Hello people!
Les dije que habría mucho amor en este capítulo ;) Espero les guste leerlo tanto como a mí me gustó escribirlo... Este se ha convertido en uno de mis capítulos favoritos, ya verán el porqué xD
Disfruten su lectura :D
Capítulo 35
Te amo
Despertó con un conocido y apreciado peso sobre su torso. Miró hacia abajo y allí se encontró a su moreno favorito; solo podía ver su cabello castaño y sentía su cálida y constante respiración en el cuello. Ambos se habían quedado dormidos en la misma posición en que terminaron de… hacer lo que habían hecho la noche anterior. El simple recuerdo le hacía ruborizarse un poco, pero también debía admitir que le hacía desear más.
Sabía que lo que habían hecho la noche anterior era tan solo una de la muchas cosas que podían hacer juntos, pero para empezar… digamos que estaba bien para empezar, pero no podía dejar de pensar en otras cosas un poco más íntimas y mucho más placenteras. Su rostro volvió a arder ante tales pensamientos. Sonrió antes de volver a mirar al moreno.
En algún momento, que no recordaba, ambos habían terminado tapados por las sábanas y un par de mantas. Movió una de sus manos desde la cama hacia el calor que desprendía el cuerpo de Tony. Acarició suavemente su cadera y luego su espalda baja, subiendo lentamente hasta llegar a su cuello. Siguió subiendo hasta encontrar sus sedosos cabellos y comenzó a acariciarlos sin darse cuenta de lo que hacía, disfrutando del momento y rememorando el encuentro de la noche anterior.
Había hecho el amor con Tony. Por primera vez habían estado juntos; recordaba el tacto de su piel, el modo en que lo quemaban sus caricias, el sonido de sus gemidos y jadeos, el sabor de sus labios y el calor de su aliento sobre el suyo. Había sido una experiencia única y perfecta que deseaba con ansias repetir.
Sintió que el otro se removía sobre él.
―Mmm… podría acostumbrarme a despertar así. ―Restregó su nariz contra el cuello del rubio y depositó un beso allí.
Steve sonrió y luego quitó su mano de la cabeza del genio.
―Nooo. ―Rezongó.
Llevó su mano una vez más a sus cabellos y los acarició por largo rato, ambos en silencio. Silencio que fue roto por el estómago de Tony gruñendo en reclamo por comida. Ambos rieron.
―Vamos a la ducha y luego te haré el desayuno.
Negó con la cabeza y se abrazó más a él. No quería dejar ese cálido y cómodo cuerpo. En menos de dos segundos sintió la suavidad del colchón en su espalda y el pesado cuerpo del soldado sobre el suyo.
―Vamos, Tony. ―Besó su mejilla. ―Arriba. ―Besó su frente. ―Es hora de levantarse, amor. ―Lo besó en los labios larga y pausadamente.
Cuando se separaron de los labios del otro Tony suspiró y asintió.
―Necesitamos una ducha. ―Dijo con una mueca cuando Steve se quitó de encima de él. Sus cuerpos estaban pegajosos, en especial en la zona del abdomen. Steve miró hacia otro lado y caminó al baño seguido de un divertido Tony que no despejaba la mirada de su abultado y redondo trasero.
•••
Steve le daba la espalda, parado frente a la cocina, mientras preparaba algo de comer; él solo lo miraba sentado frente al mesón de la cocina. La idea del desayuno había desaparecido cuando JARVIS les informó que ya eran casi las tres de la tarde, luego de que salieron de la ducha.
Miró la espalda desnuda de Steve, observó cómo sus músculos se contraían cuando se movía para alcanzar las cosas. Su mente voló al recuerdo de la ducha de hace unos minutos.
Cuando había entrado al baño tras el rubio, este ya estaba bajo el agua de la regadera. Entró junto a él y se acercó lentamente, temiendo que, al final, Steve sí se hubiera arrepentido de lo que habían hecho más temprano. Levantó una de sus manos y la acercó con cuidado hasta tocar su espalda, sintió la tensión en sus músculos. Iba a retirar la mano y a volver a la habitación, sintiéndose rechazado, cuando el soldado volteó y lo miró a la cara; Steve estaba sonrojado hasta la base del cuello, pero tenía una gran sonrisa en su rostro. Eso lo tranquilizó. Le sonrió de vuelta.
―Pensé que ya te habías arrepentido. ―Dijo con un gesto avergonzado mientras se acercaba un poco más.
Steve negó con la cabeza y, posando una mano en su rostro, lo atrajo hacia sí y lo besó lenta y profundamente.
Vio a su novio voltear a verlo y sonreír. Aún conservaba un leve sonrojo en su rostro.
― ¿Puedes poner la mesa? Estará listo en unos minutos. ―Sostenía un cucharón de madera en la mano.
Asintió, se levantó y su novio le dio la espalda nuevamente concentrándose en la comida.
Recordó, mientras daba vueltas por la cocina y buscaba las cosas, la forma en que Steve lo había besado.
Había dado y recibido muchos besos a lo largo de su vida, pero ninguno se comparaba a los besos de su súper soldado. De hecho, ningún beso que Steve le había dado era igual al anterior. Cada vez que lo besaba era una experiencia diferente, única e inolvidable, completamente irrepetible, pero siempre mejor que la anterior. El hombre del pasado sabía exactamente cómo transmitir lo que sentía en el momento con sus labios y su lengua, y sus sentimientos cambiaban cada día, a cada minuto, a cada segundo.
Cuando se separaron de los labios del otro se miraron por un segundo a los ojos. Podía sentir el rubor apoderarse de su rostro, el calor en sus mejillas se lo decía, parecía un adolescente en su primera vez. Aunque, si lo pensaba bien, esta había sido su primera vez… con un hombre, pero primera vez al fin y al cabo. También era la primera vez que tenía tantos sentimientos hacia la persona con quien hacía el amor.
"Hacer el amor".
Esa frase era tan cliché. Era un eufemismo para la frase "tener sexo" o "acostarse con alguien", pero en este caso era tan acertada. Él no solo había mantenido relaciones sexuales por satisfacer una necesidad física con Steve, sino que había hecho el amor con Steve, había tratado de demostrarle lo mucho que sentía por él. El inmenso cariño que sentía por él. El amor que sentía por él.
Amor.
¿Lo amaba? Ahora estaba seguro de la respuesta. Sí, lo amo, se dijo con convicción. Se había enamorado sin remedio y sin vuelta atrás de ese hombre rubio que había sido su salvación. Se había enamorado de ese chico de Brooklyn que podía ser un excelente Capitán América, pero que también podía ser un chico torpe que no dejaba de sorprenderse con la tecnología y rompía un aparato de pura frustración mientras intentaba encontrarle el sentido. De ese chico que dibujaba en silencio sentado en ese sofá rojo en un rincón de su taller mientras él trabajaba en algún proyecto nuevo; de aquel hombre inocente que encendía su sangre como fuego con solo sonreírle.
Terminó de poner las cosas en la mesa y volvió a sentarse, rememorando una vez más la ducha de hace unos minutos. Esta vez con el conocimiento de que amaba al hombre frente a él.
Steve alcanzó el jabón líquido y puso un poco en una de sus manos. Hizo algo de espuma y comenzó a pasar sus grandes y fuertes manos por aquel bronceado torso desnudo, subió a sus hombros y lo único que el moreno pudo hacer fue dejarse llevar y dejar que ese hombre hiciera con él lo que quisiera.
Disfrutó cada roce de las manos del rubio sobre su cuerpo. Esas manos que pasaban casi con adoración sobre su pecho y avanzaban por su abdomen, bajando cada vez más. De pronto, recordó, sintió el agua caliente caer sobre su cabeza; Steve lo había tomado por las caderas y lo había llevado bajo el chorro de agua que caía de la regadera. Llevó sus manos a la espalda de Steve y, mientras este seguía enjabonado su cuerpo, llevó sus manos hacia abajo. Muy abajo.
―Tony. ―Escuchó un jadeo en su oído.
Tomó el jabón líquido y dejó caer un poco en sus manos. No sabía si lo que haría a continuación saldría bien, pero iba a intentarlo. Deseaba hacerlo y Anthony Edward Stark siempre hace lo que desea. Besó a Steve profundamente en los labios para distraerlo y comenzó a acariciar con ambas manos sus redondeados glúteos. Steve gimió sobre sus labios, pero no se apartó. Siguió con sus caricias y poco a poco comenzó a separarlos hasta que sus dedos encontraron el camino hacia la hendidura entre sus nalgas. Atrapó un jadeo con sus labios, pero no se detuvo. Deslizó sus dedos suavemente hasta encontrar lo que buscaba: la entrada al cuerpo de su novio. Pasó sus dedos suave y lentamente por ahí y pudo sentir como las manos de Steve apretaban con fuerza sus omóplatos y sus dedos se enterraban en sus hombros, donde se habían quedado quietas segundos antes.
Los labios del rubio dejaron de moverse contra los suyos y creyó que era momento de retirarse y considerarse victorioso por haber llegado tan lejos, pero una vez más el chico de los años cuarenta lo sorprendió.
―Sigue. ―Dijo con la voz profunda y demasiado ronca, pero a la vez con un tinte de vergüenza.
Sonrió al imaginar la cara que debió tener Steve en ese momento, escondida entre su hombro y su cuello, roja hasta la punta de la nariz y con los ojos brillantes, las pupilas dilatadas de deseo, pero con los labios contraídos en una mueca por la vergüenza que sentía al pedirle que siguiera.
Volvió a sonreír mientras miraba a su novio frente a la cocina, ignorante de todo lo que pasaba por su mente, loca y brillante.
Había retomado el camino de sus dedos y, ayudado por la textura resbaladiza del jabón, recorrió una vez más la hendidura, esta vez solo sobre su entrada. Detuvo uno de sus dedos allí y sintió como la respiración del rubio se detenía, su cuerpo se tensaba y su entrada se contraía ante el contacto. Pensó en detenerse, pero escuchó un nuevo jadeo al presionar ligeramente con su dedo.
―Relájate. ―Susurró en el oído de Steve con la voz ronca, cargada de deseo.
Lo sintió respirar un par de veces de manera profunda y poco a poco sintió como su cuerpo se relajaba contra el suyo, por lo que retomó su tarea. Presionó con suavidad una y otra vez escuchando jadeos y tímidos gemidos salir de los labios de su novio, sintió también la dolorosa presión de sus dedos en sus hombros, pero no le importó. Con su mano izquierda firmemente agarrada al glúteo derecho de Steve para darse espacio, siguió tanteando con los dedos de su mano derecha hasta que, en un movimiento sincronizado, la punta de su dedo medio entró en el cuerpo de su novio, la frente de Steve cayó pesadamente sobre su hombro izquierdo y un gemido quebrado salía de su garganta.
―Steve… ―Movió su dedo un poco, muy poco, hacia adentro y hacia afuera. ― ¿Estás bien?
Sintió como el otro asentía y siguió con el movimiento.
Su dedo entraba y salía con lentitud y cada vez que volvía a entrar llegaba más y más adentro. La respiración de Steve se aceleró y sintió la presión que hacía su cuerpo para expulsarlo, lo que lo hacía aún más delicioso; si esa era la presión que sentía solo en su dedo… cuando estuviera dentro de Steve por completo sería aún mejor. De solo pensar en lo que vendría, su miembro, medio endurecido, se endureció por completo contra el de Steve que pulsaba contra su abdomen desde el momento en que había invadido su cuerpo con su dígito.
Comenzó un vaivén suave contra el cuerpo del soldado, rozando el miembro de su novio una y otra vez, y siguió entrando y saliendo de él, experimentando qué era lo que hacía sentir mejor al rubio. Aumentó la velocidad de sus embestidas y el roce de sus erecciones, penetró aún más profundo con su dedo y presionó hacia abajo; sintió algo voluminoso y blando. Steve gimió con fuerza y sin contenerse para terminar jadeando en busca de aire y presionando aún más sus dedos en sus hombros. Volvió a presionar y volvió a obtener la misma reacción de su novio; había encontrado su próstata. Anatomía básica, no necesitaba ser doctor para saberlo.
―Tony…―Jadeó. ― ¿Qué estás haciendo? ―Preguntó casi sin aire.
Volvió a presionar y lo sintió temblar.
―No puedo…―Jadeó. ―Ya no… puedo… más.
Llevó su mano izquierda a sus erecciones y comenzó a masturbarlos a ambos al mismo tiempo. Escuchaba los jadeos y gemidos de Steve, sus roncos gemidos cuando presionaba ese bulto en su interior, y sus propios gemidos, jadeos y gruñidos. Lo estaba disfrutando, pero lo que más disfrutaba era escuchar a Steve y sentirlo estremecer contra su cuerpo, y saber que era él y nadie más quien lo provocaba.
Lo sintió una vez más apretarse contra su cuerpo. La espalda de Steve se tensó y se curvó hacia atrás, alejando su cabeza de su cuello y pegando completamente sus torsos; un largo y profundo gemido salió de su garganta al tiempo que su interior se contraía a su alrededor y su mano se llenaba del viscoso líquido que salía de su erección.
Ver el rostro de Steve contraído por el placer fue todo lo que necesitó para dejarse llevar y liberar su orgasmo junto a su novio. Acarició un par de veces más sus erecciones juntas hasta que terminaron de vaciarse y lentamente sacó su dedo del interior del cuerpo del rubio. Escuchó un jadeo. Él también jadeaba. Juntó su frente con la de Steve y lo besó de esa forma en que Steve lo besaba, profundo, lento, con cariño y mucho más, mientras el agua caliente que aún corría sobre ellos se llevaba las evidencias de lo que habían hecho.
Volvió de sus recuerdos y miró la espalda de su novio una vez más. En un impulso se levantó de la silla, caminó hacia él y se abrazó a su espalda desnuda, sintiendo el roce de piel contra piel. Apoyó su frente en la base de su nuca y ahí se quedó, aspirando el suave aroma que desprendía su cuerpo.
―Tony. ―Suspiró Steve. Apagó el fuego de la cocina y se quedó ahí, pensando.
Había rememorado el encuentro que había tenido con el moreno en la ducha y había estado a punto de quemar la comida varias veces. Ahora lo tenía así, pegado a su espalda, con ambas manos aferradas a su abdomen y lo único que podía pensar era en que no quería arruinar todo diciendo lo que sentía. No quería espantarlo. Llevó sus manos a las manos de Tony y las acarició.
―Te amo.
Su corazón se detuvo y sus pulmones se vaciaron por completo. El suave susurro contra su nuca había apagado su cerebro. No podía creer lo que estaba escuchando. Su corazón volvió a latir, esta vez con mayor intensidad y su respiración se aceleró. Tony lo amaba. Lo amaba. A él.
Me ama.
Cuando creyó que ya nada pasaría, que Steve no respondería, lo escuchó.
―Yo también te amo, Tony.
Lentamente se separó de su espalda y Steve no perdió tiempo, se volteó y lo miró directo a los ojos.
―Te amo. ―Repitió.
La sonrisa en los labios del genio iluminó su rostro y consiguió una sonrisa igual de brillante en el rubio. Tomó a Steve de las caderas y lo acercó a él, dio la vuelta sin soltarlo y lo apegó al mesón de la cocina y lo besó. No un beso tierno y suave, sino un beso fiero, lleno de mordidas desesperadas, choque de dientes y lenguas que se buscaban en la cavidad del otro. Acallaron todas sus dudas, todos sus miedos infundados a ser rechazados, en los labios del otro y se devoraron hasta quedarse sin aire.
Steve juntó sus frentes mientras jadeaba por la falta de aire.
―Te amo, Steve. ―Jadeó con los ojos fijos en los suyos. ―Te amo. ―Sus ojos se pusieron brillantes y escondió la cara en el amplio pecho del rubio.
Después de la muerte de su madre juró que no volvería a amar a nadie más, y lo había cumplido. Había sido fácil, ya que no se daba el tiempo de conocer a las personas. Creyó amar a Pepper, pero perderla no le dolió tanto como hubiera pensado en su momento y seguir siendo amigos y trabajar juntos no le causaba ninguna sensación de desasosiego en el pecho. Steve era una historia diferente. El solo pensar en perder a Steve le hacía sentir un hueco en el estómago y una dolorosa presión en el pecho, justo donde estaba su maltratado corazón. Sabía que amaba a Steve, con todo su ser. Y tenía miedo. Tenía miedo, porque la última persona que había amado había sido arrancada de su lado de la peor forma y no quería que nada malo le pasara a su Steve, no quería que se alejara de él. Por eso estaba aterrado.
Sintió las manos de Steve deslizarse suavemente por su espalda, reconfortándolo. Levantó la mirada; sus ojos brillaban, pero, como todo buen Stark, no dejó caer ni una sola lágrima. Los ojos del soldado también brillaban y pudo ver el miedo en ellos.
―También tengo miedo, Tony. ―Lo sorprendió con su sinceridad. ― Todas las personas a las que he querido han desaparecido y he seguido adelante, pero no creo poder vivir sin ti.
―Yo tampoco. ―Se abrazó a él nuevamente. ―Por eso debes dejar de hacerte el héroe todo el tiempo. ―Reclamó en un tono infantil.
El ambiente había cambiado.
―Podría decir lo mismo de ti, cariño. ―Dijo en tono de burla.
Recibió una dura mirada por parte del genio, que se separó de él y volvió a sentarse a la mesa.
Steve rió y volvió a prender el fuego de la cocina para terminar de preparar la comida.
Rato después, cuando ya estaban comiendo, Tony dejó los cubiertos de lado, se aclaró la garganta y miró al frente. Steve lo miró sin comprender por un segundo y sin saber por qué, dejó todo también. Se tomaron de las manos, entrelazando sus dedos.
―Te amo. ―Dijeron al mismo tiempo. Se miraron con seriedad por un momento y comenzaron a reír sin razón, solo por la dicha de tenerse el uno al otro. Por la alegría de saber que eran correspondidos por el otro y que por fin tenían a alguien que los amaba sin importar qué.
Lunes 27 de Noviembre, 2017.
