Disclaimer: J.K. Rowling es la dueña de estos personajes.
34
Más de una verdad.
Cuando Ron bajó del automóvil sintió liviano el cuerpo. Conocía perfectamente esa sensación de estar flotando. Ron parecía un tipo fuerte y de enfrentarse al mundo, en cierto punto lo era, pero escondía internamente esa debilidad tan personal de explotar cuando ya había pasado por demasiadas cosas, así como también, la capacidad de sentir mucho miedo por situaciones extremas y al límite. El curioso llamado lo había puesto de esa forma, sabía que ya no había tiempo para más juegos y esta vez debía decir la verdad, era lo que correspondía, se lo debía a su familia. Aunque Harry y Hermione dieran pasos a su lado como si nada pasara, sentían la distancia del pelirrojo, como si algo anduviera mal, como si repentinamente una preocupación lo tuviera encerrado entre su mente. Hermione llegó sólo a llamar a la puerta, cuando Ron cayó desmayado al suelo.
—¿Ron? —se extrañó Harry. Alzó una ceja mientras se agachaba al mismo tiempo que Hermione lo hacía al otro lado de su esposo intentando reanimarlo.
—Levántale las piernas, está desmayado —sugirió Hermione, y enseguida se vieron interrumpidos por un grito ahogado.
La señora Weasley había abierto la puerta con total tranquilidad pero se había llevado el susto de su vida. Aunque después de esa reacción, se puso pálida, se compuso cuando Bill —su hijo mayor—, lo alzó ayudado por Harry y lo entraron a la casa. Ron recuperó color y parpadeó de a poco en unos minutos. George, Percy y Ginny observaban con cierta aflicción desde sus sillas del comedor, y Molly mantenía una mano en su pecho mientras Arthur la abrazaba. Hermione simplemente miraba a Ron sin entender.
—¿Qué le sucedió? —preguntó Ginny rompiendo el repentino silencio de la casa.
—Sufrió un desmayo —respondió Harry y añadió mirando a su amiga—, pienso que pudo haber sido porque estuvo unas horas sin ingerir nada.
—No lo sé. Es raro en él —dijo Hermione, convencida de que había algo más. Miró a Ron y lo movió un poco. Él estaba acostado en un sillón y a los pies de este estaban Bill y Harry mientras que ella estaba sentada con la cabeza de Ron en su regazo—. Ron…
—Debe ser que la delincuencia agota demasiado —inquirió Percy con su frialdad y orgullo intacto. Hermione lo fulminó con la mirada y éste bajó la vista intimidado. Hacía mucho tiempo que la castaña no pisaba aquella casa para reunirse con todos los Weasley. En ese caso faltaba Charlie que seguramente estaría en Rumania trabajando con sus descubrimientos. Por otra parte, la señora Weasley estaba extrañada y maravillada al mismo tiempo, ya que veía a su nuera junto a su hijo pequeño protegiéndolo como si se tratara de un bebé. Hacía tres años que ambos no estaban juntos tan cerca a su visión. Eso le extrañó porque creyó como la mayoría de los presentes pensaban que aquella relación se había acabado. Bill, que era el más tranquilo y apaciguado ignoró el comentario de su hermano y se dirigió a la mesa.
—Ya saben, volverá pronto en sí. Quizá si mamá sirve la cena se despierte —dijo él y Molly puso los brazos en jarra.
—No seas desconsiderado, hijo —reprendió la mujer—. Hermione, no los esperaba a ambos pero parece que tendremos que agregar dos platos más para ustedes…
—No se preocupe por mí, pero si es por Ronald seguramente que deba agregarle uno —admitió sonriendo, aunque cuando volvió a ver a Ron la sonrisa se borró de sus labios. El pelirrojo abrió los ojos con pereza, la miró y su cuerpo tembló de improviso. Se levantó bruscamente liberándose del contacto con ella y el resto quedó perplejo, excepto Percy.
—¿Qué pasó? ¿Qué hora es? —preguntó con un indicio de desesperación en su voz.
—No han pasado veinte minutos desde que llegamos —contestó Harry y aparentemente lo calmó un poco.
—¿Qué está pasando, Ron? —interrogó George, que bien conocía a su hermano y sabía que su nerviosismo tenía que ver con algo malo y no con aquella situación familiar.
—Nada… Yo… —se quedó sin habla y miró a Harry buscando ayuda. El moreno se rascó la nuca y comenzó a decir algo.
—Bueno, en realidad, Ginny y yo quisimos reunirlos a todos para contarles… algo.
—¿Qué cosa? —quiso saber Molly. El resto estaba expectante y hasta Percy había cambiado el gesto de su cara.
—Bien, eh… Lo que pasa —dijo Ginny ruborizándose bastante y más cuando Harry se puso a su lado y ella lo abrazó por la cintura—… bueno, sucede que estamos esperando un hijo.
Lo dijo tan de corrido que hubo cejas juntas por todas partes, pero descomprimiendo rápidamente la frase en sus mentes, todos comprendieron la maravillosa noticia. La felicidad inundó el rostro de la señora Weasley y los hermanos de Ginny fueron a abrazarla. Arthur sollozó orgulloso de su pequeña mientras aprisionó a Harry en un abrazo paternal, y Hermione sonrió ante aquello. Pero Ron no se movió demasiado, los felicitó aunque aún estaba ausente, otra cosa igual o más importante rondaba en su mente. Tenía un lío en la cabeza y Hermione escrutándolo no ayudaba a sus nervios. Le sudaban las manos de tanto retorcérselas.
La cena transcurrió tranquila y con ciertas risas de parte de George imaginando a Harry con un bebé en brazos; sugería lo torpe que podría llegar a ser éste. Hermione no quitó ojo de Ron, al igual que su amigo. El pelirrojo menor estaba fingiendo estar calmado, pero por dentro se estaba consumiendo en nervios, no soportó más el mantener la boca cerrada, pero cuando iba a comenzar a hablar, su teléfono volvió a sonar, captando la atención de su familia. Su respiración se agitó y las rendijas de su nariz se movieron involuntariamente casi temblando cuando se disculpó con ellos y atendió sin emitir una sola palabra.
—Dos horas, Weasley. Es todo lo que resta—dijo la voz familiar y simpática de Sirius. Ron colgó y miró hacia el suelo. Luego levantó la vista y miró alternativamente a todos.
—Tengo que decirles algo…
—Ron, ¿qué pasa? —preguntó su padre con preocupación.
—Bueno yo…
—¿Qué pasa? ¿No robarás más bancos? —preguntó Percy, cruzándose de brazos y enderezándose para escuchar.
—¡Déjalo en paz! —añadió George.
—¿Por qué siempre lo defiendes? —preguntó exasperado.
—Porque él no es el único ladrón —explotó George, y dejó sus cubiertos sobre su plato con un furia haciendo un ruido chillón— todo el tiempo han sido injustos, yo también lo ayudé y por una buena causa. ¿Es eso lo que venías a contar Ron?
—¿Que qué? ¿Tú también? —preguntó Molly incrédula.
—Descuide, señora Weasley... Él no es el único, yo también ayudé —dijo Harry tímido pero seguro.
—¿Qué clase de familia es esta?
—Yo me he preguntado lo mismo siempre —dijo Ginny rodando los ojos.
—Mi abuelo también ayudó —añadió Hermione sorprendiendo a la mayoría. Molly la miró sin poder creerlo—, y yo tampoco evité ayudar para que no los atraparan, pero hay un buen motivo y Ron vino a decirlo.
—Espero que sea muy bueno… —convino Percy ciertamente enfadado.
Ron miró con más nerviosismo aún, se rascó la cabeza y evitó mirarlos mientras se ponía de pie y caminaba por la habitación. Hermione lo miró apremiante, y no soportó las vueltas de Ron, así que terminó por hablar ella.
—Es algo bueno, por supuesto. Cuéntales del instituto, Ron —lo animó a seguir pero Ron chasqueó la lengua enfadado.
—No es lo que piensas, Hermione. No tiene nada que ver con lo que tú y George saben. Sí, es cierto, apadrino una escuela para niños huérfanos y no robo por beneficio propio, pero no es eso lo que me interesa contar —aseguró Ron y antes de que lo interrumpieran alzó una mano y continuó confesando—. Lo de Hogwarts fue una excusa barata por si descubrían que había algo raro en mí. ¿Por qué iba a hacerlo si ni siquiera utilizo el dinero, no? ¿Por qué juntar una suma incalculable para tenerla guardada bajo llave por años?... Estudié en secreto espionaje para un grupo interno de la CIA. Luego de años entré en prácticas y me enviaron a seguir a un grupo de ladrones —explicó Ron y miró a los ojos a Hermione—, la banda la lideraba tu abuelo. Cuando me infiltré con ellos él sospechó mucho de mí, por eso nunca me quiso, sobre todo porque sabía que yo estaba por casarme contigo. Yo no tenía idea de que era tu abuelo, Hermione. Fueron días de desconfianza, hasta que comenzamos a planear cosas juntos, se suponía que debía atraparlos pero me encariñé con ellos bastante y evité hacerlo. Me expulsaron del instituto cuando fallé la misión, iba a dejar la banda y lo hice por un tiempo, pero luego pasó algo que iba a cambiarme para siempre…
—Ron… todo eso es… No puede ser… —expresó Ginny que no entendía absolutamente nada. Hermione se mantuvo callada pero tan sorprendida como los demás.
—Es así, déjame terminar, Ginny. Y por favor, espero que no les haga mal a ti y a tu bebé lo que voy a decirles —admitió con sus ojos azules humedecidos—. Fred no está muerto… Está secuestrado.
Habló despacio y con mucho tacto, pero igual la noticia cayó como una bomba en épocas de paz. Harry se agarró la cabeza con las manos entendiendo a qué se refería su amigo y lo primero que pudo hacer fue mirar de soslayo a George, mientras sostenía a Ginny, que sollozaba como su madre, con incredulidad. Todos se quedaron callados hasta que Hermione habló.
—¿Fred? ¿Cómo? —preguntó poniéndose de pie y acercándose—. ¿Seguro que estás bien?
—¡No tengo tiempo para bromas! —aseguró Ron que la miró enfadado.
—¿Espía? —habló Bill.
—Sí —admitió con cierto rubor en las mejillas—, sé que todo es extraño, pero ahora no importa eso, la idea es recuperar a Fred, y podré hacerlo esta misma noche, de madrugada. Me pidieron un rescate y mi última jugada grande para conseguir la suma era el banco de Londres. Ya la conseguí. Tengo la señal para ir a buscar a Fred pronto porque si no van a matarlo, tengo que entregar el dinero… —luego de un silencio involuntario pudo continuar ya que los demás estaban con un inmenso nudo en la garganta— Sólo quería que lo sepan ahora que todo debe terminar y lamento no haberlo dicho antes. Pasé por esto solo, debía ser así. De haberles dicho, no hubiésemos tenido tanto tiempo como el que me dejaron a mí para conseguir el dinero. Fueron tres años y una cantidad desorbitada para cualquiera de nosotros.
—Podrías al menos habernos ahorrado el disgusto de creerlo muerto —dijo George con rabia.
—Era mi responsabilidad mantener vivo a Fred, y si le decía al menos a una persona que él estaba con vida, podrían haberlo matado. No iba a sufrir ese riesgo.
—¡Pero yo te acompañé en todo! ¡Estuve a tu lado creyendo que lo hacías por otra cosa y no fuiste capaz de confesármelo! Sabías que guardaría el secreto, lo sabías. Soy tan ladrón como tú, un sucio rastrero ¿y ahora resulta que eres de la ley? Nos usaste por conveniencia…
—¡Fíjate bien que tienes mucha razón! Los usé para devolverte a tu gemelo, ¿no estás feliz de haber contribuido con mi misión? —La cara de Ron se volvió roja igual que su cabello y se acercó a George mientras tenía en cuenta que Bill y Harry estaban preparados para intervenir por si se agarraban a golpes—, ¿Dudas de mí ahora? ¿O prefieres acompañarme?... Porque si no lo haces tú sabes que tengo muchos amigos fieles que estarían dispuestos a dar su vida por mí. He sido líder, sí, pero me comporto como uno más. Y fui tan considerado, que sacamos más dinero de la cuenta en el banco, para que los demás se llevaran su parte, es lo que hacen, se los debía a ellos.
—Ron… ¿Por qué no me dijiste? ¿Por qué no avisaste a la policía? —preguntó Hermione calmando la otra discusión.
—Ya lo he dicho, no podía correr riesgos. Y además, ¿por qué cargarte un problema a ti que ni te pertenece? Ya tengo la señal para ir a buscarlo. Sirius me la dio. —Y volviéndose a los demás, explicó— Está preso por un bar que vende alcohol a menores, el mismo que frecuentaba Fred. Lo descubrí cuando veníamos. Sirius me pidió mi número mientras estaba preso, se lo di sin pensar por si después necesitaba algo, pero me llamó y pronunció la hora y el lugar. Tengo que ir a preparar la cantidad porque me queda una hora y algunos minutos.
La señora Weasley se sentó serena en un sofá, hacía rato que la cena había concluido inminentemente y no tenía intención de probar un bocado más, como el resto. Todos se sentían raros y nerviosos. Pero en ella abordaba luego de aquella plática llena de verdades y confesiones, una tranquilidad que hacía mucho no sentía; el saber que su hijo pequeño tenía motivos sanos y nobles para hacer lo que hacía. Y como si todo recayese en ella, transmitió tranquilidad al resto cuando abrazó a Ron como hacía mucho no pasaba y le decía que lo apoyaba en aquello.
—Tráelo a salvo, Ron —susurró antes de dirigirle una melancólica sonrisa y subir a su habitación.
Ginny se quedó con Harry y Hermione en silencio, contemplando la nueva situación. Entonces Arthur también decidió retirarse mostrando su clásica mueca de seguridad y calma. Percy no se movió un centímetro de su silla, y tampoco habló mientras Bill, George y Ron decidían qué hacer a futuro.
