Hermione despertó de uno de los sueños más reconfortantes que jamás había tenido . Y en cuanto ladeó la cabeza, Severus seguía allí. Se había quedado dormido y se comenzaba a sentir mal, por obligarlo a hacer lo que ella quisiera. También Snape que lo permitía, pero no quería que dependiera de su estado de ánimo, para continuar con su vida.
Trató de acomodarse como le fue posible, con su abultado vientre de casi seis meses y miró sobre el hombro de Snape.
Sí, estaba dormido.
No quería despertarlo, así que trató de pararse en silencio. Como fuera, uno de los bebés la había pateado con fuerza y soltó un quejido. Severus despertó de inmediato, como si hubiesen dicho que Voldemort estaba a punto de capturarlo. Se dio la vuelta, ligeramente adormilado. Hermione sonrió suavemente y al ver su mano posada sobre su vientre, supuso que algo andaba mal.
— ¿Hermione?— preguntó, tentativamente.
Ella permaneció en silencio por unos minutos, mientras Snape la analizaba con la mirada posada sobre su entero ser.
— Solo me patearon, una especie de estirón fuerte. Nada de qué preocuparse.
Se dio cuenta de que había estado conteniendo el aliento mientras hablaba. Exhaló fuertemente y Severus asintió confundido. Para cuando Hermione se ponía en pie, Severus admiraba su reloj de bolsillo. Había dormido durante toda la hora del almuerzo.
Seguramente su madre creería que algo malo había ocurrido. Caminó a través de la cocina, pero ella no estaba allí. Y no parecía dar signos de encontrarse dentro de la casa. Respiró, tratando de imaginar cualquier cosa menos problemas. Su madre era oportuna para meterse en eso. Hermione estaba a su lado, decidiéndose si comer o esperar a que las actividades que sus hijos estaban llevando a cabo dentro de su viente, cesaran.
— Necesitas comer.— añadió Snape, observando el gesto que ella había compuesto sobre las albóndigas y el arroz blanco, sobre la mesa.— luce pesado, pero te caerá bien.
Hermione asintió sin hablar y se sentó a comer. Parecía una pequeña niña a la que Snape vigilaba, para que terminara el plato. Al terminar, ambos, se contemplaron en la mesa. Severus permanecía frente a ella, sosegado, parecía reflexionar.
— Creo que sé a dónde se fue mi madre.— contempló luego de largos minutos de silencio. Hermione despertó de su ensimismamiento y con una sonrisa amable, le dio permiso para continuar con su conversación.— seguramente fue a avisar a todo a quien pudiera, sobre la celebración. Y como Dumbledore y la orden del fénix, no aman una celebración.
— Mientras no bailemos de forma tan desastrosa, como la última vez.— agregó Hermione con una sonrisa y luego, meditó.— ¿Eso no nos expondría a que alguien escuche esa información y trate de sabotearlo?
Severus no contestó y Hermione suspiró en respuesta. Debía dejar de pensar en cosas preocupantes. Iba a terminar con su vitalidad. Envejecería pensando en que iba a morir, antes de que incluso Voldemort se encargara de ellos.
— O.. creo que algunos están muy activos hoy.— sonrió al sentir las patadas de sus hijos, sobre las manos que reposaba en su vientre. Es decir, las suyas.
Y luego, las de Snape. Para que pudiera sentir lo mismo que ella.
Mientras Severus sentía los movimientos, Eileen había regresado y Sirius Black caminaba tras ella. Se detuvo a contemplar lo que Snape estaba haciendo. Hermione se relajaba mientras Snape movía una mano de un lado al otro. Los bebés parecían moverse a su ritmo.
— Gracias— dijo con una sonrisa suave y Snape asintió en respuesta. Se levantó en cuanto se había dado la vuelta, se percató de que Sirius estaba tras él.
— Severus, Sirius vino acompañándome.
— Eso puedo ver— dijo el hombre con una respiración ligeramente agitada. Ambos hombres ni siquiera podían compartir el mismo espacio.— ¿Qué es lo que quieres, Black?
— Vine a hacerte la misma pregunta, Snape. Pero lo hablaremos en privado.
Severus asintió incómodo y caminó tras Sirius, mientras Hermione miraba a Eileen y ella solo se encogía de hombros. No sabía de qué estaba hablando.
— ¿Te casarás con Hermione o no? Es importante que se casen, tu magia debería protegerla.
— ¿Por qué asumes eso?
— Porque sé que la amas, como Lily amó a Harry y eso debería funcionar. ¿No es cierto?
Severus no contestó, Hermione caminaba descalza por el salón y sonreía. Eileen le enseñaba ejercicios de respiración y ella, trataba de hacer ejercicios en la incomodidad de aquel lugar.
— En cuanto estemos en casa, podrás caminar con más libertad. Querida.
¿Podía él ayudarla a caminar con más libertad? Regresó al punto, a mirar a Sirius. Inspiró y asintió.
Esperaba que tuviera razón y pudiera salvarla con solo sus "sentimientos". Que nunca entendía como funcionaban.
Ni tampoco el punto sobre las almas.
— Estamos listos para irnos. ya todo debe estar preparado, Severus. Solo faltan ustedes.
— ¿Ya todo? ¿Quién?
— Molly por supuesto. ¿O esperabas que yo iba a hacer todo esto sola?
Claro. Juntar a dos mujeres amantes de fiestas y a Albus Dumbledore en medio. Qué buena idea.
