Capitulo XXXI
Un plan arriesgado
Candy, Eleonor y Henriette se pasaron toda la semana con George y el abogado de su madre, Fausto, entre ellos habían acordado un plan que no saldría de esas cuatro paredes. Albert había decidido que sería mejor dejar descansar a su hija por un par de días cuando recibieron la visita del Doctor Robson, Levingston y Mickel.
Adelante, en un momento llamó a los Condes – decía Dorothy invitándolos a sentarse en la sala.
Dorothy ¿qué sucede? – cuestionó Albert que venía saliendo de la cocina.
Señor Albert, el doctor Robson está aquí en compañía de otros señores – le avisó y cuando Albert se dirigía a la sala Dorothy lo siguió.
Sí Dorothy, los atenderé, puedes retirarte – le pidió él a Dorothy.
Permiso – hizo una venia y se retiró.
Pasa Dorothy, doctor Robson pero que milagro que lo vemos – comentó sorprendido.
No son buenas noticias Albert – informaron ellos con pena.
Siéntense, ¿desean tomar algo? – ofreció el rubio.
No gracias, debemos tomar decisiones importantes – resolvió Levingston.
El embarazo de Candy es de alto riesgo – informó Robson.
¿Qué quiere decir con eso? – pestañeó Albert cuestionándolo.
Sí, que al parecer la costilla rota puede perforar el pulmón y poner en peligro el saco embrionario y eso traería consecuencias de importancia tanto para ella como para el producto – informó Levingston.
Albert ¿quién era…? ¿Pasa algo? – cuestionó el castaño al oír voces en la sala y el sonido de la campana.
…
Terry siéntate, por favor. Prosiga – pidió a Levingston que continuara.
Debemos reducir el peligro, por lo que requiere de una intervención quirúrgica – recomendó Robson.
Para ¿qué cosa? – preguntó extrañado.
La costilla debe ser reparada lo más pronto posible de lo contrario la vida del producto y de la madre corren peligro, me entiende – cuestionó Robson a Terry.
¿Qué cosa dice? ¿Cuándo? – cuestionó el castaño.
Lo más pronto posible, la posibilidad de recuperación debe ser total, la condesa es fuerte y joven y será mejor antes de que cumpla los tres meses – advirtió Robson.
Sabe usted lo que ocurrirá pasado mañana doctor Robson – cuestionó Albert a su doctor de cabecera.
Lo sé, después de eso debemos actuar por el bien de la madre – informó Robson.
Tenemos que hablar con ella Albert – comentó Terry viendo a su suegro con mirada preocupada.
No, yo lo haré – avisó Mickel.
Conde deje que Mickel lo haga, él sabrá darle fundamentos y los condes deben de tomar la decisión. Por el momento nos retiramos – anunciaron los médicos mayores a Tery y Albert.
Los acompañó a la puerta – se ofreció Albert a despedirlos.
Gracias – se despidieron subiendo a un coche.
Mickel, ven vamos – le pidió el castaño a Mickel.
Te sigo. No debe notar tu nerviosismo – le pidió Mickel.
Trataré de controlarlo – dijo con un suspiro.
Vamos – abrió la puerta.
Toc, toc
Adelante – se oyó una voz desde adentro de la recámara.
¡Hola chiquilla! ¿Cómo estás enfermita? – la saludó cariñosamente, mientras Terry y él se colocaban enfrente a ella.
¡Hola Mickel! De hecho un poco estresada – le sonrió tomándole la mano.
Bueno, ¡Terry! – lo llamó como si quisiera llamar la atención.
Candy, Mickel, el doctor Robson y Levingston vinieron a verte – le informó el castaño.
¿Dónde están? – cuestionó ella.
Se fueron – informó él.
¿Tan pronto? – cuestionó la rubia.
Sí Candy, estamos preocupados sabes – respondió Mickel.
Mickel ¿por qué tantos rodeos? ¿Es la costilla verdad? – preguntó enfadada.
Sí… ¿cómo lo sabes? – cuestionó él sorprendido.
Esa es la indicación médica que me falta cumplir contigo. Y ¿que será ahora? ¿La férula de torso o mi incapacidad? – volvió a cuestionar al castaño claro palmeándole la mano.
No sólo eso, Candy sólo hay una forma de decir esto. Tu embarazo es de alto riesgo – le informó a la rubia mirando su rostro detenidamente.
¿Qué quieres decir con eso? Es la costilla ¿no es así? – infirió ella.
Sí, debemos operarte cuanto antes – dijo esto el médico.
¿Cuándo? – contestó muy seria.
Lo antes posible – sugirió Mickel.
Prepáralo todo Mickel – le ordenó sin tomar en cuenta a su esposo.
Candy debemos hablar de esto – sugirió Terry enfadado.
Mickel ¿qué esperas para irte? – le pidió ella.
Bueno Candy, luego te veo y ya sabes qué debes hacer – le advirtió.
Si ya sé, no esforzarme, gracias – le sonrió débilmente.
De nada princesa, Terry – se despidió y salió hacia la puerta.
Pasa Mickel, ¿qué haces Candy? – cuestionó ella.
Obedeciendo al médico – señaló ella recostándose sobre las almohadas.
Sin tomarme en cuenta – le reclamó a la rubia.
Piénsalo Terry, quieres padecer de unos meses sin mí o padecer de unos años sin mí y obviamente del hijo que viene en camino – le expuso ella.
Candy, no puedes hablar en serio –sonrió como si ella hablara de cualquier cosa.
Sí lo puedo hacer, sabes… te amo tanto que prefiero estar parte de mi embarazo sin ti que unos años después impedida por el miedo por su pérdida ¿me entiendes? – le cuestionó ella.
Pero Candy, has pensado ¿qué voy hacer sin ti por seis meses? – la miró como suplicándole.
Sí mi amor, darte duchas frías por las noches, no descansar en tu biblioteca y hacerme el amor sólo con lo que haya a la vista – sugirió ella.
¿Me queda de otra? – cuestionó él cuando ella había soltado una carcajada.
No, ahora dame un beso y ve con papá que ha de estar histérico – le sugirió ella sonriendo un poco más.
Sí, por supuesto – le dio un beso y salió.
¡Ay Terry! ¿Qué voy hacer contigo? Justo en mi primer año de matrimonio, ¿por qué? – lanzó la pregunta al cielo.
Albert, hey, hazme caso – le llamó la atención Terry cuando había llegado a la sala.
¿Decías? – respondió al sacarlo de sus pensamientos.
¿Sabías lo que iba a suceder? – le cuestionó Terry al rubio.
Sí, pero no pensé que fuera tan importante – sonrió el rubio mirando de nueva cuenta a la nada.
Lo será, ella sabe lo que hace – respondió saliendo del departamento, tenía que respirar aire puro, los días se tornarían difíciles y definitivamente, no descansaría en la biblioteca por mucho, mucho tiempo.
Sí que lo sabe y lo hará – respondió él cuando su yerno ya había salido.
Terry y Albert se quedaron observando la larga calle desde el balcón donde ellos se encontraban, habían pasado dos días y era hora de hacerle frente a Niel. Muy temprano Candy, Terry, Eleonor, Henriette, Fausto, Albert y George se encontraban todos en la limusina, en completo silencio. Los rubios miraban a sus hijos; Terry le tomaba la mano a Candy, la acercaba a sus labios y la besaba; Candy le sonreía y dirigía la vista hacia la calle, Henriette iba ahorcando su pañuelo hasta que George le tomó la mano para tranquilizarla, ella le respondió sonriendo un poco.
Cuando hubieron llegado a la Torre de Londres, descendieron del auto y fueron recibidos por Lord Harrison y el señor Swanson.
Conde, condesa- hicieron una venia y los siguieron después.
¡Hola Lord Harrison! ¿qué prosigue? -
Síganme, vamos a la sala de careos – les indicó Samuel y los demás lo siguieron.
¿Ya llegó la reina? – cuestionó Candy en apenas un susurro.
Llegará en diez minutos, el señor Leegan ya se encuentra allá. Bueno hasta aquí pueden pasar ustedes. Candy, Henriette y Eleonor, síganme – las condujo a las tres al interior de la puerta en la que estaban parados.
Lord Harrison, ¿puedo hablar con usted? – lo detuvo mientras ellas estaban caminando hacia la sala de careos.
Dime Albert – respondió el deteniéndose antes de cerrar la puerta.
No sé cómo sea esto, pero por ningún motivo debes dejar que Niel la ataque – le avisó puesto que sabía lo que era capaz de hacer.
Estará resguardada no te preocupes – le palmeó la espalda.
¿Seguro? – rebatió el rubio.
Sí, ¿hay algo que deba saber? – cuestionó al ver los nervios del rubio.
Candy tiene una lesión en el torso – soltó rápidamente con tono preocupado.
Eso es para tomar en cuenta, daré indicaciones – le prometió.
Gracias, te veremos luego – le dio una mano y fue jalado por el abogado hasta la antecámara de custodia.
Por supuesto, el señor Swanson los llevara a la antecámara, desde ahí podrán escuchar todo, pero no los podrán escuchar, si llega a suceder algo podrán avisar con el botón que se encuentra al lado derecho del espejo, esa es una alarma – sugirió Swanson.
¿Si sucede algo? – cuestionó extrañado.
Sólo sí sucede, antes no – le advirtió.
La reina acaba de llegar señor Swanson – le avisó Demetri.
Si me disculpan tengo que recibirla, Demetri los acompañará hasta la cámara, permiso – hizo un saludo en el aire caminando a la antecámara de al lado.
Síganme, es por aquí – les indicó y todos los chicos caminaron hasta el gran espejo que tenían al fondo.
En efecto, la cámara era sobria y al fondo se veía un gran espejo con todo y botón de alerta, de ese que Samuel les había comentado. Mientras tanto Niel era conducido y esposado al piso de la silla dentro del salón de careo, unos guardias se colocaban detrás de él.
Condesa, ¿esta lista? – le preguntó Samuel viéndola a los ojos.
Sí estoy lista, vamos – accedió y entro a la sala, seguida de Eleonor, Henriette y otros dos guardias.
Suerte Candy – le susurraron sus escoltas femeninas.
A ustedes también, las quiero mucho – les respondió volteando a verlas.
Candy, Henriette y Eleonor entraron a la sala de careos, se colocaron del otro lado de la mesa y miraron al detenido, él apenas y sonrió al tenerla ahí frente aunque estuviera mirando hacia abajo como los guardias lo tenían.
¡Hola belleza! – la saludó mirándola con malicia a los ojos.
¡Silencio! – soltó una voz enérgica enfrente a ellos.
Candy no supo qué decir, sólo lo miró muchas veces y sintió repulsión, antes sólo era aversión, en unos segundos había recordado las fotos y sin darse cuenta le temblaba la boca, tragó saliva sintiendo como si no quisiera estar ahí, de pronto sintió que le tomaban la mano y después la otra mano, aprontándoselas, infundiéndole confianza, volteó hacia uno y otro lado, ella se limitó a sonreír nada más.
Terry observaba la mirada lasciva que Niel le enviaba a su esposa, estuvo a punto de salir de ahí, pero al abrir la puerta se encontraban apostados a la salida, en cada lado dos guardias que le obstruyeron el paso. Cuando se dio vuelta, la mirada de Albert le pidió calma. George los llamó.
Ya va a comenzar – les dijo cuando tocó suavemente el otro lado del espejo. Les pidió calma.
Terry ven aquí, ¡siéntate! – le pidió Albert pues lo estaba poniendo nervioso.
Mecánicamente lo hizo, mientras afuera las cosas comenzaban, la reina ya se encontraba en la antecámara de al lado, el señor Swanson estaba al lado de Niel y del otro lado Candy, Eleonor y Henriette, rodeadas por guardias, junto a ellas se encontraba Fausto Claude, tío de Candy y también su abogado.
La defensa presenta al acusado su señoría, Niel Leagan Andley – Swanson hizo las presentaciones convenientes.
Cargos que se le imputan – cuestionó el juez.
Concupiscencia su señoría – respondió el abogado Swanson.
¿Cómo se declara el acusado? – cuestionó nuevamente.
Inocente – atestiguó Swanson.
La corona se presenta su señoría – intervino el abogado Claude.
Abogado Fausto Claude, ¿cuánto tiempo sin verlo por Londres? – lo miró fijamente.
Sí su señoría, ejerzo más en Escocia, gracias por su interés. Mi cliente ha accedido a atestiguar en contra del acusado por los cargos de abuso sexual y daño físicos – informó Claude al juez.
Condesa de Grandchester – la llamó el señor juez.
Buenos días su señoría – respondió saludando.
Niel Leegan Andley – ahora fue el turno de Niel.
Buenos días su señoría – respondió levantando el rostro.
Abogados – les confirmó el comienzo del careo.
La defensa pide la palabra su señoría – intervino Fausto.
Concedida, pero recuerden que esto es un careo, no un juicio – el juez hizo la recomendación pertinente, advirtiendo a ambos abogados.
Señoría el acusado quiere saber porque se le imputa concupiscencia si lo único que hizo fueron llamadas obscenas a media noche – solicitó la defensa.
Abogado… le puede leer los cargos por favor – pidió el juez.
Por supuesto señoría, los cargos son: intento de abuso sexual y daños físicos en contra de la Condesa de Grandchester y quince asesinatos en mujeres con agravantes desde el rapto hasta sadismo, su señoría – Fausto leyó la orden.
¿Qué quiere decir con eso Swanson? No pueden hablar en serio, su señoría ¿por qué se me imputan esos cargos? – gritó Niel.
Silencio, le advierto señor Swanson que no toleraré escándalos aquí, ¿ha entendido? – le cuestionó el juez lanzándole una mirada de advertencia.
Sí su señoría, señor Leagan espero que entienda que su posición no es buena, así que por favor no vuelva a hablar – le pidió Swanson en un susurro.
Perdone – soltó Niel sentándose nuevamente.
Condesa, quiere iniciar – le instó el juez dándole confianza.
Sí su señoría. Hace como tres meses en un entrenamiento de equitación de mi equipo, resulta que también se encontraba practicando el señor Leagan, individualmente. Al terminar el entrenamiento, me dirigí a las caballerizas a dejar Limbo a su lugar, mientras le quitaba la montura llegó el señor Leagan y cerró la caballeriza de mi caballo pegándome un gran susto. Volteé a verlo y seguí cepillando a mi caballo, de pronto comenzó a reírse y le pregunté si se le ofrecía algo. Cuando menos me lo esperé, me dio la vuelta y me tomó con ambas manos, sosteniéndome con fuerza, caí en cuenta lo que intentaba hacer cuando me lamió la mejilla derecha, me asusté mucho y comencé a buscar un objeto que me fuese de utilidad para golpearlo, pero no hallé nada y el miedo se hizo presa de mí, nublando mi sentido de peligro.
Después me tomó de la cintura y ladeé mi cabeza para no oírlo, intentó acercarme más a él y vi entonces la oportunidad para liberarme, le pegué en los genitales en cuanto tuve oportunidad y él intentó golpearme con el fuete dos veces; la primera si lo logró, asentándome un golpe en las costillas dejándome adolorida, el segundo golpe iba directo a mis piernas, pero reaccioné rápidamente y logré hacerme a un lado apenas a tiempo, desgraciadamente le pegó a mi caballo en las asentaderas, era obvio que el caballo iba a reaccionar por la fuerza del golpe, así que Limbo comenzó a dar patadas a diestra y siniestra, me arrastré hacia el otro lado de donde se encontraba el caballo para que no me lastimara y Niel no reaccionó a tiempo, por eso el caballo le molió a golpes de patadas los testículos, él quedó inconsciente y yo me arrastré hasta salir de ese lugar, di aviso a los cuidadores, a pesar del dolor de mi costilla, no pensé que estuviese rota, como pude salí de ahí y llegué a mi casa como pude, me refugié en mi casa, estaba asustada y tenía pesadillas cada vez que dormía, mi padre estaba de viaje.
¡Maldito! ¡Infeliz! Está vez me la cobraré – gritó Terry ofuscado.
¡Cálmate Terry! No ganas nada – le pidió Albert tratando de localizarlo.
Lo siento, pero ¿cómo puedes estar tan tranquilo? Esa persona horrible ¿es de tu familia? – le cuestionó enojado al ver la actitud del rubio como si nada.
Dejó de serlo a la semana de enterarnos de esas llamadas – le informó al castaño sorprendiendo a George.
Como sea, lo odio, ha profanado a la persona que más amo y no contento con eso mi bebé y mi esposa corren peligro por su culpa – volvió a gritar, quería salir de allí.
Terrence tranquilícese – le pidió ahora George, se tenía que contener o el plan no daría resultado.
Evidencia A su señoría, la Condesa Grandchester ha tenido consecuencias de salud debido al ataque que sufrió por parte del señor Leagan, tiene una costilla rota y a punto de perforar el pulmón como se puede observar en las radiografías presentadas a la corte.
Y ¿cómo sabe que el supuesto ataque le hizo eso? Es bien sabido que la Condesa es propensa a los accidentes – rectificó el señor Swanson.
Sencillo necesitaría haberse caído de un piso para saber si esa costilla fue o no rota, además su récord médico no indica alguna otra actividad en ese periodo que revelase lo contrario – informó Fausto.
¿Está seguro? – le preguntó Swanson a Fausto.
Segurísimo, evidencia B, en sus manos está la copia del récord médico – señaló él levantando el sobre.
Bueno entonces con esta evidencia podríamos dejar claro que no fue realmente un cargo como concupiscencia ya que no aplicó sadismo en su víctima – resolvió él.
En la condesa no, señor Leagan, ¿conoce la mansión ubicada en Tooley Street? – preguntó Fausto mirando fijamente a Niel.
No – respondió tácito.
No puede ser, esa casa está cerrada y están a punto de demolerla – soltó George.
No George, de hecho está en ruinas, la íbamos a demoler en diciembre del año pasado, pero no obtuvimos los permisos – le informó Albert.
¿Qué dices? – preguntó asombrado.
Alguien impidió que nos dieran los papeles de demolición – completó esa idea.
¿Es cierto, eso? – cuestionó George, no sabía en que había quedado ese tema, ya que lo seguía el rubio muy de cerca.
Sí, no puede ser posible, maldición, no tengo señal aquí – cerró el teléfono al ver que no había señal.
No podemos salir hasta que termine el careo – avisó George.
Tranquilícense, me ponen nervioso. Miren – señaló hacia afuera.
No la conoce, mire los papeles interrumpidos de demolición son firmados por usted, evidencia C – dijo alzando el oficio y lanzándolo al escritorio.
Esa no es mi firma – declaró él cínicamente.
Que conste en actas la evidencia D, un oficio que le fue enviado al señor Andley hace mes y medio de parte del señor Leagan donde el acusado firma un papel de una inversión – la mostró haciendo lo mismo que las anteriores veces. Vive usted ¿en esa mansión? – repreguntó Fausto.
No sé de ¿qué me habla? – dijo Niel sin verlo a los ojos.
Tiene usted pareja actualmente – cuestionó sin mucho interés.
No, el único amor de mi vida ha sido Candy, pero siempre le parecí poca cosa – refutó esa idea.
Limítese a contestar las preguntas señor Leagan – le pidió el juez.
Usted está seguro que no conoce a las siguientes señoritas: Frioré Smith, Daniela Jones, Dalila Brown, Vanessa Davis, Amanda Miller, Daisy Wilson, Stephanie Moore, Dania Taylor, Florence Anderson, Dafne Thomas, Doris Harris, Samantha Martin, Judith Thompson, Sandra Robinson y Candice White.
No las conozco – respondió él.
Qué extraño señor Leagan, la señorita Thomas lo identificó a usted como su secuestrador, atestiguó también que la había violado en repetidas ocasiones y que aparte de haberla encarcelado a ella, había otras chicas allí, tratadas como animales, abusadas repetidamente, que no sabían en que día vivían, que ya no tenían esperanza y todo para que usted señor Leagan satisficiera sus oscuros deseos, evidencia E – materializó parte de la declaración de la señorita Thomas.
¡Objeción! – protestó Swanson.
Responda señor Leagan – lo obligó el juez.
No sé de lo que me habla – respondió Niel.
¡Ah no! Las reconoce – le dijo cuando Niel había volteado hacia la pizarra que tenia a un lado de él con las fotografías de las mujeres asesinadas.
¡Ay mi Dios! – susurraron Henriette y Eleonor.
Sí, todas se parecen a la condesa, no lo cree usted así. Estas chicas fueron asesinadas por usted, sabía que la mayor no tenía más de diecisiete años. Todas morían cuando resultaban embarazadas, ¿no es verdad señor Leagan? – le preguntó otra vez, tentándolo.
No – contestó sonriendo.
Evidencia F, en sus manos tienen la declaración de la señorita Thomas. Cito textualmente: "…hubo unos días en los que el señor Leagan no se apareció por aquí, había sido espeluznante, Florence tenía tres días de muerta y el olor era terrible, tenía que aguantar; de pronto se oyó la puerta de la entrada, la azotaron, comencé a temblar, oí sus pasos, torpes esta vez, parecía que algo pasaba, rengueaba, de pronto se apareció en la puerta, la abrió y me miraba con asco, se acercó, dijo tener una dolencia en la parte más importante de él. Una maldita le había quitado su más apreciable tesoro, me agarró del cabello y comenzó a violarme otra vez, en realidad ya había perdido la cuenta, llevaba meses encerrada ahí, no saben cuánto asco me daba y sus caricias ya no me hacían sentirme bien, eran en realidad asquerosas, quería demostrar su hombría hasta que cometió un gran error, la mencionó a ella, te gusta Candy, dime que te gusta Candy Andley, dime que soy mejor que el duque, dímelo. Sabes, necesito que me acaricies, me había soltado, era mi oportunidad, comencé a seguirle la corriente y cuando menos se lo esperaba le di un golpe en los genitales, lo que hizo que saliera de mí y cayera de la cama, doblándose por el dolor, comencé a correr, sin parar, sin mirar atrás, ésta era mi oportunidad. Salí de esa casa, corrí por varias cuadras hasta que encontré a un policía cerca del parque, no sabía dónde estaba, sólo pude pedir ayuda y ya no supe más, la policía me dijo que cuando estuve a salvo, me desmayé.
Sé que no me queda mucho tiempo sabe, tiene que avisar a la señorita Andley, corre peligro, ese hombre está loco y quiere poseerla, por favor, tienen que protegerla, díganle que él ha matado a quince chicas, por favor evite esta barbarie, agárrenlo…" después de eso, la señorita Thomson falleció debido a hemorragias internas después de un aborto señor Leagan, volvió a matar a sus hijos, la señorita estaba embarazada de gemelos – terminó diciendo.
¿Gemelos? – respondió Niel sorprendido.
Si, pensé que lo sabía, pero por lo visto lo único que le interesa es su persona, así que señor Leagan ¿quiere usted hablarnos de eso? – preguntó Fausto tranquilamente.
No tengo ninguna maldita idea de lo que pasa – respondió ofuscado.
Señor Swanson – advirtió el juez.
Eres un pervertido – Candy lo insultó.
No querida, no estás en posición de decir lo mismo siempre que me ves – la amenazó sutilmente.
¿Sabes algo niel? ¿No te tengo miedo? Es más, creo que deberías saber algo – comenzó a reírse.
¿Qué cosa? Me tienen aquí desde hace un mes mientras te revolcabas con Grandchester, que más daño me puede hacer – soltó Niel lastimeramente.
Pues entonces no te interesará saber que estoy embarazada – le dijo ella.
Candy ¿qué haces? – gritó Terry desde la antecámara.
Lo está usando en su contra, Albert quiere que testifique para que reconozca su culpa – sonrió George.
¿Qué dices? Ese malnacido puso sus manos en mi esposa. Déjame decirte que no toleraré que Grandchester te ponga una mano encima – respondió Niel pensando que él era el esposo y no Terry.
Bueno creo que no solo puso su mano, había otras cosas, más interesantes – dijo ella un poco más abierta.
Creo que estás tentando tu suerte mi amada esposa, dime que ese hijo es mío – le pidió eso.
Por favor Niel, no seas tonto, que puedo querer de ti, si lo mejor que me ha pasado es estar en los brazos de Terry, en sus labios, sintiéndolo cerca de mí – lo provocó de manera soñadora.
Prostituta, lo sabía, no puedo dejarte ni un solo minuto lejos de mí. Te comportas como una cualquiera Candice Leagan... – se quiso levantar pero un guardia fue más rápido que él.
¿Qué rayos dice? – gritó Terry.
Espera Terry – lo calmó Albert.
Bueno Niel sabía que tú no podrías hacerlo, eres tan pequeño… que no me hubiera atrevido a verte desnudo y Terry es otro mundo, tan sensual, varonil, magnifico en la cama, no, de hecho pienso que fue mi mejor elección – comentó Candy poniendo un par de dedos en la barbilla.
¿Cómo te atreves a decir eso? ¡Maldita! Ven aquí, te voy hacer pagar todas esas palabras sucias, de mi nadie su burla, te lo perdonaría todo menos que anduvieras de puta y sobre todo con Grandchester – comenzó a vociferar disminuyendo su estado de lucidez.
Y ¿qué vas hacer? Me das lástima Niel, eres tan poca cosa – le soltó haciendo enojar mucho más.
Poca cosa dices, soy mejor que él – le gritó.
No lo creo, él es lo mejor y ni tú ni esas chicas que violaste dijeron eso, todas te despreciaban, no eras bueno y menos con eso – señaló hacia sus genitales.
Te odio, ellas eran mejor que tu sobretodo la tal señorita White, sabes me recordaba que así te podías mover en cuanto te tuviera en mis brazos, eran mucho mejor y cuando la maté por haberse embarazado, tomé a otra y luego las dejé de contar y una y otra hacían lo que quería. Y tú sólo veías a Grandchester, le quité a Georgie y nada, sólo se fijó en ti, cómo te conoció, cuándo te vio, eras mía, sólo mía, te hice mía porque por si no lo sabías, él lamió y embarazó a un segundo plato – le gritó con todo su orgullo herido.
Sí, me embarazó con una así porque la tuya es así, increíble verdad, le atinó a la primera vez y tú nada de nada – dijo ella mofándose.
Te odio Candice y por eso te voy a matar – le gritó.
Todo pasó en tan sólo unos segundos, lentos, despacio, se oyó en la antecámara dónde estaba Terry una alarma, los guardias estaban reaccionando, pero Niel comenzó a golpearlos hasta llegar a Eleonor y Henriette, empujándolas, Fausto no pudo hacer gran cosa porque cuando él llegó hasta su sobrina ya la tenía aprisionada con las cadenas. Albert, Terry y George corrían por los pasillos donde una hora antes habían pasado, Samuel había entrado y el señor Swanson estaba temeroso, todo fue tan rápido que Candy sólo alcanzó a tomar un arma y esconderla entre su vestido.
Ahora sí, condesita, repítame que no soy lo suficientemente hombre para dejarla embarazada – le dijo apretando la cadena.
No lo eres, eres un cobarde, un maldito niño rico que cree que se lo merece todo – respondió ella.
Eso es lo mejor que puedes hacer – cuestionó él sonriente.
No, esto es lo mejor que puedo hacer, esto es lo mejor que te puede suceder – dijo ella accionando el arma.
Se oyó un tiro, Candy había disparado en contra de Niel, destrozando sus genitales, estaba perdiendo mucha sangre, tirado entre la mesa y ella, Candy se hallaba en shock, tiró la pistola lejos de Niel y comenzó a caer de espaldas siendo sostenida por las manos de Eleonor y Henriette, su torso también comenzó a sangrar.
¡Candy! ¿Qué tienes? – cuestionó Henriette preocupada.
Eleonor, llama a Terry, me duele mucho, llévame al hospital – le pidió Candy con un hilo de voz y comenzando a perder el sentido.
¡Candy! ¡Candy! Henriette rápido. Guardias arréstenlo y llévenlo al hospital, lo quiero vivo – ordenó la reina entrando a la sala de careos.
Sí su majestad – recogieron el cuerpo desmayado de Niel y lo llevaron al hospital para reos cerca de la Torre de Londres.
¿Condesa? – dijeron al mismo tiempo Samuel, Swanson y Fausto.
Candy, mi amor ¿qué tienes? – llegó Terry para sostener a su esposa, su pulso era bajo y estaba perdiendo mucha sangre.
Rápido Terry, una ambulancia, sostén esto aquí, presiona – le dijo ella mientras Terry salía de su trance.
Ya se llamó a una ambulancia – dijo uno de los guardias.
Su majestad la ambulancia llegó – avisó otro oficial y después de este entraron los paramédicos corriendo.
Rápido, Candy despierta – le pedía inútilmente su esposo.
Deberían de actuar rápido, Candy perdía mucha sangre y seguramente esa sangre no era más que su pulmón perforado, recién había entrado a la ambulancia donde ya la esperaba el doctor Levingston, que suponiendo era la condesa la persona que lo necesitaba, se subió a la ambulancia una vez le habían avisado del incidente.
Candy aguanta, por favor aguanta te lo pido, mi amor…mi hijo… - Terry aun con la mano ensangrentada y presionando la herida le pidió que no lo dejara y que no le quitara a su hijo.
Continuará….
Chicas está requeté emocionante verdad, quien iba a decir que Candy usaría su embarazo para herir a Niel y se aseguró de que no volviera a hacerle nada ni a ella ni a ninguna otra chica.
Bueno, espero comentarios. Saludos chicas y las esperó de un momento a otro con el próximo capítulo.
Saludos a: Mary, Oligrandchester, CYT por siempre, Lady Supernova, Amparito, Carmen, Lucero, Talia, Luz Irene, Rebeca, Olga, Cristy, Mona, Olgalizz, Melodya77, Dany, Olimpia, Zuci, Mikiaoem, Citlali, Rosy jimenez, Terry´s Girl, Karina Grandchester, Masty, Mary Grandchester Andrew, Janet, Eli gimenez, Rosy jimenez, Danu saveedra, Ysledsira Grandchester, MarceTG21, Noemi Cullen, Clara, AOI AI, Anelis Grandchester y Maripili.
Hasta la próxima, saludos.
