Parte dos: capítulo ocho
Ciudad de Ikebukuro
Shinra ya le había advertido que tendría dolor, pero Izaya pensaba que después de sufrir por la lesión del ojo durante bastante tiempo, estaría más que acostumbrado. En algún momento pensó que podría aprovechar su convalecencia para adelantar trabajos que únicamente requirieran el uso de sus aparatos electrónicos, pero fue hasta que los analgésicos dejaron de hacer efecto que se dio cuenta de lo equivocado que estaba.
En absoluto podía moverse y la espalda le dolía al punto de no poder dormir. No pasó mucho tiempo para que el informante tuviera un aspecto lastimero, de tal modo que sus hermanas faltaban a cualquier actividad extracurricular para ayudar a Namie en lo que hiciera falta y Shinra en más de una ocasión tuvo que pasar la noche en casa del informante para asegurarse del control adecuado de sus medicamentos pues ya sabía de lo que era capaz de hacer Izaya para lidiar con el dolor.
En un día particularmente malo para el informante, Shinra se vio en la necesidad de encontrar formas alternativas para tratar su malestar. El médico se decidió a que, en vista de la información obtenida por parte de las gemelas Orihara sobre el reciente derrumbe de la fábrica y edificios anexos, tendría que hablar con el monstruo de Ikebukuro, que no parecía tener el menor interés en visitar a la "pulga".
A la fecha, nadie había sido capaz de darle explicación a su comportamiento, donde Izaya igualmente parecía recio a saber cualquier cosa sobre el guardaespaldas. Apenas mostró interés cuando escuchó decir a sus hermanas que no se sabía la razón de la caída de la fábrica, si bien todos ya habían hecho sus propias conjeturas al respecto.
Departamento de Shizuo
21 de diciembre, 05:50
—¿Shizuo? —preguntó Shinra al llegar, por instrucciones de Celty, al viejo departamento de Shizuo. El médico ya sabía que Shizuo era una persona descuidada y poco atenta a los detalles, pero no esperaba que su casa fuera un verdadero desastre. En primera, Shinra pudo entrar sin siquiera pedir permiso puesto que la puerta estaba entreabierta.
Al fin y al cabo, ¿quién sería lo suficientemente tonto o desesperado como para robarle al monstruo de Ikebukuro?
Al entrar, el médico se encontró en una estancia con paredes ya de aspecto descolorido, lo mismo que sobre un piso lleno de abolladuras y manchas. Shinra suspirando se adelantó pues ya sabía que Shizuo estaría por ahí. A su paso empujó varios paquetes de cigarros y una que otra botella.
—Menuda pocilga tienes, Shizuo —dijo Shinra al reparar en que su amigo estaba tendido en uno de los sillones. No le sorprendió encontrárselo fumando y con cara de pocos amigos.
—¿Qué quieres? —preguntó el guardaespaldas sentándose—. Seguro que tienes cosas más importantes que hacer.
—En realidad, sí. Para empezar, tendría que estar haciendo mi chequeo diario en casa de Izaya, pero creo que hice bien en venir aquí.
Shizuo apenas cambió la expresión de su rostro y se decidió a prender otro cigarro. Shinra se apresuró a dejar abierta alguna ventana.
—Escucha, Shizuo, iré al grano. Izaya está pasándola realmente mal y es posible que no me creas hasta que lo veas por ti mismo. ¿No se supone que ustedes dos estaban en buenos términos? En cualquier caso, creo que deberías pasarte por su casa un día de estos.
Shizuo miró con cierto escepticismo a Shinra.
—Tienes razón, me cuesta trabajo creerlo y, aunque así fuera, ¿qué cambiaría si decidiera visitarlo? Nada puedo hacer. Además, seguro que esa pulga tampoco tiene muchas ganas de recibir a nadie.
—Pues no tiene muchas opciones últimamente.
—Hablando de otro asunto, pensaba ir a verte. Por una consulta, claro está.
Shinra pareció sorprendido.
—¿Por qué?
En respuesta, Shizuo le mostró su mano derecha. Bajo la mirada experta de Shinra, este se dio cuenta que, a juzgar por la torcedura de sus dedos, el guardaespaldas se había fracturado la mano y luego estaba había sanado sin la atención adecuada, de tal modo que los huesos de algunos dedos lucían chuecos.
—¿Quién lo diría? Así que fuiste tú quien tiró todo aquel complejo —dijo Shinra por un momento perdido en lo fascinante que le resultaba la capacidad regenerativa de Shizuo—. Pero no creo que yo pueda hacer algo, es decir, tu mano ya está prácticamente curada, ¿no? Lástima de las torcedu… ¡Shizuo!
Shinra observó con cierto horror, como el guardaespaldas se rompía nuevamente con la mano izquierda los dedos de peor aspecto.
—Listo, ahora arréglalos —dijo como si no hubiese pasado nada. Shinra se quedó contemplando a Shizuo sin ser capaz de encontrar una nueva manera de abordar el asunto por el cual había ido a buscarle. Se resignó a obedecer y asegurarse que los dedos de Shizuo sanaran como debían.
—Oye, Shizuo, puede que sea médico general y que este acostumbrado a tu mal genio, pero quien no te conociera diría que estas deprimido. ¿Estás bien?
—No digas tonterías. Estoy mejor que nunca. Date prisa y luego ve a donde Izaya —dijo Shizuo más bien entre gruñidos.
—Hablo en serio.
—Yo igual.
Shinra estaba a punto de ceder cuando se dio cuenta del brillante objeto que reposaba sobre una mesa, justo al lado del sillón. Apenas disimulando, se acercó y tomó el anillo entre sus manos.
—¿Esto es tuyo? No sabía que te gustaba usar este tipo de cosas, Shizuo. Aunque, ahora que lo pienso mejor, luce idéntico a los que suele llevar Izaya. Quizá esté equivocado, pero ahora que vaya a verlo, me detendré a observar si sólo lleva puesto uno.
Shizuo no tardó en levantarse y extendió su mano.
—Dámelo —pidió bastante molesto.
Shinra esbozó media sonrisa antes de tenderle el anillo.
—Shizuo, estoy seguro de que Izaya no está molesto contigo. No sé porque rehúyes, pero no creo que le venga mal a ninguno de los dos…
—Corta eso. Mira si quieres oírlo, está bien, te diré que estoy preocupado por esa pulga, seguro todos lo están. Pero no tengo ninguna razón para querer verlo. Además, yo sé que está molesto y razón tendrá. Pero no, ya te lo había dicho, corté con él y te lo vuelvo a decir.
Shizuo se detuvo a contemplar el anillo de Izaya entre sus dedos, antes de hacer el ademán de entregárselo a Shinra.
—Ten, devuélveselo y dile que ya cumplió su propósito.
—Dáselo tú mismo —dijo Shinra con semblante serio—. Ya me cansé de ustedes, par de imbéciles. Si gustan portarse así, vale, nadie va a decirles nada, pero dejen de involucrar a los demás.
—No creo haberte pedido consejo —mintió Shizuo, ligeramente dolido.
—Si supiera que has ido a trabajar durante estas últimas semanas, te cobraría esta consulta, pero sé que no lo has hecho. Considéralo mi último favor… —Shinra se calló al notar que el timbre de su celular empezaba a sonar—. ¿Sí? Mmm… Ya veo… Seguro sólo se trata de una recaída, enseguida voy —Shinra tras colgar le dedicó una última mirada a Shizuo.
—¿Izaya? —preguntó el guardaespaldas volviendo a guardar el anillo rechazado en su bolsillo.
—¿Qué más te da? —dijo Shinra en tono desenfadado y dirigiéndose a la puerta—. Cuídate, Shizuo y no hagas esfuerzo con esa mano.
La voz de Shizuo no tardó en hacerse oír.
—Puede que vaya a verlo. El problema es que... No sé qué decir o hacer estando allí —finalmente reconoció Shizuo.
—Podrías empezar diciendo la verdad. Quizá tengas razón y en verdad no puedas tener ese tipo de sentimientos que Izaya dice profesarte, pero, sé que te importa. Además, hay algo que seguro preferirías escuchar por parte de él.
Shizuo no entendió a qué se refería con esas últimas palabras, pero terminó por asentir. Al irse Shinra, Shizuo volvió a recostarse en el sillón y, pese a las indicaciones dadas, se dedicó a lanzar una y otra vez para luego atraparlo con la mano derecha, el anillo de Izaya.
Como le hubiera gustado haber rechazado en su momento, aquella conversación con Yuuma Otani, si bien, se decidió a cumplir la promesa que le hizo a Izaya. Luego, se dedicó a pensar que todo mundo le había malinterpretado hasta el momento y es que sabía que hay una gran diferencia entre darse cuenta y aceptar y rendirse ante aquello de lo que uno se ha dado cuenta.
Departamento de Izaya
22 de diciembre, 17:47
Al llegar, Shizuo pensó que tenía bastante suerte como para encontrarse a Izaya dormido, pero luego se dio cuenta que lo mejor hubiera sido verlo mientras el informante pudiera usar su máscara habitual. Dormido, no se parecía mucho a la persona que Shizuo conocía. En realidad, no había pensado antes que una persona pudiera resultar totalmente diferente cuando tenía la expresión relajada y eso que Izaya seguramente estaba adolorido.
Shinra le había dicho que Izaya la había pasado realmente mal y Shizuo, a juzgar por lo cansados que lucían todos quienes le habían cuidado hasta el momento, se vio obligado a creerle. Ignorando a Namie que, de momento estaba trabajando en el escritorio de su jefe, Shizuo se acercó a Izaya que reposaba en la cama que habían colocado provisionalmente en la sala, en vista del hospedaje de las gemelas y las escaleras (la lesión de Izaya le impedía subirlas).
Namie quizá porque en verdad tenía algo que hacer afuera o porque decidió darles espacio, no tardó en salir, diciendo que volvería en un par de horas, si bien, en el fondo le hubiera gustado escuchar la inicial distendida y luego incómoda charla entre el informante y el guardaespaldas.
Shizuo, que era tan alto como para sentarse en el suelo y quedar aun sobre la altura de la cama de Izaya, permaneció de rodillas a la espera de que Izaya se despertara por cuenta propia. A un tiempo, Shizuo se preguntó si como había supuesto, Izaya estaría enojado y puede que herido porque, él, el monstruo de Ikebukuro, le había abandonado pues se pensó incapaz de verlo sufrir una segunda vez. Después de todo, Shizuo se había prometido no dejar que algo le volviera a pasar a esa molesta pulga y, sin embargo, ahora se encontraba al lado de su lecho de enfermo. Por segunda ocasión y no por seguro última vez.
Tú no buscas más que hacer que yo reniegue del monstruo que soy. Y, aun así, aquí me tienes, cumpliendo con mi palabra, pulga. Es verdad que somos un par de grandes imbéciles. Lo siento mucho, pero tú entenderás. ¿O no? De un modo u otro, perdón; hay algo que tengo que hacer, aunque no me entusiasme en absoluto, pero sé, a raíz de la clase de persona que eres, lo mereces. Necesito saber, ¿qué sucedería si yo te amara? Tenías razón: si no me hubieras besado y luego dado tu anillo, seguro que no lo pienso y seguramente tampoco tendría porque seguir haciéndote daño. En fin, alguna vez tenías que pagar las cuentas, ¿no?
Somos monstruos y no humanos después de todo.
N. del A. No sé ustedes, pero a esto ya le veo final... ¿ustedes que dicen? Yo pensaría que entre dos y cuatro Cap. más. Pero, como siempre, su opinión va primero. Estoy a sus ordenes ;)
Encontré curioso que todas me preguntaran por Shizuo, claro, algo pasó durante esa semana, pero lo mostrare más adelante.
Asami-Orihara: por nada :) Gracias por comentar. ¡Saludos!
Peith: muchas gracias por tus palabras. ¡Besos!
Karasu-shiro: Awww, me pone feliz saber que te gusto. Ntp, el momento de hablar llego. (Sonrisa malvada). ¡Ten un muy bonito día!
berenice uchiha: llorar quizá... Ja, ja, ja Ya veremos que sucede. ¡Te mando un abrazo!
Kimiyu: Sí, que bueno... :D ¡Besos!
