Capítulo 36

Fue la sensación de unas calientes manos acariciando su estómago lo que despertó a Harry la mañana siguiente. Parpadeó, adormilado, tratando de que su nublado y confuso cerebro se despertase y se pusiese a trabajar. Se frotó los ojos con las manos y por fin vio algo ligeramente borroso brillando alrededor de uno de sus dedos. Frunció el ceño, miró más de cerca y su boca se abrió al recordar lo que había sucedido la noche anterior. Le había dicho a Draco que iba a quedarse con el bebé y Draco le había propuesto matrimonio.

Se había comprometido con Draco.

Draco era su prometido.

La sensación de vértigo se alzó de nuevo y él sonrió feliz.

Draco estaba mirando a Harry completamente divertido. El moreno estaba muy distraído esa mañana. Siendo honesto, tenía que admitir que había estado asustado cuando Harry tuvo dudas sobre su compromiso. Al verle sonreír, sin embargo, sus temores se esfumaron, ya que Harry quería casarse con él. No había dudas.

Una pálida mano cogió la que portaba el anillo y entrelazó los dedos.

—Ese anillo te queda bien—murmuró Draco, sonriendo, y se inclinó para depositar un beso en esos apetecibles y rojos labios.

—Hn, necesitamos un anillo para ti también—le devolvió la sonrisa Harry, dándole un beso.

Draco se rió entre dientes.

—No te preocupes, me he comprado el juego. Está esperándome en mi estudio.

—¿Por qué no te lo pusiste ayer?—preguntó Harry, curioso, mientras distraídamente sus dedos dibujaban círculos sobre el pecho de Draco.

Draco miró hacia otro lado, con sus mejillas teñidas de color de rosa por la vergüenza.

—Porque no estaba seguro de que fueses a decir que sí—murmuró.

Harry parpadeó y sonrió, inclinándose para besarle la mejilla.

—Con toda la arrogancia que muestras, es sorprendente ver tu inseguridad. Supongo que los Malfoy también pueden serlo.

—Cállate—resopló Draco, haciéndole reír.

Draco puso mala cara, pero pronto se echó a reír también.

Finalmente, su risa se detuvo, dejando un pacífico silencio.

Draco cogió a Harry y maniobró de tal forma que ahora el moreno estaba encima de él, con la cabeza en su pecho y sus piernas enredadas debajo de las mantas.

El rubio comenzó a acariciar la espalda de Harry, haciendo que el hombre ronronease.

—¿Cuándo vamos a darles a los chicos la buena noticia?—rompió el silencio Draco, mirando el techo.

Harry se movió un poco y respondió:

—Van a ver mi anillo tan pronto como estén en casa, así que se lo puedo decir hoy.

Draco se mordió el labio inferior antes de soltarlo.

—¿Y lo del bebé?—preguntó en voz baja, sin querer romper la paz. Le estaba dando a elegir a Harry, no quería presionarlo.

Se quedó en silencio un par de minutos y Draco se inquietó. ¿Por qué no responde? ¿Ahora quería desesperarlo? Una mirada hacia abajo lo tranquilizó: Harry estaba mirando la pared de enfrente con la mirada pensativa. Estaba pensando en ello, no estaba enfadado. Era un alivio.

—Quiero esperar un par de semanas más. Entonces podremos decírselo—respondió finalmente Harry, con calma.

—¿Por qué?—preguntó Draco, curioso; pero estaba feliz por dentro, ya que sólo tenía que esperar un par de semanas antes de poder decirle a Teddy y Scorpius que iban a tener un hermano. Tenía la sensación de que Scorpius se iba a llenar de una inmensa alegría.

—Para asegurarme de que el bebé está sano. ¿Te parece bien?—lo miró Harry.

Draco sonrió y lo apretó con más fuerza.

—No hay problema.

Se quedaron en la cama durante una hora antes de decidir que era el momento de ir a por los niños, antes de que Severus se volviese loco.

Se vistieron después de haberse dado una ducha rápida y se fueron abajo, donde los elfos domésticos estaban ocupados preparando el desayuno.

—Quédate aquí mientras voy a buscarlos—le dijo Draco mientras se dirigía hacia la chimenea.

Harry frunció el ceño.

—¿Por qué tengo que quedarme aquí?

—Porque Severus tiene muy mal humor por la mañana y estando con dos niños no va hacer que mejore su estado de ánimo—respondió Draco, seco, haciendo reír Harry—. Y no quiero que experimentes eso.

—¿Cuándo está ese hombre de buen humor?—preguntó Harry, poniendo los ojos en blanco.

—Buen punto—sonrió y le dio un beso en los labios—. Ahora vuelvo.

Harry, divertido, sacudió la cabeza y después de haber visto a Draco desaparecer por red flu se fue a desayunar, ya que estaba muy hambriento.


Draco pisó un suelo alfombrado y escuchó un grito ahogado en la planta de abajo. Sacudió la cabeza con exasperación y decidió que era el momento de salvar a los chicos de un futuro trauma.

Se concentró en las voces amortiguadas y las siguió, deteniéndose delante de una puerta de madera oscura: la sala de estar.

Dos cabezas se alzaron rápidamente al escuchar abrirse la puerta y Scorpius gritó de alegría cuando vio a su padre de pie en la puerta.

—¡Papá!—saltó del sofá y corrió hacia él con los brazos estirados, deseando un abrazo después de estar separados durante una noche.

Draco obedeció y se agachó para recoger a su pequeño y colocarlo sobre su cadera.

Teddy se había quedado en el sofá, sólo que ahora tenía la vista levantada de su libro.

—¿Os habéis portado bien?—sonrió Draco.

Severus lo miró.

—Mi casa aún está de una pieza—respondió con frialdad.

—Eso es bueno—sonrió Draco, colocando a su hijo en el suelo—. Es el momento de que recojáis vuestras cosas, chicos. Harry os está esperando en casa.

Scorpius sonrió y de inmediato corrió a su habitación, mientras que Teddy le seguía a un ritmo más tranquilo, aunque estaba emocionado de volver también. Lo había echado mucho de menos y no había dejado de preocuparse toda la noche, aunque sabía que su padre estaba a salvo.

—¿Cómo fue el día de San Valentín?—los labios de Severus hicieron un gesto de desagrado al pronunciar una fecha tan señalada, estúpida y sin sentido y llevó su taza de café solo a la boca, oliendo el delicioso aroma de los quemados granos de café.

—¡Fantástico! Harry ha accedido a casarse conmigo y vamos a tener al bebé—le informó Draco, radiante de alegría.

Severus, que acababa de tomar un sorbo de su caliente bebida, tosió y escupió casi todo el contenido ante la sorpresa.

—¿Cómo?—preguntó, finalmente, con voz rasposa, pensando que sus oídos le habían engañado.

—Me voy a casar con Harry y vamos a tener al bebé—repitió, sonriendo.

Los negros ojos lo miraron con incredulidad.

—Por favor, dime que es una broma—suspiró y se apretó el puente de la nariz.

Draco frunció el ceño.

—¿Por qué estaría bromeando?

—¿No crees que es un poco pronto como para pensar en el matrimonio?—ironizó Severus, preguntándose cuándo se había convertido en la voz de la razón de Draco,

—Bueno, si fuéramos extraños, sí, pero nos conocemos muy bien. Me atrevo a decir, de hecho, que sé más de él que sus supuestos amigos—respondió Draco y se cruzó de brazos.

Severus abrió la boca para razonar con él, tratando de hacerle entrar en razón antes de que hiciese algo estúpido, pero se dio cuenta muy rápidamente de que no iba a convencerlo esta vez. Reconoció el brillo obstinado en los grises ojos de Draco (igual que su padre), y supo que cualquier objeción y razón válida para anular el compromiso era una mala idea; le iba a entrar por una oreja y salir por la otra.

«Bueno, ahora es un adulto. Si quiere cometer errores, es su vida —pensó con amargura. Tenía que dejar ir a su ahijado tarde o temprano, no podía estar de pie a su lado, diciéndole qué hacer y qué no—. Es un adulto ahora —se recordó a sí mismo y suspiró».

—Si estás seguro, entonces supongo que tengo que darte la enhorabuena.

Draco sonrió y Severus se sorprendió de ver lo feliz que parecía el hombre ahora. Quizá Potter era bueno para algo. Solo quizá.

Severus frunció el ceño.

—Dile a tu novio que el antídoto está listo para ser utilizado.

Draco asintió.

—Estará feliz de escuchar eso.

Severus hizo un extraño ruido y frunció el ceño con dureza.

Apenas habían terminado su conversación cuando Scorpius volvió corriendo de su habitación, con la mochila en su espalda y Teddy siguiéndolo con su bolsa negra azulada en la mano.

—Estamos listos para irnos, Draco—dijo Teddy con calma, con sus ojos azules claros, casi verdes, le brillaban ante la débil luz del sol que entraba a través de la pequeña ventana.

—Dadles las gracias a tío Sev por permitiros pasar la noche aquí. Decidle adiós—ordenó Draco.

Los chicos hicieron lo que se les dijo y después siguieron a Draco a la oficina de Severus, colocándose a su lado dentro de la chimenea y cogiéndolo de la mano.


Harry alzó la vista de su plato compuesto de huevos revueltos y bacon crujiente cuando escuchó la red flu, y sonrió cuando escuchó a Teddy preguntar dónde estaba. Merlín, cuánto había echado de menos a sus pequeños.

—¡Estoy en el comedor, chicos!—gritó y escuchó tres pares de pies que se dirigían hacia él. Se volvió hacia la puerta y abrió los brazos para abrazar a los chicos que iban corriendo hacia él.

—Te hemos echado de menos, papi—dijo Scorpius y cariñosamente, frotó su cabeza contra el hombro de Harry.

—Yo también—sonrió Harry y los besó en la frente. Miró a Draco que estaba de pie un par de metros atrás—. ¿Estaba de mal humor?

Draco puso los ojos en blanco y se sentó al lado de Harry, instando a los jóvenes a que se sentasen y desayunaran. Scorpius se sentó en el lado derecho y Teddy a la izquierda de Harry.

—Por supuesto. ¿Alguna vez has visto a ese hombre de buen humor?—resopló Draco y sacudió la cabeza.

—Bueno, no, pero ¿era diferente contigo?—se encogió de hombros Harry,

—Él no cambia por nadie—sonrió con ironía Draco—. Oh, sí, me ha dicho que el antídoto está listo.

—Es una gran noticia; voy a escribir a algunos colegas para decirles que pueden venir a recogerlo aquí, si no te importa, claro—se apresuró a decir.

—No hay problema. Es mejor que tenerte fuera—murmuró Draco.

Harry se aguantó las ganas de replicar, ya que no quería arruinar su feliz estado de ánimo. Tendría que hablar con Draco de su sobreprotección, no podía permanecer encerrado durante el resto de su vida.

—Papi, ¿quieres saber lo que hicimos ayer Teddy y yo?—preguntó Scorpius, excitado y moviendo sus piernas, balanceándolas con fuerza.

—Claro que me gustaría—sonrió Harry, alentándolo.

Inmediatamente, Scorpius empezó a contar una historia donde él y Teddy construyeron un castillo con bloques y jugaron con él.

No fue hasta que Teddy vio algo brillante a la luz cada vez que Harry levantaba su mano izquierda, que algo andaba mal. Sin pensarlo, cogió la mano de Harry, manteniéndola inmóvil, mirando el anillo de oro, que brillaba inocentemente.

Una extraña sensación parecida a la ansiedad, hizo que se le revolviera el estómago. ¿Por qué su padre llevaba un anillo de repente? Teddy estaba seguro de que ayer no estaba. Miró las manos de Draco y vio uno también. ¿Qué pasaba aquí?

—¿Teddy?

Miró a su padre y vio que lo miraba de manera bastante aprensiva. Sólo entonces se dio cuenta de que Scorpius había dejado de hablar y que él y Draco se miraban con curiosidad.

—¿Por qué llevas un anillo, papá?—preguntó Teddy, apretando su mano inconscientemente. Entrecerró los ojos al ver el rubor que iba creciendo el rostro de su padre. En cuando a Draco, vio al hombre sonreír con suficiencia, pero al mismo tiempo lo miraba con orgullo.

—¿Papi?—miró Scorpius a Harry con los ojos muy abiertos, curiosos de saber por qué su papi se había sonrojado tanto y por qué su papá estaba sonriendo tan ampliamente.

Harry se aclaró la garganta.

—Bueno, hm, Teddy, Scorpius, hay algo que tu padre y yo tenemos que deciros—sonrió con timidez.

—Nos vamos a casar—anunció con orgullo y su sonrisa se hizo más amplia.

Scorpius, inmediatamente, empezó chillar y a saltar arriba y abajo en su silla con entusiasmo, aplaudiendo, antes de saltar y empezar a caminar hacia su padre y luego a Harry para darles un abrazo.

—¿De verdad, papi? ¿De verdad te vas a casar con papá?—preguntó Scorpius y sus grandes ojos estaban llenos de emoción.

Harry se echó a reír.

—Sí, voy a casarme con tu padre.

Mientras Scorpius estaba ocupado chillando de alegría y saltando de aquí para allá, Teddy estaba mirando a los dos adultos, sorprendido.

Nunca había esperado que su padre fuese a casarse con Draco tan pronto. Claro que recordaba diciéndole a Draco que no le importaría que se casase con su padre, pero él había pensado que eso sería en un par de años o tres, hasta que Draco se lo propusiese. ¿Lo había estado planeando todo el tiempo y había estado esperando el permiso de Teddy?

Lo que realmente le sorprendió más era que su padre había dicho que sí, evidentemente. Cuando había estado con Ginny, nunca mencionó querer casarse con ella en todos los años que estuvo a su lado. Draco, pasados unos meses, le preguntó y dijo que sí. Eso, obviamente, significaba que quería mucho a Draco.

Teddy se mordió el labio, sin saber cómo tenía que reaccionar. Por una parte, estaba feliz, prácticamente brillaba de alegría, pero por otro, estaba un poco triste. Era ridículo, pero sentía que estaba perdiendo a su padre a favor de Draco. Sabía que era estúpido al pensar así, su padre lo quería y no era como si fuese a deshacerse de él una vez se casase con Draco, pero de todas maneras…

Se sobresaltó cuando sintió dos calientes manos agarrando la suya y se quedó mirando directamente a los preocupados ojos verde esmeralda.

—Teddy, ¿qué te parece?—le preguntó Harry en voz baja.

Teddy de pronto recordó una escena similar hacía un mes, cuando su padre le había preguntado si le importaba que saliese con Draco. Al igual que entonces, sabía que su respuesta decidiría lo que su padre iba a hacer. Si decía que no le gustaba la idea de casarse con Draco, su padre lo pospondría hasta que se sintiese más cómodo. El hecho de que a su padre, obviamente, le importase mucho su opinión y por tanto no se desharía de él, le hizo sonreír débilmente. Si casarse con él lo hacía feliz, entonces estaría feliz por su padre. Además, tener a Draco como padrastro no era tan malo.

—Estoy feliz por ti, papá—susurró Teddy y abrazó a su padre con fuerza, hundiendo su rostro en el fuerte y caliente hombro.

—Gracias, Teddy—susurró su padre y lo abrazó con fuerza.

Sin embargo, Teddy no podía evitar la sensación de que su padre estaba ocultándole algo más. Pero ¿no era eso ridículo? El matrimonio era la única sorpresa que su padre tenía para él. Sí, era una tontería preocuparse de que su padre le estuviese ocultando algo más.


—Ha estado bien, ¿no crees?—murmuró al oído de Harry, pasando los brazos alrededor de la cintura de Harry desde atrás. Puso su cabeza en el hombro del moreno y miró por la ventana a Teddy y Scorpius que estaban jugando con la poca nieve que aún quedaba.

Harry sonrió y puso sus manos sobre las de Draco.

—Sí, me alegro de que Teddy se lo tomase bien. Tenía miedo de que no le gustase la idea de que fuera a casarme—confesó, tímido.

Draco se rió entre dientes.

—Bueno, yo le pregunté si le gustaría que nos casáramos algún día.

—¿Ah, sí?—alzó una ceja Harry y miró por encima del hombro a los traviesos ojos grises—. ¿Cuándo lo hiciste?

—Cuando te marchaste—murmuró Draco, sin querer recordar ese particular momento—. Fui a hablar con él y para asegurarle de que ibas a volver y para decirle que si le importaría que me casase contigo y si estaba de acuerdo con eso.

Harry se rió, sorprendido.

—Un giro interesante en la conversación. ¿Qué te dijo?

—Que no le importaba, que le gustaba más que la Weasley—sonrió Draco.

—Sí, nunca se ha llevado bien con ella—suspiró Harry.

—Chico listo.

Recibió un golpe en su brazo como respuesta.


Dos días más tarde, Harry se puso en contacto con algunos viejos compañeros que estuvieron más que dispuestos a aceptar el antídoto. Había sido difícil de explicar cómo lo había conseguido exactamente. Por último, sólo les dijo que tenía un amigo que era maestro de pociones y había estado ayudando a Harry con el caso.

Cuando se hubieron reunido los viales con la cura, junto con los pasos a seguir para elaborarla (ya que Snape se negó a hacer más de lo necesario), Harry había prometido darle las gracias al profesor de pociones por ellos. A Harry le hubiese gustado darle a Snape el mérito que se merecía, pero sabían que si mencionaba su nombre, el Ministerio no se detendría hasta encontrarlo y enjuiciarlo. Harry se quedó con su opinión: Snape había hecho mucho por el bando de la luz y ahora merecía esa paz y tranquilidad. Además tuvo que admitir a regañadientes que Snape no era tan malo, si te acostumbrabas a sus sarcásticos comentarios.


18 de febrero

Era el día de su cita, Harry se despertó con la sensación de suaves besos contra su estómago. Se estiró y se echó a reír cuando apareció la cabeza de Draco por debajo de las sábanas, su cabello rubio todo desordenado.

—¿Qué estás haciendo?—sonrió Harry y aceptó con entusiasmo el beso que Draco le dio.

Draco se sentó junto a él, aún con los brazos alrededor de la cintura de Harry, acariciando su estómago.

—Le decía buenos días a nuestro bebé—respondió, encogiéndose de hombros.

—Sabes que falta tiempo hasta que lo puedas notar, ¿no?—levantó una ceja, divertido.

—Por tanto, ¿es un crimen darle los buenos días a nuestro bebé? No puedo esperar hasta que se empiece a notar—caviló Draco, sonriendo.

Harry lo miró con cautela.

—Probablemente serás uno de esos que no puede mantener sus manos fuera de la barriga de su pareja, ¿no?

—No es mi culpa que vayas a verte guapo con un vientre redondo—sonrió Draco y lo besó con fuerza en la boca.

Harry frunció el ceño y pellizcó el brazo de Draco con fuerza, haciendo que el rubio gritase de rabia y se frotó la zona afectada.

—No vuelvas a llamarle guapo otra vez—resopló.

—Esa reacción no ha sido muy adecuada—murmuró, mirándolo dolorido.

Harry sonrió.

—Bien.

Cuando quiso levantarse, dos fuertes brazos lo detuvieron y una boca empezó a chupar su cuello.

Harry gimió suavemente.

—Draco, ahora no. Tengo que ir a mi cita.

—Estoy seguro de que aún tenemos algo de tiempo—susurró antes de empujar a Harry de regreso a la cama, acomodándose entre sus piernas abiertas.

—Ah, joder—suspiró y se entregó, extendiendo sus piernas más.

Draco sonrió.

—Estoy pensando en hacer eso.

Media hora más tarde, Harry cayó de espaldas sudando y jadeando. Draco cayó sobre él, enterrando su cara en el hombro de Harry.

—Merlín, estabas caliente—murmuró Harry sin aliento, con sus verdes ojos aturdidos, mirando el techo, sintiendo su ritmo cardiaco disminuir.

Draco sonrió y se quedó en la cama junto a él, pasándose una mano por su sudoroso pelo.

—Te dije que iba a hacer que valiese la pena tu tiempo—murmuró y besó a Harry en la mejilla.

—Eres increíble a veces—suspiró, pero sonrió satisfecho.

—Ah, pero te ha gustado, ¿verdad?—se rió entre dientes Draco.

—¿Cómo no podría haberme gustado? —murmuró Harry, sonrojándose.

Draco sonrió y trazó patrones en el brazo de Harry.

—Ahora me tengo que ir—murmuró Harry y se sentó.

—No sé si Severus cuidará a los chicos de nuevo—Draco hizo una mueca al pensar en pedírselo a su padrino de nuevo. Le sabía mal por él. Probablemente estaba enloquecido por tener que cuidar a los chicos. Scorpius no era malo en sí, pero podía ser un niño difícil a veces.

—Snape no cuidará de los chicos—frunció el ceño Harry—. Me siento mal por encasquetárselos siempre a él cada vez que nos vamos.

—¿Los vamos a llevar con nosotros?—preguntó, sorprendido. ¿No había dicho Harry que quería esperar un par de semanas antes de decírselo?

Harry se mordió el labio y lo miró.

—No, yo estaba pensando que podrías quedarte con ellos mientras no estoy. Quiero decir, ellos pueden quedarse aquí y pasar un rato contigo.

—Espera, ¿quieres ir solo?—frunció el ceño Draco; no le gustaba la idea de que Harry fuese a un lugar solo. Sí, era el hospital y las posibilidades de que Harry fuese secuestrado eran nulas, pero no quería correr ese riesgo. Que lo llamaran paranoico, pero así era.

Harry suspiró, adivinando por qué Draco estaba tan nervioso por querer ir solo.

—Draco, por favor, no puedes mantenerme encerrado en la mansión. Es a San Mungo a donde voy, por lo que no hay posibilidades de que algo vaya a suceder.

—No lo sabes—murmuró, frunciendo el ceño y cruzando los brazos.

—Draco, te quiero y me gusta tu compañía, pero si vas conmigo ahora, te vas a volver loco. Es sólo una revisión para ver si el bebé está en su sitio. No vamos a tenerlo ahora—lo miró Harry—. Quiero un poco de tiempo a solas. No es demasiado pedir, ¿no? Además, voy a estar fuera una media hora como mucho. No más.

—Está bien, ve solo entonces—soltó Draco y se dio la vuelta en la cama.

Harry suspiró y puso los ojos en blanco.

—Draco no seas así, por favor—extendió la mano para tocar el brazo de Draco, pero se detuvo cuando su pareja se puso rígido.

—Sólo vete, Harry—dijo con frialdad.

Harry gruñó molesto y salió de la habitación, cerrando la puerta del baño dando un fuerte portazo.

Draco se estremeció al escucharlo y suspiró, frotándose los ojos. No había querido enfadarse o hacerle enfadar, pero no podía evitar preocuparse por él. Estaba embarazado y eso significaba que era más vulnerable que nunca. Si algo le pasaba ahora…

Draco negó con la cabeza, frunciendo el ceño en dirección al techo. Tenía que dejar de pensar así. Harry tenía razón: iba al hospital, un sitio de alta seguridad. No había manera de que le fuese pasar algo. Además, sólo era media hora. No era mucho. Podía esperar ese tiempo.

Gimió, sabía que podía ser agobiante a veces y tal vez estaba siendo un poco sobreprotector con Harry, pero ¿podía culparlo? El asesino estaba ahí, esperando su momento. Y ahora que Harry estaba embarazado, sólo sería cuestión de tiempo antes de que volviese a aparecer. ¿Y luego qué? Harry no estaría en condiciones de pelear, Draco no se lo permitiría. ¿Y si el asesino ponía la atención en sus hijos?

Muy bien, esas ideas no estaban ayudándolo, realmente, a calmar sus nervios. Draco respiró profundo y se sentó, justo a tiempo para escuchar el leve sonido de la red flu. Trataría de olvidarse del asesino, por ahora, no era como si pudiera hacer algo al respecto de todos modos.

Despertaría a Teddy y Scorpius y desayunaría con ellos mientras esperaba a que Harry volviese. Sólo era media hora. Aguantaría.


Con el ceño fruncido, Harry salió a trompicones de la chimenea de San Mungo. Por lo general, no dejaba ninguna discusión a medias, pero no sabía qué podía haberle dicho a Draco para aplacarlo. Todo lo que había dicho era verdad: no quería dejar a los chicos con Snape de nuevo y necesitaba un poco de espacio para respirar. Entendió la razón por la que Draco estaba tan preocupado acerca de ir solo, pero era un hospital ¡por Merlín! No era como si alguien fuese a secuestrarlo ahí. Además que había ido sólo durante media hora, como mucho.

Suspiró y pasándose una mano por el pelo, lo aplastó un poco. Hablaría con Draco después. Ahora era el momento de su revisión.

Rápidamente se dirigió a la oficina de Rowland, asegurándose de permanecer a los lados, para no llamar la atención. Realmente no quería perder los papeles de nuevo.

Llamó suavemente a la puerta, esperó la voz diciendo: "Adelante"

Rowland alzó la vista cuando la puerta se abrió y se sorprendió al ver a Potter entrar solo. Había esperado que Malfoy estuviese con él también. Después de todo, hoy era la revisión para saber si el bebé se había quedado o no en el útero. Uno podría pensar que el padre estaba ansioso de escuchar malas o buenas noticias.

—Ah, señor Potter, buenos días—lo saludó y le estrechó la mano.

—Buenos días, señor—sonrió Harry y se sentó.

—Disculpe, pero no dejo de notar la ausencia del señor Malfoy hoy—comentó, reclinándose en su silla, colocando la pluma sobre el escritorio

—Sí, ha tenido que quedarse en casa para cuidar de su hijo y mi ahijado—respondió Potter, frunciendo el ceño.

—Ah, así que es eso—hizo un gesto de comprensión. Se puso de pie y agarró su varita—. Muy bien, señor Potter, siéntese en la camilla y exponga su estómago, por favor. Voy a ver al bebé ahora.

Potter asintió con la cabeza y se acercó a la camilla, tumbándose sobre el papel y alzando su sudadera.

Constitutum locus infantis—murmuró Rowland y apuntó su varita hacia el estómago de Potter.

Apareció una pantalla gris borrosa en el aire y el medimago la miró fijamente.

—¿Y?—preguntó Potter un poco impaciente, después de tres minutos de silencio.

Rowland agitó de nuevo su varita y la pantalla desapareció en una nube de humo blanco.

—Bueno, no tiene de qué preocuparse, señor Potter. Su bebé está a salvo en su vientre.

Potter suspiró aliviado y Rowland no puedo evitar preguntarse qué había cambiado en la mente de Potter acerca del bebé. Cuando se enteró del embarazo, pareció que Potter no quería oír hablar del bebé y Rowland se había preparado para escuchar la petición de aborto. Ahora, sin embargo parecía que Potter había decidido tenerlo. Lo que hizo que Rowland se preguntara: ¿cómo había convencido Malfoy a Potter para quedarse con el bebé?

—Perdone, pero tengo que preguntárselo: ¿está pensando en quedarse con el bebé?—preguntó, volviendo a sentarse.

Harry se bajó la camiseta y volvió a su asiento.

—Sí, lo voy a tener.

Rowland parpadeó, sorprendido, pero asintió con la cabeza. Cogió una hoja de papel y empezó a escribir una lista.

—Ya está casi de dos meses, pronto comenzará a tener náuseas matutinas que se prolongarán hasta el cuarto mes, tal vez más. Usted puede ingerir estas pociones para contrarrestarlas, pero no garantizo que vayan a funcionar. Tendrá que seguir tomando las pociones que ya está tomando para asegurarse de que su cuerpo puede hacer frente a los cambios—le dijo a Potter e iba a entregarle un papel cuando llamaron a la puerta.

—¿Sí?—dijo Rowland con una mirada de disculpa hacia Potter, que se encogió de hombros.

Una joven entró en la oficiona con nerviosismo, frotándose las manos.

—Señor, disculpe que le moleste, pero el sanador Rocher exige hablar con usted, dice que es demasiado importante como para esperar.

Antes de que pudiese dar una respuesta, la mujer fue apartada a un lado por un gran hombre de pelo grisáceo que estaba buscando problemas. Pasó al lado de Harry sin mirarlo hasta llegar junto a Rowland.

—¿Puede creer que el Ministerio está cortando mis suministros financieros? ¡Afirman que mis experimentos son innecesarios!

Harry decidió que era el momento de irse antes de que el hombre fuese a estallar de pura frustración y salió de la sala; la joven se alejó murmurando y visiblemente sorprendida.

No fue hasta que estuvo casi en la chimenea cuando se acordó de que había dejado el papel con los pasos a seguir en la oficina de Rowland. Suspiró, pero se dio la vuelta y caminó por las escaleras de vuelta a la oficina.

Quería llamar, pero se detuvo cuando escuchó su nombre dentro de la habitación. Mirando alrededor, se dio cuenta de que estaba solo, sin nadie que le impidiese escuchar. Con la oreja pegada a la puerta, se concentró en la conversación que tenía lugar dentro de la estancia.

—¿Qué? ¿Estás diciendo que Potter esta embarazado? ¿De Malfoy?—preguntó Rocher, incrédulo.

Harry escuchó a Rowland suspirar.

—Sí, lo digo enserio: Harry Potter está embarazado de Draco Malfoy. Sé que es difícil de creer, pero es la verdad.

—¿Y lo va a tener?

—Sí, toda una sorpresa, ¿no? Cuando escuchó la noticia del embarazo, Potter no estaba demasiado entusiasmado con la noticia. Tenía miedo de que se desmayara por el shock.

—¿Y Malfoy? ¿Cómo reaccionó?

—Extático. Además que no cabía en sí de la felicidad—Rowland parecía disgustado.

—Así que Malfoy quería al niño pero Potter no. ¿Crees que Malfoy ha obligado a Potter para que se quede con el niño?

—Puede ser. Eso garantizaría que Potter nunca lo abandonaría y sabe que puede usar la publicidad de manera positiva. Quiero decir, los Malfoy no tienen buena reputación ahora. Estoy seguro de que Malfoy no podría estar más feliz con el embarazo de lo que está ahora. Siento pena por Potter, aunque le vendría bien perder al feto. ¿Por qué demonios iba a querer un niño de la calaña de los Malfoy?

La rabia corría por las venas de Harry y su mano se apretó en torno a su varita. No quería hacer otra que entrar allí y maldecir a esos cabrones de tal manera que Voldemort palidecería de miedo. ¿Cómo se atrevían a hablar de Draco como si fuera un paria? ¿Quiénes era ellos para juzgarlo? No conocían a Draco, todo lo que vieron fue la imagen que los medios habían mostrado después de un juicio de Lucius. Harry sacudió la cabeza, disgustado, sabía que no había mucha gente feliz por estar con Draco, pero no tenía idea de que Rowland mantuviese aún sus prejuicios.

«Y pensaba que los medimagos eran neutrales —pensó Harry, disgustado y se apartó de la puerta. Podía sentir sus magia vibrar, lista para atacar en el momento que perdiese el control. Tuvo que irse antes de hacer que el hospital explotase».

Se dio la vuelta y se alejó de nuevo hacia la chimenea, pensando todo el tiempo en una manera de hacerle pagar a Rowland cuando volviese para su tratamiento. No iba a dejar que se saliese tan fácilmente con la suya al difamar el buen nombre de Draco.


Draco levantó la mirada al escuchar la red flu y se preocupó al ver la enfurecida cara de Harry.

—Harry, ¿ha pasado algo? ¿El bebé está bien?—le preguntó con miedo, poniéndose de pie y acercándose a su pareja, olvidando por completo que se había enfadado con él, no hacía ni media hora.

Harry extendió la mano mientras se apoyaba contra la pared.

—Quédate ahí, por favor, Draco—dijo con los dientes apretados y Draco quiso protestar, pero sintió la peligrosa magia de Harry y se detuvo de inmediato. Estuvo allí cuando derrotó a Vodemort, así que sabía cuán poderoso era el hombre y sabía lo malo que sería si perdía el control de su magia.

Parecían horas, pero en realidad habían pasado sólo unos minutos, antes de que Harry bajase la mano, sentándose en el suelo, cansado, con un resplandeciente sudor en su frente.

Draco inmediatamente corrió hacia él y lo cogió en sus brazos, la cabeza de Harry contra su hombro.

—Harry, ¿puedes decir que ha pasado para que estés así de enfadado? ¿Es por el bebé?—tragó saliva en su última pregunta y apretó los hombros de Harry.

Harry suspiró y cerró los brazos alrededor de la cintura de Draco.

—El bebé está bien, no hay problema.

Draco se alivió por un momento, alegrándose de que nada le había sucedido a su hijo, antes de fruncir el ceño.

—De acuerdo, entonces, ¿por qué estabas tan enfadado?

—Me olvidé de la lista de instrucciones que Rowland había escrito para mí y volví a su oficina—comenzó Harry e hizo una pausa para calmarse de nuevo. La ira invadía todo su cuerpo cada vez que pensaba en lo que había escuchado—. Él estaba allí con otro sanador y estaban discutiendo mi embarazo.

Draco se quedó inmóvil, tenso.

—Básicamente, todo se reduce al hecho de que no podían creer que quisiera tener un hijo tuyo y que sería mejor para mí si lo perdía. Ellos creen que sólo deseas a este bebé por el hecho de que haría bien para el ojo público—dijo Harry, disgustado, mirando a la pared de enfrente—. Me costó todo mi autocontrol no entrar allí y maldecirlos hasta la saciedad. ¿Quiénes se creen que son? Ellos no te conocen, ¡por lo que deberían tener su boca cerrada! Lo que hacemos no es asunto suyo.

Draco suspiró y acarició la espalda de Harry, con dulzura.

—No vamos a volver a ese medimago. Buscaremos a otro para las revisiones. Sin embargo, tiene que ser alguien de confianza. Alguien que mantenga la boca cerrada.

Harry se relajó lentamente, sintiendo sus cansados músculos a causa de la tensión sufrida antes.

—¿Podemos hacerlo más tarde? No estoy de humor.

—Claro, no hay problema—sonrió Draco y besó a Harry—. Siento mi comportamiento.

Harry negó con la cabeza.

—No te disculpes. Sé por qué te enfadaste y lo entiendo, pero yo tenía mis razones para ir solo hoy—presionó un beso con la boca abierta en el cuello pálido de Draco—. Además, no tienes que quedarte en casa constantemente. Cuando llegue mi próxima revisión, los chicos sabrán lo del bebé y los podremos llevar con nosotros.

Draco sonrió.

—Estoy seguro de que van a ser felices con su nuevo hermano.

—¿Dónde están?

—Aún durmiendo. Traté de despertarlos, pero murmuraban cosas y podría jurar que Teddy me gruñó—dijo Draco, asombrado.

Harry rió suavemente.

—Sí, a veces lo hace cuando está profundamente dormido.

—Su padre estará muy orgulloso—dijo Draco, seco.

—Estoy seguro de ello—rió Harry y se inclinó para darle un beso en los labios.

—¿Desayunamos?—murmuró contra sus labios, recordando que Harry llevaba sin hacerlo dos horas. Tendría que prestarle más atención a las comidas de Harry. Ahora necesitaba energías y vitaminas más que nunca.

—Más tarde. ¿No podemos volver a la cama y dormir un poco más? Aún estoy cansado—murmuró Harry, suspirando.

—Claro—sonrió Draco y se puso de pie, tirando de Harry cuidadosamente hacia arriba y entrelazando sus dedos, llevándolo a la cama donde descansaron durante dos horas más antes de que Teddy y Scorpius se despertasen, cuyos estómagos exigían ser alimentados.