N/A: Antes que nada quisiera agradecerle a cada uno de ustedes por leer Enamorado de mi tutora. Escribir este fic fue muy importante para mi, pero sobre todo porque ustedes, con sus comentarios, me alegraban los dias! Aun no puedo creer que tantas personas hayan disfrutado leyendo mis locas ideas y nunca dejare de agradecérselo! Los quiero a todos! Un beso enorme, sobre todo para esos que se tomaban la molestia de comentar! Son los mejores lectores del mundo!


Trece años después.

Konoha no había cambiado mucho, a excepción por la gente que ya no parecía ser la misma. Aun así, Naruto, Kiba y Shikamaru seguían siendo tan amigos como siempre y pese a que por diversas razones ya no podían verse tan seguido como antes, siempre reservaban algún momento de la semana para juntarse. Aquella noche Kiba los había llamado para que después de sus respectivos trabajos pasaran a tomar algo al bar de Jiraiya, que ahora le pertenecía a otra persona, pero que había conservado el nombre. Aquella noche más que nunca el chico necesitaba compañía.

Los tres amigos y el resto de la pandilla terminaron la secundaria a tiempo y la mayoría de ellos pudo continuar estudiando en la universidad. Como habían predicho, los dos siguientes años que estuvieron en la secundaria Konoha fueron muchos más tranquilos que su quinto año, pero aun así lo pasaron bastante bien. Chouji pasó por varias carreras antes de decidirse por gastronomía, la cual ejercía hasta el momento. Shino siempre supo que lo suyo eran los insectos, pero ninguno de sus amigos sabía muy bien que hacia exactamente ya que se les hacía muy difícil prestarle atención cuando él les hablaba de su trabajo. Sai se dedicó a la pintura. Unos años después de que se graduaron él e Ino comenzaron una relación de noviazgo y aunque todavía estaban juntos, cada tanto terminaban, juraban que nunca más volverán a hablarse y luego volvían a empezar.

Sakura e Ino siguieron siendo amigas, pero cortaron toda relación con Karin. La chica siguió en su búsqueda por el hombre perfecto pero todavía le costaba trabajo encontrarlo. La última vez que Naruto y los demás habían hablado con ella, les contó que había tenido noticias de Sasuke, a través de Itachi. Resulta que el Uchiha era un empresario muy exitoso y tenía mucho poder en Konoha, pero nunca se le conoció pareja alguna. Según su hermano, el menor optó por una vida solitaria, dedicada al trabajo. Para Sakura aquello fue casi como una invitación a buscarlo pero por más de que lo intentó en repetidas ocasiones todos sus intentos fueron en vano.

Kankuro siguió siendo muy amigo de todos ellos y puso su propio taller de madera en el que vendía varios objetos muy raros, como marionetas y otros adornos bastante espeluznantes. Su taller no estaba tiendo mucho éxito pero al menos él estaba feliz dedicándose a eso. De vez en cuando tenía que recurrir a Gaara y pedirle prestado dinero, eso sí.

Orochimaru volvió buscando trabajo en el último año de clases de los tres chicos. El profesor intento hacerle lo mismo que le hizo a Tayuya a otro alumno en Otogakure, pero no fue muy afortunado aquella vez y lo descubrieron. Como ya todos sabían el tipo de hombre que era Tsunade por fin abrió los ojos y no le dio el puesto. No se supo mucho más de él aparte de que terminó en la calle, tocando música en las esquinas y pidiendo limosnas. Ni siquiera de esa forma pudo salir de la miseria a la que él mismo se llevó.

Pero de todos los estudiantes que alguna vez pasaron por la secundaria Konoha, el nombre que más se escuchaba por todas partes era el de Hidan. El chico estuvo fugitivo un par de años y nunca lograron encontrarlo luego de la muerte de Asuma. Sin embargo, no mucho tiempo después se vio envuelto en un nuevo crimen y aquella vez ya no tuvo tanta suerte. Pasó dos años dentro de la cárcel y luego quedó libre por buena conducta. Nadie podía creer aquello. Lo que nadie había sospechado era que el chico había creado su propia mafia allí dentro con los otros reos y a pesar de que entraba y salía constantemente, él se había convertido en una de las cabecillas de los delincuentes más poderosos de toda la cuidad. Tenía a gente trabajando para él tanto adentro como afuera de la cárcel y se creía que hasta los policías le temían y preferían llegar a acuerdos con él antes de enfrentársele. Casi todas las veces que había vuelto a ser encarcelado había sido porque él mismo lo necesitaba. Shikamaru contó que lo vio una vez y aunque se veía igual que siempre, con su pelo plateado peinado hacia atrás y ese típico aspecto de mafioso, sus brazos y cuello ahora estaban llenos de tatuajes y su rostro de piercings. Se veía mucho más peligroso que antes si es que eso era posible.

-¡Hola Kiba! ¿Cómo estás? – preguntó una voz llena de euforia que venía desde atrás de la espalda del moreno. Kiba se dio vuelva y saludó a su mejor amigo, Naruto.

-No muy bien – respondió el Inuzuka, encogiéndose de hombros. - ¿Shikamaru va a venir?

-Sí, me llamó hace cinco minutos y me dijo que viene en camino.

Naruto era el que más trabajaba de los tres. Se había vuelto profesor de gimnasia y con los años había llegado al puesto de director de la secundaria en la que ellos habían estudiado. Además de eso era entrenador del equipo de futbol del colegio, y trabajaba los fines de semana en un gimnasio como personal trainer. Pero nada de eso era lo que le ocupaba más de su tiempo. Eran sus hijos los que siempre lo mantenían ocupado y el trabajo que Naruto más disfrutaba. Él y Hinata continuaron su noviazgo y cuando ambos terminaron sus carreras universitarias se casaron. Un mes después se entraron que Hinata estaba embarazada del que sería su primer hijo y a quien nombraron Ramen. Ya tenían tres hijos y Hinata estaba embarazada de un cuarto. Neji había sido el padrino de Ramen, Shikamaru fue el padrino del segundo hijo, Kiba del tercero y aun no decidían quien sería el padrino del cuarto. Pero todavía les quedaba siete meces para tomar aquella decisión. El padre de Hinata volvió a hablarle cuando ella quedó embarazada por segunda vez. La relación que tenían era distante y muy formal pero al menos se encontraban en buenos términos.

-Hola chicos – dijo una voz que arrastraba las palabras, unos cinco minutos después de que el rubio llegó al bar – quería venir antes, pero mi jefa me llena de trabajo.

Shikamaru era un excelente ingeniero y hace aproximadamente seis meses que trabajaba para una de las empresas constructoras más importantes de Konoha. Ya había formado parte del equipo de otras empresas antes pero constantemente recibía mejores ofertas de distintas compañías dado que su trabajo era como el de ningún otro. Desde que había salido de la universidad que no había tenido que pasar por el estresante proceso de buscar trabajo ya que siempre le sobraban las ofertas. Ésta era la primera vez que él mismo estaba buscando un nuevo empleo por su propia cuenta. La empresa en la que trabajaba actualmente era muy grande y su sueldo era envidiable pero había una razón muy importante por la que él chico se quería cambiar. Su jefa directa era nadie menos que Temari. Después de un mes trabajando para ella, comenzaron una relación en secreto. La política de la institución prohibía cualquier tipo de relación que sobrepasara lo estrictamente laboral entre sus empleados, así que Shikamaru había tomado la decisión de que tendría que elegir entre Temari o su trabajo. Como las cosas entre los dos iban mejores que nunca, el chico optó por buscar un nuevo empleo y conservar su relación con la chica, esta vez ya no sería en secreto.

-Al menos viniste – le contestó Kiba, tomándose lo que le quedaba de cerveza en un solo trago.

-Lamento mucho tu perdida – le dijo el pelinegro, apoyando su mano sobre el hombro de su amigo. Kiba negó con la cabeza.

-Tuvo una buena vida, además estoy seguro de que está en un mejor lugar – dijo y tan pronto como tuvo un nuevo vaso de cerveza en su mano, lo alzó y dijo: - ¡Por Akamaru! ¡El mejor perro que ha pisado esta tierra!

Sus amigos lo imitaron y los tres bebieron de sus tragos.

-Lo vamos a extrañar – agregó Naruto. Kiba asintió.

Era casi imposible para un perro haber vivido tanto como lo había hecho Akamaru y Kiba estaba feliz por ello. El animal lo había acompañado durante todos sus años de universidad y por momentos había sido el ser vivo más cercano al chico. Después de la secundaria, Kiba siguió los pasos de su hermana y estudio veterinaria pero no pudo ejercer nunca. La primera vez que no logró salvar a un gatito de una terrible enfermedad se dio cuenta de que aquello era demasiado duro para él. Al final se decidió por hacerse cargo del centro de tatuajes y piercings de su madre, quien para entonces ya estaba muy viejita y quien había muerto hacia un par de años atrás. Al negocio le empezó a ir tan bien cuando él se hizo cargo que abrió una segunda sucursal y ambas estaban siempre llenas. Era verdad que constantemente se encontraba con gente muy desagradable en aquel trabajo, pero Kiba prefería causarles dolor a personas que a animales así, que estaba bastante feliz con lo que hacía. Lo que sus amigos nunca lograron entender era por qué el chico no volvió a tener una novia nunca más. Estuvo con muchas chicas los siguientes años, pero jamás le dio la oportunidad a ninguna de ellas de que se volvieran algo más.

De Tayuya nunca más supieron nada.

Estuvieron más de dos horas en el bar, bebiendo, riendo y recordando viejos tiempos cuando Naruto anunció que debía volver a su casa.

-Hinata debe estar esperándome con ganas de comer chocolate – dijo, lleno de orgullo.

Shikamaru también decidió irse, pues al siguiente día tenía una importante entrevista de trabajo y no quería echar a perder la oportunidad. Al final Kiba se quedó en el bar solo, hasta que terminó su último vaso de cerveza y se marchó a su casa.

Las calles estaban completamente vacías y algunas de las luces estaban dañadas, pero Kiba conocía tan bien esas calles, que podría haberse ido a su casa hasta con los ojos cerrados. Como de costumbre, aquella noche era bastante calurosa, pero como nunca solía ocurrir, esa vez había una brisa, leve pero muy fresca, que bajaba tremendamente la temperatura. Sin darle mayor importancia, Kiba siguió su camino con las manos en los bolsillos y la mirada fija en el suelo.

-¡Maldito perro pulgoso! ¿Dónde mierda te metiste?

Al escuchar esa hostil oración, Kiba frunció el ceño y miró a su alrededor. Por alguna razón esa voz y esa forma de hablar le había parecido extrañamente familiar. No muy lejos de donde se encontraba él, había una chica de rodillas en el suelo, estirando su mano por una pequeña separación que había entre unos tachos de basura y la pared de los callejones. Kiba se detuvo un segundo mientras la chica seguía despotricando cosas sobre algo que aparentemente intentaba alcanzar.

-¡Te tengo, perro maloliente! –Tomando a un diminuto cachorrito, la chica se puso de pie y quedó frente a Kiba. Sus ojos se abrieron de par en par y una leve sonrisa se formó en sus labios. - ¿Kiba?

La expresión facial de Kiba también cambió al instante. Sus cejas se alzaron y su boca se abrió ligeramente. No había manera de que no reconociera aquellos grandes ojos marrones y ese desordenado cabello rojo.

-¡Tayuya!

-Has cambiado mucho – opinó ella, mientras intentaba por todos los medios que el cachorro no se le escapara de las manos.

-Sí, puede ser – admitió Kiba. Y era verdad, su pelo estaba más largo, ahora tenía una pequeña barba y también se había vuelto más alto y corpulento. – Tú te ves igual que siempre – aquello igual era cierto. - ¿Qué haces en Konoha?

-Trabajo acá, hace como dos semanas. Unos amigos y yo abrimos una academia de música.

-¿Acá en Konoha?

-Lo intentamos en Oto pero ya habían dos, así que a mí se me ocurrió que podría ser acá. En este pueblucho de mierda no hay nada interesante así que una academia le vendría bastante bien. – Kiba rio.

-Realmente no has cambiado nada.

-Algo he cambiado – dijo ella, sonrojándose levemente y mostrando una medalla dorada con azul que llevaba en su camisa y que tenía el número "28" grabado en ella. – Llevo veintiocho meses completamente limpia.

-¿Limpia? – preguntó Kiba, que no había entendido.

-Sin drogarme – le respondió ella, sin reparo – y de ahora en adelante este número solamente ira creciendo. – añadió, orgullosamente.

-¿Y el perrito que es?

-Me lo regalaron unos amigos. Ayer fue mi cumpleaños –negó con la cabeza - ¿A quién mierda se le puede ocurrir darme a mí un puto perro? ¿Qué se supone que voy a hacer con esta mierda?

-¡No lo trates así! – le reprochó Kiba tomando el perrito de sus brazos y sosteniéndolo él. El cachorro, una vez que estuvo en manos del chico, cambió completamente de actitud. Ya no luchaba por escapar, en cambio movía la colita y le lamía la cara, con agrado.

-¡Estúpido perro pulgoso! ¡Conmigo solamente quiere escaparse, el hijo de perra!

-Creo que le gusté – señaló Kiba, mientras el perro seguía dándole besos en toda la cara.

-Puedes quedártelo si quieres. Yo no tengo paciencia para hacerme cargo de un perro pulgoso.

-¿Estas segura? – le preguntó Kiba, exageradamente feliz. - ¿Escuchaste eso, pulgoso? ¡Vas a venirte conmigo! ¿Estas más feliz ahora?

-¿Cómo vas a ponerle? – preguntó Tayuya, divertida.

-Pulgoso. – respondió Kiba y Tayuya rio – no es un buen nombre, pero es tu culpa. Tú lo llamaste así primero.

-Yo todavía no le ponía nombre.

Se quedaron unos segundos en silencio, mirándose fijamente el uno al otro mientras Pulgoso seguía moviendo su colita de felicidad entre los brazos de Kiba.

-¿Cómo te fue en la cárcel de menores? – le preguntó, al fin, tímidamente.

-No tan mal – le respondió ella –. Al parecer le caí bien a mucha gente allá adentro. Por suerte me terminé haciendo amiga de los más terribles así que nadie se metía con nosotros. A los dieciocho salí, me gané una beca para una escuela de música y bueno… acá estoy.

-Así que músico profesional ¿Eh?

-Creo que me hizo bien un poco de disciplina – continuó ella – tal y como tú me dijiste.

-La verdad yo esperaba enterarme de que te habías arrancado o algo así.

-Lo pensé. Muchas veces, pero llegó un punto en el que estaba harta de tanta locura. Y estaba arrepentida de muchas cosas.

A pesar de que después de que Tayuya se había ido Kiba se prohibió rotundamente a si mismo pensar en ella, ahora que la tenía frente suyo podía recordar exactamente por qué la chica había causado un impacto tan grande en él. Conversar con esa confianza y ese grado de comodidad, era casi como si nada de tiempo hubiese pasado desde la última vez que se habían visto. Y por la manera en que ella lo miraba a él, Kiba sabía que ella pensaba lo mismo.

-¿Quieres que vayamos a tomar algo? Todavía es temprano. A menos que eso rompa tu record – señaló su medalla.

-Nah. Mi problema son las drogas no el alcohol.

-¿Entonces, vamos?

Tayuya se sonrojó aún más pero enseguida asintió con la cabeza.

-Vamos. - sonrió - Pero vamos a tener que dejar a ese perro pulgoso tirado por algún basurero o no nos van a dejar entrar a ningún lado.

-¡¿Cómo se te ocurre?! Lo paso a dejar a mi casa y nos vamos.

-Mi idea es más simple.

-¡Realmente no has cambiado nada!

-Sólo las cosas malas. – le recordó ella, volviendo a señalar a su medalla.


Jajaja los engañe! Les dije que solo una pareja sobreviviria ese año, pero eso no significaba que no pudieran volver a estar juntas en el futuro! jejejjeej

Espero que les haya gustado el final. Al final me decidi por darles a todos un final feliz, bueno a casi todos :) Con respecto a Tayuya y a Kiba, se los dejo a ustedes decidir que pasa con ellos despues de ese sorpresivo encuentro.

Acuerdense de que si quieren escribir sobre ellos dos haganlo! Son personajes demasiado geniales como para dejarlos de lado!

Un besoo! Nos leemos en alguna proxima historia :)

PD: tal vez escriba algo nuevo despues de Crush, pero quizas intente algo original.