Capítulo 36.- "El héroe de leyenda"

La mañana era demasiado maravillosa con un clima perfecto: el frío se había ido. Unas cuantas nubes grandes y blancas decoraban el cielo azul y era una vista preciosa. Kakashi caminaba hacia la Torre a paso lento, estaba agradecido de que por fin los días pesados y cargados de trabajo hubieran desaparecido, mantenía todo bajo control.

La gente que le veía pasar le saludaba con mucho ánimo, lo veían como un gran líder y las atrocidades del invierno no afectaron su reputación. Se hizo creer al pueblo que el ataque había sido gracias a que los criminales tenían como objetivo capturar a la hija del Señor Feudal y Kakashi en su deber de proteger Konoha, no sólo consiguió encerrar al enemigo sino que también canceló cualquier compromiso matrimonial con Kazumi para evitar futuros conflictos.

Ése fue el acuerdo al que llegaron y que solicitó especialmente el daimyō, aunque fue notificado de que su hija era quien estaba detrás de su envenenamiento, no quiso que los chismes mancharan la reputación de la familia Igarashi.

—¡Lo amo, lo amo! ¡Te juro que lo amo!

Un cotilleo hizo que Kakashi volteara a ver hacia un grupo de adolescentes que se contaban algo como si fuese asombroso. Sonreían y sus ojos brillaban mientras una que otra daba un pequeño salto de la emoción. El Hokage arqueó una de sus cejas pero siguió caminando no dándole demasiada importancia.

Los pajaritos cantaban sobre las ramas de los árboles ambientando la tranquila mañana, Kakashi respiraba el suave aroma que salía desde la ventana de una panadería, eso le hizo recordar que no había desayunado y su estómago comenzó a hacer ruido. Sus pies se pararon en seco y meditó si era buena idea entrar a comprar alguna pieza de pan para no tener que esperar hasta el medio día; de nuevo su estómago dio alerta y se sacó la cartera del bolsillo para ver si tenía efectivo. Prestó atención al regalo que Maya le entregó por su cumpleaños y no pudo evitar recordar las palabras de Nashira cuando vio la cartera de piel.

«Espléndida. Allí podrás guardar todo tu sueldo de Hokage»

Sonrió. Era imposible olvidar cada cosa que ella había dicho y eso sólo ló hacía extrañarla más.

Salió de la tienda con la bolsa de papel en su mano y sin querer chocó con una jovencita que terminó en el suelo, él rápidamente extendió su brazo para levantarla. Otra muchacha junto a ella le ayudó a ponerse de pie; Kakashi pudo ver que las dos tenían bandana ninja.

—Lo siento —se disculpó y ellas se sonrojaron.

—¡Sexto! Usted se ve más joven en persona.

Kakashi frunció el ceño y se sobó la nuca.

—¡Oh! ¿Viste eso?

—¡Lo vi!

Ambas mujercitas parecían sorprendidas con cada cosa que el hombre hacía y sus ojos casi intercambiaban palabras. Kakashi no podía comprender qué sucedía con ellas.

—¿Ustedes acaban de ascender a genin?

—Sí, señor —contestó la chica de cabello rubio y la que antes había chocado con él—. Aunque por ahora tenemos el día libre.

—Y es una suerte haberlo encontrado, siempre quisimos conocerlo. Sólo hemos oído historias sobre usted pero jamás habíamos visto su rostro así de cerca—complementó la otra ninja.

Kakashi se rió de compromiso y ellas también rieron, la incomodidad era evidente en el shinobi.

—Bueno, disfruten de su descanso. Yo tengo que ir a trabajar.

—¡Espere, espere!

La morena volteó con la rubia y se murmuraron cosas, Kakashi miró a todos lados esperando no estar siendo parte de una broma. Al finalizar el cuchicheo, la morena habló.

—Esto puede sonar un poco extraño y sabemos que usted es un hombre respetable —juntó sus manos a la altura de su pecho—, de ninguna manera intentamos ofenderlo pero queremos solicitarle algo.

—¿Qué cosa?

—Bueno... ¿Puede por favor decir esta frase: "Esto no se trata de acoso, sino de ser bondadosos el uno con el otro"?

La muchacha fingió su voz a un tono masculino y juntó sus cejas a sus ojos para verse misteriosa, su compañera apretó los puños y los labios luego ambas miraron suplicantes al Sexto. Kakashi parpadeó impactado por tal petición.

—¿Disculpa? —Fue todo lo que pudo decir.

—Por favor, por favor —la rubia casi se arrodilló—. Sólo esa frase, no tiene mucho significado pero estamos seguras que con su voz sonará mejor.

Kakashi suspiró y miró al cielo con aburrimiento.

«Las jovencitas como ellas no ven distinción de rangos»

Se aclaró la garganta y ellas se emocionaron al notar que estaba por repetir la frase.

—Esto no se trata de acoso, sino de ser bondadosos el uno con el otro.

Un fuerte chillido se escuchó en toda la calle, Kakashi retrocedió cerrando un ojo por la molestia que le causó en el oído el ruido de las kunoichis.

—¡Te dije que él era el indicado! —La morena zarandeaba a su amiga— ¡Así me lo imaginé!

—¡Yo también!

—¡Si no hay una secuela no voy a ser capaz de sobrevivir! ¡Yo también quiero un Sukea!

El corazón de Kakashi latió con fuerza y miró aterrado a las muchachas quienes se tomaron de la mano y saltaron felices compartiendo sus sentimientos. Los ojos de Kakashi temblaban y no se quedaban en un punto fijo.

—¿Sukea? —Pensó— Ese nombre... ¿Oí mal?

Movió su mano en el aire intentando ser notado por el par de adolescentes que continuaban destilando fanatismo.

—¿Puedo saber de dónde sacaron esa frase rara?

—Ay señor Sexto Hokage, no se preocupe que no es nada malo —decía la rubia y se limpiaba los ojos por las lágrimas que se formaron de gozo.

—Sólo quiero saber el origen.

—Señor, es usted el mejor Hokage que esta aldea podrá tener. Amo cada mañana poder ver su rostro tallado en la montaña, es mi razón de vivir —la morena se puso una mano en el corazón—. Nunca cambie.

—Yo también. Siga con esa misteriosa actitud y ese valor que nos inspira a ser mejores cada día.

Tras decir sus confesiones, las kunoichis salieron corriendo y soltando risitas. Kakashi se quedó anonadado y sus orejas se pusieron rojas.

—¿Qué rayos fue eso?

La Torre del Hokage no estaba muy lejos de allí, en menos de cinco minutos el peliplata ya estaba cruzando las puertas automáticas y sus subordinados hicieron una reverencia al verlo entrar. Kakashi balanceaba la bolsa de papel mientras subía la escalera; ya podía saborearse el almuerzo. Pero su camino quedó a la mitad porque Shikamaru lo interrumpió, miró hacia abajo y el moreno habló.

—Su nueva asistente, está aquí.

—¡Ah, es cierto! —Recordó tronando los dedos— Dile que suba a mi oficina, allí le daré indicaciones.

—Sí señor.

(...)

Una mujer joven de cabello café oscuro y ojos negros estaba sentada frente al escritorio del Hokage. Veía discretamente a su alrededor mientras el hombre terminaba de llenar una hoja. Sus manos estaban apoyadas sobre su regazo, estaba demasiado nerviosa desde que se enteró que sería la asistente del Sexto Hokage.

—Chiharu Kobayashi —pronunció Kakashi con su grave voz haciendo que la joven se estremeciera—, este es tu nombre ¿verdad?

—S-sí señor.

Él continuó leyendo su expediente y haciendo anotaciones. Chiharu no le quitaba la vista de encima, había oído fantásticas historias de él y estaba muy impresionada de verlo tan de cerca.

—Tu nombre significa mil primaveras.

Ella se sonrojó y miró hacia un lado.

—Tienes veintidós años, eres chunin, tienes buenos porcentajes en tus misiones e Iruka te recomendó ampliamente. Me gusta trabajar con personas que están dispuestas a aprender, por eso te elegí.

—Lo agradezco infinitamente —ella bajó la cabeza para hacer una reverencia, Kakashi notó sus nervios.

El primer día que Nashira se presentó a trabajar, no estaba ni un poco asustada. La recordó sarcástica y grosera, pero su actitud despreocupada le ayudó a desarrollar una buena relación con ella. Le dio indicaciones y las aprendió en tiempo récord, por si fuera poco, desde el primer día le quitó un montón de compromisos.

—La extraño.

Chiharu levantó la vista confundida por las repentinas palabras de su nuevo jefe, Kakashi reaccionó y sacudió la cabeza.

—Quiero decir... Voy a explicarte tus funciones. ¿Hay algo más que necesite saber de ti antes de continuar?

«94-68-96»

—No Kakashi, no Kakashi, saca eso de tu mente —la idea llegó a su cabeza cuando cuestionó aquello. Nashira le dio sus medidas y él le quiso devolver la broma dándole la medida propia.

—Nada señor, mi información está completa.

—Perfecto.

(...)

La frente de Kakashi llevaba diez minutos pegada al cristal de la ventana y su cabeza estaba llena de recuerdos de Nashira. Inevitablemente pensaba en ella a causa de la situación de tener nueva asistente. El paso de los días era una tortura y estaba a casi nada de invocar a Pakkun y ordenarle que fuera a buscar a la mujer.

Por fin despegó la frente y miró el reloj; lo meditó un poco, no tenía mucho trabajo y necesitaba despejarse por lo que decidió salir a tomar aire.

Cerró la puerta de la oficina y sus pasos fueron hacia la escalera pero dejó de andar cuando miró por encima del hombro a dos empleadas murmurando y riendo mientras veían un pergamino. Sus labios se torcieron e hizo un mohín, no creía nada de lo que estaba presenciando.

—Demasiado hermoso, deben hacer una película de esto —dijo una de ellas en tono bajo.

—He estado suspirando por días desde que lo leí.

—Hola.

Kakashi asomó la cabeza y las mujeres se fueron hasta el suelo por el susto. Kakashi vio que detrás del pergamino había un libro que ambas empleadas estaban leyendo. Lo tomó y ellas se sonrojaron.

—Héroe de leyenda —leyó en voz alta—. ¿Es una novela?

—Señor nos disculpamos —agacharon la cabeza pero sus orejas dejaban en evidencia la vergüenza.

—No, no tengo nada en contra de que lean, siempre y cuando sea en su tiempo libre y no interfiera en el trabajo.

Kakashi puso el libro sobre el escritorio.

—Aún así nos disculpamos.

—Hmm... Esto sí es extraño, no recuerdo que antes les gustara leer —se sobó el mentón.

Las muchachas se miraron entre sí y apretaron los labios.

—En fin, es un buen hábito —sonrió—. Sigan trabajando y verán que pronto llegará el sábado.

No dijo nada más y se fue. Una de las empleadas tomó el libro y lo guardó en su bolso.

—Él definitivamente me recuerda a Sukea —le dijo a su compañera.

—Alguien debió inspirarse en el Sexto para escribir esta novela —respondió la otra mujer y suspiró mientras sus ojos seguían la espalda de Kakashi—. Es tan guapo.

—Nashira ¿la recuerdas? La que fue su asistente... Había pensado que ellos dos eran pareja.

—Estás de broma ¿no? El Hokage iba a casarse con la tal Kazumi, Nashira sólo trabajaba aquí.

—Sí pero, ¿no eran ellos muy cercanos? Me enteré que cuando ocurrió el ataque, él la defendió a capa y espada porque habían acusado a Nashira de traición.

—¿Ella? ¿Nashira estaba involucrada?

—No lo sé, es lo que oí. Pero si era culpable o no, no estoy segura. Como sea, ahora que el Hokage está solito ¿debería intentar seducirlo?

Un carraspeo las hizo callar y miraron a una mujer de cabello castaño que esperaba su momento de hablar.

—Lamento la interrupción. Soy Chiharu Kobayashi y soy la nueva asistente del Sexto Hokage, de ahora en adelante trabajaremos juntas así que por favor, llevémonos bien.

Se escuchó un suspiro de resignación.

—Soy Shimane y ella es Kyoko.

—Así que tú eres la nueva ¿eh? —La barrieron con la mirada— Escuchamos que hubo muchas solicitudes pero el Hokage te eligió a ti. Debes ser muy maravillosa —dijo con un tono despectivo.

—¿También te gusta el Hokage? —Preguntó Shimane mientras se mordía la uña de su dedo índice.

—¿Eh? No, no ¿cómo pueden decir eso? —Movió sus manos negándolo— Sólo soy su asistente.

—Debes andarte con cuidado niña, la asistente anterior se quiso pasar de lista con nuestro Hokage y terminaron despidiéndola así que procura no poner tus ojos sobre él.

—Ustedes deberían hacer lo mismo.

La sorpresiva voz masculina que surgió desde detrás de Chiharu, conmocionó a las tres mujeres, en especial al par que se burlaba de la nueva empleada. Un hombre de cabello castaño y ojos grandes puso una expresión terrorífica y las dos mujeres se abrazaron.

—¡Yamato!

—¿Qué? ¡Capitán Yamato! —Corrigió con molestia— No es la primera vez que las escucho sermonear a los nuevos empleados, si esto continúa le pasaré el reporte al Hokage.

—No capitán Yamato, por favor. Sólo estábamos bromeando —rieron nerviosas.

Los ojos oscuros del shinobi miraron a la joven mujer que estaba a su lado, ella lo había estado observando desde que se acercó.

—De modo que tú serás la nueva asistente —extendió su mano—, soy Yamato, por favor cuida bien del Hokage.

Las mejillas de Chiharu se volvieron coloradas y miró la mano de Yamato por varios segundos antes de estrecharla. Luego, volvió sus ojos a él y le sonrió. Algo dentro del shinobi hizo clic y después de abandonar la Torre, salió corriendo buscando a Kakashi.

Lo encontró sentado bajo un árbol con una botella de agua vacía en sus manos mientras observaba las nubes. El corazón de Yamato latía a mil por hora.

—¡Kakashi!

El hombre volteó y sus cejas se fruncieron cuando vio lo alterado que estaba su compañero. Se tocaba el pecho y respiraba con rapidez.

—¿Qué te pasó?

—Kakashi, esa mujer, esa mujer...

—¿Qué mujer?

—¡Tu nueva asistente!

—Ah, Chiharu ¿ya la conociste?

Las manos de Yamato fueron hacia los hombros de Kakashi y lo sujetaron con fuerza.

—¿Qué edad tiene? ¿Es soltera?

Kakashi arrugó más la frente.

—No me digas que te gusta —una sonrisa malvada comenzó a dibujarse en los labios de Kakashi, pero debido a su máscara fue imposible que el castaño la viera, mas, por la forma que tomaron sus ojos era evidente.

—¿Eh? —Lo soltó y tosió queriendo recobrar la compostura— No, sólo era curiosidad.

Kakashi comenzó a reír y eso molestó a Yamato.

—Basta Kakashi, sólo era eso.

—Es que te miras tan ilusionado —decía entre risas.

—Bueno, al menos yo podría tener una novia, en cambio tú te quedaste sin tu amorcito.

Kakashi dejó de reír y su frente se arrugó al dedicarle una fuerte mirada al shinobi.

—Era una broma —se sentó a su lado—. ¿Entonces?

Kakashi se cruzó de brazos.

—Tiene veintidós años y es soltera. Pero tú tienes treinta, dudo que le gusten así de ancianos.

—Mi estimado Kakashi, si yo soy considerado un anciano... Me pregunto qué serías tú.

—Un hombre maduro, exitoso, líder de una aldea, con un trasero envidiable, experto en besar y conocedor de las más profundas técnicas de erotismo.

Yamato también se cruzó de brazos y cerró sus ojos con indignación.

—Tal como Sukea.

—Sí... Espera ¡¿qué?! —Kakashi volteó— ¿Qué dijiste?

Yamato se rió.

—Nada.

—¡Dilo! ¿Qué me está ocultando todo el mundo?

—No es cosa mía, ¿sabes? Hay una novela popular entre los jóvenes adultos, Ebisu también ama leer y me habló de ella, apenas leí los primeros dos capítulos y me bastó para comparar al protagonista contigo.

Kakashi pestañeó.

—¿Y el protagonista se llama?

Yamato se sobó el mentón.

—Sukea. Pero el nombre es lo de menos, la personalidad del personaje es casi idéntica a la tuya.

Miles de ideas surgían en la cabeza de Kakashi, nadie más que sus antiguos alumnos y Nashira conocían su nombre secreto. Esta última era quien sabía que él estaba detrás del disfraz.

—¿Cómo se llama esa novela?

—Oh no, soy malísimo con los títulos de libros. Pero puedes preguntarle a Ebisu, seguro que él te presta su ejemplar.

—¡Demonios! ¡Hoy descansa Ebisu! —Kakashi se puso de pie y caminó de un lado a otro, Yamato lo veía con confusión— ¿Qué hago? ¿qué hago?

—Eh Kakashi...

—La librería, ¡eso es!

—Espera ¿a dónde vas?

Kakashi giró sobre sus talones.

—¡A buscar esa novela!

—Pero el trabajo...

—Ve a mi oficina, no tardaré nada.

(...)

Kakashi buscaba en los estantes de la librería la dichosa novela de la que todo mundo hablaba. Tenía el presentimiento de que había sido escrita por Nashira y su corazón palpitaba fuertemente con la sola idea de que fuera verdad.

Tenía demasiado tiempo sin saber de ella que leerla en ese ejemplar sería como acercarse otra vez. La librería tenía varias muchachas que se cuchicheaban y al mismo tiempo veían al Sexto buscar desesperado.

Kakashi volteó con el joven tras el mostrador y se aproximó.

—Hola, disculpa... Estoy buscando una novela.

—Se-señor Hokage, dígame ¿qué tipo de novela?

—Ah pues... Bueno... Es una historia popular hoy en día —se rascó la sien—, y todo mundo habla de ella. El protagonista se llama Sukea.

El muchacho parpadeó sin decir nada y Kakashi comenzó a sudar.

—Usted se refiere a "El héroe de leyenda".

Jadeos de sorpresa se escucharon al fondo, Kakashi sabía que las muchachas estaban atentas a lo que sucedía.

—No sé cómo se llama la historia, pero sólo sé que el protagonista tiene ese nombre.

—¡El Hokage también es fan! ¡Ahh!

Kakashi cerró los ojos y tragó saliva en un intento por no salir huyendo.

—Lo siento mucho —el muchacho hizo una reverencia—, se terminaron esta mañana. El próximo flete llegará en tres días.

—¿Qué? ¿Tres días? —Kakashi pegó las manos al mostrador y acercó su rostro al empleado para luego hablarle con voz baja— La necesito ahora, ¿no hay manera de que puedas ayudarme?

—No puedo conseguirla antes, pero si desea le puedo proporcionar la editorial y la dirección de ésta. Si usted gusta, puede ir personalmente a solicitarla.

(...)

Kakashi corría por los techos mientras pensaba que debió decirle a Yamato que tardaría un poco más. Esperaba que no hubiera ningún inconveniente durante su ausencia.

El edificio de la editorial era bastante elegante; Kakashi se sacudió la ropa antes de entrar y notar que todo estaba muy pulcro. Se acercó a una mujer que estaba detrás de un mostrador y a ella casi se le cae la boca hasta el suelo cuando lo vio.

—Hola buenas tardes, disculpa... ¿Con quién puedo solicitar un ejemplar de una novela que su editorial publica? La he buscado en las librerías pero ya no hay en existencia.

—Pu-puede hablar con el director —ella pasó saliva—. Él es quien maneja estos casos especiales.

—Entonces ¿podría verlo?

Kakashi fue llevado hasta la oficina del director de la editorial, y no fue hasta que el hombre de anteojos levantó la cara que el Hokage lo reconoció.

—Señor Renji, el Sexto Hokage desea hablar con usted.

Una sonrisa amable decoraba el rostro del hombre, se acomodó los lentes desde el centro y le pidió a Kakashi que tomara asiento. La asistente se marchó cerrando la puerta y el peliplata agradeció por el recibimiento.

—Es raro verlo aquí.

Kakashi se acomodó el cabello como signo de pena.

—Bueno, siempre hay una primera vez —echó un vistazo rápido a la oficina—. Este lugar parece más grande de lo que imaginé, recuerdo que me dijo que trabajaba como director de una editorial y estaban faltos de personal, pero no creí que serían tan populares.

Renji dejó el bolígrafo dentro del bolsillo de su camisa.

—En realidad nuestra editorial ha tenido muy buenas ganancias gracias a la novela más exitosa de los últimos cinco años.

—¿Será acaso esa del héroe? —Kakashi alzó una ceja y Renji sonrió.

—Eh... Tan popular es que hasta usted la conoce.

—Honestamente vine justamente por eso, todo mundo habla de ella y no encontré ningún ejemplar.

Renji abrió una gaveta de su escritorio y sacó un libro mediano. Las tapas eran de un color azul oscuro y el grosor rondaba por las ciento cincuenta hojas.

—Guardé este por si se presentaba una ocasión especial, me alegra saber que no me equivoqué.

Lo puso frente a Kakashi y sus ojos negros leyeron el título grabado con letras plateadas. En la esquina inferior derecha se podía leer el nombre del autor: H.N.

—¿H.N? —Kakashi volteó con Renji— Pensé que esta era una obra de Nashira —su voz sonaba un tanto decepcionada.

—¿Cómo se lo digo? —Renji se recargó en el respaldo y se cruzó de brazos— A veces los autores desean ser anónimos y utilizan un alias. Mi estimada Shirita decidió publicar desde el anonimato para mayor comodidad.

Kakashi tomó el libro y lo abrió.

—Entonces sí es ella. Pero... Anteriormente ella utilizaba K.T. ¿no? —Pensó.

—¿Recuerda el fascículo que le entregué hace varios meses? Es esta misma historia, Nashira la empezó a escribir quizás desde que ustedes se conocieron. Ya debe saber que ella se inspiró en usted para dar vida a un grandioso protagonista que hoy en día es el hombre ideal de muchas mujeres.

Kakashi creyó haber dejado de respirar y con su mano temblorosa le dio vuelta a la hoja para leer los agradecimientos.

«A mi padre y hermano que me guían siempre. A mi tía que adoro y al héroe de mi propia historia de amor.»

Casi se le escapó un suspiro al leer aquellas palabras. Renji sonrió y se cubrió la boca con su puño para que Kakashi no lo viera.

—No puedo creer que Nashira escribiera una novela inspirada en mí.

—Qué afortunado es usted de que una escritora se enamorara de usted, ahora nunca morirá. Tome el libro y lléveselo para que lo lea con calma, es un obsequio de la editorial.

Kakashi quiso actuar como Sasuke, pensó que podría copiar ligeramente su poco sentido de la alegría y su rostro sin emociones pero al momento de abandonar la editorial, abrazó el libro con fuerza y respiró el aroma de un ejemplar nuevo.

—¡Necesito leer esto ya!

Iba a ir hacia su casa pero su pie quedó en el aire y recordó sus responsabilidades. Bajó el pie y giró en sentido contrario con una mueca de aburrimiento.

—Todavía tengo trabajo.

Volvió de mala gana a la Torre, el libro lo guardó dentro de su chaleco para que nadie pudiese ver que había adquirido la popular novela. Subió los escalones y su mano quedó sobre el pomo de la puerta, se detuvo al oír una voz conocida y pegó el oído a la madera.

—Entonces tienes poco de haber conseguido el nivel de chunin ¿eh?

—¿Yamato? —Pensó y se quedó a la espera de la contestación.

—Sí, tres meses.

—Excelente.

—He oído de usted. Que antes ha entrenado a Naruto, quien es el héroe de la Cuarta Guerra. Usted debe ser fabuloso.

Yamato reía exageradamente confirmando las sospechas de Kakashi, el castaño se sobaba la nuca y movía su mano en el aire.

—Sólo hice mi trabajo, ya sabes.

—Capitán Yamato —Chiharu hizo una reverencia—, por favor guíeme. Ya que usted es mi superior.

A Yamato se le fue el aire e involuntariamente se puso sobre sus pies, su cuerpo estaba tieso y no procesaba lo que acababa de escuchar.

Kakashi se asomó por la orilla de la puerta y apenas pudo percibir la escena. Luego sintió una respiración sobre su cabeza y volteó.

—¡Ibiki! —Masculló tratando de no hablar alto.

—Me dijeron que Yamato tiene novia y quería comprobarlo.

—¿Quién te dijo eso?

—Aquí los chismes vuelan, señor —Sai apareció por otro lado y Kakashi se tambaleó de la impresión.

—Me da lástima tener que abrir la puerta, ellos están conversando —confesó Kakashi.

—Entonces ¿sí son novios?

—No Ibiki, apenas se conocieron hoy —Kakashi volvió a mirar por la rendija—. Pero Yamato va corre que vuela.

—Sí, es una pena que tenga que volver a esa cueva para vigilar a Orochimaru.

La ceja de Kakashi tembló y miró con recelo a Sai, éste le regaló una sonrisa.

—Yo también quiero ver.

Genma se había acercado y se acomodó por abajo para ver. Kakashi pronto notó la magnitud de que ya no sólo era él, sino que Ibiki, Sai y Genma estaban haciendo bulto.

—¿Se están besando? —Preguntó Genma quien no podía ver nada.

—No, pero Yamato tiene cara de que la desea —dijo Ibiki.

La puerta se abrió desde adentro y sólo Ibiki quedó de pie, Chiharu se asustó cuando vio a los shinobis en el piso y dio un salto hacia atrás chocando con Yamato, a punto de ir a dar también al suelo, el castaño la sujetó fuerte atrapándola en sus brazos.

La escena era perfecta para una novela romántica. Ambos se sonrojaron y luego de asegurarse que estaba sobre sus pies, Yamato la soltó. Kakashi se levantó del suelo después de que Genma se quitó de encima.

—¿Qué es todo eso? —Preguntó Yamato, sus mejillas estaban rojas.

—El piso está resbaloso —fue lo único que se le ocurrió a Kakashi y se sacudió la ropa ocasionando que el libro cayera de su chaleco.

—¡Ah! —Chiharu exclamó al verlo—¡Sexto! No sabía que usted también ama esa novela.

Kakashi apurado recogió la obra y se la volvió a guardar, todas las miradas fueron sobre él.

—¿Eh? Entonces sí lo conseguiste —dijo Yamato y miró a Chiharu quien estaba impresionada—. ¿Tú... Leíste eso?

La mujer le devolvió la mirada y sonrió con timidez.

—Es una buena historia, el protagonista es demasiado interesante.

La frente de Yamato se arrugó con un gesto de derrota.

—Me recuerda a usted, capitán Yamato.

Kakashi se atragantó con su saliva y Sai se comenzó a reír, Yamato había abierto mucho sus ojos cuando Chiharu dijo eso pero no pudo replicar porque ella salió de la oficina.

—Parece que el amor está en el aire —soltó Kakashi y le dio palmaditas en el hombro—. Ve por ella, campeón.

—Deja de burlarte de mí, Kakashi.

—Es verdad, usted debe volver a su deber de vigilar a Orochimaru —habló Sai y la mirada de Yamato se tornó fría al observar al Hokage. Kakashi bufó.

—Sai, deja de ser tan imprudente.

(...)

Después de que Nashira se fue, Kakashi no volvió a anhelar tanto terminar su jornada como ese día. Antes de que lo detuvieran por nimiedades, guardó sus cosas y fue directo a casa; estaba desesperado por leer la novela que Nashira escribió pensando en él y que estaba siendo un éxito.

Sentado sobre su cama sacó el objeto de la mochila y lo observó a detalle. El estilo de las letras del título era elegante y el color plata de éstas contrastaba perfectamente con el fondo azul rey. Miró la parte posterior y encontró la clasificación para mayores de edad.

Se preguntó en qué momento él y Nashira vivieron momentos así de intensos como para que decidiera clasificar su historia de ese modo. No perdió más tiempo y volvió a leer los agradecimientos para comenzar con el primer capítulo.

Conforme avanzaba su lectura, Kakashi dejaba el libro sobre el colchón y respiraba profundo mientras sonreía, después tomaba otra vez el texto y proseguía. Podía sentir su corazón latir rápido.

En comparación con la antigua novela que escribió pensando en Keito, la nueva historia de Nashira era toda una joya. Había mejorado su forma de narrar y expresar los sentimientos de los personajes, esa manera en que describía a Sukea, todo era divino y en el momento que Kakashi leyó ciertos párrafos, sintió cómo sus ojos se humedecieron.

«Cuando vi el lunar bajo sus labios me pregunté qué se sentiría besarlo. Su sonrisa era tan cautivadora que no podía ignorarla y me quitó el sueño en más de una ocasión. Hubiera querido decírselo, pero siempre me faltó valor.»

No pudo parar de leer en toda la noche, sabía que al día siguiente tendría unas horribles ojeras pero no había manera de cerrar ese libro sin terminarlo. No era cualquier historia ¡era su historia!

Para cuando Kakashi llegó a los dos últimos párrafos, ya estaba por amanecer. Sus ojos estaban tan mojados que en algún punto de la historia ni siquiera se molestó en secarlos.

«Él era tan sabio como fuerte, siempre tomaba las mejores decisiones. Mi reputación no estaba a su altura para las miradas de la gente poderosa, pero Sukea sabía que eso no era importante y quitándonos las etiquetas puestas por la sociedad, no éramos más que simples seres humanos unidos con el corazón.

Aunque finalmente debimos separarnos, estábamos conscientes de que llegaría ese día en el que nuestros caminos se unirían una vez más; porque los lazos del destino no pueden romper sus ataduras y nuestro amor era el claro ejemplo de ello. Para alguien como yo, Sukea no era solamente el afamado hombre que salvaba al mundo, él era y será siempre la persona más especial del universo»

—Cielos...

Kakashi cerró el libro y soltó un largo y sentimental suspiro. Limpió su rostro con la sábana y observó otra vez la portada. Aunque Nashira cambió pequeños aspectos del protagonista para no hacer demasiado obvio que se trataba de Kakashi, fue su carácter perfectamente descrito el que hizo que al Hokage se le derritiera el corazón.

Cada página le mostraba el reflejo de la singular forma en que Nashira lo veía, y aunque ella era ruda con sus expresiones en la vida real, plasmado en letras era demasiado dulce.

—Ah Nashira —levantó el libro y lo miró—, ¿dónde estás para que me autografíes esto?

Se dejó caer de espalda al colchón y se quedó mirando el techo pero su mente divagaba. Estaba metido en un mar de emociones las cuales no podía asimilar y su forma de ver aquello era completamente distinto a como el resto de los lectores lo haría ya que Kakashi conocía el trasfondo de aquel escrito.

Sonrió al recordar la frase de ser bondadosos el uno con el otro; lo había olvidado por un tiempo pero Nashira recordaba cada cosa que él había dicho. Casi rápidamente vino a su mente la imagen de las dos genin implorándole que repitiera aquello y se enderezó.

—Un momento, esta historia es para mayores de edad —rodó los ojos—. Esas niñas...

Estiró los brazos y bostezó, miró hacia la ventana y supo que no podría dormir. Puso el libro sobre el peinador junto a la pulsera de Nashira y miró los objetos con cariño, después tomó un baño para posteriormente ir a trabajar.

Tras saludar a todo empleado que se encontraba, se dirigió a su oficina y allí comenzó a revisar los papeles que Shikamaru le dejó el día anterior. Chiharu ingresó a la habitación y le dejó una taza con café.

—Gracias, creo que mis ojeras son demasiado visibles —rió.

—Está bien, procure descansar más adecuadamente señor.

Kakashi asintió diciendo "sí, sí".

—Señor, han llegado algunas solicitudes para usted.

—¿Sobre qué?

La mirada apenada de Chiharu indicó que estaba un poco deprimida.

—Para ser su asistente.

—Pero ya no necesito asistente, te he contratado a ti.

Ella se mordió el labio con timidez.

—Usted sabe, ser la asistente del Hokage es un puesto muy importante para muchas personas y todos quieren este lugar. Si no soy lo suficientemente competente, cualquiera podría arrebatarme el puesto así que por eso no se rinden y envían sus solicitudes.

—Bueno, no te preocupes por eso que no pienso despedirte.

Ella movió su cabeza con gratitud e hizo una reverencia.

—Prometo no defraudarlo.

Aprovechando que la mujer se había ido, Kakashi se bajó la máscara y dio un sorbo al café sin quitar la vista de los documentos. Se sentía mal por la chica pero estaba seguro que ella haría bien su trabajo.

Nunca se había detenido a pensar en lo que conllevaba ser nombrado asistente del Hokage, imaginó que Nashira debió haber soportado muchas malas caras y él ni cuenta se había dado.

Colocó la taza en el escritorio y sin querer tiró al suelo un bolígrafo, se agachó para recogerlo pero su mano no lo alcanzaba así que se bajó de la silla para ponerse de rodillas y estirar el brazo completo.

Oyó que abrieron la puerta pero no pudo ver nada porque estaba debajo del escritorio intentando alcanzar el bolígrafo. Los pasos de tacón le dijeron que era Chiharu.

—¿Qué pasa? ¿Olvidaste algo? —Preguntó pero no obtuvo respuesta inmediata— ¡Te tengo! —Agarró el objeto.

—Vine a dejar una solicitud —contestó.

—Ah, ya te lo dije. No más solicitudes Chiharu, no voy a contratar otra asistente porque ya te tengo a ti.

Kakashi se levantó del suelo y se dejó caer en la silla mientras le colocaba el tapón al bolígrafo.

—No es una solicitud de asistente.

Kakashi dejó de moverse y sus ojos aunque aún veían el objeto en sus manos, no estaban prestándole atención. La voz femenina no era de Chiharu, era de alguien más. Volteó la cabeza y sus dos cejas se elevaron; una mujer alta de cabello corto y azulado estaba de pie frente al escritorio y sus brillantes ojos violetas lo veían con cariño.

—Na-Na-Nashira...

Ella sonrió y levantó una hoja a la altura de su pecho.

—Vengo a entregar mi solicitud para ser su esposa.