Estamos a casi nada de terminar, espero que disfruten de este capítulo y nos leemos en los rr y en el siguiente capítulo. Las que lean Sobreviviendo... Nos vemos el siguiente miércoles.

Gracias por los reviews, favs y follows. Bienvenidas nuevas lectoras.

Cheers!

Soundtrack del Capitulo.

"Here's To Us" by Lea Michele, ST Glee Third Season. Original by Halestrom www youtube com/ watch?v=IvjAF8bkZoc

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Algunos de los personajes no me pertenecen, provienen de la maravillosa imaginación de la gran Stephenie Meyer; la historia es completamente mía.

Las avenidas, ciudades y barrios de Los Ángeles mencionados en la historia son verdaderos.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Bella POV:

Como diseñadora de interiores y exteriores, me tomo muy en serio la decoración de la casa en navidad, es un arte saber que colocar y donde hacerlo, por que todo debe reflejar muy bien la esencia de la familia que vive en esa casa. Cada año recuerdo lo que mi madrina rezaba todos los años mientras compraba nuevos adornos: formas, colores y tamaños.

Ella convertía la decoración en un asunto no apto para cardíacos. Eran los únicos momentos en los que ni mi madrina me dejaba estar cerca de ella por que solía contagiarme sus emociones y por ende teníamos a la normalmente hiperactiva, despierta y nerviosa niña de ocho años para abajo alterándose más aun. Pero incluso si no estuve ahí para ver de primera mano lo que era decorar al puro estilo de Elizabeth Florencia Swan, aprendí a hacerlo con solo mirar el resultado final.

La residencia de la familia, siempre elegante y refinada, se convertía en una exhibición de como debería ser la decoración navideña en Seattle. Era mi turno de demostrarlo en Bel Air. Luces, figuras de renos, muñecos de nieve, Santas y bolas de nieve tan solo en el exterior, y otro poco en el interior. Sin embargo, era el árbol lo que me llenaba de entusiasmo. Mi familia solía colocar dos: uno descomunal en el vestíbulo y otro de tamaño más considerable en la sala; lleve esa tradición a mi casa al puro estilo de Isabella Marie Swan-Cullen.

Conseguí el árbol artificial más grande y esponjoso que se haya visto, metros y metros de listón, cerca de cien esferas, tres series de luces blancas y una estrella impactante. Y siempre era un caso colocarlo.

Edward decidió que era buena idea montarlo justo después de Acción de Gracias. Quitábamos la mesa del vestíbulo y en su lugar poníamos el árbol, necesitábamos a otras dos personas para colocar las luces y los listones morados y un día entero para las esferas y la estrella. Pero al verlo terminado, sabíamos que había valido la pena.

Aunque, sin duda alguna, el más importante era el de la sala. Siempre he dicho que el árbol de navidad debe representar mejor que nada —incluso que la decoración— la esencia de la familia, por esa razón nuestro precioso pino natural era un poco menos lujoso que el otro, pero si más brillante y rebosante con las esferas plateadas, las luces blancas y una gran estrella iluminada por dentro.

—¡Chicos, hora de irnos! —grite hacia el despacho y las escaleras con Joey en brazos y los niños corriendo a mi alrededor. Comencé a salir de la casa, vociferando mi conteo regresivo del diez al cero—. ¡DOS, UNO, CERO! —termine en el porche, dejando caer la llave del auto de Edward. No me sorprendió que cayera en las manos de mi esposo, seguramente llego derrapándose.

—¡JA! —exclamo Edward haciendo un baile que vimos en internet y había adoptado como su danza de la victoria. Los niños rieron al verlo.

—¡DEMONIOS! —grito Jasper. Lo mire con molestía—. Lo siento.

Desde que comencé a ir a la constructora y vi de primera mano lo mucho que mi hermano y mi marido tardaban en salir, cree un juego en el que quien estuviera primero en el vestíbulo hacia la primera y única llamada, daba unos segundos de preparación y comenzaba a contar del diez al cero mientras salia con la llave del coche, al llegar al cero dejaba caer la llave y quien la atrapara, manejaba, si caía al suelo entonces ese que la tiro conducía... Ese par se tuvo que aguantar mi manera de manejar más veces de las que les gustarían aceptar.

—Regresaremos después de la cena —le dije a Victor caminando al auto—, así que no nos esperen.

—Como diga, señorita.

Asentí y de refilon tuve un vistazo de mi extrañamente vacía fachada.

—Faltan luces —dije mirando hacia la casa con la cabeza ladeada.

—Las pondremos enseguida.

—Los veo allá —dijo Jasper dándome un beso en la mejilla.

—¿A donde vas? —le pregunte viéndolo chocar puños con mi marido. Jasper simplemente sonrio y fue a su auto—. ¡Jasper Theodore Swan, respondeme!

—Calmate, neurótica. No me tardo —dijo. Se despidió de los niños y se subió a su coche.

Edward y yo aseguramos a los niños a sus asientos y entramos al auto para ir a casa de mis padres.

—Yo no soy neurótica...

—No, mi amor, para nada.

—... Por que si fuera neurótica, entonces lo habría obligado a decirme a donde va y no lo hubiera dejado irse.

—Eso solo prueba que te rendiste demasiado fácil, mi vida —dijo Edward. Lo mire con molestia—. Y por eso digo que no eres nada neurótica.

Rodé los ojos.

—Mami, teno ted —dijo Vanessa. Edward orillo el auto y yo me baje para sacar tres jugos de la pañalera, abrí uno para Vanessa y los otros dos los prepare para Tyler y Jacqueline. Conozco a mis niños y en cualquier momento se les contagiaría la sed.

Y dicho y hecho. Apenas retomamos nuestro camino, Jacqueline pidió su jugo y a los pocos minutos también Tyler. Los tres niños se mantuvieron despiertos pero en silencio por que Joey dormía profundamente en su asiento. Edward y yo los mirabamos por el retrovisor, asegurandonos que estuvieran bien. En algún momento después de terminarse el jugo, Jacqueline también cayo y Vanessa la siguió.

—¿Ya viste? —le murmure a Edward. El miro por el retrovisor y sonrió.

—Al parecer somos un asco para entretenerlos.

—Les hubiéramos puesto una película.

—Eso los habría dormido más. Y los cuatro han caído —dijo después de otro vistazo por el retrovisor. Me gire y vi que Tyler perdió la batalla contra el sueño.

—Tío Edward, a ver como los metes a los tres a la casa.

—Tengo mis métodos, Tía Belly —respondió deteniéndose frente a un semáforo en rojo. Lance unas risitas y le di un beso.

—No tienes ni idea, ¿cierto?

—Afirmativo. ¿Esta tu papá?

—Iba a ir un rato a la constructora.

Para la suerte de mi marido, mi papá entro a la residencia justo después de nosotros. Ambos se detuvieron frente a la fuente. Después de saludarnos, mi papá bajo a Tyler, Edward se llevo a las niñas y yo a mi Joey con todo y la pañalera.

—Hola —murmuro mi mamá cuando entramos a la casa—. Están dormidos —rió.

—Perdidos —respondí—. Y tu hijo no se donde esta.

—Acabo de colgar con él. Ya no tarda en venir —me dijo. La mire confundida—. No sé, tampoco me quiso decir donde esta y que hace.

—En cuanto llegue, lo voy a golpear. Subire a este hermoso —dije. Subí a las habitaciones y entre a la de mi hijo, lo acosté en su cuna y lo cubrí con su mantita, le dí un beso en la punta de su naricita y baje a la sala—. Los niños amaran decorar ese árbol —reí cuando vi el gran pino que decoraríamos hoy.

—Eso es lo importante.

Muchas cosas comenzaron a cambiar con el divorcio. Desde hace dos años, mis padres proponían que adornáramos su árbol en familia y por supuesto que nosotros aceptábamos encantados... Menos Alice. No permitió que nadie saliera de su casa y, obviamente, mis padres querían a sus tres hijos juntos, por lo que los planes fueron cancelados. Ya no había razón para que no lo hiciéramos por fin.

Incluso habíamos tenido la idea de ocupar la ocasión para hacer nuestras tarjetas de navidad, así que contrate al mejor fotógrafo de la ciudad para que tomara las fotografías.

Ilaria, Raoul y Cynthia llegaron y de inmediato notaron la ausencia de Jasper. Mi hermana y yo comenzamos a idear un plan para irlo a buscar por toda la ciudad y así averiguar de una vez por todas que se traía entre manos y por que no nos dijo nada. Si era necesario jugar a Glinda y Evanora, entonces lo haríamos. Pero el fotógrafo y su equipo entraron y ya no pudimos llevar a cabo nuestro plan por que comenzamos a sacar los adornos del sótano.

—¡Familia! —vocifero Jasper. Ilaria y yo nos preparamos para recibirlo... Con los brazos abiertos. Mi papá nos miro con esos ojos y nos apunto con el dedo. Le enseñamos la lengua—. ¿Tarari y Tarara tienen puestos los guantes? —pregunto Jasper aun sin entrar a la sala. Una asistente del fotógrafo lanzo una carcajada. El hombre le dio un codazo en las costillas y la chica se disculpo.

Íbamos a responder, pero en ese momento, Jasper dio un paso a la sala escudado por una risueña...

—¿Natasha? —inquirimos Ilaria y yo al unisono.

—Hola a todos —saludo entre risitas—. Jasper, puedes salir. Estan desarmadas.

—No por mucho —dijo Edward. Le dí un pisoton. Mi marido grito un segundo antes de cerrar la boca y comenzar a saltar en una patita. Mi mamá, sin poder controlar sus risas, lo ayudo a sentarse en uno de los sillones.

—Jasper, por amor de Dios, comienza a hablar antes de que yo también salga lastimado —dijo Raoul. Ilaria rodo los ojos.

—¿Y los niños?

—Dormidos. Habla.

Jasper resoplo.

—Fui al juzgado —comenzó. Ilaria y yo lo animamos a continuar—. No tiene sentido querer crear expectativa con ustedes, par de dos, así que voy directamente al grano: ¡ya estoy divorciado!

Todos tardamos en reaccionar, pero cuando lo hicimos comenzamos a gritar y felicitamos a Jasper, pues esta era la mejor noticia para terminar el año.

Natasha ya lo sabía. Jasper había hablado con sus padres dos días atrás para decirles que el divorcio estaba próximo a salir y le gustaría que Natasha se enterara con nosotros, pero mi hermano no pudo guardar el secreto por mucho tiempo y termino llevándola al juzgado con él...

... Por fortuna, ella fue mucho más inteligente y se quedo en el auto. Dios sabe lo que sucedería si Jasper se presenta en la firma de su divorcio con la próxima futura esposa.

Las voces de los niños y el llanto de Joey resonaron por medio de los monitores de bebé. Jasper y Edward subieron por ellos. Natasha se congelo ante la perspectiva de ver a mis sobrinos. Lo esperaba, por supuesto, y después de todo ya los había visto en Seattle, pero ahora era diferente. Hoy eran sus futuros hijastros los que estaban por bajar; si yo estuviera en su lugar, seguramente ya me habría desmayado.

Los niños entraron corriendo, y detras de ellos venían Edward —con nuestro Joey en brazos— y Jasper. Mi hermano presento a Natasha con los niños.

—¿Tu vas a ser la nueva tía? —pregunto tiernamente la lengua floja de mi hija. Edward y yo nos golpeamos la frente con una mano.

—Oye, es idéntica a ti —me dijo Natasha. Rodé los ojos.

—¡Okey! Hora de adornar este árbol. Manos a la obra.

Mis papás encontraron la manera de tenernos a todos ocupados. Mientras los muchachos probaban las luces, nosotras hacíamos un tope para el árbol dorado que acompañaría a la estrella, los niños, Cynthia y Seth armaban las escarchas para las vigas y mis padres envolvían cajas para simular regalos.

Cuando todas las series de luces quedaron probadas y listas, comenzamos a colocarlas en el árbol y en las escarchas, vigilando que los niños no terminaran haciendo una travesura. Estaban contentos y recien despiertos. Quien sabe lo que podría suceder.

No había nada que disfrutara más que ver a mi familia feliz, era lo que cada mañana me impulsaba a levantarme de la cama. Vivía por sus risas y sus bromas, incluso no consideraba completo mi día si Jasper y Edward no habían hecho alguna tontería que nos hiciera reír. Iba a extrañar a mi hermano y a mis sobrinos cuando se fueran, pero no iban a vivir para siempre con nosotros, Jasper quería hacer su propio hogar y yo no podía entrometerme en sus planes, sus decisiones y su vida. Él era el mayor, después de todo.

El árbol de mis padres quedo como una maravilla. Las esferas eran de diferentes tamaños, formas, diseños y colores, como un arcoiris, con un listón dorado rodeando el árbol, luces del mismo color, el tope y una estrella iluminada por dentro. Debajo tenía un roda-pie blanco y rojo y las cajas simulando regalos. No había duda alguna de que hicimos un buen trabajo.

El fotógrafo nos pidió escoger la imagen que usaríamos en las tarjetas y mis padres eligieron una que era hermosa. Vanessa, Ilaria, Cynthia y yo colocabamos las esferas, Jasper, Raoul y Seth se las arreglaban con una de las escarchas, Edward —con Joey en brazos— ponía la estrella, y en una situación que apretujaba el corazón por su significado, Nat estaba sentada en el suelo con Tyler y Jacqueline terminando con el tope dorado. Mis sobrinos le sonreían y ella a ellos. Y finalmente, mis padres, sentados en el sillón mirándonos y sonriendo. Para cualquiera de fuera que se detuviera a mirar la fotografía, podría parecer un poco forzada y hasta editada; nadie la entendería y probablemente se crearían mil y un rumores acerca de como el divorcio nos había desprestigiado tanto que ahora necesitábamos recurrir al Photoshop para recuperar nuestra reputación. Pero nadie sabía por lo que habíamos pasado, de las noches en vela y los días de angustia y por ende no tenían ningún derecho a hablar.

.

.

.

—¡Bella! —exclamo Kate acercandose a mi con los brazos abiertos. Recibí a mi cuñada con un abrazo y un beso en cada mejilla.

—¿Como están, Katie? —le pregunte.

—Realmente bien —respondio sentandose en la orilla de la cama—. Ahora entiendo por que no querían irse de Gales. Es un lugar hermoso.

Sonreí.

Como no vivíamos en Inglaterra, Edward ordeno que sus padres y sus hermanas se quedaran en Windsor, mientras nosotros permanecíamos en la villa de Gales, pero no contábamos con la astucia de Clotilde y Siobhan que de alguna manera controlaban la asignación de las casas de la familia. Después de un pequeño regaño en el que nos recordaron que ahora la mansión de Windsor era legítimamente nuestra, mis suegros y las chicas dejaron Windsor y se fueron a Gales, para obvio descontento de mi suegra.

—Lo sé. Yo lo amo.

—¿Hay algún problema si voy con ustedes? —pregunto.

—En lo absoluto —conteste, mirando a mi cuñada con sospecha. Ella no suele cambiar de tema tan repentinamente, a menos que tenga algo en la mente que necesite sacar.

—Genial, entonces iré a vestirme —dijo y se levanto de un salto. Casi volo a la puerta.

—¡Kathrine Josephine Cullen, vuelve aquí y escupe! —grite. Kate volvio y se sento en la cama bajo mi severa mirada.

—Mamá quería que canceláramos tu asistencia y la de Ilaria.

—¿Por que?

—Por el divorcio de Jasper —dijo. Rodé los ojos cruzándome de brazos—. El escándalo llego aquí, no resultamos tan afectados, pero somos tu familia política y de algún modo la prensa rosa nos involucro —asentí—. O sea, fuimos al bautizo de Joseph y vinieron a la boda de Irina mientras todo estaba en su apogeo, y aun no termina...

—Ya termino. Hace unos días, de hecho, mi abuela esta preparando el comunicado.

—A mi mamá solo le preocupan las personas de la fundación...

—Kate, no te ofendas, pero ¿desde cuando le preocupan? Recuerda que ella debía llevarme y presentarme a ellos mientras Edward y yo seguíamos siendo herederos, ¿por que no lo hizo?

—Cierto, tienes razón, no refuto nada.

—Mira, hablamos acerca de eso antes de venir. Sabíamos que todo llego hasta acá por que leímos una nota después de la boda y el hecho de que no hayamos vuelto creemos que lo hizo aun peor, y ni hablar de como nos fuimos. Es por eso que Jasper y sus hijos están aquí. Él quiere disculparse con ustedes por meterlos en este embrollo y creímos que la mejor manera de hacerlo era que viniera a la fundación, es el apellido Cullen el que esta ahí, después de todo.

—Todo queda en familia.

—Exacto. Gracias por decirme, Kate.

—No fue nada. Iré a cambiarme.

—Nos vamos en quince minutos.

—Entendido y anotado

En el momento en el que Kate cerro la puerta de la habitación, mi marido y mi hermano decidieron salir de su escondite con los niños. Los mire por el reflejo del espejo. No se que vio mi hermano en mi semblante que simplemente asintió y se llevo a los niños.

—Hablare con ella —dijo Edward.

—¿Y de que servirá? —solté—. Haz hablado con ella demasiadas veces ¡y no entiende una maldita mierda!

—Amor, no grites.

—¡Estoy cansada, Anthony, y por eso grito! ¡Tu madre no nos ha dejado en paz desde que heredaste! ¡Siempre esta buscando la manera de humillarme y querer sacarme de la familia, y tu solo dices que hablaras con ella! Ahora tu santa madre se atrevió a meterse con mi hermano y eso no lo voy a permitir. Tu no te atreves a ponerla en su lugar, pero yo no tengo en mi conciencia que es mi madre y me va a escuchar. Una cosa soy yo, Edward, y otra muy diferente son mi hermano y mis sobrinos. Diez minutos, Cullen —solté y salí de la habitación con mi abrigo de cashmere en el brazo.

—Señora —musito Dorothy hundiéndose en una reverencia.

—Quiero a mi suegra aquí cuando volvamos.

—Como ordene, señora.

—Y no escuchaste nada, Dorothy —dijo Edward saliendo de la habitación.

—Nada, señor.

.

.

.

Joey se durmió en el camino de regreso a Windsor y Vanessa no estaba muy lejos de hacerlo. Tuvieron un gran día en su visita a la fundación. Vanessa jugo con todos los niños pequeños del albergue y Joey fue el juguete nuevo de todos; aunque Tyler y Jacqueline tampoco se quedaron atrás y estuvieron todo el tiempo riendo y corriendo por toda la fundación. Definitivamente esta no fue la ultima visita de mis sobrinos.

Esme y Carlisle nos esperaban en la sala. En cuanto vi la sonrisa cínica de mi suegra, la sangre volvió a hervirme y tuve que subir a acostar a mis hijos por que sabía que si me quedaba lo más probable es que terminara golpeándola y no me podía permitir eso. Necesitaba calmarme, ya suficiente tenía con seguir enojada con Edward.

Baje después de dejar dormida a Vanessa. A mitad del corredor hacia la sala, escuche gritos provenientes de allá y reconocí fácilmente la voz de mi esposo. Me apresure hacia la habitación.

—¡Ella no es una esposa! —gritaba Esme cuando llegue con las manos dentro de los bolsillos de mi jumpsuit negro.

—Tu, tu y tu —indique señalando a mis hermanos y a mi cuñado—. Vayan a ver si ya puso la marrana, no los quiero aquí —dije. Los tres me miraron con una ceja alzada—. ¡Adiós! —grite abanicando en dirección a las escaleras.

—Peligro, peligro —canto Raoul. Le dí un sape en la nuca cuando paso a mi lado.

—Ustedes tres —continué señalando a mis cuñadas y a Adam—: sentados y callados. Lo único que quiero escuchar es su respiración.

Irina y Adam se sentaron inmediatamente, Kate se tardo un poco más por la confusión, pero finalmente imito a su hermana y su cuñado.

—¿Quien crees que eres para hablarles a mis hijas y mi yerno de esa manera?

—Eh, señora Cullen, si me lo permite: viví dos meses con su nuera y definitivamente no sirve de nada discutir con ella, créame, no ganara —dijo Adam poniéndose de pie.

—Adam Chasewicke, ¿que fue lo que les dije? —regañe. El volvió a sentarse y cerro la boca. Asentí y mire a Esme sin sacar mis manos de los bolsillos—. Voy a ser clara y directa, suegra: la próxima vez que te escuche decir algo de mi familia o de nuestra situación no volveré a tener los mismos escrúpulos. No sabes por lo que mi hermano y sus hijos han pasado. Tyler fue secuestrado por su propia abuela y se lo iban a llevar a San Francisco. Jacqueline fue maltratada por su madre desde que nació ¡Y FUE SEISMESINA! Esa zorra engaño a mi hermano por meses y no se quería divorciar por el maldito dinero. No entiendes y nunca lo harás, pero lo malo de las mentes cerradas como la tuya es que tienen la boca muy abierta. No he terminado —masculle cuando ella iba a responder.

»Te voy a pedir de la manera más atenta que te mantengas apartada y callada cuando se trate de los Swan. Y otra cosa más: Edward y yo estamos casados, hicimos un voto y fue para siempre, deja de poner a Tanya entre nosotros.

—No se de que estás hablando.

—¿Que demonios hacia Tanya en la fundación hoy? —inquirió Edward tomándome de la cintura.

—Cualquiera puede ir a la fundación.

—No el día que las patronas la visitan —dijo Carlisle—. Solo puede hacerlo aquel que haya sido personalmente invitado por la primera dama del emporio, incluso el presidente esta sujeto a su invitación...

—... Al irse, la primera dama decide si ese día se van a recibir más visitas o si se cierra, nadie puede entrar antes de que las patronas lleguen ni mientras estén ahí —complete. Carlisle y Edward asintieron. Esme me miro sorprendida—. Clotilde y Siobhan me hablaron sobre el protocolo de la fundación para cuidarme de ti.

—¡Lo sabía! ¡No están listos! ¡Te lo dije, Carlisle!

—¿Y Adam e Irina si? —pregunto Edward.

—¿Qué? —pregunto Carlisle.

—¿Como supieron? —murmuro Irina. Edward y yo la miramos sorprendidos.

—¿Ya lo sabías?

—Muchachos, ¿de que hablan?

Mire a Irina y Adam.

—Le dicen ustedes o le digo yo —les dije. Los dos se miraron pero se quedaron callados. Rode los ojos y mire a mi suegro—. Sospechábamos algo, suegro. No conocíamos a Adam, lo único que sabíamos de él era sobre su padre.

—Le pedí a Bella que investigara acerca de lo que estaba sucediendo realmente y encontró una carta escrita por ti, madre, en donde le ordenabas a Adam no desistir en el compromiso y encontrar la manera de destronarnos a Bella y a mi.

—¿Revisaste nuestras cosas? —me pregunto Irina.

—Adam lo dijo. Estuvieron en mi territorio, esa carta estaba en mi casa y amenazaba el futuro de mis hijos. ¿No harías lo mismo, Irina?

—Por eso la urgencia en enviar el comunicado —reflexiono Carlisle.

—Y también lo de los teléfonos desconectados...

—Esme, ¿como pudiste?

—¡No están listos! ¡Y nunca lo estarán mientras ella no entienda que es la esposa del presidente!

Rodé los ojos.

—Si renuncias a la decoradora, nos divorciamos, Isabella —me dijo Edward con severidad.

Reí.

—Okey.

—¡Y yo le diré a papá que te desherede! —grito Jasper.

—¡LES DIJE QUE SUBIERAN! —los regañe cuando dieron un paso a la sala.

—Fue su idea —dijo Raoul señalando a Ilaria.

—No me ayudes, marido —mascullo mi hermana. Reí mirándolos.

—Madre, yo no quiero una esposa que me espere con la cena servida o se encargue de mi como si fuera un niño pequeño. No sabes lo feliz que me pone dejar a Isabella en la constructora y recogerla al final del día para ir a cenar a casa. Gracias a Dios mi Isabella no es como tu.

¡Si, amor, dile!

.

.

.

Nuestra estadía en Inglaterra no duro más de lo que nos llevo empacar. Edward ya no quería esperar más para volver a nuestra casa, y soy completamente honesta, yo tampoco. Esa misma noche volvimos en el avión de la familia como era nuestro derecho y llegamos a Los Ángeles en la mañana. Una vez aquí, envié una carta a Irina y Adam para disculparnos por esculcar en sus cosas, lo hicimos antes de irnos, pero nunca estaba de más volverlo a hacer; ademas, también le pedí a Irina considerar el puesto de jefa en los asuntos legales de la decoradora, aunque eso implicara mudarse a California. Solo recibí una escueta respuesta: «Gracias, cuñada, lo voy a pensar»

El hecho que todavía me llamara cuñada era indicativo de que no estaba tan enojada, pero sus secas y cortantes respuestas eran otra cosa. Les enviamos una invitación a la Cena de Año Nuevo, todos, incluso Esme, confirmaron su asistencia por que ante todo las apariencias. No me agradaba mucho la idea de tener a mamita suegra en mi casa, pero no podía hacer mucho. No necesitábamos más escandalitos y polémicas.

Sin embargo, eso era todo lo que Edward estaba dispuesto a ofrecer a su madre, y estaba segura que su padre y sus hermanas tampoco podían dar más.

Noche buena llego. Mis padres decidieron que este año la cena sería en su casa, lo cual fue un gran alivio para mi por que en Acción de Gracias comprobé que los hombres de la familia tienen pata hueca y comen como si nunca lo hubieran hecho. No tuve tiempo de cocinar tanto, con el trabajo y los niños simplemente las veinticuatro horas del día ya no eran suficientes.

—Amor, hora de irnos —dijo Edward caminando de un lado a otro con Vanessa en brazos ya lista con su vestido blanco con flores moradas.

—En un segundo —respondí colocándole a Joey los pequeños jeans por encima de la camiseta blanca.

—¡Mami! —grito Vanessa.

—¡Ya vamos!

Termine de vestir a Joey y lo tome en brazos, salimos de su habitación y les sonreí a mi esposo y mi hija.

—Mira a este galán —dijo Edward—. Y a su hermosa mamá —continuo tomándome de la cintura. Lancé unas risitas y nos dimos un pequeño beso antes de que mi hermano nos interrumpiera.

—¡VAMOS, TORTOLITOS! ¡Puntualidad inglesa!

Edward y yo rodamos los ojos y bajamos para irnos.

En casa de mis padres ya nos esperaban todos y llegamos justo a tiempo para sentarnos a cenar, se nos hizo un poquito tarde por que Joey durmió casi toda la tarde y tuve que esperar a que despertara para vestirlo. Mi niño no tiene muy buena actitud si lo despiertan...

—Chicos, un brindis —dijo mi papá poniéndose de pie con una copa de champagne en la mano—. Tuvimos un año de locos, pero ¿cuando hemos tenido uno normal en esta familia? —inquirió haciéndonos reír—. Los he visto en los últimos años y nada me ha dado más placer que ser testigo del crecimiento de la familia y de la madurez de todos ustedes. Me siento muy orgulloso de todo lo que han hecho y de como se han sobrepuesto a todo lo que la vida les ha puesto por delante. Gracias por permitirme ser su padre. Esto es por nosotros. Salud.

Todos sonreímos y chocamos nuestras copas. Sin duda esta era una navidad diferente.