"PRIMAVERA OTRA VEZ"
CAPITULO 32 ENCRUCIJADAS
La larga travesía de 3 meses en el Mauretania por fin llegaba a su fin.
Candy, parada en la proa del barco, veía como éste se aproximaba cada vez más a su amada tierra natal. Ya estaba ansiosa de ver a su familia, abrazarlos…
-Dios, gracias por permitirme volver a casa a salvo… estoy muy feliz…
Candy derramaba una lágrima, pero esta vez era de felicidad. Sintió una inmensa paz por primera vez en varias semanas. Amanecía en alta mar, y amanecía también en su corazón.
De pronto Candy se preguntó:
-¡oh! ¿Cómo podré localizar a mi familia? no se donde viven…
Entonces Candy recordó lo que Terry le dijo alguna vez: "todos conocen a los Andry, si preguntas donde tiene sus oficinas el señor Andry cualquiera te lo dirá"
-si, eso haré – se dijo.
Luego volvió a su camarote para prepararse para el trabajo, ese sería el último día en el barco.
Candy dio la ronda a los pacientes y se ocupó de varias curaciones. A medio día el capitán mandó que se reuniera todo el personal médico en el salón principal para dar un anuncio:
-damas y caballeros. Me es muy grato informarles que un una hora estaremos llegando a puerto en Nueva York. Ha sido un placer haber compartido esta travesía con ustedes. Quiero felicitarlos a todos nuevamente por su gran labor cuando tuvimos la epidemia de tuberculosis. Gracias a sus esfuerzos seguimos con vida y al fin llegaremos a tierra, sanos y salvos. Les deseo una feliz estancia a los que solo estarán de paso y a los demás, espero que sus familias y seres queridos los reciban en casa con los brazos abiertos. Gracias por todo…ah, una cosa más: en el puerto estarán esperando varias ambulancias para trasladar al hospital a los heridos y a todo aquel que aún requiera asistencia médica. Los demás serán dados de alta según su criterio. Es todo. Mucha suerte y prosperidad para todos.
Fueron las palabras del capitán, luego de lo cual se escuchó un fuerte aplauso y risas de felicidad. El ambiente era festivo.
-Candy, ¿ya sabes que vas a hacer cuando lleguemos a puerto? – le preguntó Greg.
-si, buscaré a mi padre adoptivo, se llama Albert y es el cabeza de familia de los Andry. Terry me dijo que todos lo conocen y que sería fácil ubicar sus oficinas en Nueva York.
-entonces déjame acompañarte, yo también sé donde están sus oficinas, te llevaré.
-¿de verdad? Gracias Greg
-no agradezcas, será un placer ayudarte a volver a casa con tu familia.
-si… ya no puedo esperar más a verlos a todos. Recuerdo a Archie, a Annie, a la señorita Pony y la Hermana María, pero a Albert aún no lo recuerdo, ya estoy ansiosa de verlo.
-yo solo lo conozco por fotografías suyas que aparecen en los periódicos. Sé que es un buen hombre pues le gusta ayudar a los más necesitados. Eres afortunada de pertenecer a esa familia, Candy, una de las mejores de toda América.
-oh, pero yo soy solo la hija adoptiva de Albert. Además… renuncié a usar el apellido Andry hace mucho tiempo, según me dijo Terry.
-bueno, de todos modos estoy seguro de que te recibirán con mucho cariño.
-eso creo…
-¡Greg! ¡Candy! hasta que pude encontrarlos… - era Phillipe.
-¿Qué pasa Phillipe?
-nada, solo los buscaba para saber que harán cuando lleguemos a puerto.
-acompañaré a Candy a buscar a su familia.
-tu puedes venir también, si no tienes otra cosa que hacer – dijo Candy.
-me parece bien, pues no tengo nada que hacer. A decir verdad, estoy a tu entera disposición, Greg. ¿Cuando iremos a ver a Su….?
-¡mjum! Phillipe… tú serás mi invitado en mi casa. A mis padres les dará mucho gusto conocerte, les he hablado mucho de ti. Pero primero ayudaremos a Candy a encontrar a su familia y luego iremos a casa.
-si… esta bien – dijo Phillipe apenado pues se dio cuenta que de nuevo iba a cometer una indiscreción - ¿pero como podremos encontrar a la familia de Candy en una ciudad tan grande como Nueva York?
-no será difícil. Su familia es muy conocida en América y yo sé donde localizar a su padre adoptivo.
-oh, que bien, eso simplifica mucho las cosas.
-si. Pero ahora vayamos a trabajar, tenemos que preparar a los pacientes que serán trasladados al hospital. Vamos todos, no queda mucho tiempo – dijo Greg.
Los tres regresaron con los pacientes y los prepararon para el desembarque. Al cabo de una hora ya todo estaba listo.
El gran Mauretania sonó su silbato para anunciar a todo mundo su llegada a puerto.
Fue un momento emocionante y de gran alegría. En el barco ya todos estaban listos para bajar. En el puerto, la llegada del Mauretania era un hecho desconocido para casi todo el mundo. Solo Albert, que gracias al Duque de Grandchester se enteró de la venida del barco, supo estar al pendiente de la fecha exacta en que llegaría, y así pudo estar presente en ese momento junto a la Señorita Pony, la Hermana María, Annie y Archie.
En el puerto había varias ambulancias, los heridos fueron los primeros en bajar con la ayuda del personal médico de tierra, camilleros y enfermeras. Uno a uno fueron bajándolos a todos hasta que no quedó nadie más. Finalmente todo el personal médico a bordo empezó a bajar por el gran puente tendido entre el barco y el muelle.
Candy empezó a descender, Greg iba a su lado ayudándola a cargar su equipaje. Phillipe venía detrás de ellos.
-¡Ahí está Candy! – exclamó muy emocionada Annie al verla a lo lejos.
-¡oh, si, ya la veo! ¡Es Candy! – dijo Archie también emocionado al verla.
-¡oh si, es mi Candy! – dijo la Señorita Pony.
Albert no pudo esperar más y fue el primero en correr a recibirla. Se paró justo al pie del puente y aguardó el momento de tenerla cerca. Candy venía muy emocionada platicando con Greg cuando escuchó que alguien la llamaba por su nombre.
-¡bienvenida, Candy!
-¿eh? – ella se sorprendió de que alguien conociera su nombre. Miró al hombre que le había hablado y no supo quien era.
-¿no me reconoces, Candy? – le dijo Albert con una alegre mirada y dulce sonrisa.
Candy lo miró de pies a cabeza y luego se lo quedó mirando a los ojos… unos breves segundos fueron eternos para Candy que de pronto, al mirar su reflejo en los ojos de ese caballero rubio, una cascada de imágenes y recuerdos llegaron a su mente: la vez cuando la rescató de la cascada, cuando la consoló por la muerte de Anthony, cuando se lo encontró a media noche en Londres, cuando llegó herido al hospital donde trabajaba, cuando le reveló su verdadera identidad…y cuando lo vio llegar, vestido en su traje escocés revelándose como el príncipe de la colina, al hogar de Pony.
Candy abrió los ojos muy grandes y empezó a llorar, inundada por un cálido y hermoso sentimiento que la hizo sentirse feliz.
-¡Albert! – dijo entre sollozos y se lanzó a sus brazos como ya era su costumbre al verlo después de una larga separación. Lo abrazó fuertemente, con todo su corazón.
Albert también se conmovió mucho y se sintió muy feliz de que ella lograra recordarlo. La abrazó muy fuerte también mientras acariciaba su pelo. Estuvieron abrazados un largo rato hasta que finalmente ella levantó la cabeza para verlo a los ojos otra vez. Ella sonrió.
-te ves mucho más linda cuando ríes, que cuando lloras – le dijo dulcemente secando sus lágrimas con su tibia mano.
-¡oh, Albert! tú siempre has sabido como hacerme sentir mejor. ¡Cuantas ganas tenía de recordarte! ¡oh… no puedo creer que al fin esté en casa, contigo!
-pero no vine solo, Candy…
En ese momento Annie y Archie se acercaron a ella.
-Candy… ¡has vuelto!
-¡Annie!
Candy corrió a abrazarla en cuanto la vio.
-¡Archie! tu también estás aquí, ¡oh que felicidad verlos!
Luego de que soltó a Annie abrazó a Archie, sintió una sensación muy extraña al abrazarlo.
-¡te extrañamos mucho, Candy! y también nos preocupamos mucho por ti. Pero hubo otras personas que también se pasaron todo este tiempo pidiendo a Dios para que volvieras a salvo…
Después que dijo esto, Archie se hizo a un lado para dar paso a las dos madres de Candy que aguardaban su momento para abrazarla.
En cuanto Candy las vio ahí paradas, no pudo evitar derramar lágrimas de felicidad y agradecimiento. Instintivamente corrió a abrazar a esas dos mujeres que la miraban con una sonrisa.
-¡Señorita Pony! ¡Hermana María! – las abrazó con las lágrimas resbalando por sus mejillas.
-¡mi niña… mi Candy! – la señorita Pony la abrazó muy amorosamente – déjame verte… estás más linda…
-es verdad, Candy. Te ves muy hermosa. No sabes lo felices que estamos de verte con bien – dijo la Hermana María.
-y yo… ¡estoy sorprendida de verlas aquí! ¿Cómo es que…..?
-yo me enteré de que el Mauretania se había convertido en un barco hospital y que regresaría a América en una misión de salvamento. Supuse que regresarías, aunque no estaba del todo seguro, simplemente corrimos el riesgo… ¡que bueno que no nos equivocamos! – Albert no le quiso decir en ese momento que el Duque le había avisado y que estaba al tanto de todo.
-oh, pero ¿y ustedes señorita Pony y hermana María, como es que están aquí en Nueva York?
-Albert nos invitó a pasar una temporada en su casa. Los niños también han venido. Te esperan en casa de los Andry.
-¡oh, que bien! ¡Es maravilloso!... yo…tampoco vine sola…
Candy buscó a Greg con la mirada y se acercó a él para tomarlo del brazo.
-les presento al Doctor Gregory McDowell… mi novio.
Albert se sorprendió mucho al escuchar eso, pero no fue el único. Annie, Archie, la Señorita Pony y la Hermana María también quedaron en shock. Se miraron con cara de incredulidad pero trataron de ocultar su desconcierto para saludar al joven que Candy tomaba del brazo.
Greg también se sorprendió mucho. Pensó que, después de lo que había pasado entre ellos en el camarote, ella terminaría su relación. Nunca se esperó esto.
Candy solo lo había dicho por compromiso. Después de todo aún no terminaba con Greg, aunque pensaba hacerlo pronto. Simplemente lo utilizó de escudo para evitar dar explicaciones dolorosas sobre Terry en ese momento. No se sentía preparada para revivir el infierno que había pasado.
Albert fue el primero en reaccionar.
-mucho gusto, Doctor McDowell. Yo soy Albert Andry.
Albert lo saludó con cortesía pero con cierta desconfianza pues sabía que era él el verdadero destinatario de las famosas cartas que separaron a Candy y Terry. Y obviamente había tomado ventaja de la situación para enamorar a su sobrina.
-mucho gusto en conocerlo, señor Andry – respondió Greg.
-también quiero presentarte al Doctor Phillipe DeGaulle, un gran amigo – dijo Candy.
-un placer – Albert y Phillipe estrecharon manos en saludo.
-Greg, Phillipe, les presento a mi familia. Ellas son la Señorita Pony y la Hermana María, mis dos madres. Ellas me cuidaron, siendo yo una huérfana.
-encantado de conocerlas, señoras…. - un placer… –saludaron Greg y Phillipe.
-el placer es nuestro… -contestaron ellas amablemente.
-él es Archibald Cornwell – continuó con las presentaciones.
-mucho gusto… - lo saludaron Greg y Phillipe. De pronto recordaron todas esas pláticas en que salió a relucir el nombre de ese joven. "El probable próximo rey de Inglaterra", pensaron.
Archie también fue cortés pero también sintió desconfianza hacia Greg, sabía que era el de las cartas.
-y finalmente les presento a Annie Britter, mi mejor amiga, es como mi hermana…
Annie sonrió porque Candy no se imaginaba que de verdad eran hermanas. Y con esa sonrisa en los labios saludó primero a Phillipe, que se encontraba más próximo a ella.
-es un placer…
-encantado de conocerla, mademoiselle Britter – la saludó Phillipe con una sonrisa y su encantador acento francés.
En cuanto posó sus ojos en Annie, Phillipe quedó flechado por esa hermosísima chica de dulce mirada y cálida sonrisa. Nunca había sentido algo así al conocer a alguien. Estaba deslumbrado por ella.
Finalmente Annie saludó a Greg y así concluyeron las presentaciones y saludos.
-vamos a casa Candy, allá podremos platicar mas cómodamente. Supongo que tendrás mucho que contarnos… - dijo Albert en tono mordaz.
-si…. –respondió ella tímidamente.
-¿Nos harían el honor de acompañarnos? sería un placer que también vinieran a casa, claro, si no resulta inoportuno para ustedes – les dijo Albert a Greg y Phillipe.
-gracias, señor Andry. Aceptamos con gusto su invitación. Nosotros no tenemos prisa por llegar a casa – respondió Greg.
Él trataba de retrasar lo más posible su llegada a casa de sus padres y tener que decirles que terminaría con Susana porque se había enamorado de otra mujer.
Phillipe estuvo feliz de acompañar a Candy a su casa y quizás conocer un poco más sobre Annie.
Todos se pusieron en camino hacia la villa Andry.
Cuando llegaron, bajaron de los autos y entraron a la casa donde la Tía abuela, Lilly, Elisa y Peter los esperaban en la sala.
-familia, denle la bienvenida a Candy – anunció Albert.
En ese momento ella, junto con sus acompañantes, entraron a la sala. Ella estaba nerviosa pues no recordaba a nadie más de la familia Andry. Aunque mientras venían en el auto, Albert le contó un poco sobre Lilly y Peter.
-buen día – saludó Candy.
-¡oh! ¡Al fin te conozco, querida mía! – Lilly fue la primera en ir a saludarla y la abrazó muy emocionada. Candy se sintió un poco extraña ante tanta efusividad de esa mujer - ¡eres hermosa! mira nada mas que bellos ojos y tu pelo…
Lilly casi lloró al abrazarla pues se emocionó al tener frente a ella a la otra hija de su querida prima Alice, sin duda era su viva imagen. Pero a Candy esa reacción le pareció extraña y hasta exagerada puesto que no se conocían.
-ella es mi prima Lilly Von – dijo Albert – y él es su hijo Peter y ella es Elisa.
-encantado de conocerte, prima – la saludó Peter – se ha hablado mucho sobre ti, y mi madre y yo estábamos ansiosos de conocerte. Yo soy tu primo Peter Von.
-¿primo?... oh, eh…. mucho gusto Peter. Es un placer conocerte, eres muy gentil…
Candy no sabía como responder ante tal recibimiento de parte de ese amable joven. Dijo con mucha seguridad y alegría que eran primos. ¿Acaso no sabía él que ella era adoptada? Candy no quiso indagar ni pensar más en ello. Además, en ese momento se acercó a ella Elisa, luciendo su pancita de 6 meses de embarazo.
-Hola, Candy. No se si me recuerdes. Supongo que sabrás quien soy por todas las cosas horribles que te hice y que de seguro alguien ya te habrá contado – no quiso decir "Terry" – bueno, yo solo quería decirte que he cambiado y que ahora soy una nueva persona. También me alegra que hayas vuelto a salvo y… espero que puedas perdonarme por todo el daño que te causé en el pasado y que me aceptes como amiga. Pero si no quieres lo entenderé…
Elisa tenía una mirada que suplicaba perdón y a la vez tristeza. Candy vio en esa mirada sinceridad y sintió empatía por ella. No la recordaba, ni todas las cosas malas que le había hecho, aunque si supo por Terry algunas de sus maldades, entre ellas, que fue la causante de su separación en los días del colegio. Pero Candy no guardaba rencor en su corazón y se alegró de que Elisa hubiera cambiado, parecía sincera y quiso corresponder a su gran gesto de humildad.
-bueno, Elisa, me da gusto que hayas cambiado. Veo que ahora tienes un motivo muy grande por el cuál ser una mejor persona – dijo al notar su pancita - Y quien soy yo para dar o negar el perdón a alguien, eso solo Dios. Solo quiero decirte que ya he olvidado todo lo malo del pasado… literalmente… y si me gustaría que fuéramos amigas. Así que borrón y cuenta nueva ¿Qué dices?
-oh, Candy, eres muy buena… nunca olvidaré esto que haces por mi. Yo fui muy mala contigo, te causé daños muy grandes y tú…
-ya no mires hacia el pasado, Elisa. Debes mirar hacia adelante, siempre hacia adelante…
Candy recordó que esas palabras fueron las que Terry le dijo a ella y de pronto se sintió invadida por la tristeza, quiso llorar pero se esforzó mucho por contener las lágrimas.
Abrazó a Elisa y entonces una lágrima resbaló por su mejilla. Todos pensaron que era por la emotiva escena de disculpas de Elisa, nadie sospechó que se tratara de algo más.
-gracias, Candy… de verdad te agradezco que me des una segunda oportunidad para enmendar mis errores contigo.
-de nada Elisa…. y dime ¿Cuánto tiempo tienes de embarazo?
-6 meses, el bebé nacerá a finales de enero.
-te felicito. Cuídate mucho para que tu bebé nazca sano y fuerte.
-si.
-me alegra que ya sean amigas – dijo Albert – pero ahora debes conocer a la Tía abuela Elroy.
Candy miró a la señora Andry con mucho respeto y algo de temor. Pero la tía abuela fue muy amable.
-bienvenida a casa, Candy. Nos da mucho gusto que estés de vuelta. Esta es tu casa, espero que aceptes quedarte con nosotros, nos harías muy felices…
A Candy le apenaba mucho porque había desairado a los Andry al rechazar usar su apellido y ahora ellos le ofrecían su casa muy amablemente, no se esperaba tal recibimiento.
-gracias, señora Andry. Soy yo la que agradece su generosidad por permitirme quedarme aquí con ustedes.
-no agradezcas, esta es tu casa. Y puedes llamarme tía abuela.
-oh, pero… yo… me siento muy apenada con todos ustedes. Estoy enterada de que hace algunos años rehusé seguir usando su apellido, no tengo cara para verlos y pretender que de nuevo soy parte de su familia… no es correcto.
-no te preocupes, Candy. No tienes de que avergonzarte. No tienes que usar el apellido Andry si no quieres, pero al menos deja que te tratemos como si fueras de la familia. – dijo la tía abuela.
-yo también opino igual que la tía Elroy, Candy. Tú siempre serás parte de esta familia… porque los lazos afectivos son igual de grandes e importantes que los de sangre. Por favor, acepta quedarte con nosotros – le pidió gentilmente Albert.
Candy sintió un gran alivio al saber que no había reproches hacia ella por parte de los Andry, se sintió como si le quitaran un gran peso de encima.
-está bien… y les agradezco mucho que me reciban de vuelta. Son muy amables.
-gracias a ti por aceptar quedarte…- respondió Albert - oh, perdón, se me olvidaba algo: familia les presento a los doctores Gregory McDowell y Phillipe De Gaulle. Llegaron con Candy en el Mauretania y los invité a casa…
Se hicieron las presentaciones pertinentes, luego de lo cual Candy fue junto a Greg y anunció:
-el doctor McDowell es… mi novio.
-¡¿Qué?! – exclamó Elisa. Fue la única que no reprimió su sentir.
Era obvio que la noticia había sorprendido a todos, Greg pudo ver el desconcierto en sus rostros.
Lilly, Elisa, Peter y la Tía Elroy no cabían en su sorpresa, ¿Cómo era posible que Candy fuera novia del hombre cuyas cartas propiciaron su separación con Terry? simplemente no lo entendían.
Albert pudo darse cuenta del desconcierto y se imaginó que estarían pensando lo mismo que él cuando se enteró de la noticia en el muelle. Trató de disipar el ambiente tenso pues creyó que ese momento no era oportuno para poner las cosas en su sitio. Candy parecía contenta al lado de ese hombre ¿y si estaba enamorada de él? no quería causarle ninguna molestia. Después, con calma y a solas, hablaría con ella.
-es obvio que a todos nos sorprende la noticia, pero porque no pasamos al comedor primero y después ya nos platicarán todo lo pertinente. Vamos…
Albert fue el primero en encaminarse al comedor y todos lo siguieron.
Durante la comida el ambiente era de desconcierto aún. Candy les platicó sobre todo lo ocurrido durante la travesía pero evitó mencionar en ese momento el porqué de su decisión de embarcarse en el Mauretania.
Todos escuchaban atentamente el relato sobre la epidemia de tuberculosis y como Greg cayó enfermo. Phillipe les contó que Candy preguntaba por Greg todos los días, muy preocupada, y fue entonces que se dio cuenta de que se había enamorado de él (al menos así le parecía a Phillipe). Los Andry se sorprendieron mucho y ya estaban empezando a dudar sobre los sentimientos de Candy. Pero se les hacía difícil creer que hubiera olvidado a Terry tan rápido.
Todos estaban confundidos y hasta empezaban a creer que Candy estaba enamorada de Greg, todos menos un par de mujeres que la conocían de toda la vida, ellas se habían dado cuenta, desde el primer instante, que los ojos de candy no tenían ese brillo de amor al estar junto a Greg.
Ellas estaban seguras de que había algo raro, porque Candy no amaba a ese hombre y se atrevían a asegurar que aún amaba a Terry. La señorita Pony y la hermana María no sabían quien era Gregory McDowell. Albert no les había dicho que él era el destinatario de las infames cartas. No les mencionó su nombre cuando fue a verlas para contarles lo ocurrido.
Albert también fue otro que no creía que las palabras de Phillipe tuvieran razón. Escuchaba atentamente pero no daba crédito, algo andaba mal y él lo pondría todo en su sitio.
-Me parece que en estos tres meses en alta mar demasiadas cosas sucedieron, ¿verdad? – dijo Albert mirando a Candy y Greg con escrutinio.
-eh…si – respondió la rubia, bajando la mirada.
-la verdad, señor Andry, es que ni Candy ni yo sabíamos que esto pasaría. Pero estar en alta mar, sin poder salir del barco, sin tener a donde más ir, es muy duro. Las personas se encariñan con rapidez y los lazos se vuelven más fuertes día tras día. Creo que eso fue lo que sucedió con nosotros.
-si, es verdad lo que dice, doctor McDowell. Estando en una especie de "encierro" las personas se encariñan con los que están cerca…. pero hace falta mucho más que cariño y tres meses de aislamiento para que un sentimiento tan fuerte y profundo, llamado amor, se dé de forma tan intensa como lo que sentía Candy por Te…
-¡basta! – exclamó Candy a punto del llanto. Pero se contuvo – por favor, estoy muy agotada por el largo viaje. Si no les molesta quisiera ir a dormir un poco…
Todos la miraron sorprendidos. Albert sonrió pues esa reacción de ella confirmaba sus sospechas: ella aún amaba a Terry.
-esta bien, Candy. Ha sido una larga y dura travesía, no puedo ni imaginarme como la pasaste… debió haber sido muy doloroso – dijo esto al tiempo que miró a Greg.
Fue una mirada glacial y todos lo notaron. Greg, por su parte, no sabía como tomar esas palabras, no comprendía porqué Albert tenía esa actitud. Era como si supiera toda la verdad y le estuviera recriminando, pero, ¿por qué habría de saberlo? ¿O acaso en verdad lo sabía? ¿Se habría enterado ya de todo?
Greg empezó a sudar frío. Ahora también tendría que dar explicaciones a toda la familia de Candy y esa perspectiva le aterraba.
Annie también empezó a interpretar las actitudes y palabras de Albert hacia Greg.
-yo te llevaré a tu habitación, Candy. Ven conmigo. Todos comprendemos que desees descansar, ¿no es así? – Annie pensó que era mejor llevarse a Candy para que pudiera estar sola.
-si, claro. Anda querida, ve a descansar – dijo Lilly.
-Tomate todo el tiempo que quieras para descansar, Candy – dijo la tía Abuela.
-gracias. Discúlpenme.
-no te preocupes, Candy. Después platicamos – le dijo Albert con una sonrisa amable.
-nosotros también nos vamos – anunció Greg – también queremos llegar a casa a descansar. Espero que me permitan venir a visitar a Candy mañana…
-por supuesto – contestó Albert – es usted bienvenido cuando quiera doctor McDowell, lo mismo usted doctor DeGaulle, esta es su casa.
-gracias, es muy amable – contestó Phillipe.
-si, se lo agradezco mucho. Ahora, si nos disculpan, nos retiramos.
Greg y Phillipe se levantaron de la mesa. Greg caminó hacia Candy y la llevó del brazo. Annie y Phillipe caminaron detrás de ellos hasta que llegaron al pie de las escaleras que conducían a las recámaras.
-bueno, linda, descansa. Mañana vendré a verte, si te parece…
-Greg, no me lo tomes a mal, pero quisiera descansar un par de días… quiero estar con mi familia y ponerme al tanto de todo con todos…yo…
-esta bien, linda, entiendo. Necesitas un tiempo a solas con tu familia. No te preocupes. Te dejo mi dirección para que me mandes un mensaje cuando quieras verme. Te extrañaré mucho…
-si... Gracias por comprenderme, Greg. Hasta luego.
Greg se acercó a ella para darle un beso en los labios para despedirse pero ella sutilmente lo empujó y le dio un beso en la mejilla. Él no dijo nada y se fue.
-ha sido un placer conocerla, mademoiselle Britter. Hasta pronto – se despidió Phillipe de Annie dándole un beso en la mano.
-igualmente doctor De Gaulle. Hasta luego – respondió Annie con una sincera sonrisa que iluminó el interior de Phillipe.
Los dos caballeros se fueron y Annie llevó a Candy a su habitación. Cuando llegaron, Candy se sintió más relajada.
-Gracias, Annie…
-Estoy muy contenta de que estés de vuelta sana y salva Candy….- A Annie se le llenaron los ojos de lágrimas y la abrazó muy fuerte.
Candy sintió mucha calidez en ese abrazo y devolvió el gesto con igual cariño.
-Annie…yo estoy feliz de que estés aquí. Necesito hablar contigo y contarte muchas cosas… necesito a mi gran amiga a mi lado en estos momentos… ¡oh, Annie…!
Candy empezó a llorar y ahora fue ella quien abrazó fuertemente a su "amiga".
-Candy… no llores, ya estamos juntas y nunca, nunca nos volveremos a separar. Siempre estaré aquí para ti, te lo prometo.
-gracias, Annie – respondió Candy que no se imaginaba porqué Annie le había dicho eso.
-¿quieres hablar ahora, o prefieres descansar un poco primero?
-creo que necesito descansar primero. Han sido tantas cosas…
-lo sé… descansa Candy, luego platicaremos y estoy segura de que todo será distinto, ya lo verás.
-gracias por darme ánimos Annie.
-hasta luego, Candy. Duerme y descansa todo lo que quieras. Yo estaré aquí cuando quieras verme.
-está bien…
Annie dejó a Candy a solas en su recámara y supo que ella guardaba un profundo dolor en su corazón. Aún amaba a Terry y sabía todo lo que debía estar sufriendo. También se dio cuenta de cómo había rechazado a Greg. Definitivamente había mucho de que hablar, pero ahora ella necesitaba descansar.
Annie bajó a la sala donde ya toda la familia la esperaba para platicar de lo sucedido.
-¿Cómo está Candy? – preguntó Archie.
-como lo suponía, triste. Ella todavía ama a Terry y es obvio que no sabe nada.
-Ese doctor McDowell es un canalla y un cobarde… -dijo Albert, estaba muy molesto.
-¿pero porqué lo dices, Albert? – Preguntó la señorita Pony – Durante la cena noté que él no te agrada, ¿Qué hay de malo con él?
-señorita Pony, ese hombre es el verdadero destinatario de las cartas que Candy creía que eran de Terry… y ha tomado ventaja para quedarse con ella a costa de su sufrimiento.
-¿quieres decir que él sabe que Terry y Candy se separaron por culpa de sus cartas y no se lo dijo a Candy a propósito, para quedarse con ella?
-así es, señorita Pony. Por eso estoy tan enojado y no lo pude ocultar. Me da rabia saber que él la está engañando, está tratando de retenerla a su lado aún sabiendo lo mucho que ella ama a Terry y sufre por él. ¿Qué clase de amor es ese?
-entiendo…pero no debemos juzgarlo tan duramente. Toda historia tiene dos versiones. Me parece que habríamos de escuchar su lado de la historia. Estoy segura de que ese hombre actuó así por una razón muy fuerte, nosotros no somos nadie para juzgarlo, solo Dios nuestro señor, y él pondrá las cosas en su sitio, ya lo verás.
-es usted muy noble, señorita Pony. Con razón Candy y Annie tienen tan buen corazón…
-la señorita Pony tiene razón – añadió Lilly – debemos darle una oportunidad al doctor McDowell. Si ha cometido un error a causa del gran amor que siente por Candy, nosotros deberíamos darle la oportunidad de enmendarlo.
-pero ¿y si él no piensa decirle nunca la verdad a Candy?
-no creo que eso pase, Annie. El amor puede llegar a expresarse de formas muy extrañas pero siempre, siempre, se busca el bienestar y la felicidad de la otra persona… así que estoy segura de que el doctor, tarde o temprano, le dirá la verdad a Candy…solo espero que no sea demasiado tarde.
-¿y que hay de Terry? – Preguntó Elisa – él también debe estar sufriendo mucho y creo que es él la víctima más afectada por todo esto.
-es verdad – la apoyó Peter – Terry fue victima de una falsa acusación. Candy cree que él es culpable de una traición que no cometió, es un inocente sufriendo una condena injusta. Me parece que él también merece que su nombre se limpie ante los ojos de Candy lo antes posible, cada día que pasa es como una tortura para él también, un castigo injusto…
-vaya, Peter, lo defiendes como si fuera un preso juzgado injustamente – dijo Archie.
-bueno, primo, soy un abogado, no lo olvides.
-pero lo que dices tiene mucho sentido… no debemos permitir que Terry cargue con una culpa y una condena injusta – añadió Albert.
-¿y que podemos hacer, entonces?
-lo mejor será que hablemos con el doctor para decirle que estamos al tanto de todo y que esperamos que le diga la verdad a Candy él mismo – dijo la tía abuela.
Todos asintieron con la cabeza en señal de acuerdo.
-¿y cuando hablaremos con él? – Preguntó Archie – cada día que pasa es una tortura para Candy.
-bueno… yo pensaba organizar una fiesta aquí en la casa, solo para nosotros, para celebrar el regreso de Candy y también darles a conocer una noticia… me parece que debemos invitar a los doctores y esa ocasión será la oportuna para aclarar todo – dijo Albert.
-¿una fiesta? suena bien, a Candy le hará bien distraerse un poco…. ¿pero que noticia es esa que nos quieres decir, querido Albert?
-todo a su tiempo, prima Lilly…. la fiesta será este sábado. Así que cuento con ustedes para los preparativos y Annie, tú y Candy pueden ir de compras, así la tendrás entretenida un poco.
-está bien. Aunque Candy nunca ha sido afecta a ir de compras… bueno, nunca tuvo esa oportunidad…
-pero ahora la tiene, y a todas las chicas nos gusta ir de compras, le gustará, estoy segura – dijo Elisa.
-bueno, ya está todo dicho. Gracias por su apoyo, familia.
-gracias a ti, querido Albert. La familia Andry está más unida que nunca ahora que tú estás a la cabeza. Me siento muy orgullosa de ti…
-oh, tía abuela, gracias por sus palabras. Yo me siento feliz de que todos estemos bien y unidos…
-todos menos Margaret… no sé porqué pero no me puedo quitar de la cabeza que ella sabe algo sobre lo que pasó con las niñas hace 18 años… quisiera estar equivocada, porque es mi prima, es familia… pero…
-bueno Lilly, si ella sabe algo, saldrá a la luz tarde o temprano. Las cosas siempre caen por su propio peso.
-bien dicho, tía Elroy – dijo Peter – a veces la justicia humana es torpe y lenta, pero la justicia de Dios nunca llega tarde y sin falta, llegará…
Y con esas palabras de Peter los Andry se dispusieron cada quien a sus cosas.
Albert se fue a la oficina de telégrafos para mandar un mensaje al Duque de Grandchester. Elisa se fue a descansar, su embarazo iba bien pero a veces se cansaba demasiado. Su madre, Lilly, siempre estaba a su lado. Peter iba a la oficina de Albert a ayudarlo con diversos asuntos jurídicos, dado que era abogado. Archie estaba dedicado en cuerpo y alma a sus estudios, ya le faltaba menos de un año para terminar y estaba trabajando ya en su proyecto de tesis. Annie no tenía nada que hacer y eso la frustraba. Ya había terminado de leer todo el álbum familiar y ya no tenía otra cosa que le sirviera de distracción. La tía abuela siempre se la pasaba en sus aposentos y, desde que la señorita Pony y la hermana María estaban en la casa, recibía sus visitas todas las tardes para tomar el té.
La señorita Pony, la hermana María y los niños habían visitado ya algunos lugares de Nueva York. Estaban pasándola bien.
En cuanto llegó a la oficina de telégrafos Albert fue directo a mandar su mensaje al Duque de Grandchester, le contó todo sobre el regreso de Candy.
El día transcurrió en calma. Candy se había quedado profundamente dormida, no supo en que momento cerró los ojos pues no dejaba de pensar en Terry y en los bellos momentos vividos a su lado.
Por su parte, Greg llegó a casa de sus padres. Fue una sorpresa para ellos cuando la sirvienta les visó que su hijo estaba ahí.
-¡Greg! ¡Hijo! no puedo creer que estés aquí…
-hola, mamá. Quise darles la sorpresa.
-¡y es una grata sorpresa, hijo! no esperábamos verte tan pronto. – dijo su padre.
-si, han pasado muchas cosas… ya les contaré. Pero primero quiero presentarles a mi amigo, el doctor Phillipe DeGaulle.
-¡oh, es un placer conocerte al fin, Phillipe! perdón que te hable de tu, pero es que Greg siempre nos habló de ti que ya te sentimos como de la familia. Bienvenido.
-gracias señora McDowell, es un placer para mi también conocerlos.
-mucho gusto, Phillipe, nos alegra que estés aquí.
-gracias, señor McDowell…
-hijo, ¿Por qué no nos habías escrito? Susana ha venido todos los días a preguntar si tenemos noticias tuyas y lamentablemente le tenemos que decir que no… ha estado extrañándote mucho…
-mamá… no se como decirles esto, es muy difícil para mi…yo… me enamoré de otra chica en París.
-¡Queeeee! pero… ¿Cómo es posible? si Susana ha sido el amor de tu vida y tu estabas tan feliz y enamorado cuando te fuiste…, no, debes estar equivocado, no es amor lo que dices sentir por esa chica…
-no estoy equivocado mamá, la amo y… ella vino conmigo, somos novios.
-Hijo… nunca pensé decirte esto pero… estás actuando como un canalla, tu no has terminado tu relación con Susana, tienes dos novias en este momento, eso no está bien… yo no te eduqué para ser un patán, Greg, ni un mujeriego ¡me siento avergonzado de tu comportamiento!
-papá…yo… sé que no he actuado de la mejor manera. Yo vine precisamente para terminar mi relación con Susana, pero no he tenido el valor para romperle el corazón… traje a Phillipe para que la ayude con su recuperación, como se lo prometí…
-pero esa no es la promesa que a ella le hubiera gustado que cumplieras… - intervino su madre - prometiste amarla y hacerla feliz el resto de sus vidas, prometiste que volverías para casarte con ella, esa ilusión es la que la ha mantenido todos estos meses. Le romperás el corazón, hijo…
-lo sé, mamá, y por eso se me ha hecho tan difícil siquiera escribirle. No quería decirle por medio de un frío telegrama que ya no la amo. Quise venir y dar la cara…
-¡oh, Dios! no sé que va a pasar ahora… ¡Constance no querrá vernos nunca más!
-a mi lo que me preocupa es que Susana no quiera continuar con el tratamiento, mamá… eso es lo más importante.
-¿y crees que ella va a aceptar tu ayuda después de que le digas que la cambiaste por otra?
-no lo sé… pero espero que acepte, por su propio bien.
-eres muy optimista, hijo – dijo su padre – pero las cosas no serán tan fáciles.
-eso lo sé… ya veré la forma de que Susana acepte la terapia de Phillipe.
-¡Dios la ayude!... pero dinos, ¿Quién es esa chica de la que estás enamorado? ¿Dónde está?
-la acabo de dejar en casa de su familia, los Andry….
-¡¿queee?! ¿Es una Andry?
-si mamá ¿Por qué te sorprende?
-es que… ¡es una Andry! la mejor familia de toda América… pero ¿Cómo la conociste?
-ella es enfermera, y la conocí porque trabajaba en el mismo hospital que yo, fue mi asistente durante un tiempo y… es tan maravillosa y hermosa que no pude evitar enamorarme de ella, simplemente es la mujer que siempre soñé tener a mi lado por el resto de mi vida.
-lo mismo decías de Susy, y ya vez…
-pero Candy es distinta, es única… cuando la conozcan sabrán porqué me enamoré de ella.
-no…aún no lo puedo creer. ¡Me niego a aceptar esa relación! – dijo su madre enérgicamente.
-lo siento, mamá, pero es mi felicidad, yo la amo… aunque… tal vez tus deseos se hagan realidad… si nos disculpan, queremos descansar. No se preocupen por nosotros. Yo le mostraré a Phillipe en qué habitación se quedará. Ven Phillipe…
-pero… ¡Greg!
-disculpen las molestias – dijo Phillipe un poco avergonzado por la escena y se fue con Greg.
-¿Por qué habrá dicho eso? – dijo la señora McDowell
-no lo sé, querida, pero creo que no debemos meternos en este asunto. Greg es un adulto y dueño de su vida, a nosotros solo nos queda aceptar lo que él decida… esperemos a conocer a esa chica, después podrás opinar.
-está bien… después de todo es una Andry… no sería mala idea emparentar con ellos…
-¡que cosas dices, mujer!...
Mientras los padres de Greg discutían sobre la bomba que les acababa de soltar su hijo, él estaba mostrándole su recámara a Phillipe.
-Greg… creo que tus padres tienen razón al decir que Susana rechazará toda ayuda proveniente de ti. ¿Qué vas a hacer?
-no lo sé, Phillipe, algo se me ocurrirá.
-¿y cuándo piensas ir a verla?
-eso tampoco lo sé… ¿Por qué tiene que ser todo tan complicado?
-bueno, tu eres el único responsable…
-por favor, Phillipe, no me vengas con regaños, es lo menos que necesito en estos momentos. Mejor ayúdame a pensar en como hacer para que Susana no rechace tu terapia.
-ufff, no será sencillo… todo sería más fácil si no tuvieras que romperle el corazón…
-¡Phillipe! ¿Qué has dicho?... ¡eso es!
-¿Qué cosa?
-no voy a terminar con Susana aún. Esperaré a que ella inicie su tratamiento y cuando esté haciendo progresos se lo diré.
-¿Qué? ¿Acaso piensas llevar una doble vida? estás jugando con fuego, Greg. No es justo ni para Susana ni para Candy.
-pero es la única solución, por el bien de Susana, ella tiene derecho a rehacer su vida de la mejor forma posible.
-oh, Greg. No sé porque presiento que esto no terminará bien…
-no seas pesimista, Phillipe. Todo saldrá bien… todo saldrá bien…
Greg siguió repitiéndose a si mismo que todo iba a salir bien, pero una parte de él temía que no fuera así. ¿Cómo terminará todo esto? se preguntaba Phillipe. Él ayudaría a Greg aunque no estuviera de acuerdo. Solo el tiempo se encargaría de revelar la respuesta a esa pregunta.
