¡Hola chicos!
Y finalmente llegamos al inicio de la batalla. La historia está ya en sus capítulos finales, uno o dos a lo máximo por lo que les agradezco a todos aquellos que han llegado hasta este capítulo, a los que me han dejado comentario, a los que no, pero aún sí me leen capítulo por capítulo.
Se agradecen comentarios buenos, y los malos también, ¿Por qué no? No siempre se dejan críticas constructivas, lo cual considero es una de las formas en las que nosotros como autores de estas historias podemos mejorar, pero pues aún así todos los comentarios son recibidos.
Y después de todo esto, les dejo el capitulo con una advertencia, puede ser un poco violento, por lo que es mi deber avisarles de esto antes que comiencen la lectura.
Disfruten!
La oscuridad reinaba a su alrededor, podía escuchar el llanto lastimero de los prisioneros que estaban en la misma situación que ella. El piso húmero y lleno de suciedad no era un mejor consuelo, las paredes frías y llenas de moho parecían poco atractivas, y el único lugar cómodo para descansar era el lecho de paja que estaba en una esquina.
La luz entraba tenuemente por una abertura, que le hacía de ventana en esa oscura celda, nunca pensó que conocería el calabozo del palacio del oeste, de hecho generalmente no era un lugar que las señoras del palacio visitaran, ahora podía decir que conocía cada rincón del palacio literalmente. De hecho pensaba decirle a Sesshomaru que hicieran una limpieza exhaustiva del lugar una vez lo hubieran recuperado.
Escuchó pasos, alguien se acercaba. Se puso de pie y se sacudió el kimono, aunque sabía que sucio ya estaba.
Dos guardias se detuvieron en frente de su celda. Uno de ellos llevaba un látigo, y ella supo que la parte mas difícil de todo el proceso estaba a punto de comenzar. Sintió sus rodillas flaquear, y sus ojos humedecerse.
"No suplicaré, no rogaré" se repitió a sí misma. Alzó la cabeza orgullosa, esperando que el miedo no se le notara.
Los guardias, le vieron con recelo, parecían no estar muy de acuerdo con lo que estaban por hacer.
-El kimono – dijo uno de ellos.
Kagome le vio desafiante. No les facilitaría el trabajo.
-O lo hace usted o lo hago yo – dijo el otro impaciente.
Kagome le vio enfadada y aterrada. Aún así, con manos temblorosas se quito la primer capa del kimono y se quedo solo con el interior.
-Sujétala – dijo el que llevaba el látigo en las manos.
El otro guardia la sujeto de los ante brazos dejándola inmóvil. Kagome se dio cuenta que ellos esperaban que no pusiera pelea, la subestimaban por ser humana.
Dándose cuenta de esto, pateo a su captor entre las piernas, este se retorció de dolor y la soltó, Kagome aprovecho para darse la vuelta, pero en cuanto lo hizo el otro guardia le dio un golpe en el rostro que la tiro al piso.
Kagome un poco mareada sintió como la levantaban a la fuerza, el otro guardia la sostuvo de los brazos, de rodillas, y sin previo aviso el primer latigazo le golpeo.
Un ardor le recorrió toda la espalda, apretó los labios para no gritar, pero era difícil, cada golpe aumentaba el dolor y el ardor, al final gritó llena de rabia, de dolor, mientras recibía un latigazo tras otro, los guardias la soltaron después de unos minutos que parecieron una eternidad y ella se sintió incapaz de levantarse del suelo.
-Que venga el sanador, Ryokutsusei sama no quiere que muera antes que venga Sesshomaru – dijo el guardia que la había azotado.
Kagome se quedó en el suelo tratando de recuperar la compostura. Su espalda dolía como el demonio, soltó un sollozo, no lloraría, sabía que esto había sido poco, lo sabía, y aun así a una parte de su cerebro se le dificultaba aceptar su realidad.
Los días pasaban y Kagome perdía la percepción del tiempo, en la oscuridad solo el rayo de luz que se filtraba por la pequeña rendija le decía cuando era de día o de noche. Usualmente iban por ella de noche, cuando llegaba el atardecer Kagome comenzaba a ponerse nerviosa, sus manos sudaban, su corazón palpitaba rápidamente, sus manos sudaban, y cada noche la lucha por mantener la compostura era mas y más difícil.
"No suplicaré, no rogaré" se decía una y otra vez, tenía que grabarlo en su cabeza de tal manera que lo recordara.
Los latigazos, los golpes, las humillaciones, la falta de comida, o de agua, trataban de romper su espíritu, de convencerle que Sesshomaru no vendría por ella, si pensara ir por ella ya hubiera aparecido, le decían, lo repetían tanto que había veces en las que comenzaba a dudar.
Esa noche estaba en una orilla de su celda, la poca comida que le habían llevado era insuficiente, tenía hambre, y aunque a veces Inuyasha iba por ella, le llevaba comida, no era suficiente. Los guardias no tardarían en aparecer, podía ver el sol desaparecer, se sentó tratando de calmarse pero al escuchar pasos tuvo que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para no gritar.
Los mismos guardias entraron, no llevaban nada en las manos, eso solo significaba que esta noche tendrían que llevarla ante Ryokutsusei.
No, otra noche con Ryokutsusei no.
De todos el era el más cruel y despiadado, la primera vez que le habían llevado ante él, le había quitado su dignidad, le desnudo enfrente de sus hombres, le hizo quedarse de pie, así, desnuda, aguantando la humillación, el frío y el hambre.
"Súplica y te daré de comer" le decía sonriendo.
"No suplicaré, no rogaré" dijo ella al principio decidida. Mientras mas hora, y peor era el clima mas débil lo repetía, hasta que solo lo repitió por instinto.
Tuvieron que llevarla a su celda, y darle de comer después de unas horas. No querían que muriera, no sin antes mostrarle a Sesshomaru que habían hecho con ella.
No soportaría otra noche como esa.
-Vamos preciosa, tenemos que ir – dijo uno de los guardias.
-¡No! – gritó Kagome desesperada.
No lo soportaría más. Escaparía y mataría a Ryokutsusei y entonces….
La imagen de sus pequeños hijos y Sesshomaru la detuvieron. Hacía esto por ellos, no por la gente del oeste, no por ella misma, por sus hijos, por la tranquilidad de su familia.
No, tendría que soportar, Sesshomaru iría por ella.
La llevaron por los pasillos del palacio, no opuso resistencia, camino con dignidad, si es que le quedaba alguna. La mitad de estos hombres la había visto desnuda, podía sentir sus miradas, caminar el trecho entre el calabozo y la sala de trono era una tortura en si misma.
Llegó a la sala de trono, donde, por supuesto, ya estaba Ryokutsusei, esperando por ella.
-Kagome, espero tus aposentos sean de tu agrado – dijo sonriendo, en tono cortés.
-Podrían mejorarse, gracias – dijo Kagome, cuidando que su voz no temblara demasiado.
-Me temo, que la paciencia se nos agota, pensé que tendría a Sesshomaru al día siguiente de tu captura, y ya una semana y nada – dijo Ryokutsusei sonriendo.
-Vendrá – dijo Kagome, tan segura como desde el principio.
-En ese caso será otro problema, necesito ue te vea derrotada – dijo Ryokutsusei poniéndose de pie – Me obligas a hacer algo que no estoy acostumbrado.
Ryokutsusei se acercaba lentamente y Kagome dio algunos pasos hacía atrás. No sabía lo que estaba tramando pero no sería bueno.
-Quítenle la ropa – ordeno Ryokutsusei.
Kagome trató de luchar, y golpear a sus opresores, pero eran demasiados y ella estaba demasiado débil. Durante todo su cautiverio trato de mantener cerrada la conexión entre ambos. Sesshomaru necesitaba concentrarse en la estrategia y no en el dolor por el que ella estaba pasando.
Pero no podía seguir manteniendo la barrera cerrada y luchar contra Ryokutsusei por más tiempo.
Lo purificaría, sin el arco. No tenía opción.
Cerró los ojos y dejó fluir la conexión entre ambos.
Inmediatamente pudo sentir el odio, la desesperación, la furia de Sesshomaru pasando a través de ella. Su furia y su ira le dieron fuerzas.
Tendría que tensar su poder al máximo. Los guardias se acercaron y comenzaron a quitarle las capas de Kimono.
No podría purificar a todos, tenía que esperar a que Ryokutsusei estuviera cerca. Mantener su poder oculto y tensarlo era sumamente difícil.
A lo lejos sabía que los soldados estaban riendo, Ryokutsusei estaba ya enfrente de ella. Sus asquerosas manos estaban sobre sus hombros.
No pensaría en eso, no podía permitirse el pensar en lo que significaban esas manos sobre sus hombros desnudos.
Sintió como la golpeo en la mejilla, el dolor no fue nada, no en ese momento, podía sentir su poder tan tenso como una flecha a punto de dispararse.
Cayó al suelo, y fue difícil mantener la concentración. Sintió las manos de Ryokutsusei sobre sus senos, luchó por liberarse, su poder estaba a punto de liberarse, y cuando sintió sus manos sobre su entre pierna supo que no lo soportaría mucho más.
Ryokutsusei sintió un destello de poder espiritual, volteo a ver a la miko que tenía debajo de él, la creía demasiado débil, y sin poder alguno. Había sufrido días de tortura, de haber tenido algún poder había freído a sus guardias.
Nadie podía soportar eso teniendo el poder para defenderse.
Excepto…
No le dio tiempo de moverse, la perra del clan Taisho le tomó del cuello y sus manos comenzaron a quemarle de forma dolorosa y alarmante.
¡Le estaba purificando!
Gritó, su youki salió disparado, el resto de los hombres intentaban acercarse pero era demasiado peligroso.
Podía sentir su youki luchando contra el poder espiritual de la miko, no lograría zafarse si no hacía algo.
Finalmente pateo a Kagome en el estómago lo suficientemente fuerte como para lanzarla a unos metros.
En ese instante el poder espiritual ceso.
-Lamentarás el haberme hecho esto – dijo Ryokutsusei lleno de odio.
-Cuando venga Sesshomaru lo hará pedacitos, si no lo purifico yo primero – dijo Kagome luchando contra los guardias.
-Te mostraré quien manda – dijo el dragón con la energía que le quedaba. – Sosténganla.
Kagome entonces sintió el terror correr pos sus venas. No, no podía pasar lo que estaba pensando… no lo había purificado a tiempo, no…
Ryokutsusei hizo uso de su reserva de energía, tenía que mostrarle a sus hombres y a la perra del clan Taisho que él, era quien mandaba en el palacio.
Kagome gritó lo más fuerte que pudo, sus poderes espirituales demasiado débiles no le servirían para mucho, estaba segura.
Pudo sentir sus manos sobre sus caderas, la risa de los hombres se escuchaba a lo lejos, sintió una pequeña intrusión en su interior, gritó, sabía que no era el evento principal, pero le seguiría de cerca.
Ryokutsusei le miraba con una mezcla de furia y satisfacción mientras sometía a Kagome antes de poder hacerla suya.
Kagome cerró los ojos con fuerza, su voz no lograba salir, el mantra que se había estado repitiendo una y otra vez le impedía suplicar, o rogar que se detuviera. En su lugar un recuerdo lejano acudió a su mente, sacándola del lugar.
Dejó de sentir dolor, humillación, frio o sufrimiento.
Los cerezos estaban floreciendo, el jardín del palacio era tranquilo, se sentó debajo de un árbol, donde veía el palacio y los movimientos internos. Su padre estaba atendiendo a una reunión de lores, y su madre, atendía a las esposas de los señores feudales. Kaede estaba con ella, le mostraba como hacer un sello con tinta, su caligrafía aún no era lo suficientemente buena, pero practicaba todos los días.
-Kaede – dijo Kagome mientras dejaba otro papel con tinta en el piso - ¿A qué se refería mi padre con la leyenda del monje que cruzó las puertas de Kami sin sentir nada?
Kaede, le volteo a ver, terminó el kanji que escribía y dejó secar el papel.
-Hace mucho tiempo existió una guerra en donde los diferentes territorios de nuestra tierra transmitían mensajes secretos, cualquier persona podría ser un mensajero y los ejércitos capturaban a quienes consideraban sospechosos.
-¿Atraparon al monje? – preguntó Kagome
-Pensaron que era un mensajero, así que le encarcelaron, pero el monje sufría, por lo que optó por cerrar su mente.
-¿Cerrar su mente? – preguntó Kagome curiosa.
-A veces cuando se sufre mucho se puede cerrar la mente, y entonces no se siente dolor, ni pena – dijo Kaede para después pasarle una hoja nueva – Toma, empecemos con el próximo Kanji.
Cerraría su mente, pensó Kagome. No se permitiría llorar o gritar, o sentir dolor, cerraría su mente. Rogaba por que Sesshomaru viniera pronto.
Los hombres guardaron silencio de inmediato cuando la puerta se abrió y entró corriendo uno de los soldados.
-¡Mi señor, un ejército se acerca a la puerta norte! – dijo el soldado agitado.
Ryokutsusei soltó a Kagome de golpe y se levantó furioso.
-¡Todos a sus puestos!, le enseñaremos al cachorro de lo que estamos hechos – dijo mientras terminaba de colocarse su hakama.
Kagome no tenía fuerzas para levantarse, su mente parecía estar cerrándose, las heridas de días pasados estaban pasándole factura, el uso de su poder espiritual terminó por sellar su energía.
Sintió como era levantada con delicadeza del suelo.
Había fallado, si tan solo hubiera podido aferrarse a el…
-Resiste – le dijo quien le estaba cargando.
Sintió una tela sobre su cuerpo, hacía unos momentos le hubiera parecido lo mejor, ahora ya no tenía relevancia, no después de haber fallado, de haber sido tocada por esa bestia.
…
No había llegado a tiempo, muy tarde había olido la sangre de Kagome en el palacio. Corrió a toda velocidad para poder detener lo que estaba sucediendo. Sabía que se descubriría su verdadera intención, pero en esos momentos le importaba poco.
La llegada del ejército de su hermano fue en el momento idóneo.
Aprovecho que el viejo se puso en modo de batalla y había tomado a Kagome en brazos para poder sacarla del lugar.
Llevaba ya un arco y flecha porque ya fuera para escapar o parta terminar con el viejo ella los necesitaría.
Viéndola como muñeca rota en sus brazos no estaba seguro que la chica pudiera hacerlo.
Escuchó a uno de los guardias decir que había intentado purificar a su señor.
No le había esperado. Si tan solo hubiera esperado un momento…
No, si hubiera esperado el viejo la hubiera violado mucho antes.
Tenía que llegar a la colina del oeste, desde ahí podrían disparar la flecha si es que Kagome podía hacerlo.
-Kagome – dijo impaciente mientras corría por los pasillos – Tienes que resistir, Sesshomaru ha llegado.
Nada.
Ni una sola palabra, ni un solo movimiento. Temía por la cordura de la chica. Había intentado sacarla antes, de hecho una noche había arreglado todo para sacarla, al verla con la espalda destrozada, con la mueca de dolor en su rostro, no pudo soportarlo más.
Arregló todo para sacarla esa noche. Acudió al calabozo con algo de comer y aprovecho el cambio de guardia para hacerlo.
Kagome le vio sorprendida cuando abrió la celda. Inuyasha le apuro a salir, que la sacaría esa noche, pero ella se negó, le dijo que tenía un deber, que tendría que soportar y hacerlo, que contaba con él para ayudarle cuando el momento fuera indicado.
Maldita mujer terca. Por haber esperado ahora estaba medio muerto, o mejor dicho estaban medio muertos, porque una vez Sesshomaru se enterará que él había permitido que la tortura llegara a ese punto lo mataría también.
Aprovecho su conocimiento en los pasajes secretos del palacio para poder salir del palacio. Kagome iba en sus brazos, aún respiraba, no podía oler la muerte en ella, pero su mente parecía fragmentada.
Corrió por los oscuros pasillos, usó toda su fuerza para correr a la mayor velocidad. Podía escuchar alguien detrás de la próxima puerta, y unos segundos después se enteró de quien era.
Soltó un gruñido en forma de amenaza.
Salió por la puerta que daba al jardín trasero y se encontró a Kykio esperando por él, con su arco y flecha apuntándole. Estaba sola, porque claro que pensaba que él no se atrevería a atacarla, no con la información que tenía.
No había escapatoria, tenía que enfrentarla en ese momento.
-Quien pensaría que fueras un traidor – dijo Kykio sonriendo. – Ryokutsusei-sama te matara por esto.
-No, el viejo morirá hoy – dijo Inuyasha -¿No sabes que el ejercito de Sesshomaru esta llegando?, ¿Crees que perderá sabiendo que Kagome esta aquí?
-Te ves muy confiado, ¿acaso te olvidas que solo yo se la ubicación de tu hijo? – preguntó furiosa.
Inuyasha dejó a Kagome en el suelo, y volteo a ver a Kykio.
-¿Hablas del pequeño llamado Taro?, ¿Cabello negro, pequeño, tímido? – preguntó Inuyasha mientras se acercaba a Kykio.
Por primera vez pudo ver el miedo reflejado en la mirada de Kykio. Sonrió de forma satisfactoria al verlo.
-¿Creíste que podías mantener esto en secreto?, afortunadamente mi hijo ya tiene una familia – dijo Inuyasha acercándose más.
-No te acerques o te purifico – le amenazo Kykio.
-¿Con tu poder espiritual inexistente? – preguntó Inuyasha en tono burlón - ¿crees que no me había dado cuenta que tu poder espiritual había desaparecido?
Kykio no espero a que Inuyasha se acercara más, se dio la media vuelta e hizo el ademán de echar a correr, de gritar, pero Inuyasha fue mas rápido, dio un salto y se coloco delante de ella, y antes que pudiera hacer nada le atravesó el pecho con sus garras.
Kykio le vio sorprendida, no podía creer que el sucio hanyou hubiera descubierto todo. Intentó agarrarle, sacar algo de poder espiritual, pero hacía mucho que habían desaparecido.
Cayó al suelo dejando un charco en la sangre que emanaba de su cuerpo.
Inuyasha no espero a ver la vida extinguirse de los ojos de la sacerdotiza. Levantó a Kagome del suelo, tomó el arco y las flechas y se puso en marcha, sentía su corazón martillando en su pecho, acababa de matar a la mujer que alguna vez había amado.
No tenía tiempo de procesar lo que acababa de pasar, no por el momento. Estaba seguro que después, cuando todo hubiera pasado se derrumbaría, pero por el momento tenía la misión de llevar a Kagome a un lugar seguro.
Y por Kami que lo haría.
…
Podía ver el palacio, sus hombres venían detrás de él, llegarían unos minutos mas tarde, el no había podido esperar, no después de lo que había sentido.
Desde el secuestro de Kagome no sintió nada. Sabía que estaba viva, si, pero nada más había pasado a través del lazo.
Sabía que ella le estaba negando el acceso, le estaba protegiendo y el no podía encontrarse más desesperado.
Estaba furioso porque no podía saber qué es lo que estaba pasando. Aún así tenía que admitir que la ausencia de algo a través del lazo le permitió trabajar en las estrategias y en lo que se tenía que hacer.
Ahora camino hacía el ataque de un momento para otro sintió una ola de sensaciones a través del lazo. Angustia, desesperación, sufrimiento y sobre todo dolor.
Kagome sufría, en ese pequeño instante pudo sentir el dolor físico y emocional de su pequeña esposa.
No quería pensar que debió de haber pasado para que Kagome perdiera su control.
Antes de poder hacer algo o poder enviarle consuelo el lazo se cerró de nueva cuenta y de nuevo nada.
La sensación de pánico le lleno. No le agradaba la horrible sensación de perder el control, pero esa explosión fue lo último que pudo soportar.
Recuperaría a Kagome, y mataría a Ryokutsusei. Con o sin ejército.
Se adelanto a sus hombres, y llegó al palacio antes.
Y ahí, frente a él estaba Ryokutsusei, rodeado de sus hombres.
Esta vez no perdería, recuperaría el oeste, vengaría a su padre y se aseguraría de matar al desgraciado que lastimo a Kagome.
El destino del clan se definiría en esa batalla.
