Cap. 33
Ojos de Plata
El amanecer llegaba y la luz del sol se filtraba a través de las cortinas golpeando sin piedad sus ojos.
Severus gruñó audiblemente y se cubrió el rostro con uno de sus brazos, deseando haber podido dormir aunque fuera un poco mas.
Contempló en silencio su habitación y agradeció mentalmente no observar la alegre figura de la joven pelirroja que se había adueñado de su casa durante su ausencia.
Algo tenía esa chica que le desquiciaba y lo hacía querer tener la fuerza suficiente para sostener apropiadamente su varita y enviarle unas cuantas maldiciones… pero bueno… eso era antes, desde hacía unos días, se comportaba diferente.
Finalmente parecía haber comprendido que él no dependía de ella, y que se podían ir al diablo ella y sus comentarios bien intencionados sobre su recuperación.
El cambio comenzaba a gradarle, y cada vez que la veía no necesitaba rodar sus ojos con fastidio.
El sonido de un puño golpeando suavemente la puerta lo trajo de regreso a la realidad, por lo que parpadeó un par de veces para despejarse, observándose rápidamente para saber si se encontraba o no presentable.
- Adelante.
La puerta se abrió y una cabellera castaña se asomó con cierta timidez, arrancando una sonrisa interna en el joven hombre, que en su exterior continuaba apacible e incluso distante.
Aquél era otro cambio que la chica había tenido, pues antes se metía en su cuarto sin importarle nada, comenzando a ladrar totalmente alterada si lo encontraba haciendo su rehabilitación o tratando de hacer cualquier cosa por si solo.
- Buenos días.
- Buenos días.
Los ojos de Severus analizaron a detalle a la joven mujer de pié ante él. Su cabello lucía ligeramente húmedo, y desde su lugar en la cama podía reconocer el aroma a jabón en las ropas que vestía.
Aquello no podía menos que significar que la joven se había levantado desde temprano para poder tenerle listo algo para desayunar cuando se levantara.
Se mostraba atenta con él, y no sabía si sentirse halagado o molestarse… mientras lo decidía, todo lo que podía hacer era desviar la mirada ciertamente incómodo.
- ¿Quieres que te traiga el desayuno?
Snape la contempló un instante y se preguntó por que diablos estaría actuando tan sumisa, cuando días atrás se comportaba como un torbellino que hablaba hasta por los codos.
Decidió ignorar aquella extraña actitud y aceptó con la cabeza, a lo que ella asintió apresuradamente y se marchó de la habitación.
Nuevamente a solas, Severus contempló las líneas que su cuerpo dibujaba debajo de las sábanas. Visto así no parecía ser un pobre diablo que había sido torturado hasta dejarlo al borde de la demencia y cuyo cuerpo mas asemejaba a un trapo viejo que al de un ser humano.
Los tormentosos recuerdos bombardearon su mente haciéndolo ladear el rostro, por lo que decidió que no debía pensar en todo aquello.
- Espero que te guste.
Por alguna razón, la voz de la chica parecía llevar un tinte melódico, lo cual le indicaba al joven de cabellos negros que estaba contenta.
Comenzó a enderezarse en la cama, agradeciendo mentalmente que la joven pelirroja no se entrometiese en su esfuerzo y maldiciendo por lo mucho que aquello le estaba costando.
Sin embargo, un aroma captó su atención, por lo que se giró a observar a Quindi mientras esta dejaba el desayuno en su mesa de noche.
- ¿Poción fortificante?
Ella le observó totalmente confundida y sin saber a qué se refería Severus, para luego sonrojarse violentamente y enderezarse.
- Ah, yo… bueno…
La joven comenzó a pasar su peso de una pierna a la otra obviamente nerviosa, para luego mirarse a si misma tratando de descubrir qué era lo que la había delatado.
- Es tu aroma… el aroma de la poción fortificante.
- Ah, eso…
Respondió ella sintiéndose por alguna extraña razón aliviada y tomando un mechón de sus cabellos para olerlo, no encontrando nada más que el aroma de su propio shampoo.
- ¿Has estado trabajando en mi laboratorio?
Los ojos azules de la muchacha se desviaron ciertamente avergonzados, ya que estaba segura de que Severus se iba a enojar con ella por andarse metiendo con sus cosas sin su permiso.
- Un poco… es solo que… bueno, esque… ¡Rodeada de tantos libros!.... Pues... me entraron ganas de hacer alguna poción, y… y con tus métodos me salió bien, y terminé haciendo otra, y otra, y… y bueno, es algo así como un nuevo pasatiempo.
Severus se mantuvo en silencio mientras apoyaba su espalda contra el cabecero de la cama.
- ¿Estás enojado?
El joven de cabellos negros movió la cabeza negativamente, para luego alcanzar el vaso de jugo y darle un largo sorbo.
- No… pero tu poción apesta.
- ¿QUÉ???
La chica pasó de la vergüenza a la furia, preguntándose quien diablos se creía aquél muchacho para insultar de aquella manera su trabajo cuando ni siquiera lo había visto.
- ¡Pero como puedes…
- Tu aroma me lo dice todo…
Quindi quiso acercarse y vaciar el plato de cereal sobre la cabeza de aquél cretino, pero muy dentro de ella, supuso que debía de tener sus razones para decirle aquello. Después de todo, aquí el experto en pociones era él, y quien estaba terminando la universidad de Pociones superiores era él, por lo tanto…
- ¿Tan mala es?
Snape la observó preguntándose por qué habría de importarle su opinión, y sin embargo, él tenía una duda.
- ¿Por qué te has metido tanto con las pociones?
Ella pareció pensarlo algunos instantes.
- Bueno… empecé a hacer pociones y… y pues me empezaron a gustar… y pensé en que podría mejorar y… y llamé a mi abuelo Albus, y él llamó a un amigo, y ese amigo llamó a un amigo, y ese amigo llamó a otro amigo, y…
Los ojos de ella se posaron sobre los de él, sonrojándose al ver que lo estaba fastidiando.
- Y bueno… voy a hacer el examen de admisión para la universidad de Pociones superiores.
Snape enarcó una ceja como única respuesta, y tras un largo silencio, suspiró.
- Con pociones tan patéticas, lo mas seguro es que repruebas.
- ¡Pero…!
- Puedo ser tu tutor. No sería la primera vez que le enseño a un cabeza hueca a hacer una poción decente.
- ¡Qué! ¿En serio???
La chica lucía ilusionada, incluso pareció no notar que acababan de llamarla cabeza hueca, por lo que dejó salir toda su felicidad con una sonrisa mientras se lanzaba sobre Severus y rodeaba su cuello con sus brazos, repitiendo una y otra vez lo agradecida que estaba.
Snape por su parte se quedó totalmente paralizado ante el contacto de la joven. Hacía demasiado tiempo que nadie lo abrazaba de esa manera.
Por un instante, su mente voló de aquél lugar y viajó hacia sus recuerdos, hacia aquella soleada tarde de su cuarto año cuando sus ojos vagaron sobre la estilizada figura de Lily Potter estudiando junto al lago, hacia el instante en que su estómago comenzó a sentirse extraño, para luego sentir las manos de Narcisa acariciándole descaradamente, y su aliento en su oído preguntándole que tanto le miraba a la sangre sucia.
Tal vez si la hubiera observado un poco mas… se habría fijado en ella, tal vez si Narcisa no hubiera estado ahí, ella lo habría mirado a él, y algo habría ocurrido entre ambos con el tiempo… tal vez no se habría convertido en mortífago, y su vida no sería un montón de basura, tal vez…
- ¿Sev?
El joven sacudió la cabeza tratando de alejar tales pensamientos y contempló a la chica frente a él, la cual le había evocado aquellos lejanos recuerdos.
- ¿Estás bien?
- Estoy bien.
- Pero…
Una mirada de él, y ella supo que lo mejor era quedarse callada.
- Entonces… ¿Vas a ser mi tutor?
Severus rodó los ojos preguntándose por qué tenía que repetir las cosas dos veces, pero al final aceptó.
- Con una condición.
Ella aceptó con la cabeza, y él le apuntó amenazadoramente con su dedo.
- Vuelves a llamarme "Sev" y olvídate de que te ayude.
Aquella tarde, Severus se instaló por primera vez en mucho tiempo en su laboratorio. Sus ojos se pasearon con cariño sobre las variadas superficies y sintió el anhelo de tener un cuerpo sano que le permitiera moverse con libertad en aquél espacio tan especial para él.
Sus manos se movieron con añoranza y sus dedos tratando de recuperar el vigor perdido, pero al final todo resultó inútil, y se dedicó a ayudar a su nueva alumna.
- Una pizca de polvo de garra de águila, y…
- Fregotego.
Con un torpe pase de varita, Quindi se encontró a si misma sonriendo anhelante frente a un caldero completamente vacío.
- ¡PERO QUUIEN TE HAS…
- Tu poción era una basura.
La chica se quedó totalmente tiesa ante semejante afirmación dicha de forma tan directa, no sabiendo si reír, llorar, o golpear al joven de cabellos negros frente a ella.
- ¡ERES UN…
- Te voy a dar un consejo.
Ella frenó su insulto y se cruzó de brazos.
- No te presentes en el examen, por que solo vas a hacer el ridículo.
Todo su cuerpo se tensó y tuvo unas ganas tremendas de abofetearlo, sin embargo, Snape no había terminado de hablar.
- Seré tu tutor durante un año, y cuando te presentes en el siguiente examen, estoy seguro de que mostrarás un desempeño aceptable… y no la mediocridad que posees ahora.
- ¿A quien le llamaste mediocre???
Chilló ella totalmente alterada, para luego darse cuenta de lo que él acababa de decir.
- ¿Mi tutor durante un año?
- ¿Acaso has desarrollado el estúpido vicio de repetir todo lo que yo digo Fanreader? Si, eres una mediocre, y si, seré tu tutor en un año. Sería una verdadera vergüenza que te presentaras justo ahora.
- ¡Tú serás muy bueno!
Rugió ella cruzándose de brazos, y justo en aquél instante, los ojos negros de Severus emitieron un destello de malicia mientras enarcaba una de sus cejas y sus labios eran tocados por una sarcástica sonrisa.
- Para tu información, Fanreader… yo no hice ningún examen para la Universidad de Pociones Superiores… sino que ellos me buscaron y me pidieron que escogiera su… prestigiosa escuela.
La chica sintió como sus mejillas se sonrojaban en una mezcla de furia y vergüenza.
- Y si tan increíble eres, ¿Qué diablos te importa si yo apruebo o no?
Snape soltó una risilla burlona, apreciando que finalmente la chica se estaba dejando de máscaras y de tonterías, mostrándose tal cual era ante él.
- Cuidaste mi casa, y muy a tu… extraña manera, has cuidado de mí. Yo eso lo considero tener una deuda mágica.
Sus ojos negros se encontraron con los azules de ella, obligándole a bajar la mirada.
- A mí no me gusta tener deudas.
Aquellas palabras dichas de manera seca y totalmente cortante hicieron estremecer a la joven, la cual sintió como sus castillos de ilusiones se derrumbaban mientras apenas eran construidos.
Abrió la boca y trató de decir algo a su favor que le permitiera darle una bofetada con guante blanco, pero el sonido de la chimenea les distrajo a ambos.
- ¿Buenas tardes?
- Acá estamos.
Respondió la voz áspera del joven de cabellos negros, mientras la pelirroja se daba la vuelta y retiraba de sus ojos algunas lágrimas que no había dejado escapar.
- ¡Ah Quindi! ¿Cómo estás mi pequeña?
- Hola abuelo Albus.
Una sonrisa sincera brotó de sus labios, sin embargo, ante los experimentados ojos del anciano, le fue imposible esconder su estado de ánimo, lo que llevó al director a observar discretamente a su espía, preguntándose que habría ocurrido en aquella habitación antes de su llegada.
- ¿A qué has venido, viejo?
Los ojos de Quindi se abrieron de sobremanera al escuchar aquél tono de voz tan irrespetuoso, tanto como la palabra con la que acababan de llamar a su abuelo. Iba a gritar… nuevamente, pero Albus la interrumpió soltando una sonora carcajada.
- ¡Severus, Severus, Severus! ¡Tanto tiempo que esperé para escucharte decir eso!
- ¿Qué?
- Eso solo quiere decir que durante tu ausencia me extrañaste. Eso es bueno, muy bueno la verdad, me alegra saber que ahora si somos amigos, ¿Verdad que si?
Severus abrió la boca para replicar aquellas palabras, pero de la misma forma la volvió a cerrar, para finalmente sonreír, moviendo la cabeza con resignación.
- Cuarenta y tres a cuarenta y dos.
- Que cuenta tan exacta.
- Como si no lo supieras solo por que vas ganando.
- Pero yo estuve ganando continuamente durante una semana entera antes de que partieras, por si se te olvida.
- ¿Y ahora quién es el que lleva la cuenta exacta?
Dumbledore observó de forma risueña a su muchacho, y sin embargo, a pesar de la tenue felicidad que cubría sus facciones, no le pasó desapercibido lo mucho que había cambiado.
Se acercó a él con ganas de hacer una pequeña prueba, o más bien, un desesperado intento por comprobar que sus ojos le engañaban.
Con la sonrisa aún en los labios se acercó y palmeó la espalda del joven afectuosamente, tratando de transmitirle todo el cariño que sentía por él y esperando verlo agradecido ante el contacto humano que en antaño, tan desesperadamente necesitara.
Para su decepción, Severus se movió realmente molesto ante el toque, sin dejar entrever ni un poco de su antigua necesidad de contacto humano.
- ¿Sabes Severus? Dentro de un par de meses haremos una fiesta. Lily tiene ocho meses, así que no es recomendable hacerla ahora, y tu debes recuperar tu salud, pero cuando ambos se encuentran bien, ¡Celebraremos todas las fiestas que te has perdido! Tus regalos de navidad comienzan a acumular polvo, y creo que mi querida nieta aún guarda tu obsequio de cumpleaños.
- ¿Y qué te hace pensar que voy a ir a una estúpida fiesta?
Dumbledore sonrió como si deseara darle a entender que no importaba cuanto se negara, pues iría igualmente, pero muy dentro de él, el anciano se sentía realmente triste, ya que podía ver con claridad que su muchacho parecía haber perdido los últimos vestigios de humanidad que poseía.
Sus ojos azules se endurecieron.
No los había perdido… se los habían arrancado cruelmente.
- Se que te mueres por ir Severus, no te hagas de rogar. ¡Y necesitamos que estés de mejor salud por que vamos a bailar la conga!
- Tienes que estar loco.
- ¿Nunca has bailado conga?
- Nunca en el sentido inocente en el que tú estas pensando.
Dumbledore se sonrojó violentamente captando de inmediato lo que su muchacho quería decir, mientras a un par de metros, Quindi ladeaba el rostro completamente confundida.
- Y para serte sincero…
Las palabras de Severus se cortaron de pronto cuando una conocida y desagradable sensación lo hizo gemir de dolor y sostener su antebrazo izquierdo.
La joven Fanreader se puso de pié de golpe obviamente asustada mientras Dumbledore cerraba sus ojos tratando de negarse a lo que iba a ocurrir.
- ¡Snape! ¿Estás bien?
Severus aceptó rápidamente con la cabeza y trató de impulsarse para ponerse de pié, sin embargo, sus piernas aun se encontraban demasiado lastimadas y débiles como para obedecerle, por lo que el joven se habría golpeado contra el suelo de no ser por el director de Hogwarts, quien alcanzó a sostenerle entre sus brazos justo a tiempo.
- Llévame a mi cuarto.
- ¡Qué pasa! ¿Snape, estás bien?
- ¡AHORA!
Dumbledore se pasó uno de los brazos de su muchacho sobre los hombros y se dirigió a la habitación de este seguido muy de cerca por la joven pelirroja, la cual no comprendía nada de aquella situación.
- Fanreader.
Quindi se giró a Severus mientras su abuelo sacaba un baúl de debajo de la cama.
- Ve a mi laboratorio y tráeme una botella rojo sangre que está en el estante de arriba.
- ¿Cómo se llama?
- No está etiquetada, son siete iguales.
La muchacha hizo memoria y supo de inmediato de qué pociones le hablaba su tutor, por lo que se retiró de inmediato y regresó con uno de los frascos en sus manos, sin embargo, al observar las ropas oscuras que vestía, sus ojos azules se llenaron de horror.
- ¿A dónde crees que vas?
- Dame esa poción.
- ¡No vas a ir con él! ¿Verdad??
Severus gruñó y tomó su varita, haciendo un rápido pase que le arrancó la botella de las manos a la joven, apurando el contenido antes de que se le ocurriera hacer otra cosa.
- ¡SNAPE!
Un momento mas tarde, la botella se deslizó entre sus dedos y se hizo pedazos en el piso, mientras el joven hombre de cabellos negros se ponía dificultosamente de pié.
Durante un instante, la muchacha pelirroja esperó que el hombre de quien ella estaba enamorada cayese nuevamente al suelo debido a su estado de debilidad, pero no fue así, sino que se mantuvo tambaleante unos segundos hasta encontrar finalmente un punto de equilibrio.
- S-Snape…
El muchacho no se giró a mirarla, pues se entretuvo en señalar su pierna derecha con la varita y conjurar un hechizo no verbal.
Una capa blanca parecida al hielo recorrió la pierna de Snape para desaparecer un segundo después, dejando su pierna completamente rígida, como lo habría echo un hechizo petrificador.
- Nos veremos luego.
- Cuídate mucho Severus.
- ¡No espera, espera un momento!
La chica se echó hacia delante con la firme intención de alcanzar a Severus antes de que se marchara, y sin embargo, este se desvaneció en el aire sin dejar mas rastro que una nube oscura de humo.
Una detonación seguida de otras tantas le anunció a Severus que había llegado a su destino, sin embargo, a pesar de la poción inhibidora que había ingerido, su peso fue demasiado para el impacto de la aparición, por lo que le fue imposible tenerse en pié y cayó patéticamente al suelo.
Era extraño como a pesar de haber caído de una forma tremendamente fuerte, no sentía dolor alguno, aunque eso no podía significar que se encontraba bien.
Con mucha cautela palpó sus costados y sus dedos se deslizaron sobre la tela oscura.
- Una… dos…
Se mantuvo en silencio y cerró los ojos, concentrándose en su exploración.
- Tres… maldita sea.
Se había roto tres costillas al aparecerse. Con no poco esfuerzo logró ponerse de pié y comenzó con su… realmente penoso caminar rumbo a la vieja mansión. Era deprimente que él, Severus Snape, quien en antaño fuese una imagen de poder y elegancia, ahora estuviera reducido a ser un maldito cojo que no podía apresurarse al caminar pues podía volver a caerse y romperse más huesos de los que ya se había roto.
Solo de pensar en lo mucho que le iban a doler las costillas cuando el efecto de la poción pasara le hizo resoplar con disgusto.
Una vez del otro lado de las pesadas puertas de madera, las risas completamente desquiciadas y demenciales llenaron sus oídos como si se tratara del molesto zumbido de un enjambre de moscas.
Sin embargo, lo más espeluznante de aquella macabra sinfonía eran sin lugar a dudas los gritos de agonía que se elevaban incluso sobre las carcajadas.
Tal vez y si su cuerpo se encontrase sano, habría corrido en auxilio de las personas que tan desesperadamente pedían que alguien les ayudase, pero en su lastimera condición, el solo echo de caminar era un verdadero martirio.
Aquello era su bendición, le gustase o no, pues estando sano, tal vez y habría olvidado que él era un espía. Y que desafortunadamente, no siempre podía salvar a todos los que quisiera, por que eso podía costarle la vida, y él no podía darse el lujo de morir hasta haber pagado por todas sus faltas.
Caminó lentamente, detestando con el alma el ruido sordo que emitía su pierna derecha cada vez que se arrastraba por el suelo, pero era la única forma. Estaba demasiado lastimada como para exponerla a los efectos de la poción inhibidora, una herida más, y tendrían que amputársela, sin posibilidades de recuperarla mágicamente.
Finalmente las risas demenciales se escuchaban al otro lado de la puerta, la cual Severus abrió lentamente, sintiendo la explosión del infernal ruido partirle los tímpanos.
Era como observar a una colonia de gusanos retorciéndose unos sobre otros en absoluto descontrol con tal de alcanzar un poco mas de carne podrida.
- ¡VAMOS, VAMOS, ESTOY ACÁ!!
Frente a los atónitos ojos de Severus, cruzó una joven casi totalmente desnuda cubierta de golpes y arañazos la cal cayó en brazos de un mortífago a su derecha, el hombre mordió con saña el níveo cuello de la desgraciada muchacha, y a los pocos segundos, alguien tiró de ella desde su espalda, lanzándola al suelo, donde gritó de dolor mientras algunos tragos caían encima de ella y los mortífagos se lanzaban sobre su cuerpo para lamer su piel como si fueran un montón de cerdos.
Sus dedos se cerraron sobre su varita y estuvo a punto de matar a toda aquella bola de animales, sin embargo, una voz le llamó antes de que pudiera sacar su mágico instrumento.
- ¡Severus!
Cerró sus ojos un instante y se permitió una mueca de intenso odio bajo la seguridad de su máscara, acercándose luego hacia Lord Voldemort, el cual en aquellos momentos se encontraba sentado en su trono disfrutando de lo que sus mortífagos se encontraban haciendo, cual si fueran niños pequeños corriendo en una fiesta bajo la vigilancia de un padre.
Snape contempló al hombre y su mueca de odio se intensificó aún más. Aquél no era un padre… era un maldito y asquerosos payaso.
- Mi lord…
Una vez ante él, Snape trató de arrodillarse, a pesar de saber perfectamente que no lo lograría. Voldemort levantó una mano y le incitó a ponerse de pié.
- Severus, Severus… te ves como un maldito muerto.
Cerca de una docena de sarcasmos desearon brotar de los labios del joven de negros cabellos. Si realmente hubiera tenido la oportunidad, sabía que le habría ganado en una guerra verbal… su inteligencia era mayor que la de ese cerdo, pero su poder mágico no, y por eso debía mantenerse callado, tan callado como se encontraba en ese momento.
- Como puedes ver, he preparado una pequeña reunión.
- Es una lástima que yo no pueda divertirme como los demás.
- Eso pensé… pero de todas maneras quería verte, tú sabes… saber que a pesar de todo, dejarías de lamer tus heridas un momento y vendrías a mí.
Severus entrecerró sus ojos negros al escuchar aquello. A decir verdad, lo había sospechado. Había tardado mucho en llegar, lo suficiente como para haber recibido dos llamados de parte del lord, pero aquello no había ocurrido, igualmente, Voldemort sabía el estado pésimo en el que se encontraba y que era inútil para cualquier tipo de misión, por lo que le había llamado con la única intención de comprobar su fidelidad…
Otra vez.
- Mi lord yo…
- No digas nada Severus, no me interesa escucharte en este preciso momento, ¿De acuerdo?
Snape aceptó secamente con la cabeza, y aun gesto del lord, se puso de pié a su lado, contemplando como iba evolucionando aquella grotesca reunión.
Los ojos del joven se cerraron tratando de ignorar toda aquella fiesta que parecía sacada de un maldito libro de horror, sin embargo, sumergido en la oscuridad de si mismo, su cerebro no pudo evitar recordar reuniones excesivamente parecidas, donde él había participado gustosamente, golpeando, escupiendo, bebiendo, y haciendo cuanta obscenidad se le vino en gana…
Apretó sus puños con fuerza totalmente enfurecido consigo mismo.
Sin embargo, aquella furia se convirtió en profundo asco cuando sintió unos dedos que recorrían lentamente su pierna "sana". No hacía falta ser demasiado inteligente para saber quien era la persona que estaba incitándole.
Después de todo, delante de ellos había demasiadas parejas entregándose a obscenidades, las cuales no surtían efecto alguno en Severus, pero si parecían comenzar a alterar a Voldemort.
Bajo ninguna manera consentiría… pero si no consentía volvería a los calabozos, y estaba seguro de que esta vez no saldría con vida.
¿Realmente iba a salvar la vida mediante acostarse con ese monstruo?
Sintió como le tomaban por la túnica y comenzaban a tirar de él buscando que se inclinase. Severus trató de enviar su mente a blanco y bloquear cualquier pensamiento sobre lo que iba a ocurrir.
- ¡MI LORD, MI LORD!!!!
Las caricias se detuvieron de golpe y el muchacho emitió un suspiro de alivio bastante sonoro al cual Voldemort no le hizo caso, pues se había concentrado en el mortífago que acudía corriendo a él.
- ¡MI LORD!!!
- ¿QUÉ DIABLOS OCURRE???
Apenas había terminado de decirlo cuando la mansión entera se sacudió con violencia, ocasionando gritos de genuina sorpresa y otros pocos de terror ante la absurda probabilidad de un terremoto.
- ¡LOS AURORES DE….!
No tuvo tiempo de terminar la palabra por que la entrada al salón explotó repentinamente, dejando aquella sala vuelta un mar de confusión en la que se escucharon gritos que llamaban a la batalla y a la muerte.
Severus había quedado tendido en el piso y tenía demasiados problemas para saber que diablos ocurría a su alrededor, alguien le tomó por los brazos y lo enderezó, lanzándolo contra una pared.
- Que diablos…
- ¡Arriba Snape!
El joven observó los ojos a través de las rendijas de la máscara, reconociéndolos de inmediato.
- ¿Karkaroff?
- ¡AVADA KEDAVRA!!
Rugió el hombre lanzando un destello esmeralda, para luego girarse a Snape, quien se mantenía contra la pared tratando de que todo a su alrededor dejase de dar vueltas.
- Snape.
- ¿Mi lord?
- Lárgate ahora mismo.
- ¡Pero mi lord!
- ¡ERES UN COMPLETO INUTIL EN ESTE MOMENTO, LÁRGATE Y NO NOS ESTORBES!!
Con gran placer le habría dicho que gustosamente se marchaba de aquél lugar, pero en lugar de ello tuvo que fingir resignación y escabullirse por una de las puertas traseras acompañado de Karkaroff, el cual se había dado cuenta de su problema para caminar.
- ¡Vamos Snape, muévete!
- ¡Cierra la boca imbécil!
- Claro, oye, soy yo ¿O el lord tiene algo contigo?
Sin dejar de correr tan rápido como podía, el muchacho observó a su compañero, cuyos ojos brillaron como muestra de su pícara sonrisa.
- Creo que alguien aquí se va a convertir en el amante oficial del lord.
- Púdrete Karkaroff.
Fue la respuesta mientras su cuerpo se estremecía con asco ante la sola idea.
- ¡Nos vemos luego princesa!
Gritó con felicidad Karkaroff dando la vuelta y regresando a la sorpresiva batalla, dejando detrás de él a Snape, el cual decidió que no debía maldecirle por la estupidez que acababa de decirle, ya que algún buen auror ya se encargaría de castigarle en su nombre.
En medio de la batalla, Lucius luchaba con un despliegue de su amplia habilidad en las artes oscuras y el combate, sin embargo, en medio de aquella oscuridad y absoluta demencia, algo destelló ante sus ojos, congelándolo en el acto.
- ¡CUIDADO IMBÉCIL!!
Rugió una voz a sus espaldas mientras un rayo dorado impactaba al auror que estuvo a punto de asesinarle, Lucius sin embargo no se movió, mientras a su lado pasaba corriendo Rodolphus, seguido de cerca por Bellatrix, perdiéndose ambos en la multitud.
En la mano del rubio, refulgía como una estrella la piedra carmesí que ostentaba en un costoso anillo, y sin embargo, lo que a cualquier podría haberle parecido hermoso, a él lo llenó de terror.
Aquella piedra estaba encantada para brillar y avisarle… el momento exacto en que Narcisa entrase en labor de parto.
Sus ojos se impregnaron de la más absoluta desesperación, y tuvo que reconectar sus sentidos para darse cuenta de que se encontraba parado como un idiota en pleno campo de batalla.
- ¡NARCISA!
Trató de huir de la batalla, pero lo único que logró fue encararse con otros dos aurores, los cuales le cerraron el paso.
- ¡A UN LADO, A UN LADO!!!
No podría marcharse, y aún si lo hiciera, el lord le cuestionaría haberlos abandonado en aquella situación. ¿Qué podía hacer? ¡Qué debía hacer??
- ¡Quítense!!
Chilló totalmente fuera de si observando un espacio por el cual escabullirse, sin embargo, unos dedos largos y fríos se cerraron en torno a su garganta, cortándole la respiración de golpe mientras sus pies se separaban un par de centímetros del suelo.
- ¿A dónde crees que vas, Lucius?
Susurró la voz baja y siseante de Voldemort mientras contemplaba con profundo interés al rubio, el cual se aferró a las manos que le cortaban la respiración tratando en vano de liberarse.
- ¡M-Mi L-o-ord!!!
Los dedos se abrieron, y Lucius cayó al suelo sin poder evitarlo.
- Mi-Mi esposa… ¡Mi lord, Narcisa!
Voldemort ladeó el rostro.
- ¡Tengo que ir con ella! ¡Ella está…
- No me interesa Lucius… si te atreves a marcharte… ¡AVADA KEDAVRA!!
El hechizo golpeó a un auror, y el señor oscuro regresó su atención hacia su sirviente.
- Puedes prepararte para nunca mas volver a ver a tu adorada esposa… ¿Lo comprendes?
Lucius se quedó quieto algunos segundos, para finalmente aceptar con la cabeza, haciendo sonreír a su amo.
- Buen chico.
Con aquellas últimas palabras, el lord se perdió en medio de la multitud, dejando a Lucius totalmente sumido en la desesperación.
Si se marchaba, moriría, y si se quedaba… ¡Por Merlín! La salud de Narcisa estaba tan mal… desde hacía un par de días su embarazo se había descontrolado, algo malo estaba ocurriendo, y ahora, ahora…
- ¡Impedimenta!
Lucius se giró al escuchar aquella voz tan conocida, encontrándose a unos cuantos metros de él con el amigo de Snape.
- ¡KARKAROFF!!!
Igor se giró en torno a la voz que le llamaba tan desesperadamente, y mas por que en aquél lugar, eran pocos los que le conocían.
Ambos mortífagos se encontraron, y el hombre de cabellos negros se encontró con unos ojos metálicos, reconociéndole al instante.
- ¿Qué diablos quieres?
Igor conocía a los amigos de Severus, a todos menos al que tenía enfrente, a quien solo conocía por el color y la forma de sus ojos.
- ¡Snape! ¡Hace un momento lo vi contigo! ¿En donde está?
- El lord le dijo que se marchara.
Aquellas palabras resonaron en la cabeza de Lucius.
- ¿QUÉ???
- Se marchó, en su estado era un estorbo.
- ¡DONDE, POR DONDE SE FUE!
Karkaroff señaló el camino que Severus había tomado y que Lucius no tardó en seguir, librándose con no poco esfuerzo de la batalla.
Por el pasillo, Severus avanzaba a grandes y tortuosas zancadas. Era realmente increíble que los aurores hubieran dado con la guarida del señor oscuro, lo que le hacía pensar que en aquél lugar había mas traidores además de él.
Era una pena que no se hubiera podido llevar a nadie con él… más rostros para sumar a sus cargos de conciencia.
Muy pronto terminaría de recorrer aquél estrecho pasillo y encontraría la salida secreta de la mansión, sin embargo, el sonido de pasos le hizo volverse.
Alguien corría por aquél corredor de piedra, por lo que se imaginó que algún auror le habría seguido.
Sus dedos se cerraron en torno a su varita, listo para defenderse.
- ¡SEVERUS, SEVERUS, SEVERUS!!!!!!
El joven sintió que el alma se le iba a los pies.
- ¿Lucius?
No tardó demasiado en alcanzarle la enmascarada y elegante figura de Lucius Malfoy, el cual se lanzó sobre él, sosteniéndole por los hombros.
- ¡Severus, que bueno que te alcancé!
El joven de ojos negros se quedó totalmente congelado en su lugar. La última vez que había hablado con Lucius había sido el día de su boda, hacía cerca de nueve meses… y cada pensamiento dirigido a él en aquél tiempo había estado lleno de odio, rencor… y a veces de anhelo.
- ¿Qué es lo que quieres?
Susurró él tratando de sonar frío y distante, creyendo que podía negarse a la sensación que sacudía cada fibra de su ser al estar nuevamente tan cerca de una de las personas a quien mas había estimado a lo largo de su vida.
- Severus… por favor… por favor… tienes que ayudarme.
Snape enarcó una ceja a modo de respuesta.
- ¿Te has vuelto completamente loco?
- Por favor…
- ¡NO! ¡Suéltame ahora mismo! No se qué diablos estés pensando, pero…
- ¡NARCISA ESTÁ TENIENDO AL BEBÉ AHORA MISMO!!
Ambos hombres se quedaron en silencio, y Severus sintió como si el suelo se moviera bajo sus pies.
- No puedo marcharme, ¡No puedo ir con ella!! ¡Pero el lord te ha liberado! ¡Tienes que ir a la mansión y…
- No.
Lucius le observó con total incredulidad al escuchar la seca respuesta.
- Lo siento, pero no puedo ayudarlos.
- ¡Pero Severus!
- ¡He dicho que no!
Gritó él con todas sus fuerzas dándose la vuelta y comenzando a marcharse, sintiendo un nudo muy dentro de él.
Narcisa estaba teniendo a su bebé… aquello le parecía totalmente… irreal… pero todo el dolor, toda la humillación, todo lo que le habían echo… no… ahora eran ellos los que le necesitaban, y él no iba a ceder, no iba a hacer nada por ellos.
- Severus te lo suplico… mi esposa… mi Narcisa… ¡No puedes abandonarnos!!
El joven se detuvo y una risa amarga brotó de sus labios, tratando de comprender toda la ridiculez que aquello llevaba impreso.
- Lucius, no puedes esperar…
Pero sus palabras se vieron cortadas de pronto cuando Lucius cayó de rodillas ante él, abrazando sus piernas totalmente desesperado.
- ¡Te lo suplico!!!
Malfoy se arrancó la máscara y elevó su mirada hasta encontrarla con la de Severus, el cual se estremeció al contemplar aquella desesperación en los ojos metálicos de quien fuera su mejor amigo.
- ¡Por tu madre Severus! ¡Te lo pido! ¡Mírame, estoy de rodillas!
- ¿CÓMO PUEDES MENCIONAR A MI MADRE???
Gritó Snape totalmente fuera de si mientras retrocedía, incapaz de creer que Lucius se atreviera a hablar de aquella buena mujer de quien él tanto se burlara en antaño.
- Severus… por favor… por favor…
Algo se revolvió entro del joven de negros cabellos, algo que no había sentido en largo tiempo.
Cerca de un año atrás, él habría dado la vida por Lucius y por Narcisa, y ahora… ahora… Ahora solo dio media vuelta y continuó caminando, dejando a sus espaldas a su antiguo compañero.
- ¡Severus!... ¡Severus!!!.... ¡SEVERUS!!!!!!!
TBC…
Hola!
Discúlpenme la tardanza, si, lo se, quieren asesinarme… ¡No lo hagan por favor!!
Espero no tardarme tanto en la próxima, y que les gustara mucho el capi.
Besos a todas!!
Lady Grayson, la oscuridad
