Disclaimer: los personajes son propiedad de la increíble Suzanne Collins, y la historia es parte de la maravillosa escritora Cecelia Ahern. Esto solo forma parte de mi alocada cabeza que ha juntado estas maravillosas historias.

Música de acompañamiento: Forget to laugh- Bridgit Medler (me he viciado a esta mujer)


Capítulo 36

Katniss no logró concentrarse durante la última hora de trabajo. Miraba el reloj continuamente, deseosa de que el tiempo pasara más despacio. Por una vez ocurría exactamente lo contrario. ¿Por qué no iba así de rápido cuando aguardaba para abrir uno de los mensajes de Peeta? Por enésima vez aquel día, abrió el bolso para comprobar de nuevo que el mensaje siguiera bien guardado en el bolsillo interior. Como era el último día del mes había decidi do llevarse el sobre de octubre a la oficina. No sabía muy bien por qué, pues no tenía intención de trabajar hasta medianoche, y lo normal hubiese sido esperar a volver a casa para abrirlo. Sin embargo, cuando por la mañana se fue a trabajar estaba tan nerviosa que no se vio con ánimos de dejarlo en la mesa de la cocina. Aquel sobre la intrigaba aún más que los anteriores porque era un poco más abultado. Además, de este modo sentía a Peeta más cerca de ella. Sólo faltaban unas horas para volver a reunirse con él y, si bien deseaba que el reloj avanzara más deprisa para poder leerlo, también le daba pavor la cena con Cato.

A las seis en punto oyó que Bonnie desconectaba su ordenador y bajaba ta coneando por la escalera de madera hacia la libertad. Katniss sonrió al recordar que aquello era exactamente lo que ella solía hacer antaño. Aunque las cosas eran muy distintas cuando tenías un marido guapo esperando en casa. Si ella aún tuviera a Peeta, estaría corriendo con Bonnie hacia la puerta.

Oyó a algunos otros recoger sus cosas y rezó para que Colonarius entrara a de jar un montón de trabajo sobre su escritorio que la obligara a trabajar hasta tarde y cancelar la cena con Cato. Ella y Cato habían salido juntos millo nes de veces, así que ¿por qué estaba tan preocupada ahora? Sin embargo, ha bía algo que la inquietaba en el fondo de su mente, sentía algo extraño en el estómago cuando oía la voz de Cato por teléfono, lo que hacía que la inco modara la idea de verlo. Se sentía tan culpable y avergonzada por salir con él que trató de convencerse de que sólo se trataba de una cena de trabajo. En realidad, cuanto más lo pensaba más se concienciaba de que no era más que eso. Pensó en cómo se había convertido en una de esas personas que comen tan asuntos de trabajo durante una cena. Usualmente, los únicos asuntos que comentaba durante una cena eran los hombres y la vida en general con Annie y Clove, o sea asuntos de chicas.

Apagó sin prisas el ordenador y guardó lo preciso en su maletín con suma meticulosidad. Todo lo hacía con parsimonia, como si así pudiera evitar cenar con Cato. Se golpeó la cabeza... era una cena de trabajo.

- Eh, sea lo que sea, seguro que no hay para tanto -dijo Bonnie, asomán dose a su puerta. Katniss se sobresaltó.

- Jesús, Bonnie, no te había visto. –

- ¿Va todo bien?

- Sí -contestó Katniss con tono vacilante-. Es sólo que tengo que ha cer algo que en realidad no quiero hacer. Aunque en cierto modo sí quiero, lo que no hace más que reafirmarme que no quiero hacerlo porque parece que esté mal aunque en realidad está bien. ¿Entiendes?

Miró a Bonnie, que lógicamente estaba perpleja.

- Y yo que creía que me pasaba de la raya al analizar las cosas.

- No me hagas caso. -Katniss se reanimó-. Estoy perdiendo el juicio.

- Pasa en las mejores familias -apuntó Bonnie, sonriendo.

- ¿Qué haces otra vez aquí? -peguntó Katniss al recordar que la había oído marcharse un rato antes-. ¿Es que no te atrae la libertad?

- Olvidé que tenemos una reunión a las seis -dijo Bonnie, poniendo los ojos en blanco.

- Vaya. -Katniss se sintió un tanto decepcionada.

Nadie la había avisado de aquella reunión, aunque tampoco era tan extraño, puesto que no asistía a todas. Sin embargo, sí era raro que Bonnie asistiera a una sin que la invitaran a ella.

- ¿Es sobre algo interesante? -Fisgoneó procurando fingir desinterés mientras acababa de ordenar el escritorio.

- Es la reunión de astrología.

- ¿Reunión de astrología?

- Sí, la celebramos cada mes.

- Ah, ¿y se supone que debo asistir o no estoy invitada?

Intentó no parecer frustrada pero fracasó estrepitosamente, lo que no hi zo sino aumentar su vergüenza. Bonnie rió.

- Claro que estás invitada, Katniss. Iba a pedirte que vinieras, por eso es toy en la puerta de tu despacho.

Katniss soltó el maletín sintiéndose estúpida y siguió a Bonnie hasta la sala de juntas, donde el resto del personal aguardaba sentado.

- Atención todos, ésta es la primera región de astrología a la que acude Katniss, así que démosle la bienvenida -anunció Bonnie.

Katniss tomó asiento mientras los demás aplaudían en broma la incorpo ración de un nuevo miembro a la mesa. Colonarius se dirigió a Katniss:

- Katniss, sólo quiero que sepas que no tengo absolutamente nada que ver con esta tontería y me disculpo de antemano porque te veas envuelta en ella.

- Corta el rollo, Colonarius.

Tracey hizo un ademán a su jefe y, provista de un bloc de notas y un bo lígrafo, se sentó a la cabecera de la mesa.

- Muy bien, ¿quién quiere empezar este mes?

- Empecemos por Katniss -erijo Bonnie con generosidad. Katniss miró alrededor, desconcertada.

- Pero Katniss no tiene idea de lo que estamos haciendo.

- Veamos, ¿cuál es tu signo del zodiaco?

- Tauro -contestó Katniss.

Todos se deshicieron en exclamaciones y Colonarius apoyó la cabeza en las ma nos fingiendo que no se divertía.

- Fantástico -dijo Tracey muy contenta-. Nunca habíamos tenido un Tauro hasta ahora. Bien, ¿estás casada o sales con alguien o vives sola?

Katniss se sonrojó al ver que Brian le guiñaba el ojo y que Colonarius le sonreía alentadoramente. Su jefe era el único de la mesa que sabía lo de Peeta. De pronto reparó en que era la primera vez que tenía que responder a aquella pre gunta desde que Peeta había muerto y se sintió un tanto insegura.

- Bueno... no, en realidad no salgo con nadie, pero...

- Perfecto -dijo Tracey, comenzando a escribir-. Este mes Tauro debe rá buscar a alguien alto, moreno y guapo y... -Se encogió de hombros y levantó la vista-. ¿Alguna idea?

- Porque tendrá un gran impacto sobre su futuro -terció Bonnie.

Brian volvió a guiñarle el ojo. Obviamente le divertía que él también fue se alto y moreno, y obviamente estaba ciego si creía que era guapo. Katniss se estremeció y desvió la mirada.

- Bien, la cuestión profesional es fácil -prosiguió Tracey-. Tauro esta rá ocupada y satisfecha con la cantidad de trabajo que se le avecina. El día de la suerte será... -Lo pensó un momento-. Un martes, el color de la suer te... el verde -decidió tras fijarse en el color de la blusa de Katniss-. ¿Quién es el siguiente?

- Espera un momento -interrumpió Katniss-. ¿Esto es mi horóscopo para el próximo mes? -preguntó impresionada.

Todos los presentes se echaron a reír.

- ¿Hemos hecho pedazos tus sueños? -bromeó Gordon.

- Por completo -admitió Katniss, decepcionada-. Me encanta leer los horóscopos. Decidme que todas las revistas no lo hacen así, por favor -suplicó. Colonarius negó con la cabeza.

- No, no todas las revistas lo hacen así, Katniss. Algunas se limitan a con tratar personas con el talento preciso para inventárselo por su cuenta sin im plicar al resto de la oficina. -Fulminó con la mirada a Tracey.

- Ja, ja, Colonarius -dijo Tracey secamente.

- ¿Entonces no eres vidente, Tracey? -preguntó Katniss, apenada. Tracey negó con la cabeza.

- No, no soy vidente, pero se me dan bien los consultorios sentimenta les y los crucigramas, muchas gracias.

Tracey miró con acritud a Colonarius, que respondió moviendo los labios para que leyera la palabra «uau».

- Vaya, pues me he quedado sin horóscopos -bromeó Katniss, y se retre pó en la silla, un tanto abatida.

- Muy bien, Colonarius, te toca. Este mes Géminis trabajará más de la cuen ta, nunca saldrá de la oficina y se alimentará de comida basura. Es preciso que busque cierto equilibrio en su vida.

Colonarius miró hacia el techo.

- Escribes lo mismo cada mes, Tracey -le reprochó.

- Bueno, mientras no cambies de estilo de vida no puedo cambiar lo que hará Géminis, ¿no? Además, no he recibido ninguna queja hasta ahora.

- ¡Yo me estoy quejando! -exclamó Colonarius.

- Pero tú no cuentas porque no crees en los signos del zodiaco.

- Y me pregunto por qué. -Colonarius se echó a reír.

Siguieron con los signos zodiacales de los demás y finalmente Tracey se rin dió a las exigencias de Brian de que Cinna fuera deseado por el sexo opuesto todo el mes y le tocara la lotería. Katniss miró la hora y vio que llegaba tarde a su cita de trabajo con Cato.

- Vaya, perdonadme pero tengo que marcharme -dijo excusándose.

- Tu hombre alto, moreno y guapo te espera -dijo Bonnie con una risi ta-. Mándamelo a mí si tú no lo quieres.

Katniss salió a la calle y el corazón le dio un brinco al ver que Cato venía a su encuentro. Los meses frescos de otoño habían llegado y Cato volvía a llevar su chaqueta negra de piel y pantalones tejanos. Tenía el pelo rubio re vuelto y una sombra de barba le cubría el mentón, así que presentaba aquel aspecto tan característico de acabar de levantarse de la cama. Katniss tuvo un retortijón de estómago y miró hacia otra parte.

- ¡Casi acierto! -exclamó Tracey al salir del edificio a espaldas de Katniss, y se dirigió presurosa y feliz calle abajo.

- Lo siento mucho, Cato -se disculpó Katniss-. Estaba en una reu nión y no podía llamar -mintió.

- No te preocupes, seguro que era importante. -Cato le sonrió y Katniss se sintió culpable al instante. Aquél era Cato, su amigo, no un tipo al que tuviera que evitar. ¿Qué demonios le estaba pasando?

- ¿Dónde te gustaría ir? -preguntó Cato.

- ¿Qué tal aquí mismo? -dijo Katniss, mirando a la cafetería de la planta baja del edificio donde trabajaba. Quería ir al lugar menos íntimo y más in formal posible.

Cato arrugó la nariz.

- Estoy demasiado hambriento para eso, si no te importa. No he proba do bocado en todo el día.

Fueron paseando y Katniss propuso todas las cafeterías que encontraron a su paso sin que Cato se decidiera a entrar en ninguna de ellas. Finalmente se conformó con un restaurante italiano al que Katniss no pudo negarse. No por que le apeteciera entrar, sino porque no quedaba ningún otro sitio al que ir después de que ella hubiese desestimado todos los demás restaurantes oscu ros de ambiente romántico y Cato se hubiese negado a comer en ninguna de las cafeterías informales y bien iluminadas.

Dentro reinaba un ambiente tranquilo, con sólo unas pocas mesas ocu padas por parejas que se miraban encandiladas a los ojos a la luz de las velas. Cuando Cato se levantó para quitarse la chaqueta, Katniss aprovechó para apagar la vela de su mesa. Cato llevaba una camisa azul oscuro que hacía que sus ojos parecieran brillar en la penumbra del restaurante.

- Te ponen enferma, ¿verdad? -preguntó Cato, siguiendo la mirada de Katniss hasta una pareja del otro extremo de la sala que se estaba besando por encima de la mesa.

- En realidad no -dijo Katniss con aire pensativo-. Me ponen triste.

Cato no reparó en el comentario, ya que estaba leyendo el menú.

- ¿Qué vas a tomar?

- Tomaré una ensalada César.

- Las mujeres y vuestras ensaladas César... -bromeó Cato-. ¿No tie nes hambre?

- No mucha. -Negó con la cabeza y se sonrojó porque su estómago tembló sonoramente.

- Creo que ahí abajo hay alguien que no está de acuerdo contigo -Cato rió-. Parece que nunca comas, Katniss Everdeen.

«Eso es cuando estoy contigo», pensó Katniss, que no obstante dijo:

- Lo único que pasa es que no tengo mucho apetito.

- Ya, bueno, he visto conejos que comen más que tú -bromeó Cato. Katniss procuró encauzar la conversación a terreno seguro y pasaron la velada charlando sobre la fiesta de lanzamiento.

No estaba de humor para ha blar de sus sentimientos y pensamientos íntimos aquella noche; ni siquiera es taba segura de cuáles eran en aquel momento. Cato había tenido la amabi lidad de llevarle una copia del comunicado de prensa para que ella lo leyera con antelación y pudiera ponerse a trabajar lo antes posible. También le dio una lista de números de teléfono de las personas que trabajaban en Blue Rock, de modo que Katniss pudiera incluir algunas declaraciones. Su ayuda fue muy valiosa, ya que le aconsejó cómo enfocar el evento y con quién debía hablar para recabar más información. Katniss salió del restaurante mucho más tran quila ante la idea de escribir el artículo. Sin embargo, la asustaba el hecho de sentirse tan incómoda en compañía de un hombre al que consideraba única mente su amigo. Para colmo, seguía muerta de hambre tras haber comido unas pocas hojas de lechuga.

Salió a la calle a tomar el fresco mientras Cato pagaba la cuenta con la caballerosidad de costumbre. Sin duda era un hombre muy generoso, y Katniss se alegraba de ser su amiga. Lo que ocurría era que no le parecía apropiado ce nar en un pequeño restaurante íntimo con alguien que no fuese Peeta. La ha cía sentir mal. En aquel instante debería estar en casa sentada a la mesa de la cocina, esperando a que dieran las doce para abrir la carta de Peeta corres pondiente al mes de octubre.

Se quedó atónita e intentó ocultar el rostro al descubrir a una pareja a quien no quería ver avanzando hacia ella por la acera. Se agachó para fingir que se ataba el cordón del zapato, pero resultó que llevaba puestas sus botas de cremallera y terminó alisando los bajos del pantalón, sumamente aver gonzada.

- ¿Katniss, eres tú? -oyó preguntar a una voz conocida.

Miró los dos pares de zapatos que tenía delante y levantó poco a poco la vista hasta mirarlos a los ojos.

- ¡Hola! -procuró mostrarse sorprendida mientras se incorporaba.

- ¿Cómo estás? -preguntó la mujer, dándole un abrazo cortés-. ¿Qué haces aquí fuera con este frío?

Katniss rezó para que Cato se demorara un rato más en el interior.

- Bueno... acabo de comer algo aquí -musitó con una sonrisa vacilan te, y señaló el restaurante.

- Vaya, nosotros vamos a entrar ahora -dijo el hombre, sonriendo .- Lástima que no hayamos llegado antes, podríamos haber cenado juntos.

- Sí, es una lástima...

- Bueno, te felicito de todos modos -erijo la mujer, dándole unas pal maditas en la espalda-. Es bueno que salgas y hagas cosas por tu cuenta.

- Verás, en realidad... -Miró otra vez hacia la puerta, rogando que no se abriera-. Sí, es agradable...

- ¡Por fin te encuentro! -exclamó Cato, sonriendo al salir del restau rante-. Ya creía que te habías escapado. -Apoyó el brazo en los hombros de Katniss.

Katniss trató de sonreír y se volvió hacia la pareja.

- Oh, perdón, no les había visto -se disculpó Cato. La pareja lo miró impávida.

- Eh... Cato, ellos son Judith y Charles. Los padres de Peeta.

Fin del capítulo treinta seis.


AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA ¡Vaya final! JAJAJA ¿Qué tal, os ha gustado, que pensaís de Cato y Katniss, y ese final? Chan chan, toma intriga. Ahora mismo estoy sin Internet en casa y estoy actualizando desde clase. Lo bueno es que, al no tener Internet, no me distraigo (menos, yo con una pelusa ya estoy UUUUU), estoy escribiendo a tope, y en cuanto vuelva a tener línea ACTUALIZARÉ todas. ¿Me esperareis? Espero que si. Gracias a los que siguen la historia, ya nos va quedando muy muy poco para terminar, disfrutar hasta entonces. ¡Contesto reviews cuando pueda! PAN QUEMADO.

Para quien no lo sepa ya, nos vemos en mis TRES FICS (guat? Tres? YES, IM YOLO) SIEMPRE(SINSAJO DESDE EL PUNTO DE VISTA DE PEETA MELLARK), ALL ABOUT US(mi pequeña obra maestra), y en ANTESDE AAU (one shots dedicados a este fic, éxito mayor) .

FALTAN 16 DÍAS PARA CATCHING FIREEEEEEEEEEEEE

¡Nos leemos and may the ods be ever in OUR favor!

Peeta Mellark. Lucy.