entrevistaban. No sabe por qué, pero a ese hombre… – Le conozco. – murmura, extrañada.
– ¿Umm? – Neil echa un vistazo a lo que su amiga contempla. Un bombillo se le enciende. – ¿Te interesa? – Mitsuru vuelve la cabeza hacia ella, confundida. – ¿El hombre de la tele? ¿Te interesa?
Mitsuru baja la mirada, sintiéndose extraña. – Ah no, es sólo que… creo conocerlo. – observa su rostro en el líquido ambarino del té. – No recuerdo dónde, pero… tengo esa sensación de que… lo he visto antes. – bebe otro sorbo.
Carcajadas escapan de la garganta de Neil. – Estás de broma, ¿Verdad? – Mitsuru le observa, como si mirara a un bicho raro. – ¡Tú, una de las estrategas más famosas de todo el país en el ejercicio de la abogacía, por supuesto que conoces a ese galán! – Mitsuru frunce el entrecejo, más confundida que antes. – Es el mejor abogado, además de ti, que ha ganado innumerables casos penales y, así como tú, también ha salido en las revistas. – niega la cabeza, dándose ella misma la razón de que su amiga, de tantos casos penales que lleva, ha perdido la cabeza.
Confundida y extrañada, se bebe de un último sorbo, el líquido de la taza y al terminar coloca la misma encima del platillo ubicado sobre la mesa. En ese preciso instante, ante sus ojos aparece un trozo de pastel de chocolate con glaseado derretido de chocolate. Alza la cabeza para observar al camarero sosteniendo el platillo con el referido pastel y luego depositarlo en la mesa. – Disculpe, debe ser alguna clase de error. No he…
– No es un error, señorita. – interrumpe el camarero, sonriendo. – El señor de la mesa de atrás, me lo ha pedido. – ella rápidamente vuelve la cabeza hacia atrás, pero no había nadie sentado en el lugar mencionado por el joven. – Con su permiso. – se retira.
Neil sonríe coqueta. – Ahha, aún mantienes el toque como en la secundaria. Los hombres siguen cayendo rendidos a tus pies. – dramatismo.
Una venita aparece en su frente y en el momento justo en el que le iba a responder a su amiga Neil, alguien se detiene a su costado derecho. Una presencia masculina que le hizo estremecer. – Espero, no haya sido una indiscreción de mi parte. – abre sus ojos tiritantes a causa de la impresión, pues esa voz masculina resonó en su cabeza con fuerza. Una voz segura, una voz firme y esa voz la ha escuchado antes.
Esa presencia avanza un par de pasos hasta situarse casi frente a ella. – Placer conocerla en persona, Amamiya-san. – dice el hombre, cerrando los ojos como si estuviera sonriendo.
Mitsuru observa minuciosamente a aquel alto hombre, vistiendo un pantalón de mezclilla azul oscuro, un abrigo Hoddie negro con doble botonadura confeccionado en algodón, camisa beige y relucientes zapatos negros. Pero lo que llamó la atención a ella, no es el hecho de haberle visto en el reportaje presentado en la televisión hace unos instantes, sino aquel característico brillante y alborotado cabello de punta color plata, y esa máscara que cubre parte de su rostro. – Ah… usted…– el corazón le palpita con fuerza, robándole el aliento.
– ¿Me permiten acompañarlas? – interroga el hombre, esperanzado a una respuesta positiva y no quedar como estúpido ante los presentes en el café, pero eso a él no le importaba.
Antes de Mitsuru contestar, Neil invita al caballero a sentarse. – Que descortesía de nuestra parte, por favor tome asiento y no se preocupen por mí. – se bebe el café de un sorbo y se pone en pie. – Debo retirarme, aún necesito terminar unos asuntos en mi oficina. – le guiña un ojo a su amiga y sale deprisa.
Mitsuru parpadea ante la actitud repentina de Neil, pero ante sus ojos parecía que le dejaba con la oportunidad de conversar a solas con ese bombón. Era obvio. ¿Bombón? Un intenso rubor aparece en sus mejillas, las cuales siente arder, entonces agacha la cabeza procurando evitar que él se de cuenta de su avergonzado rostro. Y para su sorpresa, el caballero toma asiento en la misma silla ocupada por Neil minutos antes, quedando de ese modo frente a frente.
Él aclara la garganta, aclamando por su atención. – ¿No le ha gustado mi elección? – interroga, preocupado por no haber acertado y equivocado en algo tan simple. Ella alza la mirada y frunce el entrecejo sin entender la interrogante. – El aperitivo. – apoya el codo derecho en la mesa y acomoda la cabeza en la mano derecha. Entrecierra sus profundos ojos negros.
Reacciona, nerviosa. – D-Disculpe. – agarra la pequeña cuchara para empezar a degustar el rico pastel de chocolate con glaseado de chocolate. No obstante, la fija mirada de él le empieza a incomodar, así que coloca la pequeña cuchara a un lado del pastel. – Puede resultar descortés de mi parte, pero no se ha presentado. ¿Quién es usted? – mirada seria.
Él aclara la garganta por segunda ocasión. – Tiene razón, siento ser desconsiderado. – extiende hacia ella su mano derecha. – Llámame Kakashi, Mitsuru Amamiya. – sonrisa.
Mitsuru Amamiya. Escucharle decir su nombre ha sido extraño y, además, un dolor agudo golpea su corazón. – Kak...– silencia, decir el nombre de ese hombre le causa ¿dolor? Dejando a un lado las emociones que siente en el presente, le devuelve la sonrisa. – Dígame, ¿Para qué le soy útil, licenciado?
– Háblame de tú. – se apresura él a decir.
– Bien. – responde Mitsuru, no convencida. – Entonces...– apoya los codos en la mesa, entrelaza los dedos de sus manos a la altura del mentón. – ¿Qué puedo hacer por ti?
Kakashi inclina el cuerpo hacia delante, extiende su mano derecha hacia ella y le roza con sus largos dedos la mejilla izquierda de la chica, quien ruboriza al sentir el cálido tacto de esas masculinas manos. – He escuchado bastante sobre su magnífico trabajo, por lo que tuve el atrevimiento de presentarme ante ti para conocerte. – la taladra con la mirada. – Si le incomoda o es molestia, puedo retirarme. – aparta la mano de la femenina mejilla.
Mitsuru aclara la garganta. – No me incomoda su presencia. – comienza a degustar el pastel.
– Por lo que he escuchado, eres una maravillosa abogada. – vuelve a apoyar el codo derecho en la mesa y acomoda la cabeza en la mano derecha. – Imponente y hermosa como dicen los rumores. – entrecierra los ojos, reflejando en ellos una ternura inigualable. – Y así lo creo. – ella casi se atraganta comiendo del pastel. – Ahora entiendo el por qué es famosa en nuestra clase de abogacía. – verla degustar con alegría, le recuerda aquellos momentos vividos con su esposa. Momentos que volvería a recuperar si llega la posibilidad y está dispuesto a hacer todo lo posible y hasta lo imposible por lograrlo, y ahora no piensa retroceder un paso. No retrocederá, tampoco dudará. Pero esa mujer frente a él, es tan diferente a ella. No, no lo es. Es ella, físicamente son idénticas, aunque sus actitudes contrarrestan. Sin embargo, cómo hacer para regresarla.
Estaba tan enfocado en contemplarla, que no se dio cuenta de que ella le hablaba. – ¿Se siente bien? – pregunta Mitsuru, evidentemente preocupada por el comportamiento de él, como si estuviera perdido en sus pensamientos.
Finge una tos seca. – Lo lamento, pensaba en otros asuntos. – murmura, sonriéndole. – Tal vez sea indiscreto, pero... ¿Has concretado citas para hoy con algún cliente? – ella alza una ceja. – Si no estás ocupada, me gustaría que hablemos un poco más. No aquí, conozco un buen lugar.
Mitsuru se queda pensativa. – Pues...– estaba dispuesta a rechazar la invitación de aquel extraño hombre, pero algo le decía que aceptara sin importar qué. ¿Tal vez la firme mirada de él influía en su decisión de rechazo? ¿O su corazón que late más y más rápido sin motivo aparente? No sabe cómo, por qué o en qué momento aceptó la invitación, pero ahora salen del café.
Mientras caminan, una atmósfera de inquietud rodea a ambos personajes, aunque la sensación que ella siente es de soledad. Es raro, para ser la primera vez que conoce e intercambia saludos con ese hombre, sentir ese vacío y al mismo tiempo regocijo en su pecho. Mientras caminan, él a dos pasos delante de ella, contempla la ancha espalda de ese caballero y ese brillante cabello plateado ser mecido ligeramente por el viento. Mientras caminan, el corazón no para de palpitar con ansiedad y eso le perturba. Mientras caminan, se da cuenta que ese hombre tiene algo en él que le atrae. Mientras caminan, sus ojos no apartan la vista de su ancha espalda, quizás el ambiente se deba a que atraviesan el parque rodeado de árboles de cerezos, ya florecidos. Mientras caminan, percibe que las personas a su alrededor han desvanecido. ¿Desvanecido?
Es extraño... Nadie les rodea. ¿Nadie...? Mueve los ojos de un lado a otro buscando alguna señal de vida, algún movimiento, algo que indique vida. Pero todo parece desértico y además, esa incómoda y asfixiante atmósfera se vuelve desagradable, que lo único que piensa es en lo peligroso que puede llegar a ser ese hombre. ¿Y si es un secuestrador? ¿O tal vez, quiere extraerle algún tipo de información confidencial sobre sus casos?
Asustada, abre sus ojos como platos y se detiene bruscamente. – M-Me acabo de recordar que necesito pasar por mi despacho a buscar un expediente. – musita, nerviosa por la posible reacción de ese hombre. – D-Dejemos el paseo para otro día, ¿D-De acuerdo?
Kakashi detiene sus pasos. – ¿Me tienes miedo? – voz seria. Asustada, Mitsuru retrocede un paso, entonces traga saliva y la misma corre por su garganta seca, tan seca que duele. – Me ha llevado tiempo, más al fin te he encontrado. – gira sobre sus talones, mostrando un rostro serio y fijando sus ojos carmesí en los castaños claros de ella, quien no da crédito a lo que ve. ¿Sus ojos rojos? – He esperado ansioso verte otra vez. – avanza un paso hacia la chica; ella, asustada, retrocede dos pasos. – No debes temerme, confía en mí. – camina en su dirección, pero ella continúa retrocediendo. – No te haré daño.
El cuerpo le empieza a temblar debido al miedo que se apodera de ella, en especial a causa de esos ojos fríos y rojos como la sangre misma. – ¿Q-Quién demonios eres? – titubea, pero él no contesta y sigue acercándose a ella. – N-No t-te m-me acer-acerques, p-por favor.
Kakashi entristece y se detiene. – Sabía que probablemente no me reconocerías, estaba preparado para ello. Aún así, detesto sentir este ardor que quema en mi pecho al verte y no tocarte. – agacha la cabeza, sintiendo su corazón al borde de explotar en dolor. – Eso significa que, no estoy preparado para sentir tu rechazo. – alza la cabeza, mostrando una expresión de puro sufrimiento, tristeza y desolación. – Recuerda quién eres y regresa a mis brazos... Anko.
¿Anko? Latidos. Ella retrocede y su cuerpo tambalea, pero logra recuperar la postura. No cree en las palabras dichas por ese hombre. ¿Anko? No, ella es Mitsuru Amamiya, prestigiosa abogada que gana todos los casos que le han llegado al despacho. ¡Eso es! Quizás, él intenta volverla loca para ganar algún caso en contra de algún cliente. O tal vez, ella le es un estorbo y quiere deshacerse de ella, al ser la abogada apoderada por la parte demandante, en el que su cliente demandado se ve perjudicado. Pero sus suposiciones son erróneas, pues hasta el momento no ha llevado casos en los que el nombre de él figure como representante apoderado. O sencillamente, él la confunde con alguien más. ¡Sí, eso es! La confunde. Sin embargo, la penetrante mirada de él no refleja duda, al contrario, una seguridad tan firme que asusta.
– Anko, amor. – susurra Kakashi, suavizando las facciones del rostro.
Ella empieza a respirar agitada, como si le faltara el aire, por otro lado el corazón palpita tan fuerte que le dificulta respirar con calma. Y escucharle decir "amor", le provoca un mareo que casi se desmaya. – No...– susurra, débil. – ¡No soy tu amor! – grita con desesperación, gira sobre sus talones y empieza a correr lo más rápido que sus piernas les permiten. Corre para alejarse de ese hombre. Corre para olvidar su voz, la cual permanece en su cabeza y no la puede sacar. Corre, queriendo olvidarse de todo. Corre para... Se detiene de repente. A pocos metros de ella, se visualiza la figura de un hombre alto con el cabello de punta, la misma sombra que había visto, pero a diferencia de antes, reconoce esa figura, es... – ¿Kaka... shi?
...
En la inmensa oscuridad donde la nada lo es todo, la mujer desnuda, abrazada en posición fetal, agacha la mirada, pensando en la respuesta dada por esa masculina voz y no solo en sus palabras, también en deducir el motivo por el cual él intenta ayudarla. Y sin embargo, inconscientemente, de sus opacos y sin brillo ojos marrones claros, escapan un par de lágrimas las cuales deslizan por sus pálidas mejillas. No conoce el motivo, aún así el vacío en su corazón sigue intacto, desearía llenarlo. Pero un corazón vacío, significa que no merece albergar en él ninguna de las diversas emociones existentes, ya sea por haber realizado actos injuriosos y delictivos.
– Ya veo. Por mis pecados, estoy aquí.
– ¡No te dejes engañar!
Él grita con desesperación en su voz, por lo que, ella abre sus ojos y alza la cabeza con sorpresa reflejada en su níveo rostro. Una voz fuerte que resonó por todo el lugar. Una voz hermosa, varonil y con un tono tan firme que le hizo dudar. ¿Dudar? ¿Ella? No. Esconde el rostro entre las rodillas, no queriendo ver a ese hombre. Ese lugar es su hogar, la oscuridad su aliada y la soledad su compañía. No debe seguir escuchando esa voz que perturba su cabeza, él debe irse. Él no pertenece a ese lugar.
– No perteneces aquí.
– ¡Tú tampoco! ¡Toma mi mano y salgamos de este lugar!
– No debo irme.
– ¡Debes salir de aquí! ¡Si no lo haces, quedarás atrapada!
– ¿Atrapada? ¿En mi propio mundo?
Ella abre sus ojos abiertamente, atónita. ¿Su propio mundo? No... ¡No es posible! Se supone que no conoce ese lugar, pero se siente en calma y protegida, allí nadie le hará daño. Sin embargo, al mismo tiempo identifica ese sentimiento de paz y tranquilidad. No conoce ese lugar, pero a la vez lo conoce. ¿Qué está pasando? Sabe qué es y no sabe qué es. Siente un poco de felicidad, también tristeza y dolor. Todo se contrapone. Cierra los ojos con fuerza y se lleva las manos a la cabeza, oprimiendo ésta por la confusión que crece más y más mientras las gruesas cadenas que rodean su cuerpo empiezan a comprimir el mismo una vez más. Todo, debido a ese hombre que la confunde. ¿Por qué no solo la deja sola y se marcha? ¿Por qué la tortura?
– ¡¿Quién eres?! ¡¿Quién demonios soy?! ¡¿Qué quieres de mí?!
En un movimiento sorpresivo, siente una calidez en los dorsos de ambas manos. Entreabre sus ojos y lo que ven éstos, la desconcierta. Él, agachado frente a ella y con las manos posadas encima de sus manos transmitiéndole una ligera calidez de protección, le mira directo a sus ojos marrones claros con esos profundos ojos negros. Esos ojos azabaches que intentan penetrar su alma, como si tratara de descubrir o poner en evidencia algo. Esos ojos transmiten emociones contrariadas, esos ojos le dan miedo. No miedo por temerle a él, sino miedo a lo que ella pueda descubrir, pues él intenta decirle una verdad que ella no logra comprender. Esa mirada lucha por decirle, confesarle, pero qué. ¿Qué quiere decirle?
– Recuerda quién eres.
– ¿Quién... soy...?
Él aparta las manos que ella mantiene en su cabeza oprimiéndola y entrelaza sus dedos con los de ella, quien no aparta la mirada de sus azabaches ojos procurando descifrar qué él le intenta decir. Inconscientemente, un leve sonrojo aparece en sus mejillas mientras las cadenas que rodean su cuerpo empiezan a romperse por sí mismas. Por lo que, poco a poco su cuerpo comienza a sentir una corriente eléctrica, cuya sensación es agradable y una calidez que abraza todo su ser. Y así, ante la agradable sensación, deja caer su cuerpo hacia delante, apoya su frente en el pecho de él y cierra sus ojos. Que agradable es.
– Eres cálido. Quédate aquí, conmigo.
...
Mitsuru retrocede, asustada. Ese hombre es peligroso, se repite en su cabeza una y otra vez, creándose la idea de que huir es la mejor idea y si la persigue usaría cualquier objeto para defenderse. Pero en ese momento, solo quiere salir corriendo, así que gira sobre sus talones y corre. Sin embargo, él aparece más adelante. Nerviosa, frustrada y temerosa de lo que éste podría llegar a hacerle, da media vuelta, pero él aparece ante ella. No, él no la dejará ir tan fácil, más debe intentar escapar de él, de esa mirada, de esos ojos. Retrocede y al parpadear se da cuenta de que él no está más frente a ella, retrocede un par de pasos y su espalda choca contra algo blando. Imágenes navegan en su cabeza, las cuales le provocan estremecimientos por todo el cuerpo. Vuelve los ojos hacia atrás y ahí estaba él. Gira sobre sus talones y se distancia de él lo suficientemente lejos para evitar ser tocada.
La triste mirada de Kakashi se torna seria. – Anko, estás viviendo una falsa identidad en una dimensión distorsionada y he venido a llevarte conmigo. – ella se lleva ambas manos a la cabeza, sacude la misma tratando de negar las palabras dichas por el Hatake. Kakashi cierra sus ojos, dolido por las heridas emocionales que puede causar en ella la verdad, cuando ella intenta con todas sus fuerzas mantener esa identidad. Una identidad no reconocida en aquella dimensión y que, poco a poco, la hará desaparecer. Él también, es considerado en ese mundo paralelo como ente no deseado, por lo que, debe salir lo más rápido posible. Pero, verla tan desesperada por agarrarse mentalmente de los recuerdos, le hinca en el pecho un intenso dolor que acrecienta.
– Pensé que no volvería a verte. – agacha la cabeza, permitiendo a los flequillos de su cabello plateado cubrir sus ojos. – Me tomó tiempo encontrarte y la única esperanza que mantenía mi fe, era saber que estarías esperando por mí. – ella cierra sus ojos con fuerza, retrocede. – Prometí buscarte y aún sabiendo que no me reconocerías, "el vínculo que compartimos jamás será roto".
El cuerpo de ella se paraliza, abre sus ojos abiertamente. – Esas… palabras…– susurra, estupefacta.
Aprovechando el desconcierto de la chica, Kakashi rodea los brazos alrededor de ella, la apega contra su pecho atrayendo el cuerpo de la chica al de él en un fuerte y protector abrazo. – Escucha a mi corazón...– su corazón late agitado con la fuerza de un tambor y ella podía escucharlo. –...está feliz de encontrarte. Estoy feliz. – aprieta los brazos alrededor de ella, quien se tensa al sentir la calidez de esos fuertes brazos, abrazándola, pero un intenso rubor se apodera de sus mejillas al tenerlo así, acoplado a ella, más se remueve con brusquedad intentando apartarlo. Sin embargo, Kakashi intensifica el abrazo y esconde el rostro en el hueco de su cuello y el hombro, evitando ser separado de su amor, no después de haberla encontrado. – Recuérdame… por favor…– le susurra con ternura, despertando en ella explosiones de sentimientos y sensaciones contrariadas, y un cosquilleo en su estómago como si alegres mariposas estuvieran revoloteando en él. – No puedo renunciar a ti.
"No puedo renunciar a ti", esas palabras las había escuchado antes. ¿Dónde? No recuerda, lo que sí es una realidad es que alguien se las había dicho y oírle a él decirlas, ha removido en su interior una mezcla de emociones incapaz de reconocer. No obstante, otro hecho es que, su cuerpo reacciona a las palabras y acciones por parte de él, como si reconociera el calor de su cuerpo varonil, su voz y su olor corporal, el cual tiene una fragancia natural que desprende tibieza. Él es cálido. Desearía tocarlo al menos una vez, una sola ocasión no hará daño. Una vez… Extiende las manos hacia él y las posa en su amplia y tibia espalda, correspondiendo de esa manera al abrazo que mantiene Kakashi mientras las mejillas de ella toman un vivo tono rojizo al tenerlo calurosamente cerca. Cierra los ojos. Sensaciones exquisitas. Es cálido.
"No se puede renunciar a aquello en lo que no dejas de pensar todos los días. No se puede renunciar. No puedo renunciar a ti. Esta vez ya no puedo.
Estemos juntos para siempre. Te amo, Anko."
Ella abre sus ojos, impactada por el recuerdo de esas palabras que retumban en su cabeza. Ahora rememora dónde las había oído y quién las había dicho. Esas palabras vinieron de ese hombre que en ese momento abraza, pero no es posible, jamás lo ha visto y recordar algo así es… imposible. Iba a apartar las manos de la espalda del Hatake, pero otro recuerdo vino a su cabeza.
"Tengo miedo. A lo que más tengo miedo… es a perderte, Anko. No puedo perderte.
Tengo tanto miedo...
Te amo tanto que si te vas, me iré contigo."
Rememora. Lágrimas escapan de sus claros ojos marrones sin poder evitarlo, acariciando sus sonrojadas mejillas. Y es que, el recuerdo de esas palabras dichas por él, le hinca en el pecho produciéndole un dolor profundo de incomodidad y tristeza. Una tristeza que le produce desolación al saber que él estuvo tanto tiempo solo buscando por ella. Solo al igual que ella. Cierra las manos en puños agarrando y arrugándole el abrigo. – No importa el tiempo que tomes encontrarme, te estaré esperando, porque…– intensifica el abrazo, sorprendiendo al Hatake. –…el vínculo que compartimos, jamás será roto.
Emocionado al escucharla, Kakashi aparta la cabeza del hombro de Anko y colocando ambas manos en los femeninos hombros de la chica, la aleja un poco de su cuerpo, lo suficiente para sentir su aliento. Enseguida, apoya su frente contra la frente de ella. – Mi amor…– deposita un casto beso en los labios de Anko. En respuesta, ella le sonríe feliz. Kakashi le roza los labios con los propios. – Te amo. – ambos aspiran la fragancia de su pareja, embriagándose y envolviéndose en ella. – Esta vez, no te dejaré ir. – él une sus labios con los suyos y ambos empiezan a moverlos con suavidad, degustando los labios del otro, atrapándolos y apretándolos sucesivamente.
Ambos inclinan un poco las cabezas e introducen sus lenguas en las cavidades del otro, teniendo contacto y baliando un dominante vals. La humedad en sus bocas comienzan a diluirse, sus salivas a fundirse... Sus respiraciones se agitan mientras sus lenguas bailan en armonía. Anko deshace los puños de sus manos y empieza a acariciar la espalda de él dejándose llevar plenamente. Se besan suave y pausadamente, devorándose los labios como si no hubiera mañana, apretando y succionando sus labios, necesitándose uno del otro como si miles de años pasaron desde la última vez que se vieron. Ahora no pueden ni deben separarse, ya no.
Kakashi libera su boca ante la falta de oxígeno y respiran vehemente mientras él la mira directamente al sonrojado rostro. Las mejillas de él, al igual que la de Anko, ruborizan con intensidad. Ella sigue estando hermosa como siempre, es la misma mujer a la cual quiere y por siempre querrá, pase lo que pase; la que está presente en sus pensamientos, su persona favorita. La ama y siempre así será. Aproxima su rostro al de ella y posa ambas manos en las mejillas de ella, centrando su mirada en los labios de Anko, quien también concentra sus ojos, los cuales se tornan rojos como la sangre, en la boca del Hatake, deseosa al igual que él por besarse. – Te amo. – vuelve él a repetir y ambos abren ligeramente sus bocas e iban a atrapar los labios del otro nueva vez, sin embargo…
Crack. Un ruido de quiebre produjo un eco por todo el lugar, llamando la atención de ambos. – Debemos salir de esta dimensión. – murmura Kakashi, consciente de lo que podría pasar si ambos permanecen más tiempo: serán arrastrados por ese mundo paralelo que los considera una amenaza y entonces serían convertidos en polvo. Sin embargo, él podría usar el núcleo dentro de su cuerpo para ser transportados al mundo cual pertenecen, ya que el núcleo es una esfera de energía infinita, pero el poder usado para buscar a su amada ha sido bastante y agotador, por lo que, no podría transportarlos a ambos, solo a ella. – Ank...– una fuerte brisa les mueve bruscamente sus respectivos cabellos hacia diversos lugares no específicos. Viento que se torna más fuerte y furioso provocando que sus pies se deslicen un poco en el suelo, pues el viento los está arrastrando. – Esto es...– empieza a decir para sí mismo, pero el cielo y todo a su alrededor se agrieta, y desgarra en miles de pedazos como un espejo quebrándose, entonces el furioso viento sopla muy, muy fuerte arrastrándolos a ambos.
El color rojizo de los ojos de Kakashi se intensifica y, valiéndose de su propia fuerza y la energía del núcleo, se aferra a su voluntad de protegerla. Por lo que, antes de que el viento termine por arrastrarla, extiende el brazo derecho y le agarra de la muñeca derecha. El cuerpo de Anko se encuentra suspendido en el aire mientras es arrastrado hacia atrás por el agresivo viento. No puede permitir ser separados otra vez, ya no. Ella no debe ser alejada de él, no. Ella no se irá de su lado. – Prometí buscarte, protegerte y ahora que te he encontrado, no pienso dejarte ir. – ella abre sus ojos indudablemente sorprendida mientras él hala de ella hacia sí mismo. – No te dejaré ir, aunque ponga en peligro mi vida. – el soplo del viento se torna más violento, entonces Kakashi extiende el brazo izquierdo y le agarra la misma muñeca derecha.
Tristeza y asombro, emociones faciales reflejados en el rostro de Anko. Asombro, porque, a pesar del viento soplar con violencia en sentido contrario provocando que no pueda obtener el equilibrio de su cuerpo o de sus habilidades, Kakashi que está siendo arrastrado también en sentido contrario, se mantiene firme en sostenerla y no dejarla ir. Tristeza, porque él está dispuesto a arriesgar su vida por ella. Ese mundo ya no aguantará más tiempo y si eso sucede, ambos serán definitivamente separados. No obstante, existen dos modos de salir ilesos de esa distorsión, el primero es dejando que Kakashi utilice el poder del núcleo para escapar, pero se encuentra completamente agotado y exhausto, puesto que hace uso del mismo en dicho momento; y el segundo, ella puede usar la otra mitad del núcleo sellado en su cuerpo para salvar la vida de Kakashi. Ambas son riesgosas, quien sea que use ese poder no resistirá la inestabilidad de esa dimensión. Por lo que...
Anko abre sus ojos carmesí como platos. Kakashi se ve más cansado, tres evidencias visibles: las oscuras ojeras y bolsas debajo de sus ojos, y la constante respiración agitada. Si él sigue así, será destruido. Si él continúa en su persistencia, morirá. No puede permitir que suceda. No él. – Kakashi. – el nombrado centra sus ojos carmesí en los escarlata de ella. Segura de sí misma, niega la cabeza hiriendo emocionalmente al Hatake, quien sacude la cabeza en negación. – No quiero que te vayas. No tú... el único al que amo. – los pies de él se arrastran en el suelo. Frustrada y dolida, frunce el entrecejo intentando transmitirle enojo, pero le era difícil demostrarle enfado. Más no dejará que él se vaya. – ¡Déjame ir o ambos nos convertiremos en cenizas!
– ¡No renunciaré a ti! – exclama Kakashi cansino, pero seguro de sus palabras, desconcertándola. – Pasamos por innumerables situaciones difíciles, las superamos y permanecimos unidos. – Anko agacha la cabeza mientras los flequillos impiden la visibilidad de sus ojos. – Ahora estamos aquí, en una situación para nada gustosa. – ella se muerde el labio inferior, aguantando las enormes ganas de llorar. – Así que, diré esto solo una vez. – Kakashi endurece las expresiones faciales del rostro. – Regresaremos a casa, juntos.
Una leve sonrisa atraviesa los labios de Anko. ¿A casa? Sí, regresar juntos a casa. Él tiene razón, basta de pesimismo y negatividades, pues ambos deben regresar a casa para volver a esa vida que se les fue arrebatada. Los dos necesitan renovar sus votos e iniciar una nueva historia de amor, dejando atrás aquellas situaciones peligrosas, dolorosas, lastimosas e hirientes. Es necesario e indispensable, revivir los hermosos momentos que ambos vivieron como pareja, intentando ser mejores y dignos de su persona amada. Sí, volver a iniciar una nueva historia de los dos. Por ahora, regresar a casa es un reto y está dispuesta a intentarlo por ella, por él y por el amor que sienten uno al otro. Extiende el brazo izquierdo hacia Kakashi y agarra su mano. No piensa rendirse allí. – Regresemos a casa. – le sonríe ampliamente.
No obstante, la dimensión se corrompe y el viento triplicó su fuerza arrastrando a la pareja en direcciones opuestas, sin embargo, se agarran fuertemente de las manos procurando mantener la promesa de permanecer unidos y regresar a casa. Pero las fuerzas abandonan sus cuerpos, quedando a merced de la situación. Por lo que, las manos de Anko se deslizan bruscamente de las manos de Kakashi sin poder evitarlo y el viento los lanza en direcciones contrarias. – ¡ANKOOOooooo~~! / ¡KAKASHIIIiiiii~~! – gritan el nombre del otro mientras son lanzados cada vez más lejos hasta ya no verse más.
