Fairy Tail y sus personajes no me pertenecen.


Sin Caer en el Amor


"Un padre no es el que da la vida, eso sería demasiado fácil, un padre es el que da el amor"


Silver Fullbuster


Se suponía que ese sería el momento más feliz de mi vida, que tendría que estar sonriendo por tener en mis brazos lo más importante que ella me había dado. ¿Pero cómo podía ser feliz si no podía compartirlo con ella? Una semana había pasado, una larga semana y el dolor no acababa a pesar de quererlo con todas mis fuerzas.

Gray se removió inquieto en mis brazos, ¿tendría hambre? ¿el pañal? ¿le dolería algo?

—Si tu madre estuviera aquí… Ella sabría que hacer.

Pero hace cinco días había enterrado a mi esposa. Mika no iba a ayudarme, no esta vez.

Sujeté mejor al bebé entre mis brazos y lo llevé hacia su cuna, Gray a pesar de sus pocos días miraba atento cada uno de mis pasos y acciones. Le sonreí.

Después de cambiarle el pañal, se durmió, estaba seguro que despertaría en menos de una hora para comer. Fui a la cocina para prepararme un café, sentí mi pecho pesado, la extrañaba tanto, semana atrás ella estaba a mi lado diciendo que había roto bolsa, que nuestro hijo vendría al mundo, nunca hubiera creído que podría perderla a ella…

Serví una taza llena y camine lentamente hasta la habitación del bebé, sobre la cuna había un cuadro que Mika había hecho con sus propias manos "Aquí descansa el fruto de nuestro amor"

Mis ojos se llenaron de lágrimas, Gray era el fruto de nuestro amor… Lo vi dormir, era un ángel. Estaba seguro que Mika no nos abandonaría del todo.

Al día siguiente María llegó para ayudarme, como toda abuela amaba muchísimo a Gray, a pesar de que nuestra relación no era la mejor, no es como si nos tuviéramos rencor o algo, ella jamás acepto que su hija se casara conmigo, un hombre sin futuro aparente…

Y como madre podía notar el dolor tan solo en su mirada.

—¿Cómo te las arreglas, Silver?

—Bien, no es fácil pero Gray se porta bastante bien.

—Me he enterado lo de tu trabajo. ¿Qué harás? —Cuestionó alzando sus cejas, apartando por primera vez su mirada del niño hacia mí.

—Todavía no lo he pensado seriamente, es muy probable que busque algo nuevo y…

—¿…El niño? ¿Piensas dejar a Gray solo? —Interrumpió.

—No, no lo sé.

—¿Piensas ir a buscar trabajo con él?

—No, claro que no.

—¿Qué harás a fin de mes cuándo tengas que pagar el alquiler de la casa?

—María no he pensado en esas cosas…

—Tienes que pensarlas. Tu familia te ha dado la espalda, mi hija ha muerto, tienes a un niño a tu cargo ahora…

Nunca creí que los sueños más bellos podrían convertirse en terribles pesadillas, vivía una pesadilla desde que Mika se había ido de mi lado. ¿Pero qué podía hacer? No podía seguir lamentando su muerte, no podía deprimirme y tirarme en una cama para ver como los días pasaban, debía mantener a salvo lo más preciado que ella me había dejado… Nuestro hijo.

Y aunque los días pasaron, nada mejoro. Apenas teníamos para comer y no podía seguir pagando el alquiler de la casa, me echarían a la calle. Mi familia me ignoraba y Maria no había vuelto a ver al niño desde hace semanas, estaba solo, con Gray, que me miraba como pidiendo explicaciones, como si supiera que todo iba mal, que lloraba, que lloraba tanto, de hambre, tal vez de frío, y sus ojos… Sus ojos tan idénticos a los de ella me miraban con tanta tristeza.

No tuve opción, ¿entienden? No tuve otra opción. Gray no tenía futuro a mi lado, no podía darle una familia, no podía darle amor, no podía darle ni siquiera un techo donde vivir. Así que me enteré sobre ese orfanato, aceptarían a Gray y mientras él estuviera allí podría verlo. Todavía recuerdo su primer añito, o cuando corrió a mis brazos llamándome "Papá", era un niño tan dulce e inteligente, bueno como su madre, que estaba seguro que lo cuidaba siempre. El primer año fue complicado, vivía en una pensión donde la mayoría era o borracho, drogadicto o trabajaba como prostitutas, llegué a robar para poder comer y es algo que jamás podría perdonarme. Viví en la miseria pero siempre estuve orgulloso de haber tenido el valor y no haber arrastrado a Gray conmigo, a esa vida. Durante el segundo año de vida de mi hijo no hubieron muchos cambios, recién al tercero puede decirse las cosas comenzaron a cambiar. Conocí a un hombre, un anciano, la gente menosprecia mucho a los de tercera edad cuando sus conocimientos son impresionantes. Él un día se me acercó, me señaló y se rio de mí. No entendía. No conocía a ese sujeto.

—No eres de por aquí….—Me dijo.

—No soy de ningún lado. —Respondí.

—Tu mirada no dice lo mismo.

Le conté mi historia, sobre mi hermosa esposa y sobre mi preciado hijo. Él me enseñó que robar no lo era todo cuando se toca fondo, que había otras maneras de sobrevivir, me enseñó todo lo que sabía acerca del medio ambiente y del reciclaje, me metió en el "negocio", fue de a poco, muy lento, tarde casi dos años en consolidar algo estable, una pequeña máquina que me daba lo suficiente como para tener un "sueldo", para alquilar una casa y, sobre todo, alimentar a un niño.

Hacia un año que no veía a Gray, me había propuesto crecer laboralmente antes de volver a mirar a los ojos a mi hijo. Quería que la próxima vez que nos veamos pueda llevarlo conmigo y saber que a partir de ese momento nada le haría falta.

Pero a veces las cosas no suceden como uno las planea, la vida tiene sus vueltas, sus idas y vueltas a las cuales tenemos que estar preparados, porque vienen, vienen de sorpresa, y claro, no preguntan si estás listo, simplemente te pasan por encima.

No puedo explicar lo que sentí al saber que mi hijo había sido adoptado. Supliqué, casi de rodillas, que me dieran la información de la familia con la que había terminado. ¡Era el padre, maldición! Tenía derechos. Derechos que se me negaron y no supe que hacer.

Paso medio año hasta que encontré a Ur, al conocerla me di cuenta que Gray había tenido una muy buena suerte al terminar en sus manos. Cuando me presente a su puerta, ella no se negó a hablar conmigo y que tuviéramos un acuerdo, si bien desde un principio me dejo claro que no tenía intenciones de dar marcha atrás con la adopción de mi hijo tampoco me negaría el poder verlo, o venir a visitarlo. Tuvimos un trato, así fue como un día lo volví a ver.

Un niño de pelo negro y ojos grises brillantes entraba a la sala donde Ur y yo estábamos tomando café, sus ojos chocaron con los míos y sentí mi vida caer a mis pies. Estaba tan grande, tan hermoso, se lo veía feliz. Atrás de él entro una niña, ella también me miro curiosa pero ninguno de los dos dijo nada.

—¿Tus hijos? —Pregunté, sabiendo la respuesta.

—Así es…—Me respondió Ur. —Él es Gray. —Dijo dándole la mano a mi pequeño. —Y ella es Ultear. —Le sonrió a su niña.

—Un placer, soy… Zero, amigo de su madre. —Di mi segundo nombre.

—Hola. —Dijo la voz chillona de la niña. Le sonreí. Gray no dijo nada, solo me miraba.

—Ultear… ¿Me ayudas a preparar algo para que tomen ustedes? —Ur se levantó y tomó del hombro a la pequeña para llevársela a la cocina.

Gray y yo quedamos solos. No podía dejar de admirarlo. De ver lo grande que estaba, su ropa, su rostro, sus ojos…

—¿Cuántos años tienes?

Gray levantó su manito mostrándome sus cinco dedos.

—¿Vas a la escuela?

—Síp…—Me respondió. —Aunque no me gusta mucho…

—¿Por qué?

—Hay un niño que me molesta, mamá dice que lo ignore pero ¡no puedo! Él siempre busca pelea.

—Las madres no entienden de eso, ¿verdad?

Él asintió con la cabecita con mucha energía. Reí, era un niño adorable.

—¿No trataste de ser su amigo? Tal vez solo quiere jugar contigo

—¡Diug! ¡Jamás sería amigo de un niño con el pelo rosa! ¡Es raro!

—¿De verdad crees qué es raro? Yo creo que es genial. —Hice una mueca de asombro. Gray parpadeó varias veces.

—¿En serio?

—Por supuesto. ¡Yo no tengo ningún amigo con ese color de pelo!

—Pues sí… Tal vez es algo genial.

—¿Ves? Podrías intentar jugar con él.

Jamás pensé que ese niño se transformaría en el mejor amigo de mi hijo. Gray ni debe acordarse de ese día, ni de esa conversación pero fue el día más feliz de mi vida.

Pero la segunda vez que nos vimos… Fue todavía más asombroso.

Ur me había dicho que Gray había llegado algo decaído de la escuela. No quería salir de su habitación, así que… Intenté hablar con él.

—Hola. —Dije al verlo sentado en la alfombra. —¿Puedo sentarme?

Alzó su mirada, sus labios estaban fruncidos pero asintió. Rápidamente volvió a jugar con los autitos que tenía en la mano.

—Ur me dijo que no quisiste comer. ¿Ha pasado algo?

—No tengo hambre.

—Pero tienes que alimentarte para poder crecer…

Él me ignoro. Seguía jugando…

—¿Esos son tuyos? —Señalé los autitos.

—¡Sip! —Su cara cambio en el instante. —¿Quieres jugar?

—Claro.

—¡Tu eres el rojo! ¡Yo soy el azul!

—Run run... —Dijo él mientras hacia rodar el autito por la alfombra. —Cuando sea grande voy a tener un auto azul, ¿sabías? ¡Y seré un corredor de carreras profesional!

—Whoau… ¿De verdad? ¿Podré ir a verte?

—Claro. Mami, Ultear y tu van a ir, y yo tendré un super auto de carreras.

—Me parece perfecto. ¡Tendremos un cartel enorme para alentarte! Y cuando salgas campeón tendrás todas chicas lindas a tu lado.

Hizo una mueca. —Que asco las niñas.

—¿No quieres tener chicas lindas a tu lado? —Reí. Él pareció pensarlo por un segundo y negó con la cabeza.

—Las niñas son molestas. ¡Y no le gustan los autos!

—¿Tu crees?

—Claro. —Me respondió.

Estuvimos jugando un buen rato, tanto, que perdí la noción del tiempo. No me importo. De verdad no me importo.

—¿Tienes hijos? —Me preguntó de golpe.

—No, no tengo. —Respondí con una sonrisa fingida. Era doloroso tener que responder eso pero debía mantener mi trato con Ur. Gray pareció sorprendido. —¿Por qué preguntas?

—Pensé que… Es que. —Su mirada se escondió tras su flequillo. —Los niños en la escuela me molestan.

—¿Por qué razón hacen ello?

—Yo no tengo papá…

Mi corazón se rompió al escuchar eso.

—Pero tienes a tu mamá, a tu hermana…

—Pero no tengo un papá. Muchos niños salen corriendo a los brazos de su papá, y yo… No tengo. Y se burlan de mí, porque el día del padre no tengo a quien darle un regalo o cuando hacemos dibujos y mi familia solo son mamá y mi hermana.

—¿Y eso te pone mal?

Se encogió de hombros. Suspiré, me senté mejor y golpeé mi pierna para que Gray se sentara sobre ella.

—Hagamos algo… —Comencé. —Yo no tengo un hijo… Y tu quieres un padre. Yo seré tu padre… Si tu eres mi hijo.

—¿Eso se puede? —Preguntó Gray sorprendido.

—Claro, seremos padre e hijo de corazón.

Aquel día fue hermoso. Gray me abrazó, era tan feliz con ese niño, con tan solo tener el placer de verlo crecer, crecía tan rápido. Cumpleaños, reuniones, él siempre me tenía en cuenta para todo, y claro… Mi vida también fue progresando, en seguida mis negocios se extendieron, mi calidad de vida mejoro muchísimo, más de lo que jamás hubiera imaginado. Y era feliz, tan feliz al ver que podía dar una mano a Gray. En sus estudios, en darse pequeños gustos, viajes con amigos, ropa, chucherias, a mi hijo jamás le falto nada. Tuvo el amor de una madre, el de una familia que le dio calor y también el calor de un padre, que quiso remendar sus errores.

Cuando Ur murió, Gray era adolescente, una etapa tan complicada… Logré desesperarme junto con él, sentía que volvía a fallarle a la única razón que tenía para seguir adelante. Gray… Se caía, y yo no podía hacer nada.

Fue una etapa dolorosa para todos, pudimos ponernos en pie y seguir adelante, tuve que limpiar los golpes de vida de Gray, por primera vez sentía que mi hijo se apoyaba en mí aunque luego sus decisiones me dieran dolor de cabeza.

Cuando me habló de Juvia por primera vez me sorprendí, creí que jamás llegaría esa chica que le cambiaría la vida. Juvia Loxar era una muchachita adorable, divertida, un poco tímida pero al conocerla, al verla a los ojos no dude ni un segundo de lo mucho que ella amaba a Gray. Esos ojos azules brillaban cada vez que hablaba de mi hijo.

Fue una pena cuando me enteré que se había marchado a Estados Unidos, aunque podía ver claramente que Gray no aguantaría mucho sin ella. Conseguí la motivación que necesitaba para que decidiera involucrarse en la empresa. Fue hermoso ver a Gray metido de lleno en el trabajo. Sabía que podía confiar en él para esto.

Habíamos acordado tener una reunión por la mañana, a la cual no pude asistir por una pequeña conferencia que tuve que un futuro cliente. Brandish se había encargo de informar a Gray, de todas formas quise pasarme a ver como había ido todo. La muchacha era de confianza, una excelente profesional pero con muy poca paciencia y demasiado ambiciosa.

Cuando Gray me mencionó que quería buscar a sus padres me vi desnudo ante él. Sentí que no podía seguir ocultándole nada. Absolutamente nada. Vi el miedo en sus ojos, vi su necesidad de saber y su dolor, sobre todo el dolor. Mi hijo estaba sufriendo y ya no podía permitir eso.

—…Soy tu padre. —Solté, sin pensarlo demasiado, sin medir las consecuencias. Gray me sonrió tanto así que le devolví la sonrisa.

—Lo sé. Nadie te quitara ese lugar. Siempre serás como mi padre.

Reprimí un suspiro. No me había entendido. Tenía que aclarárselo, con el tiempo todo sería peor. Ya era bastante malo.

—No, Gray… Perdón. —Mis lágrimas habían empezado a caer antes de tiempo, mi pecho dolía al ver el gesto con el cual me miraba. —Perdón hijo.

— ¿Qué estás diciendo?

—Soy tu padre… —Repetí. —…soy quien te dio en adopción cuando eras un bebé. Soy quien no tuvo el coraje para decirte la verdad durante todos estos años, tenía tanto miedo de que me odies… De que ya no quisieras saber de mí.

—No, no puede ser. —Llevó sus manos a su cabeza y cuando lo ví llorar… Algo volvió a romperse. —¡Tu… Tu nombre! Tu… ¿Me mentiste?

—No podía decirte mi verdadero nombre…Silver Fullbuster.

—¿Silver? Pero y Ur…Ella. ¿Ella sabia? ¿Por qué? ¿Por qué demonios nunca me dijiste la verdad?! ¿Por qué me mentiste? ¿Por qué … —Sentí sus manos en el cuello de mi camisa, la bronca con la que me alzó del suelo, me sacudió, ví aún más dolor en sus ojos. Me lo merecía, ¿verdad?

—Hijo, déjame explicarte…

—¡No me llames hijo! —Dijo entre dientes. — ¡Ya no tienes ese derecho! ¡Confiaba en ti! ¡Me mentiste todos estos años! Me hiciste creer… Creía en ti. ¡Maldición!

—No podía hacerme cargo de ti. No quería hacerte vivir todo lo que pase… Y luego, cuando todo mejoro Ur ya te habia adoptado, y ella te daba tanto amor, y tu eras tan feliz.

Me soltó.No podia interpretar sus gestos, veía mezcla de emociones en todas sus expresiones.

—Por favor, déjame que te explique.

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.

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Continuará.


Buenas!

Tenia planeado otro capítulo pero salió esto. Espero les guste, en el próximo se viene el momento que todos esperan. ¿Alguien dijo Gruvia?

Espero traérselos pronto. Que pasen un lindo finde. Nos leemos.

Sugar.