Ranma ½ no me pertenece.
.
.
Advertencia: Hoy me tocó una clienta difícil (en buen coloquial una «rompebolas»), con aires de gran señora, que quería lo mejor de la tienda para regalarlo a una nena. Respingó la nariz cuando le dije que no tenía ese algo de aquel nivel como ella buscaba, así que le mostré lo de un nivel más normal que tenía. ¿Adivinan? Puso cara de vegetariano en asado familiar. ¡Cuántos reclamos por el precio!, ni que yo la estuviera asaltando (por suerte no tengo corazón, así que no pueden hacerme sentir culpable, peor, si me hacen escenas terminaré «cobrando más»). Entonces fui bajando de nivel y no, todo superaba sus expectativas económicas. Pero cuando le presenté algo que sí estaba adecuado a su, ejem, marginal presupuesto (y no, de apariencia se notaba que lo suyo era pura tacañería con aires de diva), ponía cara de indignación, poco menos que la estaba ofendiendo por tratarla de marginal. Luego subía un poco para darle gusto a su refinado paladar y no, que casi llora, o peor, me miraba como si fuera un usurero. Digo yo, ¿cómo es posible que la gente siempre quiera oro a precio de lodo?
Al final se llevó algo que, de verdad, yo no le hubiera recomendado. Perfectamente podría haberse llevado un artículo con mucha más clase y a un precio similar o mejor, pero bueno, la lección es que no hagan enojar a un vendedor o se llevarán lo peor de la tienda, literalmente…
En fin, advertencia, mis queridos lectores y coautores: no, y repito no, existe el oro a precio de lodo. Si les ofrecen oro y cobran lodo, pues pueden pasar dos cosas: o el que vende es un tonto, o los quiere a ustedes hacer pasar por tontos.
Por ello no se puede hacer una gran obra sin esfuerzo alguno. El oro se trabaja y se gana, así como una historia de excelencia se piensa, se suda, se trasnocha, se llora, se ríe, se edita, se edita, se edita y se edita (sí, y se edita). Tener la idea es solo el inicio, debe ser complementada con un intenso trabajo de investigación, escritura y edición, lo que rota constantemente saltando hacia atrás y adelante al ir cambiando o mejorando partes de la trama, todo para que pueda ser leída de manera más perfecta.
No esperen ser aclamados como autores de oro si solo escriben lodo. Si quieren escribir oro, pues trabajen, que para los vagos está la cama de lodo.
Gracias, ahora continúen con la historia de hoy.
.
.
.
Fantasy Fiction Estudios presenta:
.
.
.
S & S Detectives
.
.
Por el futuro de una nación
Parte 22
.
.
.
El tanque estaba hundido de punta hasta la torreta en el centro del río, entre los restos del puente convertidos en grandes fragmentos de roca alargados que apuntaban al cielo y parecían tumbas a medio hundir. Era una terrible visión apocalíptica, como una premonición del futuro que le aguardaba a Japón. Frente a los restos, en la ribera de tierra y piedrecillas, escuchando solo el murmullo de la corriente chocar contra los escombros, los rivales mantenían las espadas quietas y firmes, reflejando los rayos del sol.
Takamori Saigo había separado bien las piernas, doblándolas un poco con las canillas rectas hasta el suelo, el torso girado y los brazos alzados y atrás, tomando con ambas manos la katana, con la empuñadura a la altura de su rostro y la hoja en posición horizontal, con la ligera curvatura final apuntando al suelo. Los cabellos sueltos de su mechón se mecían delicadamente por delante de sus ojos profundos, de una oscuridad inquietante, los que se veían por encima de la hoja de la espada reflejándose en el filo.
Ranma Saotome tenía las piernas un poco menos separadas, con los brazos extendidos hacia abajo y las manos juntas en la empuñadura de la katana, la que mantenía con la hoja alzada en una conservadora postura de kendo. El cabello suelto en largos y anchos mechones que quedaron tras desarmarse la trenza, seguía desenrollándose lentamente bajo el suave toque de la brisa, haciendo que los cabellos oscuros pasaran hacia adelante por sobre sus hombros. Los mechones iban y venían cubriendo a momentos los ojos calmados, centrados en un único objetivo, azules como un poderoso mar dormido, esperando la tormenta para despertar.
—Te di la oportunidad de seguir con tu vida —dijo Saigo, sin siquiera variar la tensión en los músculos de su cuerpo—. Pudiste dejar tu destino atrás y no involucrarte más en este juego del que no entiendes nada.
—Jamás te lo pedí. Y todo eso sobre el destino, la historia, el futuro de Japón, la justicia o el secreto de la familia imperial… ¡me importan una soberana mierda!—gritó raspando la voz.
Ranma se abalanzó con los brazos caídos, bajando la katana hacia un costado, rozando con la punta el suelo. Saigo cambió la postura levantando la espada por encima de la cabeza. Ranma deslizó el pie adelantando una pierna, y lanzó un corte ascendente con la espada desde el mismo suelo. El destello del sol en la hoja pareció darle por un instante la forma de una luna creciente, que con la sola fuerza del aire abrió una pequeña zanja en la tierra.
Saigo, rápido, ya había dado un corto pero firme paso atrás, a la vez que bajó su espada en un corte descendente. Ambas espadas chocaron en el centro, con tanta fuerza y brusquedad que fueron como dos destinos embistiendo entre sí, estremeciéndose las extremidades y sintiendo que sus corazones por un momento dejaron de latir.
Los aceros forcejearon, rechinando, los brazos de los guerreros temblaban, sus ojos se encontraron a través de las espadas cruzadas. Saigo suspiró, con el rostro calmado como si el terrible forcejeo, que ya hundía sus pies en el piso, no le costara en absoluto. Cerró un momento los ojos en un prolongado parpadeo, al abrirlos reveló su decepción.
—¿Eso es todo? ¿Solo te mueve una estúpida venganza infantil? —preguntó, con un leve tono de reprimenda—. Eres más ignorante de lo pensaba sobre tu lugar en el juego de los poderosos, Ranma. ¿Es que tu madre no te enseñó nada?... Ella, ¿no te lo dijo?
—¿Decirme… qué? —preguntó Ranma, tratando de aparentar tanta calma como Saigo, a pesar de que el esfuerzo de sus brazos hacía temblar un poco sus labios.
Las espadas destellaron cuando ambos se empujaron, apartándose de un corto salto atrás. Ranma giró la katana alrededor de la mano de manera acrobática y embistió otra vez. Saigo solo bajó la empuñadura, volviendo a colocar la espada a su costado en posición horizontal apuntando hacia adelante, pero ahora a la altura de su pecho. Ranma quiso atacar, pero Takamori se le adelantó dando un paso al frente, rápido pero poderoso, hundiendo la tierra, a la vez que lanzó una estocada tan veloz como como un disparo. Ranma mostró los dientes que apretó con furia, pero sus reflejos lo hicieron reaccionar y flexionando una pierna se impulsó dando un corto salto, de apenas medio metro, justo delante de Saigo.
Ranma evitó la estocada a la vez que dio un giro en el aire, como si se tratara de un paso de baile. La espada de Saigo se deslizó por el costado del abdomen del muchacho alcanzando a rasgar la camiseta y Ranma movió la katana con una mano a la altura de su cabeza siguiendo a su cuerpo. Al terminar el giro Ranma cayó dando un rápido corte en diagonal, tomando en el último momento la espada con ambas manos para darle más fuerza. Pero Saigo consiguió, con una destreza sorprendente e inhumana, cancelar su estocada deteniéndose bruscamente, usando el mismo pie que apoyó en el suelo para empujar hacia atrás el cuerpo, exigiendo al máximo los músculos de su pierna, y jaló los brazos hacia atrás, levantando las manos por sobre su cabeza, para conseguir cruzar la katana entre su cuerpo y el ataque de Ranma.
Los sables chocaron otra vez. Ranma estaba en el aire y tanta fue la potencia de la embestida, que apenas rebotó y, sin caer, giró el cuerpo en sentido opuesto blandiendo la katana para acomodarla y lanzar un segundo corte en diagonal por el otro lado. Saigo consiguió apenas inclinar la katana, moviéndola hacia el costado, para detener el segundo corte por milímetros, evitando que mordiera su hombro. Ranma puso el primer pie en el suelo y ya había retrocedido la katana, otra vez beneficiándose del impulso del rebote, para girar en sentido contrario otra vez, doblando las piernas, agachándose, lanzando un rápido corte a ras del piso, que Saigo evadió dando un salto atrás, retrocediendo otros dos o tres pasos muy rápidos para poner distancia entre ellos, con la katana en alto de manera defensiva.
—¡Asombroso! —clamó Saigo, revelando una intensa emoción en su rostro antes siempre contenido—. Esperaba un estilo de kendo más tradicional, quizás un poco más rápido y fuerte de lo habitual abusando de tus habilidades. Pero en cambio me has dado una lección con un estilo completamente nuevo, combinando kempo con el arte de la esgrima china, complementándolo con el poderoso acero de una katana. Tu estilo es… impredecible.
—No necesito tus halagos —respondió Ranma, enfurecido pero confundido también con la actitud de su rival.
—¿No debería? —Saigo sonrió levemente, adoptando su postura de combate con el filo a la altura de sus ojos—. Después de todo lo mereces. La primera vez me sentí muy decepcionado con nuestro encuentro. Poseías fuerza y velocidad, también conocimiento, pero no había ninguna chispa en tu arte, era una mezcla de estilos conocidos, nada más, ningún atisbo de la genialidad que debería poseer el escogido de Amaterasu. Así es, no solo me decepcionaste, también me ofendiste, ¿cómo era posible que tú, tan débil, fueras un Kusanagi?
—¿Kusanagi? —preguntó Ranma, creyendo que ese tipo se estaba volviendo loco—. ¿No es ese el nombre de una espada?
—La espada del emperador no es más que un símbolo material de un antiguo pacto hecho por Amaterasu. El Kusanagi es un título, una bendición y a la vez una maldición… Un momento, ¿es que no lo sabes?, ¿tu madre no te contó nada incluso después de lo sucedido en Kioto? —Takamori abrió los ojos incrédulo, luego los cerró y suspiró—. Ahora entiendo…
—¿Entender qué? —preguntó, con cuidado, sin bajar la guardia.
Ranma sintió una repentina curiosidad, como si algo dentro de su ser le dijera que había un sentido oculto en la palabra Kusanagi, algo que iba más allá del conocimiento que había adquirido en su corta vida, pero no podía saber qué era.
Takamori Saigo lo miró un largo momento, entonces, comprendiéndolo todo, suspiró.
—Ah, Nodoka… —susurró pensando en voz alta—, ¿por qué eres tan tonta?
—Dime, ¿qué es eso del Kusanagi?
—Ah, veo que tu corazón sí lo sabe —Saigo sonrió.
Y atacó.
Ranma fue tomado por sorpresa, evitando la rápida estocada de Saigo. Trató de contraatacar, pero Saigo, tras quedar al lado de Ranma, ya había liberado una mano de la empuñadura y doblando el brazo le lanzó un rápido codazo al rostro. El joven Saotome consiguió también, con gran destreza, detener el ataque con la palma de su mano. Pero Saigo liberó su codo con un simple esfuerzo del brazo y estirándolo le dio a Ranma una bofetada con el reverso de la mano. Ranma dio un paso atrás, sorprendido y adolorido, con la sangre cayendo por la comisura sus labios, y apenas fue advertido por un rápido destello de la katana de Saigo contra el sol, que ya caía sobre su cabeza. Cruzó la katana de su madre con una mano, pero tanta era la fuerza de su rival y tan mal apoyo tenía el joven, que tras el poderoso choque y destello que dieron las espadas, malamente consiguió detener el peso, y su mano tembló, dejando que la katana de Saigo se acercara a su rostro y alcanzara a presionar sobre su hombro desnudo, provocándole un corte superficial.
Saigo estaba sobre Ranma, empujando la katana con ambas manos, y el muchacho atrapado entre sus pies mal puestos y su propia espada cruzada sobre su pecho, casi en su cuello bajo su mentón, temblando con fuerza al no poder sostenerla.
La katana de Saigo bajó otro poco abriendo la herida en el hombro de Ranma, haciendo que el muchacho mostrara los dientes y su frente se llenara de sudor. La sangre brotó y una delgada línea roja recorrió la hoja de acero de Saigo, llegando hasta la empuñadura y manchando su mano.
—¡Dime que esto no es todo lo que tienes, Kusanagi! —lo desafió Takamori Saigo, con su rostro casi sobre el de Ranma, con las katanas cruzadas entre sus cuerpos—. No me decepciones más, levántate, acepta tu destino y apodérate de él. ¡Deja de pensar solo en tus propios deseos, en la princesa que te está esperando en Tokio!... Piensa en Japón, desea a Japón, imagina el futuro de Japón, ama a la gente de Japón, ¡sueña con el destino de Japón!... Ese es tu deber y la fuerza para hacer es tu privilegio.
—No… No sé de lo… que me estás hablando…
—¿Realmente crees que Nodoka te entrenó solo para que fueras más fuerte y viril, para que cuidaras de ti mismo? —preguntó Saigo—. Dime, ¿qué madre prepararía a su hijo en artes marciales, esgrima, armas de fuego y toda clase de entrenamiento militar?... ¿Y para qué?
Los labios de Ranma temblaron. «¿Para qué» era una pregunta que él mismo se hizo muchas veces, pensando en por qué no podía tener una vida normal como el resto, siendo llevado por distintos lugares de Japón y China, primero por su padre y luego por su madre, buscando a un nuevo maestro cuando el anterior ya no tenía nada que enseñarle.
¿Por qué su madre hizo todo eso?
¿Para qué?
—Sí, Ranma, lo presientes —dijo Saigo, afectado de una forma que no había revelado jamás, como si él mismo supiera lo que el joven estaba sintiendo—. Está allí, bullendo en tus manos, haciendo temblar tus piernas, quemando tu corazón, helando tu paladar hasta que tus palabras se quiebran en tu boca. ¿No lo sientes, Ranma? ¿Tu mente no te decía a cada momento, desde que tenías memoria, que naciste para algo más importante que tu propia vida?
—Yo no… no sé de lo que hablas… —susurró Ranma, sintiendo el dolor aumentar en su hombro, a cada segundo más débil, incapaz de detener esa espada que amenazaba con arrancarle todo el brazo si la dejaba caer.
—Sí, lo sabes —continuó Saigo—. El destino no es solo una palabra para gente como nosotros, es tangible, duele como una katana en la piel…
Presionó más fuerte y la sangre brotó un poco más en la herida del hombro, arrancándole a Ranma un quejido.
—No…
Saigo sonrió de una manera aterradora.
—Sí, el destino es un sake ardiente, quema tu vientre arrancando gritos de batalla. Sí… lo sé muy bien, amas la batalla porque naciste para ella. Eres una espada, un Kusanagi. ¿Acaso no sientes que debes proteger a tu Akane a como dé lugar, no importando lo que suceda con el resto del mundo? Cuando se trata de ella, ¿no estás dispuesto a matar sin miramientos solo para protegerla?
—¿A-Akane…? ¿Acaso tú…? —Ranma abrió los ojos, sorprendido y aterrado, porque vio en el rostro de Saigo la seguridad de que adivinaba la verdad sobre Akane— ¿Tú…?
Takamori Saigo cerró los ojos, como rememorando algo importante.
—Crees haberla olvidado, pero está allí en el fondo de tus ojos —dijo—, porque la viste. Sí, la viste, lo siento, está en tu manera de luchar, en tu determinación. La viste, ella te eligió también.
—¿Ve-Verla…? ¡Ah! —exclamó Ranma.
De pronto su extraño sueño se hizo claro como un manantial. La oscuridad, la madre de Akane y luego esa otra mujer, una joven como de su edad, resplandeciente, de cabello rojo… Cómo ella lo miró. Ella lo escogió para algo.
—Sí, la viste —confirmó Saigo, y sus manos temblaron suavizando un poco la presión sobre Ranma—. Sus ojos azules como el océano del que nació, su piel es pálida como el sol del alba, su kimono está bordado en oro vivo como el sol del mediodía y su cabello rojo es intenso como el fuego, como el sol del atardecer.
—Amaterasu —pronunció Ranma, como si sus labios se hubieran movido solos.
—Tú también la viste, Ranma, y fuiste escogida por ella —dijo Saigo, y sus ojos se tornaron tristes—. También fuiste maldecido con la carga de un Kusanagi.
.
.
Continuará
.
.
Nota de autor:
Comienzan a dilucidarse extrañas revelaciones, que bien podrían crear un par de hipótesis en las cabezas más curiosas. Se responderán, no teman, siempre y cuando Ranma sobreviva. Y si no… Bien, a lo menos Akane lo conoció y durante un breve momento fue feliz, ¿no? Fufufufu… ¡Broma, es broma, bajen esas armas! Dios… XD.
Saludos a todos los que me siguen leyendo, a pesar de tantos altibajos a los que tiendo a exponerlos. Espero no sufran con el final de este fic, ya veremos. Gracias a todos y muy en especial a Azulmitla, Rokumon, Andy-Saotome-Tendo, Denisse, Rosefe-123, y mi querida Randuril.
Espero volver a tener algo de tiempo extra para escribirles una digna y merecida respuesta a sus divertidos comentarios, siempre los leo y me inspiran, y me hacen pensar muchas cosas o completar otras que ya estaban andando. El poder de la retroalimentación que existe en el fanfiction, cosa que he mencionado antes, donde capítulo a capítulo se recibe una respuesta a lo hecho, y luego eso retroalimenta a la historia, es algo único de este género que debemos apreciar y potenciar.
Nos vemos mañana, se cuidan y nada de andar poniendo bombas o disparando a gente por allí, aunque lo merezcan algunos.
.
Noham Theonaus
.
