Martes, 12 de diciembre

Presiono mi cuerpo firmemente contra el suyo

Esta noche tenemos consejería de parejas otra vez. Intenté librarme de ello más temprano. Sollocé y le dije a Edward que tal vez me encontraba demasiado enferma para ir. Dijo lo mismo que mis padres solían decir cuando quería quedarme en casa sin ir al colegio los viernes. Si estás demasiado enferma para ir, estás demasiado enferma para salir esta noche.

Tenía muchas ganas de salir, así que aquí estoy.

Mientras caminamos por el pasillo hacia el despacho del Pastor, le digo a Edward—: Hablé con Amy antes. ¿Puedes creer que en exactamente un mes estaremos en el ensayo de nuestra boda?

Edward desliza sus brazos alrededor de mi cintura, me empuja suavemente contra la pared fuera de la oficina del Pastor, y me besa. —No puede llegar lo suficientemente pronto.

Pongo mis manos dentro de su abrigo, aprieto sus costados y presiono mi cuerpo totalmente contra el suyo.

Puede hacer que le quiera con sólo un beso.

Sus manos se deslizan bajo la parte trasera de mi camisa. Lo juro, sus manos se sienten como fuego en mi piel.

Estoy a punto de decir: Te necesitan en el baño doctor. ¡Ahora mismo!

—¡Ejem!

Separo mis labios de Edward y veo al Pastor de pie dentro de la puerta de su oficina. No había oído abrir la puerta. Creo que mi sentido del tacto está tan abrumado cuando Edward me besa que el resto de mis sentidos no funcionan correctamente.

—¿Pasa? —le digo con un asentimiento de cabeza.

Oh. Dios. Mío.

Soy increíblemente tonta.

¿Quién le dice "pasa" a un pastor? Creo que la sangre que normalmente? fluye hacia mi cerebro está ahora congregada en otras partes de mi cuerpo. Mi padre me dijo una vez que los chicos piensan con sus penes. Dijo que es porque la sangre fluye allí y no en su cerebro. Yo me mortifiqué a fondo por ese comentario, pero ahora estoy pensando que no sucede sólo con los varones.

Mis entrañas están latiendo con deseo. Y ahora que el Pastor nos ha visto, no puedo tirar de Edward hacia el baño para un rapidito pre-consejería, como consideré.

¡Maldita sea!

Edward y yo nos sentamos en las estúpidas sillas a cuadros. Edward me mira con esos ojos. Recuerdo cuando Emmett y Rosalie se miraban el uno al otro con esos ojos. Como si tuvieran un secreto que nadie más sabía excepto ellos. Recuerdo haberme preguntado si alguna vez podría mirar a Edward de esa manera. No puedo ver mis ojos, pero los suyos definitivamente tienen esa mirada. Tengo la sensación de que hoy nos vamos a saltar el Martes de Tacos.

El Pastor tamborilea un bolígrafo con fuerza contra su mesa. Yo miro los ojos de Edward y no le presto atención.

El Pastor dice—: Así que esta noche vamos a hablar de sexo.

Oh, genial. Como si mi mente no se estuviese consumiendo ya con pensamientos de sexo. He estado calculando mentalmente cuantos minutos van a pasar antes de que pueda atacar a Edward. Cuantos minutos más hasta que pueda desnudarlo. Cuantos minutos hasta que pueda hacerle…?

La voz rasposa del Pastor interrumpe lo que iba a ser un sueño diurno muy caliente. —Estoy seguro que es difícil de creer esto en esta etapa de vuestra relación, pero muchas parejas pelean por el sexo.

Antes de poder evitar que salga por mi boca, estúpidamente digo—: ¿Lo hacen?

No quiero hablar de esto.

Sólo quiero ir a casa ahora y hacerlo.

Edward se quita el abrigo. Tiene puesta una camiseta Abercrombie térmica de manga larga en color crema que parece estar perdiendo la batalla por contener sus músculos.

Me imagino rasgándole la camisa, dejando a esos músculos ser libres para vagar salvajemente sobre mi cuerpo.

El Pastor sigue hablando—: Sí, Bella, lo hacen. Muchas parejas pasan una etapa de luna de miel. Cuando parece que el sexo es todo lo que importa. Hay mucho deseo, pero al final las cosas se van enfriando.

Enserio, no puedo imaginar que las cosas se enfríen entre Edward y yo. Pero entonces recuerdo lo que dijo su hermana el otro día. Han estado casados sólo unos pocos años, y creo que se han enfriado.

—¿Por lo general cuándo pasa eso? Creo que la hermana de Edward podría estar pasando por eso ahora mismo.

Edward gime. —No quiero oír hablar de la vida sexual de mi hermana.

Es mejor que hablar de nuestra vida sexual, creo yo.

El pastor dice—: Varía con cada pareja. Lo importante es que sean capaces de hablar sobre sexo.

—¿No sería mejor simplemente hacerlo? —pregunto. —Quiero decir, ¿no lo sería?

—Bueno, por supuesto, pero a medida que crece su matrimonio, tendrán tensiones adicionales. Tiempo, dinero, autoestima, niños, y todo en su relación tendrá efecto en su vida sexual.

—Pero si amas a alguien, ¿no lo querrías siempre? —lo pregunto porque esto me ha estado molestando. En serio, me moriría si alguna vez Edward me rechazara.

Probablemente me divorciaría de él.

Quiero decir que si no te quieren, ¿por qué molestarse en seguir casados?

—No es tan simple, Bella. Imagina, si puedes, que un día Edward llega a casa una noche y está cansado por el trabajo. Tú has estado en casa todo el día con los niños y también estás cansada. Él todavía tiene que salir a cortar el césped, y tú todavía tienes que bañar a los niños y acostarlos. Para cuando cenan, hacen sus tareas y acuestan a los niños, ¿crees que querrás tener sexo? ¿O sólo querrás dormir?

Aparte del hecho de que su ejemplo está plagado de cosas estereotipadas y machistas, entiendo lo que dice. Miro a Edward porque supongo que va a responder a la pregunta, pero él se encoge de hombros ante mí. Parece no saber la respuesta.

¡¿Cómo no puede saber la respuesta!? ¡La respuesta es bastante obvia!

—Tendríamos sexo, y luego dormiríamos.

¡Duh!

El Pastor asiente con la cabeza hacia mí. Y su gesto no es de estar de acuerdo conmigo.

Me olvido de todo lo demás que dice. Sigue zumbando acerca de quién lo iniciará, manteniendo la chispa, hablando, hablando, hablando. Lo juro, su posición en el sexo es que hablar equivale a los juegos preliminares.

¡Ja!

¿Lo entiendes? ¿Su posición en el sexo? Me parto de risa.

Tendría que estar en desacuerdo con eso. La última cosa que quiero hacer es hablar. Miro los labios de Edward, me los imagino besándome, no hablando. Casi puedo sentirlos en mi cuello. Mis ojos se ponen vidriosos con sólo pensar en todas las cosas malas que voy a hacerle esta noche.

Tal vez voy a hacer que vaya al Martes de Tacos. Voy a coquetear con él.

Batir mis pestañas hacia él. Recorrer con mi mano su muslo bajo la mesa.

O tal vez me sentaré enfrente de él. Quitarme el zapato. Frotar mi pie entre sus piernas. Volverlo loco.

Va a estar rogando por ir a casa.

Pero no vamos a poder llegar a casa.

Apenas podremos llegar al coche porque me querrá demasiado. Me tira en El asiento trasero, se deshace de sus pantalones, y…

—Así que supongo que eso es todo por hoy —dice el Pastor en voz alta con un aplauso.

El aplauso me despierta. Todavía me siento como si estuviera en el asiento trasero del coche con Edward. Es un poco desconcertante.

Nos metemos en el coche, y Edward dice—: Entonces, Martes de Tacos. ¿Yupi o no yupi?

—Definitivamente, yupi —respondo.

No hay nada malo en tratar de hacer algunos de mis sueños realidad.

Sábado 16 de diciembre

Haz plantado semillas, ahora déjalas crecer

Estamos manejando a Kansas City para recoger muebles de oficina. Esa es la mentira que Edward me dijo.

Si, Edward me dijo una mentira.

Lo sé porque Emmett me dijo que habló con Edward de solo ver la casa hoy.

¡Así que no estoy segura de lo que significa!

¡Y me está matando!

¡Quiero hablar de ello!

Quiero que me diga lo que piensa. Si lo esa considerando.

Me estoy volviendo locaaa con la curiosidad.

Y él está ahí sentado, manejando, todo calmado y fresco, y balanceando su cabeza a Aerosmith.

Quiero fijar su cabeza al respaldo del asiento y amenazarlo con torturarlo si no me dice lo que piensa. ¿Por qué querría ver una casa que piensa que no puede pagar?

No, mantén la calma. Se fresca.

Mantén la rutina sé que no quieres comprarla.

Plantaste las semillas, ahora déjalas crecer.

Y estoy intentándolo, pero oye, las plantas necesitan un poco de agua ¿verdad?

Quizás no están creciendo porque necesito regarlas.

Así que digo—: Estoy sorprendida porque la tienda de muebles de oficina esté abierta un sábado.

Edward sonríe. —Mentí. En realidad no haremos eso. Emmett te contó sobre la casa vecina que está en el mercado ¿verdad?

—Sí.

—Vamos a verla hoy. Ver si es realmente tan agradable como Emmett dice.

—¿Pero porque haríamos eso?

Edward vuelve su cabeza y me da una mirada confusa. —Quería sorprenderte con esto. Pensé que estarías muy emocionada.

Suspiro, un derrotado, fingido suspiro. —Es difícil emocionarse acerca de ver algo que no puedes tener. Rosalie dice que es preciosa. Todo lo que va a hacer es deprimirme más cuando busquemos una casa en nuestro rango de precio. Es como colgar unos Jimmy Choos frente a mí y luego hacerme comprar mis zapatos en Target.

Edward me echa un vistazo. Esta es la parte donde debería decir, Oh Princesa, pero ahora podemos permitirnos esta casa y seria genial vivir al lado de Emmett y Rosalie, y seria asombroso, y viviremos felices por siempre.

O algo así.

En cambio, él sonríe y dice—: Bueno, si nada más, quizás podamos sacar unas ideas de ahí. Algo así como cuando mi mamá hace tours a esas casas soñadas.

—Sí, supongo —digo patéticamente de nuevo. De verdad estoy tratando de no poner mala cara.

Pero de repente, lo estoy haciendo.

Y no estoy fingiendo.

De verdad.

Porque obtener ideas no eran las semillas que planté.

Miramos la casa. Emmett ha estado susurrando en el oído de Edward acerca de cuanto él y Rosalie habían gastado en su casa, cuánto costó la remodelación, y como es un mejor trato. Rosalie menciona cuan genial seria no tener el desastre de la remodelación.

Y bueno, me pongo sentimental conmigo misma desde que no puedo con alguien más.

Esta ES la casa.

Así como Edward es el ELEGIDO.

Como mi vestido es el ELEGIDO.

¡Esta casa es la ELEGIDA!

Incluso la casa sabe que es la elegida. La casa me está rogando como un amante esperanzado. Sabes que soy el elegido para ti, bebé, vivamos juntos.

La casa tiene todo lo de la lista de deseos de Edward. Una gran hermosa cocina con encimeras de granito y electrodomésticos nuevos y brillantes, una gran isla con seis taburetes, un concepto abierto, y una increíble sala de juegos en el sótano. Si aún no se había vendido por la cocina, el gran dormitorio principal con vistas al lago con enormes closets y un baño donde felizmente pasaría el resto de mi vida, la amplia escalera, y la enorme terraza, él tendría que estar a la venta en el segundo que vio la salida del sótano. Es como el sueño húmedo de un chico aquí abajo. Mesa de pool, futbolín, bar, mesa de póker, tres pantallas planas, sistema de sonido, sofá seccional grande y una bañera de hidromasaje en el patio.

Estoy tan vendida.

Quiero correr afuera, animar, hacer volteretas y apuñalar un gran letrero

VENDIDO en el patio delantero.

Edward y Emmett están sonriendo como maniacos en el sótano, por lo cual pensarías que podría ser una buena señal, pero Edward no había dicho nada que me indicara que se trata de algo más que un tour de ensueño.

Mierda.

Hablando de mierda, quizás olvidé fertilizar la planta, ¡y por eso no estaba creciendo! Intento pensar en todas las tonterías que podría decir para hacer que Edward se enamore de esta casa.

Pero, no puedo.

La verdad es, quiero que él la ame por las razones que yo lo hago. Y si, plante las semillas y eso suena un poco manipulador, pero no quiero que le hablen de hacer algo que no quiere. No quiero que sea infeliz.

Incluso si eso significa pasar de esta increíble casa.

Ya sabes, el amor a veces como que apesta.

Te hace hacer cosas estúpidas, como que te importe más la persona que amas que tú misma.

Lo veo sonreírle a Emmett. Me doy cuenta de cómo sensualmente su antebrazo se flexiona cuando pasa la mano por el bar.

Estoy bastante segura de que podría vivir en una choza con él y ser feliz.

Mientras él este allí, se sentiría como casa.

Estoy tan enamorada de ese chico.

Después de nuestro tour, conocemos a la pareja dueña de la casa. Edward les dice que es una casa hermosa, que gran trabajo habían hecho remodelando, y cuan triste deben estar de dejarla.

Ellos están de acuerdo mientras nos agarran cervezas del refrigerador de la cocina de afuera.

¿Un refrigerador de cervezas al aire libre?

¿En serio? ¿Hay algo que no tenga esta casa?

Edward discute el precio con ellos. Que están enumerando. Que tomarían por ahora. Cuando les gustaría cerrarlo.

Puedo ver la esquina de la mandíbula de Edward apretarse un poco.

Usualmente, él lo hace cuando está tratando de jugar al calmado. Cuando no quiere sonreír. Es como su cara de póker.

¿Pero qué significa eso? ¿Significa que lo está considerando?

No.

No voy a dejar que mis esperanzas crezcan.

Porque no lo creo. Creo que le ha encantado, pero está convencido de que no podemos. Aun no entiendo porque ha accedido a verla.

No hay nada como prepararse para la decepción.

O bien, prepararme para la decepción.

Edward les dice a todos. —¿Les importa si Isabella y yo tomamos un pequeño paseo y hablamos de esto?

Y estoy pensando, ¿hablar de qué?

¿Hablar de cómo la casa es genial, pero no podemos permitírnosla?

¿Hablar sobre que grandes ideas podríamos tener en nuestros cerebros algún día?

Edward me asiente para que me levante.

Mientras caminamos por el lago, agarra mi mano. —¿Así que, qué piensas? No dijiste mucho allí. Pensé que estarías ohheando y ahheando sobre todo. ¿No te gustó?

—Bueno, Edward, creo que es una hermosa, perfecta, increíble casa. Tiene todo lo que podría posiblemente querer. La cocina es un sueño, el baño principal es para morirse, pero la amaría sólo por el sótano.

Sus ojos se iluminan. —El sótano es totalmente engañoso. ¿Te imaginas las fiestas que podríamos dar ahí abajo?

—Sí, bueno. —Luzco realmente patética, estoy segura. Totalmente tengo mala cara y no porque estoy tratando de salirme con la mía, sino porque estoy triste por esto. Sabía que mirar algo que no podía tener era una mala idea. Es deprimente—. Quizás algún día podamos tener una casa como esa. —Asiento y pongo mi mejor falsa sonrisa.

Edward me empuja a sus brazos. Suavemente corre su mano por mi mejilla y en mi cabello. Mire profundamente en sus adorables ojos verdes y me sentí reforzada con confianza.

Estará bien.

Habrá otras casas, pero no habrá otro Edward.

Mentalmente pise las estúpidas semillas.

Quería a Edward, y nada más importaba.

Edward hocica mi cara con la suya y dice—: Estaba pensando que quizás hoy debería ser algún día.

Mis ojos se agrandaron. Retrocedo y apenas susurro—: ¿A qué te refieres?

—Creo que deberíamos empezar ese algún día hoy y comprarla. Pensé que estarías más emocionada por esto.

OMD. Podría estar empezando a hiperventilar.

—¿De verdad? ¿Hablas en serio? No pensé que estuvieras interesado. No quería emocionarme porque sabía que estabas en contra de gastar tanto dinero.

—Bueno, eso fue antes de tener ese tanto dinero en el banco.

Sonrío. GRANDE.

—Entonces Princesa, ¿es eso un sí?

Me lanzo hacia Edward, salto a sus brazos, y envuelvo mis piernas alrededor de su cintura. Me gira alrededor mientras lo beso.

—Eso es un sí —digo finalmente—. En caso de que no puedas decir.

—Lo imaginé. Demonios, no tuve tanto entusiasmo desde el anillo. ¿Deberíamos decirles que la vamos a tomar?

—Aun no —digo. Envuelvo mis brazos alrededor de su cuello y lo beso un poco más.