o0o. Recomendación musical: Adagio - Samuel Barber


Capitulo XXXVI: Lo mejor (Editado)

—No te la mereces —susurró por enésima vez en la oscuridad de su habitación. Blaise, Theodore, Vincent y Gregory dormían en sus camas ocultos por el dosel de verde botella. Tumbado bocabajo en su cama, con el rostro ladeado sobre la almohada y las manos crispadas en ella, Draco había pasado varias horas en vela. No podía dormir porque en su interior se estaba librando una furiosa batalla.

Una batalla contra sí mismo. Sentía tanta rabia que estaba patéticamente próximo llorar.

Maldito Potter, maldito Weasley. Malditos todos. Maldito él.

Él siempre había tenido todo aquello que pudiera desear. Todo aquello que pudiera querer. El problema es que ya no deseaba o quería, era algo más. Algo más fuerte entrelazado con algo parecido a conciencia. Era una debilidad, que lo volvía vulnerable, frágil, voluble. Se sentía expuesto. Se sentía patéticamente ridículo.

No podía dormir sólo porque estaba preocupado y se sentía culpable, porque no paraba de evocar la expresión de Hermione cuando le vio con Pansy, porque recordaba a cada instante las palabras del cabrón de Potter. Y cuanto más las escuchaba en su mente, cuanto más las repetía en sus labios, más sentido tenían.

Era cierto. Él no se la merecía. Nunca se había preocupado por algo así, a decir verdad, nunca había sentido que no se merecía nada o nadie a quien tuviera. Siempre había pensado que era el resto del mundo él que no se lo merecía a él, que todos debían sentirse agradecidos porque les otorgara el placer de su compañía o de su mera presencia.

Pero con ella era diferente, como todo. Era extraño cómo él no había cambiado en nada pero a la vez había cambiado en todo cuando se trataba de ella. Lo que siempre le había importado más en el mundo era él mismo, siempre había velado por sus intereses, su prioridad siempre había sido él. Y ahora sólo podía pensar en lo que era mejor para ella, sin importarle una mierda que fuera de él.

Y ahí estaba, patéticamente tirado en la cama, incapaz de dormir, tan sólo porque el gilipollas del amigo de su novia le había dicho que no se la merecía, que no era suficientemente bueno para ella, que lo mejor que podía hacer por Hermione era alejarse y dejarla en paz.

Esas palabras se habían clavado en algo de él que no sabía que tenía, habían removido algo en su interior que ya no podía volver a estar en su sitio.

¿Estaría ella mejor sin él? Draco sabía que no era feliz. Incluso cuando estaba con él y le sonreía, lo hacía con tristeza. Y desde que Harry y Ron los habían encontrado, ella se había quedado prácticamente sola. Desayunaba, comía y cenaba sola. Se sentaba sola. Caminaba por los pasillos sola.

Más de una vez, Draco había visto sus ojos vidriosos o bien enrojecidos, y sabía que ella lloraba antes de dormirse. Y al despertar. Y quién sabe cuanto más.

Ella realmente quería a Potter y a los Weasley, por muy gilipollas que a él le parecieran. No en vano llevaban seis años juntos, se quedaban en las vacaciones de navidades para hacerse compañía, todos los veranos se veían, habían ido juntos a los mundiales de quidditch y al ministerio en quinto año donde se habían enfrentado a los mortifagos, entre ellos su padre. Habían arriesgado su vida juntos y vividos mil aventuras, y ahora estaban separados por él. Porque Draco sabía que por muy imbéciles que fueran San Potter y la Comadreja, la apreciaban mucho, aunque evidentemente a su manera. Aunque en cierto modo la hicieran sentirse insegura con tanta sobreprotección, Draco pensaba que ni siquiera ellos dos se habían dado cuenta de cuanto la necesitaban. Si ella lo pasaba mal, ellos tampoco tenían muy buena cara. La comadreja parecía una seta con el pelo tan rojo y la cara tan blanca y el cabeza rajada estaba tan serio y callado que parecía un zombie. Y por supuesto, los dos habían entrado en acción para "proteger" a Hermione de él después de haber visto la escena con Pansy. Dispuestos a lanzarle un maleficio, sino una maldición por haber hecho daño a su amiga.

Y se lo había hecho. Otra vez.

No paraba de cagarla con ella. Habían tenido una discusión estúpida y su manera de solucionarlo había sido mostrarse cariñoso con Pansy. ¿Cómo podría defenderse de las acusaciones de los gilis de Potter y Weasley cuando tenían parte de razón? Lo único que hacía era atacarles para distraer la atención de los temas importantes, pero ésos seguían ahí. ¿cómo podía demostrarles que ella le importaba sino paraba de comportarse como un autentico gilipollas?

No podía evitarlo. Todo lo que estaba sintiendo era nuevo y extraño para él. Era incontrolable y se sentía inseguro sobre todo. No sabía cómo reaccionar y tenía miedo. Y era entonces cuando cometía una estupidez. Hasta ahora no había demostrado nada más qué que era una cabrón.

Y Draco sabía que lo era, le gustaba serlo, pero no con ella. No quería que nadie le hiciera daño, pero menos quería hacérselo él. Y tenía que reconocer que desde que se había fijado en Hermione, ella era mucho menos feliz que en años anteriores.

Él tenía la culpa de todo, de su infelicidad, de sus lágrimas, de su soledad. Si él la dejaba en paz, ella estaría mejor. Lo pasaría mal en un principio, pero a la larga lo mejor que podía hacer por ella era salir de su vida.

E iba a hacerlo.


Draco Malfoy no era el único que no lograba conciliar el sueño esa noche. Lejos de las frías mazmorras de Slytherin, en uno de los torreones de Hogwarts, Hermione estaba acurrucada en el alfeizar de la ventana empañándola con su aliento. Crookshanks estaba aposentado sobre sus pies calentándolos junto al pedacito de tobillo que dejaba a la luz su pijama azul. A través de la ventana veía las estrellas brillando en el cielo oscuro y despejado, y no podía evitar preguntarse si el secreto de su felicidad podría estar en alguna de ellas. Porque estaba claro que no estaba dónde ella buscaba. Nada le iba demasiado bien. Harry, Ron y Ginny apenas le hablaban por estar con Draco, y Draco...Draco se mostraba en actitud muy cariñosa con Parkinson, con la misma chica con la que Hermione le había visto besarse y acariciarse en más de una ocasión. Si hasta entonces se había preguntado alguna vez si el corazón producía algún sonido al romperse, había descubierto que sí.

Sonaba como un cristal estallando.

¿Qué había significado para Draco lo que sus ojos habían visto? ¿Es qué después de su discusión se había dado cuenta de que estaba perdiendo el tiempo con una sangre sucia? ¿Es qué se había cansado de ella? ¿O simplemente no era de los que podían ser felices con una sola persona? ¿La estaba engañando con Pansy? ¿Y si era así, desde cuando? ¿Siempre lo había hecho y ella no se había dado cuenta?

¿Estaba sacándolo todo de quicio?

¿Qué iba a hacer ahora?

Preguntas y más preguntas, pero pensaba encontrar las respuestas al día siguiente.


Cuando Hermione Granger entró en el aula del cuarto piso, Draco Malfoy ya estaba dentro. A través de su túnica negra y abierta, Hermione pudo comprobar que no llevaba jersey gris, sino tan sólo la habitual camisa blanca con los primeros botones desabrochados y la corbata de franjas verdes y plateadas floja, con el nudo a la altura del pecho. Su cabello platino normalmente impecable, caía desordenadamente sobre los ojos y estaba revuelto, como si se hubiera pasado la mano por él innumerable veces. O como si alguien lo hubiera hecho por él, pensó Hermione con dolor. No tenía muy buen aspecto y estaba pálido y ojeroso, lo que resaltaba más el color azul iceberg de sus ojos que centellearon con un brillo metálico cuando ella entró.

—Estás aquí —murmuró Hermione, pues realmente había temido que simplemente no se presentara a su cita ya que durante el día no lo había visto en el Comedor, no habían tenido clases en común y tampoco se lo había encontrado por los pasillos. Había temido que desapareciera de su vida de pronto, sin ninguna explicación.

— ¿Dónde demonios iba a estar sino? —masculló Draco pasándose de nuevo la mano por el pelo desesperadamente.

Sus palabras y su tono de fastidio, enfurecieron a Hermione. Primero se peleaban, después ella le veía casi besándose con Pansy Parkinson y ahora no sólo no se disculpaba sino que le hablaba de malas maneras.

—No lo sé —replicó ásperamente Hermione con los ojos secos, quizás si aún le hubieran quedado lagrimas se le hubieran humedecido —Con Pansy Parkinson a lo mejor, en al aula dónde os encontré aquella vez. O tal vez aquí mismo, por tu aspecto cualquiera diría que se acaba de ir.

Draco la miró muy fijamente a través de los mechones de flequillo platino que le caían sobre los ojos y soltó un taco antes de acercarse rápidamente a ella. Tenía que dejarla, pero no lo haría permitiendo que ella pensara que había tenido algo con Pansy o que le interesaba lo más mínimo. Así que le rodeó la cintura con una mano, la atrajo hacia él y acalló la protesta que surgía de los labios de la chica con los suyos. Hundió su lengua con fuerza en la boca de ella y la estrechó con rudeza liberando un gruñido ronco. Hermione intentó separarse en un primer momento pero cuando sintió la punta de la lengua del chico deslizarse por debajo de la suya de manera incitante, no pudo soportarlo más y le aferró por los hombros con brusquedad, entregándose por completo al beso. Se besaron frenéticamente estrujándose el uno contra él otro como si quisieran traspasar las barreras físicas para fusionarse en uno. Y cuando al fin se separaron, Draco apenas podía respirar y Hermione se sentía tan mareada que sintió que si él la soltaba, se caería al suelo.

—Ella no es nadie —murmuró Draco sobre los labios de Hermione —a ella nunca le besé así.

Hermione le miró seriamente durante unos instantes y después asintió con lentitud.

—¿Entonces a que vino eso? —preguntó con voz neutra.

—Estaba enfadado y me comporté como un gilipollas —dijo encogiéndose de hombros con los ojos muy fijos en ella. Hermione le miró durante unos instantes y finalmente sonrió con suavidad, pero con su ya habitual aire triste. Ese aire triste que hizo que a Draco se le arrugara ese órgano que solía asociarse a los sentimientos que le recordó lo que debía hacer. Y eso, le hizo sentir una desesperación, una angustia y un sentimiento de pérdida tal que jamás en su vida lo había sentido.

Demonios, no quería hacerlo. Pero debía hacerlo, por ella.

Mas antes iba a besarla como si el mundo se fuera acabar en unos minutos, porqué así iba a ser. Su mundo se iba a acabar. El de los dos.

Primero la miró. La miró, observó y contemplo como si quisiera grabar cada facción, cada poro, cada curva de su rostro. Miró sus ojos marrones, brillantes y titilantes, con motitas doradas salpicadas por su iris. Le encantaba la forma que tenían, como también sus cejas arqueadas y oscuras. Su nariz pequeña, sus mejillas redondeadas, el pelo castaño y desordenado con un aire salvaje y por último sus labios. Sobre todo sus labios. Suaves como el terciopelo, rojos y carnosos.

Diablos, ¿cómo miraría sus labios sabiendo que no podría volver a probarlos?

Era hermosa. Simplemente, era hermosa.

—Draco —musitó Hermione comenzando a enrojecer —¿Ocurre algo?

Draco pestañeó lentamente un par de veces y después negó con la cabeza. Alargó una mano hacia su mejilla y delineó su contorno con las yemas de sus dedos índices y corazón, descendiendo por la línea del pómulo en una diagonal hasta su boca. Hermione sintió como sus labios se ablandaban y cosquilleaban bajo el contacto de sus dedos cuando él llegó hasta su boca. Acarició la zona superior del labio de inferior y detuvo el índice en su justo medio. Después lo deslizó entre los labios de la chica con suavidad, lo justo para humedecer su yema para luego descender por el carnoso labio inferior, entreabriendo la boca de la chica. Hermione lanzó un suave gemido que a Draco le pareció peligrosamente sensual y no pudiéndolo soportar más, se abalanzó sobre ella y la besó.

Si la chica había pensando que el beso anterior había sido intenso, el recuerdo palideció en comparación con ese. Draco la sujetó por las caderas y la pegó a él, y después le puso una mano en la nunca y empujó su rostro hacia el de él para hundirse en lo más hondo de su boca. Su lengua se movía diestra y sensualmente en el interior de la de ella, probando, despertando y degustando cada parte de ella, desde el paladar, el interior de sus comisuras hasta el hueco suave y oculto que había bajo la lengua de ella. Y todo lo hacía con una sensualidad perezosa que despertaba en Hermione una sensación parecida a una fiebre, a una fiebre de amor y pasión que inflamaba cada trocito de su ser. Y a cada segundo, su mente dejaba de analizar, de tratar de formar pensamientos, de retener impresiones con mayor abandono, hasta que quedó dormida. P

ero algo acudió en su socorro, una calidez extraña, agradable, insaciable, delirante que se movía por su ser como lenguas de lava ardiente. Hermione sentía como si Draco le estuviera haciendo el amor a su boca y podía intuir que él quería hacerle el amor a algo más que a su lengua. Y que Merlín se apiadara de ella, porque no pensaba poner ningún tipo de resistencia.

Se aferró más a Draco e instintivamente se estrechó contra él, mientras sus labios emitían el sonido amortiguado de un gemido sensual y femenino que derritió como un cubito en medio de un volcán, todo el hielo y con ello todo el autocontrol del Slytherin. Se hundió más en ella, la atrajo hacia sus caderas y pensó cuanto le gustaría tenderla desnuda y perderse por completo en su ser. Pero ni bien acabó de formular ese deseo, una alarma saltó en su cerebro dándole un poco de lucidez.

Iba a dejarla, y no pensaba hacerlo después de haberse acostado con ella porque sabía lo que Hermione pensaría entonces, lo que el daría a entender: que sólo había estado con ella para eso, y una vez lo había conseguido, la había abandonado. Tenía que alejarse pero los dedos de Hermione hundiendo sen sus hombros, su cuerpo apoyado sobre el de él y el entusiasmo con el que respondía a sus besos no se lo facilitaban. Demonios, sino se apartaba de inmediato, sería hombre perdido. Oh, si, y ella también.

Reuniendo todas las fuerzas que pudo en un momento tal, se apartó suavemente de ella, pero Hermione no le dio tiempo a coger aire antes de volver a besarle y aferrarse a él.

Sólo la impotencia le dio fuerzas a Draco para apartarse de nuevo con menos suavidad que la vez anterior.

—Hermione —rogó con voz ahogada al ver que ella se acercaba un poco más a él. Apretó con fuerza las mandíbulas y cerró los ojos unos instantes tratando de mantener el control de su cuerpo, de luchar contra su propia excitación, de doblegar a la bestia que había despertado en su interior.

—Draco, ¿ocurre algo? —la voz de Hermione le llegó cargada de preocupación a sus oídos. Draco abrió los ojos de nuevo, y suavemente, quitó las manos de Hermione de sus hombros. Eso fue todo lo considerado que pudo ser por ella, teniendo en cuenta su estado, así que antes de que la chica pudiera decir nada más, se dio media vuelta y caminó a zancadas hasta una de las ventanas del aula y dándose las manos tras la espalda, miró a través del cristal. Aunque en realidad no veía nada, al menos nada que estuviera allí y que le sirviera de distracción, porque su mente estaba llena de imágenes altamente eróticas.

—Draco... ¿he... ¿he hecho algo mal? —le llegó la voz de Hermione un par de metros a sus espaldas.

Draco tuvo que contener una risotada al escuchar que ella pudiera plantearse la posibilidad de haber hecho algo mal que le hubiera espantado. Si ella hubiera hecho algo mal, no habría problemas y él no tendría que pasarse las siguientes dos horas tumbado bocabajo.

De cualquier modo, respondió.

—No.

—¿Entonces? ¿cuál es el problema, Draco? —preguntó Hermione en un murmullo que sonó cada vez más cercano a Draco.

—Hermione, no te acerques— dijo con voz ronca y casi suplicante. Hermione se detuvo unos pasos por detrás de él y le miró, completamente confusa. ¿Qué ocurría?

—No debemos volver a vernos.

Hermione casi soltó una risa estúpida. ¿De qué le estaba hablando? ¿Después de besarla de esa manera pretendía decirle que no podían volver a verse? Estaba claro que estaba bromeando.

—Draco, nunca me han gustado las bromas —dijo frunciendo el ceño y tratando de aclarar su mente que parecía seguir extrañamente adormilada y perezosa.

—No es una broma —dijo él con voz inflexible sin volverse hacia ella. Apoyó las manos sobre el alfeizar de la ventana y agachó la cabeza entre sus hombros, provocando que el flequillo le cayera sobre los ojos. Sobre sus ojos cerrados en una silenciosa plegaria. Necesitaba fuerzas —Lo mejor será que...no nos veamos más.

Silencio. Draco cerró los ojos con más fuerza y comenzó a contar los segundos. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once...

—¿De qué demonios estás hablando? —inquirió Hermione con voz temblorosa, estaba empezando a asustarse —¿A que viene todo esto?

—Viene a que me he dado cuenta de que es lo mejor.

—¿Lo mejor? —repitió Hermione con la voz quebrada, tenía los ojos fijos en la nuca rubia de Draco que se volvía borrosa por las lagrimas que corrían a acumularse en sus ojos.

—Sí —repitió Draco con voz desconocida, casi metálica y completamente fría —Lo mejor que podemos hacer es terminar con esto, no vernos más.

Aunque Draco no podía verla, Hermione retrocedió un par de pasos mientras le miraba como si no le conociera con los ojos abnegados de lágrimas.

—¿Lo mejor para quién? ¿Para ti? —gritó la chica con voz desgarrada.

—No —Draco apretó los párpados con más fuerza si cabe y crispó sus manos en torno al alfeizar de la ventana conteniendo un suspiro doloroso —Lo mejor para ti.

—¿Para mí? —espetó con incredulidad —¿Para mí? —repitió esta vez llorando —¡Mis mejores amigos me evitan y no me dirigen la palabra porque estoy enamorada de ti¡ !Me he peleado con ellos y me he quedado prácticamente sola por estar contigo, y ahora tú quieres dejarme! ¿Lo he dado todo por nosotros para esto? —gritó.

Draco no se movió, pero sentía los músculos de su espalda, su cuello y brazos en dolorosa tensión. Sus manos se crispaban con tanta fuerza en torno a la piedra del alfeizar que casi la fragmentaba. Pero no se atrevía a moverse. No podía mirarla y enfrentarse a sus ojos llenos de lágrimas. No podía.

No podía sentirse más miserable.

—¡Mírame a la cara! —gritó Hermione a pleno pulmón —¡Mírame a la cara y dime que quedarme sin ti es lo mejor!

Draco permaneció paralizado durante unos segundos, después, lentamente, se volvió y Hermione pudo verle la cara. Estaba más blanco que la nieve y sus ojos brillaban de una manera extraña, como si su iris de hielo estuviera cubierto por una capa de escarcha cristalina. Por lo demás, se mostraba completamente inexpresivo. Exánime. Impasible.

Como un auténtico Slytherin.

—Es lo mejor para ti, Hermione —repitió con voz totalmente desapasionada, como si en lugar de hablando, estuviera leyendo algo que no tenía ningún sentido para él.

Hermione le observó con las lágrimas cayendo a borbotones de sus ojos. Eso no podía estar pasándole a ella. Eso no. Si él la dejaba...simplemente se moriría de pena y dolor.

—¿Cómo puedes ser así? —le chilló con la voz ronca por las lagrimas —¿Es qué no te importo ni siquiera un poco?

Draco se removió como si un proyectil hubiera impactado en su pecho y le hubiera sacudido por completo, pero fuera de eso, no dio un paso y su rostro permaneció inexpresivo.

—Sé que ahora no tiene sentido para ti, pero quizás algún día lo entiendas —dijo con voz suave pero sin sentimiento. Después la observó por unos instantes y finalmente pasó de largo y salió del aula y de la vida de la chica, con el sonido de una puerta cerrándose.


Hola!!

Bueno, me he retrasado de nuevo un poco más de la cuenta pero es que no he tenido tiempo para escribir el capitulo antes! Este ha sido un poco más cortito que el anterior pero sigue siendo más largo que los precedentes ;) Ha sido un capitulo, intenso, dramático y triste desde mi punto de vista. Finalmente las palabras de Harry y Ron le llegaron mucho más hondo a Draco de lo que tal vez deberían. Sintió que no era digno de Hermione y que lo mejor que podía hacer por ella era dejarla. Creo que irónicamente, esta es la prueba de amor más grande que le ha dado. Ha renunciado a sus propios intereses, y la ha puesto a ella por delante, haciendo lo que consideraba mejor para ella por mucho que le doliera. El que realmente fuera lo mejor para ella o no es otro tema ;) jajaja. Me ha costado un poco escribirlo porque quería que fuera especial, pero finalmente esto es lo que me ha salido así que así lo dejo! Espero que lo hayáis leído con la canción porque creo que así es más interesante, y espero también que os haya gustado la canción (a mi me encanta )! A pesar de todo este es uno de mis capitulos favoritos, y si todo va como espero creo que el próximo os va a gustar bastante porque va a suceder lo que algunas me llevan pidiendo tiempo y lo que otras creo que desean en silencio xD (chum chum...que interesante me hago xD).

Para el siguiente, os recomiendo que os bajéis la canción de Falsa Moral de OBK pues la usaré en el chap :) y pega perfectamente a esta pareja creo yo!

Y por cierto MÁS DE MIL REVIEWS!!! Dios mio! Merlin mio! Todo mio xD! No creí que llegara a mil en este capi, mucho menos a mil veintipico...aún estoy alucinando xD (alucinando muy felizmente por cierto). La verdad es que no tengo palabras para agradeceros todo el esfuerzo, el apoyo, los ánimos y la comprensión que me habéis dado. Me siento muy apoyada y arropada por todas vosotras, asi que ya no sé como agradeceroslo. Enviaros un Draco, un Ben o un quien sea, no es suficiente!

De verdad...GRACIAS POR TODO!!!!

GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS,

GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS,

GRACIAS,GRACIAS,

Y GRACIAS!!!!

Con muchisisisisisimo cariño, Dry!!!!