Capítulo 36 - El pasado de Sabo
«Lo siento, se hacía tarde y tuve que irme, pero no quería despertarte así que te dejé esta nota. Vendré mañana como habíamos acordado, descansa.
Zoro»
―Estúpido marimo― murmuró el rubio. Se había despertado hacía pocos segundos y en vez de encontrar al peli verde acostado a su lado, como había esperado, encontró una hoja de papel con una nota en su lugar.
Miró hacia el reloj de su habitación y suspiró. Bueno, por una vez en la vida tenía que admitir que Zoro tenía razón, ya era tarde como para que él se hubiera quedado. Dobló la hoja y la guardó en el buró. En ese momento alguien llamó a la puerta.
―¿Mocoso, estás despierto?― preguntó Zeff del otro lado.
―Sí, pasa.
Zeff abrió la puerta y dio un par de pasos dentro de la habitación, sin alejarse mucho de la entrada. Sanji estaba sentado en su cama, con la espalda recargada en la pared y la cobija sobre las piernas. ―¿Cómo te sientes? Roronoa me contó lo que pasó-.
―Ah sí, estoy bien― contestó sonriendo ligeramente. —Sólo fue un pequeño desmayo, se preocupan demasiado.
―Debiste decirme si no podías soportar el trabajo― comentó cruzando los brazos y mirándolo reprobatoriamente.
―¡Sí puedo!― replicó el menor. —Sólo… fue culpa de los exámenes, pero ya se acabaron y no volverá a pasar.
―No voy a arriesgarme, recortaré tus horas extra.
―¡¿Qué?! ¡No puedes estar hablando en serio!
―Por supuesto que sí.
―Pero…― bajó un poco la mirada y apretó la sabana en sus manos. —No puedo dejarte todo a ti, quiero ayudar.
―Es más importante tu salud, idiota. Me ayudarás en las vacaciones, por el momento trabajarás en tu horario normal-.
Sanji levantó la mirada y abrió la boca con la intención de replicar algo más, pero al ver la expresión seria y decidida de su padre se tragó lo que iba a decir y suspiró.
―De acuerdo― accedió por fin. —Por cierto, tengo un amigo que dice querer trabajar en el restaurante.
―Hmm―. Zeff comenzó a jalar de su bigote trenzado con una expresión pensativa mientras razonaba aquellas palabras. —Que vaya el lunes, ya decidiré si lo contrato.
―Bien, yo le digo.
El mayor asintió con la cabeza. —Bueno, me voy para que descanses―. Dio la media vuelta y comenzó a caminar a la salida.
―Viejo― llamó Sanji justo cuando iba a cruzar la puerta. Al momento comenzó a sentirse algo nervioso, ahora que estaban solos y había un ambiente más o menos bueno entre ellos quería hablar con él acerca de Zoro, posiblemente contarle acerca de su relación o mínimamente tantear un poco de terreno para hacerse a una idea de cómo reaccionaría al enterarse, pero ¿Cómo debía comenzar? ¿Qué le diría? Sabía que debía ser cuidadoso, y eso lo ponía más nervioso aún.
―¿Sí?― Se dio la vuelta nuevamente, apoyándose en el marco de la puerta.
―Bueno… yo― "Vamos, piensa en algo ahora". —Tú… ¿Q-qué piensas de las… relaciones homosexuales?― preguntó mirándolo con atención.
―Vaya pregunta― comentó alzando una ceja.
―Es para una tarea― agregó rápidamente el menor.
―Bueno, pues qué te puedo decir. No estoy en contra o a favor de ellas, las preferencias de la gente no me conciernen, además a mí no me afecta en nada lo que decidan.
―Ya veo…― dijo bajando un poco la mirada. —Pero y si… ya sabes… en caso de que y-yo…― suspiró y sonrió ligeramente. —Olvídalo, que tengas buenas noches.
―Mocoso― se acercó nuevamente hasta él. ―¿Por qué te es tan difícil hablar?― preguntó sentándose en la cama.
―¿Eh?
―Ibas a decirme que eres gay y que tienes una relación con Roronoa, ¿no?
―¡¿Qué?!― abrió los ojos como platos por la sorpresa. —Espera tú… ¿Lo sabías? ¿Desde cuándo?
―Soy tu padre, no puedes ocultarme nada―. Dijo sonriendo un poco. —Eso y que ustedes, par de imbéciles, son tan idiotas como para dejar la puerta de la habitación abierta.
Esta vez Sanji comenzó a toser ligeramente. Mientras golpeaba su pecho tratando de tranquilizarse recordó el sábado anterior, recapitulando cada momento que podía recordar desde que Zoro llegó. Y definitivamente, había dejado la puerta abierta. —Voy a matar a ese marimo.
―Probablemente deberías hacerlo.
―Entonces…― si el peli verde no había cerrado la puerta, y obviamente él mismo no lo había hecho, su padre debió hacerlo. Eso explicaba por qué la camiseta de Zoro había quedado fuera de la habitación, seguramente había caído cerca de la puerta y al cerrarla fue arrastrada hasta afuera. ―¿También abriste las cortinas?
―Necesitaba una manera de que despertaran en la mañana, no quería toparme con esa escena de nuevo― contestó encogiéndose de hombros.
―Claro― comentó soltando ligeras risas nerviosas, definitivamente iba a matar a Zoro. ―¿Por qué no me habías dicho que lo sabías?― preguntó después de un minuto de silencio.
―Por el mismo hecho de que tú no me lo contaras, supuse que estabas esperando el momento adecuado.
―Sí, bueno― volvió a sonreír. ―¿Eso quiere decir que lo apruebas?
―Pues, igual me gustaría hablar con ustedes, pero no tengo nada en contra de su relación.
―Gracias Viejo, de verdad.
―Mocoso idiota― Zeff le dio un ligero golpe en el brazo. —Soy tu padre, y eso no va a cambiar por la persona con la que quieras estar― se levantó y revolvió ligeramente los cabellos del menor. —Me voy para que descanses― le dedicó una pequeña sonrisa y caminó hasta la salida. —Buenas noches― dijo antes de salir de la habitación y cerrar la puerta tras de sí.
―Buenas noches… papá.
Estaba acostado a su lado, con la cabeza apoyada en su hombro mientras dibujaba pequeños círculos con su dedo sobre el pecho desnudo del mayor, quien había comenzado a juguetear con su cabello mientras hablaban de algunas cosas sin mucha importancia. Lo único que los cubría a ambos eran las cobijas, las cuales los tapaban hasta un poco más arriba de la cintura.
El chico le plantó un beso en la cabeza, a lo que él respondió sonriendo y apegándose un poco más a su cuerpo. Realmente se sentía tan bien ahí, a su lado. Era una sensación un tanto extraña, sentirse completo por unos momentos con tan sólo tenerlo cerca. Pero también era algo frágil, algo que podría romperse fácilmente si no lo cuidaban de manera apropiada. Aunque eso no lo preocupaba tanto, porque él lo cuidaría, juntos se encargarían de que esa sensación de paz no terminara.
Y hablando de terminar, ¿qué hora era? Le echó un vistazo al reloj del buró sin separarse ni un poco de su novio, dando un ligero respingo al ver la hora; ya pasaba de la media noche.
―Killer― dijo levantando ligeramente su torso para poder verlo a la cara. ―¿Tus padres no podrían llegar y encontrarnos así? No sería una muy buena primera impresión que digamos.
Soltó una ligera risa y le sonrió. —No te preocupes por eso. Papá salió esta mañana por cuestiones de trabajo y no volverá hasta el lunes― contestó rodeándolo con un brazo.
―¿Y tu madre?― preguntó ladeando ligeramente la cabeza.
―Bueno, ella se fue hace unos años, cuando se divorciaron.
―Oh. L-lo siento, no debí preguntar. Bajó la mirada ligeramente.
―No te preocupes, en realidad no importa― contestó restándole importancia al asunto, aunque eso no pareció tranquilizar al menor. Suspiró y jaló su cintura ligeramente. —Ven aquí.
Sabo lo miró por unos segundos y después se acomodó nuevamente junto a él, con la cabeza apoyada en su pecho. Killer lo abrazó un poco más fuerte que antes y enfocó su vista en él.
―Yo tenía trece años cuando eso pasó, pero no me afectó en nada, o al menos no negativamente. Incluso recuerdo que le ayudé a empacar sus maletas y llevarlas hasta el taxi que la esperaba en la entrada.
―¿En serio?― preguntó un poco sorprendido volteando a verlo. El mayor levantó una ceja al escucharlo y lo miró seriamente. —Lo siento, ya no interrumpo― volvió a recostar su cabeza en su lugar anterior, dispuesto a escuchar todo en silencio.
Killer sonrió y continuó con su relato. ―En realidad nunca tuve una buena relación con mi madre, porque yo fui uno de esos "embarazos no deseados" y ella se pasaba el día diciéndome una y otra vez el cómo le había arruinado la vida desde que se enteró de mi existencia en su organismo. De hecho ella quería abortar, y lo habría hecho de no haber sido porque mi padre se lo impidió, es gracias a él que estoy aquí.
De repente Sabo se sintió asustado. ¿Abortar? ¿La madre de Killer lo iba a abortar? Sin querer lo abrazó con fuerza. De tan sólo pensar en que eso hubiera llegado a pasar, no podía evitar sentir miedo. Miedo de que no estuviera a su lado, y peor aún, de que nunca lo hubiera estado.
El mayor comenzó a acariciar su espalda lentamente, en un intento por ayudarlo a tranquilizarse. ―Cuando era un niño, el desprecio de mi madre me dañaba, me hacía sentir indeseado y como si no tuviera ningún valor, pero mi padre se encargó de cambiar eso. Él siempre me dio el cariño que ella me negaba, me cuidó y crió por ambos. No fue fácil para ninguno de los dos, verla a ella cada día más lejana a nosotros, y empeñada en tratar de hacernos caer y terminar con nuestra familia, pero con el tiempo fuimos dejando de darle importancia a sus palabras y a ella misma.
Hizo una pequeña pausa, recordando aquellos días de su niñez junto al hombre que le dio la vida. Al parecer al menor ya se le había pasado su reacción anterior, ahora sólo lo abrazaba mientras escuchaba lo que decía.
―Fue en una tarde de febrero, cuando regresé de la escuela, que escuché a mis padres pelear como nunca antes habían hecho; mi padre la había descubierto en la cama con otro hombre. Esa misma tarde ella se fue con su amante, y salió de nuestras vidas para siempre, esa fue la última vez que la vi. Sé que a mi padre le dolió, porque aún con todo él la quería y mucho, pero con el tiempo lo superó y ahora sabe que fue lo mejor para todos―. Respiró un par de veces y después soltó el aire en un suspiro. —La gente piensa que una madre es única y que los hijos deben amarlas por sobre todas las cosas, pero no es mi caso, nunca lo fue.
Sabo se quedó callado, recostado en su pecho mientras pensaba en algunas cosas, de la historia de Killer… y de la suya misma, recordando algunas cosas de la infancia que había dejado atrás hace mucho tiempo.
―Te entiendo, sé lo que se siente― comentó el menor después de unos momentos.
―¿De verdad?― preguntó sorprendido.
Sabo asintió ligeramente sin despegarse de su pecho. ―¿Recuerdas que te dije que Ace y yo somos adoptados?
―Sí― contestó mirándolo con mayor atención, ya le había entrado la curiosidad por lo que sea que le fuera a contar.
El menor dejó salir el aire y se dio la vuelta, utilizando el brazo del otro como almohada y con la mirada en el techo. Llevó su mano a la que Killer mantenía en su hombro abrazándolo y la entrelazó con la suya propia.
―Cuando era niño, tenía una familia; rica, poderosa, y vivíamos en una mansión llena de todos los lujos que pudieras llegar a imaginar. Había sirvientes y mayordomos por todos lados que cumplían con cualquier cosa que pidieras, y jamás hacía falta nada. El sueño de cualquier persona... menos el mío.
»Mis padres estaban obsesionados con la posición social. Me educaron para ser un niño que estudiara sin parar, para ser el mejor y poder estar por sobre todos los demás, como debería de ser según sus pensamientos. También practicaba de todo: Kendo, karate, esgrima, natación, de todo. Y tenía que ser el mejor en cada una de mis actividades, porque así y sólo así, mis padres podrían estar felices y presumir ante los demás de un hijo que era capaz de cualquier cosa.
Sabo apretó un poco la mano de su novio y su mirada se ensombreció ante aquellos recuerdos, pero cerró los ojos, repitiéndose a sí mismo que esos días habían quedado atrás, y respiró un par de veces para relajarse y continuar.
―Pero un niño de ocho años tiene sus limitaciones y llegó el día en que no pude más y colapsé. Fue ese desmayo el que me hizo abrir los ojos y darme cuenta de lo que hacía, siempre había obedecido a mis padres y trataba de mantenerlos contentos, pero ¿Con qué propósito? ¿Por qué tenía que estar su felicidad por sobre la mia? ¿Por qué ellos controlaban mi vida? Me cansé, fue el fin.
»Una a una, renuncié a todas mis actividades y dejé de pasarme el día estudiando como un loco. Comencé a comportarme como yo quería, a ser yo mismo frente a otros, y eso no les agradó ni un poco a mis padres. Primero fueron las miradas de desprecio, después los regaños, gritos e insultos… hasta que llegaron los golpes.
―¿Te golpeaban?― preguntó el mayor tratando de disimular su molestia con respecto al asunto. Se había volteado y ahora estaba acostado de lado observándolo.
Sabo asintió ligeramente. ―Vivir en esa casa se convirtió en una tortura. Pensé en escapar y cavé un pequeño hoyo en el patio, debajo de la reja, por el cual pudiera escabullirme sin que nadie se enterara. Pero no lo hice, me faltaba valor, después de todo ¿Qué haría un niño en las calles? ¿Cómo sobreviviría? No tenía el coraje para enfrentar ese reto tan grande… hasta ese día. El día en que llegaron mis calificaciones.
»Yo lo había hecho a propósito, había bajado en notas para demostrarles que no era la marioneta que ellos querían crear, y que no me convertiría en eso. Aunque no eran tan malas en verdad, pero para ellos eran desastrosas.
»Ese día, mi padre me golpeó con furia en todo el cuerpo una y otra vez. Pensé que me mataría, hasta que se cansó de hacerlo y se fue, dejándome tirado en el suelo de mi habitación, sangrando, adolorido y sin poder moverme. Llegada la noche, la hora en la que todo el mundo estaba dormido, me escabullí. Sentía el cuerpo pesado y a penas era capaz de caminar, pero podía hacerlo y era suficiente para mí. No pasaría un día más con los abusos de mi padre, con los desprecios de mi madre, no dejaría que me arrastraran a su bola de cristal en un mundo perfecto para ellos en la alta sociedad, no los dejaría.
―Así que te escapaste― comentó Killer, Sabo volvió a asentir. ―¿A dónde fuiste?
―Al único lugar al que podía ir: la calle. Y de igual forma, hice lo único que podía hacer para sobrevivir: convertirme en un ladrón. Tal vez hacerlo no era lo mejor, pero en ese entonces era lo único en lo que podía pensar. Al menos de esa forma podía sentirme libre, nadie me controlaba ni manipulaba, era simplemente yo.
»Primero robaba en las calles o tiendas, tan sólo lo necesario. Pero con el tiempo tuve que comenzar a enfrentarme contra otros que intentaban robarme a mí, me di cuenta de que debía ser más fuerte si quería seguir, y eso fue lo que hice. Poco a poco pelear se fue volviendo algo cada vez más normal, comencé a robarle más seguido a otros ladrones que a las personas con las que me encontraba. Me sentía libre pero incompleto, porque estaba solo. Y entonces llegó Ace.
»No sé si él me encontró o yo lo encontré, pero estoy seguro de que no fue una casualidad, ¿cuántas veces te topas con un niño de tu misma edad que quiere robarle al mismo tipo que tú? Y eso no fue todo, acordamos robarle entre los dos y cada quien se llevaría lo que consiguiera, pero al momento de actuar estábamos en una total sincronía, como si pudiéramos saber lo que el otro haría e intentáramos complementar aquel movimiento. Fue una gran sorpresa, pero desde ese día nos quedamos juntos. Como amigos… como hermanos.
―¿Y qué pasó después? ¿Cómo terminaron con tu abuelo?
Sabo sonrió al recordar la respuesta de aquella pregunta. —Un día nos topamos con unos tipos que estaban molestando a un niño. Me molesté mucho, pero también me sorprendí, porque aquel niño a pesar de ver que ellos eran fácilmente más fuertes que él les plantó cara y los desafió. Creo que es lo más estúpido que he visto en mi vida, y también lo más valiente. Al parecer Ace pensó lo mismo, así que lo ayudamos.
―Déjame adivinar, él era Luffy― comentó con una pequeña sonrisa.
―Sí, lo era― contestó riendo un poco. —Supongo que imaginas lo que pasó después. Nos invitó a su casa, comimos y dormimos con él. Después conocimos a Garp, hablamos un poco acerca de nosotros y Luffy le contó con lujo de detalle lo que había pasado. Desde entonces ya no éramos dos, sino tres hermanos los que íbamos por la ciudad causando problemas. Y después de un tiempo Garp nos dijo que nos había adoptado como sus nietos.
―Pero, ¿Cómo pudo adoptarte si…?
―¿Si yo no era huérfano?― completó el menor. Killer asintió en respuesta. —Yo pensé lo mismo, así que le pregunté. Me contó que había ido a hablar con mis padres, y ellos le cedieron mi custodia sin ningún problema. Como dije antes, sólo les importaba la imagen social, y el hecho de que yo haya vivido en la calle y sido un ladrón no les ayudaba mucho. Además, ya habían adoptado a otro niño que cumplía por completo sus expectativas del hijo perfecto, por lo que no me necesitaban más.
―Ahora lo entiendo― comentó el mayor por lo bajo.
―¿Qué?― preguntó curioso. Volteó su rostro para verlo.
―Que en el hospital, cuando pasó lo de Marco, hayas dicho "Él ya perdió a sus padres" refiriéndote a Ace, pero sin incluirte porque tus padres aún no han muerto.
―Bueno, no precisamente. Ace perdió a sus padres cuando murieron… pero yo jamás los tuve realmente, sólo lo eran de nombre. Pero no creas que me lamento de eso, creo que es lo mejor que me pudo haber pasado.
―¿Lo dices en serio?
―Por supuesto― sonrió ligeramente. —Gracias a que ellos fueron así conmigo yo escapé, encontré a Ace, después a Luffy, y ahora tengo una familia… una verdadera familia―. Lo miró a los ojos y se volteó de frente a él, acercando su mano para acariciarle la mejilla. —Y también, gracias a todo eso, es que ahora estoy aquí, contigo, y es algo que no cambiaría por nada.
Killer sonrió y rodeó su cintura con un brazo para apegarlo más a él. —Y sólo me queda agradecer que tus decisiones te hayan traído hasta mí―. Se acercó a su rostro para juntar sus labios, besándolo ligeramente y abrazándolo en cuanto se separaron. —Te quiero.
―Yo también a ti― contestó acurrucándose entre sus brazos, con la cabeza acunada en su pecho. Cerró los ojos, y en medio de aquel sentimiento de seguridad y cariño terminó por dormirse muy pronto.
Killer observó al chico dormido entre sus brazos por unos segundos, no podía creer que ambos tuvieran una historia similar, a ambos los habían rechazado y maltratado de cierta forma cuando niños. Con la diferencia de que él siempre había tenido a su padre a su lado, pero Sabo no, había estado solo por mucho tiempo antes de encontrar un apoyo. Pero ahora ya no importaba, porque estando a su lado no dejaría que nada malo le pasara.
Besó su cabeza ligeramente para no despertarlo. —Yo seré tu apoyo ahora.
Continuará...
