—Wait... Wait... Iggy! —se levanta Estados Unidos cuando cae en la cuenta de lo que ha pasado y la puerta de la, ahora vacía, sala de juntas se cierra tras él. Estados Unidos entra en pánico mirando a Canadá.
—Ehm... —Canadá vacila mirándole—, sólo... Dale tiempo —pide.
—¡Me odia! —se tira en la silla llevándose las manos a la cara.
—No te odia —le mira preocupado mientras recoge.
—No puede odiarme... —susurra el estadounidense—. No puede... ¡NO PUEDE! —grita poniéndose de pie y volteando la mesa que tiene enfrente, con un escándalo, obviamente. Canadá abre los ojos como platos, apartándose un poco, asustado.
—¡Eh! ¡Cerdo yankee, no puedes romper mis cosas! —amenaza Rusia frunciendo el ceño al verlo, antes de salir. Estados Unidos cierra los ojos y los puños... Y respira.
—Has destruido el salón de casa de England un par de veces en el último año... Ya era hora de que alguien balanceara la cuenta —responde abriendo los ojos y FULMINÁNDOLE.
—Yo no he destruido nada —se defiende Rusia porque de hecho no se acuerda y no sabe de lo que habla, mientras le fulmina también y mueve sus dedos en el grifo—, a ti nadie te ha comisionado de ser el justiciero
Canadá les mira a ambos muerto de miedo y trata de carraspear.
—A mí tu opinión no me importa un bledo. Si yo quiero o no ser justiciero es mi asunto —se mete la mano a la bolsa de la chaqueta, tomando su pistola...
—Entonces no mezcles tus asuntos con mi mobiliario —responde el ruso.
—Ehm... Quizás... Deberíamos... —Canadá trata de volver a poner bien la mesa, mientras Estados Unidos saca la mano izquierda de los bolsillos de la chaqueta y se saca la cartera, recargándola sobre la mesa que sigue en pie.
—¿Cuánto vale tu finísimo mobiliario? —pregunta con cierta sonrisa de burla. Rusia le mira en silencio... Y entrecierra los ojos aún con el ceño fruncido.
—Tu sangre —sentencia. Canadá flipa.
—Ehm... B-Bro... —susurra. Estados Unidos se detiene y mira a Rusia sacando fuego por los ojos.
—Estás enfermo, bastardo comunista. Enfermo... —se da unos golpecitos con el índice en la sien—. Demente... Eres un psicópata —sentencia con absoluto desprecio—. Si quieres mi sangre, vas a tener que morir por ella —le encara, entrecerrando los ojos también e ignorando totalmente a Canadá. Rusia sigue mirándole con los ojos entrecerrados sin titubear.
—Yo no lo creo.
—Voy a tener que demostrártelo entonces —sisea el estadounidense sin dejar de mirarle.
—No creo que sepas ni por dónde empezar —responde Rusia acercándose un poco, pareciendo lo más amenazante posible. Estados Unidos se yergue a toda su altura, dando un paso hacia Rusia.
—Yo creo que entonces no tienes idea... —susurra Estados Unidos sin titubear.
—Nunca has destacado por tener creencias fidedignas —Rusia da otro paso hacia él y Canadá se pone entre ellos.
—Ehm... —suelta muy bajito.
—Siempre me he destacado por tener los resultados que QUIERO... —Estados Unidos se humedece los labios, apretando el arma e ignorando a Canadá, creo que todavía no se da cuenta que está ahí. Posiblemente terminen pegándose, a menos que Canadá haga algo.
—Eso explica perfectamente por qué parecía que a Angliya le había pasado por encima un camión cuando se ha largado corriendo —le reta tratando de hacerle creer que no tiene amigos, porque eso es lo que más le molesta a Rusia de Estados Unidos. Ok... Van a pegarse.
Canadá abre los ojos como platos ante eso y trata de agarrar a Estados Unidos de las manos lo más rápido que puede para que no haga nada. Estados Unidos mira a Canadá por primera vez, aunque no se suelta.
—Eso es algo que yo puedo arreglar... —susurra un poco menos seguro de sí mismo en esta ocasión... Al principio, pero arreglándolo inmediatamente—. Especialmente si tú no estás en mi camino —mira otra vez a Rusia—. ¡Y deja de hablar de England como si tuvieras alguna idea de lo que estás diciendo!
Rusia sonríe de manera inquietante.
—Deja en paz mis cosas —le advierte y luego sigue su camino como si nada, saliendo de ahí. ¡Sí, Canadá lo logro!
Estados Unidos mira a Canadá un momento, con la mirada todavía encendida, de manera indescifrable, absolutamente tenso.
—Shhh, come on... —trata de calmarle un poco, sonriendo amablemente.
—T-Tengo que... —sentencia Estados Unidos vacilando un poco y luego se mueve—. Tengo que hacer una cosa —corrige con absoluta seguridad.
—What? ¿Qué cosa? —le mira preocupado.
—Hacer que Iggy me quiera otra vez... —ni siquiera le mira, guardándose la cartera en el bolsillo y caminando a la puerta. Canadá le sigue, aliviándose al oír eso.
—¿Y cómo vas a hacer eso? Aunque a mí me parece que si te ha dicho que te quiere es que lo hace...
Estados Unidos se detiene en seco al oír esa cosa tan absolutamente cruel que se le ha ocurrido hacer notar a Canadá.
—What? —Canadá le mira sin entender qué pasa—. T-Tú me has dicho que te lo ha dicho... —suelta nervioso, pensando que ése es el problema.
—¿Cuándo? —Estados Unidos levanta las cejas.
—A-Antes —vacila Canadá—, en la sala, me has dicho que te ha dicho que te quiere y que ha llorado —explica.
—Bueno... —baja la vista y se mira las manos, sintiéndose de repente terriblemente vulnerable—. No es que... En realidad... —susurra.
—Eh... Ehm... ¿Y cómo vas a hacer? ¿Qué has pensado? —trata de cambiar de tema al notar el problema.
—Iba a comprarle flores y... Un oso y... —se lleva un puño a un ojo y sorbe un poco—, y chocolates... —susurra.
—Oh, yo creo que le gustara —sonríe Canadá sinceramente. Estados Unidos levanta la vista aliviándose un poco.
—You think so? —lo mira esperanzado.
—Yes —asiente—, cuando... Bueno, ¿la última vez funcionó, no? —Canadá tampoco entiende muy bien cómo funciona ese rollo.
—Yes... —Estados Unidos se rasca la cabeza—. Quizás pueda comprarle un... ¿Unicornio de peluche? —sonríe.
—¿Un unicornio? —pregunta Canadá levantado las cejas.
—Pues... ¿No crees que le gustara? —Sonríe de lado—. Siempre está hablando de Morning Star y de esas cosas... ¡La cosa es de dónde sacar eso en este país de shit!
—Oh... Yes, él tiene un unicornio en su escudo —recuerda—, yo tampoco sé dónde conseguir, quizás podamos preguntar a alguien.
—Odio este país, lo odio —el estadounidense se mete las manos a las bolsas y empieza a caminar a la salida. Canadá le sigue.
—Bueno, hoy... Después de la junta ya se acaba toda esta pesadilla.
—Si es que Iggy vuelve a la junta... Y si es que quiere volver a dormir conmigo —hace notar desolado. Canadá levanta las cejas.
—¿Te ha dicho que...?
—No me dijo nada cuando le pregunte... —responde en un susurro.
—Ehm... Bueno, eso no es un no... —trata de animarle mientras salen a la calle.
—Qué pasa si... Si... —Estados Unidos traga saliva—, quizás nunca me ha querido como lo quiero yo...
Canadá le mira.
—¿Por qué crees que no?
—Pues... —baja la vista—. Es que nunca me lo ha dicho...
—¿Nunca... Nunca? —pregunta otra vez, ahora sorprendido de veras.
—Pues... Cuando le he preguntado me ha dicho que sí con la cabeza... Y... —mira de lado—. Alguna vez me ha dicho que él también... You know? Yo digo I love you y él... Me contesta después de mucho rato y quizás es un... —traga saliva—... Mensaje.
—Mmm —Canadá lo valora un poco incómodo—, pero seguro hace cosas...
—Yes —admite el estadounidense—,... Me ayuda con cosas y es bueno conmigo aunque me regaña siempre y... Siempre puedo hacer lo que quiero y... Guarda mis secretos —sonríe un poco—. Y cuando me avergüenzo me ayuda a que no esté avergonzado y... se sonroja con lo que le digo y me cuida y me invita a casa y deja que le moleste y... Es bueno conmigo, brother. Es bueno y yo... —se pasa la mano por el cabello—. Yo necesito que me quiera otra vez.
— Yo no creo que no te quiera si hace todo eso —admite Canadá sinceramente.
— Yo estoy seguro de que si me quier... Quería hasta hace unas horas —explica Estados Unidos un poquito más animado.
— Solo... Es normal que esto... Bueno.
— Yes... Sólo tengo que recordarle lo mucho que le quiero y lo mucho que NO quiero estar con Russia —sonríe—. Vamos a buscar su unicornio.
—Good — Canadá sonríe.
xoOXOox
Cuando han pasado unos cincuenta minutos de dormir, en los que Francia ha llorado un poco (porque es un drama), le ha hecho cariños, se ha muerto de hambre y luego se la ha pensado mejor antes de dejar a Inglaterra... Y al final se ha dedicado a tararear y a observarle
Ias las cejas... Y después de tooooodo el rato ha decidido que es hora desesperarse, haciendo un ENOOOOORME esfuerzo por no besarle, prefiere hacerle un cariño en la mejilla al inglés.
—Cher?
Puede que Inglaterra haya murmurado en sueños algo sobre dragones... Y algo sobre Francia y Estados Unidos... Y luego algo sobre la Reina... Y de nuevo algo sobre Estados Unidos y Francia. Nada que a Francia le sorprenda en absoluto.
Inglaterra se remueve hundiendo más la cara en el pecho de Francia, quien le besa la frente.
—Angleterre?
—Mmm —protesta, Francia vuelve a besarle la frente y le hace cierto masaje en la nuca.
—¿Cómo te sientes?
El inglés entreabre un poco los ojos y cuando ve a Francia se sobresalta, levantando un poco la cabeza y mirando alrededor.
—What happened? —pregunta cerrando un ojo y llevándose una mano a la cabeza.
—¿Cómo va esa cabeza? —le vuelve a besar la frente. Inglaterra aprieta los ojos con fuerza.
—Mejor, creo... ¿Dónde estamos? Bueno, más bien... ¿Qué hacemos aquí?
—Borrachos y desnudos en el fondo del mar... —se ríe Francia, peinándole un poco.
—Oh... Wonderful —responde sarcástico dándose la vuelta de espaldas y volviendo a apoyarse encima de él.
—Íbamos a ir a beber... Y te quedaste dormido —le deja darse la vuelta y le peina hacia atrás.
—Tenía la cabeza como un caldero de grillos —explica—, ¿has comido?
—He rumiado pensamientos... Si eso cuenta de algo —sonríe un poco, abrazándolo más—. No me quejo, estas calientito.
—Vamos a por un bocadillo... ¿Qué hora es, a todo esto? —cae en la cuenta sintiéndose muy descolocado, como siempre que se nota así, sin protestar ni hacer ningún ademán de soltarse del abrazo.
—Faltan diez minutos para la junta... No creo que nos dé tiempo de comprar nada —sonríe. Inglaterra aprieta los ojos con fuerza, dándole un beso en el temple.
—Bollocks! No puedo llegar tarde, Germany... ¡No puedes ir sin comer! —protesta.
—Shhhh —le da otro beso—. Como algo si comes tú. ¿Cómo va la cabeza, por cierto?
—Yo no tengo hambre —replica pensado en cómo hacer—, deberías... ¿Por qué no me has despertado antes? Yo...
Francia le pone una mano en los labios.
—Eres muy quejica.
Inglaterra se calla de golpe, sonrojándose un poco. Francia se ríe.
—¿Cómo está tu cabeza? —le hace cariños en la cabeza, preguntando en la que parece la vez mil.
—M-Mejor... —balbucea el inglés.
—Bien... Me debes una borrachera —le recuerda riendo. El inglés sonríe un poco, de lado.
—Mientras no acabemos aquí otra vez.
—Non... Non... Suficientes problemas tenemos cada maldita vez que venimos —le mira con una sonrisa, Inglaterra suspira.
—Quizás si echamos a Russia del G8... —propone con ensoñación.
—Más de uno sería feliz —admite Francia—. De hecho... No se me ocurre quien no lo sería.
—Russia? —pregunta Inglaterra de forma retórica—. Bloody hell —protesta por nada en concreto. Francia sonríe.
—Siempre podemos hacerle la vida complicada. Frustrarlo intercambiando los teléfonos…
Inglaterra le mira levantando las cejas, sin seguirle esta vez y luego se medio burla.
—Menuda venganza.
—O diciéndole que el G8 es en... Japon y que sea en Angleterre —le sonríe.
—Japan me mataría si hiciera eso —Inglaterra sonríe de lado.
—Es posible —le da un beso en la mejilla—. Tendríamos que empezar a irnos, mon amour — admite hundiendo le una mano en el cabello. Inglaterra se deja hacer sin prestar MUCHA atención, porque creo que es más feliz si sólo se entera a medias y así no tiene que protestar... Y suspira al oír eso.
—I know... Pero hay que conseguir comida.
—Y un ibuprofeno o al menos una aspirina —le vuelve a dar un beso en la mejilla.
—Tengo aspirinas —responde buscando en sus bolsillos e incorporándose de sobre Francia para dejarle moverse, pero Francia le vuelve a jalar para impedirle levantarse.
—¡Espera!
—What? ¡No quiero llegar tarde! —responde mirándole. Francia le mira a la cara, más serio.
—Vamos a... Ir a la junta y va a estar Russie y Amérique... —le pasa la mano por la mejilla—. ¿Vas a estar bien?
Inglaterra aprieta los ojos pensado en ello y traga saliva.
—No es que haya otra opción.
Francia le toma de la mano y se la aprieta.
—Estaré ahí para detenerte si se te ocurre hacer algo estúpido —le sonríe.
—Más vale que te asegures de dejarme inconsciente a la primera —responde Inglaterra tirando de su mano para llevarle hacia la puerta de salida en vez de soltarle, sacando su móvil. Francia se ríe del comentario, sin poder evitar tomarlo en serio en alguna medida.
—Tomo nota...
—Aunque... Si te dejo inconsciente el garçón va a matarme... Y si tú no estás ahí... —piensa un poco mientras se deja arrastrar.
—No va a matarte, no seas dramático —le mira de reojo—, sabe que yo le castigaré a él si se mete en una pelea mía.
—No seas dramático... —murmura Francia entre dientes—. Lo dices porque él nunca te mataría a ti... —agrega medio fulminándole/medio sonriendo—. Aun así, planeo dejarte inconsciente a la primera, confiando en que Canada et Allemagne me defiendan.
Inglaterra levanta las cejas cayendo en la cuenta de algo y después de pedir un taxi cambia de planes, escribiendo un mensaje.
—Quoi? —Francia le mira de reojo al ver su expresión. Inglaterra niega con la cabeza.
—Puede que Germany and Canada estén ocupados con... Por la Reina —aprieta los ojos.
—¿De qué hablas? —le mira serio.
—Ni siquiera se me ocurren cuántas estupideces diferentes podrían llegar a pasar —niega con la cabeza entrando al taxi y pellizcándose el puente de la nariz.
—¿Con qué van a estar ocupados los otros dos? —Francia levanta las cejas—. Sí se me ocurren muchas cosas imbéciles que podrían pasar, cher...
—Con Russia... O qué sé yo... Bloody Hell! ¿Has visto cuando se ha quedado callado antes del descanso? What the hell? —Explica mientras acaba de escribir el mensaje de texto y lo manda.
—He visto... He oído lo que dice Russie... Esto parece salido de una película de ficción —le peina de nuevo porque no resiste que esté despeinado.
—¿Qué dice? —Pregunta Inglaterra mirando a Francia.
—Pues que su sangre... Le hace cosas raras. Está obsesionado con eso.
El inglés le sigue mirando en silencio.
—Oh, my God... Por eso estaba ese bloody autobús médico... Y yo casi obligo a America and Canada a donar sangre —aprieta los ojos masajeándose las sienes.
—Mais oui... Por eso estaba el... —se le queda mirando—. Mon Dieu... Y seguramente se negaron.
—Of course... Y no me dejó que yo donara, ni siquiera entendía por qué... —explica Inglaterra.
—¿Ves? Más a mi favor al decir que no quiere nada que tenga que ver con Russie... —se pasa la mano por el pelo y mira a la ventana.
—Ese no es el punto, France, estoy seguro de que le mataría ahora mismo si tuviera oportunidad... Pero él... Eso ha pasado por algo, e ignorarlo... —Inglaterra traga saliva sintiendo náuseas de nuevo.
—Esto ha pasado porque sentir odio por alguien es muy distinto a la indiferencia —le mira de reojo —. Nadie dice que lo ignore... Pero tampoco nadie dice que la mejor idea es echarlo a sus brazos, cher.
—¿Y qué se supone que tiene que hacer? —Pregunta Inglaterra realmente desesperado.
—¿Sinceramente? —Francia se gira y le mira.
—No, miénteme —protesta el inglés con paciencia cero.
—Espera a que él tome sus propias decisiones —responde Francia ignorando el sarcasmo—. Pero deja, por el amor de Dieu, de presionarlo a que lo piense.
—¿Que espere? ¿Que... Espere? ¿Ese es tu bloody consejo? ¿Pudrirme en la incertidumbre para que acabe largándose?
—Entonces ve y convéncele de que no sea imbécil —le mira intensamente—. De hecho, ¿sabes? Ni siquiera creo que tenga el más mínimo interés en dejarte... Si no es porque sigas presionándole a hacerlo —se humedece los labios.
—Yo... No... Ahora no lo tiene, pero y si... Yo no puedo... —respira con dificultad por la nariz. Francia estira una mano y le hace un cariño en la barbilla.
—S'il vous plaît... —susurra Francia cambiando el tono de voz a uno considerablemente más suave y serio—. Deja de tomarme a mí como ejemplo...
Inglaterra aparta un poco la cara, desviando la vista. Francia se gira a la ventana.
—Si mi opinión vale de algo, deberías dejar de pensar tan poco de ti mismo...
—Cómo voy a pensar en mí mismo, yo no soy precisamente lo mejor para él y... Quizás... —vuelve a no ser capaz de acabar la frase.
—Deja de decir eso... Deja de decir idioteces —Francia le mira, ahora enojado—. En que universo paralelo vives, Angleterre... ¿En el que Russie es mejor que tú para el garçón? —Le fulmina.
—Look at me, France —le responde—, ¡mírame dónde estoy, donde he estado toda la semana! ¿Cómo puedes pensar que esto es bueno para él?
—¿Cómo puedes pensar que es mejor que esté con un psicópata? —replica Francia—. Eres su mejor opción porque le quieres... ¡Le quieres! Dime que eso lo encuentras atrás de cada esquina... Dime que va a encontrar a alguien que le quiera más que tú... ¡Atrévete! —Le señala con un dedo.
—No creo que sea difícil, cualquiera podría ser... Mejor que yo —sentencia Inglaterra hundiendo las manos en su cabello—. Cualquiera que no esté yendo con... Alguien más —aprieta los ojos.
—¿Así que crees que es fácil que alguien le quiera más que tú? —Pregunta Francia en un tono frío como el hielo, con un nudo en la garganta.
—Tú no puedes ser quien yo necesito —Dice Inglaterra y mira a Francia—, al parecer yo no puedo tampoco ser quien él merece.
Francia traga saliva y se gira a la ventana, con los ojos empañados, que no quiere que le vea. Se tarda un poco en contestar, tratando de tranquilizarse, sin tener idea de qué responder... Tratando de verlo de manera objetiva...sin mucho éxito.
—Él te necesita —suelta al final, parpadeando. Inglaterra suspira al notar el tono quebrado y decide no seguir insistiendo, volviéndose a su ventana también, en silencio hasta que el taxi se detiene—. I'm sorry —agrega Francia y se gira con él cuando el taxi se detiene, retomando la compostura—. Pelea por él —sonríe.
—¿Y si pierdo? —Pregunta Inglaterra sin mirarle.
—Yo siempre estaré aquí para recoger los pedazos —asegura Francia. Inglaterra suspira y se baja del coche con los hombros caídos y los ojos cerrados—. Aunque eso no te parezca suficiente... —susurra bajándose él también con los hombros caídos, sintiéndose terriblemente cansado.
Inglaterra se arrastra hasta la puerta, después de pagar el taxi, sin oír eso último. Francia le sigue, tomándole del antebrazo cuando llega junto a él.
—Venga, ánimo. No vas a perder.
El inglés se limpia los ojos una última vez, con el mayor disimulo que puede, pero no responde a eso.
—Ojalá esto se acabe pronto.
Francia le palmea la espalda.
—Lo hará... —se calla unos segundos mientras camina por el pasillo hacia la sala de juntas—. Tengo hambre... —piensa en voz alta. Inglaterra le mira de reojo.
—Lo sé.
—Pardon... No era reclamo ni mucho menos —responde Francia sinceramente, mientras le sonríe un poco—. La he pasado peor en otros momentos —le da un suave empellón con el hombro—. Rosbif.
—¡Eh!—Protesta Inglaterra sonriendo un poquito—. Eso espero... ni siquiera te he pegado... tan fuerte.
—Seguro tengo tu mano marcada en la mejilla —lo recuerda, deteniéndose en seco. Busca una superficie reflejante—. ¿La tengo? ¿La tengo? Mon Dieu, como me hayas dejado una marca en la cara...
—Hace más de una hora de eso —responde Inglaterra tomando el pomo de la puerta de la sala de juntas. Francia le mira.
—Y me has dado un santo mamporro... Que no lo dudaría —se queja—. Dime, cher... ¿Se ve algo?
—A ver... —suelta el pomo poniendo los ojos en blanco y acercándosele, tomándole de la barbilla y obligándole a girar la cara. Francia la gira para mostrarle la mejilla, poniéndose un mechón de cabello tras la oreja. Inglaterra se pone de puntillas, dándole un beso rápido y sonrojándose un poco después de hacerlo—. Git! Ni que fueras una princesa —protestas después como si no acabara de hacer eso.
Francia le sonríe, genuínamente sorprendido, mirándolo con las cejas levantadas.
—Soy mejor que una princesa..., Rosbif —sentencia Francia empujándolo un poco hacia la sala, sintiéndose con fuerzas de nuevo. El inglés entra delante suyo, con el ceño un poco fruncido y sonriendo un poquito... y creo que deben ser los últimos en llegar, así que saluda a los presentes, al parecer sin notar el estado de su lugar... Que está lleno... No, no... LLENO de flores y chocolates y ositos de peluche y tarjetas y un GRAN unicornio con el pelaje ROSA sentado en su lugar. Ah, sí, y Estados Unidos está sonriendo como un niño pequeño.
Está bien, Inglaterra parpadea y flipa al ver eso, sonrojándose automáticamente y abriendo los ojos como platos, quedándose paralizado. Francia se detiene atrás de él, en shock también, mirando al niño... Y sonriendo, un poco en burla, un poco en relajación, un poco en nostalgia.
Italia sigue mirando los bombones con carita de querer y Rusia, a su puta bola, debe estar jugando con un clip o algo así que ha encontrado por ahí, esperando a que sea la hora de empezar, sin hacer ni caso del asunto.
Alemania está mirando a Inglaterra con cara de fastidio, mientras Japón hace una sonrisilla indescifrable con la cámara en las manos. Canadá mira al inglés con una sonrisa de "lo siento, ya le dije que era demasiado y no me hizo caso, ya sabes..." y luego ve a Francia y recuerda algo, buscando en su bolsa.
—He... llo... —saluda Estados Unidos con la misma sonrisa. Inglaterra, en cuanto reacciona, baja la cabeza, aun avergonzándose más y se acerca hasta su sitio.
—Ehm... hi... —susurra para Estados Unidos. Francia suelta una risita, muy en su papel, y se va a sentar a su lugar, mientras Inglaterra sigue sin mirar a nadie y Canadá trata de llamar la atención de Francia.
—I... —susurra Estados Unidos—. I... I'm sorry... Yo... Ya lo pensé y obviamente... —se lleva una mano a la nuca, sonriendo.
—It... It is OK... —susurra el inglés aún sin mirarle, tratando de recoger un poco, al menos para poder sentarse, pero... obviamente, hay demasiadas cosas por todos lados.
Francia a tarda un poco, pero termina por ver a Canadá.
—Luego hablaremos de eso —añade Inglaterra mirando a Estados Unidos de soslayo y sonrojándose un poquito más. Canadá le tiende a Francia una bolsa de papel.
—Trate de conseguir a Morning Star... Y... No había y... —Estados Unidos se calla un segundo—. Bueno pero...
—It's... it is OK —Inglaterra sonríe un poquito otra vez, mientras deja las flores encima de la mesa y recoge todas las tarjetas dejando el unicornio en el suelo entre su silla y la de Estados Unidos—. Thank you.
Estados Unidos sonríe un poco, relajándose.
—Las tarjetas... Dicen cosas —susurra como si fuera un ENORME logro—. My brother me ayudó a ir por todo pero ha sido mi idea —asegura. Francia, por su parte frunce el ceño, mirando la bolsa de papel que le ha mostrado Canadá.
—¿Qué es esto?
Inglaterra se sienta por fin y mira de soslayo a Alemania, como diciendo que ya pueden empezar y que dejará de interrumpir.
—Luego las leo —le promete a Estados Unidos.
—England me ha pedido que te comprara un bocadillo, porque no has comido —explica Canadá a Francia, quien sonríe, niega con la cabeza y sonríe un poco más.
—Angleterre... —susurra yendo a su lugar. Alemania carraspea y mira a... Dioses... Estados Unidos.
—Amerika, creo que puedes empezar.
Canadá se vuelve a su sitio e Inglaterra sigue como si fuera un tomate, recogiendo pétalos de flores de la manera más disimulada que puede.
—Oh... Sure... —Estados Unidos mira a Inglaterra y se levanta—. Claro... —camina al frente, sonriendo un poco y con la seguridad ligeramente renovada, empezando su presentación sobre la ayuda a Haití y Etiopía por medio de comida de astronauta.
Canadá toma apuntes de nuevo, mientras Italia trata de llamar la atención de Inglaterra para pedirle un bombón, quién está mirando las cosas que le ha dado de reojo, haciendo un recuento para luego no olvidarse nada ni que nadie le robe nada y se permite medio sonreír como idiota lo más disimuladamente que es capaz. Francia le mira, comiendo su bocadillo, y sonríe para sí, sinceramente, sintiéndose más relajado. Alemania toma apuntes igual que Japón, y Estados Unidos habla mirando a Inglaterra de vez en cuando y haciendo un esfuerzo por no ponerse nervioso al verlo recoger sus cosas. En un momento dado, mira al inglés sonreír un poco y sonríe él, callándose del todo.
En cuanto se calla, todos le miran, excepto Italia, que le suda tres pimientos... Y Alemania carraspea. Inglaterra aparta la vista incomodándose otra vez, llevándose una mano a la nuca y Canadá trata de hacerle señas con las cejas para que siga.
—Ehh... —Estados Unidos sale de su idilio al escuchar a Alemania carraspear, y se sonroja—. Ehh...yes... And the... The food... —empieza de nuevo sin que tenga que ver un bledo la comida con los últimos datos que estaba dado—. The... Food... —se lleva una mano al labio, girándose a la presentación intentando leerla.
Inglaterra frunce el ceño volviendo a mirarle, ¿qué es lo que le ha embobado? Se vuelve a Rusia, quien solamente está mirándole como siempre mientras sigue tratando de convertir el clip en un arma de destrucción masiva.
—And the... —Estados Unidos se jala un poco el labio inconscientemente—. The people... —lee la primera línea jalando un poquito la costra y haciendo lo que todos sabemos que no debería hacer...
Canadá facepalm.
—Oh... Yes! The numbers! —Recuerda en donde iba riéndose un poco. Rusia suelta el clip, que se le cae al suelo con un premonitorio "click, click, click...".
Estados Unidos sigue hablando, ahora que ya lo ha logrado, tratado de no mirar a Inglaterra para no volverse a distraer, sin notar nada. Francia frunce el ceño y le da otra mordida a su bocadillo, mientras Inglaterra sigue mirando fijamente a Rusia en absoluta tensión.
Canadá mira a todo el mundo nervioso. Estados Unidos sigue hablando sin notar la gotita de sangre que se va haciendo cada vez más grande.
—And... Si mandamos comida de astronauta, miles de niños podrán probar el helado de chocolate —explica. Y cuando la gotita de sangre está a punto de resbalar por el labio, Rusia se pone de pie, mientras Estados Unidos sigue hablando, sin notarlo. Francia abre los ojos como platos y Alemania mira a Rusia con cara de ¿QUÉ MIERDA?
Inglaterra se tensa tanto que prácticamente se pone de pie también, mientras Canadá está cada vez más histérico, Rusia se acerca a donde está Estados Unidos, quien se gira hacia ellos y da un bote enorme cuando ve que el ruso está ahí, dando un gritito y callándose.
Alemania mira a Rusia.
—Russland! —Le riñe sin darse cuenta de qué es lo que pasa. Inglaterra sigue de pie, apoyando las manos sobre la mesa a punto de saltar por encima de ella y acercarse hasta donde están en cualquier momento.
—What... What... What... —pregunta Estados Unidos nervioso/histéricolocoperdido, o más bien intenta preguntar.
Canadá también se plantea acercarse a Rusia y a Estados Unidos. Francia, por cierto, chilla al
mismo tiempo que Alemania poniéndose de pie.
—RUSSIE!
Rusia sigue ahí detenido en silencio unos instantes, como si estuviera pensando. Estados Unidos se lleva una mano al labio por instinto.
—¡No te me acerques! —Chillonea, llevándose también en automático la mano a la bolsa de la chaqueta, y descubriendo... O recordando con terror, que la chaqueta está en el respaldo de su silla junto a Inglaterra. Abre los ojos como platos.
Rusia saca un poquito la lengua relamiéndose sin apartar la vista de Estados Unidos. Francia mira a Inglaterra... Y luego a Rusia, y luego a Estados Unidos, y luego a Inglaterra.
Estados Unidos da un paso atrás. Inglaterra está a punto de hacer UNA ESTUPIDEZ. Francia mira al inglés y nota su cara... Y entra en pánico.
—¡SI TE ACERCAS TE MATO! —Grita Estados Unidos apuntando a Rusia con un dedo. Rusia da otro pasó acercándose a Estados Unidos, e Inglaterra salta sobre la mesa, deteniéndose ahí con el ceño fruncido.
Y Francia pega un grito agudo, saltándole encima a Inglaterra y tacleándolo prácticamente hasta el suelo. Inglaterra empieza a forcejear peleando con Francia para tratar de soltarse.
—Non, non... —grita Francia mientras Estados Unidos sale del sobresalto mirando a Inglaterra en el suelo y corriendo en pánico hasta ellos.
—¡Suéltame! Bloody bastard! —Grita Inglaterra golpeando a Francia como puede.
—¡SILENCIO! —Grita Alemania con TODAS sus fuerzas y con TODA su voz de mando.
Inglaterra se detiene mirando a Alemania y Rusia sale un poco de su embobamiento también. Francia también se detiene y Estados Unidos se gira a mirarlo.
—¡Esto es el colmo! ¡Es una burla! —Suelta Alemania ofendido mirándoles a los cuatro.
—Ehm... —Inglaterra se suelta de Francia, poniéndose de pie—. I'm sorry, Germany —se disculpa bajando la cabeza.
—¿Ustedes creen que todo el mundo tiene tiempo de sentarse a observar sus novelas? —Sisea echando humo por las orejas—. ¿Cuántos tienen? ¿Catorce? —Sigue—. Du! —Señala a Estados Unidos con un dedo—. Recoge todas tus cosas y todas las que has traído hoy y desaparécelas de mi vista. Lárgate al hotel, estás expulsado de esta junta.
Inglaterra levanta las cejas y luego frunce el ceño.
—Y ni te atrevas, England, ni te atrevas a decirme que no puedo echarlo —le levanta un dedo—, de una junta que no tiene ni pies ni cabeza —dice y se gira a Rusia—. Du! Levanta la sesión y deja abierta el acta.
Estados Unidos abre la boca para protestar y se lo piensa bien, cerrándola. Rusia le mira sin acabar de entender que le están pidiendo.
—Ehh... Allemagne... —susurra Francia levantándose del suelo y acercándose a él.
—¡Soldado! —Grita Alemania mirando a Italia. Japón se pone de pie aunque no le hablen a él,
temblando un poco. Italia saluda marcial a Alemania, que ya ha estado en tensión todo el rato—. Recoge tus cosas... Nos vamos —ordena Alemania a Italia, empezando a poner sus cosas en el portafolios. Y entonces se fija en Francia—. Was? —pregunta sin mirarle.
Francia mira a Inglaterra. Japón empieza a recoger como si la orden hubiera sido para él. Italia empieza a recoger un poco más lentamente que Japón.
Inglaterra sigue mirando a Alemania con los ojos entrecerrados y luego se vuelve a su sitio a recoger también, mientras Rusia se acerca al proyector un paso más y lo enfoca... porque a eso es a lo que se ha acercado... además de a lo de la sangre. ¡Joder con Rusia!
—Allemagne... —susurra Francia—. No... No podemos... No podemos dejar la junta a la mitad...
—Esto no es una junta, esto es un circo —responde Alemania cerrando el portafolios—. Nos vemos en siete días, en Berlin, únicamente quien tenga interés en trabajar.
Estados Unidos mira a Inglaterra, con el ceño fruncido también.
—¿Cómo es que no echó a Russia? O a France... O a ti. Yo no hice nada —protesta—. Porque todos me tratan como un fucking niño... —agrega. Inglaterra le pone dos dedos en los labios y le mira con el ceño fruncido—. I hate this... —protesta con todo y los dedos de Inglaterra en la boca—. Odio a Russia, odio el G8 de shit... —Y luego le mira mejor y le sonríe.
Inglaterra sigue fulminándole hasta que se calla. Estados Unidos le mira triste, mientras Francia termina de hablar unas cuantas palabras con Alemania y vuelve a su lugar a guardar.
Inglaterra saca los dedos de los labios de Estados Unidos y nota que tiene la sangre en ellos... mira a Rusia y cuando consigue que él le mire le fulmina, mira sus dedos de nuevo y se los lleva a la boca sin dejar de fulminarle. Ése es Inglaterra meando en los límites de su territorio cual macho alfa.
Francia mira la escena y sonríe, riéndose un poquito, imaginándose a Inglaterra meando y todo el rollo. Rusia observa todo el proceso y luego sonríe de manera inquietante, sin mostrar lo que piensa y Alemania se le planta enfrente. Estados Unidos no se entera de nada, por cierto.
Canadá recoge sus cosas y sale en plan compungido y sin querer que le riñan más, pensando "esto ha sido un completo desastre/perdida de tiempo".
—Canada... Espera —le alcanza Francia, mirando a Inglaterra de reojo al salir—. ¿Qué vas a hacer?
—¿A hacer? —Pregunta Canadá sorprendido—. Pues... volver a casa y preparar la junta de Berlin, claro.
—Mmm... —Francia lo mira de reojo e inesperadamente, lo toma de la nuca y lo besa en los labios. Canadá parpadea, flipando pero no se aparta, porque bueno, Francia hace esas cosas a veces. Al final Francia se despega, con los ojos apretados.
—No... Quieres... —se lame los labios.
—Eeeeeh... —Canadá vacila incómodo. Francia se queda callado unos instantes.
—¿Quieres... Venir conmigo a Pologne a alcanzar a Espagne y a Prusse? —Cambia la pregunta que había formulado inicialmente. Canadá le mira como angustiado y piensa en lo que tiene que hacer y mira a Francia... y suspira derrotado.
—Necesito un compañero de putas o de... Farra —agrega Francia—. Espagne et Prusse son cada vez más aburridos —se le despega, estirándose la ropa.
—O... oui... —balbucea accediendo, porque al final, Canadá siempre accede a estas cosas. Francia le sonríe, pasándose una mano por el pelo y relamiéndose.
—Has comido... ¿Qué has comido con jarabe de maple? —Pregunta mirándole.
—Esta... esta mañana... y... el postre... —vacila, porque al parecer Canadá vacila todo el rato. Francia frunce el ceño.
—Eso veo —se mete las manos a las bolsas—. Voy a comprar boletos para hoy, ¿bien?
Canadá asiente.
—Antes de que mon frère decida que quiere ir a buscar cualquier otra cosa extraña y me haga recorrer toda la ciudad, si'l vous plaît —pide suspirando. Francia le sonríe.
—¿Cómo está, por cierto?... O cómo estaba antes de esto último...
—Asustado... creo... bueno, él nunca lo admitirá, pero... preocupado, cree que Angleterre no le va a querer más y por eso ha vuelto a hacer como en Washington —explica. Francia niega con la cabeza.
—Angleterre está muerto de celos... —dice—. Cree que ton frère va a dejarle por Russie —hace los ojos en blanco y luego le mira—. ¿Tú crees... Que eventualmente... Tengan sexo?
—Non... —responde Canadá sin tenerlo muy claro—. Hoy, antes de ir a comer... han vuelto a enfrentarse, creía que iban a pegarse de nuevo... o a matarse, no lo sé, al final sólo se han insultado un poco y Russie se ha ido.
Francia levanta las cejas.
—Mmm... Tengo que pedirte un favor... —le mira a la espera—. Russie... Me ha contado lo de la sangre —explica subiéndose al taxi.
—Es un demente... has visto como se ha acercado, me pone de los nervios —explica Canadá temblando un poquito.
—Oui... Lo sé... —le mira de reojo—. Necesito... Que hagas algo por tu frère.
—J... je? —pregunta una vez sentado a su lado, con el taxi en marcha.
—Oui... —Francia sonríe un poco.
—Quoi? —insiste un poco más.
—Eres tú o Angleterre, y por alguna razón creo que Angleterre no va a acceder a hacer eso —mira por la ventana—. Necesito que consigas un poco de su sangre —explica Francia como si estuviera pidiendo algo que se compra en una tienda.
—Qu... quoi? —Canadá flipa.
—Oui...
—Verás... O la consigues tú, o la consigue Russie con su grifo —explica el mayor.
—Oe... pero... je... non... —vacila—. Mon frère no me va a dejar... es decir... él...
—¿Y crees que va a dejar a Russie hacerlo sin desencadenar una guerra mundial? Tú sabes lo persistente que es, mon amour.
—O... oui... pero...
—Tienes quince días... —agrega.
—Pero... France... —traga saliva.
—Quoi? —le mira.
—Je... voy a tener que robársela o algo parecido... esto es... prácticamente imposible y si él llegara a saber alguna vez...
—No va a saberlo... —explica Francia.
—Oui, pero...
—Nadie va a decírselo... Angleterre va a ayudarnos a encubrirlo... —asiente Francia—Lo peor que puede pasar es que no la consigamos y Russie vaya tras él... Que es donde estábamos en un principio —explica mejor.
—Angleterre? ¿Ayudarnos a... con Russie? —Pregunta Canadá incrédulo.
—Debe haber una forma en la que lo haga... En concreto si Amérique está en peligro.
Canadá suspira.
—Ojalá.
—Podría asegurarlo —sentencia el mayor cuando el taxi se detiene en el hotel. Le paga al taxista—. ¿En que habitación estás?
—En la 402 —responde el canadiense.
—Bien... Te hablo en cuanto tenga los boletos... —le sonríe. Canadá sonríe de vuelta asintiendo con la cabeza. Suben al elevador y Francia se mete las manos en las bolsas.
—Podrías hablarle a ton frère en un rato... A ver cómo fue todo con Angleterre.
—Mmmmm... France? —Pregunta Canadá mirándole.
—Oui? —Le mira con los ojos entrecerrados.
—¿Estás bien? —Pregunta, con real preocupación. Francia traga saliva y lo mira como si le hubiera salido otra cabeza.
—Eh... Pour... ¿Pour quoi lo preguntas? —Levanta las cejas.
—Pues porque... no lo pareces —responde cuando el ascensor se para en el piso cuatro.
—N... Non? —Pregunta Francia frunciendo el ceño. Canadá niega parándose en las puertas para que no se cierren—. Je... —traga saliva y desvía la mirada—. Estoy bien.
Canadá le mira y... decide creérselo, acabando de salir del ascensor.
—Avísame para los billetes de avión.
Francia asiente con la cabeza, viendo las puertas cerrarse. Sube a su cuarto, con las manos en las bolsas y un nudo en la garganta. Llega a su cuarto... Y cierra la puerta tras él. Haciendo un enorme esfuerzo por... Buff... Se tira en la cama haciéndose bolita y saca el celular. Marca el número de España.
España, que para este momento debe estar con Prusia burlándose de Polonia por vete tú a saber qué porque Polonia es Polonia... o quizás solo Prusia está burlándose y España estaba hablando con Romano... mira el teléfono y abre los ojos como platos.
—¡Tío! ¡Tío! ¡Tío! ¡Tío! ¡Perdona! ¡Perdona! ¡Perdona!
—¿Que... Perdone? ¿Por? —Francia levanta las cejas.
—No te he llamado ni una sola vez, tío, estaba... bueno estábamos aquí con Polonia, tío, que es raro de cojones y claro... Además Prusia estaba por aquí todo el tiempo y he estado hablando mucho con Romano y como tú tampoco llamabas ni nada de eso, pues pensé, "qué cojones, debe estar bien" porque, bueno, claro, pensé que si no estuvieras bien habrías llamado y claro..., aun así tendría que haberte llamado yo mismo, porque ¿como sé que no es que estás tan mal que ni siquiera puedes responder? —El discurso de España.
Francia sonríe un poco, limpiándose las pocas lágrimas que tiene en la cara.
—Ehm... bueno, ¿y cómo te han tratado allí entre los fríos tártaros? —Pregunta España callándose por fin.
—Ha sido... Una junta desastrosa —admite Francia. El español levanta las cejas.
—¿Por?
—Porque han pasado muchas cosas... Que tengo que contarte en persona —traga saliva—. Voy a ir para allá hoy, si consigo boletos... —dice—. De hecho, cher, ¿crees que podrían comprarlos ustedes? —Pregunta cerrando los ojos.
—¡Oh! ¡Cómo mola! ¡Eh! ¡Prusia! Tío, ¡mira que dice Francia! —Grita España a Prusia con el teléfono al oído sin consideración por Francia, quien sonríe.
—Voy a ir... Con Canada —explica Francia lentamente.
—¡Que viene...! ¡Seeeh...! ¡Seeeh! ¡Hoy...! —Sigue España.
—¿Me escuchaste? —Repite Francia cerrando los ojos, con la voz un poco cortada.
—Espera, espera, tío, que me está diciendo algo —pide España—. ¿Qué pasa?
—Voy con Canada —repite Francia.
—¡Oh! ¡Canadá! ¡Eh, tío, viene con Canadá! —Le dice a Prusia—, ... y yo qué coño sé...
Francia solloza un poco, desesperado porque España no entienda lo que eso implica.
—Espagne...
España vuelve a prestar atención a Francia.
—¿Qué pasa?
—Estoy muy, muy cansado... —admite el francés. España frunce el ceño.
—¿Qué?
—Estoy muy cansado —repite limpiándose la cara.
—¿Por... de qué? —Pregunta extrañado.
—De todo... De... Todo —susurra Francia—. De empujarle a eso, de aconsejarle, de defenderle, de dejarle ir... —se sorbe los mocos—. Recuérdame, Espagne...
—Oh... Dios mío... ¿Qué ha pasado? ¿Se ha ido, verdad? ¡El muy cabrón! ¿Por qué no me llamaste ayer noche? Yo iba a llamarte y luego llamé a Romano y estuve hablando hasta que se hizo tardísimo y se me olvidó por completo y... ¿por qué no me llamaste?
—Porque anoche durmió conmigo... —explica. España parpadea genuinamente sorprendido.
—¿Perdona?
—Anoche durmió conmigo y hoy en la mañana también y... —suspira—. Quoi? —pregunta.
—Pero... y él... ¿y el muchacho? Él también estaba ahí, ¿no? —Pregunta España sin entender—. ¿Se lo ha dicho?
—Eran dos —explica Francia cerrando los ojos.
—¿Dos qué? —Pregunta España sin entender.
—Eran dos Angleterres... Era un hechizo.
—¿Un... hechizo? —Aún sin pillarlo.
—Hizo un hechizo y se duplicó —repite Francia pensando que suena idiota decirlo—. Suena idiota, lo sé... Pero...
—¿Hizo un hechizo y se duplicó? ¡Oh! ¡Por eso estaba contigo y en Londres a la vez! —España se cree estas cosas porque España es como Italia, un chico del sur supersticioso.
—Oui... —sonríe—. Tuve sexo con los dos en la mañana.
España levanta las cejas y se ríe un poco.
—Cómo mola... si será cabrón —se ríe un poco malignamente.
—No tienes idea... No tienes ni la más mínima idea de lo... —se ríe—. Creo que es El mejor sexo...
—Aunque si es difícil convencer a uno, no tengo idea de cómo debes haber hecho para convencer a dos —valora.
—No ha sido tan complicado en realidad... Ha sido peor lo de después —explica sintiéndose más relajado.
—¿Lo de después? —España levanta las cejas.
—Ha sido un día larguísimo, cher... —indica Francia—. Russie... et Amérique... —traga saliva—. Es otro secreto, cher...
—¿Secreto? —Pregunta España sin entender.
—Russie le ha lamido la sangre del labio al garçon... Y los dos han terminado... Con una erección.
España alucina.
—¿Estás seguro que no te pasaste con el vodka ayer noche? Dos Inglaterras, Rusia y América...
Francia se ríe.
—Cien por ciento...
—¿Y... que ha pasado? ¿Cómo se lo han tomado? —Pregunta cambiando de postura.
—Hoy quiero emborracharme hasta quedar ahogado... —admite Francia—. Mmm pues... Amérique... Mal. Apanicado. Russie... Mal. Está obsesionado con obtener su sangre. Y... Angleterre... —suspira.
—¡No me extraña! Menudo susto deben haberse pegado, pero creo que Hungría hace tiempo que venía diciendo que si no fuera por la tensión entre Inglaterra y América, el crío y Rusia deberían planteárselo —comenta en plan chafardero—. Quizás podamos liarles.
—No sé si quiero liarles... Angleterre... Lo está pasando fatal.
—Que le jodan a Inglaterra, Francia... —responde duro. El francés suspira.
—Non... Cher... No entiendes...
—Sí, claro que te entiendo... pero tu pensamiento es destructivo —explica España.
—S'il vous plaît... No me obligues a defenderle también contra ti... —suplica Francia. España tuerce el morro.
—Mira, vente para acá con nosotros, te traes a Canadá... ¿Canadá está solo verdad? Le damos una fiesta y que Inglaterra sepa lo que se está perdiendo por capullo, ¿te hace?
—Non... Él sabe... Cher... Soy yo... —susurra—. S'il vous plaît... Angleterre sabe... Cher, soy yo...
España se pasa la mano por el cabello.
—¿Entonces qué cojones pasa contigo? —Pregunta y Francia se queda callado.
—¿Te has enfadado?
—No... no... —niega con la cabeza—. Es que no quiero meterte la bronca a ti...
—Estoy muy cansado... Quiero emborracharme. Dile a Prusse... Que hoy puede emborracharme todo...
—Vale... De hecho, quizás podamos volver a liar a Prusia con Canadá —recobra el buen humor—, me parece que Prusia ya dio el primer paso de eso.
—¿Liar a Prusse con Canada? —Levanta las cejas—. Hombre... ¡Tú estás empeñado en no liar a nadie conmigo! —Protesta en broma.
—Seh. ¡Eh, tío! Viene Canadá —España levanta las cejas y lo siguiente que oye Francia es un par de golpes sordos.
—Espagne? ¿Estás bien?
—¡Tíooooooooo! —Grita Prusia por teléfono—. No me jodas con Kanada, eh, que Ungarn... no me metas en rollos, bitte.
—Prusse! —Le saluda Francia sonriendo—. Ah, es verdad que se besaron cuando fuiste vestido como yo —se ríe—. Puedes besarle, le ha gustado...
—Qué hay, el más... —se detiene— Nein! Nein! ¡Tío! No me metáis en... ¿le ha gustado? Pero él creía que eras tú... claro, que siendo yo tan awesome, pues es normal.
Francia hace los ojos en blanco y se ríe.
—Ya veremos... Voy a ir con él igual, veremos si se dan unos besos.
—Tío, el que necesita marcha es Polen... ya lo verás... es... ¿sabes ese rollo de los ponis que cuentas de England? Pues este tío está igual o peor... —explica—. Creo que deberíamos invadirlo otra vez —propone pensándoselo. Francia se ríe más por lo primero y luego se atraganta.
—Non, s'il vous plaît... Non, non, non, non..., no nos metas en problemas... Tengo una cosa mejor para que hagas por mí. Quiero pedirte un favor.
—Espera, voy a llamar a mi bruder y al psycho-vo... —se detiene—. ¿Un favor?
—¡Hablo en serio! ¡No vas a invadir a Pologne! —Protesta Francia—. S'il vous plaît...
Prusia pone los ojos en blanco.
—Es cierto que tú estabas en el bando aburrido de los aliados... buf... bueh, ¿y cuál es el favor?
—Puedes emborracharme hoy... Hasta...
—¿Que estés inconsciente? —Pregunta sonriendo con malicia—. ¡Ya era hora de que dejaras de trabajar tanto!
—Lo sé —se ríe—. ¿Entonces qué dices?
—Creo que será mi buena obra del día —sonríe Prusia.
—Sólo una condición —añade el francés—. Bien... Pero nada de qué vas a besuquearte con Canada en vez de cuidarme —sentencia riendo.
—¿Cual condición? —levanta las cejas—. Es raro que me pidas eso, quiero saber por qué —sigue—. Nein! Nein! Tío, en serio... nein, Kanada nein.
—Estoy absolutamente cansado —responde Francia con total sinceridad como justificación, después de unos segundos.
—No me extraña, tío, llevas toda la semana... primero la mierda esa con England y ahora el G8... ¡deberían saber que tú no puedes trabajar más de un día sin descansar tres!
Francia se ríe sinceramente.
—Exactamente...
—Pues venga, vente para acá, voy a coaccionar a Polen a que pague algo bueno, ¿qué quieres? ¿Vino? Creo que sólo hay pintura rosa aquí... bueno, Spanien elegirá el vino.
—Necesito algo más fuerte, cher... Cognac... Whiskey... Algo así.
—Bier... Vodka... pillar una cogorza de vodka te debe hacer desear matar a todo el mundo —bromea.
—Non... Vodka non... —niega con la cabeza—. Cognac, algo así...
—Coñac... Ok... eso es... ¿Brandy, verdad? Tío, ¿crees que podamos conseguir brandy? —Pregunta a España.
—Eso o lo que sea que sea fuerte —sonríe Francia, resuelto.
—Bien, deja que el awesome yo se ocupe de todo —sonríe Prusia con soberbia. Francia se ríe.
—Vale, vale... Merci, cher... —sonríe.
—¡Ah! Espera... que Spanien dice no sé qué... ¿Qué pasa, tío?
Francia levanta las cejas.
—Ah... ehm... pues no sé... espera que le pregunto... ¡ah! ¡Ah! No que ya... ah... joder, pues haberlo dicho —sigue hablando con España.
—¿Qué dice?
—Nah, tío, que es un alarmista, que ya te ha reservado el vuelo y que te ha mandado por correo electrónico los billetes y todo eso.
—Oh... ¿Para ambos? Dile que es un sol... —sonríe encantado—. ¿Por qué dices que es un alarmista...?
—Porque me lo ha dicho como que no había plazas y luego me dice que ya ha reservado.
—Aaahhh... Qué bueno. No quiero pasar la noche aquí... —el draaaaama.
—Bueno, sales... salís en un par de horas, ¿ya has recogido?
—¡En un par de horas! —Se sienta en la cama—. ¡Non! Estaba... Es... Y... ¿Pero pretenden que no me cambie ni nada? Mon Dieu! ¡Ya me voy!
—Pues... dice que... yo que... espera —pide Prusia. Francia se levanta y empieza a recoger, con el teléfono al oído.
—¡Heeey! —Vuelve a responder España—. Perdona, Prusia me lo ha quitado antes.
—Lo sé... Eres imposible con los tiempos, ¿cómo que salimos en dos horas?
—He pillado el primer vuelo para que salgas de ahí cuanto antes, sólo falta que tengas que ir al aeropuerto con... ya sabes.
—Non... Creo que pasarán la noche aquí... Ahora tengo que escribirle —responde sin pensar—. Nos vemos en un rato, vayan por nosotros al aeropuerto s'il vous plaît.
—¡Claro! ¡No vemos, tío! —Sonríe España, despidiéndose sin comentar sobre lo de escribir porque España tiene ganas de meterle la bronca a Francia, pero cree que debe ser como el peor momento del mundo.
—Los quiero —responde Francia sonriendo.
—Y nosotros a ti —asegura España.
—Y los he echado de menos —concluye Francia al final, colgando.
¡No te olvides agradecerle a Tari! Esta historia va leeeentamente, pero al menos va. Por eso el capítulo largo hoy, creo de igual manera que estamos llegando al final... o no, por que por lo que veo se están organizando para los eventos que siguen con la próxima junta en Berlin... ese es el problema, ¡no hay lugar donde cortarla!
