(I Can't Get No) Satisfaction ― The Rolling Stones

Lizzy suspiró y apoyó la frente sobre la mesa de la biblioteca. Alba, a su lado, empezó a reír y negó con la cabeza.

―Casi que no te pregunto cómo llevas el plan de la tesis, ¿no?

―Tenía una sola cosa que hacer este curso. Una. Sola. Cosa. Y la he dejado, ¿cómo no?, para el último día ―contestó, sin levantar la cabeza―. ¿Qué me está pasando?

―Oh, yo lo sé.

―A ver, sorpréndeme.

―A lo mejor tiene algo que ver cierto vecino que se pasea por tu piso con una guitarra y sin camiseta, ¿no te parece?

―Muy graciosa. ―Se incorporó―. Tú vives con tu novio, es vuestro primer año viviendo juntos, y los dos tenéis ya hechos vuestros planes.

―Porque Gonzalo y yo estamos haciendo lo mismo y nos obligábamos a estudiar y trabajar el uno al otro mientras que a ti James te buscaba para retozar en pijama, ver películas y salir por ahí.

―¿Retozar en pijama?

―Sí, ¿no? No os acostáis, pero dormís juntos, os dais abracitos, hacéis piececitos… y a saber qué más.

―Eres imbécil.

―Me amas.

―Te odio, Alba del Mar.

―Me adoras ―insistió, sonriendo―. Pero no vuelvas a llamarme así.

―Es tu nombre.

―Venga, ¿qué te queda?

―Ya no mucho. Estoy con las correcciones, pero voy prácticamente a contrarreloj. Quiero presentar ya y quitarme esto de encima cuanto antes.

―Nos irá bien. ―Sonrió―. Venga, Lizzy, que dentro de nada seremos libres. Un poco al menos.

―Hasta dentro de tres años…

―Si James no te distrae.

―¡Alba!

―Es broma. ―Sonrió―. ¿Vamos a por un café?

―¿Me dejas terminar de corregir esta página?

―Claro, pero date prisa.

Lizzy asintió y volvió a centrar su atención en el portátil mientras Alba releía, desganada, el artículo que estaba escribiendo. En realidad James le caía bien (alguna vez habían ido a cenar los cuatro o había coincidido con él en el piso de Lizzy y no le parecía mal chico), pero veía que su amiga y él estaban en puntos diferentes en todos los sentidos y no sabía si conseguirían aclararse a tiempo. Ni si eso afectaría la carrera de Lizzy.


Rose entró al despacho de Astoria, con una sonrisa nerviosa. No tenían ninguna reunión programada para aquel día, ni siquiera para los próximos, pero la había llamado y le había dicho que tenía que ir de forma inmediata a verla. No sabía qué querría, pero no le daba buena espina.

―Hola, Rose. Siéntate. ¿Cómo estás?

―Bien, todo bien ―contestó la pelirroja, dejándose caer en una de las sillas―. Ya he terminado todos los informes y…

―Y lo llevas todo al día como siempre. ―La mujer sonrió―. Eres fantástica.

―Solo hago mi trabajo.

―Bueno, pero no te he llamado para hablar de trabajo.

―¿Ah, no? ―Un escalofrío la recorrió de arriba abajo. Aquello le daba mala espina.

―No.

Rose tragó saliva. No quería hablar de su relación con Scorpius con su jefa. No podía hacer aquello. Sería la confirmación de que estaba allí solo por eso y no sabía si podría soportarlo.

―¿Entonces?

―Vacaciones.

―¿Eh?

―Que te doy vacaciones. Ahora tengo la agenda un poco más despejada y has estado trabajando muchísimo así que tienes dos semanas libres.

―¿En serio? ―Abrió mucho los ojos, sorprendida y aliviada a partes iguales. No se había esperado aquello.

―Claro. Sal por ahí, visita alguna exposición o vete a casa. Seguro que tus padres te echan de menos.

―Sí, mi padre siempre lo hace. ―Sonrió―. Muchas gracias, Astoria.

―Mándame por correo los últimos informes y no vengas hasta dentro de dos semanas, ¿de acuerdo? ―Le devolvió la sonrisa―. Intentaremos sobrevivir sin ti.

―Lo conseguiréis, estoy segura.

Se levantó y, tras darle las gracias una última vez, salió del despacho.

―¿Y esa sonrisa? ―Le preguntó Scorpius desde su mesa.

―Mañana estaré oficialmente de vacaciones.

―¿En serio? ―La miró con las cejas enarcadas―. ¡Menuda cara!

―Un premio por la fiesta. ―Le guiñó el ojo y señaló su despacho―. ¿Entras y hablamos? Creo que tenemos algunas cosas que comentar.

―Sí. ―Asintió y suspiró―. Hablemos.

Los dos entraron al despacho de la pelirroja, en silencio. Rose se sentó en el escritorio y él se apoyó en la pared, junto a la puerta, sin saber muy bien por dónde empezar.

―A ver, entre nosotros han pasado… cosas ―empezó ella, tras unos instantes de silencio.

―Varias veces, sí.

―¿Y esto nos lleva a alguna parte o…?

―¿O qué? ―Preguntó él, enarcando una ceja.

―No lo sé. Nunca he hecho esto. ―Rose suspiró―. Pónmelo un poco más fácil, Scorpius. Empieza tú.

―Vale, a ver, esto es un poco confuso porque cuando te conocí no te soportaba porque creía que eras insufrible, pero luego me di cuenta de que en realidad no eres así y… no sé. Hemos empezado a entendernos, ¿no?

―¡Exacto! Es justo eso. ―Ella asintió―. No te soportaba porque me parecías un niñato estúpido y egoísta, pero poco a poco he ido descubriendo que eres más que eso. Pero es confuso porque siento… cosas. Cosas que se mezclan.

―¿Y crees que esas cosas que se mezclan pueden llevarnos a algún sitio? ―Se acercó a ella y se apoyó también en el escritorio.

―¿Crees que podemos encontrar un punto intermedio entre tú y yo? Un punto intermedio en el que no estemos desnudos ―puntualizó Rose, conteniendo una sonrisa a duras penas.

―Yo creo que sí. ―Se encogió de hombros―. Tenemos nuestras cosas. Somos cabezotas.

―Y orgullosos.

―Y nos gusta llevar la voz cantante a ambos.

―Y que lo digas.

―Pero… ―Scorpius suspiró―. Yo creo que podemos conseguirlo.

―¿Y qué propones? ―Apoyó la cabeza en su hombro y sonrió.

―Intentarlo y ver qué tal nos va.

―¿Así de fácil?

―No creo que vaya a ser tan fácil, ¿no?

―No. ―Rose levantó la cabeza y lo besó―. ¿Quieres cenar esta noche? Pero nada de sitios caros, ni cosas de esas que nos conocemos. Se acabaron los vestidos de marca y, aunque me duela, los coches caros. Quiero ser yo. Quiero poder ser yo misma y no esa versión que me obligan a ser aquí.

―Bueno, yo tampoco puedo ser quien no soy, ¿no? Pero ya se nos ocurrirá algo intermedio. Déjame pensar. ―Enarcó una ceja―. Estoy seguro de que puedo sorprenderte.

―Eso espero.

Ambos sonrieron y se besaron. Y justo entonces la puerta se abrió.

―Oye, chicos, que…

Theo se quedó en la puerta, con la mano en el pomo y los ojos muy abiertos. ¿Pero qué…?

―¡Theo!

―Me voy.

Cerró la puerta y dio la vuelta rápidamente, pero, antes de poder alejarse, una mano se aferró a su camisa y lo metió de un tirón de nuevo en el despacho.

―Auch, Rose, qué fuerza tienes ―protestó cuando ella lo soltó.

―No puedes decir ni una palabra de esto ―le dijo antes de que pudiera preguntar nada.

―Y dale… ―Scorpius bufó―. Parece que te da vergüenza salir conmigo.

―No me da vergüenza, pero tampoco quiero ir pregonándolo por ahí tan pronto.

―¿Entonces estáis saliendo? ―Theo los miró con los ojos muy abiertos―. ¡No podéis esperar que me calle algo así!

―Pues lo vas a hacer y punto ―insistió la chica―. Ya lo sabe demasiada gente.

―¿Quién más? ―Frunció el ceño.

―Tu hermana, que nos pilló en la cama en la fiesta.

―¡¿Os acostasteis en la fiesta y Daphne no me lo ha contado?!

―A ti no, pero a tus tíos sí. ―Rose puso los ojos en blanco―. O eso creemos.

―Mi padre le abrió el garaje para que cogiera el coche que quisiera.

―Vale, sí, eso es que lo saben. ―Theo sonrió―. ¡Qué fuerte! Pues pienso decírselo a Lily.

―Mi prima es una bocazas. ¡Todo el mundo se enterará!

―Pero no puedo no decírselo. Es mi…

―¿Es «tu qué»? ―Su primo enarcó una ceja.

―¿Sabéis qué? Voy a irme a mi mesa, a hacer cosas, y no vamos a hablar de esto hasta que tengáis claro si queréis que la gente lo sepa o no. ¿De acuerdo?

―Nos vemos luego, Theo. ―Rose se puso de puntillas y le dio un beso en la mejilla.

―Si ya sabía yo que esto no iba a terminar bien…

Suspiró y se marchó y Scorpius se quedó mirando fijamente a Rose.

―¿Qué?

―¿Nos escapamos?

―Estamos trabajando. ―La pelirroja rió―. Vete a tu mesa y piensa en cómo vas a sorprenderme esta noche, anda. Yo tengo que terminar unas cosas antes de irme de vacaciones.

―Mandona.

Puso los ojos en blanco, pero se acercó y la besó una última vez antes de marcharse, cerrando la puerta del despacho con cuidado. Rose suspiró y volvió a su mesa, aunque una llamada de teléfono la sacó en seguida de su ordenador.

―No será posible. ―Negó con la cabeza y contestó―. Lils, me pillas trabajando, ¿qué…?

―¡¿Estás acostándote con Scorpius y no me lo cuentas?!

Tuvo que contener un pequeño grito. Iba a matar a Theo.


James bostezó y siguió marcando con los dedos el ritmo de aquella canción de los Rolling Stones. No había vendido ni un seguro aquel día. Bueno, ni aquel ni ninguno de los anteriores. En todo el mes de mayo solo había vendido dos y sabía lo que aquello significaba: iban a despedirlo. Y no tenía ningún plan b.

―¡Bien, otro!

Puso los ojos en blanco al escuchar a la chica que se sentaba a su lado. No sabía cómo lo hacía, pero era la mejor vendedora, pero, por desgracia, no podía preguntárselo porque, en sus primeros días en la empresa (ambos empezaron al mismo tiempo, hacía un año), se acostaron y todo salió espantosamente mal. Nieves fue la primera chica con la que se acostó después de lo de Lizzy y no fue su mejor decisión, la verdad. Desde aquel día no habían vuelto a dirigirse la palabra. Excepto para criticarse e insultarse, claro está.

Suspiró e intentó una última llamada. A lo mejor aquella era la buena.

―¿Sí?

―Hola, buenas tardes. Mi nombre es James Potter y llamo de Neptuno Seguros. ¿Tiene…?

―Lo siento, no estoy interesada ―contestó la chica al otro lado de la línea.

―Oh, vale. Perdone las molestias. Que pase una buena tarde.

―Igualmente. Adiós.

Colgó y volvió a suspirar. A lo mejor su problema era que no sabía insistir. A él no le gustaba que le molestaran así que ¿cómo iba a hacerlo? No quería incordiar a nadie, ni obligarle a contratar un seguro que no quería.

―James.

Levantó la cabeza y se quitó los auriculares. Su jefe lo miraba desde el principio del pasillo con cara de pocos amigos.

―¿Sí?

Se levantó y se acercó a él, con su mejor sonrisa. Ya había conseguido una vez que no lo echara, podía volver a conseguirlo. O eso se empeñaba en creer mientras repasaba mentalmente cuánto tenía ahorrado en la cuenta y cuánto podría pedirles a sus padres sin parecer un caradura mientras encontraba otro trabajo.

―Mañana a primera hora pásate por mi despacho. Tenemos que hablar.

―Mañana quiero hacer una campaña intensiva a ver si…

―Esa campaña debiste empezarla hace meses, no ahora. ―Negó con la cabeza―. Ya sabes cómo va esto.

―Por favor, yo…

―Mañana a primera hora hablamos ―lo cortó―. Mi jornada ya ha acabado así que me voy a casa y, como tu turno está a punto de acabar, deduzco que tú también te marcharás.

―Claro… ―Suspiró―. Mañana a primera hora hablaremos.

El hombre se marchó y él volvió a su cubículo y recogió sus cosas.

―¿Problemas con el jefe?

Se giró al escuchar a Nieves, que también había empezado a recoger sus cosas y, al parecer, se había dado cuenta de lo que pasaba.

―¿A ti qué te importa? ―Replicó, molesto.

―Nada, pero me alegrará no tener que verte todos los días, ¿sabes?

―Echamos un polvo una vez y la cosa no fue bien. ¿Tanto rencor me guardas?

―No: nos acostamos y tú estuviste ausente todo el tiempo. Como si no estuviera allí, como si fuera solo… un objeto con el que satisfacerte ―replicó―. Nunca me había sentido tan usada.

―Esa nunca fue mi intención, yo…

―Solo te digo que pobre de la chica que se enamore de ti porque vas a hacerle daño a la pobre incauta.

Se colgó su bolso y se marchó y James suspiró. La verdad era que aquella no había sido su mejor noche. Recordaba intentar no pensar en Lizzy, intentar olvidarla. Recordaba la sensación de vacío que lo invadió y que parecía envolverlo todo. No había sido justo con Nieves.

Terminó de recoger sus cosas, salió y se montó en la moto. No tardó en llegar al piso. Entró y se tiró en el sofá. Quiso llamar a Lizzy y proponerle algún plan, pero sabía que estaba muy liada con la tesis y que lo mejor sería no molestarla.

Mr. Knightley maulló y se subió al sofá y él sonrió levemente.

―¿Tú también estás cansado, pequeñajo? A lo mejor tenemos que buscarnos una casa nueva, ¿sabes? ―Suspiró―. No puedo dejarte con mamá porque su casera no la deja tener animales en casa y, entre tú y yo, porque ya no podría vivir sin ti. Sobreviviremos sin ella. O eso espero.

El gato volvió a maullar y él lo acarició.

―Pero no te preocupes que vendremos a visitarla todos los días, ¿vale? No nos dará tiempo a echarla de menos.

Volvió a acariciarlo y suspiró. Al menos eso esperaba.


Hola :)

Pues subo el capítulo hoy en vez de ayer porque esta historia cumple un añito :) ¡Y menudo añito! Ay, estos chicos...

Por cierto, hay un pequeño (gran) guiño a mi amiga Mar en este capítulo porque le dije que la conversación de Lizzy y Alba le recordaba a nosotras y me está obligando a llamarla "Alba del Mar" y a que su novio se llame Gonzalo (como el suyo xD).

Y, bueno, parece que al final todo el mundo va a enterarse de lo de Rose y Scorpius (aunque menos mal que Astoria está actuando como si nada) y James... Ay :( Pobrecillo :(

Espero que os haya gustado y nos leemos la semana que viene.

Un beso enorme y gracias por compartir esta locura de historia conmigo,

María :)