Capitulo 37

Serena caminó despacio hacia su casa, aún pensando en todas las cosas reveladas en la reunión sin ser capaz de creerlas por completo. No podía comprender cómo ella, con su torpeza e ignorancia, podía ser la rencarnacion de una poderosa princesa.

Luna y Artemis, ambos también compartían su inquietud, por eso el par de gatos había pedido permiso para investigar unos archivos y ver que tan posible era que la princesa fuera una scout. Rey y Lita, ambas estaban convencidas de que Darién era prueba irrefutable de que Serena era la princesa.

"Darién es Tuxedo Mask, y era Endymion...y siempre salva a Sailor Moon. No puede ser coincidencia" Rey había dicho en voz firme, aunque no muy feliz, Amy y Mina, por su parte, habían dicho que era mejor encontrar todos los cristales antes de sacar conclusiones.

Serena cerró sus ojos y se detuvo en una intersección, viendo el semáforo peatonal parpadear colores verdes antes de volverse rojo. Era extraño, debía sentir algo más que melancolía al pensar ser una princesa, pero fuera de Darién no había nada bueno de esa información.

Ni siquiera sabía si Endymion y la princesa habían sido almas gemelas, no existía forma de saber siquiera si los sentimientos de él hacía Sailor Moon eran reales considerando que sus acciones fueron las de un sonámbulo controlado por una vida pasada.

Incluso cuando la gente comenzó a cruzar por su lado, Serena permaneció mirando al vacío, reflexionando por primera vez sobre la rencarnación. ¿Qué tanto eran los sentimientos de una persona de ella y no remanentes de su vida pasada?

Él había besado a Sailor Moon, aquel beso que había cambiado tanto en ella, realmente había tenido el mismo significado para él. O todo era por una princesa que Serena ya no podía ser.

Se sentía inadecuada y no le gustaba.

Comenzó a avanzar por la calle, lágrimas formándose en sus ojos y brevemente lamentó no haberse ofrecido a patrullar la ciudad. Nunca se había ofrecido pero por lo menos, buscar signos de youmas la hubiera distraído de sus sentimientos tristes.

Solo unos días atrás, estaba feliz de haber rechazado el destino que la ataba a un hombre, solo para descubrir que su pasado la ataba a otro. Al pobre Darién que no tenía ni la mayor idea de quién era. Él no sabía de Endymion, de ser guardián de un planeta, ni de Tuxedo Mask y mucho menos de Serena.

Y Serena ya no sabía qué debía sentir ella.

—¡Serena!

Ella se giró sobre su eje para ver a Lita corriendo hacia ella, ojos verdes llenos de preocupación y cabello desalineada despues de correr. Amy venía detrás de ella, sus mejillas rojas por el esfuerzo del ejercicio.

Serena limpió sus mejillas y forzó una sonrisa que no convenció a ninguna de sus dos amigas.

—¿Rey y Mina no vinieron con ustedes? — Serena preguntó tímidamente, intentando no mostrar que la entristecía la presencia de sus amigas. En su mente, existía una sola pregunta: ¿La habían seguido porque creían que era la princesa Serenity?

—Rey dijo que iba a hacer lecturas en el fuego sagrado, Mina se quedó por si aparecía un enemigo y tenían que actuar sin esperar refuerzos — Amy contestó tras asegurarse que ellas tres eran las únicas en la calle.

—Ya veo.

—¿Estás bien, Serena? — Amy preguntó, una de sus manos blancas sobre su corazón, su voz casi una súplica por respuestas y Serena se rse recargó en la pared antes de caer al suelo y negar con su cabeza.

—¿No estás feliz por lo de Darién? — Lita inquirió mientras se agachaba para quedar a la altura de Serena —Creí que estarías feliz por eso, por saber que están destinados.

Serena cubrió su rostro entre sus manos. Ella ya no estaba segura de qué era el destino y qué no lo era.

—Mi destino es con mi alma gemela. Darién no es mi alma gemela ¿Cómo puede ser él mi destino? — Serena susurró, pensando de nuevo en la princesa que amo a un principe, ella que debió haber aparecido como su respuesta a los problemas y que había sido solo una ilusión.

—Creo que tú destino lo escoges tu mismo — Amy dijo amablemente —. Es cierto que existen las almas gemelas, y existe un destino que nos permite encontrarnos unos a otros. Nosotras no somos almas gemelas, pero fuimos reunidas también.

—Y ahora somos amigas, porque así queremos — Lita continuó la idea de Amy y le dió una palmada a la rodilla de Serena —. Amas a Daríen porque asi lo quieres. O así lo quiere tu corazón, ¿verdad?

Serena esbozó una sonrisa a su amiga. Ellas decían la verdad, lo podía sentir en su corazón, pero aún así, eso no terminaba de aplacar sus penas. Después de todo, la razón de su pesar era que ella no quería ser la princesa.

—Además fue él quien te regalo esos aretes, ¿verdad? —Lita preguntó, ignorante de todos los pensamientos lúgubres de Serena, consiguió llevarla al presente.

—¿Cómo lo supiste?

—Se vio en tu cara desde la mañana — Amy intervino con gentileza, mostrando sus dientes blancos al sonreir a Serena —...esto no es por Darién, ¿verdad?

Serena escondió su cabeza entre sus brazos. Era cierto, todo su dolor se debía a que ella no quería ser la princesa, pues ese destino, la responsabilidad, era demasiado y preferiría sacrificar un futuro con Darién que saltar de alegría ante la idea de ser una princesa lunar.

La idea detuvo sus lágrimas en seco y mordió sus labios para evitar gritar.

Había pasado semanas enteras jurando que amaba a Darién. Serena se puso de pie y acomodó su cabello rubio y respiró profundamente, agitó su cabeza y logró decirle firmemente a sus amigas que se sentía mejor y necesitaba un tiempo a solas.

Todos esos días, soñando con su cara, deseando besarlo y ser la única para él. Serena llegó a una cuadra de su casa y suspiró profundo mientras se forzaba a avanzar el último trayecto. La casa de Darién tenía las luces apagadas, curioso, pues de acuerdo a Darién, Nephrite estaba obsesionado con tener las luces prendidas desde la cinco sin importar qué.

Habia negado al destino para amarlo. Eso creyo...pero la verdad...

Serena encogió los hombros, deduciendo que nadie estaba en casa y camino rumbo a su propio hogar.

Al entrar, vio un par de zapatos blanco en la entrada que evitaron que anunciará su llegada. Todos los pensamientos sobre Darién desaparecieron en ese instante. Un familiar frío recorriendo su espalda al reconocer ese calzado.

Su tarde horrible estaba apunto de empeorar.

—Tengo un amigo con quien encontrarme en quince minutos, ya debo retirarme — Liar dijo desde la sala y entró al pasillo, sus ojos cayendo sobre la figura muda de Serena. Ella perdió la habilidad de respirar por un segundo y Liar lanzó una mirada por atrás de su hombro, notando que los padres de Serena no lo habían acompañado a la puerta.

Él llevó su dedo índice frente a sus labios ocultando un poco su sonrisa.

Liar se acercó a Serena y ella retrocedió, pegando se contra la pared. Él simplemente agarró el cabello de Serena en sus manos y lo llevo a su nariz. Ella observó todo con ojos grandes, buscando el sonido de su voz sin éxito.

—Mi otra mitad — él dijo sin soltar el cabello de Serena, sus palabras vibrando como culebras — Ya debo irme.

—¡Largo!

Sammy apareció por las escaleras y lanzó algo con fuerza en contra de Liar, este último reaccionó como si le hubieran golpeado con fuego y gritó mientras caía enfrente de la puerta de entrada. El objeto culpable rebotó hacia la entrada de la sala, su sonido metálico llamando a los padres de Serena a asomarse.

—¿Sammy? — su madre preguntó confundida, despues miró a su hija por primera vez— ¿Serena?

Liar aprovecho la confusión para huir y Sammy dirigió la furia contra sus padres. Sus pasos resonaron y los dos mayores retrocedieron a la sala con brazos cruzados, listos para regañar a su hijo. Serena los siguió hacia adentro.

—¿Por qué dejaron a esa basura entrar?

Algo en Sammy comenzó a cambiar y Serena cerró sus ojos ante la energía eléctrica que envolvió a su hermano.

—¿Sammy? — Serena preguntó en un hilo de voz, el color de su cara perdido ante la conmoción.

Su hermano, único e iremplazable, se había transformado en una criatura del mal, su piel rodasa cambiada por escamas negras, su cabello rubio corto tan largo que llegaba al piso y su sueter verde transformado en una armadura estilo samurai.

—¿Dónde está Liar? — Sammy preguntó en una voz ronca y sus padres abrazaron a Serena entre ellos.

—Sammy, cariño, por favor, deten esto — su madre suplicó sin soltar a Serena.

—¿Dónde? — Sammy repitió la pregunta y sus ojos buscaron por la habitación alguna señal del enfermero, olvidando brevemente que él había huido.

—Escapo — Kenji Tsukino dijo en un tono neutral pese a la preocupación que le consumía al ver la criatura en que Sammy se había vuelto.

Serena apretó uno de sus puños al ver que Sammy caminaba hacia ellos de una forma amenazante, como si estuviera a punto de atacarlos.

Desde haberse vuelto una super heroína, la tranquilidad de su vida normal en su familia era lo único que la ataba al mundo apacible y seguro, su roca que evitaba que ella desapareciera en medio del conflicto del Negaverso y las Sailor Scouts (o princesas muertas).

Pero, en ese momento, no tenía opción.

Debía salvar a sus padres y curar a Sammy. Volverse Sailor Moon y revelar la verdad de ella y acabar con la hermosa normalidad en su casa. Una sonrisa amarga se formó en sus labios y estiró su mano derecha para canalizar la energía de la transformación.

Antes de siquiera poder decir una palabra, ella y sus padres fueron empujados contra la pared por telas azules que empezaron a envolver los tobillos y muñecas de la familia Tsukino.

—¡Sammy! ¡Alto! — Kenji ordenó autoritariamente, como si no fuera capaz de recordar que en ese momento era un monstruo.

Serena miró a su hermano y entendió que las palabras no funcionarían con él. Mordió su labio inferior y de nuevo buscó llamar la energía de transformación a ella, intentando tocar su centro de poder sin usar sus manos. Ella debía encontrarlo y transformarse.

—Ire por Liar y lo destruiré — Sammy dijo mientras caminaba a la salida de la casa —, jamás volverá a molestar a Serena, lo juró.

Los dientes de Serena se apretaron al escuchar eso, tuvo que respirar profundo para evitar que sus emociones la controlarán y en cuanto escuchó la puerta cerrarse, miró con resolución hacia el pasillo.

Y ahí, yacendo inocente en el piso de madera, la extraña moneda que Sammy había lanzado a Liar para que no la tocará.

Una extraña magia recidia en el objeto y Serena se forzó a arrastrarse a ella. Una energía antigua se hizo presente conforme Serena se acercaba y sus ataduras perdieron poder. Gracias a su poder de Scout, logró romper la tela y se puso de pie tras juntar la moneda.

La cara era un sol estilizado y el sello era un Pegasus. Serena recordaba haber visto imágenes similares en sus sueños y se preguntó cuanto de ellos era fabricación o recuerdo.

Sus padres gritaron el nombre de Serena, pero ella los ignoró. Tenía que salvar a Sammy.

Al ver que no había nadie afuera en la calle, incluso Jadeite y Nephrite estaban ausentes, Serena lanzó la moneda al aire y cuando cayó, fue en el guante blanco de Sailor Moon. La imagen del sol prometía victoria.

…..

Samusammy llegó a la clínica donde Liar estaba refugiado junto a un hombre claramente asiático que tenía una bata con demasiados botones y con labios que le podrían pertenecer a un pescado.

Ninguno de los dos había notado a Sammy pues estaban ocupados acomodando pastillas dentro de unos frascos.

—Lord Malakite confía en nosotros, la gran Reina Metallia, nuestra poderosa diosa, nos encomendó esta misión — el doctor Yami dijo feliz — ¿Y tú huyes de un niño?

—Había algo en él. Distinto. Pero no es problema, ya hice mi parte en el hospital, mi único problema es Chiba, ese maldito...no estaba en su casa si no ya lo hubiera destruido.

—La doctora Lyreb lo tiene de paciente... falló a su sesión obligatoria. La policía se encargará de Chiba y lo traerá a mi. Yo me encargo de él.

—Es una astilla como paciente — Liar advirtió a su compañero — Solo manténlo lejos de las calles y todo tuyo.

—Cuenta con ello.

Samusammy finalmente decidio que había escuchado suficiente. Liar había hecho lo que Metallia quizo, en lo que respectaba al resurgir de Metallia, el papel del enfermero ya había sido cumplido, por eso Sammy sí podía matarlo.

Blandió su espada, haciendo que la puerta explotará y entró al cuarto clínico, las telas azules sujetando al doctor y al enfermero, listo para desacherese del problema. Su espada lista en mano, se dirigió a Liar listo para acabar con su peor enemigo.

—¡Alto ahí! ¡Usar el amor de un hermano para el mal es horrible! — Sailor Moon dijo desde atrás de Samusammy llamando su atención.

"Destruye a Sailor Moon" una voz dentro de Sammy rugió y él olvidó a Liar, en lugar de ello, se lanzó hacia la heroína y ambos salieron del local directo a una calle llena de espectadores.

Sailor Moon miró a su alrededor, colocó una mano en su cintura y alzó una ceja arrogante.

—Apuesto que no puedes alcanzarme.

La heroína se dió á la fuga brincando sobre los tejados y Sammusamy comenzó una persecución que los llevo a un parque vacío, un lugar ideal para una confrontación.

—Si fueras una verdadera heroína, me hubieras dejado acabar con Liar.

—No permitiré que manches tus manos. Ese hombre no vale la pena — Sailor Moon dijo en un tono amable que sorprendió a Sammusamy — No te preocupes Sammy, yo te voy a curar y vas a estar bien.

—¡Tengo que proteger a mi hermana! — Sammusamy gritó mientras agitaba su espada, cientos de lazos azules lancandoze contra la heroína pero ella los esquivo dando piruetas sobre el césped sin perder su gracia.

Ella hizo aparecer un pequeño cetro en su mano y lo hizo girar en sus habiles dedos, lista para su contrataque.

Sin embargo, no tuvo tiempo de atacar, pues un ataque de energía oscura la golpeó en el brazo izquierdo y ella salió volando varios metros hasta caer boca abajo, comiendo tierra.

….

Sailor Moon escupió la tierra de su boca y alzó la mirada, sus ojos duros ante el nuevo enemigo. Un hombre de larga cabellera plateada, ojos grises y piel morena que le era familiar pese a solo haberlo visto una vez.

— Malakite — Sailor Moon dijo tras limpiar con su antebrazo sus labios — Tú eres el culpable de esto.

—Tendrás que ser más específica — Malakite respondió en un tono neutral.

—Transformaste los deseos inocentes de un niño de proteger a su hermana en algo vil. Eres un monstruo de lo peor. Soy Sailor Moon y te castigare en el nombre de la Luna.

Sailor Moon cambio el báculo de su mano derecha a la izquierda, y después llevó su mano libre a su tiara.

—Sin tus amigas Sailor no tendrás éxito — Malakite observó, ojos grises prepotentes y barbilla alzada en superioridad — Y ellas están ocupadas con un youma cortesía de Nephrite. La persona en quien confiabas te traicionó.

—Hablas mucho — Sailor Moon exclamó despues de lanzar su tiara, pero al no tener ninguna distracción de ayuda, Malakite vio el ataque y con su mano derecha realizó un campo de energía que reflejo la tiara hacia el árbol detrás de la heroína, dejando el objeto clavado en la maleza del árbol.

Sailor Moon mantuvo su cara fija en Malakite y con el rabillo de sus ojos miró hacia Sammusamy con preocupación y después su quijada se endureció.

—¡Usar el amor de hermanos para tus planes nefastos es lo más ruin del mundo! — ella se forzó a decir, utilizando sus propias palabras como motivación para seguir peleando — Rescatare a Sammy, lo haré.

La tiara desapareció del árbol y se transportó de nuevo a la mano de Sailor Moon, lista para ser usada de nuevo, pero el tiempo que le demoró recuperarla le dió oportunidad a Malakite de lanzar un ataque sobre Sailor Moon y ella se encontró capturada bajo un campo de energía negro que no permitía ni la más mínima brisa.

—Es tu final, Sailor Moon — Malakite dijo cruelmente, su cabello gris moviéndose con la energía del viento.

—No, Sammy… — Sailor Moon miró al niño, a su amado hermano, transformado y sus ojos se llenaron de lágrimas. Intentó lanzar su tiara contra el campo mientras lanzaba un grito de desesperación, pero el objeto cayó al césped sin lograr nada. En un intento desesperado saco la moneda de su bolsillo y la arrojó contra la energía oscura, obteniendo el mismo éxito. El campo comenzó a encojerse y la respiración de Sailor Moon se volvió más laboriosa, aún así logró gritar en una voz molesta y aguda gritar el el nombre de su hermano, su voz más de Serena que la de una princesa o heroína— ¡Sammy!

—Se...re...her..na — Sammusamy titubeó, temblando dentro de su armadura y de la nada, con un puño firme, blandió su espada contra Malakite.

Al perder la concentración el general, el campo de energía sobre Sailor Moon se desvaneció, ella comenzó a recobrar el aire y miró en dirección del youma de escamas negras que enfrentaba a Malakite con una mayor fuerza que antes.

—¿Qué haces Sammusamy? — Malakite preguntó mientras esquivaba una estocada.

—Protegeré a mi hermana — Sammusamy dijo tras terminar una secuencia de ataques, su espada alta lista para volver a a atacar.

—¿Cómo?

Malakite vio hacia Sailor Moon, aún tirada en el suelo, a su lado, la moneda mágica que había entregado a Sammy Tsukino brillaba con los rayos que atravesaban las nubes grises del cielo.

—¿Ella es tu hermana? — Malakite trato decir algo pero sus pasos flaquearon y al retroceder para evitar el ataque de Sammusamy, cayó al suelo. Él vio, en ese momento, pasar por su cabeza, a sus amados hermanos, a quienes él había jurado proteger y que Metallia consiguió destruir.

Un trueno iluminó la cara de Malakite y él materializó una espada en su mano, tragó saliva y se preparó para matar al niño que logró vencer a Metallia cuando Malakite fallo.

Sammusamy se detuvo en seco, Sailor Moon volvió enviar su báculo lunar a su mano derecha y el mundo pareció paralizarce por un segundo. Los tres sintieron una energía calida llegar a ellos y Malakite perdió el agarre de su espada justo en el momento que la lluvia cayó sobre ellos, su agua incapaz de borrar la escencia familiar que amenazaba ahogarlo.

Al reconocer la energía, comenzó a llorar, su corazón temblando ante la emoción melancólica que era tanto un hogar como una prisión. Sammusamy no fue tan afectado e intentó resumir su ataque, listo para matar al general..

—¡Curación lunar! — de improviso, los dos hombres fueron golpeados por una suave fuerza que brillaba con los colores de la aurora. Sammy, curado del mal, cayó encima del pecho del inconsciente general del Negaverso.

Sailor Moon cayó sobre sus rodillas, su cara roja después de tanto esfuerzo, miró a su hermano, despues a Malakite y por último al cielo nublado.

La lluvia de noviembre era muy fría y ella no supo bien las causas que tenía para estar temblando.

—¿Ahora qué?


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Warning: muerte de mascotas y mis sentimientos al respecto.

Capitulo dedicado a Máscara y Negra, les dió un virus hace una semana y media y fallecieron, de verdad, intentamos pero ya no había forma de hacer nada...no quería ni escribir después de que eso pasó. A veces en las noches aún puedo sentir la tristeza como un manto que me es difícil de quitar y los lentes de la melancolía aparecen siempre que veo una mascota. Incluso en los gatos me hacen perder un latido y por mi garganta pasa el amargo sabor de la perdida que quiero olvidar para siempre.

Perdón por la espera y gracias por su comprensión.