Cap. 36 Amarga confesión

Ichabod Crane se sintió más que abrumado por esa revelación que no esperaba. No…verdaderamente no lo esperaba. Dentro del cúmulo de situaciones que estaban sucediendo y ponían en riesgo su tranquilidad y su felicidad, así como la de su nueva familia, esa er ala posibilidad que ni remotamente había imaginado.

Rebecca observó a su hijo con ojos de ternura. Trató de ver en él al pequeño que año antes truviera entre sus brazos, pero no lo encontró. En su lugar habló a un joven condestable serio y angustiando que buscaba la respuesta a muchos enigmas y la solución a un conflicto de vida o muerte. Eso no era lo que quería para él. Parte de la culpa era suya, o al menos así lo consideraba, por su debilidad y su tendencia a buscar la verdad a la luz de lo esotérico, generando en su hijo un espíritu demasiado sensible. Pero también era de su padre, Linnus Crane, por ser tan duro y regio al grado de limitar al muchacho en muchas situaciones de su vida sin permitirle descubrir por sí mismo su responsabilidad en la naturaleza y su manera de ver las cosas que en ocasiones no tienen suficiente explicación. En cualquier caso, ya no había nada que hacer; Ichabod era como era y eso no lo iba a poder cambiar. Sin embargo tuvo miedo de él, de su reacción ante aquella cruel e increíble confesión. Por un momento no fue capaz de ver cuál sería la reacción de su hijo en aquel momento, todo podía suceder

Ichabod respiró hondamente, se llevó una mano a la cabeza y otra la recargó sutilmente en la pierna izquiera mientras sentado en la cama junto a Rebecca analizaba lo que tenía frente a sí.

- Simplemente…no lo puedo creer- se limitó a decir.

Para Rebecca esto fue un balde de agua helada. Hubiera deseado que Ichabod reaccionara violentamente o se hubiera descargado en lágrimas o en enojos, para así darse cuenta inmediata de lo que pasaba por la cabeza de su hijo. Pero aquella pueril respuesta que dejaba una puerta abierta a cualquier conclusión, era lo más desconcertante que había visto en la personalidad de su hijo. Entonces comenzó a llorar y dijo.

-¡Perdóname, Ichabod! Perdóname…por favor…tuve que hacerlo; pero no me dejes así, sin saber realmente qué piensas. Sólo quiero que sepas que lo hice por ti y por tu familia; lo que más deseo es saber que ustedes están fuera de peligro. Es lo único que me motiva para seguir viva.

Ichabod por respuesta abrazó a su madre contra su corazón, besando su cabellera y diciéndole tiernamente:

- Claro que te perdono, madre…lo único que sé es que vamos a salir de esto…todos y bien…porque no dejaré que ese monstruo infernal te dañe a ti tampoco.

Rebecca se tranquilizó. Después de todo, parecía que realmente había inculcado en su hijo la nobleza de sentimientos y de alguna forma un carácter a prueba casi de toda dificultad.

- Pero…lo que aún no entiendo- dijo Ichabod- es qué clase de trato hiciste con el jinete.

Rebecca hizo una pausa y explicó:

- Recordarás que hace tiempo fui secuestrada…pues bien, la vieja bruja que me llevó con ella, lo hizo por órdenes de van Garret. Ella sirve a viejo, y manipula al Jinete, pero sus poderes son limitados. Para favorecer algunos de sus conjuros, la bruja necesita de la magia blanca, la cual desconoce. Ella está buscando realizar un magno sacrificio para lograr que el Jinete regrese de donde vino…pretende cobrar la vida de su hermana.

- Pero tengo entendido que ella la mató- dijo Ichabod.

- No…eso fue lo que ella pensó pero n ofue así; la hermana de la madrastra de Katrina está "viva"…y ahora quiere vengar el que su hermana estuviera en poder del jinete.

- Entonces, van Garret le ha ofrecido pagarle bien a cambio de que ese sacrificio lo cobre en…

- Tu propia persona…o en uno de los tuyos…

- Y así él podría cobrar la herencia de Katrina…-concluyó Ichabod Crane.- Lo que sigo sin entender es qué clase de pacto hiciste con él.

- Le ofrecí mi persona a cambio de la tuya…de la de Mandalay…no puedo dejar que el Jinete intente acabarlos…

- ¿Sabes cómo piensa cobrar nuestras vidas? – preguntó el condestable.

- A través de un sacrificio de sangre, que no se ha realizado porque…aún falta algo.

- ¿Qué…cosa?- insistió Ichabod muy nerviososo.

- Que…van Garret tome a Katrina como mujer…

Ichabod se levantó y recargó su cabeza contra el dorso de su mano contra la padre.

- Pero…¡esto es demasiado! Entonces el interés de van Garret en que sea juzgado por asesinato es sólo para tratar de realizar todo legalmente sin que parezca un asesinato...y para dejar a Katrina completamente indefensa…lo e la parte del Jiente una autoridad judicial claro que no lo creería…-repuso el condestabla al fin.

Rebecca suspiró e Ichabod continuó:

- Pues no sé cómo tenga qu ehacer pero no voy a permitir que el Jinete cobre ese trato con tu vida, habrá que hallar otra solución, pero el Jinete no tocará ni un solo cabello de las personas de mi familia y de quienes tanto me han ayudado.

Mientras tanto Jelly conversaba con Katrina después de la "fiesta2 que ofreciera van Garret.

- Me alegra que ese hombre no le haya causado ningún año.

- Gracias a usted, Jelly…o Leonor- dijo con una sonrisa.

- Sí, señora Katrina…usted puede llamarme como usted quiera..y me tranquiliza que aún ese hombre no se haya atrevido a lastimarla…como a…

- ¿A quién?- preguntó Katrina pues ella aún no sabía lo que había sucedido con la madre de Ichabod.

- Señora…es difícil…van Garret…ultrajó a Rebecca…está en una clínica…el condestable fue para allá.

Katrina se angustió. Eso era demasiado. ¡Cómo debía estar sufriendo Ichabod por ella!

- Esto es…inaudito- dijo por fin estallando en lágrimas.

- Le traeré un té- observó Jelly saliendo y cerrando la puerta.

Abajo encontró a Masfat que esperaba a que volviera van Garret.

- ¿Dónde está el viejo?- preguntó.

- Aún no ha vuelto, Salió rápidamente en su caballo y no ha regresado.

El relincho del Jinete aún se escuchaba de nueva cuenta. Jelly tembló y Masfat se asustó.

- Esto…es demoniaco…¿qué hacemos?- preguntó el joven Masfat.

- Espera a que llegue van Garret…yo iré a encerrar a la señora Katrina tras llevarle la bandeja con la cena y el ´te….¿tienes las gotas?- insistió Jelly.

- Sí…aún las tengo…la llegada del juez impidió que se las diera.

- Dámelas…le daré la cena y aprovecharé para dormirlo…cuando el viejo se haya dormido ya avisa al condestable…¿quieres?

- Sí, Jelly- repuso el joven Masfat.

En tanto el conde Vermont seguía en casa del condestable esperándolo. La viuda Martin reposaba en la habitación. Vermont llegó hasta ella y al verla despierta le dio un suave beso en la frente y dijo:

- Linda…¿dormiste?

- Tuve muchas pesadillas…tengo miedo…

- No lo tengas…yo no dejaré que nada malo te suceda…ya pronto pasará este infierno…yo sé lo que te digo…es demasiado y no puede durar tanto.

Entonces la besó apasionadamente y la recostó sobre la cama. Poco a poco la ternura de sus besos lograron que se despojara de la ropa mientras la viuda acariciaba su pecho entre la camisa…él descubrió lentamente su cuerpo y acarició con suavidad cada centímetro de su piel…sus labios se posaron en los pliegues de su fisonomía inundándola de amor y placer. Aquel momento intenso duró un par de horas hasta que la noche entró sin dilación.

Mientras, Ichabod se despedía de su madre.

- Rebecca Crane…te juro por la vida de mi famiiia que ni a ti ni a ellos les sucederá nada…

- Hijo…lee el libro de magia que te di…ahí encontrarás…muchos de los secretos que no he podido revelar pero creo que es momento de que empieces a conocerlos todos.

Ichabod asintió con la cabeza. Comenzaba el momento de revelar la verdad.