- Así que eso es lo que tenéis que hacer para convertiros definitivamente en miembros de pleno derecho de la hermandad.

Alice y Lily asintieron cuando Rose terminó de hablar. No parecía muy complicado. Solo necesitaban el visto bueno de alguien que no fuera su madrina y participar junto a ellas en las obras de caridad que las hermandades organizaban con vistas a las Navidades: recogida de juguetes, Santa Claus solidario, visitas a hospitales y cosas similares.

- La carta de Alice la escribiré yo. – Añadió entonces Lizzy. – Es lo mínimo que puedo hacer, especialmente después de todo lo de Halloween.

Rose asintió. Todavía estaba dándole vueltas a cómo devolvérsela a Lizzy y Lily, pero le alegraba que su amiga hubiera decidido seguir redimiéndose y ayudando a la castaña.

- Lo malo es que yo no puedo escribir la tuya, Lils.

- ¿Por qué? – Le pelirroja la miró sorprendida.

- No puede ser de ningún familiar, tendrás que encontrar quien te la firme.

- No te preocupes porque más o menos ya lo tengo apalabrado con una chica de último año. – Trató de tranquilizarla Lizzy. – Vendrá con nosotras a las obras de caridad, nos he apuntado a unas cuantas, aunque no he querido que sean demasiadas porque entre los exámenes y la competición…

- ¿Qué competición? – La cortó la chica, frunciendo el ceño.

- Otra competición entre hermandades aunque en esta solo pueden competir los alumnos de tercer año. – Explicó Rose. – Así que esta vez nos toca a nosotras.

- Todavía no sabemos cómo será, aunque supongo que lo anunciarán pronto para que podamos prepararnos. – Siguió Lizzy. – El año pasado fue una gymkana y el otro antes un concurso de talentos, pero no tenemos ni idea de qué será esta vez.

- Seguro que os va bien y ganáis. – Trató de animarlas Alice.

- Eso esperamos. – La morena suspiró y miró la hora en su móvil. – Tengo que irme, he quedado en media hora para comenzar a preparar las cosas de esta noche.

- Estaremos en primera fila viéndote. – Rose sonrió. – De hecho, creo que James ya está en la puerta del auditorio esperando a que abran para poder coger el mejor sitio.

- Qué exagerados sois, en serio. Solo canto una canción y actúo un poco, no más de diez minutos desde luego.

Lizzy se encogió de hombros. Aquella misma mañana había terminado oficialmente el curso – aunque todavía faltaba una semana para que comenzaran los exámenes finales de aquel semestre– y esa noche harían el musical. Y ella, a pesar de que ya estaba más que acostumbrada a aquello, no podía evitar estar nerviosa, probablemente por la canción que cantaba y el nudo en la garganta que le hacía sentir. Porque cada día estaba menos segura de que lo suyo con James fuera solo una tontería; porque cada día que pasaba temía más y más estar enamorándose de él y acabar sufriendo y con el corazón completamente destrozado.

- Seguro que te sale genial. – La animó Lily.

- Eso espero. – Suspiró y negó con la cabeza, intentando sacarse a James de la cabeza. – Bueno, os veré luego entonces aunque, de verdad, no os esperéis nada impresionante. Es solo una pequeña actuación. Un tranvía llamado deseo va a estar mucho mejor.

- De eso no me cabe duda teniendo en cuenta que mi hermano es el otro protagonista y que tenéis que actuar como si volvierais a odiaros.

- Sí, desde luego. – Sonrió sin poder evitarlo. Al director de la obra no le había hecho ninguna gracia que empezaran a salir y no paraba de quejarse de que todo era mucho más creíble cuando no resolvían su tensión sexual cada quince minutos.

- Mucha mierda.

Rose le guiñó un ojo y Lizzy finalmente se marchó dispuesta a prepararse para ser la mejor Meg que Berkeley hubiera visto jamás.


- Creo que voy a suspenderlas todas este semestre. – Murmuró Albus tras dejar caer la cabeza sobre uno de sus libros. – Tendría que haber empezado a estudiar hace meses, ¿por qué lo habré dejado todo para el último momento?

- Porque eres un desastre. – Scorpius, sentado frente a él en la mesa del comedor, levantó la vista de su libro. – Pero dices lo mismo todos los años y al final no suspendes así que no te quejes tanto y ponte a estudiar ya.

- Lo dice el señor "tengo 18 matrículas de honor".

- Son solo 17.

- Odio que uses la palabra solo al decir eso. – Bufó levemente. – Tío, hemos tenido 20 asignaturas, eres un empollón.

- Rose también lo es y no tiene matrículas.

- Pero Rose es Rose, déjala. – Levantó la cabeza y suspiró. – ¿De verdad crees que aprobaré?

- Siempre lo haces.

- Ojalá.

Justo entonces, la puerta de la calle se abrió y Leo entró al salón con una sonrisa despreocupada.

- ¿Ya estáis estudiando?

- Tú deberías empezar también. – El rubio puso los ojos en blanco. – Los exámenes son en una semana y creo que has tocado los libros menos que Albus.

- Y eso es bastante difícil.

- Os rayáis demasiado. – Negó con la cabeza. – Me pongo el lunes y consigo un cinco en todo, ya veréis.

- Más te vale, ya sabes cuáles son las reglas del piso.

- "Por cada suspenso tendrás que limpiar la casa durante una semana extra". –Dijo, tratando de imitar la voz de Scorpius.

- Sí, ¿y cómo olvidarnos del "y por cada matrícula se descontará una semana de tareas"? – Añadió Albus, también imitando la voz de su amigo, antes de estallar en carcajadas.

- Reíros, pero este sistema nos fue muy bien el año pasado.

- Supongo. – El moreno suspiró y negó con la cabeza. – ¿A qué hora hemos quedado con las chicas?

- A las seis, Rose quería irse pronto para coger un buen sitio.

- Bueno, al menos es solo a las seis. James lleva allí ya un buen rato. – Murmuró Albus. – Todavía me parece increíble lo mucho que ha cambiado desde que empezó a acostarse con Lizzy.

- Ya, es que es muy fuerte.

- Pues yo no lo veo así. – Leo se encogió de hombros. – Los dos se llevan bien y tienen química en la cama. Es normal que sean prácticamente exclusivos, ¿no?

- Ya, pero aún así, ¿tú harías todo lo que él hace? Ir a llevarla y recogerla del aeropuerto, pasarse horas esperando para verla actuar… - Suspiró. – Lily dice que ella, James y yo estamos cortados por el mismo patrón pero, si él ha podido cambiar de esa forma, ¿por qué no podría hacer yo lo mismo?

- Espera, - Scorpius enarcó una ceja y lo miró sorprendido. – ¿nos estás diciendo que quieres cambiar por una chica?

- ¡No he dicho nada de eso! – Exclamó rápidamente, delatándose y haciendo que sus dos amigos sonrieran. – Era solo una pregunta inocente.

- Ya, claro. – Leo enarcó una ceja. – ¿Y quién es la afortunada?

- No os pongáis pesados, no hay nadie. – Mintió.

- Venga tío, no somos idiotas. Llevas meses sin ligar con nadie.

- Esto es por Alice.- Dijo el rubio finalmente. – Desde que la conociste has cambiado. Y Leo tiene razón, ya no ligas en las fiestas si quiera y siempre estás pendiente de ella, la acompañas a los sitios y eso.

- Sí, yo creo que si empiezas algo con Alice acabarás como tu hermano con Lizzy.

- No sé para qué os digo nada…

- Porque somos tus mejores amigos y nos adoras.

- Bueno, decid lo que queráis. – Se puso de pie y negó con la cabeza. – De todos modos, era solo una pregunta y no tiene nada que ver con Alice.

- Seguro.

- Voy a ducharme y a empezar a prepararme.

Se marchó del salón y los otros dos se miraron durante unos instantes antes de estallar en carcajadas. Albus podría mentirse a sí mismo, pero no podría engañarlos a ellos.


James entró, literalmente, el primero en el auditorio y corrió hacia la primera fila para que nadie le quitara el sitio. Aunque, siendo sinceros, todavía no había mucha gente, apenas un par de chicas más que se sentaron en el otro extremo de la fila. Estaba nervioso por Lizzy y tenía muchísimas ganas de ver su actuación. Incluso aunque tuviera que verla besando a otro –era actriz y él sabía que aquello era parte de su trabajo–.

Los demás no tardaron mucho en llegar y ocuparon los asientos de su lado y, poco a poco, el auditorio se fue llenando.

- ¿Sabes cuándo sale Lizzy? – Le preguntó su prima, mirando el programa con el ceño fruncido.

- Sí, me dijo que más o menos por la mitad. Entre la Sirenita y Mulán.

- Genial. ¿La has escuchado ensayar la canción?

- No me ha dejado.

- Pues solo te digo que te va a encantar. – Lanzó una carcajada, aunque en seguida se calló al ver cómo las luces se apagaban. Contuvo el aliento y dio un par de palmadas, emocionada. – ¡Ya empieza!

El espectáculo era una recopilación de canciones de las películas Disney. Los chicos hacían una o dos pequeñas escenas y cantaban una o dos canciones –en duetos, grupos o de forma individual– y el hilo conductor lo llevaba una chica que, supuestamente, se quedaba atrapada dentro de aquel universo de magia y fantasía.

Todos esperaron impacientes hasta que, de repente –y después del gran número de baile de Bajo el mar–, apareció un chico con toga y comenzó a sonar Ese es mi destino. Después de la canción, la música se apagó y comenzó la escena: el primer encuentro de Hércules y Meg.

- Ya empieza. – Murmuró James, nervioso.

Lizzy salió al escenario, perfectamente caracterizada, y soltó varios comentarios irónicos sobre las damiselas en apuro y "fortachón" que hicieron sonreír a todos –especialmente al pelinegro, que no pudo evitar sentirse un poco identificado–. Luego llegaron las musas y cantaron De cero a héroe y, después de eso, representaron el diálogo de Meg y Hércules cuando vuelven de su escapada. Incluido el momento en el que él le da la flor a ella. Lizzy se mordió el labio entonces y la música comenzó a sonar.

- Si hablas de amar a un gran hombre, a lo peor te equivocas. Luego el dolor se te refleja… La historia es vieja te vuelves loca.

Las musas aparecieron entonces y comenzaron con su parte de la canción mientras ella iba de un lugar a otro del escenario, ponía malas caras y les respondía.

- Todo es hermoso en el principio, el corazón se nos salta. – Sin ser apenas consciente de ello, miró a James de reojo mientras pronunciaba el siguiente verso de la canción. – La mente grita ten más juicio si es que no quieres llorar por nada.

Por suerte, solo James pareció darse cuenta de aquello y le dedicó una enorme sonrisa mientras la canción continuaba

- Tú estás por él. Mírate, míralo.

Y, esta vez, a nadie le pasó desapercibido que las tres chicas habían señalado a James con la cabeza y que Lizzy se había puesto un poco roja a pesar de seguir cantando como si nada.

- Qué me dejéis, yo lo sé.

- Deja el desdén, sabes bien que es amor.

Lizzy giró sobre si misma antes de girarse, coger la flor y mirar al público, evitando deliberadamente mirar a James.

- En alta voz no diré que es mi amor…

La canción terminó y Hércules volvió, convertido ya en todo un héroe y declarando su amor por ella. Se besaron y, así, acabó su parte de la obra.


Cuando finalmente terminó, todos se pusieron de pie y aplaudieron al numeroso reparto, que saludó al público encantado antes de que cayera el telón y comenzaran a felicitarse unos a otras.

- ¡Os voy a matar en serio! – Lizzy miró a las tres chicas que habían hecho de musas y se echó a reír. – ¿Cómo se os ha ocurrido señalar a James?

- No hemos podido evitarlo. – Una de ellas le guiñó el ojo. – Es que sois tan monos.

- No estamos saliendo, en serio.

- Ya, pero sois como Meg y Hércules. – Carraspeó un poco y comenzó de nuevo a cantar. – ¿A quién crees que engañas? Él es Tierra y Paraíso. No uses artimañas, nena solo es un aviso. No te hagas la fría, claro como el día vemos tu interior.

- Muy graciosa.

- Lo sé. – Señaló detrás de ella con la cabeza y amplió su sonrisa. – Te dejamos, tienes visita.

- ¿Qué…?

Se giró y no pudo evitar sonreír al ver a James frente a ella, con una orquídea rosa.

- ¿De dónde la has sacado? – Preguntó, acercándose a él y señalándola.

- La he traído antes, creí que la habrías visto.

- Desde el escenario apenas se puede apreciar al público. – Se mordió el labio. – ¿Te ha gustado? ¿Lo he hecho bien?

- Me ha encantado. Eres una auténtica artista. – La besó antes de abrazarla.

- No sabes lo mucho que me alegra oír eso. – Volvió a besarlo y enredó las manos detrás de su cuello, como ya se había acostumbrado a hacer. – ¿Te has dado cuenta de que las chicas te han señalado?

- Yo y todos, pero ha estado bien. Me ha gustado. – Se acercó a su oído. – Si Meg era como tú, puedo entender por qué Hércules hizo lo que hizo.

Se separó un poco de él y le dedicó una mirada cargada de ternura antes de besarlo de nuevo.

- Igual esto te va a parecer muy extraño pero, ¿podríamos…?

- Sí.

No le hizo falta escuchar el final de la frase. Lo cogió de la mano y tiró de él hasta entrar a uno de los vestuarios. Cerró el pestillo y lo pegó contra la pared, aunque en seguida él intercambió sus posiciones. Se besaron con fuerza y pronto ella tenía las piernas enredadas alrededor de la cintura de él y ambos habían comenzado a perder el control.

- Joder, si yo hubiera sido Hércules y Meg hubiera sido tan increíble como tú se lo habría hecho antes de que pasara media película.

- ¿En una…? - Gimió y echó la cabeza hacia atrás al sentir los labios de él y sus dientes mordisqueando. – ¿En una película para niños?

- La versión que yo pienso hacer ahora es para mayores de 18.

Lizzy sonrió y dejó que él enrollara el vestido un poco, para no estropearlo.

- Y, bueno, ¿a qué se supone que estás esperando?

James sonrió de medio lado y, con mucho cuidado, se desabrochó el pantalón pero, antes de que pudiera hacer nada más, unos golpes en la puerta los sobresaltaron.

- ¡Lizzy, abre esa puerta de inmediato!

- ¡Un segundo! – Exclamó antes de bufar con fastidio. ¿Por qué tenían que interrumpirla?

- ¡Ni un segundo ni nada! ¡Abre ya y ni se te ocurra tirarte a James con ese vestido puesto!

Bajó al suelo de un salto y se apartó de James, que se estaba colocando la ropa con resignación. Estaba claro que a la gente le encantaba interrumpirlos. Lizzy llegó hasta la puerta y buscó la aprobación de James antes de abrir.

- Lo primero es que no pensaba tirarme a nadie con el vestido puesto. – Mintió, fingiendo indignación. – Y, lo segundo, ¿a qué vienen tantas prisas?

- Tenemos que recoger ya toda la ropa así que, por favor, dile a James que salga para que todos podamos cambiarnos con tranquilidad.

- Está bien. – Se giró hacia el chico y se encogió de hombros. – Ya lo has oído.

- Sí. – Llegó hasta ella y la besó antes de acercarse a su oído. – Te veo ahora fuera y ya seguiremos esto en mi cuarto.

- Podríamos jugar a un juego.

- Me encantan tus juegos. – Sonrió de medio lado. – El de Halloween estuvo muy bien.

- Sí, aunque Rose me vio un par de días después en ropa interior y se asustó. – Empezó a reír y lo besó otra vez. – Decía que tantos chupetones y marcas de dientes no podían ser normales pero, como le dije, eras un vampiro.

- Y tú un manjar irresistible. – Unió sus labios una vez más. – Ahora nos vemos.

Ella asintió y suspiró. Lo siguió con la mirada hasta que desapareció por el pasillo y no pudo evitar que un estremecimiento la recorriera. A lo mejor su situación se parecía a la de Meg y, definitivamente, ella tampoco reconocería en voz alta que aquello podía llegar a ser amor.


N/A: Al final sí que ha pasado una semana, pero en mi defensa diré que estoy muy liada con la facultad y tengo un montón de proyectos (además de que estoy revisando una original que quiero enviar a una editorial por si hubiera suerte).

Dicho esto, espero que os haya gustado el capítulo y, sí, a esto me refería cuando hablaba tanto de Meg y Hércules por Twitter (las casualidades jajaja).

¡Muchos besos y nos leemos la semana que viene!

María :)