Hola corazones con patas.
Volví, no estaba muerta y mucho menos de parranda (lo 1ero era más probable, créanme u.u sólo estaba demasiado agobiada con tareas de adulto. Pero bueno, ya no les quitaré mas tiempo y los dejaré proseguir con esta historia. Disfruten de la lectura.
¡Hans!-le gritó Elsa en cuanto echó a correr.
-¡Tenemos que ir por él-vociferó, girando la cabeza hacia ella unos pocos segundos-¡no pode…
Su voz fue ahogada por el ruido seco de su cuerpo chocando contra el flanco de un caballo blanco para a continuación caer de espaldas y atolondrado.
-¡Pero que mier…
-¡Anna! ¡Kristoff!-la rubia echó a correr hacia ellos, ambos aún sobre sus respectivas monturas.
-El chico nuevo de los establos nos dijo que Alexius llegó furioso con él y le arrebató al caballo que estaba acicalando-le informó su hermana-tratamos de seguirlo, pero creo que no fuimos muy veloces.
-Se lo ha llevado-chilló Elsa consternada-tenemos que alcanzarlo, ¡rápido!
-Deberíamos… ¡wow wow wow wow! ¿Qué crees que estás haciendo?-dijo Kristoff al ver que Hans se aferraba a su montura.
-Hazte a un lado.
-¿Qué?
-¡Que te muevas!
-No vas a montar conmigo.
-¡Entonces bájate y entrégame el caballo!
-Hey, ¿quién te crees para darme órdenes?
-Amm, no lo sé, ¡un príncipe tal vez!
-¡BASTA!-gritó la reina, quien comenzaba a perder los estribos-¡Friederick está en problemas, no tenemos tiempo para esto!
-No lo dejaré tomarme por la cintura.
-¡Bien, ayúdame entonces!
-¿Qué? ¡No! Espera Elsa.
La rubia alzó una pierna en un burdo intento por montar tras su amigo. De inmediato Hans acudió a su ayuda, empujándole el trasero.
-¡Oye, fíjate en donde pones tus manos!-le gritó Anna, pero él la ignoró por completo.
-Tómale la mano, pelmazo, ayúdala a subir.
Esta vez sin chistar Kristoff obedeció de inmediato, y en cuanto Elsa apretó los brazos alrededor de su cintura, azuzó al caballo que comenzó a galopar.
-Pronto, muévete hacia atrás.
-¿Qué? No, ¿por qué?
El pelirrojo enarcó una ceja.
-¿Viste hacia donde se fue Alexius?
-No, aún no habíamos llegado cuando…
-Pues yo sí, ¡así que muévete! Tenemos que alcanzar al hombre Gorila y a Elsa para que no pierdan el camino.
De mala gana la pelirroja se movió, y aunque hubiera querido negarlo, el golpe de adrenalina que le corrió por el cuerpo cuando el caballo echó a andar a toda velocidad le provocó una genuina sonrisa.
A los pocos metros alcanzaron al par de rubios, y Kristoff les hizo una seña hacia las marcas sobre el fango dejadas por los cascos de un caballo; las huellas seguían derecho, adentrándose entre los árboles y siguiendo hasta las faldas de la montaña del norte. Hans espoleó a su caballo y arrancó rumbo a la cima, siguiendo los rastros que poco a poco se iban perdiendo conforme el lodo dejaba paso al terreno rocoso y que volvían a visualizarse en cuanto la delgadísima capa de nieve empezaba a ganar terreno.
Sentía su respiración tan agitada como la del animal y su corazón tan desbocado como el cabalgar, pero no estaba dispuesto a parar hasta alcanzar al mal parido de Alexius. Tan concentrado estaba, pensando en las distintas formas en las que podría tomar venganza, que no fue hasta que Anna le golpeó con fuerza el hombro que se dignó a volver a la realidad.
-¡¿Me estás escuchando?!
-¿Qué quieres?-le gruñó con fuerza.
-Elsa y Kristoff tratan de decirnos algo.
Disminuyó la velocidad lo suficiente para que el otro par los alcanzara, pero antes de que eso pudiera suceder la voz del rubio se alzó sobre el rugido del viento de la montaña.
-¡Hans, Elsa cree que se dirigen a…
-¡AYULAAAAAAAA!
El agudo eco a la distancia volvió a alterarles los nervios antes de que el príncipe, con desesperación, golpeara el costado de su caballo para que corriera hacia lo más alto.
-¡YA VOY FRIEDERICK, YA VOY!
Pronto alcanzaron a divisar el palacio de hielo que aún se erigía sobre la cima de la montaña. El paso del tiempo había hecho lo suyo con la majestuosa estructura, pero aún lucía su helada belleza. El caballo que llevaba a ambos pelirrojos paró de repente y emitiendo un espeluznante relincho reparó, tirándolos a ambos sobre la suave nieve y huyendo por el lugar del que procedían.
-¡Maldita sea!-exclamó Hans furioso justo antes de que Anna lo hiciera callar y señalara hacia el castillo; ambos vieron al enorme guardián de nieve ponerse en pie y perseguir a un caballo despavorido. Pronto su atención se desvió hacia el hombre y el pequeño regordete que se retorcía entre sus brazos.
-¡Déjameeee! ¡Me quelo il! ¡Mamiiii! ¡Nooooo!-gritó aún más fuerte al percatarse de que se dirigían hacia el acantilado.
El príncipe se puso en pie de un salto y corrió hacia ellos, pero apenas estaba por gritar una amenaza cuando un enorme muro de hielo se interpuso en el camino del moreno y el niño.
-¡Déjalo en paz Alexius!-gritó Elsa acercándose con las manos en alto de manera amenazadora.
-Si te acercas un poco más prometo que le rebanaré el cuello.
-A quien quieres es a mí. Déjalo ir y podremos arreglar las cosas entre nosotros.
-El engendrito no es más que un estorbo.
-Comprendo, es un inconveniente en tu plan, por eso deja que Hans se lo lleve y…
-Hans-escupió con odio-ese bastardo no me…
Antes de que pudiera terminar, dicho bastardo se le lanzó hacia la espalda, haciéndolo caer y soltar tanto a Friederick como la navaja. Ambos comenzaron a forcejear con fuerza mientras el chiquitín trataba de alejarse a gatas. El pelirrojo tenía prácticamente sometido a su contrincante, pero con un enorme esfuerzo el segundo empujó su codo hacia atrás, logrando darle en las costillas al sureño. Hans se echó para atrás, dolorido. Entonces aprovechó para correr de nuevo hacia el niño, quien intentaba acercarse a su madre.
-¡Friederick!-le gritó su madre al percatarse de que era sujetado por una piernecita y arrastrado hacia atrás-¡Noooo!
Alexius buscó con desesperación la navaja entre la nieve pero no la encontró. Sintió pasos acercarse y al alzar la cabeza vio con horror al rubio repartidor de hielo dirigirse hacia él con gesto amenazador.
-Alto ahí-siseó apretando al niño contra su cuerpo y ejerciendo presión con el brazo sobre la garganta-entre más te acerques más pronto dejará de respirar. Aunque-miró a la criaturita, falta de aire retorciéndose en sus brazos-creo que eso sería hacerle un favor.
-No seas cobarde-espetó furioso-¡déjalo y ven a pelear! ¿O acaso temes terminar como tu maldito secuaz?
Alexius palideció notablemente, pero no se dejó amilanar. Apretó con mayor fuerza a Friederick al grado que este empezó a perder el conocimiento.
-¡Detente Alexius!-gritó Elsa con desesperación.
-¡Tú te lo buscaste! Y si esto es lo que…
Nuevamente fue derribado y por el mismo pelirrojo. Comenzaron a forcejear ferozmente mientras el cuerpo del pequeño yacía a unos pocos metros de ellos, inmóvil. Elsa intentó correr hacia él pero su hermana la detuvo tomándola por un brazo y antes de que pudiera protestar, Kristoff ya se había lanzado a la carrera para recuperarlo. Percatándose de lo que sucedía, Alexius dio una fuerte patada a su rival, ganándose el tiempo suficiente para arrastrarse hacia el niño, pero cuando estaba a punto de alcanzarlo sintió el cuerpo de Hans caer pesadamente sobre su espalda a la vez que observó cómo el pelirrojito era levantado de la nieve y alejado de sus garras.
-¡NOOOO!-gritó con frustración.
A punto estaba de girarse para seguir forcejeando cuando tanteó con la punta de los dedos algo metálico y helado; la hoja de la navaja brilló con la luz del sol y sin perder ni un momento la tomó con fuerza y volteó su cuerpo sobre el suelo.
-Pronto, llévenselo de aquí-dijo Kristoff entregando al pequeño en brazos de Anna.
-Pero…
-Aún respira-le dijo-pero muy débilmente. Corran y busquen ayuda, mientras tanto yo…
-¡AAGGGG!
El grito de Hans los obligó a mirar a sus espaldas. Con horror observaron la navaja de Alexius abandonar ensangrentada el interior del abdomen del pelirrojo, quien cayó de rodillas sobre la nieve teñida de rojo.
-¡Noooo!-gritó Elsa antes de que Kristoff las diera un empujón y echara a correr hacia el moreno.
-¡Ten mucho cuidado!-le advirtió, y apretando con fuerza el cuerpecito de Friederick echó a correr.
Pero Elsa no la siguió. Se sentía tan impotente e inútil, ¡tenía que hacer algo para arreglar esa horrible situación! Observó a Kristoff enfrentarse a aquel loco desquiciado con fiereza, evitando a toda costa ser víctima de su arma y tratando de conectar la mayor cantidad de golpes posibles. En determinado momento la presencia de la reina llamó la atención de Alexius, quien pareció perder aún más la cordura.
-Sal de aquí Elsa-grito Kristoff, esquivando un golpe de su rival-¡ahora!
Pero antes de que ella pudiera siquiera dar la media vuelta, el moreno golpeó fuertemente con el talón de su arma al repartidor de hielo en la cien, haciéndolo perder el equilibrio y dejándolo momentáneamente noqueado. Sólo entonces se encaminó hacia la rubia, con la mirada furibunda y apretando los dientes y los puños.
-Maldita zorra, ya me encargaré de que me pagues todas estas molestias.
El corazón le latió con fuerza y las piernas le temblaron en una especie de intento por echar a correr, pero no, ya no seguiría huyendo; ella había permitido que sus decisiones tomaran esas dimensiones tan catastróficas y ya era hora de que arreglara su desastre, así que plantándose con fuerza sobre la nieve y alzando las manos, dijo con voz aún trémula:
-Alto ahí, no te acerques ni un paso más.
-Oh cielo, pero tengo que hacerlo, porque si no ¿de qué otra forma voy a alcanzar al bastardito y a la imbécil de tu hermana?
-Déjalos en paz, te lo advierto Alexius.
-Descuida, tú puedes ir conmigo.
-No. No iré a ningún lado. Y tú tampoco.
-Claro que lo harás-rugió enfurecido-y si es necesario te llevaré a rastras tras de mí, y te amarraré al primer árbol que encuentre y te haré observar como los desangro hasta la muerte y luego, ahí mismo, ¡voy a asegurarme de que engendres a mi maldito heredero!
-Te lo advierto ¡no te acerques más!
-Tú no me vas a decir que hacer, ya no voy a recibir órdenes de ti, ramera, así que hazte a un lado o empieza a correr.
Y sin más se abalanzó hacia ella. Con decisión y sin temblar siquiera un poco Elsa cerró ambas manos en apretados puños y con fuerza alzó los brazos hasta la altura de su cabeza. Al instante un grupo de afiladas estalagmitas emergieron del suelo nevado y algunas de ellas atravesaron el cuerpo del príncipe por el muslo derecho, el lado izquierdo del abdomen, entre las costillas y bajo la clavícula izquierda, muy cerca del corazón. El doloroso shock no le permitió emitir sonido alguno, pero apenas cayó en cuenta de lo que había sucedido, un rugido de furia escapó de su garganta. La descarga de ira le provocó un dolor punzante y desgastante, y terminó por relajar el cuerpo, provocando que el hielo se enterrara un poco más en su carne. Era evidente que no tenía escapatoria. Por eso, al escuchar los suaves pasos de la reina de las nieves acercarse a él, agradeció su misericordia para que el tormento al que estaba siendo sometido terminara pronto.
-Te dije que pararas-siseó, acercando su rostro al de él-te dije que los dejaras en paz, pero no quisiste escuchar. Ahora ya no te acercarás a mi familia, ya no podrás hacer daño a mis hijos-Alexius despegó la mirada del suelo para observar las mejillas sonrosadas, los dientes apretados y los ojos vidriosos y furibundos de la rubia-Lo siento Alexius, pero lo de tu heredero ya no iba a ser posible.
-Pu-puta-susurró con la poca energía que le quedaba.
-Y aunque quisiera quedarme aquí a ver como se te escapa la vida, me temo que no tengo tiempo para ello.
Se enderezó, dispuesta a marcharse, pero la voz ahogada del moreno se lo impidió.
-Tú ganas, monstruo. Ahora termina con esto y corre de regreso a tu reino de fantasía.
-¿Terminar?-preguntó con un tono que era una mezcla de desconcierto y crueldad-Oh, pero si yo ya terminé contigo. Dejaré que el resto lo hagan las aves de rapiña y los carroñeros-y dicho eso comenzó a andar.
Kristoff la esperaba de pie a unos pocos metros, con un labio reventado, algo de sangre sobre la ceja derecha y con los brazos abiertos hacia ella. Elsa se derrumbó sobre su pecho y dejó que las lágrimas corrieran en silencio justo antes de susurrarle un par de agradecimientos y echar a correr hacia Hans.
Entre ambos lo levantaron con mucho cuidado, y cuando la mano de Elsa tocó la herida, provocándole un grito de dolor y mojándole la palma de manera alarmante, ella trató de tranquilizarlo.
-Estarás bien, buscaremos ayuda de inmediato.
-Vamos viejo-gruñó Kristoff terminando de alzarlo en pie y pasándose un brazo por sobre los hombros-¿puedes caminar aunque sea un poco?
-No-respondió el pelirrojo-creo que… creo que tendrás que llevarme en brazos.
-Oh no, eso sí que no. Así que empieza a mover tus piernas principito si es que quieres llegar hasta el pueblo para recibir atención.
-Está bien está bien. Aguafiestas-Elsa soltó una risita nerviosa, lo que recordó a Hans-Hey, ¿y Friederick?
-Descuida-lo tranquilizó antes de besarle suavemente una mejilla visiblemente lastimada-él está bien. Ahora vamos todos a casa.
La última vez que lo habían despertado tan temprano había sido el día de la boda de sus padres, varios meses atrás. Aun recordaba ese día como si fuera ayer; a su padre pulcramente vestido con el uniforme de la Marina Real de las Islas del Sur esperando en el altar a la hermosísima visión de vestido blanco con destellos azules que era su madre ese día. La fiesta que siguió a la ceremonia fue increíblemente divertida, bailando con su tía y con Olaf ¡e incluso lo dejaron ir a la cama más tarde que de costumbre! Aunque por supuesto, pasados diez minutos de su hora de dormir ya había caído rendido en un par de sillas que había juntado Kristoff para él. Pero esta vez el ambiente alrededor era diferente. Kai lo llevaba, aún en pijama y despeinado, de la manita a través de los extremadamente silenciosos corredores. Había muy pocas personas ya en pie a esa hora, lo que aumentaba el desconcierto del pequeñito, quien pronto pudo percibir hacia dónde era que lo estaban guiando. En efecto, pararon frente a la puerta de la alcoba de sus padres, y el hombre golpeó suavemente con los nudillos. Fueron recibidos por una muy sonriente Gerda quien, después de dar salida a tres mucamas cargando cada una con varias sábanas sucias en las manos, se hizo a un lado e invitó a pasar al pecosito.
Apenas dio un par de pasos dentro, la puerta se cerró quedamente tras él. Le costó un poco acostumbrarse a la oscuridad, pero la voz de su padre le ayudó a guiarse.
-Ven aquí amigo, hay alguien que quiere conocerte.
Friederick siguió inseguro hasta la cama donde su padre, sentado a la orilla le sonreía con emoción mientras su madre, sudorosa y aún en la cama con la espalda apoyada en varios almohadones, sostenía en brazos un pequeño bultito que se revolvía entre la cobijita blanca con la que estaba envuelto. El niño intentó trepar, subiendo una piernecita, pero al verse en problemas su padre lo jaló por el pantaloncillo hasta que logró caer sobre el colchón. Se acercó a su madre y a la bolita inquieta y dio un respingo al percatarse de que era un bebecito.
-Hola hermano mayor-susurró su madre con dulzura y dejando que la criaturita envolviera su dedo con la manita.
-¿Y este quién es?-preguntó frunciendo el ceño, lo que provocó un par de carcajadas por parte de sus padres.
-Ella-continuó su mamá-es tu nueva hermanita, Amelia.
Friderick la miró horrorizado, y eso dejó completamente desconcertados a los monarcas.
-¿Hemanita? ¿De quién? Yo no quelo una hemanita, ¡reglesala!
Ambos se miraron y rieron esta vez muy muy nerviosos.
-Creo que… eso podría ser algo complicado.
Elsa miró a su marido furibunda.
-Será MUY complicado. Imposible de hecho.
-Cielo no te alteres, yo sólo…
-¡No tienes idea de lo doloroso que fue sacar a esta bolita de mi cuerpo! ¡TUVE QUE PUJAR HASTA EL LÍMITE DE MIS FUERZAS!
-Lo sé amor, lo sé, te oí gritar.
-¡No sólo grite!
-Sí, también maldijiste. Es decir… a mí. Oí cuando dijiste que era un hijo de perra. Todo el palacio, de hecho, lo escuchó. Probablemente incluso todo Arren…
-¿Cuándo se va a ir?-interrumpió la vocecita de Friederick.
-Amm, verás cielo-comenzó su madre retomando el tono amoroso-lamento mucho y entiendo tu malestar, pero me temo que tu hermanita no se irá. Pero descuida, te prometo que no te molestará mucho y poco a poco te irás acostumbrando. Incluso, no lo sé, tal vez termines… ¿queriéndola?-le sonrió nerviosa.
-Creo que es hora de que dejemos descansar a mamá. Ven aquí campeón-Hans lo ayudó a bajar de la cama para después tomar a la pequeñita en brazos-ven aquí princesita, es hora de tomar una siesta-y caminó seguido muy de cerca por su hijo mayor, hasta la cuna en la que depositó a la niña.
El príncipe consorte caminó de vuelta hacia su esposa para depositar un beso en sus labios y acomodarle las almohadas. Mientras tanto, el pecosito miraba con sumo cuidado a su hermanita, aún indeciso respecto a cómo debería sentirse y actuar. Estaba demasiado pequeña y sonrosadita, como los gatitos que había parido una gata días atrás en el establo. ¿Cómo podría sobrevivir una cosita así lejos de la protección de sus padres? Y ¿de qué le serviría tener una hermanita? ¿Qué podía hacer siendo tan chiquita y aburrida? Entonces, para su sorpresa, la princesita estornudó, pero lo que hizo a Friederick abrir los ojos con sorpresa fueron los pequeños copitos que salieron volando sobre la cuna. Miró a su espalda, hacia sus padres quienes estaban demasiado ocupados tratando de arreglar la cama para la reina y por supuesto no se habían percatado de lo sucedido. Volvió a mirar a su hermanita plácidamente dormida e irónicamente sintió su corazón calientito, lo que terminó por hacerlo sonreír. Fue en ese momento cuando se prometió que amaría y protegería a esa bolita rosada por el resto de sus días, así le costara la vida.
Miren, se lo mandé a mi beta reader para que lo revisara pero ¡no puedo esperar más! Así que espero que me perdone. Pero bueno, ¿qué les ha parecido? ¿Aún me siguen queriendo? Lamento mucho mucho la espera taaaan larga, pero por fin está aquí y espero que no sea una decepción (sobre todo porque el último párrafo lo tuve que reescribir como cinco veces, hasta que los Patriotas de Nueva Inglaterra finalmente ganaron y mi cerebro pudo volver a enfocarse en lo verdaderamente importante jaja). Entonces ¿me dejan saber su parecer en los reviews? Saben que de corazón agradezco su tiempo y sus palabras. Reciban un fuerte abrazo y mis mejores deseos en esta nueva semana. Bye bye! ^_-
