Capítulo nuevo y diría que en tiempo bien ¿no? XD Hoy contesto rápido que tengo que tengo cero tiempo para colgar el capítulo! :S

Guest: Sip, la cosa avanza más o menos XD

MaraB3: Robin también me da pena a mí, es un amor en realidad pero... que le den! XD Y ya me extrañó que no comentaras en el otro, todo encaja ahora XD Y hombre ya tocaba que ese nunca al menos se cambiara a puede, que si no me metía a mi misma en el fic y pegaba a Regina.

franchiulla: Matar a Cora sería tan divertido, pero la prefiero viva, me sirve más para los capítulos futuros jajajaja y venga, hagamos fondo para un psicólogo para la morena.

Leylay: ignoraré tu pd …. jajajajajajaja porque no xD Sí, sí, ya sé que quieres que Regina sufra más pero era hacer sufrir a Emma también y quiero mucho a la rubia :D Y la puta escena esa me llevó mucho escribirla, un puto horror XD

Eristera: Veo que todas odiais a Robin y el pobre no ha hecho nada... pero yo también le tengo odio, pobre jajaja Y Emma ya es bastante persistente sólo que Regina es un hueso duro.

evazqueen: lo de hablar lo tengo anotado hace ya tiempo y lo reservo para un momento concreto, tiempo al tiempo, que en realidad estoy a 3-4 caps de ese momento, puede, a veces calculo fatal los capítulos XD

Kiandre: Sí, sí, soñad pero si luego pasa lo que no pasa no quiero que me matéis XD Y capítulos puede que entre 7-8, no sé, tengo todas las ideas y todos los pasos pero al escribirlas a veces se alargan o los personajes como que te piden más, es difícil.

Gloes: Da igual lo que tardes, bastante que comentas ^^ Obvio que Emma no se aguantaría pobre... XD Me alegra que Emma os mole tanto en general :D Y sí, esperemos que Regina reaccione :)

MclementineD: Lamento la angustia... xD Y exacto, es que Regina es mucha Regina, yo tampoco podría dejarla jajajaja

begobeni12: Gracias :) En serio, siempre me preocupa que algo no quede muy realista o quede del palo "qué dice esta?" pero mola que digas que es realista y que ambas partes son coherentes o se entienden :D

aquarius7: No llores mujer, no hará falta o sí, no sé xD Al menos este fue un capítulo con poco drama :D

gencastrom09: Me alegro que te gustara y vaya valor para leerlo del tirón :D

Y ya sí, espero que os guste :)


Capítulo 35

Madruga como cada día para ir a verla. Bueno, como cada día que él está en su casa. Su propia casa. No debería cabrearse por ello pero lo hace y tanto que lo hace. Le da igual que él sea su marido porque no es él a quien ella quiera. Regina la quiere a ella, es ella la que tendría que despertar siempre a su lado. Sacude la cabeza mientras se mete en su escarabajo amarillo, no le sirve de nada pensar en eso, más después de que hace sólo dos semanas que han vuelto a "la vida normal". Suspira mientras sale de su casa, eso no debería ser su vida normal, pero lo es.

Avanza mientras piensa en esas dos semanas que no estuvo con ella y como son lo que la detienen de volver a su casa. Entonces alza las cejas confusa al ver el coche de Ruby a lo lejos. Acelera un poco y se sorprende al ver como, a lo lejos, su amiga la sigue. Suelta una maldición y va en una dirección totalmente distinta de Regina mientras acelera más para ver si no es sólo su imaginación.

Pero no lo es, Ruby la sigue, a bastante distancia, pero la sigue. Frena de golpe y pega un puñetazo al volante al ver como su amiga también se detiene y parece hundirse en su asiento sabiendo que la ha visto. Baja del coche hecha una furia y avanza hacia el de Ruby con paso firme fulminándola con la mirada. Golpea la ventanilla con fuerza hasta que ve como su amiga suelta una maldición y la baja.

―¿Qué coño haces? ―Grita nada más tener la oportunidad. ―¿Me está siguiendo?

―¡Sí!

Que su amiga también le grite como echándole en cara que ella misma le grite la cabrea aún más. Se lleva las manos a la cabeza mientras abre la puerta para que la morena salga y grita con rabia:

―¿Para qué?

Ruby resopla mientras baja de su coche y se cruza de brazos antes de decir sin mirarla:

―Para saber quién coño es la que te jode.

Emma no puede evitar mirarla con más rabia. No tiene derecho. No tiene derecho a saber algo que no quiere decirle y... Regina no la jode... Bueno, sí que últimamente están peor pero... Sacude la cabeza y por fin baja un poco la voz, no mucho, pero al menos no es el grito de antes:

―¿Qué más te da? ¿Cambiará algo que lo sepas? ―su amiga no la mira hasta que la obliga―. ¡Ruby! ¿Qué pretendes? ¿Se te ha ido la olla?

―Emma... ―parece que sus fuerzas se escapan a cada grito de su amiga. Intenta acercarse pero Emma da un paso atrás, casi como un animal acorralado.

―¡No! ¡Déjame en paz! ―no es como si fuera un animal acorralado, es que es lo que, ahora mismo se siente enjaulada. No necesita esto, no ahora―. ¡Sí, está casada! ¡Sí, la quiero! ¡Y no, nunca sabrás quién es! ¡Para ya! ¡Yo te dejé en paz con el tema Whale! ¿O ya no lo recuerdas? ―En otro momento pararía al ver la mirada de dolor de su amiga, pero no en este, no sabiendo que la seguía―. ¡Te jodía la vida pero me callé porque es tu vida y eres mayorcita! ¡Haz tú lo mismo!

―Pero...

―¡Pero nada! Eres mi amiga no mi madre ni nada así. No necesito que me protejas o que vayas de salvadora por la vida sólo necesito que estés ahí apoyándome no complicándolo todo. No necesito esto, Ruby.

La morena la mira casi con desprecio y ofendida:

―¿Yo lo complico?

―¡Déjalo!

Emma empieza a irse pero termina por volverse al escuchar a su amiga decir:

―¡No puedo!

―¿Por qué? ―la mira con una sonrisa teñida de rabia―. Ilumíname.

―¡Porque eres mi amiga y esa tía te está jodiendo!

Entiende lo que su amiga siente, lo que dice, pero no lo que hace. No quiere entender que la siga porque le cuesta creerlo.

―Pero es mi problema. Puedes darme tu opinión, puedes quejarte pero no pretendas espiarme. ¡Dios...! ―Se vuelve de nuevo. Jamás pensó que debería decirle a alguien algo así, mucho menos a ella―. Ni se te ocurra seguirme, lo digo muy en serio, Ruby.

Se aleja hacia su coche pero se detiene al escuchar el tono lastimero de Ruby:

―No quiero verte así...

Se gira, el cabreo desaparecido, así sin más, por ella.

―¡Pues es lo que hay porque estoy así! No siempre voy a ser la despreocupada Emma, joder. ―Suspira y vuelve sobre sus pasos para acercarse a ella―. Además, contigo sigo igual. Seguimos haciendo las mismas putas locuras, el problema no soy yo eres tú y que ella está casada.

―Te mereces más.

―No la conoces. No sabes nada.

―Sé que esta no eres tú.

Y es cierto. Puede que ella nunca fuera así pero quizá porque nunca había querido así.

―Es la primera vez que me enamoro, Ruby.

―Lo sé...

―Pues ya está. Déjame.

Pero esta vez ese "déjame" no es como los de antes. Este es casi un ruego, una suplica, un "déjame fallar o acertar, pero sola" porque esta vez nadie puede ayudarla.

―Siento que te pierdo.

―Nunca vas a pederme.

Y es cierto. Si hay algo que sabe en esta vida es que no piensa perderla, por nada del mundo. Por eso no puede evitar abrazarla al escuchar su:

―Siento que ya te estoy perdiendo.

―Ruby, siempre estaré ahí para ti y lo sabes ―lo susurra mientras la estrecha con fuerza entre sus brazos.

―Ya...

―Me voy.

―¿Con ella? ―escucha el suspiro que la morena suelta.

―Sí. ―Se separa por fin y se pone seria para añadir―: No me sigas.

―Vale...

Sonríe al ver el gesto y oír el tono lastimero y de cría que emplea su amiga. Entonces le lanza un codazo de los suyos, de esos que siempre se dan para chinchar a la otra.

―Ey... Te quiero.

―Y yo a ti... siento haberte seguido...

―Más te vale. ―Le da un golpe en la cabeza y Ruby se queja entre risas―. ¿Que te parecería este fin de semana sólo para las dos y liarla parda o ir a uno de nuestros viajes de ir por la carretera sin destino?

―¿En serio?

Sonríe al ver como se le ilumina el rostro. Y cae en que seguramente no lo está pasando bien, no después de haber echado a Whale completamente de su vida. Sí que es cierto que ya no escuchaba ese tipo de problemas porque bastante tenía con lo suyos. Puede irles bien ese viaje y ambas lo saben por eso Emma sonríe con dulzura al decir:

―Sí, totalmente en serio.

―Genial ―una sonrisa que podría iluminar el mundo de tan radiante.

Emma por fin se marcha y de medio lado le dice:

―Nos vemos luego en clase.

―¿Me pasas a buscar?

―Sí, pero la música la escojo yo.

―Vale, idiota.

Sonríe al escuchar ese idiota, no se parece en nada al de Regina. Le da un beso y se marcha hacia su coche y puede ver por el retrovisor como Ruby gira y se pierde en la distancia.


Mira el reloj extrañada. Emma suele estar siempre a las ocho menos cuarto en su puerta y ya más de las ocho, casi teme que no vaya a ir. Que haya decidido quedarse en casa sin avisarla siquiera. Se odia por vivir asustada. Un sólo día que llega tarde, no más de media hora, y ya sufre porque ella ya lleva demasiado tiempo llegando tarde. Lleva tarde toda una vida y con ella... No se la merece, cada día lo tiene más claro y cada día la quiere más.

Vive entre dos miedos. El de perderlo todo y el de perderla a ella. Está ahí en medio, justo a mitad de camino de cada uno de esos miedos que lo pueden todo, que poco a poco pueden con ella y sabe que elija el camino que elija dolerá y mucho. Pero un camino es menos seguro que el otro, el camino de ella es el más inestable por mucho que la quiera, por eso sigue ahí, quieta, asustada.

Pero por fin llaman a la puerta y por el modo en que lo hacen sabe que es ella. Casi corre hacia la puerta y se detiene para avanzar normal al darse cuenta y sintiéndose idiota. Cuando abre ella está ahí, dulce, con una sonrisa y recogiéndose el cabello en uno de esos moños que le sientan tan bien. Aunque lo que verdaderamente le gusta de esos moños es ver como se los hace, un gesto que ha aprendido a amar.

―Hola. ―Lo dice con la goma del pelo entre los dientes y los ojos brillantes.

La hace pasar y en cuanto cierra susurra haciendo un mohín que sorprende a Emma por lo extraño que resulta en Regina un gesto así:

―Sí que has tardado.

Suelta una carcajada y le da un rápido beso en los labios y mientras avanza hacia la cocina le explica el motivo de la tardanza:

―Ruby me estaba siguiendo y le he tenido que echar la bronca de su vida pero no sé cómo hemos terminado diciendo que este finde nos vamos por ahí.

Regina al escucharlo se para en seco. Casi nota que su corazón también. No puede evitar que el miedo la paralice al pensar qué habría pasado si Emma no se hubiera dado cuenta y Ruby las hubiera visto. Todo se habría ido a la mierda y todo cuanto puede decir es un leve:

―¿Hablas en serio?

Emma se vuelve confusa y sonríe divertida.

―¿Qué?

―Es broma, ¿no? ―sigue detenida, casi como si sus pies estuviesen pegados en el suelo.

Se arrepiente en seguida de esas palabras al ver como le cambia el gesto a Emma. No se refería a que era mentira no se refería a eso... era... Era un ruego. Un dime que no he estado a punto de caer. Pero Emma no se lo toma así. Lo ve en sus ojos. La misma mirada que hace un mes, aquella mirada que le lanzó en Londres vuelve. Entonces de nuevo aquel tono prueba de que aquello fue real:

―No, a diferencia de ti yo no miento a todo el mundo. ― Sabe que en cuanto sus labios han dicho esas palabras se arrepiente, lo sabe por el gesto que ella pone y por el que sabe que ella misma está poniendo. Porque duele. Que te digan la verdad a la cara a veces duele y más cuando es esa verdad. Casi le da rabia que Emma se vea obligada a susurrar―: Lo siento.

No debería pedir perdón. No tiene que pedir perdón por nada. Así que niega y sonríe conteniendo las lágrimas:

―No, es cierto. Soy una mentirosa, Emma.

Ve como no puede negarlo, como no puede negarle que sí, que lo es y como eso parece matarla.

―No conmigo al menos.

―Contigo nunca... ―y es cierto, sólo con ella es auténtica, sólo con ella se esfuerza por ser sincera. Porque sólo con ella merece la pena.

Emma se acerca y apoya su frente en la suya para mirarla directamente a los ojos. No es su mirada de siempre pero al menos no es la de hace unos segundos. Cierra los ojos al notar su mano en su mejilla, casi como queriendo beber de ese gesto. Entonces sus dulces labios susurran contra los suyos:

―Lo siento...

―Lo sé.

Es todo cuanto dice antes de besarla y perderse en esos labios en los que podría vivir eternamente.


Emma la espera apoyada en la puerta, con los brazos cruzados, observándola bajar por la escalera. De nuevo la mira como al principio, de nuevo sus sonrisas son las de siempre y da gracias por ello porque detienen su mundo y lo hacen un poco mejor. Aún le duele recordar aquel instante de hace tres días en que todo volvió a ser como en Londres por tan sólo unos segundos. Pero gracias a dios eso parece haber quedado en el pasado porque ahí está su tono de niña inocente que pone para fastidiarla:

―No quiero ir a clase. Odio ir los viernes.

―Pues es cuando te la doy yo.

―Por eso. ―Se acerca a ella aprovechando que ya ha bajado todas las escaleras. Se acerca a ella con esa sonrisa socarrona y dice divertida y seductora―: ¿Tienes la más remota idea de lo difícil que es no levantarme, remangarte la falda y hacerte mía ahí mismo?

Pone los ojos en blanco pero sonríe al notar sus manos en sus caderas.

―Estás fatal.

Su risa en su oído antes de que le muerda el lóbulo con delicadeza provocándole un estremecimiento. Tiene ese poder ella. Tiene el poder de hacer que se olvide de que como no salgan en cinco minutos llegarán tarde a la universidad. Entonces Emma la besa de ese modo que es capaz de detener el mundo, en serio, lo nota. Nota como todo parece detenerse, desde su corazón a sus pensamientos.

―Yo mantengo mi teoría de que me hechizaste.

Ríe mientras alza una ceja y sonríe de medio lado en ese gesto que sabe que Emma adora.

―Cierto. Aún me pregunto cómo te diste cuenta.

―Porque soy muy lista y una dulce princesa y tú la malvada bruja... no era difícil darse cuenta.

"Y porque sigo aquí a pesar de todo" , casi es capaz de leer eso en sus verdes ojos pero sigue siendo dulce y adorable y demasiado buena por eso sus labios no lo dicen.

―Tira, anda ―le da un beso y una palmada en el trasero para hacerla avanzar hacia la puerta.

Está a punto de abrir pero la rubia detiene su mano en el pomo y desde atrás le susurra al oído:

―¿Me echarás de menos el fin de semana?

―Sabes que sí.

―Pues dilo.

―Te echaré de menos, Señorita Swan.

Escucha su sonrisa y la ve cuando la obliga a girarse. Rodea su rostro con sus dulces manos y la besa con dulzura.

―Te quiero, Señorita Mills.

―Y yo a ti, Emma...

Y lo hace... Y tanto que la quiere, de ese modo que pensó que era imposible amar más allá de unas páginas.


Se coloca las gafas de sol nada más salir de su portal y sonríe al ver a Emma sentada en el capó de su mini mirando al cielo. Le hace gracia escucharla tararear una canción mientras parece una niña inocente y medio perdida.

―Buenos días, princesa.

Emma se vuelve y su rostro se ilumina por la franca sonrisa que dibujan sus labios.

―¿Estás lista?

―Sí.

Entonces Emma sonríe con picardía y le lanza las llaves de su coche mientras proclama divertida:

―Conduces tú.

―Maravilloso...

Alza las cejas y rodea el coche para ponerse al volante y ya antes de haber entrado ella ve como su amiga trastea entre sus muchos CD. Lo echaba de menos. La echaba de menos. Añoraba a esa Emma despreocupada, toda sonrisas, toda locura.


Acaba de abrir los ojos y ya está él ahí mirándola como si lo fuera todo. No puede evitar que se le revuelvan las tripas. Lo detesta. Detesta que él sea lo primero que ve al despertar. Y aún así lo necesita. Cierra los ojos de nuevo mientras se da la vuelta en la cama para dormir un poco más.

Entonces nota como Robin le da un beso en el cuello, uno de esos besos que si se lo diera Emma la estremecerían.

―¿Hacemos algo hoy?

No. Ni de coña. Así que pone la primera excusa que se le ocurre, una que es un poco cierta.

―Tengo que corregir un montón de trabajos.

―Vaya... desde las mini vacaciones no hemos hecho nada.

Por un momento le sabe mal por él, pero es sólo un momento, por suerte sigue siendo esa mujer sin corazón la mayoría del tiempo.

―Son malas fechas para los profesores.

Escucha el suspiro de él y luego como pregunta casi sin ganas:

―¿Te importa que quede con los chicos?

―Claro que no, Robin. ―Se vuelve y le sonríe con ganas ante la perspectiva de todo un día sola―. Ve al bosque con ellos.

Él sonríe radiante y le planta un beso en los labios.

―Te quiero.

Ella sonríe como mejor puede y entierra su rostro en la almohada mientras le ve levantarse y dice:

―Lo sé, pero déjame dormir un rato.

―Sí, gruñona.

Da gracias de tener el rostro enterrado en la almohada para que él no vea el gesto de rabia. ¿Gruñona? ¿Qué es? ¿Uno de los siete enanitos? En realidad no importa, no ahora, ahora todo cuanto quiere es que él por fin se vaya todo el día fuera, dormir un rato más.


Están en Montserrat. Emma no puede evitar preguntarse qué ronda por la cabeza de su amiga para haberla obligado a subir hasta ahí a simplemente... ¿mirar el paisaje? Vale que es bonito pero su plan no era tirarse tres horas andando bajo el sol de la mañana.

―¿Hacía falta caminar tanto sólo para esto?

Escucha la risa de Ruby y pone los ojos en blanco. Entonces las palabras de su amiga la sorprenden:

―Aquí fue donde me trajo Whale por nuestro primer aniversario... Cuando sólo éramos los dos.

―No lo sabía.

Piensa que eso le da un buen porqué a tanto sudor.

―Ya, yo también se guardar secretos, querida.

Sonríe al ver que lo dice de buenas, que no va con segundas intenciones y entonces suspira y susurra mientras sigue con la mirada un pájaro:

―Lo sé, ¿sabes?

Nota la mirada de Ruby fija en ella y para evitar sus ojos mira a ese pequeño pájaro como si fuera lo más interesante de su vida. Entonces Ruby, casi intuyendo el por dónde van los tiros, también susurra su pregunta:

―¿El qué?

―Que con ella busco algo que no puedo alcanzar. Lo sé. Una parte de mí sabe que nada va a cambiar pero sigo ahí porque ella me lo pidió. ―Sonríe con pesar y sacude la cabeza―. Tengo miedo de convertirme en un fantasma si sigo esperando pero sé que seré como una fantasma de mí si me rindo ya.

―Emma...

―Así que sigo ahí buscando eso que no puedo alcanzar.

Y va a seguir esperando hasta que no pueda más, lo que teme que ese no poder más se acerca cada vez más.

―Lo alcanzarás.

Por fin mira a su amiga y sonríe con pesar.

―¿Tú crees?

―Eres tú ―Ruby alza las cejas como si esa respuesta fuera obvio y para ella lo es.

Emma ríe divertida y se recoge el cabello en un moño.

―Eso me dijo, Jenn.

―¿Tu hermana?

Asiente y se estira mientras recoge la mochila del suelo.

―Estuve con ella en semana santa un día.

Ruby la imita y comienzan a descender sabiendo que ahora les toca la parte más fácil pero aún así dura. Ruby pregunta lo que lleva rondando por su cabeza desde que conoció a Emma:

―¿Cuándo la conoceré?

Emma se vuelve risueña y proclama:

―Nunca.

Echa a correr con ganas y Ruby indignada y divertida no puede más que seguirla en su loca carrera diciéndole de todo y siguiendo su estela dorada y su risa de niña. No puede evitar sonreír al verla así de nuevo, más viva que nunca y a la vez más dolida.


El teléfono suena y al mirar y ver el nombre de su madre en la pantalla no puede más que suspirar resignada. Cuenta hasta diez mentalmente antes de descolgar. Suspira en silencio al escuchar el tono severo de su madre:

―¿Regina?

―Hola, madre, ¿qué quieres?

―¿Vendréis mañana?

Ni un qué tal, ni un cómo va... Se tumba en el sofá mientras juega con el bolígrafo dándole mil vueltas en sus dedos.

―Lo dudo. Tengo que corregir mil cosas y no puedo.

Su madre no disimula que suspira de disgusto. No puede evitar sonreír.

―Hace casi un mes que no venís.

―Lo sé... pero... ―. Pero prefiero pegarme un tiro es lo que debería decir. No necesita verla ahora. Si va a verla, si va a las comidas de los domingos no huir de Emma será más difícil.

―En fin, menos mal que Zelena sí viene.

Suelta una sonora carcajada:

―Claro, Zelena siempre es la hija buena.

―Regina.

Pone los ojos en blanco. Ese tono de voz. Ese tono de voz que la deja a ella como Evil Queen en nada, en una dulce niña.

―Lo siento, madre. ―Da gracias de que no pueda ver el gesto burlón que hace.

―Espero que la semana que viene sin vengáis.

―Lo intentaremos.

―Adiós.

―Adiós, madre...

Cuelga y lanza el teléfono lejos. Piensa en Emma. Últimamente es todo cuanto sabe hacer, todo cuanto quiere hacer y aún así sigue quieta. Pero siente que empieza a avanzar, siente que poco a poco sus pies se despegan del suelo y tratan de dirigirse hacia ella. Nada le gustaría más que correr esa distancia pero se hace eterna y su avance muy lento.

Continuará...