Capitulo 35: Reunión Familiar (Parte 5) – Padre
Todo duele, duele tanto, mi cuerpo, mi alma y mi corazón, pero no hay tiempo de dormir, no todavía…
Arlen abre los ojos, hay polvo y humo por doquier, sumado a que la entrada a la cueva está sellada, el aire está viciado con ambas cosas, haciendo que respirar sea difícil. Levanta la cabeza para encontrar a Cana, tosiendo debajo de su cuerpo, ha logrado cubrirla del impacto en su mayoría, su hombro se encuentra lleno de sangre porque Arlen ha apoyado su nariz ahí.
Ella está consciente, al verlo moverse le mira, se quedan así por un minuto eterno, ambos cansados y sucios, él con su cara llena de líquido vital y sus cabellos en cualquier dirección, ella jadea y sus ojos se llenan de lagrimas al sentir el terrible dolor de su brazo quemado.
Por un momento Arlen sonríe, ella le devuelve la sonrisa.
Entre tanto caos y tanta destrucción cercana, algunas chispas volando por ahí del fuego que ha quedado, logran tener un momento intimo.
- Lo s-siento, Cana… no quise arrastrarte a esto – Arlen levanta una mano, ya sin nada de su armadura ya que ha volado con el ataque, haciendo una suave caricia en la mejilla de su amada.
- Cállate ya, te dije que haríamos esto juntos – Ella intenta hacer lo mismo pero al mover su mano recuerda que está quemada junto con su brazo y se queja en silencio al sentir el piso.
- Quieta, ya… ya casi terminamos – Arlen se arrodilla a su lado, siendo el primero de ambos que rompe el momento y comienza a mirar a los lados. Cana se queja de nuevo sentándose en el lugar, ambos buscan a Jack – Quédate ahí, no intervengas –
Aunque quisiera Cana no puede hacerlo, su brazo duele demasiado, apenas y puede mantenerse sentada, ha usado demasiada magia y, por si fuera poco, Jack la ha herido en la cadera dificultando cualquier intento de pararse.
Arlen da unos pasos entre el humo y el polvo, todavía hay una gran parte de la habitación en pie, mira hacia donde se dirige el gran agujero en forma de gusano, al final de este la pared destrozada donde ha impactado. Allí una silueta se asoma, tambaleando, tosiendo y quejándose hasta estar unos metros más cerca y revelarse, es Jack Ingram, su cuerpo está herido de gravedad y no parece que vaya a durar mucho mas.
El hombre se frena al ver a su hijo parado, todavía ahí desafiándolo, se tambalea un poco mas antes de quedarse firme en donde está. Se observan, cada uno con una espada en mano, el rostro de Jack ha cambiado, la mitad ha perdido la piel dejando paso a un rostro completamente negro azabache sin ningún rasgo visible a la distancia, exceptuando unos brillos violetas como si fueran venas; su hijo se encuentra más entero, la armadura de su brazo derecho ha desaparecido, su rostro está severamente dañado, su largo traje blanco está manchado de su propia sangre que brota de su hombro.
Usando su magia de re-equip Arlen hace desaparecer ese abrigo, el que su hermana le ha regalado, su magia le permite ponerlo en una dimensión alterna que lo reparará con el tiempo, justo como las armaduras de Erza. Queda con una camisa de tirantes puesta, una muy destrozada, perdió su color negro al gris del polvo a su alrededor.
- Este es el final, hijo – Habla Jack primero, dando un paso hacia atrás involuntariamente para evitar desplomarse.
- Creí que podría salvarte – Arlen inclina su cabeza hacia adelante, lagrimas cayendo por su rostro, se ponen rojas al pasar sobre la sangre que ya está quedándose dura – Pero desde que te has ido, has empeorado, tu cuerpo es una sombra de lo que eras, y tu personalidad es irreconocible… ¿Esto es lo que buscabas cuando te fuiste? ¿Esto es lo que querías dejando que tu magia te controle? –
– ¿Ahora lo entiendes? No hay ganadores en una guerra… solo supervivientes… y ninguno puede sobrevivir con el otro todavía respirando –
- ¿No sabes decir otra cosa? ¿Por qué quieres que te mate? ¿¡Por qué no peleas contra tu magia!?-
Su grito resuena, solo callado por el sonido del fuego que ruje alrededor y lentamente se apaga comenzando a dejarlos en completa oscuridad. Jack no responde, se queda mirando fijo, hasta que baja esa misma mirada al suelo, como si estuviese avergonzado, todavía sin decir nada.
- Hoy voy a enseñarte algo hijo –
Un pequeño arlen, con sus cabellos rojos todos enmarañados, se para junto a un hombre de cabellos rojos largos y una armadura ligera, este le sonríe y le rasca la cabeza.
- ¿Vas a enseñarme a pelear papá? –
- ¡Pues claro! El mismo estilo que yo y mi padre usamos, magia de luz… -El padre abre su mano y forma una bola de luz y la acerca al rostro de su hijo.
Arlen da un paso atrás, su padre no se mueve, pero él tampoco quiere hacerlo, sus manos vuelven a temblar y apenas puede mantener la espada quieta. Los dos Ingram se paran uno frente al otro, cada uno derramando lágrimas, ambos saben lo que está por pasar, no importan cuanto deseen lo contrario.
El humo que vuela entre ambos todavía tiene pequeños pedazos de ceniza de los fuegos de alrededor, no hay aire y se acaba el tiempo para decir cualquier cosa. La guerra ha terminado, pero todavía hay una batalla que librar.
Finalmente Jack se mueve, casi involuntariamente da un paso hacia adelante - No lo hagas, no quiero hacerlo – Arlen se dice a sí mismo, pero es tarde, ya está corriendo hacia él a toda velocidad, decide imitarlo y correr hacia su padre, por última vez.
Arlen baja su espada a la altura de su estomago, listo para hacer una estocada, Jack levanta la suya para cortar verticalmente a su hijo en dos. Nada de magia de ningún lado, solo una última carrera, Cana se levanta del suelo e intenta llegar a ellos, pero se cae hacia adelante sin fuerzas.
- ¡ARLEN!- Cana grita con toda la fuerza de sus pulmones.
Padre e hijo, Arlen y Jack se encuentra apoyados uno contra el otro abrazados de una mano uno con el otro, las otras dos manos escondidas entre ellos, un sonido de metal hundiéndose en la carne se escucha y sangre mancha el piso. El más joven de ellos se inclina sobre el hombro de su padre, su rostro lastimado y lleno de lágrimas, intenta hablar pero solo tose sangre.
En un segundo, todo ha acabado.
Separando su rostro del hombro de su padre, Arlen mira hacia abajo y ve su espada, clavada en él, sin ningún remordimiento lo ha apuñalado, sin embargo el dolor que él siente no es el que esperaba, no está muriendo. Jack se ríe en voz baja, su puño ha impactado a su hijo en una costilla, pero nada más, en un último chispazo de humanidad dejó caer su arma… justo antes de llegar al choque.
- ¿Por qué? ¿Por qué no me has dejado liberarte? – Arlen toma la espada con más fuerza e intenta retirarla de su padre, pero él no cede.
- La muerte es, a veces, la única forma de liberar – Las palabras suenan melancólicas, con un tono no tan agresivo que no ha escuchado en años, es Jack Ingram, es su padre hablando.
- Nunca quisiste derrotarme ¿No? Siempre fue sobre mí matándote –
- Durante años miré con tristeza como mi magia y mi cuerpo destrozaban todo lo que quería, mi familia, sin embargo… he tenido la suficiente fuerza para confiar en mi hijo… -
Se separan, rompen ese abrazo de dolor y violencia, el hijo retira la espada y la deja caer en el suelo, el padre sonríe y se tambalea hacia atrás, pero es atrapado y con ayuda queda en el suelo tendido boca arriba. Su herida es grande y profunda, lo suficiente para pasar al otro lado de su cuerpo, no va a sanarse, no en el estado que se encuentra el resto, su tiempo se acabará en unos momentos.
- Confiar que algún día podrías hacerlo, liberarme, la única persona capaz de enfrentarme… ni siquiera tu tío pudo y decidió huir –
Es una sorpresa escuchar que su tio sigue vivo, pero no es lo que le importa ahora, Arlen tiene a su padre en sus brazos y lo deja en el suelo completamente, luego mira a su herida, de esta brota demasiada sangre. Está confundido y triste, lagrimas llenan sus ojos y balbuceos sin sentido llenan su boca, su padre muere y lo único que se le ocurre es llorar.
- Lo siento… lo siento, Arlen – Jack pone una mano sobre la cabeza de su hijo, sacudiendo su sucio cabello una vez más, sonriéndole – Mira, tienes una linda vida por delante, ahora eres libre para vivirla sin mi… prométeme que te quedarás en el camino de la luz –
- P-papá – Arlen sigue llorando, finalmente rompe en un llanto más fuerte, apoyando su cabeza en el pecho de su padre – No quiero hacer esto, nunca he querido, quiero volver a como todo era antes… -
- Es parte de ser un adulto, harás cosas que no quieres hacer porque es tu deber –
Cana, quien está más cerca ahora, derrama unas lágrimas al ver al chico llorar de esa manera, quiere decir algo pero al mismo tiempo no quiere interrumpir la escena entre padre e hijo. Jack la mira por un momento, una mirada de compasión, ella solo se queda petrificada, viendo como el hombre se inclina hacia adelante y, tomando la mano de su hijo, le susurra algo al oído.
Con esas últimas palabras, su último aliento es gastado, y cae con su cabeza apoyada en las duras piedras debajo, sus ojos abiertos y su sonrisa se queda a pesar de que su alma ha dejado el cuerpo atrás. Arlen deja de llorar, teniendo pequeños espasmos por su respiración agitada, pero ya ha dejado su llanto desconsolado, dándole una palmadita a la mano de su padre y luego procediendo a cerrar sus ojos.
- Arlen, yo… no sé qué decir… -
Cana se para junto al túnel de salida del lugar, aunque esté sellado, está esperando para que él los saque a ambos de la cueva con su habilidad de transportarse. Arlen se acerca a ella y la observa, se encuentra agotado de todas las maneras posibles, sus ojos secos y casi sin vida, le sonríe casi por reflejo al ver su rostro.
- Gracias por estar Cana – Él le responde – No hay nada que tengas que decir –
- ¿Estás seguro de esto? –
Los dos miran hacia atrás, Jack Ingram yace debajo de unas piedras irregulares, enterrado de una manera rudimentaria en una tumba, en una cueva abandonada lejos de toda civilización, un final adecuado para alguien así. Sobre la pila de piedras hay tres espadas, una de ellas con su filo de color oscuro y las otras dos curvas, las espadas de ambos guerreros enterradas donde la batalla ha finalizado.
- Seguro – Arlen se voltea, intentando no mirar fijo a la tumba para no volver a llorar, ya lo ha hecho suficiente.
- Arlen… - La muchacha otra vez intenta hablar, pero no encuentra palabras para decir, decide hacer lo más simple y 'estar' ,tomando la mano de su amado lo aprieta con fuerza, su otro brazo sigue doliendo.
- Vamos –
Los dos chicos brillan, sin voltear para mirar la tumba por última vez, en un segundo no están. La tumba queda a solas, el cuerpo de Jack debajo de piedras y espadas, entre fuego y humo, todavía se mantiene esa sonrisa, esa sonrisa de un padre que sabe que sus últimas palabras han sido:
Estoy orgulloso, hijo.
