Todo se veía de un agrio blanco y negro.

¿Qué podía hacer? Se cansaba de mirar por la ventana y no poder hacer nada. Estaban tan desnutridos y tristes. Apagados y la vida robada de sus ojos.

¿Qué podía hacer?

Inútil, era como se sentía y la lluvia cayendo sin piedad no hacia nada más que hacerla sentir peor.

Tosió una y dos veces; le dolía escucharlo así, con cansancio tomo entre sus manos la toalla mojada y la presiono en su ardiente frente.

-Alfred.- Susurro preocupadamente.

El aludido simplemente gimió, su frente bañada en su sudor y sus ojos febriles. Isabel dudaba que el joven incluso supiera que ella se encontraba allí. A su lado.

Suspiro cansada y paso una mano por sus alborotados cabellos. Estaba terriblemente cansada, se quería desplomar a dormir; pero una parte suya le gritaba que no que se mantuviera despierta ¿La razón? Tenia miedo de dormir y alzarse para ver un cuerpo frio y inerte de aquel rubio.

Esto era terrible, era una calamidad. Y un mal augurio. La depresión estaba afectando a todos, quizá a unos mas que otros, pero el daño se encontraba.

Francia, Inglaterra, Alemania, Canadá…Chile y España.

Esos dos últimos le formaron un nudo en el estomago. Ellos eran su familia y ella…Ella estaba aquí, cuidando de Alfred en vez de estar asistiendo a Argentina o Venezuela en el cuidado de su hermano, sin duda habían estar pensando calamidades de ella. Y España, su querido padre adoptivo ¿Quién estaría cuidando de el? ¿Habría alguien a su lado que sostuviera con cariño y preocupación su mano como ella sostenía de la de Alfred?

Esperaba que si, no quería que su antiguo tutor estuviera sufriendo solo.

-¿Si tanto te preocupa por que no vas a cuidarlo?- Una voz en su cabeza le pregunto.

Se mordió el labio y miro el alrededor de la blanca habitación. Sabia el por que y le causaba vergüenza.

¿Cómo podía ser tan despiadada con Antonio? El seguramente le debió de haber cuidado cuando ella tenía altas fiebres durante sus años de colonia. Su cabeza cayó avergonzada al igual que las lágrimas.

Era una terrible persona, la culpa la llenaba, sabia que debía de ir a cuidar de su familiar. Y sin embargo, se veía tan incapaz de soltar aquella mano débil.

Las lágrimas le traicionaban al igual que ella a su familia. Trataba de ahogar el llanto, pero los sollozos eran más fuertes que su voluntad.

-Izzy.- Susurro Alfred en su delirio.

La cansada joven alzo su mirada cristalina y se encontró con aquellos febriles.

-¿Qué sucede Alfred?- L e pregunto, su voz temblaba.

-You look pretty.- Le dijo, una sonrisa tonta plasmada en aquel rostro virgen.

A pesar de todo, la joven morena no pudo ahogar la risa. Alfred le había dicho linda, a pesar de que ella estaba bastante consciente de que su estado no era así; tenía ojeras oscuras, sus ojos estaban teñidos de rojo y su piel se veía reseca.

Varios días privada de sueño le causaban tal apariencia.

-Gracias Alfred.- Le susurro mientras le removía los mojados mechones rubios de su rostro.

El solo sonrió y con lentitud tomo la muñeca de Isabel.

-Thank you.- Le decía desde su cama a la vez que besaba aquellas manos hermosas.

Con sutileza la joven se empezó a sonrojar.

-¿Por qué me agradeces?-

Alfred empezó a respirar laboriosamente y se acomodo con dolor en su cama, las suaves y blancas almohadas no le brindaban alivio alguno.

-Por todo.- Le murmuro, con los ojos cerrados.-I feel very tired.-

Los ojos de la joven se cerraron débilmente.

-Duerme, entonces.-

-No.-

-¿Por qué no?-

Alfred abrió diminutamente sus ojos y la miro por el canalillo de estos.

-¿Como se…-Paro.-Como se que no te iras?-

Chile y España. Manu y Papá Toño.

Debía estar con ellos.

-No me iré Alfred.- Le dijo, su voz entrecortada.

Y el rubio le sonrió de manera febril antes de caer en apacible sueño.

La culpa se mostro ante Isabel en figura de lagrimas cristalinas.

Era una terrible persona.

-Come Alfred.- La voz de México era lo que muchos describirían como irritada.

Alfred por su parte solo mantenía su mirada baja, no estaba de ánimos.

-¡Maldición, come algo!- Exclamo claramente cabreada.

Con su mirada ahora clara y libre de aquel brillo febril la miro. Sus ojos sostenían una tristeza enorme y eso hacia que el corazón de la pobre latina se encogiera. Suspiro.

Era imposible no conseguiría que Alfred comiera, el joven estaba demasiado deprimido.

-¿Qué hare Izzy?- Pregunto tan suavemente que Isabel pensó que lo había imaginado.

-¿A que te refieres?- No podía mas, sus ojos parecían un par de resortes.

-Mi gente, mi país, el mundo. Debo de hacer algo, la economía.- La voz de Alfred era nerviosa.-Debo de hacer algo, yo…Yo soy el héroe.-

Suspiro de nuevo y dejo el plato caliente de sopa CAMPBELL en la mesa de noche.

-Alfred.- La voz de Isabel era seria.-En este momento no puedes hacer nada; tienes que descansar, recuperarte y comer. Si no hace eso y sigues con tu cara de perro mojado, solo empeoraras y no saldrás adelante. No te puedes deprimir.-

No siempre puedes ser el héroe, quiso agregar.

Isabel trago nerviosa ¿Habría sido muy dura?

-¿Por qué estas aquí?- Pregunto el joven mientras veía por la empañada ventana.

-Estoy para cuidarte.-

-Hay mas gente enferma.- La miro.

El nudo de nuevo se formo.

-Tus hermanos, España. Incluso Inglaterra ¿Por qué me cuidas a mi?- No entendía por que Alfred parecía reclamarle.

Isabel miro toda la habitación en busca de respuesta, un estornudo de Alfred le hizo mirar aquellos ojos.

Supo de inmediato la respuesta.

-Por que quiero estar aquí Alfred. Quiero estar contigo.-

Y a pesar de sus ánimos el rubio sonrió con felicidad.

-Te ves cansada.-

Fueron sus palabras antes de atraerla en un reconfortante abrazo.

-Tienes que recuperarte Alfred, me preocupa verte así.- Su voz advertía lágrimas.

-I know, after all…I´m the hero.-

Isabel sonrió y abrazo el cuello del rubio.