Vyctyme me está sonriendo con crueldad.

-Es una pena, Godot. Haber llegado tan lejos y haberse arriesgado de esta manera para nada… Lo siento por usted… Je, je…

¡No puede ser, tengo que poder hacer algo!

-Señor juez, mi interrogatorio debe ser finiquitado ahora mismo. Ya he dicho todo lo que tenía que decir.

-Como siempre, ha sido un placer tenerle por aquí, excelentísimo fiscal general.-le adula Crescend.

¡Maldita sea! ¡Como el juez dé el interrogatorio por acabado estoy perdida! ¡Y Venoma también! ¡Me niego a que Venoma sea declarada culpable por culpa de este bastardo! Pero… No puedo hacer nada… No tengo esa prueba que necesito.

Tengo muchas ganas de llorar. Intento contenerme, pero noto que va a ser inútil. O al menos, eso pensaba hasta que noté que el móvil de Momoiro vibraba en mi bolsillo. Me están llamando.

Decido responder en medio de la sesión. Poco me importa ya.

-¿Sí?

-Gatita… Rendirte no es propio de ti. Un abogado solo llora cuando todo ha terminado, y siempre debe sonreír por muy mal que estén las cosas. Es una de mis reglas.

-D-diego… ¿Pero cómo…?

¿Cómo sabe lo que está pasando?

-¡Ja…! Te estoy viendo ahora mismo, gatita. Y te digo esto porque te prometo que no está todo perdido todavía.

-P-pero Diego… No hay nada que hacer… Nunca encontraré esa prue…

-Paciencia, gatita. Venoma saldrá de esta. Ya ha salido de algo mucho peor.

-¿Eh? ¿Qué quieres decir con…?

Antes de que pueda acabar la pregunta, las puertas del tribunal se abren de par en par, llamando la atención de toda la sala. Un hombre de cabellos rubio platino largos, vestido de morado con un collar plateado entra en la sala.

-¡¿Pero qué…?!-farfulla Crescend.

-¡Hoppla, Herr Juez! ¡Vengo a dar una noticia importante, ja!

Si eso era alemán, estoy convecido de que se trata de fiscal Gavin.

-¡¿Qué noticia es esa, fiscal Gavin?!-grita el juez, lleno de intriga.

-¡Es sobre la Fräulein acusada, ja! ¡Ha despertado! ¡Está viva!

-¡¿Qué?!-chilla el juez.

-¡¿Qué?!-repite Crescend.

-¡¿Qué?!- imita Vyctyme.

Yo no tengo tiempo para gritar. Inmediatamente me acerco el teléfono al oído.

-¡Di-diego! ¡Venoma! ¡¿Está bien?! ¡¿Ha…?!

-Está bien, gatita. Solo necesita nuestra ayuda en el juicio.

UNAS POCAS HORAS ANTES… (Punto de vista de Diego)

Desde que por fin me dejaron entrar al cuarto de Venoma en cuidados intensivos no me he movido de allí. Aunque no por eso ha habido algún cambio en ella.

Su pelo está perdiendo toda su pureza de color, y no mueve ni un músculo. Atravesándole los ojos, hay un corte diagonal bastante certero, y uno parecido de menor tamaño tacha su mano izquierda. Un collar de magulladuras enrojecidas adorna su cuello. Parece una cadena marcada a fuego lento en el cuello de mi tacita de café azucarada.

La inspectora Skye y el fiscal Gavin entran de vez en cuando a la habitación para ver si hay cambios, y desde fuera hacen todo tipo de llamadas para que alguien se encargue de la investigación de esta segunda escena del crimen.

-¿Todavía respira?-me pregunta Ema.

-Eso parece, pero cada vez peor… A lo mejor tendrán que ponerle oxígeno, o algo…-informo, desganado.

-¿Se ha movido, aunque fuese poco?-añade Klavier.

-Nada de nada.

-Esto es muy extraño, ja. ¿Qué le ha podido ocurrir a la Fräulein Venoma en esa celda? ¿Quién ha podido atacarla de esa forma?-se pregunta Gavin, algo cabreado.

-Al contrario que tú, petimetre pomposo, hago algo para investigarlo en lugar de hacerme preguntas como una idiota. Podrías ir a ver que encuentras, "nein"?- contraataca Ema.

-Fräulein Skye, tranquilízate, ja? Gracias al historial de Herr Godot, se le ha administrado el tratamiento. Ahora solo queda esperar. Si hay algún cambio, te prometo que iré a investigar, ja?

-No me fío de tus promesas, cretino pomposo.

-Si no lo cumplo, podrás abofetearme con esos aperitivos hasta que te canses. ¿Ja?

No puedo seguir la conversación de ambos porque no puedo apartar la vista de Venoma, por mucho que me cueste. Su pelo cada vez es más blanco, y pronto ya no podrá serlo más. Tal y como me dijo mi gatita, le miro los ojos de vez en cuando. Ciega, o al menos casi.

Sea quien sea que la haya atacado, sé que no es casualidad que le esté pasando como a mí. Pero no quiero ponerme a pensar en culpables de momento, no hasta que Venoma se recupere.

Tal y como decían Klavier y Ema, el médico le ha administrado algunas medicinas por vía intravenosa y tal, siguiendo mi propio historial, y le han puesto unas gotas en los ojos, supongo que para que el problema de la vista no vaya a más, pero no sé si va a servir de algo.

-Señor Godot… Si no le importa, vamos a buscar al médico a ver si nos puede decir algo sobre las pruebas médicas.-me pide Ema.

-¿Eh? Vale, vale, adelante. Yo me quedo con ella.

-No se separa de Fräulein Venoma, ja? Hace muy bien. Nunca había visto a un abogado con tanta devoción por sus clientes, ja.

Ema y Klavier abandonan la habitación. ¿Abogado y cliente? No sé por qué, pero yo noto que para mí Venoma es algo más que eso. Nunca podría llamarla "clienta", para mí es como una amiga, o una sobrina, o incluso una…

Le cojo la mano herida mientras pienso en que se recupere. El café solo es una bebida, pero la oscuridad que representa es mucho más real de lo que nos solemos imaginar. Es una de mis reglas.

Un infierno tan oscuro a los ocho añitos que tiene… No puede ser nada agradable. Ahora mismo está rodeada de demonios que atormentan su alma, y no la dejan despertar. Solo la podría salvar un ángel, un milagro.

¿Dónde…? ¿Dónde estoy? No veo absolutamente nada. Tampoco parezco estar en ningún sitio, sino que floto en la más densa de las oscuridades. No puedo ir a ningún sitio por más que me esfuerce.

"Mi querida criatura, ¿Qué tal te encuentras?"

Una voz fría resuena por el lugar. Intento preguntar quién es, pero antes de que pueda hacerlo, delante de mí se planta un espectro en forma de mujer. Su piel es blanca como la leche, al igual que sus ojos. Me sonríe malvadamente. Puedo ver que su pelo es de color rojo intenso, semirecogido con unas trenzas en la cabeza.

"Ven conmigo, querida. Te llevaré… A tu destino"

Sin que pueda oponerme, noto una gran fuerza que tira de mis brazos, acercándome cada vez más al fantasma de esa bruja.

"Bienvenida al infierno, cariño. Te estábamos esperando"

Intento luchar contra esa fuerza oscura, pero es inútil. No puedo soltarme, y a medida que me voy acercando veo con menos nitidez su pelo rojizo.

"Espero que esto te guste, porque… Una vez entras, ya no puedes salir… Nunca más"

Quiero gritar con todas mis fuerzas, flotar en dirección opuesta, pero nada puedo hacer yo. Cuando esa aparición demoníaca está a punto de cogerme con su mano fantasmal, una luz morada envuelve todo mi cuerpo. Otro fantasma se acerca a mí desde el otro lado.

"No tengas miedo, cariño. Yo estoy de tu parte"

Noto que esa otra mujer me coge del brazo. Es muy guapa, de pelo castaño largo y ojos de igual color, vestida con un kimono morado y sosteniendo un collar en forma de nueve que emite la luz que me ha salvado. Es el Magatama de cierto alguien.

"Creo que ya te lo dije. Me da igual que estés viva, o muerta, o que yo esté viva, o muerta. Mientras esté por aquí, siempre perderás. Siempre."

Gracias al Magatama esa maléfica criatura no puede tocarme. Para que se quede encerrada para siempre, ese ángel (más que un espectro) que me ha salvado hace que 5 candados negros envuelvan a ese demonio con sus cadenas para que no puedan salir nunca más.

"¡Te arrepentirás de esto! ¡Nunca olvidaré todo lo que me hiciste! ¡Por tu culpa estoy aquí atrapada para toda la eternidad!"

"Yo sí que haré que te arrepientas de haberle hecho daño a Venoma. Mientras siga por aquí, no podrás tocarla, ¡No te lo permitiré! ¡Haré lo que sea necesario para que Venoma siga sana y salva"

Entonces lo supe. Una mujer guapa, lista, amable, y valiente. La descendiente de la maestra de las médiums de la tradición Kurain. La poseedora del Magatama, y la compañera profesional y sentimental del señor Godot.

La señorita Mia.

Ella me acompaña hasta lo que parece una superficie. Esa monstruosa mujer pelea por soltarse de las cadenas, y por herirme, pero Mia lo impide. Con su Magatama, crea un halo de luz que me protege.

"¡MIA FEY! ¡Te ArrePenTirÁs! ¡AlgÚn dÍa te veNCerÉ! ¡TE mandARÉ a ti, A Tu estÚPido PseudOINteLectO de La mÁScAra y A esA MocOSA, Al InfIERNO COnmiGO, doNDE NuncA mÁS me VenceRÁS! ¡MIA FEY! ¡No CREas que HaS GanADO, MIA FEY!"

Mucho ruido y pocas nueces. Ya estamos arriba, la mano de ese demonio ambulante no puede tocarme.

-Tranquila, pequeña, estás a salvo. Te ayudaré con el juicio, pero hay otra persona que te ayuda con tu salud

-Muchas gracias, señorita Mia. Es usted tan buena… El señor Godot tenía razón sobre usted. Me… Me ha salvado

-No hay de qué, cariño. No todo está perdido. Saldrás de esta, Venoma, te podrás curar. Esa malvada bruja no te hará daño nunca más.

-Señorita Mia…

-Hablaremos luego, preciosa. Ahora, tienes que volver con Diego. Pero… Por culpa de esa arpía, tendrás que pagar cierto precio cuando vuelvas. Un precio que no recuperarás.

-Pero si no lo pago, me quedaré aquí para siempre, con esa diablesa. Quiero volver con el señor Godot, y con usted. Usted es buena, es un ángel, sé que estará cerca de mí. Incluso el señor Godot me lo dijo.

-Buena respuesta, Venoma. Si no temes cargar con ese precio irrecuperable, podrás volver con Diego. Y conmigo, por supuesto. Nunca te abandonaré, y haré lo imposible por ti. Ahora ganaré el juicio por ti… Pero nos veremos pronto, princesa.

-Nos veremos pronto, señorita Mia. Muchas gracias por todo.

La señorita Mia me acompaña hasta un poco más arriba. Puedo percibir ciertos cambios en mi cuerpo. No puedo ver bien, y antes de perder casi la totalidad de mi vista, aprecio que mi larga cabellera morena ahora es blanquecina como la nieve. Este es el precio que tendré que pagar.

Pero no me importa. Quiero volver… Con Diego y con Mia.

Y a ritmo de una melodía embriagadora de jazz suave y envuelta por una fragancia a café oscuro, vuelvo del infierno a ese café con tanto cuerpo, y a la vez con tanto azúcar, llamado mundo.