Patrick POV

-¿Y por qué tienes esa cara? –Preguntó Mike, yo estaba acompañándolo en la tienda ya que estaba aburrido y quise visitarlo– La cara de depresión que tienes queda mejor con la barra de un bar.

¿Qué podía hacer yo? Yo podía venir qué sucedería, Melly se estaba metiendo en algo muy peligroso, y yo iba a ayudarla, pero tampoco debía hostigarla. Tenía que dejarla en paz por un tiempo para que se calmara, pero al mismo tiempo tenía que estar atento a que no le pasara nada…

Era por eso que intentaba usar mi tiempo en otras cosas; pasando tiempo con Francisco y Kyra, y de vez en cuando visitando a Mike y a Maca en la tienda. Pero no podía dejar de pensar en qué problema se estaría metiendo Melly. Así que me quedaba ahí en el mostrador, viendo cómo la gente compraba y aprovechaba de darme una mirada de desprecio por mi aspecto de alguien con quien no había que entrometerse–Problemas, Mike, muchos problemas.

Maca estaba ordenando unas cosas en la bodega pero apareció justo a tiempo para hacerme de consejera –¿Problemas del corazón? No le preguntes de esas cosas a Mike, él jamás ha tenido una novia– Dijo fingiendo simpatía.

-Tú tampoco, hermanita.

-Pero ése no es el punto, Mike. Patrick, escúchame, soy la mejor consejera que puede haber al menos en toda la tienda, mira; ¿qué fue lo primero que te gustó de Melly? –Preguntó dándose un aire de psicóloga.

-Pues… Su personalidad, la forma en que ella no se dejó pasar a llevar por la maldad de Sophie… –Oh, oh, ya entendí a qué punto quería llegar.

-¿Entonces por qué te contradices? Deja que Melly luche por lo que quiere –Tal vez tenía razón… No, Maca sólo estaba fomentando a que Melly se metiera en una pelea que no era la suya, una pelea que se estaba construyendo ella misma.

-Okay, como digas –dije con indiferencia, zanjando el asunto–. Pero, aún así, no lo sé… No creo que sea bueno tener que alejarme de Melly para que ella esté más tranquila. Pareciera como si yo fuera un problema… Pero si me acerco a Melly sé que vamos a pelear, pensamos de forma diferente.

-¡Ve con ella! –Gritó eufórica, mirándome como si fuera un estúpido– Melly necesita tu ayuda más que nunca ahora. Y si no la vas a ayudar en esta guerra, al menos apóyala moralmente. Mira, uno nunca puede saber cuántos buenos momentos quedan en la vida… La gente cambia… Pueden haber sorpresas desagradables… ¡Bueno, qué estás esperando! ¡Ve!

-Okay, ¡gracias y adiós! –Dije y me fui corriendo hacia la moto. Maca me había motivado; tenía que aprovechar esas oportunidades que tenía para estar con Melly. Me fui directamente hacia la casa, y mientras lo hacía me puse a pensar en la última vez que me había juntado con Melly, hacía varios días, cuando habíamos peleado. Ella no lo había dicho, pero yo sabía que ella me había querido decir que yo era un cobarde. Cuando dijo que yo me aislaba de los demás, me había llamado una gallina. Y tal vez tenía razón.

Las calles estaban cubiertas de neblina. Me estacioné no muy cerca para que los tíos no vieran mi moto. Se podían ver luces en varias partes de la casa, los tíos estaban en casa seguramente. Me acerqué para volver a subir la ventana como la vez anterior pero cuando apoyé el primer pie escuché un ladrido; un enorme perro se acercó corriendo hacia mí, dispuesto a atacarme. Rápidamente seguí subiendo para que éste no pudiera alcanzarme y me quedé ahí, en la pared apenas sujetándome, intentando evaluar la situación. Los tíos habían comprado un perro guardián, que estaba encadenado, para atacar a los extraños. ¿Me habrían descubierto la vez anterior?

Sudando por el miedo, terminé de subir definitivamente. Ni siquiera pensé en mirar si es que había alguien adentro, y cuando ya me encontraba fuera del peligro en respecto al perro, noté que sólo estaba Sasha a punto de ponerse pijama.

-Lo siento, lo siento, juro que no vi nada –dije cubriéndome los ojos, aunque en realidad no había nada que ver– ¿Oye y ese perro que está afuera?

-Me lo regalaron hoy, ¿hizo que te costara subir? –Dijo sarcásticamente– Ya, ya, sé que quieres ver a Melly, déjame ir a buscarla. Pero les doy sólo media hora.

-Gracias.

Melissa POV

Con todas las cosas malas que me habían sucedido en la vida mi mejor medicina para olvidarme era un baño de tina con agua caliente. Desde siempre había sido así y nunca fallaba mi método; podía sentir que flotaba, y que no había nada más en qué pensar además de respirar.

Alguien tocó la puerta, haciéndome aterrizar de mis alucinaciones –Melly, creo que deberías salir. Patrick está acá esperándote– dijo lo suficientemente fuerte para que yo pudiera escuchar, pero no tanto para que los tíos que estaban en el primer piso pudieran oírnos. Tal vez él había trepado por la ventana, ya que estaba vetado de la casa.

Inmediatamente me tensé. La última vez que había hablado con Patrick habíamos terminado discutiendo, y de muchas de las cosas que le había dicho ya me había arrepentido. Seguramente él estaría enfadado conmigo, pero tampoco podía dejarlo afuera esperando… ¿O sí podía?

-Dile que ya voy –le dije a la puerta y escuché unas pisadas alejarse.

Rápidamente me salí de la tina me sequé lo más que pude. No había tiempo para lavarme el pelo así que simplemente me lo estrujé y me puse una toalla en el pelo. Salí así, con mi bata para el baño, la toalla en la cabeza y con los pies descalzos. Me hubiera vestido, pero toda la ropa que tenía estaba en la pieza. ¡Rayos!

Pasé por el pasillo de puntillas, muriéndome de frío, y observé cómo Sasha me miraba con una cara pícara.

-Estaré por ahí en otra habitación… Ja, ja, ja.

-No digas eso. Estoy segura que él está enojado conmigo.

-No lo creo. ¡Suerte!

-Este… Gracias…

Aunque yo realmente no estaba de humor. Si Patrick volvía a decirme que hacer justicia era muy peligroso, lo golpearía. Cuando me sentí arrepentida de la última discusión que tuvimos, sólo me arrepentí de la forma en que le dije las cosas.

Entré y cerré la puerta con llave, ya que yo andaba con el pelo mojado tenía mucho frío y estaba de mal humor así que fui directamente al grano –Dime qué haces acá. ¿Es que vas a intentar convencerme que deje mi plan? ¡Entiende, tengo que hacerlo!

Patrick se acercó a mí, sereno, sin sobresaltarse ante mi expresión. Vaya, él sí que era paciente conmigo. Yo sabía que algunas veces era difícil soportarme, así que para mí las personas que podían aguantar mi personalidad era gente verdaderamente importante para mí. Y Patrick era una de ésas personas. Y pensar que antes yo hacía irritar a las personas desconocidas para saber hasta qué punto se podía llegar…

Él estaba demasiado tranquilo para que esto fuera real… Posiblemente era una ilusión. La atmósfera que había en la habitación no era la misma que habíamos tenido la otra vez. ¿Era que el baño me había ayudado a relajarme?

-Melly… –Dijo con una expresión que no pude descifrar.

-Por favor, si crees que voy a desistir déjame decirte que estás muy equivocado –comenté tajante.

-No, no vengo a eso. Vengo a disculparme. Mira, estuve pensando y… Creo que tienes razón. Tú haces algo por las personas que sufren por culpa de Chester y Sophie, en cambio yo me quedó en un rincón a quejarme. Soy un cobarde –confesó avergonzado.

-Patrick, yo no quise decir eso… –No había sido mi intención decírselo así, definitivamente ésa no era mi intención.

-Pero es verdad –dijo con la cabeza gacha.

-No tengo nada que perdonarte. Es sólo que necesito. Necesito que me apoyes.

Acudí a abrazarlo inmediatamente, y de nuevo estábamos en paz, sin peleas. Al menos por el momento. Aunque yo sabía que en parte Patrick seguía pensando diferente, y que si daba su brazo a torcer ahora era para evitar problemas, pero yo podía olvidarme de eso por un tiempo.

-Yo también te necesito –dijo dándome un beso en la frente.

-Tú no eres un cobarde –aclaré para que no se sintiera mal–. Un cobarde no me hubiera rescatado de la calle. No hubiera ido al campamento de Sophie para protegerme. No me hubiera cuidado siempre. ¡Un cobarde no hubiera trepado con el perro que le regalaron a Sasha!

Aunque Patrick no respondió. Él estaba muy concentrado en el abrazo, pero después se separó de mí y quedamos parados uno en frente del otro, mientras él me acariciaba los brazos suavemente –Melly, verdaderamente no puedo pasar mucho tiempo enojado contigo, y pase lo que pase siempre te voy a querer. Vine aquí porque necesitaba abrazarte, tocarte…

-Menos charla y más acción –dije mientras le daba un beso apasionado.

-Me agrada la idea –dijo con sus labios pegados a los míos.

De nuevo en la vida todo volvía a ser perfecto, al menos por un instante. Sin pausar nuestro beso, Patrick se las arregló para quitarme mi toalla del cabello, dejando mi pelo caer libremente, y ambos nos las ingeniamos para sentarnos en la cama con perfecta sincronía, como si lo hubiéramos ensayado. No nos contentamos con estar sentados así que lentamente fuimos descendiendo hasta estar acostados por completo, completamente pegados el uno al otro.

-Te amo –expresé delicadamente pero muy emocionada–. Te amo, te amo…

-En el campamento te dije que te convencería tarde o temprano. Pero... Pensé que habías dicho menos charla y más acción –comentó sarcástico y después no hubo más palabras. Y ahí nos quedamos los dos, mientras cada par de manos de uno recorría el cuerpo del otro.