Disclaimer: Inu Yasha pertenece a Rumiko Takahashi

"EL CASTIGO"

Por C. Weller chan

Capítulo 35

El Turno de las Bellas Damas

- Disculpen la espera. Sus pedidos están listos – Kagome depositaba los platitos con rebanadas de diferentes tartas y pasteles en la mesita. Junto a ella, Shippo, haciendo un esfuerzo, descargaba su propia bandeja con las tazas llenas de infusiones y cafés de distintos sabores. Ayudado por la chica, el niño suspiró aliviado de evitar confusiones sobre donde dejar las tazas, ya que eran bastantes. Luego de terminar de servir, Kagome y el menor de los Houshi hicieron una reverencia para retirarse – Si desean algo más, por favor no duden en solicitarlo. Con permiso – ella y Shippo se acercaron a la barra para dejar las bandejas y continuar mirando (¡discretamente por supuesto, no era tampoco para incomodar a las clientes!) el fascinante espectáculo, que desde hacía poco menos de media hora, se venía ofreciendo en los famosos sillones no muy grandes del café.

Haciendo referencia a las estadísticas y conteos que Sango hacía cada noche del servicio de acompañamiento al terminar la jornada de trabajo, podría decirse que las posiciones se encontraban muy reñidas entre tres de los chicos que prácticamente todo el tiempo, de acuerdo al promedio, se encontraban ocupados haciendo el plus.

En teoría, el segundo lugar se lo disputaban fieramente Sesshomaru y Naraku. Ambos se habían ganado toda una legión de fieles admiradoras desde la reinauguración del café y por supuesto, esa cantidad se incrementaba día a día. Con sus maneras regias, corteses e indiferentes, las chicas y mujeres que solicitaban sus servicios terminaban seducidas con su actitud, de modo que en determinado momento, no fue raro verlas regresar una y otra vez a lo largo de la semana que llevaba reabierto el negocio.

Sin embargo, quien se llevaba la presea del primer lugar era indudablemente Miroku. El joven de ojos violetas no sólo tenía una lista enorme de clientes en espera todos los días, sino que, era tal su destreza y aptitud para desempeñar el servicio de acompañante, que era capaz de atender a varias clientes a la vez sin importar el número, como en ese preciso momento.

Desde su posición junto a la barra, Kagome alcanzaba a escuchar las risitas nerviosas y los comentarios jocosos y hasta atrevidos de las comensales, que amontonadas en los sillones y sillas y divertidas con la atención, no paraban de coquetear y dejarse querer por el mayor de los Houshi, quien demostrando una disposición amable, galante y conquistadora, lograba sonrojar y entretener a todas y cada una de las chicas que se encontraban con él.

- … así que chicas, luego de escuchar mi triste historia, ¿alguna de ustedes desearía ser la madre de mi hijo? – risitas tímidas y comentarios como: "¡eres un tontito!" u "¡oh Miroku! ¿cómo nos dices esas cosas?" eran las contestaciones a la solicitud del apuesto chico. Kagome no sabía si reírse de las tácticas de Miroku o aplaudirlas, puesto que las jovencitas estaban completamente bajo el hechizo del muchacho.

Suspirando, Kagome miró de reojo hacia su derecha. Con una mirada fija en sus notas y la faz un poco sonrojada, Sango trataba denodadamente de no voltear los ojos hacia donde Miroku realizaba el servicio. La jovencita Higurashi no podía menos que sentirse apenada por su amiga, puesto que desde el primer momento había sido obvio (al menos para ella), que ser testigo del encanto que el de ojos violetas desplegaba con otras chicas era una auténtica tortura para la de coleta.

A pesar de sus evidentes celos, Sango había logrado ganarse el respeto absoluto de Kagome. Haciendo gala de una dignidad y un temple pocas veces visto, la administradora no sólo consiguió reprimir su difícil carácter, sino que su actitud hacia Miroku era totalmente profesional, de compañeros de trabajo; ninguna recriminación, insinuación o frase acusadora había salido de los labios femeninos. Una auténtica proeza para Sango.

Pero eso no impedía que con cada risita o halago de parte de alguna comensal hacia el chico, la jovencita sintiera como si su hígado se retorciera, según apreciaba Kagome.

Tratando de aligerar las cosas, la pelinegra se acercó a la administradora. Tal vez podría distraerla de la escena de junto a la ventana hasta que terminara…

- Sango, ¿podrías ayudarme a lavar los platos? – con el ceño fruncido y los labios apretados, Sango volteó hacia Kagome. Tras un momento de titubeo, la aludida asintió con la cabeza y dejando sus notas sobre de la barra, dieron un par de pasos para dirigirse a la cocineta, cuando la campanilla de la puerta del local se dejó escuchar. - ¡Abuelito Totosai! – exclamó Kagome encantada. El recién llegado, con su infaltable cigarrillo en la boca y su enorme mandil con retazos e hilos en las bolsas, se acercó directo a donde se encontraban las jovencitas.

- ¡Ah, Kagome, ustedes son justo a quienes venía a buscar! – dijo el anciano con una semi-sonrisa. Naraku, que se encontraba cerca, preguntó:

- ¿Qué pasa Totosai? ¿Algún problema con lo que falta? – el sastre exhaló el humo del pitillo y mirando al par de chicas con sus grandes y penetrantes ojos, respondió:

- He terminado sus uniformes, niñas. Vengan conmigo – sin ninguna otra ceremonia, el herrero dio la vuelta sobre sí mismo y salió del local como había venido. Las chicas miraron a Naraku, que sólo dijo: "vayan con él" para luego de intercambiar miradas, seguir al anciano hasta la sastrería. El viejo ya hasta había entrado en ella, de modo que cuando las chicas hicieron lo propio, lo primero que vieron fueron un par de maniquíes portando sus nuevos uniformes.

- ¡Qué bonitos! –

- ¡Son tan hermosos! – exclamaron encantadas y sonrojadas de contento.

Con una sonrisa regocijada, el herrero ordenó:

- ¿Y qué están esperando? ¡Pónganselos! –


Inu Yasha miraba distraído por la ventana en lo que apilaba la vajilla usada en la charola. El local se encontraba silencioso luego de que las clientes de Miroku se retiraron hacía un par de minutos y por el momento, ningún otro comensal se encontraba en el café.

Suspirando y un poco desanimado desde hacía unos días, el menor de los Taisho se dirigió hacia la barra para dejar la carga, cuando la campanilla se dejó oír.

- Buenas no… - antes de poder terminar el saludo, una llamarada de calor recorrió de pies a cabeza el cuerpo del chico. Sonrojado, tembloroso y muy nervioso, Inu Yasha miró la aparición frente a sus ojos.

- ¡Kagome, qué bonita te ves! – exclamó Shippo desde algún lugar abajo a su derecha.

- ¡Hermana, te ves muy bien! – dijo admirado Kohaku desde su izquierda. De repente, todos los castigados habían formado un corro mientas los pequeños lanzaban piropos a diestra y siniestra. Inclusive Naraku y Sesshomaru no podían disimular su sonrojo y admiración por la imagen.

Frente a ellos estaban Kagome y Sango con sus nuevos uniformes. Hermosas, la vestimenta no hacía más que acentuar lo preciosa que era cada una.

El uniforme de Sango era igual al de los chicos, con la variante de que en lugar de pantalón, una minifalda que estaba por arriba de las rodillas unos diez dedos lograba que sus largas y torneadas piernas, enfundadas en medias negras y zapatos de tacón alto, lucieran espectaculares. El chaleco y el corbatín, lejos de darle una apariencia masculina como a los chicos, lograba delinear su fina figura delicadamente. Un auténtico bombón.

Pero para Inu Yasha, Kagome era la más linda. Siguiendo las indicaciones de Miroku, Totosai había hecho una obra de arte. El uniforme de la pelinegra era de una mesera francesa, así que combinando el negro, blanco y verde muy obscuro, el vestido de Kagome daba la impresión de que la seducción y la inocencia iban de la mano. Una cofiezuela blanca con listón verde para amarrarla como diadema adornaba su cabeza, como complemento para su cabello largo suelto. El vestido podría calificarse de recatado, sin embargo en una observación más detallada lo que en realidad hacía era resaltar ciertos puntos específicos de la anatomía femínea. Las mangas eran largas, negras, de hombros abombados y puños terminados en blanco con puntillas en las orillas. El cuello era como las camisas de los chicos, pegado a los hombros abombados y un lacito verde con forma de moño, sin embargo, dejaba las clavículas y más abajo descubierto. Un drapeado blanco cubría el pecho, que a causa de la abundancia de la tela, hacía que los senos parecieran una talla más grande de lo que en realidad eran. Además, un corsé verde oscuro cosido que abarcaba desde debajo de los pechos hasta la cintura resaltaba la figura. El delantal era blanco, con encaje alrededor igual al de los puños, sólo que más grande. La falda negra era ampona, llegando por debajo de las rodillas y rematada con un fondo de encaje que coquetamente se asomaba del dobladillo. Medias negras y botitas con agujetas de tacón mediano de aguja que llegaban por arriba del tobillo completaban el atuendo. Un ángel en traje de mesera.

Embobados, hasta el parlanchín de Miroku se quedó sin palabras desde el principio. Las chicas miraban a los hombres ruborizadas, puesto que las miradas que las recorrían de arriba abajo no se detenían.

Inu Yasha sentía su corazón latir fuertemente en sus oídos. ¡Demonios! ¿Por qué Miroku había diseñado algo como eso? ¡Se veía tan bonita!

La campanilla se dejó escuchar una vez más, pero a causa de la fuerza del encanto, ninguno de los chicos reaccionó ante el hecho, hasta que otra voz masculina se escuchó en el local fuertemente:

- ¿Kagome? ¿Eres Kagome Higurashi? - aún atontados, los chicos alzaron la mirada hacia donde la voz provenía. Dos hombres jóvenes como de veinte años estaban en la puerta mirando fijamente a las chicas. Kagome volteó al escuchar su nombre y con un tono festivo, respondió:

- ¡Joven Hojo, tanto tiempo sin verlo! ¿Qué anda haciendo por aquí? – el aludido, de cabello castaño claro corto, alto como Sesshomaru, delgado, además de un rostro atrayente, sonrió un tanto apenado para contestar:

- Estaba justo enfrente cuando te vi salir así de la sastrería del maestro Totosai. Como tenía la duda de que si realmente eras tú, vine a cerciorarme – Kagome se acercó sonriente al invitado.

- Este es el café donde trabajo, joven Hojo. Y este es mi uniforme – explicó con sencillez la chica, extendiendo un poco la falda para mostrársela. El tal Hojo la recorrió apreciativamente, haciendo a los castigados refunfuñar, sobre todo a Inu Yasha. – Buenas noches. ¿Es usted amigo del joven Hojo? – preguntó Kagome con educación al otro muchacho, que animado, respondió educado:

- Buenas noches. Efectivamente, soy compañero de clases de Hojo. Mi nombre es Kuranosuke Takeda – el compañero de Hojo era también bien parecido, según notó Inu Yasha. Tan alto como su amigo, de cabello oscuro largo amarrado en una coleta alta y un par de mechoncitos cayendo en su frente, el menor de los Taisho observó que la ropa que llevaba el compañero era de buena calidad.

Kagome se dirigió entonces a sus jefes:

- Chicos, él es Akitoki Hojo. Es un vecino que vive cerca de mi casa. El año pasado ingresó a la universidad. Me ha sorprendido, porque ya casi no nos vemos –

- Tu padre me había contado que trabajabas aquí – le comentó Hojo, con una sonrisa amable. – También mencionó algo sobre un servicio de acompañamiento – Kagome asintió. Los castigados continuaban sin pronunciar ni una sola palabra, mirando con rencor a los jóvenes intrusos.

- Así es. Por ciertos paquetes que ofrecemos, alguien podría hacerle compañía por unos minutos – la mirada de Hojo chisporroteó una fracción de segundo. Inu Yasha se sintió incómodo inmediatamente. ¿Ese tonto pretendía…?

- ¿De modo que cualquier persona puede solicitar el servicio y a quien desee para acompañarlo? - ante la afirmación de la chica, los dos jóvenes recién llegados intercambiaron miradas. - ¿Te gustaría probar, Takeda? – el otro joven, mirando a Sango fijamente, asintió con firmeza.

- Sería un placer, Hojo – con una sonrisa y un tono que no le gustaron nada a Inu Yasha, el tal Hojo pronunció las palabras que el menor de los Taisho menos deseaba escuchar:

- Entonces Kagome, nos gustaría que tú y esta linda señorita nos hicieran el honor de acompañarnos unos momentos… -


Final del capítulo 35

Continuará…


Comentario de la autora: ¡Eeeeeh! ¡Lo logré! ¡El episodio más largo que he escrito hasta ahora! ¡Viva! Pero debo ser sincera, tenía muuuuchas ganas de escribir este capítulo en específico, jejejeje; sólo espero que no me haya salido tan mal n.n X 10; pero por favor no se acostumbren, porque dudo que otra actualización vuelva a salir con la misma extensión u.u X 20.

Bueno, pasando a los personajes nuevos, creo que Hojo no necesita presentación, sólo enfatizaré que es de mayor edad que Kagome, jujuju. Takeda Kuranosuke es el hijo del terrateniente que, enamorado de Sango desde que era un niño, solicita sus servicios como exterminadora para que elimine al oso-demonio que ha asolado su castillo por mucho tiempo; situación que Kagome desea aprovechar para que Miroku por fin clarifique su sentir por Sango.


Reviews:

Taniiah: El gran defecto de Inu Yasha es su carácter tan explosivo e impaciente, así que no es de extrañar que reaccione con violencia ante ciertas situaciones. Pero te aseguro algo: en este fic no volverá a golpear a nadie. Muchas gracias por tu comentario.

ziitah-TxE-: Kohaku siempre me ha parecido un personaje muy noble (¡a pesar de que Naraku lo obliga a hacer cosas impensables!). Creo que ya había mencionado que es uno de mis favoritos ;p El servicio de acompañamiento está ampliándose, aunque a algunos no les guste, jejeje. Gracias por tu review.

AllySan: Como habrás leído en este episodio, la idea funciona demasiado bien para la opinión de los chicos, jajajaja. Gracias por tu review.

Hidari Kiyota: Uno de los aspectos que nunca me ha gustado de la relación de Shippo e Inu Yasha es precisamente la violencia, por eso decidí omitirla en el fic; pero el carácter del buen Inu a veces es demasiado para él, por eso reacciona sin pensar. Gracias por tu comentario y cuídate tú también.

Shirabe Hikeda: Recuerdo bien que en el capítulo 6 incluiste "El Castigo" a tu lista de favoritos y alertas. Te vuelvo a agradecer por ello. Gracias por tus felicitaciones y por tus bonitas palabras; me da gusto que encuentres este fic entretenido. Muchas gracias por tus comentarios y tu review.

wiiixx: No volverá a pasar, aunque lo tuve que escribir porque tiene un propósito. Gracias por tu review.

PorLasNubes: Me siento honrada jijiji. Muchas gracias por todas y cada una de tus palabras, me llenan de ánimo. Gracias por tu review y por incluirme en tus alertas de autor.

Gracias a todas y todos por su tiempo y sus visitas. Tengan una semana bonita y tranquila. Nos leeremos después.

C. Weller chan