Notas de la autora: ¡Hola queridos lectores! (as)! Este capítulo es más largo que los habituales y tendría que serlo, es decir... me tomé mis días de vacaciones. Les he adelantado el capítulo debido al retraso que tuve, espero disfruten de la lectura y espero merecerme un review por ello. Gracias a todos por tomarse su tiempo de leer esta historia, que cada día trato de hacerla más interesante.

Warning!: Lenguaje inapropiado, OoC, Suspenso, Lime, Lemmon, Pedofilia.

Kaoru (16) Butch (22)

Momoko (17) Brick (24)

Miyako (16) Boomer (20)

Fanfic Dedicado a: Marinav92


Disclaimer: Los personajes de Demashita! Powerpuff Girls Z NO me pertenecen. Lo único que me pertenece es el trama de este fanfic.

Demashita! Powerpuff Girls Z © Yoko Kamio


Pasante

By_PerFecTHeLL

Fue un momento muy aterrador, cuando unas extrañas luces aparecieron frente a ellas aturdiéndolas. Llevaban horas en la oscuridad o al menos así sentían ellas.

Momoko miró detenidamente el lugar en el que estaban, era una celda, tenía un retrete, bastante limpio a pesar de estar completamente húmedo el suelo. Una cama que realmente no hubiera servido de nada encontrarla, ya que a simple vista se veía lo húmeda que se encontraba. Ese lugar era frío, su cuerpo se estaba entumiendo y sabía que pronto dejaría de sentir varias partes de su cuerpo.

El respingo de Miyako llamó su atención, y se concentró un poco más a los extraños sonidos que se escuchaban a su alrededor. Pasos.

Alguien iba hacia donde estaban y eso la hacía estremecerse. Ese alguien probablemente era el loco quien las había secuestrado, el caminar de la persona que venía se hizo más fuerte. Momoko por inercia se arrinconó junto con Miyako donde estaba aquella cama individual, que chorreaba de lo húmeda que se encontraba.

Abrazó a Miyako fuertemente y sintió a la rubia apretar con sus manos su ropa. Un hombre se paró frente a ellas. Momoko lo observó aterrada, era un hombre calvo de grandes músculos y un parche en el ojo izquierdo. Una cicatriz en su mejilla le daba una apariencia espantosa.

Momoko quería decir algo, pero no podía estaba en shock.

—El jefe quiere ver a una de ustedes. —dijo el hombre, soltando una voz bastante dócil, desencajando con su apariencia. Momoko negó levemente con la cabeza, y se aferró más a Miyako, sintiéndola temblar.

—N-no… no nos sepa-pararan —dijo Momoko, respirando agitadamente como si hubiera hecho un gran esfuerzo por pronunciar esas palabras. Ver al hombre buscar entre varias llaves, provocó que el temblor en su cuerpo se hiciera más intenso.

Un fuerte tirón en su brazo hizo que se separara abruptamente de Miyako, gimoteando debido al dolor. Su cuerpo reaccionó una vez que aquel hombre hubo cerrado nuevamente la celda, Momoko empezó a forcejear con él, gritando desesperadamente el nombre de su amiga.

Mientras escuchaba la voz desesperada de Miyako llamándola, suplicando que no se la llevaran. Momoko empezó a forcejear, pero era en vano. Todos sus esfuerzos eran en vano, no podía vencer a aquel hombre.

En su recorrido miró varias celdas vacías, todo el lugar olía a moho, y al final de aquel gran pasillo miró unas escaleras de caracol. Volteó hacia atrás levemente para ver en que celda se había quedado Miyako pero era imposible recordar cual era, y se le hizo peor cuando el hombre apagó de un interruptor las luces del pasillo quedando todo en penumbras; Momoko al escuchar el grito de Miyako quiso volver, pero no pudo.

Los empujones que le daba el hombre no ayudaban en nada, y menos la punta de la pistola chocando contra su espalda a cada rato.

—Camina, camina… —le repetía constantemente el hombre, Momoko frunció el ceño al sentir los empujones hacerse más constantes, pero el miedo aun no desaparecía.

Al subir completamente las escaleras, se encontró con una puerta de madera, sus manos que antes eran aprisionadas por las manos del hombre fueron liberadas y esta vez fue una soga la que las mantuvo unidas.

La puerta fue abierta por aquel rufián, Momoko entrecerró los ojos al recibir un poco la luz natural y adaptó poco a poco su vista a aquel lugar. Su expresión de asombro no se hizo de esperar, era una gran biblioteca. Una de las bibliotecas más grandes que había visto en su vida, o al menos una de las bibliotecas hogareñas más grandes.

Estaba segura de que eso se trataba de una mansión, el jardín que se mostraba en la ventana, la hacían confirmar sus dudas.

Un cuerpo inconsciente en medio del suelo de aquella gran biblioteca la hizo recordar en donde estaba y se aterró al saber de quién se trataba. Era el padre de los pasantes, con un rastro de sangre en su hombro y frente. Momoko quiso correr hacia donde estaba él, pero no pudo porque una mano se poso en su brazo. Sosteniéndola.

Kaoru le había contado que se había llevado una sorpresa al saber que el padre del pasante Butch, era nadie más y nadie menos que Dumah Djim. Su escritor favorito. Momoko tampoco supo cómo ocultar su asombro ese día que se lo había contado.

Sus ojos se dirigieron al hombre que se encontraba de espalda, sentado en aquella gran silla de cuero giratoria. Apenas podía ver el cabello castaño, miró hacia atrás viendo la puerta por la que había salido, no ser una puerta precisamente sino un muro.

Era una entrada secreta a la parte subterránea de aquella casona, es por eso que se encontraba húmeda y probablemente por eso se filtraba el agua.

El sonido de una puerta abrirse llamó su atención, y miró a un muchacho entrar. Momoko contuvo la respiración, mientras varias lágrimas salieron de su rostro al ver de quien se trataba.


—He encontrado varios nombres relacionados con ese tipo. Bato Bruskolits. Pero simplemente hablan de cuantos asesinatos cometió, cuantos robos hizo, e… incluso como murió. Hay varios nombres relacionados pero no son familiares. Son más bien sus víctimas o sus cómplices.

Brick tronó su cuello, viendo la información del computador en donde estaba Boomer. Estaba cansado, su cuerpo pedía a gritos dormir, sus ojos se cerraban de vez en cuando y unas grandes ojeras se encontraban adornándolos. Pero su cerebro, su cerebro quería seguir.

Muchos nombres pasaban ante sus ojos, miró a Kaoru pasar a la sala de estar. Sentándose en un sofá en silencio. Se estiró un momento, y caminó hacia ella. Butch no se encontraba en ese momento, había ido a investigar de otras fuentes. Policía, hospital, incluso los expedientes económicos revisarían si era necesario.

— ¿Quieres comer algo? —dijo Brick, sabiendo de antemano la posible respuesta de ella. Y como lo supuso, ella no se molestó ni en contestar. Sólo negó con la cabeza, y Brick entrecerró sus ojos. Sabía cómo se sentía, lo sabía.

Ese infeliz secuestró a Momoko para desconcertarlo a él, para que no se pudiera concentrar. Pero… había algo que no entendía.

Sus ojos se agrandaron un poco al adivinar la posible respuesta, pero no podía creerlo. Aun así, tenía que salir a confirmarlo. Trató de mantenerse lo más tranquilo posible, para no alterar a Kaoru y mucho menos a Boomer. Se dirigió a la cocina, viendo a ambos de reojo. Se sirvió un poco de vino, lo bebió de un solo sorbo. Mientras tostaba un poco de pan y sacaba unas cuantas frutas, todo lo ordeno en una bandeja, llevándoselo a Kaoru.

—No tengo…

—Tienes que comer. Sé que la situación es jodida, pero… tienes que hacerlo por mi sobrino.

Brick la miró seriamente, esperando que eso resultara. Y gracias a Dios sí resultó. Kaoru empezó a comer, tranquilamente.

—Brick…—escuchó a Boomer, saliendo de sus pensamientos. — ¿Estás bien? ¿Se te ha ocurrido algo? ¿Has recordado a alguien?

Brick entreabrió sus labios para contestar, pero lo único que pudo decir fue…

—Nada. Pero, saldré un momento.

— ¿A dónde iras?

—Al hospital. —dijo Brick, sonando bastante tranquilo. Agarró su chaqueta, se la puso. Tomó su cartera, por si le pedían identificación o algo por el estilo.

—Pero… Butch ya ha ido…—la voz de Kaoru por primera vez se hizo presente, Brick sonrió levemente, acarició aquel cabello negro alborotado, tan parecido al de su hermano.

—Tranquila, yo iré a visitar a alguien que quizás sean nuestras respuestas a este dilema. O al menos nos dé las posibles respuestas —se puso a su altura y puso su mano sobre el hombro de ella—. Te juró que traeremos a Momoko y a Miyako devuelta. Así que trata de mantenerte tranquila.

Sus palabras tuvieron efecto en Kaoru, ya que ésta se sonrojó un poco y sus ojos se humedecieron como si estuviera a punto de llorar pero ninguna lágrima recorrió su mejilla.

—Confió en ustedes. Toda mi confianza está en ustedes. —dijo Kaoru con un hilo de voz, que le hizo entender que se estaba esforzando.

—Y no te defraudaremos. Bien, me voy… Boomer quédate aquí, cuida a Kaoru y sigue recolectando información.

—Brick…

—Estaré bien. —dijo Brick sonriéndole, quería tranquilizarlo al igual que a Kaoru; pero con Boomer era más difícil. —Volveré rápido. Lo prometo.

Miró a su hermano rubio asentir, y esa fue la señal para que saliera de aquella mansión que ahora parecía el lugar más inseguro del mundo. Pero que a la vez, era el más seguro que podían encontrar.

Era contradictorio, era confuso, pero así lo consideraba él.

El BMW hizo rechinar las llantas al momento de frenarse debido a un semáforo. Brick miró rápidamente hacia los lados por el retrovisor. Pero era en vano, si estaba buscando sospechosos era totalmente inútil.

Todo el mundo era sospechoso en ese momento. La luz roja cambió, haciéndolo suspirar de alivio. Sus nervios habían desaparecido y ahora lo invadía cierta determinación. Apretó el volante con fuerza y sintió la rabia invadirlo.

Momoko, ¿cómo estaría Momoko? Seguramente se encontraría aterrorizada. Seguramente estaría pensando en él, en su madre y en su pequeña hermana.

Brick miró aquel letrero que anunciaba el hospital Hokomeda, un hospital de personas ricas y prestigiosas. Ese hospital era reconocido en toda la ciudad, si no es que en todo Japón. Brick aceleró un poco y se estacionó en algún lugar cercano a la entrada, sin obstruir el pasó de las ambulancias.

Cerró su automóvil y se fijo a ambos lados, esperando ver a alguien sospechoso. Pero nada, lo único que se veía eran los guardias de seguridad, varios ancianos saliendo y personas que él recordaba haber visto en alguna de aquellas fiestas pomposas que hacía su padre.

—Buenas tardes. —saludó Brick a la recepcionista, mientras ésta lo miraba sonriente.

—Buenas tardes, joven Akamiya. ¡Vaya clima! ¿No cree?

—Ni que lo diga.

— ¿Ha venido a consulta? —Brick miró a la joven por un momento, y negó con la cabeza, sonriendo un poco forzado.

—En realidad, he venido de visita. Quisiera ver a… Suzuki Arakami. —dijo Brick sonriendo levemente, tenía una sospecha. Una grandiosa y peligrosa sospecha.

Fue en ese momento cuando un tipo con expresión extraña y de bata blanca se apareció, recorriendo con una perturbadora prisa. Iba muy apurado como si quisiera pasar desapercibido, Brick se le quedó viendo por su forma de vestir sabía que se trataba de un doctor. Pero, había algo extraño en él que lo hacía destacar de los demás hombres de bata blanca que estaban a su alrededor.

—Disculpe… ¿quién es él? No lo había visto antes. —trató de que su voz no mostrará ningún interés por saber la respuesta.

—Oh, es el doctor Bunzo. Apenas ingresó al hospital.

Las pupilas de Brick se dilataron, sintió su corazón latir rápidamente, tenía miedo y la adrenalina que estaba sintiendo subía cada vez más. Contuvo la respiración y las cosas parecieron ir más lentas, como en aquellas películas de acción que tanto había visto cada vez que la cosa se ponía peligrosa o hacían algo extremo.

El hombre lo había volteado a ver, y su tez palideció. Aumentando el paso, lo cual había perturbado más a Brick.

—Joven Akamiya, me informan que el joven Suzuki ha sido dado de alta hace dos días.

Brick se tuvo que sostener del escritorio de la recepcionista la cual lo miró preocupada, pero Brick la ignoró y murmuró un "gracias", salió caminando lo más rápido que podía de ahí. Buscó al supuesto doctor, y lo miró en el estacionamiento eligiendo nerviosamente la llave.

—Hola Bunzo. —dijo Brick a espaldas del mencionado, el cual tiró las llaves al escuchar su voz. Lo volteó a ver con una expresión de terror en su rostro, pegándose hacia su mustang jet cobra como si eso fuera a evadir lo que iba a pasar a continuación.

—Bri-Brick… tanto tiempo.

—No finjas. ¿Qué haces aquí? ¿Quién te mando?

—Yo no… no sé de qué me hablas. Yo solo trabajo.

Brick lo miró fríamente, estaba de lo más cabreado con aquella situación. Pero, si su intuición no le fallaba de él podría sacar mucha información. Los ojos de Bunzo divagaron por el lugar y su labio inferior temblaba como si estuviera haciendo un frío inmenso.

—Creo que el respetado Doctor Bunzo me acompañara a dar una vuelta. —dijo Brick, mientras lo jalaba de la estúpida corbata fosforescente que llevaba. Se imaginó tantas formas de asesinarlo, pero no. Él no era como esos hombres, él no era ningún asesino. Pero, sí se metían con sus seres queridos podía hacer una excepción.

— ¡Yo no tengo nada que ver! —gritó de repente Bunzo, y empezó a respirar agitadamente. Brick mostró una sonrisa torcida, pero que definitivamente no mostraba nada de alegría.

Era de esas sonrisas rígidas que les sueles dar a los desconocidos, aquella hipocresía que sabes que llevas dentro y necesitas expresarla a través de alguien.

—Que interesante frase ha mencionado, mire que yo no he dicho nada.

Fue con estas palabras que puso punto final Brick a aquella patética discusión. El doctor no tenía escapatoria y Brick no le iba a dar oportunidad de tenerla, con solo una llamada podía hacer desaparecer su cedula profesional, si es que tenía alguna, y no lo pensaría dos veces si intentaba escapar.

Secuestro. Extorción. Suplantar a un doctor.

Todo iba contra él. Y por primera vez Brick sintió que estaba más cerca de descubrir a aquel maldito que le había arrebatado de su lado a su padre, a su alumna y a su querida Momoko.


El celular de Butch sonó, sobresaltándolo un poco. Butch suspiró al ver de quién se trataba, contestó lo más tranquilo que pudo mientras miraba dentro de su automóvil varios papeles llenos de información que había conseguido.

—Hola…

—Pa-pasante… pasante… —escuchó el sollozo de Momoko, abrió tanto los ojos que pensó que se le saldrían de la cara.

— ¡Momoko! ¡Momoko, ¿dónde estás?! —preguntó Butch, pero lo único que pudo oír fue el llanto de Momoko. Se frustró un poco pero trató de mantener la calma, miles de dudas se estaban instalando en su mente, confundiéndolo, nublando cada esperanza que le quedaba.

Escuchó una voz, la misma voz de aquel sujeto que intentaba acabar con ellos psicológicamente. Estaba con él, pero no podía preguntarle a Momoko directamente quien era. Sabía que la chica no tendría idea alguna del nombre de su secuestrador, y si la tenía el decírselo sólo le provocaría problemas.

De repente el llanto de Momoko cesó, y la escuchó más tranquila. Aunque supuso que la habían amenazado o algo por el estilo para que dejara de llorar.

—A miles de kilómetros estás buscando, mira que él no te está espiando. Tomando vino con serenidad, no parece que fuera el hijo de la maldad. Tú lo conoces bien… aunque probablemente, no te acuerdes de él. El exterior… el exterior… es un lugar peligroso…—los sollozos comenzaron de nuevo, y un golpe sordo se escuchó—… dime Butch, ¿qué tan bien tienes tu torso?

Butch escuchó un leve pitido y el corte de llamada. Lo había desconcertado la extraña pregunta, pero lo más importante es lo que había mencionado antes de ello, él lo conocía. Lo conocía y ahora todo tenía sentido. El idiota había cometido un grave error, haberle llamado de un número bastante conocido era bastante beneficioso para ellos. Ahora sabía quién era o más bien quien pretendía ser, el nombre casi hacía que le chasqueara su lengua.

Pero… no pudo pensar en más debido a que un auto se estacionó justo detrás de él, Butch miró por el rabillo de su ojo y tragó saliva al darse cuenta que era una camioneta llena de hombres. Podía contar como unos cuatro hombres, y esos eran sólo los que alcanzaba a ver.

No lo pensó dos veces, encendió rápidamente su auto y aceleró lo más que pudo, saliendo de ahí rápidamente. No es que fuera un cobarde, pero a veces lo más preferible era huir. Butch miró hacia el retrovisor y efectivamente, la camioneta iba detrás de él.

—De acuerdo, hora de poner en práctica lo que he visto en las películas.

Cambió de velocidades rápidamente, vagando por las calles de la ciudad tratando de perderlos. Sabía que no tardaría en recurrir la policía, pero simplemente no podía estacionarse, invitarles una taza de té o alguna cerveza a esos maniacos mientras esperaban tranquilamente a que vinieran a llevarlos presos.

Giró a su izquierda, a su derecha, y daba gracias a Dios que no se hubiera atravesado nadie en su camino en un momento tan crucial. Un disparo se hizo presente y ese fue el momento adecuado para que aquellas personas que deambulaban por ahí entraran en pánico.

—Joder…—dijo Butch, acelerando un poco más. Dando más giros, sin perderlos. Pasaron unos treinta minutos en cuanto se escucharon las sirenas de la policía acercándose.

Butch sonrió y otro disparo se hizo presente. Aceleró un poco más metiéndose al estacionamiento de un centro comercial, frenando repentinamente cuando estuvo al fondo de él. Su respiración se hizo más agitada y miró de nuevo por el retrovisor, ya no estaban. Ya no lo seguían.

Al igual que Butch ellos sabían que era peligroso encerrarse de esa manera, la policía no tardaba, y ahí era el lugar perfecto para encerrarlos definitivamente.

Butch abrió la puerta de su jaguar, y salió de él, dejando todo su cuerpo caerse al suelo. Estaba completamente sudado, y respiraba con dificultad. Sin embargo, estaba más enojado que asustado. Porque sabía que ellos le habían disparado para que se detuviera, para parar aquella loca carrera.

Lo que querían era lastimarlo, no matarlo. Ese mensaje le había dado ese hombre a través de Momoko.

— ¡Arakami! —gritó Butch, haciendo eco en el estacionamiento. El número que había aparecido en su celular, era el del pasante de música Arakami Suzuki. Es por eso que había contestado tan tranquilo, y es por eso que la llamada de Momoko lo había sorprendido.

Butch suspiró al ver llegar a las patrullas, y decidió mantenerse sereno. Tenía que mentir perfectamente, porque no sabía si uno de esos "policías" podía estar implicado con aquel psicópata.


—Eso es todo lo que quería saber. Gracias por su cooperación. —dijo Brick, sacando a Bunzo de su automóvil, lo había llevado a un lugar llano, se aseguró de dejarlo sin celular y sin dinero.

—N-no me pensarás dejar aquí, ¿eh? Brick… Brick… ¡Brick!

El pelirrojo cerró la puerta de su BMW, y arrancó. Al menos le daría el suficiente tiempo para llegar, contarle a sus hermanos lo que averiguó y salir inmediatamente al lugar que definiría todas sus respuestas o al menos gran parte de ellas.

—No te preocupes, Momoko. Todo estará bien. Padre, Miyako... Momoko los rescataré...—cerró por un par de segundos los ojos, y aceleró más. Probablemente el doctor Bunzo, le tomaría mucho trabajo volver a la ciudad. Le daba una semana para llegar, al menos a un lugar con servicio telefónico.


— ¿Por qué? ¿Por qué? —preguntó Momoko, viendo al joven que se encontraba parado frente a ella. Mientras éste desviaba su mirada, Momoko frunció el ceño y comenzó a gritar.

—Silencio. —dijo de repente aquel hombre de voz ronca, haciendo estremecer a Momoko, pero sólo provocó que se enojara más.

— ¡Por qué demonios está haciendo esto! ¡Quién demonios eres para torturarlos de esta forma! ¡Maldito psico…! —su cara le ardió, pero no precisamente de coraje. Había sido abofeteada por el tipo calvo, quiso frotarse su mejilla pero no pudo debido al amarre en sus manos.

Todo estaba mal. Era uno de esos momentos en los que no sabía cómo reaccionar, cerró los ojos con todas sus fuerzas, si la iban a matar que lo hicieran de una vez. Pero… el que estuviera Miyako encerrada en aquel lugar, gritando su nombre, le daban ganas de luchar. Y eso es lo que haría, lucharía hasta el final.

Luchar hasta que su alma decidiera abandonarla. Porque es así como era ella, es así como eran las mujeres.

—Pasante Arakami… ¿por qué?

—Lo siento, Momoko. Lo siento… pero él es mi familia.

Los ojos de Momoko ya no pudieron más, sus lágrimas fluyeron por sus mejillas y agachó la cabeza pegándola al suelo.

—Interesante nombre que conseguiste, llévala a su celda. —escuchó hablar al tipo y Momoko lo volteó a ver, miró de nuevo al pasante Arakami y comprendió todo. Era mentira, todo su curriculum, sus estudios, incluso su nombre era una vil farsa.

¿Para qué? Seguramente se había hecho pasar por aquel mentado amigo del pasante Butch, para ganar su confianza y así poder observarlos de cerca. Por supuesto, era la única manera de que ellos supieran de lo suyo con Brick. En otra situación se sentiría avergonzada, pero en esos momentos sólo sentía una gran decepción hacia esa persona.

El hombre calvo la levantó sin ningún cuidado, Momoko no se quejó sintió algo espeso escurrirle por la frente, pero no se inmutó. Siguió caminando esta vez sin darle problemas al hombre calvo, Momoko volteó levemente hacia donde estaban los dos hombres, grabó en su mente el rostro de aquel hombre que se encontraba sentado detrás del escritorio; mientras le dedicaba una mirada de decepción al pasante Arakami o como se llamara en esos momentos.

Las luces se volvieron a iluminar por aquel gran pasillo, mientras recorrían iba observando todo con cuidado. Cada celda tenía una diminuta ventana, la cual se encontraba protegida con varios barrotes que parecían irrompibles. Es por eso que habían visto los relámpagos, debía admitir que el diseño de esa casa en donde estaban era demasiado raro, por no decir antiguo.

Momoko se detuvo al mismo tiempo que el hombre, quien le abrió la puerta y rió burlonamente empujándola a propósito al momento en que ella entraba. Escuchó el crujido de la puerta cerrarse y miró la cara aterrorizada de Miyako, seguramente le había preocupado la herida que tenía en la cabeza; su amiga rubia siempre había mostrado preocupación extrema por cosas pequeñas.

—Momoko…—el tono de voz de Miyako la hizo sonreír levemente, y después todo se volvió oscuro. Perdió el conocimiento.


Perdonen por no responder sus reviews esta vez, aun así les agradezco que los dejen. Hacen que mi inspiración no me abandone.

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