Descargo de responsabilidad: los personajes no me pertenecen y la historia es de Enthralled, yo sólo traduzco con su permiso.
Capítulo 35: Planeando
BPOV
El resto de la semana pasó volando y, antes de darme cuenta, ya era viernes. Tuve la suerte de evitar a Gerry la mayor parte de la semana y la única vez que él y yo nos cruzamos me lanzó una mirada que me provocó un ligero escalofrío.
Me mantuve ocupada y concentrada en mis cosas y cuando los niños se fueron seguros en el autobús a sus casas el viernes por la tarde, Mandy y yo nos dirigimos hacia nuestros automóviles juntas, lo que se había convertido en nuestra nueva rutina. En mi corazón, sabía que Mandy tenía una idea de lo que estaba sucediendo y estaba más que feliz de ser ese amortiguador que tan desesperadamente necesitaba entre mi atroz jefe y yo, y por eso estaba inmensamente agradecida.
Corrí a casa y revisé mi rutina: planear la semana siguiente, calificar ensayos, revisar mi correo electrónico y devolver llamadas telefónicas. Tenía dos correos de voz de John Riley esa semana, confirmando la tarea que les había dejado en clase ese miércoles.
Le escribí un correo electrónico rápido para responderle aliviada de que esta vez no había tenido que llamarlo por teléfono, aunque también sabía que el no llamarlo esta tarde no haría nada para disuadirlo. Él era tenaz y continuaba enviándome correos electrónicos varias veces al día. No estaba segura de cómo manejar a John, ya que tenía que aclarar las cosas, pero, viendo que estaba gastando preciosos minutos antes de mi tiempo para reunirme con los Cullen, cerré la computadora portátil y fui a cambiarme.
Me quedé de pie en mi armario pequeño, bastante vacío y descubrí que me enfrentaba a una decisión. ¿Debería empacar una pequeña maleta esta vez? Pasé todo el fin de semana con ellos la última vez y tuve que pedirles varias veces que me trajeran a casa para cambiarme de ropa, especialmente después de luchar con Emmett.
Ya que no quería parecer demasiado desesperada o apresurar las cosas, decidí no hacerlo. Cambié mi atuendo profesional a algo más informal, me puse unos jeans y una camiseta roja.
Bajé corriendo las escaleras cuando escuché el esperado golpe en la puerta. Esta vez, respiré hondo e intenté calmar mis nervios en vano, antes de abrir la puerta. Traté de ocultar mi desilusión cuando vi a Alice parada frente a mí. Forcé una sonrisa cortés.
–Hola, Alice. Estoy lista para irnos
La confusión era evidente en su rostro, seguida por un ceño triste cuando notó de inmediato mi falso intento de sonreír.
–No te ves feliz de verme. ¿Hay algún problema? –sus labios se torcieron en una sonrisa –¿esperabas a alguien más? –ella bromeó, aunque sus ojos no coincidían con el tono suave que usó. Sus ojos entrecerrados sostenían la misma ferocidad que tendría un fiscal que iba a matar durante el interrogatorio al acusado.
Le di la espalda, esperando que no leyera más en mi expresión. No iba a hacerle saber que esperaba con muchas ansias y planeaba ver a Edward... Oh, Dios mío, ¿acabo de admitir eso, aunque fuera para mí misma?
–Por supuesto que no. Déjame ir por mi bolso y podemos seguir nuestro camino. Pero esta vez, te seguiré en mi coche para poder devolverme sola y no causarle inconvenientes a nadie –le contesté con la esperanza de que en mi voz no se volviera a notar mi decepción.
Alice se movió frente a mí, tan rápidamente que pareció una mancha borrosa.
–Tu nunca le causarías inconvenientes a nadie. ¿Aún no te has dado cuenta? Y en cuanto a tu auto, déjalo. Si necesitas regresar este fin de semana, uno de nosotros te traerá, preferiblemente yo ¿Dónde está tu maleta de todos modos? –su tono estaba lleno de impaciencia y estaba al borde de mostrarle mi estupidez.
–¿Qué maleta? –pregunté, tratando de fingir inocencia, sin querer mirarla a los ojos. Su pregunta me tranquilizó porque quería yo quedarme, quería quedarme con ellos desesperadamente. Pero más que eso, quería que ellos quisieran que lo hiciera.
Con un suspiro enormemente dramático, Alice agarró mi mano y me arrastró escaleras arriba a la velocidad de la luz hacia mi dormitorio principal y al pequeño armario. Su rostro traicionó su comportamiento mientras sus ojos bailaban alegremente de emoción una vez más.
–Guau, estas casas viejas no tienen mucho que ver con los armarios. Veamos qué tenemos aquí –comenzó, mientras comenzaba a mirar mi muy pequeña colección de ropa, rodando los ojos y sacudiendo la cabeza mientras miraba cada prenda de ropa. Podría haber jurado que incluso escuché un "tsk".
Se detuvo y me miró con su elegante ceja levantada con escepticismo.
–Apenas te vistes mejor que en la escuela secundaria. Voy a tener que ayudarte con esto, ¿no? –ella me sonrió perversamente mientras hacía su última pregunta –¿y qué es exactamente lo que planeas ponerte en nuestra fiesta?
–Que graciosa Alice. Hasta dónde yo recuerdo me obligaron a prometerte que pondría en tus manos competentes la elección de un vestido nuevo para la fiesta –repliqué sarcásticamente, antes de sacarle la lengua. Ella se rió antes de devolver el gesto.
–Bueno, ¿no estamos actuando como tus alumnos? –me reí entre dientes sintiéndome más a gusto.
Empezó a sacar prendas de ropa de perchas y estantes y miró a su alrededor para buscar algo, ¿qué? No me lo quería ni imaginar.
–¿No tienes una maleta de viaje? –ella preguntó completamente exasperada. La miré incrédula.
–¿Estás bromeando? Nunca voy a ninguna parte. ¿Por qué iba a tener una maleta de viaje? Las únicas pijamadas que hago son en esta casa y esa no una ocasión que amerite empacar
Salió del armario y sus pequeños brazos cargaban la mayor parte de mi guardarropa y mientras caminaba una manga se arrastró por el suelo detrás de ella con cada gracioso paso. Tiró todo a la cama que nunca había sido usada y se pavoneó de nuevo a mi lado. Ella me estudió por un momento, nos miramos un momento antes de que saliera corriendo de la habitación.
–Vuelvo enseguida
A una velocidad inquietante, salió corriendo de mi habitación y bajó las escaleras, desacelerando solo cuando abrió la puerta. Nerviosamente, la observé a través de la ventana mientras salía de la casa, su velocidad disminuyó a la de un humano hasta que abrió el baúl de su Escalade. Ella buscó y agarró algo, antes de volver a cerrar el baúl.
Ella mantuvo el mismo ritmo humano hasta que llegó a la puerta principal. Escuché el clic de la puerta antes que reapareciera en el dormitorio, doblando la ropa, mientras ella me sonreía dulcemente. Su postura indicaba que estaba muy complacida consigo misma.
Contemplé boquiabierta la montaña de ropa que se alzaba junto a ella e intenté descifrar qué había traído del auto. Ella captó mi mirada y me miró. Con una velocidad que me sorprendió incluso a mí, atrapé con una mano lo que había traído antes de que me golpeara en la cabeza. Miré el objeto que ahora tenía a mi alcance y me di cuenta de que era una elegante maleta de cuero marrón, lo suficientemente grande como para llevar ropa para un fin de semana. Pero por el tamaño de la pila de ropa en mi cama, parecía que me estaba mudando con ellos para siempre. Ya quisiera…
Tratando de parecer indiferente, di un paso hacia ella.
–Alice, ¿qué estás haciendo exactamente? –pregunté. Ella puso los ojos en blanco antes de soltar un leve suspiro.
–¿Qué crees que estoy haciendo? Estoy empacando algo de ropa para que puedas quedarte con nosotros y podamos pasar tiempo juntas sin interrupciones –respondió –tú y yo tenemos citas mañana. Y dado que la mayoría de los lugares cierran cerca de las cinco, no tendremos mucho tiempo para llevarte de vuelta a casa para que te cambies. Solo nos estoy ahorrando algo de tiempo –continuó doblando la ropa, antes de poner un par de pantalones en una pila creciente de tela. Había un aire de determinación en ella que reconocí, ella no aceptaría un "no" por respuesta.
Ella caminó hacia mí y tomó la hermosa maleta de cuero. De repente se detuvo y me miró, con los ojos muy abiertos al darse cuenta de lo que significaba mi actitud y mis comentarios.
–Realmente no me esperabas, ¿verdad? –ella preguntó con su tono acusatorio –¿a quién esperabas? –la expresión en su rostro me hizo saber que sabía exactamente a quién esperaba.
–Alice, deja de ser ridícula. ¿Por qué eso importa? –supliqué, desesperada por cambiar de tema. Por favor deja ir esto...
–¿Qué me ocultas? ¿Estabas esperando... –hizo una pausa, mientras cruzaba sus delgados brazos sobre su pecho para lograr un efecto –... ¿a Edward?
A pesar de su intenso escrutinio de mi reacción, mi pecho se tensó y me resultó difícil respirar profundamente. Quería que mi cara permaneciera lo más calmada que pudiera.
–Antes que nada, Alice, no necesito que me recojan. No soy un perro que necesite que lo llamen –escupí con frustración –en segundo lugar, ¿por qué crees que estaría esperando... –no me atreví a decir su nombre –¿a alguien más? –traté de respaldar mis palabras con una mirada de confianza en mis ojos, pero su expresión me dijo que no la logré convencer.
Alice entrecerró sus ojos y giró su cabeza hacia un lado y supe que no estaba dispuesta a darse por vencida.
–No te creo ni por un minuto. Y para que lo sepas, Edward tiene una sorpresa para ti y es por eso que él no vino a buscarte –juro que vi su boca temblar mientras se alejaba de mí, pero no me atreví a dejar que crecieran mis esperanzas.
Mi aliento se detuvo en mi garganta y ella se giró hacia mí otra vez con una mirada presumida en su rostro, ella me escuchó. ¿Qué demonios se supone que debo decir ahora?
–Edward ha hecho suficiente por mí, Alice –dije tratando desesperadamente de hacer que mi tono sonara áspero –¿y qué quieres decir exactamente con citas? ¿A dónde vamos? –pregunté tratando con urgencia de desviar la conversación a otra parte.
Eso funcionó. Me miró tímidamente y se volvió hacia la pila de ropa que había en la cama para comenzar a meterla en la maleta con destreza, sin querer mirarme o contestar la pregunta.
Di un paso más hacia ella, deteniéndola de su tediosa tarea de guardar mi escaso guardarropa en la ahora abultada maleta.
–¿Alice? –ella me miró, transformando su cara en la de una niña inquieta, con sus ojos abiertos y suplicantes.
–Bueno, como tienes muchas cosas que hacer, pensé en tomar algo de mi tiempo libre y empezar con algunas cosas –dijo, casi tartamudeando mientras trataba de justificar sus acciones –estoy tan emocionada por esta fiesta y pensé que, si podía agendar algunas citas para este fin de semana, podríamos definir algunas cosas de una vez en lugar de esperar hasta el último minuto. Sé cómo eres Bella. Tú... –agradecida por el cambio de tema, puse mi mano en su hombro.
–Alice, está bien. Pero ¿puedes decirme exactamente qué es lo que se supone que debemos hacer mañana? Me gustaría tener una idea de lo que va a pasar –una sonrisa se apoderó de mí y recordé gratamente lo entusiasta que Alice podía llegar a ser. No pude contenerme cuando extendí los brazos y la abracé con fuerza, mientras mi cuerpo temblaba de risa.
Alice me abrazó más fuerte, pero de repente me di cuenta de que sus hombros no se movían como los míos. Ella no se estaba riendo. La solté, pero mantuve mi agarre en sus brazos.
–¿Qué pasa, Alice? –le imploré, sorprendida por su repentino cambio de humor.
Ella me miró y su cara era una mezcla de aprensión y gratitud.
–Bella, simplemente no sé cómo pude soportar los últimos diez años sin ti, como ninguno de nosotros lo hizo. Cuando te conocimos en Forks, sentí que nuestra familia estaba completa y finalmente tuve una amiga y luego... –ella se interrumpió, mientras su mirada vagaba hacia el piso. Ella se estremeció cuando dejó escapar un profundo y tembloroso suspiro.
Me quedé allí en silencio, esperando pacientemente a que descifrara sus pensamientos antes de continuar. Ella me miró, esta vez con una sonrisa brillante, pero forzada, en su rostro.
–Sé que Edward cometió errores. Que cometió un error. Solo quiero que sepas que siento mucho el nunca haberte contactado cuando nos fuimos. Pensé en hacerlo un millón de veces, pero sabía que Edward se molestaría mucho conmigo. Parecía tan seguro al principio... Es sólo que nunca quise lastimarte, y ahora que estás aquí, no quiero volver a perderte nunca más... –continuó, hasta que escuché un pequeño sonido en su voz, similar a un hipido durante el llanto. Mi naturaleza materna salió a flote y me sentí obligada a consolar a mi amiga.
La agarré en un feroz abrazo y la abracé fuertemente mientras su cuerpo temblaba suavemente. La dejé llorar y resistí la tentación de calmar su culpa. Podría decir que ella necesitaba sacar esto. Después de un tiempo, mi mente se apresuró para consolarla.
–Alice, no voy a ir a ningún lado –se negó a mirarme, así que tomé su delicado rostro entre mis manos, levantando tiernamente su rostro hacia arriba hasta que sus brillantes ojos de topacio me devolvieron la mirada –Ya hablamos de esto la primera noche. No hay nada que perdonar y no soporto verte así. ¡Todo está en el pasado! –lentamente cerré mis ojos, recordando que mi relación amorosa con Edward era parte de esa historia. Me forcé a alejar ese pensamiento para concentrarme en Alice.
–No quiero seguir pensando en lo que ya pasó. Vamos a centrarnos en lo que está justo aquí frente a nosotros. Estamos aquí, ahora, juntas. ¿Bien?, vamos, cuéntame qué haremos mañana
Su cuerpo tenso se relajó un poco y una pequeña sonrisa cruzó su rostro de nuevo ansioso. Ella respiró profundamente antes de comenzar tentativamente.
–Bueno, esperaba reunirme con los proveedores de la universidad e ir la florería. Y debemos ordenar las invitaciones… –la detuve.
–Alice, ¿cómo sabías que usaría los servicios de la universidad?
Hizo una mueca como si estuviera atrapada y dio un paso atrás hacia la cama para continuar su ardiente tarea de meter lo que ahora era una ridícula cantidad de ropa en la maleta, el cuero comenzó a chirriar un poco mientras trataba de cerrarla con cremallera.
–Bueno, investigué un poco, o, mejor dicho, Jasper y yo lo hicimos –finalmente confesó tímidamente. Oh, en serio...
–Alice, ¿qué quieres decir con que investigaron? –me quedé allí con las manos en las caderas, esperando impacientemente su respuesta. A pesar de mi intento de parecer seria, una sonrisa comenzaba a formarse en mi boca y estaba feliz de que ella estuviera de espaldas a mí. Hacer que Alice se sintiera culpable era un placer raro. Silenciosamente, me reí de su obvia inquietud.
–Bueno, Jasper entró al servidor de la universidad y obtuvo la lista de los estudiantes con honores del año pasado y rastreamos a uno. En cierto modo... –se detuvo y luego susurró –lo convencí para que me contara todo sobre el evento
Di un paso hacia ella, disfrutando de su incomodidad. Alice estaba caminando deliberadamente de un lado a otro, incapaz de quedarse quieta.
–¿Y cómo exactamente lo convenciste para que te diera todos los detalles de la fiesta? –exigí haciendo mi mejor imitación de Esme.
Alice dejó de jugar con gran bola que ahora era la maleta y bajó la cabeza, mientras su mirada se posaba en mis pies.
–Creo que podrías decir... –ella vaciló para expresar lo que estaba pensando –que lo deslumbré. Al menos así dijo Edward que solías llamarlo –finalmente me miró con sus cejas fruncidas y sus ojos aprensivos ante mi posible respuesta.
Uy, me alegro de haber dejado de sonreír antes de que ella se diera la vuelta. Con mi mejor voz de maestra, comencé:
–Mary Alice Brandon Whitlock Cullen, ¿me estás diciendo que usaste tus rasgos de vampiro para deslumbrar a un pobre universitario para que te contara todo sobre el evento del año pasado? Debería darte vergüenza. No tenía defensa alguna contra... –hice una pausa dramática para hacer énfasis en mi punto –... tus cualidades irresistibles. ¿Cómo pudiste hacer eso?
–Bueno, yo... solo quería ayudar, y quería que las cosas salieran perfectas para ti... para que tu jefa quedara impresionada, y... –tartamudeó hasta que no tuve más remedio que reír a carcajadas.
Ella pareció brevemente confundida por mi risa antes de que la confusión se transformara en una divertida frustración y ella volteó la situación en mi contra.
–Oh, ya veo... entonces, ¿me estás diciendo que nunca has usado tus mejorados atributos para obtener algo de un humano? –ella preguntó tímida.
Me detuve en seco. No esperaba eso. No era tan gracioso cuando se trataba de mi...
–Um... yo no haría eso, Alice –traté de responder confiada, mientras negaba con la cabeza con demasiada vehemencia. Por favor créeme…
Para mi disgusto, Alice frunció los labios a punto de reírse.
–No te creo. Eres una terrible mentirosa, Bella Marie Swan Bla- –se detuvo de inmediato, con los ojos muy abiertos alarmados –Bella, lo siento. No quise... –comenzó a disculparse por lo que casi había dicho.
Me estremecí involuntariamente al pensar en la vida anterior que me gritaba en mi mente, especialmente Grace, por una fracción de segundo, antes de que pusiera una sonrisa tensa en mis labios y alejara de mi mente el dolor y volviera al presente.
–Alice, está bien. Ese fue mi nombre alguna vez. Está bien. Creo que ambas sabemos lo que es tener que empezar de nuevo y tener que lidiar con nuevas identidades y todo eso. No siempre fuiste Alice Cullen ¿verdad? No pasa nada –terminé sin convicción. No podía creer cómo el dolor había conmocionado mi sistema. No estaba nada preparada para el destello de recuerdos.
–Bella, ¿por qué el nombre... Elizabeth Marsten? –en el momento en que terminó su pregunta, pude ver por la expresión de su rostro que lo lamentaba. Abrió la boca para hablar de nuevo, pero yo la interrumpí.
–Alice, todos los que conocieron a 'Bella Swan' todavía están vivos –pensé en Charlie, y por un momento me invadió una inmensa tristeza –Bueno, casi todos. Era mejor para mí y para todos si simplemente desaparecía. Especialmente para Grace –hablé con un tono neutro, mientras luchaba contra el nudo en mi garganta por revelar mis verdaderos pensamientos, pero Alice no se daba por vencida, dio un paso hacia mí con su mirada decidida y su mandíbula apretada.
–Bella, ¿por qué no contactas a Jacob? Es decir, mírate, le enseñas a niños de su edad todos los días, y están perfectamente a salvo. Deberías poder ver a tu propia hija. No eres un peligro para ella; sabes eso, ¿verdad? –no estaba segura de que ella o cualquier otra persona entendiera.
–No es una opción, Alice. Simplemente no lo es –miré la maleta llena y me volví para mirarla. NO podía tener esta discusión en este momento. El dolor todavía era demasiado reciente. Solo una pequeña mención de mi antiguo nombre lo enviaba a través de mí como un cuchillo afilado.
–Parece que está llena. ¿Qué tal si nos vamos ahora? Empecemos el fin de semana, ¿de acuerdo? Parece que tenemos mucho que hacer mañana –traté de mantener mi cara inexpresiva, pero temiendo no poder, me volteé para ir al baño y recoger los pocos artículos de aseo que necesitaría para el fin de semana, arrojándolos en una bolsa de maquillaje simple.
Tomé la maleta y salí de la habitación hacia las escaleras, ansiosa por asegurarme de que esa conversación había terminado. Sin mi permiso, mi mente se fue de regreso a todas las veces que había pensado en contactar a Jacob. Simplemente verla una vez más... pero hasta yo sabía que, si me concedían verla una última vez, a la larga sería más doloroso, para ella y para mí. No soy lo suficientemente fuerte como para dejarla ir dos veces.
Ella era tan pequeña cuando me obligaron a irme y estaba segura de que a estas alturas ya se había olvidado por completo de mí y así debían ser las cosas. Por mucho que me doliera pensar en que tenía otra madre, era lo mejor para ella. Mi felicidad no importaba cuando se trataba de Grace.
Mi primera prioridad era mi hija, incluso si no podía estar allí. Cualquier sacrificio valía la pena si se trataba de ella, no importaba lo que me costara. Ella nunca podría entender que su madre fuera lo que era ahora: un monstruo, una criatura inmortal incapaz de cuidarla. No, las cosas tenían que quedarse tal y como están.
Permanecí perdida en mis pensamientos con mi mirada centrada en nada en particular, cuando sentí que Alice me abrazaba por detrás.
–Alice, estoy bien. De verdad... vamos –me alejé de ella y me volví –mírame –casi le ordené. Ella volvió la cara para verme y sonrió débilmente.
–Todos te están esperando. Vámonos –dijo tomando mi mano y bajando las escaleras a un ritmo humano. Salimos de la casa y nos dirigimos hacia su todoterreno y entramos. Me permití una pequeña sonrisa, ya que recordaba que tarde o temprano sabría que me haría entrar a este automóvil. Charlamos sobre lo que necesitábamos hacer el día siguiente y estaba agradecida de que sintiera que necesitaba hablar de temas ligeros, hasta que finalmente llegamos a la larga y estilizada entrada de la casa de los Cullen.
Edward caminaba de un lado a otro en el porche, hasta que levantó la cabeza al oír que llegábamos. Mi corazón casi saltó de mi pecho al verlo por primera vez, mientras empezaba a respirar entrecortadamente y eso solo aumentó mis nervios.
Bajó los escalones hacia mi lado del auto y se detuvo frente a mi puerta. Me mostró una amplia sonrisa antes de abrir mi puerta galantemente y ofrecerme su mano.
Todo mi cuerpo estaba lleno de ansiedad cuando deslicé mi mano en la suya. Traté desesperadamente de estabilizar mi corazón, no el órgano inútil que yacía debajo de mi piel endurecida, sino el que ahora sabía que estaba lleno de infinito amor por él, un amor que nunca sería correspondido.
Soltó mi mano antes de intercambiar una mirada con Alice, lo que lo envió a la parte trasera de su SUV para ir por mi maleta.
–¿Así que te quedarás con nosotros todo el fin de semana, Bella? –él bromeó. La vergüenza inundó mi cuerpo.
–Bueno, Alice insistió. No es necesario si es una molestia –le respondí sintiéndome incómoda.
Estaba a mi lado en un instante, mirándome con su cara tierna y hablándome con su voz suave.
–No habríamos aceptado ninguna otra opción. Además, por lo que parece, Alice tiene el día de mañana completamente planeado para ustedes dos. Simplemente tiene más sentido que te quedes con nosotros en lugar de llevarte a casa
Sí, escucha eso corazón, una vez más, es por el bien de Alice... o el de la familia, no por el suyo, pensé con tristeza. Bajé la cabeza, usando mi táctica de emplear mi cabello como escudo para que no viera mis ojos llenos del dolor que sentí al percibir otro rechazo de su parte. Me apresuré a subir las escaleras hasta el porche, ansiosa por ver a cualquier otro miembro de la familia y me choqué con Emmett.
–Caray, Bella, si querías un abrazo, todo lo que tenías que hacer era pedirlo –bromeó Emmett sarcásticamente, antes de levantarme completamente del suelo y abrazándome con fuerza mientras se reía.
–Hola Emmett –dije un poco sin aliento por la fuerza de su agarre.
–Te extrañé toda la semana, Bella. Tal vez debería haber tomado esas clases con Edward, Alice y Jasper, ya que solo puedo verte los fines de semana. No está bien tener favoritos, sabes –dijo mientras me ponía en el suelo de nuevo, el porche crujió cuando toqué el piso. Le devolví la sonrisa a su enorme figura.
–Bueno, siempre hay una próxima vez. Y, además, no te veo como el tipo de persona que disfruta la poesía –me reí entre dientes y me empecé a relajar. Rosalie se adelantó y me abrazó.
–No dejes que ese exterior de tonto te engañe, Bella. Emmett es definitivamente el tipo de persona que disfruta la poesía... –comenzó, antes de que Emmett la separara de mi abrazo y la arrojara sobre su hombro, golpeándola directamente en su trasero.
–Oye, prometiste nunca decirle a nadie –bromeó y su risa tomó el control. Rosalie actuó como si estuviera echando humo, pero finalmente comenzó a reírse y su voz alta y elegante se llenó de amor. Emmett la bajó y ella lo besó con fuerza, mientras sus largos brazos se envolvían alrededor de su cuello, él la apretó alrededor de su delgada y curvada cintura y la acercó aún más a él.
Ser testigo de todo este amor y afecto comenzaba a ponerme nerviosa y distraídamente levanté mi brazo frente a mi pecho tratando de protegerme de ese enorme agujero. El dolor disminuía cuando estaba con Edward, pero se negaba a cerrarse completamente sabiendo que lo había perdido. Tendré que conformarme con lo que puedo conseguir...
Esme me recibió en la puerta, abrazándome con fuerza.
–Te extrañamos, Bella. Tal vez esta semana, mis hijos podrían traerte a nuestra casa para que nos visites después de las clases en lugar de que te monopolicen toda la semana en tu casa –dijo, dándole a Alice y Edward una mirada de reproche.
Sonreí apreciativamente en su dirección mientras entrábamos.
–Eso podría ser un buen cambio de ritmo –le respondí.
Edward puso la maleta con mi ropa debajo de la gran mesa redonda del vestíbulo en el centro de la habitación y se volvió hacia mí.
–¿Tengo entendido que Alice pudo haberte mencionado que tengo una sorpresa para ti? –preguntó.
–Puede haber dicho algo –le respondí tímidamente, aunque mis emociones realmente corrieron hacia la sospecha.
–Está en mi habitación. Ven conmigo –instó.
¿En su habitación? ¿A solas? ¿Qué se suponía que debía hacer al respecto? Caminó hacia mí, con los ojos llenos de algún tipo de picardía y mi estómago se tensó cuando mi amigo, ya conocido, el pánico, se unió a nosotros. Me ofreció su brazo, el cual acepté cautelosamente, sin querer mirarlo directamente a los ojos, sabiendo que sería mi perdición.
Me condujo hacia la escalera de la casa, su ritmo era igual al mío. Extendí la mano hacia la barandilla, para asegurarme de no tener otro momento idiota de torpeza. Me concentré en mis sentidos, frenética por encontrar a alguien que se uniera a nosotros. Sorprendentemente, no estaba tan decepcionada como pensé que estaría cuando me di cuenta de que no estaban por ningún lado.
Recordaba fugazmente la primera vez que visité la casa Cullen en Forks. Edward tocó el piano para mí y cuando terminó, noté que todos se habían ido. Él explicó entonces que estaban tratando de darnos algo de privacidad. ¿Por qué rayos harían eso ahora?
Por el rabillo del ojo, pude ver a Edward girarse hacia mí.
–Entonces –comenzó –¿has tenido más problemas con tu jefe? –él preguntó y su tono delataba la dureza que subyacía bajo la superficie.
Cerré los ojos antes de tomar una respiración profunda y reafirmé:
–Dijiste que lo dejarías ir
Cuando llegamos al segundo piso fui más consciente de que estábamos solos. Completamente solos. Le tenía miedo a él y a lo que sentía cuando estaba con él. Hizo una pausa y se paró frente a mí.
–No volveré a mencionarlo, pero debes recordar que estamos aquí para ti... todos nosotros. Ninguno de nosotros quiere perderte... no ahora, no después de tanto tiempo –sus ojos estaban en llamas y su cara estaba tan cerca... Me alejé de él, dirigiéndome hacia los escalones que conducían a su habitación. En un borrón, él estaba frente a mí otra vez.
Suspiré, sintiéndome atrapada por las emociones que me hacían desear estar cerca de él, pero me conformé con hacer contacto visual.
–Edward –comencé, respirando profundamente para tratar de enfatizar mi impaciencia con la dirección que había tomado la conversación –puedo cuidarme sola. He estado haciéndolo durante mucho tiempo y seguramente debes entender que no necesito de un héroe que venga a salvarme
–Sólo déjame decir esto y no volveré a mencionarlo. Si continúa molestándote o continúa hostigándote... –dijo con su mandíbula apretada y sus manos apretadas en puños mientras luchaba visiblemente por mantener la calma –quiero que me lo digas... o que le digas a alguno de nosotros. Prométemelo, Bella
–No –la palabra explotó con fuerza y poder.
–Bella –dijo con su tono lleno de reproche, lo cual me enfureció.
–No creo en promesas –respondí rotundamente, sin querer perder el control frente a él.
–¿Qué? –preguntó con su tono agudo. Suspirando de nuevo por la agonía de mis sentimientos, traté de explicar.
–No hago promesas, ya no. Para mí, simplemente no existen. Así que no me pidas que te prometa nada, porque no lo haré –escupí –tampoco creo en las promesas de nadie –tomé algunas respiraciones profundas luchando por mantener el control antes de continuar –él no puede herirme físicamente, Edward. ¿Ahora podemos dejar esto? –mi terquedad salió como una armadura preparándome para el campo de batalla.
Edward nunca me había hecho ninguna promesa, nunca prometió que se quedaría conmigo para siempre... pero le había hecho una promesa, una promesa que rompí... recordé las motos, el salto de acantilado... todas las cosas peligrosas e imprudentes que había hecho después de que se fue volvieron a mí en una avalancha abrumadora de imágenes.
Jake había prometido amarme para siempre, me dijo tantas veces que sería para siempre. "Una vida de esclavo", bromeó una vez, y eso tampoco funcionó.
Estaba harta de promesas, harta del vacío, harta de algo que para mí era un mito cruel. Descubrí que estaba jugando con mi anillo, concentrándome en él en lugar de Edward. Mi mente estaba mareada por el torbellino de dolor que se filtró después de mi confesión. Me estabilicé antes de obligarme a mirarlo a los ojos.
Edward me miró con tristeza, antes de que su rostro se suavizara en la máscara de piedra a la que estaba mucho más acostumbrada.
–No estoy preocupado porque él te lastime físicamente. Sé que tú –sus ojos se suavizaron, –puedes cuidarte. No estoy preocupado por el daño físico que sufras. Estoy preocupado por ti emocionalmente
–No te molestes –ya tenía suficiente de esta conversación. ¿Qué diferencia hacía que se preocupara por mí emocionalmente cuando en realidad la única parte de mi vida que quería que le importara no hacía ninguna diferencia? Estaba lista para girar en mis talones e ir a buscar a cualquier otro miembro de la familia cuando Alice apareció de la nada.
–¿Ya le mostraste tu sorpresa, Edward? –ella lo regañó, aunque su tono era ligero.
Todavía estaba mirando al piso y estaba a punto de regresar a mi casa, sin importar cuán deprimente fuera esa opción. Sentí la pequeña mano de Alice deslizarse dentro de la mía tranquilizándome y ella me condujo hacia la segunda escalera que era la única manera de acceder a la habitación de Edward.
Subimos las escaleras rápidamente, Edward justo detrás de nosotras antes de llegar al frente de su habitación donde su puerta estaba cerrada. Edward se paró frente a nosotras, con la cara todavía apretada por la confusión sobre lo que acababa de decirle, cuando abrió la puerta. Todas las luces estaban encendidas y lo que antes era un espacio abierto y limpio estaba atestado de pilas de múltiples CD, partituras y una computadora portátil abierta en el sofá.
Desconcertada, espeté.
–¿Qué es todo esto?
Edward se acercó tentativamente a mi lado, señalando las cosas.
–Bueno, Alice te está ayudando con la parte más física de la planeación. Pensé que podría ayudar con la música. Cuando ella y Jasper hicieron su parte –hizo una pausa, sonriendo con suficiencia a su hermana –investigando, descubrieron la música del año pasado. Realmente, Bella... ¿solo un DJ? –se burló. Gimiendo internamente, respondí.
–Mira, era la primera vez que hacía esto y no tenía idea de lo que estaba haciendo, así que dame un respiro –me rendí a las burlas en un esfuerzo por aliviar la tensión entre nosotros.
La cara ridículamente hermosa de Edward se suavizó y su sonrisa volvió a su lugar mientras continuaba.
–Bueno, pensé que, dado tu tema, sería oportuno tener música de cada década, así que he estado compilando listas para la fiesta y me he tomado la libertad de contactar a varios DJ decentes en la zona. Espero que esté bien –dijo.
Al instante, sentí un mucho remordimiento por haberlo tratado así antes. Aquí estaba él tratando de hacer algo lindo, algo especial... por mí. Una vez más, mi corazón y mi cabeza estaban en guerra.
Mi corazón quería profundizar más en este acto, mientras mi cabeza sostenía que Edward sólo era amable por el bien de su familia, sólo quería ser el caballero perfecto. ¿A quién le importan los "por qué"? Hizo algo lindo, ahora practica lo que les enseñas a tus alumnos todos los días.
–Gracias, Edward –murmuré.
Bien... ¿ahora podemos intentarlo un poco más, Bella?
–Hay más –dijo. ¿Ahora qué?
–¿De Verdad? –pregunté, tratando de mantener mi voz en calma. Forcé mis ojos para mirarlo y dio un paso más hacia mí. Tomando mi mano en la suya, me llevó hacia el piano. Montones de partituras estaban en todas partes y su habitación comenzaba a parecerse al de Alice.
–Pensé que sería agradable tener un cuarteto de cuerdas y un pianista, tal vez durante la comida y luego intercalados durante la noche. No todos tus invitados son estudiantes universitarios, ya sabes –bromeó con sus hermosos ojos topacio brillando para mí.
Capté su doble sentido. A veces era desconcertante, mirando el rostro perpetuamente joven de Edward, sabiendo que, aunque parecía tener diecisiete años, de hecho, estaba más cerca de los ciento veinte. Edward disfrutaba de todo tipo de música, pero estoy segura de que incluso Carlisle podría disfrutar de algo un poco más clásico. Seguramente un vampiro de cuatrocientos años podría disfrutar bailando con su esposa algo más que hip-hop o rock & roll clásico.
Edward era la persona perfecta para ayudar a planificar esta parte de la fiesta y de inmediato le agradecí la ayuda. Y por lo que parecía, se había tomado muchas molestias. Encontré una sonrisa genuina para ofrecerle. ¿Por qué no puede simplemente amarme?
–Gracias, Edward. De verdad... estoy segura de que todo lo que has planeado está bien pensado y todos lo disfrutarán. El año pasado recibí algunas quejas porque la música no tuvo muchas variaciones. Estoy segura de que los invitados más experimentados –le sonreí y luego a Alice –disfrutarán de un cambio en la selección ecléctica. Espero que no te hayas tomado demasiadas molestias –Edward me sonrió, casi seductoramente.
–Por ti, no existe tal cosa
Le rodé los ojos y volví mi atención a la partitura, antes de que Edward las tomara enérgicamente de mis manos. Puso su mano en la parte baja de mi espalda y me dio un pequeño empujón en dirección al sofá.
–Echa un vistazo a la lista en la pantalla –hizo un gesto brusco hacia el computador portátil –y puede ver las listas clasificadas por década, artista y género –explicó.
Alice habló entonces.
–Dile el resto, Edward –alentó.
Lo volví a mirar, mi mano quería quitarle con urgencia su pelo salvaje de sus ojos y de su cara y luego dejarlas en sus hermosos pómulos y pasar mi pulgar por su labio inferior. Luché contra el impulso y luché por evitar que mis ojos traicionaran mi corazón.
–Bueno, me tomé la libertad de entrevistar a algunos grupos en el área esta semana por teléfono y tengo algunas grabaciones que pensé que podíamos escuchar esta noche, para que pudieras tomar una decisión final. Todas están disponibles la noche de la fiesta y eso al menos te ahorrará algo de tiempo –dijo, con los ojos dispuestos a que aceptara este regalo de amabilidad. ¿Cómo no iba a hacerlo?
–Claro, podemos hacer eso esta noche o cuando tengas algo de tiempo este fin de semana – confirmé.
La boca de Edward se transformó en una de las más bellas sonrisas que había visto en mi vida.
–Cuando Alice te libere, estaré esperando –suspiró con alivio. Al parecer, había estado esperando más de una batalla.
Continuamos hablando durante unos minutos, hasta que Alice anunció que deberíamos ver una película o dos. Toda la planeación estaba hecha. Mañana llegaría lo suficientemente pronto y entonces tomaríamos las decisiones finales. Nos unimos al resto de la familia en la planta baja y nos acomodamos en la sala, Emmett levantó uno de los sofás y lo dejó a un lado, como si no pesara más que una taza de café.
Carlisle llegó a casa desde el hospital y se unió a nosotros, sentándose al lado de Esme. Rosalie tomó su lugar habitual en el regazo de Emmett, Alice y Jasper se acurrucaron en el suelo y yo me senté en el sofá, sola, mientras Edward se hundía en la alfombra debajo de mí, lo suficientemente cerca como para que yo pudiera tocarlo.
La tentación de acercarme a él era casi insoportable y completamente distractora. Me resultó imposible ver la película porque cada vez que cambiaba de posición su aroma que golpeaba de lleno y gracias a Dios, nadie me preguntó qué pensaba de las películas que eligió Alice. Mis ojos seguían vagando hacia donde estaba sentado y mi corazón gritaba porque me arrastrara sobre su regazo, lo besara, pasara mis dedos por su cabello... esto era imposible. Cambié mi posición en el sofá mientras trataba en vano de concentrarme en algo que no fuera él.
La mañana llegó, nublada como siempre y Alice y yo empezamos temprano. Me salté la caza por un día, agradecida por el alivio de no tener que obligarme a alimentarme. Esa era una de las mejores partes de los fines de semana, ya fuera con los Cullen o sola. No estar con muchos humanos hacía que no necesitara cazar y era maravilloso. Aunque ahora no luchaba con la sed de sangre, no podía permitirme ser complaciente.
Alice me empujó al Escalade y nos fuimos, escuchando a un grupo indie del que nunca había oído hablar. Ella parloteaba sin parar o cantaba lo que sonaba, mientras yo simplemente me recostaba a disfrutar de su compañía.
Estar con Alice era muy gratificante. Podía simplemente sentarme y disfrutar de lo simple de nuestra compañía. Me sentí aliviada de no estar cerca de Edward para variar, aunque me entró el pánico de que nos acompañara esta mañana. Era una locura: en un momento no quería nada más que estar cerca de él, pero el dolor de saber que nunca volveríamos a estar juntos me hacía querer salir corriendo.
La complejidad de tenerlo en mi vida era algo imposible de manejar. Mi corazón y mi cabeza estaban en constante guerra y ninguno estaba ganando.
Nos detuvimos en las impresoras, listas para seleccionar las invitaciones. Fiel a su forma, Alice ya tenía en mente lo que quería y nosotras simplemente fingimos pensar cuál elegir. Si fuera sincera, habría dejado que Alice planeara todo sin mí, pero estar con ella me traía una paz inmensa y me hacía reír demasiado.
–Bella, si escogemos las de blanco y negro, no irá con todo lo demás que escojamos. Cuando tus invitados la reciban, quiero que estén más que entusiasmados con lo que puedan esperar que cuando realmente lleguen a la fiesta –dijo en beneficio del empleado.
–Alice, las que quieres son mucho más caras –le respondí haciendo mi parte en esta escena de policía bueno y malo.
Alice atrajo dramáticamente la atención del chico en el escritorio, pavoneándose un poco, sus ojos lo miraron antes de encender su infame encanto de vampiro... encanto que se magnificó porque era, bueno... Alice.
–Oh, realmente quiero estas invitaciones, Elizabeth –suspiró significativamente.
Decidí seguirle la corriente, temiendo lo que podría pasar si no lo hacía.
–Alice, tenemos un presupuesto, ya lo sabes. No es como si pudiéramos cambiar el precio – discutí con la cara más seria que pude.
–¿Puedo pagar la diferencia? –preguntó ella lo suficientemente bajo para que yo fuera la única en escucharla.
–No –respondí, igual de silenciosa.
Alice miró significativamente al recepcionista, abriendo sus ojos al joven, quien se inclinó hacia ella en respuesta, con la boca abierta.
–Ojalá hubiera algo que pudiéramos hacer –prácticamente rogó.
El joven, cuya etiqueta de plástico barata anunciaba que se llamaba Tyler, la miró y su sonrojo hizo que Alice se lamiera los labios en respuesta, lo que me hizo dar un paso detrás de ella, lista para arrastrarla por el pelo si era necesario.
–Bueno, tal vez pueda ayudar –tartamudeó, obviamente deslumbrado por Alice. Le gruñí a Alice, lo suficientemente bajo para que solo ella pudiera escucharlo.
–Alice, no lleves esto al extremo –le advertí.
Ignorándome por completo, Alice se inclinó aún más con sus brazos empujando su pequeño busto para crear un escote falso, mientras dejaba escapar un profundo suspiro.
–Si tan solo pudieras ayudarme. No estoy segura de lo que haré si podemos conseguir esa invitación –dijo en voz baja. Tyler se inclinó y susurró:
–Podría cobrarte el precio de las invitaciones en blanco y negro, hacerte un descuento... ya que es para la Universidad –ofreció y su sonrisa se amplió cuando Alice continuó batiendo sus pestañas hacia él descaradamente.
–¿Podrías hacer eso? –ella exclamó y su sonrisa se ensanchó, mientras levantaba su cara completamente para mirar al pobre chico.
–Por ti –se sonrojó de nuevo, antes de bajar la cabeza, mientras la timidez tomaba el control de la situación –absolutamente. ¿Por qué no tomamos esa orden?
Chasqueé la lengua, para mostrar mi obvio disgusto por las tácticas de Alice. Se giró y me agarró por la cintura, murmurando en mi pecho.
–Ves... me necesitabas –se jactó.
–Alice, no puedo creer que hayas hecho eso. Ese pobre chico ni se dio cuenta de lo que pasó –respondí con fingida molestia y no pude evitar sonreírle mientras añadía –Buen trabajo
Tyler regresó y comenzó a llenar el formulario del pedido, seleccionando las hermosas invitaciones de color rojo oscuro y negro con sobres a juego. Solo me senté allí y dejé que Alice hiciera su magia.
Para cuando ya estuvimos listas para irnos, ella lo había convencido de que nos dieran los sobres sin costo adicional. Solo negué con la cabeza por su audacia, pero estaba agradecida por su deslumbrante destreza. Esta planificación era realmente diferente a la del año anterior y mucho más divertida.
Alice también tuvo éxito en la floristería. El pobre propietario, un hombre desprevenido llamado Chris, estaba tan fascinado con el encanto de Alice que sugirió las anémonas francesas mucho más costosas en lugar de las margaritas de Gerber más asequibles que habíamos escogido originalmente... ¡y por el mismo precio! De nuevo de un rojo oscuro aterciopelado, con el centro lleno de colores, los jarrones bajos de vidrio con cinta de terciopelo marrón chocolate complementaban el tema que Alice tan amorosamente escogió para el evento.
Cuando llegamos con el supervisor culinario de la Universidad, la suerte de Alice se agotó. La mujer a cargo, Nikki, parecía desconcertada por Alice y solo hablaría conmigo. El año anterior, me había respondido lo mismo, lo que no me sorprendió, dado que sus tácticas de auto conservación funcionaban perfectamente. Alice siguió mirando los menús y las opciones de mantelería, mientras yo hablaba con Nikki. Cuando nos fuimos, ambas confiábamos en que esta fiesta sería un gran éxito.
Terminamos el día, agradecidas de que todo estuviera en su lugar. Por primera vez esperaba con ansias el evento y la anticipación hizo que las mariposas revolotearan en mi estómago. Tenía la sensación de que algo grande iba a suceder.
