Hola a todo el mundo!, como siempre, doña retrasos xD lo siento muchísimo. He pasado unas semanas agitadas y con ciertos quebraderos de cabeza, pero parece que al final todo vuelve a su lugar :D lo que ha permitido que pudiera terminar el capi y publicar por fin! xD No os entretengo más, gracias por seguir esta historia y bienvenidas a las nuevas lectoras ;)
Capítulo 36. Se acabó la farsa
Ron y Hermione estaban sentados en uno de los sofás de las habitaciones de la castaña. Se cogían de la mano, entrelazando sus dedos. Respiraban un poco más calmados y ya no había lágrimas en sus mejillas.
―La mañana que os escuché hablar a Cormac y a ti, quería contarte lo de mi ruptura con Oliver. ―El príncipe frunció el ceño sintiendo culpabilidad.
―Metí la pata hasta el fondo, soy un idiota… lo siento Hermione ―dijo afectado.
―Olvídalo, ya está todo aclarado ―aseguró mientras acariciaba la mano del pelirrojo con sus dedos. Él agachó la cabeza ligeramente, embargado de ternura hacia ella.
Ambos miraban sus manos unidas sin pronunciar palabra, con sonrisas en sus rostros. Hasta que el príncipe rompió el silencio.
―Hermione... ―musitó.
―¿Sí?... ―contestó la castaña con la misma suavidad.
―Ahora que los dos sabemos lo que sentimos el uno por el otro… para mí ya no hay ninguna farsa. Quiero que seas mi novia de verdad, es lo que más deseo en este mundo.
―Ron… ―exclamó emocionada.
―¿Quieres salir conmigo? ―preguntó alzando sus cejas rojizas.
―¡Claro que quiero! ―Se arrojó a su cuello, besó su mejilla sonoramente y volvió a abrazarlo con fuerza a pesar de la incómoda postura. El pelirrojo rodeó su cintura sin dejar de sonreír. Entonces Hermione se echó hacia atrás― Pero han pasado muchas cosas, estoy un poco aturdida. Sé lo que siento pero quiero hacer las cosas bien…
―¿Quieres que vayamos despacio?
—Quiero conocerte desde cero, sin novios ni novias por medio, sin discusiones ni desprecios como cuando nos conocimos… quiero que seamos como cualquier pareja que se gusta y comienza a verse…
—Me parece perfecto. —Sonreía ampliamente, ella lo imitó.
Hermione quería vivir con Ron ese inicio de romance que podrían haber tenido si se hubiesen conocido en otras circunstancias, si no fueran el príncipe heredero y la universitaria que se besaron en un pub.
Snape caminaba ensimismado por uno de los pasillos de Clarence House, hasta que se encontró con una de las doncellas.
―¿Has visto a su alteza? ―La chica sonrió y se apresuró en contestar.
―Está en la planta segunda, en las habitaciones de la señorita Granger.
―Ya veo… gracias, puedes seguir con tus ocupaciones ―La muchacha inclinó la cabeza ligeramente y se alejó de él.
—¿Recuerdas el beso que compartimos en mi salón, la tarde que te enseñaba a bailar?… fue el mejor beso de mi vida… —La castaña lo miraba con atención.
―¿Bromeas?… pero si no soy ninguna experta, estarás cansado de besar mujeres más experimentadas ―acusó en tono de broma. Ron sonrió, ella quería escuchar algo más que eso, de ahí que lo provocara para continuar hablando, y le pareció perfecto.
―Tal vez, pero menos de las que dice la prensa, ya sabes cómo son los periodistas ―Alzó la mano libre y acarició su mejilla―, ningún beso me había hecho vibrar tanto como el que compartí contigo. Lo sentí en todo mi cuerpo, fue increíble y todo porque eras tú… ¿no sentiste lo mismo? ―Hermione se ruborizó visiblemente y apartó la mirada.
―No te rías de mí, pero… fue el primer beso con el que sentí mariposas en mi estómago. ―Ron la obligó a mirarlo alzando su barbilla con delicadeza.
―Jamás podría reírme de ti, y mucho menos por cosas como ésa… qué tonta eres. ―La sonrisa de la castaña aumentó, así como el sonrojo de sus mejillas― ¿Sabes una cosa? ―La castaña negó con la cabeza― Me haces el hombre más feliz del mundo.
Hermione no replicó con palabras. Se incorporó un poco en el sofá para alcanzar sus labios y lo besó, trastocando todo su interior. Al pelirrojo nunca dejaba de sorprenderle la capacidad que tenía aquella mujer para poner su mundo patas arriba.
―¡Ah!, necesito hacer algo.
―¿Ahora? ―se quejó Hermione, que apoyaba su cabeza en el hombro del príncipe.
―Sí, ahora, pero tienes que venir conmigo a mis habitaciones. ―La castaña entrecerró sus ojos.
―¿Quieres llevarme a tu territorio?
Ambos se echaron a reír por la ocurrencia y el gesto que ella había mostrado. Ron se levantó tirando de su mano.
―Bajemos, por favor.
Hermione no se opuso a su petición y lo siguió muy de cerca, sin soltar su mano. Por el camino se encontraron a varias personas del servicio que apenas podían ocultar su satisfacción al verlos cogidos de la mano y con sendas sonrisas en sus rostros, nadie dudaba ya de la veracidad de aquella relación, y mucho menos ahora que eran una pareja comprometida.
―Puedes esperarme aquí o venir conmigo a mi dormitorio ―sugirió el príncipe con picardía.
―Creo que esperaré aquí en el salón ―replicó la castaña curvando los labios.
Ron desapareció de su vista un minuto, cuando regresó llevaba una mano escondida tras su espalda. Hermione lo miraba con suspicacia.
―¿Qué llevas ahí? ―El pelirrojo le mostró el colgante de oro en forma de candado que una vez le regaló y ella le había devuelto días atrás.
―Tu colgante… ―musitó ilusionado. La castaña sintió cómo la voz le fallaba y sus ojos se humedecían, pero luchó para contener las lágrimas. Se había emocionado con el gesto del príncipe pero logró reponerse para contestarle.
―Lo aceptaré gustosa con una condición…
―¿Cuál? ―preguntó intrigado.
―Que me lo pongas tú. ―Ron sonrió y se colocó detrás de ella.
Hermione apartó su melena castaña con una mano, dejando al descubierto su fino cuello nacarado. El príncipe lo rodeó con el colgante y juntó las manos tras su nuca para cerrar el pasador. La castaña contenía el aliento al tenerlo casi pegado a su espalda. Después, el pelirrojo acarició suavemente la piel de ella con las yemas de los dedos, provocándole un escalofrío que recorrió toda su espalda. Cerró los ojos instintivamente y Ron empezó a depositar delicados besos en su cuello. Su mano grande se apoderó de su cintura y la apretó contra su cuerpo, Hermione gimió suavemente.
―No sólo has subyugado mi corazón sino también mi cuerpo… ―susurró contra su cuello entre sensuales besos― No me atreví a decírtelo antes… estás preciosa esta noche, me vuelves loco.
Las manos del príncipe comenzaron a recorrer las curvas femeninas de la castaña con tortuosa lentitud, alterando por completo su respiración y su pulso. Mientras tanto, seguía acariciando su cuello y su hombro desnudo con la nariz y los labios.
Hermione echó la cabeza hacia atrás, dejando su boca entreabierta para facilitarse a sí misma el respirar y gemir al mismo tiempo. Una de sus manos fue a colocarse sobre la de Ron, acompañándolo en aquellas perturbadoras caricias, y la otra se enredó entre sus cabellos de fuego. Estaba perdiendo el control sobre sus acciones, pero era algo que siempre le pasaba cuando se trataba del príncipe. Sus ojos chocolate se abrieron unos instantes y dieron de nuevo con aquel espejo culpable de un mal trago para ambos tiempo atrás. Sin embargo, esta ocasión era muy diferente. Hermione observó su reflejo y no pudo evitar sonreír. Aquella imagen era lo que más deseaba hacer y, por primera vez desde hacía tres meses, algo que podía hacer sin sentir remordimientos por nadie. Ahora era libre de estar con quien realmente quería estar, con Ron, y no como una más de sus conquistas, sino como la mujer que se había convertido en su novia de verdad. La felicidad casi la ahogó, se liberó de los brazos del pelirrojo y se volvió hacia él para perderse en sus orbes azules.
―Quiero estar contigo siempre… ―confesó emocionada. Él apartó un mechón castaño de su rostro con delicadeza y sonrió.
―En ese caso… quizá deberíamos plantearnos en serio la boda dentro de seis meses ―propuso con una sonrisa de oreja a oreja. Ella se quedó paralizada unos segundos, hasta que el príncipe la abrazó con fuerza de la cintura―. Sólo bromeaba mujer, sé que sería muy precipitado ―dijo entre risas.
―No bromees con eso Ron, eres un idiota ―acusó sin maldad. El pelirrojo la levantó en el aire y empezó a darle vueltas mientras seguía riendo. Hermione se abrazó a su cuello y empezó a reír también.
Pasaba de las cuatro de la mañana, pero aquella noche parecía que ninguno quería despedirse del otro. El príncipe la acompañó hasta sus habitaciones, sin soltar su mano en todo el trayecto. Era extraño, pero sentía que si lo hacía, Hermione podría desvanecerse junto a las últimas horas que habían compartido. No estaba dispuesto a renunciar a ella, ya no.
Cuando llegaron a su destino, se detuvieron y enlazaron sus dedos, mirándose unos instantes sin decir nada.
―Tendremos que hablar con nuestros padres ―dijo Ron.
―Sí… y con nuestros amigos ―añadió Hermione.
―Seguro que todos se alegrarán… ―afirmó con tranquilidad.
―Bueno… ―musitó la castaña.
―¿Bueno?
―Verás Ron… mis padres y Katie no tenían muy buena imagen de ti últimamente…
―Lo dices por todo lo que dije de ti ¿verdad? ―Hermione asintió― No me importa.
―¿Ah no? ―cuestionó desconcertada.
―No, pienso demostrarles que soy sincero… ―Acarició su mejilla con ternura― cuando digo que te quiero…
―Ron… ―Se abrazó a él con intensidad y así permanecieron un rato, hasta que decidieron poner punto y final a una larga noche cargada de emociones.
Caminó como en una nube hasta su cama y entonces reparó en su teléfono móvil, la pantalla se había iluminado. "Te quiero", declaraba el mensaje del príncipe. Se apresuró en contestarle con las mismas palabras, mientras sonreía como una tonta enamorada y después advirtió que tenía varias llamadas perdidas.
―Hola Katie… ―saludó la castaña al escuchar cómo su mejor amiga cogía su llamada.
―¡Hermione, por fin das señales de vida! ―exclamó la morena alterada.
―Perdona, es que acabo de mirar el móvil, no sabía que me habías llamado tantas veces.
―Mujer, después de ver en la tele la escenita del anillo, ¿cómo no iba a llamarte?, ¿por qué no me contaste que habíais preparado algo así?, casi me da un síncope. ―Hermione se reía y Katie se desesperaba por no entender nada.
―Si lo hubiera sabido te lo habría contado, pero me temo que a mí también me cogió por sorpresa.
―¿Me tomas el pelo?
La castaña la puso al día de todo lo acontecido y Katie no pudo hacer más que alegrarse por ella, pero sin dejar de lado sus ocurrencias.
—Anunciaste que salíais juntos, después te fuiste a vivir a una residencia real con él, ahora te ha puesto un anillo en el dedo y clama que estáis prometidos… ¿Qué será lo próximo, que le des un hijo?
—Katie, no des ideas por favor —rogó con cara de preocupación.
―Ya sabía yo que las miradas que el príncipe te dedicaba no podían ser fingidas ―Hermione sonreía al otro lado de la línea―, ¿tendremos boda en unos meses?
Terminaron la conversación bromeando, metiéndose con George por su indiferencia hacia la morena y prometiendo verse muy pronto. Después llegó el turno de sus padres. Ellos no habían visto las últimas noticias por televisión, así que fue su hija la que los puso al corriente de todo. Emily se sintió muy feliz y así se lo hizo saber a Hermione, pero John Granger no terminaba de confiar en el pelirrojo.
―¿Qué pasa papá?
―No sé hija… después de todo lo que ha pasado, no me fío de ese muchacho.
―Ron es sincero, sé que me quiere de verdad.
―Tranquila cariño, seguro que dentro de un tiempo este cabezota verá con sus propios ojos que tienes razón respecto al príncipe ―intervino su madre de repente.
Después de colgar la llamada la pareja permaneció unos instantes en silencio.
―¿Qué piensas John?
―No quiero ver sufrir a nuestra hija como estos últimos días… ―confesó afectado. Su esposa se abrazó a él y apoyó la cabeza sobre su hombro.
―Yo tampoco, pero confío en ella y si ella cree en Ron yo haré lo mismo. ―John sonrió.
―Está bien, le doy el beneficio de la duda… pero como vuelva a herirla te prometo que se acordará de los Granger toda su vida.
―Qué guapo te pones cuando sacas ese genio ―musitó Emily juguetona.
―Zalamera… ―Se fundieron en un beso.
Ron yacía sobre su cama. Ni siquiera se había puesto el pijama, porque su ropa conservaba el perfume de la piel de Hermione. Miraba el techo esbozando una sonrisa y apretaba su colgante en uno de sus puños. Jamás se había sentido tan feliz.
Hermione tampoco lograba conciliar el sueño. Se abrazaba a su almohada mientras jugueteaba con su candado dorado. Le parecía un sueño sentirse tan dichosa.
Llegó el lunes y el cielo pareció contagiarse de la felicidad de la pareja reconciliada. El sol lucía brillante entre algodonosas nubes blancas.
Ron y Hermione se presentaron ante Snape cogidos de la mano y con amplias sonrisas en el rostro. El moreno no daba crédito al gran cambio que observaba en ellos. Tras la escena de petición de matrimonio en la puerta del Royal Albert Hall, Snape se había comunicado con los monarcas y se había reunido con sus ayudantes para llevar lo mejor posible la nueva situación del príncipe heredero.
―Puesto que ahora el mundo los cree una pareja comprometida, deben mostrarse ante la prensa como tal. Hemos preparado el encuentro con los periodistas para mañana por la tarde ―Los jóvenes se miraron sin perder la sonrisa y asintieron―. Y el miércoles serán entrevistados por Jason Muller.
―¿Muller no fue el que nos entrevistó para Majesty hace un tiempo? ―preguntó el pelirrojo.
―Así es alteza ―aclaró el moreno.
―Me cayó bien ese hombre, me alegra que la haga él ―dijo la castaña.
―Sus padres los esperan en palacio para comer… tienen ganas de verlos a los dos.
―Yo también quiero verlos ―confesó Ron con sinceridad.
Cuando se dio por terminada la reunión entre los tres, Hermione se marchó primero, para poder aprovechar la hora libre con un trabajo de la universidad. Snape se quedó a solas con su asesorado.
―Debo admitirlo alteza, esta vez me ha sorprendido gratamente. Ha sabido manejar la situación con maestría, dando con una solución impecable.
―Gracias Snape… aunque realmente se lo debo casi todo a una buena amiga ―dijo pensando en Tonks― Y no te preocupes más, he arreglado las cosas con Hermione definitivamente, ahora somos una pareja de verdad.
―¿Qué? ―exclamó el moreno.
―La farsa se ha vuelto realidad Snape, sólo eso. ―Le guiñó un ojo y abandonó la estancia. El moreno frunció el ceño y esbozó una casi imperceptible sonrisa.
―Hola Cormac, ya me extrañaba que no llamaras ―bromeó el príncipe.
―Anda que tú te has molestado en hablar conmigo. ¿Vas a casarte con Hermione?
―No… por el momento ―Sonrió feliz.
―A ver, a ver… explícame eso que estoy atacado ―Se rió―, hasta hace unas horas te odiaba y ahora estáis prometidos, ¿o es sólo parte de la farsa que interpretáis?
―Realmente fue una estrategia para acabar con los rumores de crisis que los medios estaban esparciendo, cortesía de Tonks por cierto.
―¿De Tonks?, no sé porqué pero no me sorprende ―Ambos se rieron.
―Pero… hay más.
―Escupe ―exclamó el rubio impaciente.
―Me declaré… me disculpé con ella y le dije todo lo que sentía…
―¿Y qué hizo ella?... ―insisitió Cormac como si la vida le fuera en ello. De pronto Ron se echó a reír― ¿Por qué te ríes?, a mí esto me parece muy serio ―declaró indignado.
―Me río por el tono de tu voz, eres un cotilla redomado Cormac.
―De cotilla nada, sólo siento curiosidad por la vida de mi mejor amigo, ¿acaso es malo? ―El rubio también se reía― Pero no trates de despistarme, ¿qué pasó con tu declaración?
―Pues pasó que… ¡Hermione y yo estamos juntos, juntos de verdad!
―¿Juntos, juntos?, ¿y Wood? ―preguntaba anonadado.
―Dejó a Wood en la fiesta que dieron los Malfoy.
―No me jodas…
―Así me quedé yo cuando me lo confesó… pero aclaramos las cosas y ella siente lo mismo que yo… joder Cormac, no sabes lo que sentí en esos momentos, no puedo describirlo con palabras, fue… increíble.
―No, supongo que no puedo… ―El rostro del rubio se ensombreció unos instantes.
—Mira que yo nunca he ido despacio con una mujer, como tarde me he acostado con ellas en la segunda cita. Pero por Hermione… esperaría todo la vida… —susurró con cara de embobado.
—Toda la vida es mucho tiempo, no sé si serás capaz —se burló Cormac, ya recuperado de su pequeño lapsus.
—¡Claro que sí! —replicó Ron molesto.
—A ti te gusta demasiado el sexo, amigo mío…
—¿Olvidas que llevo más de tres meses sin sexo y no me he vuelto loco?
—Joder, la verdad es que te ha dado muy fuerte con Hermione.
―Disculpe alteza ―interrumpió un sonriente Sirius Black―, el coche está listo.
―Gracias Sirius… lo siento Cormac, ttenemos que ir a ver a mis padres, ya hablaremos largo y tendido que lo tuyo con Lovegood me intriga a mí.
―A mí me desespera, pero ¿qué le voy a hacer? ―bromeó el rubio.
―Cuídate amigo, hasta luego.
Hermione recostaba su cabeza sobre el hombro de Ron. Sirius y Remus les dedicaban miradas de vez en cuando por el espejo retrovisor. Ambos se sentían muy contentos de ver a sus protegidos tan felices. El castaño incluso había llamado a Tonks para contarle las buenas noticias y la joven había chillado de la emoción. Cada día se convencía más de su poder como casamentera, y ya tenía un nuevo objetivo en mente, sus mejores amigos, Bill y Fleur.
―¿Estás nerviosa? ―preguntó sorprendido.
―Un poco… ―admitió ruborizada.
―¿Por qué?, ya conoces a mis padres, no hay nada nuevo.
―Sí lo hay Ron. Hoy me presento ante tus padres como tu novia de verdad, no como una novia de pega para salvar tu reputación y que desaparecerá en unos meses.
―¿Y?
―Pues… que tengo miedo de que no les parezca adecuada para ti, no sé…
―Hermione… eres perfecta para mí ―Cogió sus manos y se las llevó a los labios para besarlas― Eres una mujer maravillosa, mis padres lo saben y en cuanto les diga lo que siento por ti, se alegrarán por los dos.
La castaña lo besó dulcemente en los labios y unieron sus frentes con los ojos cerrados. El carraspeo de Remus los hizo separarse un poco.
―Alteza, hemos llegado a palacio.
El príncipe y su novia caminaban con calma a través del fastuoso pasillo, se dirigían a los salones privados de los monarcas, pero alguien detuvo sus pasos.
―¡Ron, Hermione! ―sonó a gritos la voz de la princesa. El joven conde de Bath estaba junto a ella. Los aludidos se volvieron hacia la pelirroja y su acompañante.
―Hola Ginny… ―saludó tímidamente el pelirrojo. La castaña apenas movió la cabeza, estaba un poco sonrojada por la situación. Ginevra los miraba con ojos como platos, sus rostros azorados y sus manos entrelazadas.
―Vosotros… estáis… habéis hablado… sois… ―Le costaba pronunciar las palabras con suficiente coherencia. Ya le había sorprendido ver a su hermano, el torpe Ron, pidiendo matrimonio a su novia postiza delante de todo el mundo; pero descubrir que él y Hermione se comportaban como una pareja de verdad la terminó de asombrar.
―Sí Ginny, estamos juntos… ―musitó al fin Hermione, mientras cogía con ambas manos la del príncipe.
―Juntos de verdad hermanita ―añadió Ron con una amplia sonrisa de felicidad que contagió a la pelirroja.
No se lo pensó dos veces y corrió a abrazar a su hermano, después le dedicó el mismo gesto de cariño a la castaña. Harry, siempre discreto, se acercó cuando Ginny estaba un poco más serena y felicitó a la pareja.
―¿Al final seguiste tus propios consejos? ―preguntó a Hermione con susurros mientras la abrazaba.
―Sí, le dije lo que sentía, pero tengo que admitir que fue Ron quien propició todo esto, fue él quien dio el primer paso… ―dijo esbozando una sonrisa de satisfacción― Gracias Harry, sé que hablaste con él.
―Bueno, hice lo que pude… pero fue él quien decidió actuar y cambiar las cosas entre vosotros.
―Sí… ―replicó Hermione soñadora.
―¿Qué cuchichea con mi novia, conde de Bath? ―bromeó el príncipe.
―Sólo que si el heredero de la corona no la trata bien, que me lo diga y yo le patearé el trasero.
―Siempre tan caballeroso con las damas… ―exclamó Ron divertido.
―Pero sé que no lo harás ―El moreno se colgó del cuello de su mejor amigo―, porque en el fondo eres un sentimental y adoras a Hermione ―afirmó Harry sacándole los colores al pelirrojo.
―¡Para, suéltame! ―se quejaba Ron sin mucho éxito. Ellas rieron.
―Me hace tan feliz que estéis juntos Hermione ―confesó la princesa.
―Muchas gracias Ginny ―Se apretaron las manos en señal de complicidad. Ahora no sólo eran buenas amigas sino prácticamente cuñadas y la idea les encantaba―. Yo también me alegro mucho de lo tuyo con Harry.
―Es genial, ahora podremos salir por ahí en plan parejitas, los cuatro juntos, ¿qué os parece chicos? ―Dejaron de forcejear para atender a Ginevra y asintieron con cara de bobos, no podrían negarles nada a ese par de muchachas que los tenían completamente enamorados.
Sólo quedaba hablar con los padres de Ron. Sería una situación mucho más relajada para Hermione si no fuera porque se trataba de los reyes de Inglaterra. El rey Arthur había decidido recibirlos en uno de sus despachos, el mismo donde una vez reprendió a su hijo por el escándalo de su beso con la heredera de los hoteles GR. Un hombre del servicio se adelantó y anunció su presencia, para después dejarles pasar dentro de la estancia.
Ron fue el primero en saludar. Besó a su madre en la mejilla y le ofreció la mano a su padre, éste se la estrechó con fuerza, dedicándole una mirada de orgullo. Después Molly se aproximó hasta Hermione, advirtiéndola nerviosa, y le dio dos cálidos besos.
―Querida ¿te sientes mal?
―No… perdone, ¡perdona! ―recordó al instante que Molly le había pedido que la tutease, pero todavía le costaba saltarse el protocolo con la mismísima reina de su país.
―Me alegra veros a los dos ―Empezó Arthur―, queríamos felicitaros por vuestro comportamiento de anoche ante la prensa. ―Su esposa asentía en silencio sin dejar de mirar a la joven pareja. Algo en su interior le decía que la escena del Royal Albert Hall era más que una estrategia de cara al público, su corazón de madre estaba seguro de ello.
―No fue cosa de los dos majestad ―intervino repentinamente Hermione―. Todo fue cosa de Ron, yo... me limité a seguirle el juego para no empeorar la situación.
La castaña no quería llevarse méritos que no eran suyos y sabía que los padres del joven príncipe no tenían mucha confianza en él, saber la verdad podría hacerlos cambiar de opinión respecto a Ron.
―Deseaba que fuera así… ―confesó Arthur con cierta emoción en su voz― tu madre y yo hemos estado hablando. No creas que no hemos visto cómo has cambiado estos últimos meses. Ya no rehuyes tus obligaciones, enfrentas los problemas y afrontas las responsabilidades de tus acciones… además has sabido resolver esta grave situación de crisis…
El monarca recorrió la distancia que lo separaba de su hijo, posó una mano sobre su hombro y lo apretó ligeramente.
―Te estás convirtiendo en un digno sucesor de nuestra familia, estamos muy orgullosos de ti hijo mío. ―Los ojos de Ron se humedecieron. Ambas mujeres asistían a la emotiva escena conteniendo el aliento.
―Padre… ―No pudo decir más, Arthur lo estrechó entre sus brazos con afecto.
―Siento haber sido tan duro contigo, pero necesitaba apretarte las tuercas, quería hacerte reaccionar… ―Rompió el abrazo y retrocedió un poco para mirar a su hijo a los ojos― Charlie fue un gran heredero, pero tú también lo eres Ron, y sé que tu hermano desde el cielo se siente tan orgulloso de ti como tu madre y yo.
La reina avanzó hasta los dos hombres más importantes de su vida y se cogió de sus brazos manifestándoles su cariño sin necesidad de palabras. Unos minutos después, cuando la familia Weasley se recompuso, Ron se armó de valor para anunciar algo a sus progenitores. Era el momento perfecto, ahora que también se había reconciliado con ellos. Se acercó a Hermione y la cogió de la mano. Ella lo miró azorada por la situación pero aquello era un paso necesario para seguir adelante como pareja. Sintió la tibieza del pelirrojo una sensación de protección invadió su cuerpo, cuando él estaba a su lado, no podía sentirse sola.
―Padre, madre… Hermione y yo queremos anunciaros algo ―El corazón de Molly pegó un brinco, ¿tal vez iba a escuchar lo que tanto había esperado? ―. Han pasado muchas cosas desde que nos conocimos hace ya más de tres meses, hemos pasado por momentos malos y buenos y…
―¿Y qué cariño?, di lo que sea porque no puedo más con la incertidumbre ―exclamó la reina provocando una risita en la castaña.
―Hermione y yo nos queremos… nuestra relación ya no es una farsa… ahora somos novios de verdad ―declaró con firmeza.
Molly se llevó las manos a la boca conteniendo un grito de júbilo. Arthur sonrió de medio lado y apartó la mirada, también él sabía que su hijo sentía algo por Hermione Granger, pero no tenía tanta seguridad como su esposa en que se declarase y luchase por ella a pesar del tal Oliver Wood.
―Entonces… Wood… ―Ahora fue Hermione quien habló.
―Terminé mi relación con Oliver ―admitió con cierto rubor en las mejillas―. Me he enamorado de Ron y sólo quiero estar con él. ―Se acurrucó contra el brazo del pelirrojo, buscando cobijo y valor, él la abrazó por el hombro contra su cuerpo. Molly se sintió enternecida con el gesto de la joven pareja.
―Pues no hay más que hablar, la farsa ha finalizado, ahora sois una preja de verdad y además comprometida… dentro de seis meses celebraremos una boda por todo lo alto.
―¡¿Qué? ―chilló Hermione.
―¡Madre! ―exclamó Ron― Padre, no podemos casarnos tan pronto, Hermione es muy joven y yo…
―Para ese tiempo ya tendrá veinte años ¿no?, los mismos que tenía yo cuando me casé felizmente con tu padre ―afirmó la reina entre sonrisas.
―A mí no me mires hijo, de esas cosas se encarga tu madre, ya lo sabes.
―Pero… ―balbuceaba el príncipe. La castaña se había quedado sin voz.
―Relajaos chicos, era sólo una broma ―rió Molly―. No iba a obligaros a casaros. La boda llegará cuando ambos sintáis que estáis preparados. ―Ron y Hermione respiraron aliviados.
―Eso sí, no os lo penséis mucho, que no queremos ser unos abuelos viejos ―bromeó Arthur ante la atónita mirada de su propio hijo. No era muy típico del monarca bromear.
El encuentro con los Weasley había resultado mucho mejor de lo que esperaban. Como unos padres cualesquiera, se habían alegrado de la felicidad de su hijo y admiraban sus buenas diligencias en sus tareas. Hermione notaba a Ron sosegado y feliz como nunca. Haber hecho las paces con su padre y haberles confesado sus sentimientos por ella lo habían liberado de una pesada carga que llevaba arrastrando probablemente casi toda su vida, siendo siempre la oveja negra de la familia, el hijo irresponsable e incapaz de hacer las cosas bien.
Harry y Ginny se habían marchado después de comer y los monarcas habían retomado sus obligaciones. La pareja se sentó en el césped de los jardines de palacio para contemplar la puesta de sol. Ron envolvía con sus piernas y sus brazos a Hermione, apoyando su barbilla en el hombro de la castaña. De cuando en cuando le regalaba un beso, provocándole mil sensaciones en todo su cuerpo.
—Creo que los dos fuimos un poco idiotas por no hablar claramente sobre lo que pasaba y lo que sentíamos. Se han generado muchos malentendidos —dijo la castaña.
—Tienes razón… estos días han sido infernales para mí, pero me han ayudado a darme cuenta de lo mucho que te quiero y te necesito…
―Ron… eres tan tierno cuando quieres… ―afirmó Hermione antes de regalarle un beso. Ambos volvieron su atención al cielo cubierto de tonos anaranjados y rojizos.
―Hermione… ―musitó el pelirrojo en su oreja.
―Sí…
―A partir de hoy nace un nuevo príncipe Ronald Bilius Weasley, te lo prometo aquí y ahora a ti, mi novia y la mujer a la que amo con todo mi corazón.
Aquellas palabras la hicieron estremecerse. Intentó contenerlas, pero dos lágrimas rebeldes se deslizaron por sus mejillas. Ron las percibió y se las removió con los dedos.
―Eres lo mejor de mi vida, Hermione. ―La abrazó con fuerza, deseando nunca separarse de ella.
―Te quiero tanto Ron… ―replicó la castaña sin poder reprimir sus sentimientos.
Los últimos minutos de luz del astro rey fueron testigos del beso que recrearon sus bocas en aquel día de declaraciones, reconciliaciones y pura felicidad.
CONTINUARÁ…
Qué bonito es todo ahora xD pero ¿durará para siempre? jajaja
