¡Holaaa!

Siento no haber actualizado ayer, pero acabo de empezar nuevo semestre y estoy un poco saturada, en fin, sé que lo que queréis es pasar a la acción así que sin más dilación...

¡Disfrutad del capítulo!

Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de Rizzle -.


Capítulo 36 – Alexander Amarov

El cansancio de Hermione hacía rato que había pasado la fatiga, llegando a un destino antes desconocido llamado Onirismo. Cada parpadeo parecía suceder a cámara lenta. Lamentó no haber aceptado comida de Prestin. Algo de azúcar en su sangre habría supuesto una diferencia crucial. Antes no le había importado, cuando de todo lo que tenía que preocuparse era de su propia determinación, pero ahora sí. Tenía que pensar rápido y ser aun más rápida.

- ¿Qué pasa por tu mente? – le preguntó Amarov, con voz adormilada – Pareces turbada.

- ¿Piensas en ella?

Él sabía a quién se refería.

- Cada día.

- ¿Cómo era tu prometida?

Amarov consideró la pregunta.

- Lo opuesto a ti, realmente.

- ¿Alta, rubia y guapa?

Amarov sonrió, tomando su mano y besándola en la muñeca.

- Dependiente, rencorosa y consentida. Pero nos llevábamos muy bien. Me entendía. – comenzó a pasar un dedo a lo largo de la clavícula de Hermione, bajando por ella, trazando la separación del escote de la bata.

- ¿Honoria te entendía? – preguntó ella, obligándose a no alejarse.

- Sí, creo que lo hacía, por eso olisqueó la sangre en el agua desde el momento que llegaste a bordo.

- ¿A qué te refieres?

Amarov empezó a deshacer el nudo de la bata.

- Me gustan… cosas inusuales. Disfruto con los desafíos, pero sólo si termino siendo ganador. O con la adquisición. – se sentó, separando los bordes de la bata hasta que el cuerpo de Hermione quedó completamente expuesto a él – No me gusta perder.

Pasó la palma de su mano sobre la piel del vientre de Hermione, deteniéndose justo encima del rosado tejido cicatrizado de la herida de bala; la misma que Amarov le había causado y que Draco le había cosido.

- Lástima de esta fea cicatriz.

La mano derecha de Amarov se deslizó bajo su cabello rizado mientras presionaba su rostro contra el suyo, besándola. Este fue muy diferente al último beso. Este era el preludio de algo serio. Era extraño que después de tres años sin besar a nadie, con una mala relación con varias interrupciones y rupturas con Ron, ya la hubieran besado tres veces en los últimos tres meses y en todas las ocasiones con "el enemigo".

El beso de Amarov no era agresivo ni furioso como el de Draco en la biblioteca de Hogwarts. Este estaba diseñado para calmar y convencer. Era un hombre de negocios, después de todo. Hermione sintió la mano de él en uno de sus pechos, y después en el otro, antes de que la deslizara más abajo en su cuerpo.

Se le estaba haciendo difícil en ese punto; permanecer quieta, receptiva y resistiendo el impulso de envolverse con todas las sabanas de la cama. Amarov separó la boca de la de ella, recorriendo su cuello hasta donde sus manos habían estado segundos antes.

- Está pitando. – señaló Hermione.

- Creo que podemos acabar con eso ahora. Ha sido una prueba. – extendió una mano para meter un código en el invertido teclado numérico del dispositivo de bioretroalimentación.

Se apagó. Simplemente. Así de fácil. Esa era la mentira que había mantenido a toda una flota de gente como aterrorizados esclavos.

En ese momento, Amarov se sentó para quitarse el jersey por encima de su cabeza. Hermione sacó los brazos de las mangas de la bata, pero se aseguró de permanecer tumbada sobre la prenda.

- Eres tan hermosa. – dijo él – Tal vez no haya acabado con las manos vacías, después de todo.

Y entonces se puso sobre ella. Hermione miró la pistola en la mesita de noche. Estaba cerca, pero en el lado equivocado de la cama. Tendría que pasar por encima de él y, en ese punto, no estaba dispuesta a proporcionar ningún incentivo a Amarov para encontrar la oportunidad de quitarse los pantalones. En cambio, se inclinó hacia la derecha, buscando a tientas la bata y arrastrándola hacia arriba hasta que el bolsillo quedara a su alcance. Metió la mano en el interior y apretó la hoja del machete con fuerza, usando el pulgar para quitar el papel higiénico que la envolvía, exponiéndola.

El tiempo lo era todo. Y tampoco nada, considerando que estaba a punto de ser violada. Tenía el pánico controlado por unos hilos muy finos. Cualquier cosa más y gritaría.

Amarov estaba besándola en el hombro justo cuando intentó apuñalarlo en uno de los costados del cuello. La hoja habría cumplido su cometido, si Amarov no hubiera estado esperándolo. La agarró por la muñeca con un fuerte apretón como castigo, apretándole los huesos entre el pulgar y el índice. Hermione gritó, dejando caer el fragmento metálico en el suelo alfombrado.

- Hermosa y letal, al parecer. – él le sonrió – Resulta que le debo una disculpa a Honoria.

- ¡Suéltame!

- Cuando termine.

Ella dejó que el pánico tomara las riendas, dando sacudidas, golpeando, arañando, antes de que Amarov la golpeara en uno de los lados de su rostro. El dolor explotó en su pómulo. Dolía. El lado derecho de su campo visual se emborronó por un momento.

- No parezcas tan afligida. No soy un monstruo. Lo vas a disfrutar. Te aseguro que no he recibido ninguna queja antes.

Hermione tiró su rodilla para atrás para propinarle una patada, pero él la agarró del tobillo, pasó las manos sobre sus pantorrillas y la volteó, corporalmente, sobre su estómago. Gritó con fuerza. Amarov se sentó a horcajadas sobre ella, atrapando sus brazos detrás de su espalda y empujándole la cara contra el colchón hasta sentir que no podía respirar.

- No habrá oposición ni gritos, querida. Eso sería contraproducente para el mutuo disfrute, ¿verdad?

Sosteniendo todavía los brazos de Hermione detrás de su espalda con una mano, utilizó la otra para desatar la hebilla de su cinturón.

- Debo confesar que nunca he tenido una bruja como tú antes. Las demás venían voluntariamente cuando se les proporcionaba los adecuados incentivos. ¿Qué pasa contigo, Hermione? ¿Vas a comportarte? – levantó su cara del colchón tirando fuertemente de sus rizos - ¿Lo harás?

Hermione tenía los ojos cerrados. Tenía arrugas de la sabana marcadas sobre el lado derecho de su rostro, el cual ya estaba hinchándose.

- . – dijo estremeciéndose.

- Excelente. – la volteó otra vez, para situarse de nuevo sobre su estómago - ¿Crees que soy idiota? ¿Pensabas que no podría adivinarlo? Debo decir, que la hoja de machete ha sido un buen golpe. Estaba seguro de que irías a por el arma.

Las rodillas de Amarov le presionaban el pecho. Hermione sintió que sus costillas estaban a punto de romperse.

- ¿Tu gente piensa que sólo por tener el don de la magia, de alguna manera os hace más valiosos que yo? ¿Mejor que yo? Te odio. – escupió – A todos vosotros.

- Lo sé. – contestó ella, tristemente.

Su sincera respuesta lo sorprendió. Por un momento, parecía estar experimentando un momento de duda, pero fue tan fugaz que Hermione pensó que podría habérselo imaginado.

- Eres diferente, ¿sabes? Me haces querer cuidarte. Eres tan peligrosa como afirmaba Honoria.

Amarov se apartó de ella. Se habían acercado a la mesita de noche y ya no sostenía sus manos. La pistola estaba tan cerca… muy, muy cerca. No había nada que perder, probablemente la mataría después de terminar con ella, de todos modos.

Hermione se lanzó hacia el arma, casi llorando de alegría cuando su mano se envolvió alrededor del mango. Le apuntó a la cara y no dudó ni un segundo.

Apretó el gatillo.

Click.

Había sido un farol. No había manera de que hubiera dejado un arma cargada cerca de ella, ni aunque fuera un farol. Ese hombre era un psicópata.

- Esa es mi chica. – le sonrió, envolvió las manos alrededor de su garganta y comenzó a apretar.


Los guardias de élite de Amarov eran, como tripulación, bastante heterogéneos. Algunos habían sido anteriores matones a sueldo sin lazos familiares que los hicieran vulnerables. Habían sobrevivido a lo peor de los primeros días de la Infección debido a su entrenamiento previo y el acceso a armas ilegales que una familia promedio de los suburbios no tenía posibilidades de adquirir. En el apocalipsis zombie, los mansos no heredarían la tierra. Se los habían comido.

Otros guardias habían sido pandilleros o pequeños ladrones. Tres de ellos habían sido los anteriores guardaespaldas de Amarov. Antes de la Infección, sus trabajos eran razonablemente cómodos. Sólo tenían que llevar a Amarov al trabajo, a restaurantes, a los clubes nocturnos y de vuelta, manipulando paparazis ocasionales y asegurándose que las amiguitas del jefe salieran discretamente de su residencia, a la mañana siguiente. No trabajaban para Amarov por ningún sentido innato de lealtad. La suya era una lealtad que se podía comprar con dinero o con la promesa de recompensas, o interrumpirla si se presentaba un mejor trato.

También estaba de más decir que esos hombres sabían cómo usar un arma de fuego y que eran más que capaces de defenderse de los No-Muertos. Los zombies eran aterradores, pero no disparaban. El hecho era que sobrevivir a un apocalipsis zombie también implicaba sobrevivir a otros supervivientes. Las personas eran impredecibles. Eran capaces de actos extraordinarios de heroísmo y, viceversa, de total estupidez. Mentían. Formaban alianzas.

Caminaron hacia el puente del Monring Star para enfrentarse a quince guardias armados, los cuales tiraron sus armas simultáneamente. Draco medía más de metro ochenta, pero aun así parecía algo dudoso que estuviera sosteniendo a Anatoli, quien era dos veces su volumen y tres cabezas más alto. Ayudaba el hecho de que las manos de Anatoli estuvieran atadas a su espalda y una pistola se presionara contra su cuello.

- ¡Suelta el arma! – ordenó uno de los guardias.

Draco parecía casi ofendido.

- No creo que sepas cómo funciona esto. Verás, este hombre es mi rehén. Lo he atrapado, justa y honradamente. Si lo quieres de vuelta de una sola pieza, te pido que escuches mi propuesta. Ya he matado a suficientes de los vuestros por hoy. Nadie más tiene que morir.

Se escucharon varias risitas burlonas.

- Sólo hay una persona que va a morir aquí.

- ¿Quién es este idiota? ¿Es del Cassiopeia?

- Es el científico de Alexander; uno de los magos de Londres.

- ¡Estás loco, mago!

- ¿Estoy loco? – resopló Draco – No soy yo el que está a punto de echarse a la mar con combustible limitado y sin suministros. Estás haciendo un buen trabajo y no tiene que terminar sólo porque los buenos han tomado la flota. Has escuchado la transmisión hecha por mi gente, ¿no? Nunca hubo explosivos. Fue todo un truco para convencerte de que Amarov tenía ventaja, para controlarte a ti y al resto de la flota.

Uno de los hombres se adelantó.

- Aun así, no importa. Te superamos en número, mago. Esto no terminará bien para ti. Te dispararemos, con o sin Anatoli de por medio.

- Te lo dije. – murmuró Amarov.

- Cállate. – espetó Draco – ¿Cómo os estaba pagando Amarov? – les preguntó – Con raciones, ¿correcto? ¿Cómo creéis que va a seguir recompensándoos por arriesgar vuestra vida cada día, ahora que mi gente tiene todos sus recursos?

Como Anatoli le había confirmado a Draco, esa era una preocupación relevante entre los guardias. La única razón por la que todavía seguían desempeñando sus papeles era la inercia. No habían considerado las opciones post-Amarov. Todavía no.

- No queremos más asesinatos. Ni aquí, ni en las celdas, ni en el Pozo. – Draco miró a cada uno de los hombres – Ya ha habido suficientes. Propongo una rendición pacífica. Entregadme a Amarov y prometo amnistía. Podréis volved a uníos a la flota y compartir en nuestro refugio el agua, la comida y la medicina.

- ¿Cómo sabemos que podemos confiar en ti o en tu gente?

- No puedes, pero la alternativa es peor. Si estoy siendo sincero, tendrás la oportunidad de crear un nivel de vida razonable dentro de la flota. Con Amarov, estaréis a la deriva en el océano o iréis a pique en una semana. ¿Sabéis cómo se les llama a los sirvientes sin remuneración? Porque es exactamente lo que sois ahora mismo todos vosotros.

La duda se propagó como un virus. Era casi visible a tiempo real. Algunos de los hombres empezaron a susurrarse unos otros, algunos discutían y maldecían. Uno de ellos finalmente se adelantó, dejando caer su arma a los pies de Draco. El resto cayó como fichas de dominó después de eso.

- Me gustaría un puesto en el Normandía. Es uno de los petroleros. Solía trabajar en uno, hace mucho tiempo.

- Hay una chica en el Istana… se alegrará de verme de nuevo.

- Por favor, necesito medicina para mis pulmones.

Prevaleció el sentido común. Los guardias abandonaron el puente sin disparar ni una bala. Se les indicó que esperaran en cubierta para más instrucciones. Después de que Draco desatara las manos de Anatoli, el enorme guardia se sacó un pañuelo del bolsillo y se secó el sudor de la frente.

- ¿Cómo se dice en inglés? ¿Mis pantalones? Están marrones.

- Gracias, Anatoli. Eso es encantador.

- De nada, mago.

Casi se le escapa un pequeño detalle a Draco.

- Prestin no estaba aquí.

Anatoli cogió uno de los rifles abandonados.

- Será un placer encontrar a esa rata.

- Espera, – Draco lo detuvo – no lo mates. En estos momentos es el único medico cualificado de la flota. Lo pondremos a trabajar.

- Bien. – Anatoli cambio el rifle por la pistola tranquilizante de Draco – ¿Así está bien?

- Mejor. Llama a Blaise por radio y dile que traiga dos botes.

- ¿Por qué dos?

Draco dejó caer los demás rifles, quedándose sólo con una pistola.

- Uno para los guardias. Y otro para transportar a Amarov y Prestin. No quiero que todos estén en el mismo bote.

- Buena idea. Después de eso, ¿quieres que vaya contigo?

- Para la siguiente escena no. – dijo Draco, y luego se marchó por el pasillo en dirección a los aposentos de Renauld.


La presión era agonizante. Hermione sentía que sus ojos se iban a salir de las órbitas. Sus dedos desgarraban las manos de Amarov, intentando desesperadamente sacárselas de encima. Pero no podía lograrlo. La visión empezó a volvérsele borrosa de nuevo.

Y repentinamente, fue liberada de la presión. La sangre le rugía junto a sus oídos, lo que probablemente logró que los sonidos de la puerta abierta y de Amarov lanzándose a través de la habitación no los registrara de inmediato. Hermione rodó hacia uno de los lados de la cama, tosiendo violentamente mientras su magullada garganta luchaba por dejar entrar el aire. Para su absoluto asombro y alivio, Draco estaba súbitamente sobre ella, aunque apenas podía verlo a través de su visión borrosa y desgarrada. Las manos que tenía a ambos lados de su rostro eran lo más suaves que había encontrado en las últimas veinticuatro horas. Ella agarró las muñecas de Draco y las apretó para intentar tranquilizarlo. Merlín sabía que no tenía voz que utilizar en ese momento.

Hermione sintió como ponía las sabanas sobre su cuerpo antes de que se alejara. Todavía tragando aire, observando desde una posición fetal sobre la cama, vio a Draco dirigirse hacia Amarov a través de la habitación. Amarov estaba sin camisa, desaliñado y asustado. Era increíble lo pequeño que parecía, ahora que todo su poder había desaparecido.

Draco, en contraste, era enorme con su helada furia. Sostenía una sola pistola y parecía estar a punto de descuartizar miembro a miembro a Amarov, pero de una manera controlada y metódica.

- No eres tan valiente sin tus amenazas, tus guardias y tus armas, ¿verdad?

Amarov se volvió hacia el eslabón más débil de la habitación.

- Hermione, escúchame. No tiene por qué ser así… me disculpo por lastimarte, estaba enfadado. Me estaba defendiendo…

- No hables con ella.

Hermione realmente quería ponerse en pie, pero le preocupaba que sus piernas se derrumbaran bajo su peso. Draco no necesitaba ese tipo de distracción. ¿Dónde estaba todo el mundo; los llamados rebeldes? ¿No podía estar ahí solo?

Amarov volvió la atención hacia Draco, mirándolo como si apenas lo hubiera visto. Retrocedió hasta chocar con el armario de Renauld, levantando las manos de manera apaciguadora.

- Discutamos esto como gente civilizada.

La risa de Draco sonó ronca y siniestra. No avanzó hacia Amarov, sino que caminaba de un lado a otro delante de él.

- Oh, tú y yo estamos lejos de ser civilizados.

Algo se quebró en Amarov. Hermione nunca lo había visto tan enfadado. Suponía que le convenía perder la calma en ese momento, ya que había sido despojado de todo el control que había poseído. En cuanto a Draco, Hermione podía culparse por creer que estaba viendo a Lucius Malfoy.

- ¡Sabes quién soy!

- Sí. – Draco asintió – Eres el tonto que ha conseguido que un Mortífago quiera matarle. ¿Has odio hablar de nosotros? Hacemos que tus patéticos intentos genocidas parezcan un escupitajo de patio de colegio.

- ¡Oh, lo sé todo sobre los de tu clase!

- Lo dudo. – dijo Draco – No pareces lo suficientemente preocupado. Permíteme remediar eso. – agarró a Amarov por el cuello y lo alzó, hasta que ambos hombres se miraron a los ojos. Draco habló con rapidez y precisión – He servido a uno de los magos más poderosos que han caminado por este plano de existencia. Me enseñó muchas cosas, señor Amarov, cosas oscuras, malévolas, de otro mundo, que te perseguirían hasta con los ojos cerrados. Tienes toda la razón para temer y desconfiar de nosotros, porque para mí antiguo Señor, vosotros no sois más que animales. Eres una mancha en la superficie de un mundo que debería pertenecer a los de mi clase. – Draco golpeó a Amarov contra el armario y se cernió sobre él de nuevo.

"Como podrás ver, no necesito mi magia para matarte. Pero si tuviera mi varita, te haría cosas que ni puedes imaginar. Me aseguraría de que sobrevivieras. Te convertiría en algo irreconocible, retorcido, horrible y en un dolor incesante. Te arrastraría por el suelo para que todos lo vieran. Permanecerías allí durante el tiempo que quisiera. Sufriendo. En la más absoluta miseria y la más abyecta humillación. Serías el testimonio de lo que sucede cuando no te cruzas con lo mejor de mi gente, sino con lo absoluto, sin misericordia, con lo peor de nosotros; lo más oscuro que la raza mágica tiene que ofrecer. Y esos son los magos como yo, señor Amarov.

- Hermione… por favor. No eres una asesina. – Amarov intentó mirarla de nuevo, pero fue una acción frustrada cuando Draco lo agarró del pelo para sostener inmóvil su cabeza.

- Nunca más vuelvas a mirarla o a hablar con ella, hijo de puta. Y no tiene necesidad de ser una asesina. – dijo Draco, antes de azotar con la culata de la pistola a Amarov – Me tiene a mí.

Los siguientes pasos de Draco fueron menos estables. Miró a Hermione, caminó hacia la cama, vacilante, pero llegó a tiempo de atraparla mientras ella se lanzaba hacia él. Se aferraron el uno al otro, sin pronunciar palabra. Hermione enterró el rostro en el cuello de Draco, soltando grandes sollozos y sacudidas que recorrían todo su cuerpo. Preocupado por dejarla caer, Draco los volteó para llegar a poder sentarse en la cama.

Hermione estaba envuelta en una sábana y acurrucada en el regazo de Draco cuando Anatoli los encontró en la habitación. El guardia notó a Amarov desplomado en una de la esquinas.

- Oh, bien. Estás vivo. – dijo Anatoli - ¿Está hecho, entonces?

- Casi. ¿Has encontrado a Prestin?

- Sí. Le he disparado tres dardos. Uno para detenerlo y dos más porque me apetecía.

- ¿Ya no hay nadie más en el barco? – preguntó Draco. Mantenía un tono de voz bajo y silencioso.

Anatoli tomó el mismo tono, bajando la voz.

- Nadie que siga respirando. ¿Ella está bien? – preguntó, frunciendo el ceño hacia Hermione. Tenía los ojos abiertos, pero no parecía interesada en lo que transcurría. Se le estaban formando unas profundas contusiones alrededor de la garganta y parecía estar en camino de desarrollar un ojo morado.

Draco sacudió la cabeza, sutilmente.

- Necesita que Belikov la examine. Me gustaría llevarla inmediatamente de vuelta al barco principal. – se volvió para mirar al inconsciente Amarov – Y a él, también.

- Zabini ya ha enviado los botes. Hay otra cosa que te gustaría escuchar. Buenas noticias.

- ¿Buenas noticias? – preguntó Draco, con cansancio. Con la mano derecha dibujaba círculos lentos y concéntricos en la espalda de Hermione – Creo que había olvidado como sonaba eso. ¿Qué pasa?

- Atraparon a Honoria. Se disfrazó, intentó pasar por prisionera cuando los estaban trasladando al Cassiopeia.

- ¿Cómo la descubrieron?

La cara de Anatoli estalló en una enorme sonrisa.

- El pequeño Zabini. Estaba en la cubierta del Cassiopeia, dando la bienvenida a los recién llegados cuando la vio. Zabini ha dicho que el niño cayó sobre ella en un instante.


Buaaaaa... creo que la última escena con Amarov es sublime, ¿qué opináis? Y ese pequeño Zabini ha pillado a la perra de Honoria intentando escapar, ¿realmente pensaba que iba salir de esa bien? JAJAJAJAJAJAJ

¡Espero que hayáis disfrutado del capítulo!

¡Besootesss!

Respuesta a los reviews sin cuenta:

SALESIA: Hola cielo! Obviamente nadie puede negar que Draco sienta algo por Hermione porque está arriesgando TODO por llegar hasta ella, lo que no sé si Hermione por como esta todo en estos momentos pueda llegar a entender eso… ¿tú que crees? En cuanto a la falta de cerebros en los guardias de Amarov ya ves que había bastante, que ha tenido que ser Draco quien les abriera los ojos… vaya atontados xD A mí también me sorprendió el tiro sin pensárselo en la frente de Renauld por parte de Hermione, ni una milésima de duda, increíble, aunque creo que se merecía sufrir un poco más, demasiada piedad para él, ¿no crees? Honoria está lista para sentencia jajajaja Como has visto no todo es lo que parece, Hermione simplemente estaba buscando el momento perfecto para poder deshacerse de Amarov, pero Amarov es perro viejo. Espero que hayas disfrutado del capítulo y ansiosa espero tu cometario ya lo sabes ¡besos y abrazoooooos!

Carmen: Holaaaa! JAJAJA Es lo bueno y lo malo de está historia en cada final de capítulo te deja con ganas de más y más… pero hay que racionar sino nos hacemos adictos jajaja Seguro que el capítulo ha aclarado tus dudas, las apariencias a veces engañan ;) ¡Espero que te haya gustado el capítulo y nos leemos pronto! ¡Gracias y un saludoo!