DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

AMOR DE VERANO

CAPITULO XXXV

- Hola – saludó Bella temblando como cada vez que leía el nombre de Edward en el identificador de su teléfono.

- Hola, Bella

- Hola, Edward. Nessie no está aquí hoy, ha ido a pasar la noche a casa de mis padres, y aún sigue allí.

- Bien, le llamaré allí.

- Bien – dijo esperando que él cortara la comunicación.

Pero no lo hizo.

- ¿Y tú cómo estás?

- Eh, yo... bien, gracias. ¿Qué tal tú?

- No tan bien como tú, al parecer.

- ¿Por qué lo dices?

- No me ha bastado una semana para recuperarme de lo que sucedió entre nosotros.

- ¿A qué te refieres? – preguntó extrañada

- Ha pasado poco más de una semana desde que habéis marchado y aún me duele que te fueras.

- Edward... – gimió

- Sí, supongo que tu enamoramiento no era tan profundo después de todo.

- No sé de qué estás hablando. ¿Qué quieres decir con eso?

- He sabido que has vuelto a tener citas. No me lo esperaba tan pronto, la verdad.

- Cómo no – sonrió sarcástica y herida – Alice y su campaña pro-Tanya. ¿Hay algo que quieras preguntar o ya sabes todo lo que necesitas para enjuiciarme?

- No lo sé, Bella ¿Hay algo que tenga que saber? ¿Algo que quieras decir?

- Supongo que no. Tú decidiste quedarte en Barcelona mientras yo regresaba a Seattle.

- Ya, pero cuando dijiste que me esperarías pensé que hablabas de algo más que ocho días.

- Vete al diablo, Edward. ¿Quieres que te espere? Bien, dime cuánto tiempo. ¿Indefinidamente? ¿Hasta que vuelvas con María o te involucres con Tanya y decidas que no tengo que esperar más? ¿Cuánto?

- Dios mío. Vaya que eres hipócrita. Que yo vuelva con María o tenga algo con Tanya. ¿Qué pasó, Bella? ¿Decidiste que querías ser la primera? Mejor tú con ese médico, ¿no?

- Ese médico y yo somos amigos.

- Sí, claro, cómo no. Ese médico quiere meterte en su cama.

- Tal vez sí, pero al menos respeta que yo no lo desee, y está dispuesto a ser sólo un amigo, mientras yo esté enamorada de alguien más.

- ¿Qué hay entre tú y él?

- Somos amigos.

- ¿Te acostaste con él?

- Dios, tienes una fijación. – gruñó – No, Edward, no me acosté con Tyler. Eres la única maldita persona con la que me he acostado en los últimos seis años, y no creas que no me arrepiento de que sea así, pero parece ser que no soy ese tipo de mujer.

- Te necesito, Bella – susurró después de un silencio

- Sabes que puedes tenerme – reconoció con tristeza – Depende de ti.

El silencio se hizo eterno antes de que Edward hablara.

- Llamaré a Ness a casa de tus padres.

- Hazlo.

- Adiós, Bella.

- Adiós, Edward.

Dejó el teléfono sobre la mesa de la cocina para cubrir su rostro y llorar una vez más.

Haber salido con Tyler la noche anterior le había distraído.

Tyler podía ser un buen amigo, y lo había demostrado al escucharla hablar de Edward y rodearla entre sus brazos confortándola cuando no había podido evitar llorar mientras le explicaba que Edward nunca volvería a Seattle.

Los celos de Edward le reconfortaban en cierta forma, pero que él no demostrara estarse planteando regresar a los Estados Unidos, le dolía.

Le quería allí, con ella, con ella y su hija.

Pero todo indicaba que no podría tenerle.

A diez mil kilómetros de allí, Edward estrelló su teléfono contra la pared de su despacho.

Dos tímidos golpes sonaron en su puerta antes de que se abriera para que Carmen se asomara con prudencia.

La mujer vio el teléfono despedazado en el suelo.

- ¿Todo bien, Edward? – preguntó sabiendo la respuesta

- Sí, Carmen. Se me cayó el teléfono – dijo con acritud – Consígueme uno nuevo, por favor.

- De acuerdo – aceptó la mujer adentrándose en el despacho y sentándose frente a él luego de levantar los trozos del teléfono – ¿Quieres contarme cuál es el problema?

- No hay ningún problema – dijo sin despegar la vista del monitor del ordenador

- Les echas de menos – aseguró la mujer comprensiva

Se recostó en su asiento y sus ojos se humedecieron sin atreverse a mirar aún a la mujer que a veces actuaba como su madre.

- Deberías volver a casa, Edward – dijo Carmen con cautela

- Lo he pensado – confesó y por fin la miró – Lo he pensado, Carmen, pero no puedo imaginarme allí. No soporto siquiera imaginar pidiéndole a mi padre que me permita volver a mi puesto allí.

- Oh, Edward, eso es una tontería, tú lo sabes. Tu padre estaría feliz de que regresaras.

- Es tan difícil, Carmen. Sé que todos creéis que me estoy comportando como un chiquillo y tal vez sea cierto, pero es difícil para mí. Me marché hace más de ocho años y Carlisle nunca me pidió que regresara. Mi madre, mi hermana, ahora Bella, me han pedido que vuelva a Seattle, pero Carlisle nunca lo hizo. Él me instó a marcharme y nunca me pidió que regresara. No puedo dejar de pensar que prefiere tenerme lejos de la empresa.

- Oh, Edward, eso es una tontería, querido. No te tiene lejos de la empresa. Si quisieras hundirla podrías hacerlo hundiendo la sede europea. Somos tanto o más importantes que la sede central. Deberías hablar con él. Estoy segura de que tu padre estaría más que feliz si tú decidieras volver. Tal vez nunca te lo ha pedido porque es tan orgulloso como tú. Pero tú no puedes perder a tu hija y a la mujer que amas, sólo por no dar el brazo a torcer.

Se sobresaltó con las palabras de Carmen y se sintió obligado a corregirla.

- Bella y yo apenas estamos empezando a conocernos.

- ¿Qué quieres decir con eso? – inquirió la mujer extrañada

- No sé si puedo decir que le ame – confesó

- ¿De verdad crees que no sabes si le amas? Dios, niño, eres tan inteligente para el trabajo y tan tonto para el amor. Amas a esa mujer. Amas a esa mujer más que a nada. Esa chica y esa niña, son tu vida. Cuanto antes lo reconozcas antes te decidirás a hablar con tu padre y podrás tener la vida que tanto has deseado.

La observó en silencio pensando en las palabras de la mujer.

- Creo que hoy me iré temprano, me vendrá bien ir al gimnasio – dijo evadiendo sus pensamientos – ¿Hay algo urgente?

Carmen rodó los ojos negando con la cabeza.

- Mañana llega Tanya Denali – explicó – Se instalará en el estudio de Paseo de Gracia. Hay que recogerla en el aeropuerto a las 15:35. ¿Irás tú?

Bufó molesto.

- No. Que vaya Liam.

- Tú le conoces, Liam no – comentó Carmen extrañada ante la actitud de Edward.

- Que lleve un cartel con su nombre. Carmen, quiero que mantengas a Tanya alejada de mí. Tanto como sea posible. Que Liam se encargue de explicarle todo lo que necesite saber.

- Pero tú eres el jefe. Deberías darle la bienvenida, al menos.

- Ok. Cuando llegue aquí, le daré la bienvenida y luego se la derivaré a Liam, que él se encargue de ella.

- Estará dos o tres meses aquí, Edward, no podrás evitarla por siempre.

- La evitaré cuanto sea posible.

- ¿Se puede saber por qué?

- Tonterías de Alice. Quiere emparejarnos.

- ¿Tu hermana quiere emparejarte con Tanya Denali?

- Sí. Es su mejor amiga.

- Oh, vaya, entiendo. Bien, no te preocupes, intentaré que no te moleste.

- Gracias, Carmen. Recuérdame que te de un aumento de sueldo.

- Preferiría unos días libres – acotó la mujer

- De momento será un aumento de sueldo. Si te doy unos días libres, dejarás mi puerta desprotegida y Tanya podría colarse.

Carmen se carcajeó.

- Ok, señor feudal, mantendré al vulgo lejos de su fortaleza.

- Gracias, Carmen. Si no estuvieras casada con Eleazar, te pediría matrimonio.

- Lo tendré en cuenta si me divorcio, aunque preferiría verte casado con la madre de tu hija.

- Y yo – reconoció en voz muy baja.

La llegada de Tanya al día siguiente fue todo lo molesta que había imaginado.

Le dio la bienvenida en su despacho con Carmen y Liam junto a ellos, para evitar cualquier comentario fuera de lugar de la chica, que se mostró claramente contrariada.

Logró evitarla por tres días, pero el sábado sobre el mediodía, aprovechando que Carmen no trabajaba y había escuchado que Edward estaría en el despacho, Tanya se apareció allí.

- Adelante – dijo Edward en cuanto golpearon la puerta de su despacho

Vestido con vaqueros desgastados y una camisa que llevaba remangada, se inclinaba sobre su mesa de dibujo, tomando medidas sobre un plano.

- Hola, Edward – saludó sobresaltándole

- Tanya – dijo volteándose para verla – ¿Qué haces tú aquí?

- Escuché que trabajarías hoy y pensé en pasarme por aquí. Tal vez pudiera darte una mano.

- Gracias, Tanya, pero no hace falta – aseguró incómodo y furioso – Disfruta el fin de semana. Deberías ir a conocer la ciudad.

- Oh, sí – se quejó dejándose caer sobre una de las butacas frente al escritorio – Es que... – dudó mostrándose nerviosa – no conozco nada y no hablo el idioma... te confieso que me amedrenta un poco moverme sola por la ciudad

- No tienes que preocuparte. En Barcelona fácilmente puedes moverte en inglés.

- ¿Tú crees?

- Estoy seguro.

- Tal vez tú pudieras acompañarme, pasear un rato conmigo, enseñarme los lugares más interesantes.

- Lo siento, Tanya, pero tengo trabajo.

- Yo podría ayudarte para acabar antes – ofreció

- No creo, gracias.

- Sé que estás evitándome – reconoció la chica sonrojándose – Lo siento. Lamento haberte molestado de alguna forma y que sientas que debes evitarme.

Exhaló profundamente antes de hablar.

- No es así, Tanya, – denegó – de verdad tengo trabajo.

- Déjame ayudarte y podré invitarte a comer – sonrió – Sin dobles intenciones – aseguró – Por favor...

Suspiró derrotado y guardó sus lápices.

- De acuerdo. Vayamos a comer.

- Gracias, Edward, es genial – sonrió la chica satisfecha – ¿Quieres que acabemos tu trabajo antes?

- No, no hace falta. Ya lo haré el lunes.

- Bien

Salieron caminando por el puerto mientras Edward le explicaba sobre los lugares que debería visitar durante su estadía.

Se sentaron en un restaurante en el puerto olímpico donde pidieron unos entrantes vegetales y compartieron una fideuà.

Compartieron la tarde dando un agradable paseo, disfrutando del clima aún cálido de septiembre, y para cuando a última hora de la tarde se sentaron en un bar de las ramblas para refrescarse, reconoció haberlo pasado bien.

Esa fue la primera vez desde que Bella y Nessie se habían marchado, que se sintió distendido.

- ¿Y qué tal las vacaciones con tu hija? – preguntó Tanya con soltura frente a una copa de sangría.

Edward se tensó un momento antes de contestar.

- Muy bien – reconoció – Nos divertimos mucho.

- Sí, algo me contó Alice sobre el entusiasmo de la niña.

- Sí, le gustó bastante la ciudad y todo lo que hicimos.

- ¿Te gustaría que viviera aquí contigo?

- Más que cualquier otra cosa – confesó revolviendo su copa

- ¿Crees que es posible que suceda?

- No. Bella no quiere ni siquiera oír hablar de ello.

- Entiendo – dijo la chica dando un trago a su bebida – No sé por qué es tan reacia, yo ni me lo pensaría. Barcelona es una ciudad maravillosa.

- Sí, lo es.

- Yo estaría más que dispuesta a dejar Seattle – aseguró

- Creí que no querías alejarte de tu familia. Alice me dijo alguna vez que estabas muy unida a tu madre.

- Oh, sí, lo estoy. Pero mi madre sólo desea mi felicidad, y si mi felicidad estuviese en Barcelona, ella estaría más que feliz de que la tomara.

- Ojalá Bella pensara lo mismo – murmuró

- Supongo que es un poco egoísta de su parte.

- Tal vez yo sea el egoísta al negarme a volver a Seattle

- Oh, no, no lo creo. Estoy segura de que tienes tus razones, y también sé que aunque ahora te parezca duro y difícil, con el tiempo te sentirás mejor. Cuando tengas tu propia familia aquí, aprenderás a sobrellevarlo mejor.

- No importa cuántos hijos tenga, Nessie es mi hija y la amo y eso nunca cambiará. Siempre me dolerá no tenerla conmigo.

- Sí, lo sé – reconoció la chica – Pero estoy segura de que encontrarás la mejor forma de estar con ella y con tu nueva familia.

- Familia – gimió – Eso se ve muy lejos ahora mismo

- Llegará, Edward – aseguró Tanya cogiendo su mano sobre la mesa en un gesto que le incomodó – Sólo tienes que darte la oportunidad.

Sonrió nervioso alejando su mano del tacto de la chica.


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Adelanto del próximo capi:

- ¿Diga? – la voz femenina que contestó al teléfono móvil de Edward fue como un puntapié y no pudo evitar que su mano temblara – ¿Diga? – repitió la voz ante su silencio

- Disculpe, ¿es éste el teléfono de Edward Cullen?

- Sí ¿quién habla?

- Ah, soy Bella Swan. ¿Podría hablar con Edward, por favor? – pidió con la voz entrecortada

- Oh, Bella, hola – saludó la chica risueña – ¿Cómo estás? Soy Tanya.

- Oh, hola, Tanya – saludó dejándose caer sobre una silla ante la mirada impaciente de su hija – Disculpa, no te reconocí ¿cómo estás?

- Bien, yo muy bien, ¿qué tal tú? ¿y la niña?

Cómo odiaba que llamara "la niña" a Nessie...

- Muy bien, gracias. – respondió escueta – ¿Crees que podrías pasarme a Edward?

- Sí, claro, Edward ahora está en la ducha – explicó – Si esperas, te paso con él – dijo Tanya dando a entender que no habría inconvenientes en colarse en la ducha junto a Edward y ese conocimiento la sobrecogió.

Nos leemos también en el grupo de Facebook: Las Sex Tensas de Kiki, donde compartimos comentarios, encuestas, avances, etc. sobre éste y mis otros fics.

Besitos!

Si aún no pasaron por mi nuevo fic DETRÁS DEL OBJETIVO, están todos invitados!