— Por favor, —susurra Blaine desesperadamente.— Por favor no.

— Lo sé. —Kurt solloza a través de una cascada de lágrimas.— Lo siento. Estoy intentándolo. De verdad.

— Lo sé. —Agarrando el teléfono más fuerte, Blaine rueda sobre su lado, mordiendo fuertemente sus nudillos para no romperse por completo.— Pronto, ¿sí? Estaremos juntos pronto. Te amo tanto.

— Sé que lo haces, —y Kurt permite que una pequeña sonrisa escape.— Todavía no puedo creer que volaste a Albuquerque por menos de veinticuatro horas, gorila.

— Fue puro egoísmo, puedo asegurártelo, —dice Blaine, una risa llorosa y chillona llenando su voz.— Simplemente no podría haber durado cinco semanas sin ti. Háblame de tu día.

— Preferiría no hacerlo, —suspira Kurt.— Es la misma vieja historia. Todo el mundo está harto de todos los demás. Estoy bastante seguro que Kerry y Richard están teniendo un amorío, y es sólo una cuestión de tiempo antes de que Lyndsey -su esposa- se dé cuenta. Derek me volvió a invitar a salir, y volví a decirle que no, el aire acondicionado del autobús no está funcionando y nuestra audiencia de ayer en la noche llegó a la vertiginosa cantidad de treinta y siete. ¿Ves? Lo mismo.

— Oh Kurt, —suspira Blaine.— ¿Por qué no rentas un auto como te lo he estado diciendo? Puedes conducir tú solo a los lugares donde se presentan, y reservarte mejores hoteles mientras estás allí.

— Porque quiero hacerlo de esta manera. Sigo teniendo la esperanza de que en algún lugar entre el elenco y el equipo creador podré encontrar un amigo de algún tipo, otro que no sea Derek, quien sigue acosándome. No quiero apartarme más todavía. Pero basta de mí, ¿cómo está yendo el tour?

— Oh... um... Sí. Está bien, —Blaine dice con desdén.

— Puedes decirme la verdad, Blaine, —suspira Kurt.

— Está yendo bien. Más que bien, de hecho es increíble.

— Estoy feliz por ti, —dice Kurt genuinamente.

— ¿De verdad? Porque estoy consciente de que no quiero hacerte sentir peor...

— No. De hecho es realmente agradable escuchar que al menos uno de los dos está disfrutando el verano.

— No iría tan lejos como para decir que lo estoy disfrutando, —dice Blaine, con la molestia aún evidente en su voz.— Nunca será el caso hasta que estemos juntos.

— ¿Entonces qué te queda?

— Dos aquí en Pittsburgh, luego dos en Washington DC, un día libre, uno más en DC, luego tres en Nueva York.

— Luego a casa.

— Luego a casa, —dice, dejando salir un suspiro de satisfacción.— Por unas inquietas veinticuatro horas hasta que mi marido esté de vuelta en mis brazos donde pertenece.

— Y luego nos vamos a Ohio, —señala Kurt.

— Sí. Tres noches en casa, luego nos vamos de nuevo, pero al menos juntos esta vez. ¿Estás seguro que a tu papá y a Carole no les importa que nos quedemos?

— Para nada. La casa de tus padres estará bastante llena con Cooper y sus críos, además de Joe, escuché.

— Lo lamento por Maddie y Tay, —dice Blaine, tratando de sofocar un bostezo cuando se da cuenta que es la una de la madrugada.— No estoy seguro que preveían pasar sus dulces dieciséis en la casa de sus abuelos, pero aunque papá está mucho mejor, no hay manera de que pueda con el viaje.

— De hecho, Taylor parecía bastante emocionado en Facebook el otro día.

— Ah sí, se me olvidaba que ustedes los jóvenes tienen todas estas mágicas y misteriosas formas de comunicarse entre sí.

— No estoy seguro de que yo llamaría misterioso a Facebook, —ríe Kurt.— El otro día puse ahí las fotos de nuestra boda, deberías echar una mirada. Rachel le dio like y comentó cada una de ellas.

— Puedo imaginármelo, —sonríe Blaine.— Echaré un vistazo mañana.

— ¿La verás a ella o a Santana cuando estés en Nueva York?

— De hecho, Santana está en Chicago pasando el verano, —le dice Blaine.— Ella y Lacy han encontrado empleo atendiendo un bar en alguna parte, y parecen bastante felices. Voy a invitar a Rachel a almorzar, pero es todo.

— Oh.

— Estaré bien, Kurt.

— Sé que lo harás, —dice Kurt a la ligera,— Ahora eres un niño grande.

— ¿Soñarás conmigo esta noche? —un Blaine nostálgico y ahora somnoliento pregunta mientras apaga la luz.

— Como siempre, —Kurt sonríe suavemente.— Suenas tan cansado esta noche. Déjame cantarte, para variar.

— Me encantaría, —dice Blaine, sintiendo un calor repentino ardiendo en su corazón.— Cántame una canción de amor.

Have you ever been in love? (¿Has estado enamorado alguna vez?) (1) —La voz de Kurt canta suavemente mientras Blaine cierra los ojos con satisfacción.

"You could touch the moonlight
When your heart is shooting stars
You're holding heaven in your arms
Have you ever been in love?..."

(Podrías tocar la luz de la luna
Cuando tu corazón está disparando estrellas
Puedes tener el cielo en tus brazos
¿Has estado enamorado alguna vez?...)

. . .

Una semana después y Blaine baja del autobús cuando se detiene en el Four Seasons en una insoportablemente caliente y húmeda Ciudad de Nueva York. Su usual charla animada y feliz ha desaparecido, de hecho Ken y Riccardo -fácilmente sus amigos más cercanos de la Orquesta- han notado que ha estado apagado desde su actuación final en Washington DC, optando por sentarse solo en el autobús y mirando desconsoladamente por la ventana durante el viaje.

— ¡Blaine! —Riccardo lo llama mientras recogen sus maletas.— Vamos al bar, ¿sí? ¿Te gusta el bar?

— No, gracias, Riccardo, —dice con una sonrisa triste.— Sólo subiré a mi habitación. —Pasa saliva a través del nudo en su garganta, sacudiendo la cabeza ligeramente cuando su visión empieza a nublarse ante sus ojos.— Kurt, —murmura para sí mismo, esperando poder llegar a su habitación y llamarlo antes de desmayarse.— Necesito a Kurt.

— Blaine, amigo, ¿estás bien? —Ken pregunta con preocupación, notando la forma en que se tambalea sobre sus pies mientras gotas de sudor perlan su frente.— ¿Quieres que te traiga tus cosas?

— Kurt, —él repite, un poco más fuerte mientras empieza a entrar en pánico y se precipita hacia el hotel, sabiendo que vomitará en cualquier segundo. Se empuja a través de las puertas, girando alrededor en un frenesí para encontrar el sanitario, cubriendo su boca con el dorso de la mano. Un fuerte brazo lo guía a través del lobby, empujando la puerta justo a tiempo para que Blaine lance el contenido de su estómago en el retrete hasta que ya no puede más. Se hunde en el suelo, aceptando gratamente la botella de agua que le es ofrecida sin levantar la vista, todavía esperando que su visión se corrija por sí misma.— Estúpida y jodida ciudad, —murmura con enojo.— Odio este lugar.

— Son tres días, Blaine. Podemos hacerlo.

La cabeza de Blaine gira tan rápido, que él es incapaz de ver nada, pero la voz es suficiente.— ¿Kurt?

Poniéndose de cuclillas en el suelo junto a él, Kurt le aparta suavemente el rebelde cabello de su frente y besa sus labios tiernamente, sin importarle ni un poco el vómito en su aliento.— El único.

— Viniste.

— Te dije que lo haría. Tú dijiste que no, pero yo sabía que nunca te dejaría solo. Te amo, Blaine. Más que a nada y a nadie, y ciertamente, más que a ese papel de mierda en un verdadero musical de mierda, —sonríe y besa su mejilla.— Así que aquí estoy.

— ¿Renunciaste?

— Renuncié. Faltaban cinco actuaciones. Llegamos a Tulsa ayer y simplemente pensé ¿cuál es el objeto de todo esto? No es aquí donde quiero estar, esta gente no es con quien quiero estar. No he dormido bien en días, sabiendo que potencialmente ibas a enfrentar esto sin mí. Y supe, en ese momento, que tenía que llegar a ti. Así que aquí estoy.

— Pero... todo ese trabajo... para nada...

— No para nada exactamente, —corrige Kurt.— Me pagarán dos tercios de mis honorarios, además de que me ha enseñado una lección invaluable, que es el nunca volver a tomar un papel en una producción itinerante por una mujer menopáusica.

— ¿Kurt?

— ¿Sí?

— Nunca dejes que nadie te desprecie, o te haga sentir inadecuado por tu edad, ¿de acuerdo? Porque te lo digo, eres mi roca, mi abrigo en la tormenta y mi puerto seguro. Te amo por esto. Te amo por tantas cosas, por supuesto, pero te amo más que nunca por esto.

— Vamos a llevarte arriba, —dice Kurt suavemente, parpadeando para contener las lágrimas de felicidad por las palabras de Blaine.

— No puedo... No creo. No puedo ver con propiedad. Ken tiene mi maleta... ¿podrías ir a pedirle mis anteojos?

— Eso es cruel, —sonríe Kurt.— Estarás desnudo antes de que lleguemos a los ascensores.

Blaine ríe, de pronto sintiéndose mucho mejor.— Por favor. Te prometo que estaré de pie para el momento en que regreses.

Kurt lo complace, regresando para encontrar a Blaine en posición vertical, pero aferrándose a una fila de lavabos. Colgando su brazo alrededor de sus hombros, anima a Blaine a apoyarse pesadamente en él mientras caminan hacia el elevador, Ken siguiéndolos con el equipaje. Una vez que están en la habitación, Blaine cae pesadamente en la cama, asegurándole a Ken que está bien, pero un par de minutos más tarde, Riccardo irrumpe en su propio estilo inimitable.

— ¡Blaine! Ensayo en el salón de baile. Treinta minutos. Te lo pierdes.

— ¿Eh? No me lo perdí. No ha pasado, —dice confundido.

— No. Tú... Kurt, ¿Cómo le dices? —Riccardo pregunta exasperado.

— Tonto, —ofrece Kurt.

— Tonto, —dice Riccardo feliz.— Tonto, omite el ensayo. Quédate aquí y duerme. No dormir sexy, —se ríe, palmeando a Kurt en la espalda mientras se dirige hacia la puerta.— Dormir, dormir. Eres lo suficientemente bueno de todas formas. Te veo en la cena. Y a ti, Kurt.

— Ven aquí, —Blaine llama a Kurt al segundo en el que la puerta es cerrada.

Kurt camina hacia la cama, con una sonrisa jugando en su rostro mientras mira hacia su esposo.— Está en lo cierto, —le dice mientras se acurruca junto a él.— Necesitas dormir. Te amo, pero luces terrible.

— Gracias.

— Lo digo en serio, Blaine. Necesitas descansar. ¿Cuándo fue la última vez que dormiste apropiadamente?

— En nuestra última noche en Chicago, probablemente, —medita Blaine.— He estado muy preocupado por ti desde entonces.

— ¿Por qué? Hemos hablado a diario.

— Lo sé. Pero has estado tan decaído acerca de todo esto, y realmente estaba esperando que este fuera un verano mágico para ti.

— Bueno, la boda fue bastante mágica, y la luna de miel fue completamente espectacular, —bromea ligeramente.— Blaine... puede que no haya sido perfecto, de hecho, fue una patada en el trasero todo el tiempo. Pero esta es mi carrera ahora, y es una curva de aprendizaje. Con el tiempo voy a aprender qué trabajo aceptar y cuándo alejarme. Ahora por favor, descansa. Tengo toda la intención de llenarme de ti después de cenar, y eso sólo puede ocurrir si no estás cansado.

Blaine se ríe mientras rueda sobre su frente.— ¿Es esa una amenaza o una promesa, esposo mío?

— Ambas.

Los tres días que tienen en Nueva York se mueven rápidamente. Cuando Blaine está en el ensayo, Kurt pasa tiempo con Rachel y ella orgullosamente le muestra todo el teatro en el que está trabajando, y su enorme vestidor lleno hasta el borde de flores frescas. Él y Blaine asisten a su matineé, y aunque Kurt está celoso, tiene que admitir que deslumbra como María, y puede ver lo mucho que ella ama el papel por la forma en que su rostro brilla y sus ojos centellean. Pero nada hace a Kurt más orgulloso que ver a Blaine tocar. Él derrama su alma y corazón en cada pieza. Cada nota tocada tiene significado y pasión, y Kurt está otra vez conmovido hasta las lágrimas. Él nota que otros también comentan, y puede escuchar que su esposo es felicitado una y otra vez mientras permanece a su lado y bebe su cóctel calladamente, sonriendo y asintiendo en todos los lugares correctos.

— A casa mañana, —le dice a Blaine en voz baja cuando encuentran un segundo a solas durante la fiesta de despedida.

— No puedo esperar.

— Yo igual. Voto porque cerremos esa puerta y no salgamos otra vez hasta que nos vayamos de Ohio.

— ¿Involucraría eso grandes cantidades de desnudez? —Blaine pregunta con una sonrisa descarada.

— Por supuesto. De hecho, podríamos empezar con ello justo ahora.

— Oh. No puedo. —El rostro de Blaine está compungido cuando ve vacilar la sonrisa de Kurt.— Lo siento. Riccardo quería hablar conmigo acerca de algo, y necesito presentarme con el director de la Filarmónica de Nueva York.

— Okay, —Kurt asiente, sin gustarle, pero entendiendo.— Seguro. Haz todo aquello y yo iré a charlar con Gill por un rato.

Blaine toca su brazo gentilmente.— ¿Seguro?

— Seguro. —Fuerza una brillante sonrisa.— La noche es joven, ¿verdad?

— Sí, pero...

— Pero si sucede otra vez, no importa, —Kurt susurra en el oído de Blaine.— Te lo dije ayer y el día anterior. Entiendo, y estoy más que satisfecho con sólo abrazarnos Blaine. De verdad.

Pierde de vista a Blaine, optando por sentarse en los grandes sillones con Gill, donde discuten cualquier cosa, menos de sus hijos, y Kurt como siempre, está agradecido por su tacto. La conversación se torna hacia la moda, como inevitablemente sucede con ambos, y Gill le pregunta si conoce una buena modista.

— Necesito que me hagan otro vestido de fiesta, —explica ella.— Es difícil comprar uno en los anaqueles, porque soy demasiado pequeña. Cuando estuvimos en Londres un par de años atrás, yo era bastante extravagante, y mandé a hacer cinco. El problema es que, con esta condenada orquesta, hay muchos eventos que requieren de vestidos de noche... y no puedo seguir repitiendo atuendos.

— Yo podría confeccionarte algunos vestidos, ¿te gustaría? —Ofrece Kurt.— Digo, me gusta hacerlo, e hice todos los atuendos de la boda sin mucho problema.

— Oh, no. No podría pedirte eso, estás demasiado ocupado.

— Créeme Gill, realmente no lo estoy. Honestamente, no me importa. Llámame cuando estemos de vuelta en Ohio, —le dice.— Podemos fijar una hora para que vengas y discutamos los diseños.

— Eres un amor, —sonríe brillantemente.— Ken y yo siempre decimos lo maravillosos que son Blaine y tú. Nos sentimos muy afortunados de haberlos conocido.

— Aw, gracias, —se ruboriza.— Hablando de Blaine... creo que está desaparecido.

— No, ahí viene, —dice Gill cuando descubre a Blaine caminando resueltamente hacia ellos.— Y parece muy feliz por algo.

— Buenas noches, Gill, —dice educadamente, y Kurt se da cuenta a lo que ella se refería. Blaine está positivamente radiante, rebotando sobre las puntas de sus pies mientras sus ojos bailan de felicidad.— ¿Te importaría si te tomo prestado a Kurt por un momento?

— Para nada, —ella ríe, poniéndose de pie y palmeando su brazo.— De hecho, debo ir a encontrar a mi marido.

— Toma asiento, —Kurt señala, pero Blaine niega con la cabeza.

— Aquí no. —Jala a Kurt fuera del salón, guardando silencio hasta que están de vuelta en su habitación, donde se toma un segundo para frotar su rostro, volviéndose hacia Kurt con una sonrisa.— Lo que estoy a punto de decirte no puede salir de aquí hasta que sea anunciado formalmente, ¿okay?

— ¿Estás embarazado?

— Bueno, por supuesto que sí, —bromea Blaine de vuelta.— Pero también... Leona se va.

— ¿Y estás feliz por eso? —Pregunta Kurt.— Ella me agradaba.

Blaine ríe a carcajadas, besando sus labios y deslizando los brazos alrededor de su esbelta cintura.— Eres el peor oyente del mundo. Estoy triste de que se vaya, es realmente una mujer agradable. Pero se mudará a la costa este. Como sea... lo que significa que hay una vacante para primer violinista... y por lo tanto, para líder de la orquesta.

— Oh, mierda, no otra audición.

— ¡No! —Blaine ríe, agarrando a Kurt emocionado.— Van a hacer audiciones para el segundo violinista, porque quieren que yo tome su lugar.

— Su... quieres decir... líder de la orquesta... primer violín...

— ¡Sí!

— ¡Santa mierda!

— ¡Lo sé! —grita Blaine, incapaz de contenerlo por más tiempo mientras brinca emocionado.— Y eso no es todo... y esto es enorme... como realmente enorme... Nuestro concierto navideño de este año es El Mesías, de Händel (2), con el Coro de Cámara de Chicago. Riccardo quiere que toque el órgano.

— ¿Puedes tocar el órgano? —Kurt pregunta rápidamente.

— ¡Por supuesto!

— Entonces, ¡oh Dios mío, esto es increíble! —Chilla Kurt, riendo mientras Blaine lo levanta y lo hace girar alrededor.— ¡Tendremos sexo esta noche!

— ¡Completamente! —Blaine ríe antes de besarlo fieramente y caer en la cama, arrastrando a Kurt encima de él.— De hecho, justo ahora.

— Oh no... ¡todavía no! —Ríe, inclinándose para besar sus labios.— Vamos a pedir champaña y a celebrar propiamente. ¡Oh Blaine! —Chilla, aplaudiendo excitadamente.— ¡Estoy tan orgulloso de ti! ¡Tan ridícula y locamente orgulloso! '¿Qué hace tu marido para ganarse la vida?' —Parlotea mientras baja de la cama y agarra la lista de servicio a la habitación.— 'Oh, no mucho... ya sabes... sólo es el líder de la Orquesta Sinfónica de Chicago, y toca a Händel en el órgano... eso es todo de hecho.'

— Ni siquiera has bebido champaña y ya estás mareado, —ríe Blaine.

— Sí, porque mi esposo es el músico más majestuoso, el más talentoso, el más espléndido, sobrecogedor, inspirador y sublime que alguna vez existió.

— Y mi esposo es el actor más fabuloso del mundo, —le dice Blaine mientras Kurt se burla.— Es verdad. Pienso que hacemos una pareja maravillosa.

— Ahora si puedo estar de acuerdo.

Para el momento en que dos botellas de champaña están vacías, tanto Blaine como Kurt están tendidos en la cama sólo en sus calzoncillos, su juego de póker de prendas abandonado mientras ríen histéricamente de algo -aunque no pueden recordar de qué.

— Mi barriguita duele de reír, —dice Kurt con un hipo.

— Igual, —le dice Blaine antes de estallar en risitas inevitables otra vez.— Y cuando cierro mis ojos así, toda la habitación sigue girando.

Su risa disminuye convirtiéndose en suspiros de satisfacción hasta que Kurt se estira y le da golpecitos a Blaine en el hombro.— Bésame. Ha sido demasiado tiempo desde que me besaste y ahora estoy ofensivo.

— ¿Ofendido? —ofrece Blaine.

— Eso.

— Okay, un beso llegando. —Él rueda en busca de los labios de Kurt pero rueda en la dirección equivocada y da en el suelo de golpe.— Ouch.

— ¿Qué demonios? —ríe Kurt, deslizándose para mirar hacia él.

— Me perdí.

— Me di cuenta, —Inclinándose, besa su vientre antes de rendirse y caer en el suelo completamente, frotándose sobre él y besando su pecho.

— Eso es lindo, —murmura Blaine, descansando sus brazos detrás de su cabeza y cerrando los ojos satisfecho.— Más por favor.

— ¿Puedo darte una mamada? —pregunta Kurt esperanzado, corriendo su lengua sobre un pezón para enfatizar.

— Uh-uh. Mi pene no funciona en Nueva York.

— Claro que sí, —Kurt argumenta de vuelta.— Eres sólo tú el que piensa que no funciona, es todo. Ha funcionado un montón de veces antes. —Deslizándose más abajo, acaricia su rostro en la entrepierna de Blaine, notando que ya está medio duro.— Y de cualquier manera, incluso si no funciona, o no quieres que yo haga esto... lo que sea... me gusta esto, —dice, trabajando su boca sobre el contorno de su pene, provocando con sus dedos a lo largo de la cinturilla de sus calzoncillos.— Me gusta inhalarte.

— Asqueroso.

—No es asqueroso, —murmura Kurt con un ligero golpe en su muslo.— Tú eres tú. El único con el que quiero estar, el único con el que estoy destinado a estar. Sabes y hueles delicioso y exquisito y... perfecto.

— Tú siempre sabes bien, —dice Blaine, con voz entrecortada cuando Kurt corre una mano sobre su pene ahora erecto.— Me gusta saborearte... Kurt... —Un pequeño gemido de desesperación encuentra su camino en su voz y levanta sus caderas ansiosamente para que Kurt deslice su ropa interior por sus piernas.

Kurt se detiene, con su boca directo en las bolas de Blaine mientras mira hacia arriba, todo enormes ojos azules y labios rosados.— ¿Sí, Blaine?

— ¡Mierda! —Blaine respira, mirando hacia él y pasando un dedo a lo largo de su mandíbula.— Sesenta y nueve conmigo.

— Todo lo que quieras, —dice con una sonrisa maliciosa. Arroja su ropa interior rápidamente, dándose la vuelta y acomodándose en posición.— ¿Estás bien ahí abajo?

— Tu miembro es hermoso, —dice Blaine con admiración mientras lo empuja contra su barbilla.— Lo quiero.

Kurt no dice nada, sólo llega hasta la mesa de noche y toma un gran trago de champaña antes de engullir a Blaine, quien echa la cabeza hacia atrás por un momento para gritar.— ¡Jesús, mierda! ¡Oh mierda eso es bueno!

Kurt no es perfecto, la mayoría de la champaña chorrea en el pene de Blaine, pero se echa para atrás y traga antes de limpiarlo a lamidas, gimiendo de placer cuando Blaine lo toma profundo en su boca. Se las arreglan para trabajar en una especie de ritmo, que en su estado de embriaguez, funciona perfectamente para ellos, y Kurt acaricia las bolas de Blaine, sintiéndolas endurecerse bajo su toque. Cuando siente el pulgar de Blaine sobre su agujero, presionando firme e insistentemente, él sabe está prácticamente hecho, y toma a Blaine tan profundo en su garganta como puede en un intento de contener su inminente placer por el mayor tiempo posible. Pero en el segundo en el que siente a Blaine chorrearse en su boca, se viene instantáneamente, largo y caliente y duro, tragando alrededor de su marido antes de apartarse con un jadeo, enterrando los dedos en sus muslos mientras Blaine lo chupa duro. Rodando sobre su espalda en el suelo, empuja sus pies provocativamente en el rostro de Blaine, quien ríe y se retuerce bajo sus dedos.— Un pene volvió al pleno funcionamiento, —suspira feliz mientras Blaine ríe más fuerte.

— Un esposo borracho que necesita beber un poco de agua y luego acurrucarse en mis brazos.

— Dos esposos borrachos, —corrige Kurt, poniéndose de pie y hurgando en la nevera por agua.— Mareados de estar juntos otra vez. Hablando de eso... ¿Cuándo?

— ¿Cuándo qué?

— ¿Te vas de nuevo?

— Ah... —Blaine se pone sobrio de alguna manera cuando el tema que ha estado tratando de evitar finalmente sale a la superficie.

Kurt le tiende el agua, sus ojos oscureciéndose cuando se sienta en el suelo junto a él.— Vamos, sácalo.

— No hay gira navideña este año, —comienza.— Pero hay una que empieza en Año Nuevo.

— Genial, —murmura Kurt airadamente.— ¿Dónde?

— En Europa. Es un mes.

— ¡Un mes! —Kurt chilla, el alcohol volviéndolo ruidoso y estridente.— ¿Un mes entero? Maravilloso. Así que me sentaré en casa esperando a que el teléfono suene mientras tú vuelas por toda Europa siendo la niña de los ojos de todos, haciéndote el importante en cocteles, cenas elegantes y conociendo alcaldes, políticos... probablemente incluso a la realeza. No puedo esperar.

— Te iba a pedir que vinieras conmigo, —Dice Blaine en voz baja, las palabras hirientes de Kurt poniéndolo completamente sobrio.— Siempre dijiste que querías que viajáramos juntos, y esta parecía ser la oportunidad perfecta. —Niega con la cabeza y se levanta, recogiendo las botellas de champaña y colocándolas ordenadamente junto a la puerta antes de trepar a la cama, apagando las luces principales y dejando sólo la pequeña lámpara del lado de la cama de Kurt.— Pero si te sientes así acerca de ello, sólo olvídalo.

— Blaine, yo...

—Sólo olvídalo, Kurt.

Pero ninguno puede, y permanecen en un incómodo silencio por más de una hora, escuchando las apagadas prisas del trafico en Nueva York, sus cuerpos rígidos e intransigentes mientras la terquedad de ambos se rehúsa a darles permiso de fundirse en los brazos del otro. Kurt sabe que tiene que ser él quien haga el primer movimiento, pero se toma su tiempo, descifrando todo en su propia cabeza primero, felicitándose en silencio por su racionalidad y por no empujarse precipitadamente en una discusión. Finalmente estira una tentativa mano en la oscuridad, encontrando el antebrazo de Blaine, donde lo toca ligeramente.

— Lo siento.

No hay una respuesta verbal, sólo un pequeño asentimiento, pero es una leve invitación a continuar, y Kurt se apodera de ella de inmediato, girando en su costado para hablarle al perfil de Blaine.— Dije algunas cosas hirientes y me disculpo, —continúa,— No quise decirlas. Me siento un poco resentido ante mi propia falta de éxito y celoso del tuyo. No voy a tratar de ocultarlo. Pero yo te amo, y estoy tan increíblemente orgulloso de ti. Es tonto de mi parte sentirme celoso, lo sé. Y la peor parte de todo esto es que me siento celoso hasta cierto punto. Porque en realidad, disfruto compartiendo el éxito contigo. Adoro los hoteles elegantes y el dinero, sin duda, pero la mejor parte para mi es escuchar a la gente hablar cuando dejan la sala de conciertos, o leer las críticas en la prensa. Me hincho de orgullo. Ese es mi esposo, ese es mi hombre. Es sólo que... siento como que todos a mi alrededor están haciéndolo, teniendo éxito. Tú, Joe, Rachel... y sabes que es cuestión de tiempo antes de que Santana sea notada. Pero ese es mi problema a tratar, y nunca debería haberme desquitado contigo. Lo siento mucho.

— No debiste haberte desquitado conmigo, no... —empieza Blaine lentamente.— Sin embargo, trata de recordar por favor, que esto no ha venido de la noche a la mañana para mí. Han sido años de arduo trabajo y dedicación.

Kurt suspira pesadamente.— Lo sé.

— Pero soy tu esposo, Kurt. Y quiero estar ahí para ti. Demonios, tú has estado ahí para mi más veces de las que puedo contar -y estos tres días son el mejor ejemplo que puedo pensar. Déjame ayudarte a través de esto, déjame apoyarte. Habla conmigo, dime tus sentimientos. No me los grites con enojo porque ninguno de los dos pensaremos correctamente para lidiar con ellos después.

— Tienes razón, —coincide Kurt, pasando los dedos por su mandíbula.— Por supuesto. Y trataré de hacer justamente eso.

— Entonces acepto tu disculpa y demando que ahora duermas en mis brazos como solicité hace apenas unas horas, —Blaine sonríe, atrayendo a Kurt más cerca y besando sus labios.— Te amo infinitamente, sólo recuerda eso.

— Siempre, —responde Kurt, acurrucándose y enredando un rizo suelto en su dedo.— ¿Blaine?

— ¿Hmm?

— ¿Puedo ir a Europa contigo?

— No puedo pensar en algo mejor.


(1) La canción de este capítulo es "Have You Ever Been In Love" de Celine Dion.

(2) El Mesías, es un oratorio compuesto por Georg Friedrich Händel en 1741.