Descargo de responsabilidad: Glee no me pertenece y tampoco me pertenece esta historia.
Capitulo intenso, están advertidas
Capítulo 35
Lunes, 29 de Octubre del 2012, 4:57 PM
Es el primer recuerdo que he tenido antes de que todo lo malo pasara. El único de antes de que mi madre muriese. Sigo sin recordar qué aspecto tenía. Es más un borrón, pero recuerdo cómo me sentía. Con ambos.
Mi padre me mira ahora, su cara completamente inundada de tristeza. Me levanto y Quinn trata de tomar mi brazo, así que miro hacia ella y sacudo la cabeza. —Está bien —le aseguro. Asiente y de mala gana me libera, permitiéndome caminar hacia mi padre. Cuando llego a él, me arrodillo en el suelo, mirando en sus ojos llenos de pesar. Estar tan cerca hace que mi cuerpo se tense y la furia en mi corazón se construya, pero sé que tengo que hacer esto sí quiero que me dé las respuestas que necesito. Necesita creer que estoy simpatizando con él.
—Estaba enferma —digo, tranquilamente—. Mi madre y yo… estábamos en mi cama y tú llegaste a casa del trabajo. Había estado conmigo toda la noche y estaba cansada, así que la dijiste que fuera a descansar un poco.
Una lágrima rueda por la mejilla de mi padre y asiente, pero imperceptiblemente.
—Me sostuviste esa noche como un padre se supone que debe sostener a su hija. Y me cantaste. Recuerdo que solías cantarme una canción sobre tu rayo de esperanza. —Me seco las lágrimas de mis ojos y sigo mirándole—. Antes de que mamá muriera… antes de que tuvieras que lidiar con ese dolor… nunca me habías hecho todas esas cosas, ¿no?
Niega con la cabeza y toca mi cara con su mano. —No, Hope. Te quería muchísimo. Lo sigo haciendo. Las quería a ti a tu madre más que a la vida misma, pero cuando ella murió… las mejores partes de mí murieron junto a ella.
Empuño mis manos, retrocediendo ligeramente ante la sensación de sus dedos en mi mejilla. Hago acopio de fuerzas, sin embargo, y de alguna manera me mantengo en calma. —Siento que tuvieras que pasar por eso —digo firmemente. Y lo hago. Recuerdo cuánto amaba a mamá, e independientemente de cómo se enfrentara a su pesar, puedo encontrarme deseando que ojala no hubiese tenido que experimentar su pérdida.
—Sé que la amabas. Lo recuerdo. Pero saberlo no hace más fácil que encuentre en mi corazón algo para perdonarte por lo que hiciste. No sé por qué lo que sea que está dentro de ti es tan diferente del interior de otras personas… hasta el punto de que te permitieras hacer lo que me hiciste. Pero a pesar de las cosas que hiciste, sé que me quieres. Y tan difícil como es admitirlo… una vez te quise, también. Amaba todas tus partes buenas.
Me levanto y doy un paso atrás, aun mirándole a los ojos. —Sé que no eres tan malo. Lo sé. Pero si me quieres como dices que haces… si amaste a mamá siquiera… entonces harás todo lo posible para ayudarme a sanar. Me lo debes, mucho. Todo lo que quiero es que seas honesto así podré irme de aquí con algo parecido a la paz. Eso es todo por lo que estoy aquí, ¿de acuerdo? Sólo quiero paz.
Está llorando ahora, asintiendo en las manos. Regreso al sofá y Quinn envuelve su brazo firmemente a mí alrededor, todavía de rodillas junto a mí. Los temblores siguen sacudiéndome el cuerpo, así que me envuelvo en mis brazos. Quinn puede sentir qué está haciéndome todo esto, por lo que desliza sus dedos por mi brazo hasta que encuentra mi meñique, luego lo sostiene. Es un gesto muy pequeño, pero no podría haber hecho nada más perfecto para llenarme con la sensación de seguridad que necesito de ella ahora mismo.
Mi padre suspira pesadamente, luego deja caer sus manos. —Cuando al principio empecé a beber… fue sólo una vez. Le hice algo a mi hermana pequeña… pero fue sólo una vez. —Alza la vista hacia mí y sus ojos siguen llenos de vergüenza—. Pasaron años antes de conocer a tu madre.
Mi corazón se rompe por su brutal honestidad, pero me rompe incluso más que de alguna manera piense que está bien que sólo haya ocurrido una vez. Me trago el nudo en mi garganta y continúo con mis preguntas. —¿Qué hay después de mí? ¿Se lo hiciste a alguien más después de mí?
Sus ojos regresan al suelo y la culpa en su comportamiento es como un puñetazo justo en mi estómago. Jadeo, conteniendo las lágrimas. —¿A quién? ¿A cuántas?
Niega con la cabeza ligeramente. —Sólo hubo una más. Dejé de beber hace un par de años y no he tocado a nadie desde entonces. —Me mira de nuevo, sus ojos desesperados y esperanzadores—. Lo juro. Sólo hubo tres y fueron en los momentos más bajos de mi vida. Cuando estoy sobrio, soy capaz de controlar mis impulsos. Es por eso que ya no bebo.
—¿Quién fue? —pregunto, queriendo que afronte la verdad por tan sólo unos minutos más antes de salir de su vida para siempre.
Ladea su cabeza hacia a la derecha. —Vivía en la casa de al lado. Se fueron cuando tenía unos diez años, así que no sé qué fue de ella. Fue hace años, Hope. No lo he hecho desde hace años y esa es la verdad. Lo juro.
Mi corazón de repente pesa. El agarre sobre mi brazo se ha ido y alzo la vista para ver a Quinn derrumbarse en pedazos ante mis ojos.
Su cara se contorsiona con una cantidad insoportable de agonía y se aleja de mí, pasándose las manos por el cabello. —Les —susurra dolorosamente—. Oh Dios, no. —Presiona la cabeza contra el marco de la puerta, fuertemente agarrando su nuca con ambas manos. Inmediatamente me levanto y camino hacia ella, colocando las manos en sus hombros, temiendo que esté a punto de explotar. Comienza a temblar y está llorando, sin hacer sonido. No sé qué hacer o decir. Sigue diciendo "no" una y otra vez, sacudiendo su cabeza. Mi corazón está rompiéndose por ella, pero no tengo ni idea de cómo ayudarle en estos momentos. Entiendo lo que quiere decir cuándo piensa que todo lo que me dice es incorrecto, porque no hay absolutamente nada que pueda decirle ahora mismo que ayude. En su lugar, presiono mi cabeza contra la suya y ella se gira un poco, acunándome en sus brazos.
La forma en que su pecho está abarrotándose, puedo sentirle tratando de mantener su ira bajo control. Sus respiraciones comienzan a venir en jadeos fuertes en un intento de calmarse. La abrazo más fuerte, con la esperanza de poder evitar que desate su furia. Por mucho que la quiera… por mucho que quiera que tome represalias físicas contra mi padre por lo que nos hizo a Les y a mí, tengo miedo, Quinn está demasiado llena de odio como para controlarse a sí misma.
Libera su agarre y lleva sus manos hasta mis hombros, empujándome lejos de ella. La mirada en sus ojos es tan oscura; inmediatamente me pone en modo defensa. Me sitúo entre ella y mi padre, no sabiendo qué más puedo hacer para evitar que ataque, pero es como si ni siquiera estuviera aquí. Cuando Quinn me mira, mira a través de mí. Puedo escuchar a mi padre levantarse detrás de mí y observo cómo los ojos de Quinn le siguen. Me giro, preparada para decirle a mi padre que salga corriendo como el diablo de la sala, cuando ella me sujeta por los brazos y me empuja fuera del camino.
Tropiezo y caigo al suelo, observando a cámara lenta cómo mi padre llega hasta el sofá y se gira, pistola en mano, apuntando directamente a Quinn. No puedo hablar. No puedo gritar. No puedo moverme. Ni siquiera puedo cerrar los ojos. Me veo obligada a mirar.
Mi padre se acerca la radio a su boca, sosteniendo la pistola firmemente en su mano con una expresión sin vida. Presiona el botón y nunca le quita los ojos de encima a Quinn mientras habla a través de ella—: Oficial herido en el 3522 de Oak Street.
Mis ojos inmediatamente se dirigen a Quinn, luego a mi padre. La radio cae de sus manos y en el suelo frente a mí. Me levanto, aún incapaz de gritar. Los derrotados ojos de mi padre caen sobre mí mientras lentamente gira el arma. —Lo siento mucho, Princesa.
El sonido explota, llenando toda la habitación. Es tan fuerte. Cierro los ojos fuertemente y me tapo los oídos, sin saber de dónde sigue viniendo el sonido. Es un sonido agudo, como un grito. Suena como una niña gritando.
Soy yo.
Estoy gritando.
Abro los ojos y veo el cuerpo sin vida de mi padre a pocos metros frente a mí. La mano de Quinn tapa mi boca y me levanta, empujándome hacia la puerta. Ni siquiera intenta alzarme. Mis talones se arrastran por la hierba y está sosteniéndome la boca con una mano y mi cintura con la otra. Cuando llegamos al coche, sigue sujetándome fuertemente, amortiguando mi grito. Mis ojos están muy abiertos y estoy sacudiendo la cabeza en negación, esperando hasta el último minuto para que simplemente se vaya si me niego a creerlo.
—Para. Necesito que dejes de gritar. Ahora mismo.
Asiento vigorosamente, de alguna manera silenciando el involuntario sonido proveniente de mi boca. Intento respirar y puedo escuchar el aire entrando y saliendo de mi nariz en rápidas corrientes. Mi pecho está abarrotado y cuando me doy cuenta de la sangre salpicada a través de un lado de la cara de Quinn, intento no gritar de nuevo.
—¿Oyes eso? —dice ella—. Son sirenas, Rach. Estarán aquí en menos de un minuto. Voy a quitar la mano y necesito que entres en el auto y estés lo más calmadamente posible porque tenemos que salir de aquí.
Asiento de nuevo y quita la mano de mi boca, luego me mete dentro del auto. Corre a su lado y sube rápidamente, luego arranca el vehículo y se lanza a la carretera. Rodeamos la esquina justo cuando dos patrullas de policía doblan la esquina en el extremo opuesto detrás de nosotras. Nos alejamos y dejo caer la cabeza entre mis rodillas, tratando de recobrar el aliento. Ni siquiera pienso en lo que acaba de suceder. No puedo. No ocurrió. No podría. Me centro en el hecho de que todo esto es una horrible pesadilla, y simplemente respiro. Respiro sólo para asegurarme de que aún sigo viva, porque seguro cómo el infierno que esto no se siente como una vida.
Lunes, 29 de Octubre del 2012, 5:29 PM
Ambas nos movemos a través de la puerta de la habitación del hotel como zombies. Ni siquiera recuerdo haber entrado desde el auto al hotel. Cuando llega a la cama, Quinn se sienta y se quita los zapatos. Yo sólo hice unos pocos pasos, me detuve en la puerta de entrada de la habitación. Tengo las manos a mis lados y mi cabeza está inclinada. Estoy mirando por la ventana de la habitación. Los paneles de las cortinas están abiertos, revelando nada más que una vista sombría del edificio de ladrillo a pocos metros de distancia del hotel. Sólo un sólido muro de ladrillo sin ventanas visibles o puertas. Sólo ladrillos.
Mirar por la ventana en la pared de ladrillo es como me siento cuando veo mi propia vida. Trato de mirar hacia el futuro, pero no puedo ver más allá de este momento. No tengo ni idea de lo que va a pasar, con quien viviré, qué pasará con Claire, si voy a informar de lo que acaba de suceder. Ni siquiera puedo aventurar una conjetura. No es más que un sólido muro entre este momento y el siguiente, sin ni siquiera una pista que se extienda a través de la pintura de aerosol.
Durante los últimos diecisiete años, mi vida ha sido más que un muro de ladrillo que separa los primeros años del resto. Un bloque sólido, que separa mi vida como Rachel, de mi vida como Hope. He oído hablar sobre la gente que de alguna manera bloquea los recuerdos traumáticos, pero siempre he pensado que tal vez era una opción. Yo, literalmente, en los últimos trece años, no he tenido una sola pista en cuanto a lo que solía ser. Sé que tenía apenas cinco años cuando me sacaron de esa vida, pero aun así, supongo que tendría unos cuantos recuerdos. Creo que el momento en que me alejé con Claire, de alguna manera tomé una decisión consciente, para una niña de esa edad, que nunca recordaría esos recuerdos. Una vez que Claire empezó a contarme historias de mi "adopción", debe haber sido fácil para mi mente entender las mentiras inofensivas que recordar mi fea verdad.
Sabía que no podría explicar en ese momento lo que mi padre me hacía, porque no estaba segura. Todo lo que sabía era que lo odiaba.
Cuando no estás segura de qué es lo que odias o por qué incluso lo odias, es difícil aferrarse a los detalles... por lo que sólo te aferras a los sentimientos. Sé que nunca me he sentido muy curiosa para profundizar la información sobre mi pasado. Nunca he tenido curiosidad por saber quién era mi padre ni por qué "me dio en adopción". Ahora sé que es porque en algún lugar de mi mente, todavía albergaba el odio y el miedo a ese hombre, por lo que sólo era más fácil levantar el muro de ladrillo y nunca mirar hacia atrás.
Todavía albergo el odio y el miedo por él, y ni siquiera puede tocarme. Todavía lo odio, y todavía estoy muerta de miedo de él y todavía estoy devastada de que esté muerto. Lo odio por inculcar cosas horribles en mi memoria y de alguna manera hacerme llorar por él en medio de todo el mal. No quiero llorar su pérdida. Quiero regocijarme en ello, pero no se trata sólo de mí.
Mi chaqueta está siendo quitada. Miro lejos de la pared de ladrillo burlándose de mí desde fuera de la ventana y giro mi cabeza para ver a Quinn de pie detrás de mí. Pone la chaqueta sobre una silla, y luego me quita la camisa salpicada de sangre. Una tristeza cruda me consume, dándome cuenta de que estoy vinculada genéticamente a la sangre sin vida que ahora cubre mi ropa y mi cara. Quinn camina frente a mí y llega hasta el botón de mis jeans y los desabotona.
Ella está en ropa interior. Ni siquiera noté que se quitó la ropa. Mis ojos viajan hasta su cara y tiene manchas de sangre en su mejilla derecha, la que fue expuesta a la cobardía de mi padre. Sus ojos son grandes, manteniéndolos enfocados en mis jeans mientras los resbala por mis piernas.
—Necesito que te los quites, nena —dice en voz baja cuando llega a mis pies. Agarro sus hombros con las manos y saco un pie de mi jean, luego el otro. Mantengo mis manos sobre sus hombros y mis ojos fijos en la sangre salpicada en su cabello. Mecánicamente extiendo mi mano y deslizo los dedos por un mechón de su cabello, y luego aparto mi mano para examinarla. Deslizo la sangre alrededor de entre mis dedos, pero es gruesa. Es más espesa de lo que la sangre debería ser.
Esto es porque no sólo es la sangre de mi padre, esto es todo sobre nosotras.
Empiezo a limpiar mis dedos con mi estómago, frenéticamente tratando de sacarlo de mí, pero sólo soy manchas por todas partes. Mi garganta se cierra y no puedo gritar. Es como los sueños que he tenido donde algo es tan aterrador, que pierdo toda capacidad de vocalizar sonidos. Quinn levanta la vista y me dan ganas de gritar y llorar, pero lo único que puedo hacer es negar con la cabeza y seguir limpiando con mis manos sobre mi cuerpo. Cuando me ve entrar en pánico, se pone de pie y me eleva en sus brazos, y luego rápidamente me lleva a la ducha. Me deja abajo en el extremo opuesto de la cabeza de la ducha, luego entra conmigo y abre el agua. Cierra la cortina de la ducha cuando el agua está caliente, entonces se vuelve hacia mí y agarra mis muñecas que todavía intentan borrar el enrojecimiento. Tira de mí hacia ella y nos lleva a ambas bajo el chorro de agua caliente. Cuando el agua me salpica en los ojos, grito y aspiro una bocanada de aire.
Ella llega hasta el borde de la bañera y agarra la barra de jabón, arrancando el envoltorio de papel empapado. Se inclina fuera de la ducha y entra de nuevo, sosteniendo una toalla. Todo mi cuerpo está temblando ahora, a pesar de que el agua está caliente. Frota el jabón y el agua en el paño, y luego lo presiona en mi mejilla.
—Shh —susurra, mirándome a mis ojos presos del pánico—. Lo estoy quitando, ¿de acuerdo?
Comienza limpiando suavemente mi cara y aprieto mi ojos con fuerza y asiento. Tengo los ojos cerrados, porque no quiero ver la toalla teñida de sangre cuando se aleje de mi cara. Envuelvo mis brazos alrededor de mí y permanezco lo más quieta posible bajo su mano, aparte de los temblores que sacuden aún mi cuerpo. Le toma varios minutos limpiar la sangre de mi cara y los brazos y el estómago. Una vez que termina esa tarea, alcanza detrás de mi cabeza y quita mi coleta.
—Mírame, Rach. —Abro los ojos y coloca los dedos suavemente sobre mi hombro—. Voy a quitarte el sujetador, ¿vale? Tengo que lavar tu cabello y no quiero que quede nada en él.
¿Qué quede algo en él?
Cuando me doy cuenta que se está refiriendo a lo que es más que probable que esté humedeciendo todo mi cabello, me entra el pánico de nuevo y tiro de las correas del sujetador hacia abajo y luego tiro del sujetador por encima de mi cabeza.
—Sácalo —le digo en voz baja y rápida, inclinando mi cabeza hacia atrás en el agua, tratando de empapar mi cabello mientras corro mis dedos por debajo del chorro—. Sólo sácalo de mí. —Mi voz suena con más pánico ahora.
Agarra mis muñecas de nuevo.
—Voy a quitarlo. Agárrate a mí y trata de relajarte. Yo lo haré.
Presiono mi cabeza contra su pecho y aprieto mi agarre a su alrededor. Puedo oler el champú mientras lo derrama en sus manos y lleva el líquido a mi cabello, extendiéndolo un poco con los dedos. Nos empuja un paso más cerca hasta donde el agua toca mi cabeza apoyada en su hombro. Masajea y restriega mi cabello, enjuagándolo varias veces. Ni siquiera le pregunto por qué sigue limpiándolo, sólo la dejo que lo enjuague tantas veces como lo necesite.
Una vez que termina, nos da la vuelta en la ducha hasta que ella está bajo el chorro de agua y corre el champú a través de su propio cabello. Libero mi agarre de alrededor de su cintura y doy la vuelta lejos de ella, sin querer sentir que algo quedara en mí otra vez. Miro hacia mi estómago y las manos y no veo ningún rastro de mi padre. Miro hacia atrás hacia Quinn y ha lavado su cara y su cuello con una toalla fresca. Me quedo de pie, mirándola quitar con calma lo que nos pasó no hace menos de una hora.
Cuando termina, abre los ojos y me mira con pesar. —Nena, acércate necesito asegurarme de que lo quité todo, ¿de acuerdo?
Me habla con tanta calma, como si estuviera tratando de no romperme. Es su voz la que me hace notar que eso es exactamente lo que está tratando de evitar. Tiene miedo de que esté a punto de romperme, o agrietarme, o volverme loca.
Me asusta que pueda tener razón, así que tomo la toalla de sus manos y me obligo a ser fuerte e inspeccionarla. Todavía hay una pequeña zona de sangre por encima de su oreja derecha, por lo que extiendo el paño y la limpio. Tiro la toalla hacia atrás y bajo la mirada a la última gota de sangre que queda en ella, entonces la pongo bajo el chorro de agua y veo como se lava.
—Todo se ha ido —le susurro. Ni siquiera estoy segura de que me estoy refiriendo a la sangre.
Quinn toma la toalla de mi mano y la arroja en el borde de la bañera. Levanto la vista hacia ella, y sus ojos son más rojos que antes y no puedo decir si está llorando, porque el agua está corriendo por su rostro en el mismo lugar en que las lágrimas lo harían. Es entonces, cuando todos los restos físicos de mi pasado son lavados, que me acuerdo de Lesslie.
Mi corazón se rompe de nuevo, esta vez por Quinn. Un sollozo escapa de mí y pongo mi mano sobre mi boca, pero mis hombros continúan sacudiéndose. Quinn me tira hacia su pecho y aprieta sus labios contra mi cabello.
—Quinn, lo siento mucho. Oh, Dios mío, lo siento mucho. —Estoy llorando y aferrándome a ella, deseando que su desesperación fuera tan fácil de lavar como la sangre. Me sujeta con tanta fuerza, que apenas puedo respirar. Pero ella lo necesita. Me necesita para sentir su dolor en este momento, al igual que yo la necesito para que sienta el mío.
Tomo cada palabra que mi padre dijo hoy e intento sacarlas fuera de mí. No quiero recordar su cara. No quiero recordar su voz. No quiero recordar lo mucho que lo odio y sobre todo no quiero recordar lo mucho que lo amaba. No hay nada como el sentimiento de culpa que sientes cuando hay espacio en tu corazón para amar el mal.
Quinn mueve una de sus manos en la parte posterior de mi cabeza y aprieta mi cara en su hombro. Su mejilla se presiona contra la cima de mi cabeza y la oigo llorar. Es silenciosa y está tratando muy duro de contenerse. Está sufriendo tanto por lo que mi padre le hizo a Lesslie, y no puedo dejar de poner algo de esa culpa en mí misma. Si yo hubiera estado ahí, él nunca habría tocado a Lesslie y nunca habría sufrido. Si nunca me hubiera subido a ese auto con Claire, Lesslie todavía podría estar viva.
Deslizo mis manos sobre los brazos de Quinn y agarro sus hombros. Levanto mi mejilla y giro mi boca hacia su cuello, besándola suavemente. —Lo siento mucho. Él nunca la habría tocado si yo...
Quinn agarra mis brazos y me empuja lejos de ella con tal fuerza que mis ojos se abren y me estremezco cuando habla. —No te atrevas a decir eso. —Libera su agarre y rápidamente lleva las manos a mi cara, me agarra con fuerza—. No quiero que te disculpes por ninguna sola cosa que ese hombre hizo. ¿Me oyes? No es tu culpa, Rachel. Júrame que nunca permitirás que un pensamiento como ese te vuelva a consumir. —Sus ojos están desesperados y llenos de lágrimas.
Asiento. —Lo juro —le digo con voz débil.
Nunca mira hacia otro lado, buscando en mis ojos la verdad. Su reacción ha dejado a mi corazón palpitando, sorprendida por lo rápido que ella aparto la culpa de mí. Me gustaría que fuera igual de rápida para apartar la culpa de sí misma, pero no lo es.
No puedo soportar la mirada de sus ojos, por lo que lanzo mis brazos alrededor de su cuello y la abrazo. Aprieta su agarre alrededor de mí y me abraza con desesperación desconsolada. La verdad acerca de Lesslie y la realidad de lo que acabamos de presenciar nos golpea, y nos aferramos la una a la otra con todo lo que tenemos. Las dos estamos permitiendo que todo escape a través de las lágrimas por lo que lloramos en los brazos de la otra. Ya terminó de tratar de ser fuerte para mí. El amor que sentía por Lesslie y la ira que siente sobre lo que le pasó está saliendo de ella.
Sé que Lesslie la necesitaría para desahogar su angustia, entonces aún no trato de consolarla con palabras. Las dos lloramos por ella ahora, porque no tuvo a nadie que llorara con ella entonces. Beso el lado de su cabeza, con las manos agarrando su cuello. Cada vez que mis labios la tocan, me sostiene un poco más fuerte. Sus labios encuentran mi piel, y pronto las dos estamos tratando de besar hasta la última gota de la angustia que ninguna de nosotras merece. Sus labios se vuelven inflexibles mientras me besa el cuello más duro y más rápido, tratando desesperadamente de encontrar una vía de escape. Se retira y me mira a los ojos, con los hombros subiendo y bajando con cada respiración que está tratando de encontrar.
En un rápido movimiento, choca sus labios con los míos con una urgencia intensa, agarrando mi pelo y mi espalda con sus manos temblorosas. Empuja mi espalda contra la pared de la ducha mientras desliza sus manos por detrás de mis muslos. Puedo sentir la desesperación saliendo de ella cuando me levanta y envuelvo las piernas alrededor de su cintura. Quiere que su dolor desaparezca, y necesita que la ayude. Al igual que yo la necesitaba anoche.
Rodeo con mis brazos su cuello, tirándola contra mí, permitiéndola consumirme por un descanso de su angustia. La dejo, porque necesito un descanso tan desesperadamente como ella en estos momentos. Quiero olvidar todo lo demás.
No quiero que esto sea nuestra vida esta noche.
Con su cuerpo presionándome contra la pared de la ducha, usa sus manos para agarrar los lados de mi cara, sosteniéndome aún mientras nuestras bocas buscan ansiosamente la de la otra por cualquier apariencia de alivio de nuestra realidad. Estoy agarrando su espalda con los brazos mientras su boca se mueve frenéticamente por mi cuello.
—Dime que esto está bien —dice sin aliento contra mi piel. Levanta su cara hacia la mía, buscando mis ojos nerviosamente mientras habla—: Dime que está bien que quiero estar dentro de ti ahora mismo... porque después de todo lo que hemos pasado hoy, se siente mal necesitarte como lo hago.
Agarro su cabello y tiro de ella más cerca, cubriendo su boca con la mía, besándola con tanta convicción que mis palabras no son ni siquiera necesarias. Gime y me separa de la pared de la ducha, y luego sale del baño a la cama conmigo todavía envuelta alrededor de ella. No está siendo suave en absoluto con la forma en la que arranca las tres últimas piezas de ropa entre nosotras y une mi boca con la suya, pero sinceramente no sé si mi corazón lo pudiera tomar suave en estos momentos.
Está en el borde de la cama, inclinada sobre mí, su boca manteniéndose en la mía. Se aparta momentáneamente para mirarme a los ojos, luego me agarra la cintura y tira de mí hacia el borde de la cama con ella. Levanta mi pierna detrás de la rodilla y la lleva hasta su lado, y luego desliza su mano debajo de mi brazo y agarra mi hombro. El momento en que sus ojos caen de nuevo en los míos, empuja sus dedos dentro de mí sin un momento de vacilación. Jadeo por la repentina fuerza de ella, sorprendida por el intenso placer que se hace cargo del destello momentáneo del dolor. Rodeo mis brazos alrededor de ella y me muevo con sus dedos, entonces me tapa la boca con la suya. Cierro los ojos y dejo que mi cabeza se hunda más profundamente en el colchón que utilizamos para que nuestro amor alivie temporalmente el odio y la desesperación.
Su mano se mueve a mi cintura y me empuja contra ella, hundiendo sus dedos más profundamente en mis caderas con cada movimiento frenético, rítmico contra mí. Agarro sus brazos y relajo mi cuerpo, permitiendo que me guíe en todo lo que le puede ayudar en estos momentos. Su boca se aparta y abre los ojos al mismo tiempo que abro los míos. Sus ojos aún están húmedos por las lágrimas, así que la suelto y llevo mis manos a su cara, tratando de calmar sus rasgos afligidos con mi toque. Sigue mirándome, pero mueve su boca hacia el interior de mi palma y la besa, luego se deja caer encima de mí, deteniéndose de repente.
Las dos estamos jadeando en busca de aire y puedo sentirla todavía necesitándome. Mantiene sus ojos fijos en los míos mientras desliza sus brazos debajo de mi espalda y tira de mí hacia ella, levantándonos a ambas. Nunca nos separamos mientras nos da la vuelta y se desliza hasta el suelo con la espalda apoyada en la cama, sosteniéndome a horcajadas sobre su regazo. Despacio me atrae para un beso. Un beso suave en esta ocasión.
La forma en que me está sosteniendo contra ella protectoramente, arrastrando besos a lo largo de mis labios y mandíbula, es casi como si fuera una Quinn diferente a la que yo tenía sólo treinta segundos antes, y aun así totalmente apasionada. Un minuto es frenética y cálida... y al siguiente es suave y persuasiva. Estoy empezando a apreciar y amar lo inesperado en ella.
Puedo sentirla queriendo que yo tome el control ahora, pero estoy nerviosa. No estoy segura de ni siquiera saber cómo. Siente mi inquietud y mueve sus manos a la cintura, poco a poco guiándome, apenas me mueve encima de ella. Me está mirando con seriedad, asegurándose de que todavía estoy aquí con ella.
Lo estoy. Estoy tan completamente aquí con ella ahora mismo que no puedo pensar en nada más.
Lleva una de sus manos a mi cara, todavía guiándome con su otra mano en mi cintura. —Sabes lo que siento por ti, mi amor —dice—. Sabes cuánto te amo. Sabes que haría lo que pudiera para quitarte tu dolor, ¿verdad?
Asiento, porque lo sé. Y mirándola a los ojos ahora mismo, viendo la cruda honestidad en ellos, sé que ha sentido esto por mí mucho antes de este momento.
—Necesito de ti muy jodidamente ahora, Rach. Necesito saber que me amas así.
Todo en ella, desde su voz a la expresión de su rostro, se convierte en tortura. Haría lo que fuera para quitarle eso. Enlazo nuestros dedos y cubro nuestros dos corazones con las manos, tomando todo el valor para mostrar lo increíblemente mucho que la amo. Me quedo mirando fijamente a sus ojos mientras me levanto ligeramente y luego lentamente introduzco mis dedos en ella.
Gime pesadamente, luego cierra los ojos e inclina la cabeza hacia atrás, dejándola caer sobre el colchón detrás de ella.
—Abre los ojos —le susurro—. Quiero que me mires.
Levanta la cabeza, mirándome con los ojos entrecerrados. Continúo tomando poco a poco el control, sin desear nada más para ella, que escuche y sienta y vea lo mucho que significa para mí. Tener el control es una sensación completamente diferente, pero es una buena idea. La forma en que me mira me hace sentir que me necesita como nunca nadie ha sido capaz de hacerme sentir. En cierto modo, me hace sentir necesaria. Como si mi sola existencia fuera necesaria para su supervivencia.
—No apartes la mirada de nuevo —le digo, su cabeza se mueve ligeramente por la intensidad de la sensación y un gemido escapa de mi garganta, pero mantiene sus torturados ojos bloqueados firmemente en los míos. Ya no necesito que me guíe, y mi cuerpo se convierte en un reflejo de su ritmo.
—La primera vez que me besaste —le digo— Ese momento cuando tus labios tocaron los míos, robaste un pedazo de mi corazón esa noche. —Sigo mi ritmo mientras me mira con fervor—. La primera vez que me dijiste que me querías, ya que todavía no estabas dispuesta a decirme que me amabas —Presiono mi mano con más fuerza y me muevo más cerca de ella, deseando que sienta cada parte de mí—. Esas palabras robaron otro pedazo de mi corazón.
Abre su mano que presiona sobre mi corazón hasta que la palma queda plana contra mi piel. Yo hago lo mismo con ella. — La noche que me enteré que era Hope, te dije que quería estar sola en mi habitación. Cuando me desperté y te vi en mi cama, me entraron ganas de llorar, Quinn. Me entraron ganas de llorar porque te necesitaba allí conmigo tan desesperadamente. Supe en ese momento que estaba enamorada de ti. Estaba enamorada de la forma en que tú me amabas. Cuando envolviste tus brazos alrededor de mí y me abrazaste, sabía que no importaba lo que pasó con mi vida, eras mi hogar. Robaste el mayor pedazo de mi corazón esa noche.
Bajo mi boca a la suya y la beso suavemente. Cierra los ojos y empieza a mover su cabeza contra la cama otra vez. —Mantenlos abiertos —susurro, alejándome de sus labios. Los abre, mirándome con una intensidad que penetra directamente a mi corazón—. Quiero que los mantengas abiertos... porque necesito que me veas darte la última pieza de mi corazón.
Suelta un suspiro enorme y es casi como si pudiera ver el dolor literalmente escapándose de ella. Sus manos se aprietan alrededor de mis hombros mientras la expresión de sus ojos instantáneamente cambia de una intensa desesperación a una necesidad ardiente. Empieza a moverse conmigo mientras mantenemos la mirada fija en la otra. Las dos poco a poco nos fundimos en una, expresando silenciosamente con nuestros cuerpos, nuestras manos y nuestros ojos lo que nuestras palabras no pueden expresar.
Permanecemos en un movimiento conectado hasta el último momento, cuando sus ojos se vuelven pesados. Deja caer su cabeza hacia atrás, consumida por los temblores que se están produciendo por su orgasmo. Cuando su frecuencia cardiaca comienza a calmarse contra mi palma y es capaz de conectar con mis ojos de nuevo, saca sus manos de mis hombros y agarra la parte de atrás de mi cabeza, besándome con una pasión implacable. Se inclina hacia adelante mientras baja mi espalda al suelo, negociando el dominio conmigo, besándome con un deseo incontrolable.
Pasamos el resto de la noche turnándonos para expresar lo que sentimos sin pronunciar una sola palabra. Cuando finalmente llegamos al punto del agotamiento, envueltas en los brazos de la otra, empiezo a quedarme dormida en una ola de incredulidad. Acabamos de entregarnos la una con la otra, en corazón y alma. Nunca pensé que alguna vez sería capaz de confiar en una persona lo suficiente como para compartir mi corazón, mucho menos entregarlo completamente. Pero aquí estoy, dándoselo todo a Quinn, mi amor.
Hola buen día. Un capitulo muy intenso, para mí fue el más fuerte de todos (y ya eso es mucho decir) por toda la ola de sentimientos que se viene encima. Quizás muchas no estén de acuerdo con el final para el padre de Rachel, quizás muchas querían que hubiese más dolor para él y pagara por las horribles cosas que hizo, pero honestamente creo que el hecho de que se haya suicidado era lo más lógico con la historia. Rachel no lo habría mandado a la cárcel, porque a pesar de todo lo amaba, porque eso incluiría contar lo que hizo Claire y porque eso la dejaría más devastada. También se pudo observar la unión impensable que tenían Lesslie y Rachel. Y por último la relación entre las chicas, simplemente hermoso. Queda un misterio más por descubrir.
Saludos
