Declame

Esta obra es un Crossover entre algunos personajes de la saga de Harry Potter de la autora JKR con el libro Peligro Tentador de Eileen Wilks.

Ni el trama, ni la historia me pertenecen, si no a sus respectivas autoras. Yo solamente adapte el libro con ambos personajes.


La pregunta entonces es —dijo Theo—, ¿a quién mandamos a reunir con Zabini? Draco no puede ir por el vinculo con Hermione.

La sorpresa y la gratitud asomaron en el rostro de Draco. Sus ojos buscaron los de su hermano y simplemente dijo:

¿Por qué?

El rho le ha ofrecido refugio en el clan durante una luna. El plazo aún no se ha cumplido. No dejamos a uno de los nuestros en manos de sus criaturas.

Puede que tu amigo no este allí —sugirió Dumbledore—. Si su objetivo es matarte o capturarte, la presencia de tu amigo no es necesaria.

Pero alguno de ellos tendrá que estar allí —dijo Hermione—. Probablemente serán unos cuantos. Quizás esté el telepata. —Miró alrededor—. Es mucho más fácil presentar cargos contra alguien que te está disparando.

Dumbledore giró la cabeza para mirarla.

Pero también es más difícil realizar el arresto si nos agarramos a los tiros. No sabemos hasta dónde llega la habilidad de nuestra telepata.

Llegado el momento, tendremos que hacerlo.—Pero Hermione estaba frustrada. Sacudió la cabeza—. En el yudo, la base es utilizar la fuerza y los movimientos de tu enemigo contra él. Ellas han hecho un par de movimientos que podríamos volverlos en su contra: manipular a Sirius y a Remus, y ahora esto. El primero nos dice qué son capaces de hacer. El segundo nos dice dónde estarán algunos de ellos en un determinado momento. Tenemos que encontrar la manera de utilizar esa información.

Sonó el timbre.

Draco miró a Sammy, que estaba situado cerca de la puerta donde podía oír cualquier movimiento en el pasillo. Se le había puesto una expresión graciosa.

Dos personas —dijo—. Ninguna de ellas parece una amenaza. Y... un gato.

El timbre sonó otra vez.

¿Quién es? —preguntó Sammy a través de la puerta. Miró a Hermione con una expresión de perplejidad—. Dice que es tu abuela. Y que abra la puerta de inmediato.

Hermione cerró los ojos y se masajeó las sienes con ambas manos.

Estupendo. Justo lo que necesitaba esta noche. —Echó a andar hacia la puerta—. Déjala entrar.

Una mujer menuda y anciana, vestida con unos pantalones de vestir negros y una magnifica chaqueta de satén con intricados bordados, entró a la habitación. Su piel era de porcelana. Su postura era perfecta. Sus ojos eran negros y orgullosos. Una mujer, ligeramente más alta, entró tras ella. Llevaba a Crookshanks en brazos. Que se encontraba gruñendo.

¿Y bien? —dijo la anciana en tono imperativo mientras miraba a su alrededor—. ¿Cuál de estos es?

Hermione llego hasta ella.

Abuela, me alegro que estés bien, pero no es un buen momento y... ¿Has traído a mi gato?

Él quería venir. Aquí hay mucha gente. ¿Cuál de ellos es tu lobo? —su mirada siguió examinando a cada lupus de uno en uno hasta que llegó a Theo—. ¿El grandote? —una inequívoca mirada femenina de aprobación inundó sus ojos.

Lamento defraudarla —dijo Draco dando un paso adelante—, pero... —se detuvo. Qué diablos...

Los ojos oscuros con esa forma que recordaba tanto a los ojos de Hermione se rieron de él.

Mmm. No es alto como el otro, pero es lindo.

Abuela, este es Draco Malfoy —dijo Hermione—. Draco, me siento honrada de presentarte a mi abuela, Minerva McGonagall, y su acompañante, Poppy Pomfley. Abuela, me desagrada tener que ser grosera, pero no puedo entretenerme ahora mismo.

Bah. —Miró a su acompañante—. Busca un sitio para Crook. No se siente a gusto con tanta gente.

El dormitorio, supongo —dijo Hermione capitulando, mientras señalaba el pasillo.

¿Hueles eso? —preguntó Theo.

Sí, pero ¿que es? —no era humano. Ni se parecía a nada que hubiera olido con anterioridad.

Los ojos negros y penetrantes se volvieron hacia él.

Tú. Deja de hablar de mí. A mí tampoco me gusta cómo hueles tú, pero soy lo suficientemente educada como para no decirlo.

Draco abrió la boca por la sorpresa. Eso le hizo gracia a la anciana.

Te preguntas qué soy yo, ¿eh? No te lo voy a decir aún. Hermione. —Se volvió hacia su nieta—. Soy mayor y estoy exhausta de tanto viajar. ¿No me ofreces un sitio para sentarme?

Abuela.—Su voz era firme—. Estamos preparando una gran operación. No podemos distraernos.

Unas cejas finas se arqueado. La anciana alzó la mano, y con un dedo terminado en una uña roja, dibujó en el aire la figura de un huevo puesto de costado. Y luego hizo que una línea lo atravesara.

Estoy aquí para derrotarla. Yo también.

La sorpresa hizo que Draco se quedara quieto unos instantes. Luego, caminó hacia ella y le agarró del brazo. "Tratála como a la realeza", le había dicho Hermione hacia un tiempo. Ahora empezaba a entenderlo.

Madame, sea bienvenida a mi hogar. Por favor, tome asiento. Y por favor, sea rápida en exponer los asuntos que la traen aquí. La vida de mi amigo está en juego.

Te preocupar por él. Perdono tu grosería. Pero muchas, muchas vidas hay en juego.

Draco escoltó a Minerva McGonagall hasta el sofá. Hermione los siguió y se sentó al lado de su abuela. Y la mayoría de los demás los siguieron también. Dumbledore colocó su silla cerca de Draco.

¿Cómo me has encontrado? —preguntó Hermione.

Pregunta tonta. No estabas en ese pequeño apartamento tuyo. Tu lobo está en la guía telefónica. Y tú tienes que estar donde esté él, así que he venido aquí.

Pero... ¿Tú sabes lo del vínculo?

Claro que lo sé. Precisamente he ido a averiguar cosas sobre eso.

¿Y Crookshanks? —preguntó Draco fascinado.

No le gusta estar solo. Tampoco le gusto yo, pero a todos los gatos les cae bien Pomfrey. Así que se lo ha traído.

Siento mucho los desperfectos de tu puerta, Hermione —dijo Pomfrey con su voz suave mientras volvía a la habitación sin Crook—. No creo que cueste mucho repararla. Pero tu abuela no tenía la llave.

No importa. Abuela —la voz de Hermione era apremiante—, ¿a quién has ido a ver?

La anciana bajó la mirada, frunciendo el ceño, y aliso una arruga imaginaria en sus pantalones. Dijo algo en chino a Hermione.

¿Tú qué? —exclamó Hermione y, entonces, siguió hablando en chino también. Por unos instantes, las dos mujeres mantuvieron una ágil conversación, bastante musical, y totalmente ininteligible para los demás. Hermione puso su mano sobre la de su abuela y preguntó. La anciana le tocó la mano y respondió con firmeza.

Hermione se volvió hacia los demás.

La abuela no cree que todos los presentes deban saber con quién ha hablado, pero él es... él es alguien cuyas palabras debemos aceptar. Él la ha enviado a nosotros con información y... un regalo.

Minerva observó a su público, con la cabeza colocada en una postura digna de la realeza.

Ahora, todos guarden silencio. Tengo mucho que decir y tenemos poco tiempo. Todos la conocen a Ella, cuyo signo he dibujado en el aire. Luchan contra Ella, y eso es bueno. Pero no saben qué planes tiene. Yo sí.

Buscó la mirada de Draco y la mantuvo unos instantes. Después, uno por uno, se detuvo en cada lupus que había en la habitación.

La conoce. Está es su sangre y en sus huesos. Lo que planea para su gente es malo, pero sus planes no se acaban ahí. Quiere venir aquí. Quiere cruzar, quiere... bah, no conozco las palabras. —Lanzó otra tormenta de palabras en chino contra Hermione.

Hermione palideció.

La abuela dice que se supone que Ella no puede entrar en esta esfera, pero las esferas están cambiando, y... —Miró a su abuela, hizo una pregunta, y luego siguió—. Y algunos de los que vigilan son muy viejos ahora, y están débiles. Otros están ocupados. Distraídos por... ella no está segura. Un conflicto de alguna clase. Intrigas o política o guerra.

Minerva retomó su relato:

Ella hace planes, todavía no puede cruzar. Necesita mucho poder. También necesita que las condiciones sean las adecuadas. Para estar lista, reúne creyentes a su alrededor. Ellos le dan poder. Y también abren la senda... el camino. En el lugar del poder. —Miró a Hermione y pronunció una única palabra.

El nodo —dijo Hermione—. ¿Van a abrir un camino para Ella en el nodo?

Sí. —Asintió una vez—. Un nodo. Hay que modificar ese nodo de alguna manera. —Se encogió de hombros—. Yo no sé cómo. Yo les transmito la información como me la han dado. Hay que cambiar algo en el nodo. Y así, los humanos de aquí podrán abrirlo a otras esferas. A Dis. —La anciana observó a su público otra vez, y vio que no habían entendido nada. Murmuró algo que Draco estuvo seguro de que no había sido un simple cumplido—. ¿No saben lo que es Dis? También se lo conoce como Infierno.

Dos o tres exclamaron. La mayoría parecía tener dudas. Habían estado inmersos en la historia de la anciana hasta entonces, pero esto era más de lo que sus creencias podían aceptar.

Hermione no tenía ni una sola duda, notó Draco. Y dentro de él encontró la absoluta, enfermiza y tensa certeza de que lo que decía la anciana era cierto. El creyó la historia. Por la razón que fuera, Draco creía en esa anciana extraña e imperativa que olía como nada de lo que se había encontrado antes en su vida.

Dumbledore se inclinó hacia adelante.

Minerva. ¿Quiere hacernos creer que los azá están dispuestos a abrir las puertas del Infierno, y que tienen el poder para hacerlo?

¿Por qué no? Dis está cerca. Cada día se crean pequeñas aberturas aquí y allá. El tejido que separa aquí de allí no es tan fuerte. Todo el mundo lo sabe.

Sí, pero nunca sucede algo grave. Un imbécill en Memphis consiguió invocar a un demonio menor el año pasado, pero... —Dumbledore negó con la cabeza—. Nada como lo que dice usted. No ha sido una gran incursión desde el Infierno desde hace más de cuatrocientos años.

Cuatrocientos años es mucho tiempo para ti. Pero no es tanto para otros. Las cosas están cambiando. Hay otros seres que están entrando en esta esfera, ¿eh? Demonios menores y otras cosas, ¿eh? —la expresión en el rostro de Dumbledore sirvió de respuesta. McGonagalls asintió con firmeza—. Están ocurriendo cosas extrañas. Y más empezarán a suceder. Las esferas cambian, no podemos pararlo. A Ella, tenemos que pararla. Ya tiene de su parte a alguien con un fuerte don mental, muy fuerte. Es una mujer y vive bajo tierra cerca nodo. Es a ella a quien hay que detener.

Las cuevas —dijo Draco de pronto—. Las cuevas en la tierras de Gregory. —Definitivamente, tenían que llamar a Max.

Unos ojos muy alerta se posaron en él.

¿Sabes dónde es? Excelente.

¿Cómo? —Hermione se inclinó hacia su abuela—. ¿Cómo la detenemos?

Algunos músculos se tensaron en el rostro pequeño y majestuoso. Por primera vez, la anciana retiró la mirada.

Él me ha contado muchas cosas —dijo en un susurro—, pero eso no. Sin embargo, no debería habérmelo dado, pero es un entrometido. —Una sonrisa tocó sus labios, la clase de sonrisa que asoma en los labios de una mujer cuando recuerda a un hombre que la ha satisfecho mucho en otro tiempo. Las cejas de Draco se arquearon.

¿Qué clase de hechizo, abuela?

Proteger... Esa parte la he entendido. También, un hechizo para encontrar... para encontrar lobos. Eso no lo entiendo.

Hermione preguntó algo en chino y la anciana respondió en chino, luego metió la mano en un bolsillo de su chaqueta y al sacarla la abrió delante de Hermione. Sobre su palma descansaba un collar de color gris, que brillaba ligeramente.

Hermione la tocó. Sorpresa, placer y un pequeño toque de asombro cruzaron su rostro.

Se siente... puro —dijo dubitativa—. Fuerte, fresco, como el viento. —Miró a Draco—. Es un buen regalo.

Guárdalo para él —Minerva dobló los dedos de Hermione alrededor del collar—. Cuando llegue la hora, rómpela sobre él. —La anciana golpeó la palma de una mano con los dedos de la otra—. Así. Dura muchas horas, pero menos de un día. No lo utilices hasta que esté listo.

Hermione observó su mano cerrada.

¿No se romperá?

Tiene que estar en contacto con la piel de tu lobo. Solo funcionará con él.

Hermione guardó el regalo en el bolsillo de sus pantalones.

No es un hechizo pequeño.

Para él, es pequeño. —La anciana se rió, con un sonido grave y áspero, incongruente teniendo en cuenta que provenía de un cuerpo tan menudo—. Él espera que se tan pequeño que no lo detecte nadie. Podría traerle problemas. Pero no puede o no quiere decirme qué tienes que hacer tú, solo... —Agarró la mano de Hermione entre las suyas y la miró a los ojos—. Solo me ha contado lo que Ella tiene planeado. Y tú eres parte de su plan, nieta. Tú y tu lobo. Necesita mucho poder para abrir la puerta. Puede reunir ese poder lentamente, pero Ella es avariciosa y quiere tenerlo ya.

Hizo una pausa.

Hay mucho poder en un vínculo como el de ustedes. Poder de su enemiga. Y lo quiere. La que le sirve, se los quitará a ti y a tu lobo, si puede. Los sacrificará a Ella.

No. —Instintivamente, Draco se colocó junto a Hermione, que permanecía quieta y callada. Demasiado callada. Él toco su brazo para tranquilizarse tanto a sí mismo como a ella—. Eso no va a suceder.

Minerva dijo con amargura:

Está bien que pienses así, pero la que le sirve a Ella tiene mucho poder ya. ¿Cómo la detendrás?

Hermione pronunció tres palabras.

No lo haremos.


Hola... Se que me quieren matar. Pero este capítulo es el preludio a la batalla final y ese si quiero que sea bien largo. Espero publicarlo el día 13 de este mes, justo cuando esta obra cumpla los 9 meses o capaz cuando la obra cumpla el año (risa malvada)... Como siempre, quiero agradecerles a todos por la oportunidad que le han dado a esta obra. También, estoy feliz de que esta obra este nominada en la categoría Mejor Crossover en los Fanfics Awards 2015. ¡Espero que gane! En cuanto a mis otras obras, están todas en proceso de escritura, en especial Que esperar, cuando estas esperando.

No duden en pasarse por las demás obras

Un abrazo psicológico para todos. Les deseo lo mejor

Se despide su amiga

Lumione