Mabel se hallaba acomodándose en su nuevo hogar. Wendy aún tenía que terminar su turno en el local, por lo que la mandó de regreso sola. Agradeció que su departamento estuviera muy lejos del departamento de Pacifica, por lo que era imposible que se encontraran de casualidad. En verdad ese departamento era mucho más pequeño que el de Pacífica, pero sería más que suficiente para que ellas dos estuvieran a gusto.
Wendy no mentía al respecto cuando dijo que no era el tipo de chica que hacía la labor hogareña, ya que el lugar era un total desastre, con ropa por doquier, una pila de platos sucios en el fregadero, las ventanas estaban sucias y había polvo en todos lados; al menos eso le ayudaría a despejar su mente. Se armó con escoba, recogedor, esponja, guantes, atomizador, y comenzó a limpiar todo el lugar. Toda la ropa sucia que hallaba la juntó en un par de cestos, y puso una tanda de ropa (en la lavandería del edificio) mientras seguía con el suelo, Mabel tuvo que ponerse un paño para evitar morir de asfixia con tal cantidad de polvo. No quería pensar en nada, por lo que no dejó de limpiar hasta que el suelo parecía de cristal. Los platos fue un mayor reto; Mabel se preguntaba cómo ella sola se las había arreglado para hacer tal desastre, pero no era nadie para criticarla, le había hecho un enorme favor.
Toda la ropa limpia y doblada, el piso parecía pista de patinaje, las ventanas estaban completamente cristalinas (como debía ser) y cada plato y cubierto limpio y en su lugar. Mabel terminó agotada, aquello había sido un completo reto para ella, pero lo había logrado al fin. Se recostó en el sillón, sin fuerzas para mover un músculo, y se quedó profundamente dormida, esperando que con el enorme cansancio le fuera imposible siquiera soñar.
Wendy llegó rato después. Se halló la puerta abierta, dejada así deliberadamente por parte de Mabel para no tener que levantarse a la llegada de la pelirroja. Ella al entrar se sintió en un lugar extraño. Salió del departamento rápidamente, creyendo que se había equivocado de lugar, y leyó una y otra vez el número del mismo… no cabía duda, ese era su departamento, pero no lo reconocía para nada. Entró sigilosamente, aún con dudas, y se halló a una agotada Mabel, durmiendo en el sillón, con cara de agotamiento. Wendy solo rió al verla, y no la quiso despertar, por lo que se limitó a taparla con una cobija, y dejarla descansar.
Diper decidió posponer la visita a sus padres. No quería llegar sin Mabel y no poderles explicar su ausencia. Tendrían que ir, de alguna manera, los dos la siguiente semana para cumplir con su condición.
Al regresar al departamento, Diper se quedó en la sala, no podía sopesar todo lo que le estaba pasando en ese momento. Primero la tentación de su propia hermana, que terminó de una manera que él jamás se habría imaginado, y tuvo que mantener una relación prohibida en secreto, después el ser descubiertos, y no decir del aborto de ella, de un hijo de él mismo, el enfrentar por primera vez el desapruebo de una persona cercana a ellos, y ahora, ella decide terminarlo todo, y se aleja sin decirle nada… todo estaba pasando demasiado rápido, su mente estaba a punto de explotar. De pronto, sintió los brazos de Pacífica abrazándolo por la espalda.
- Diper, no te atormentes demasiado, nada de esto es tu culpa, no lo es de nadie- trató de calmarlo Pacífica con su cálida voz.
- Es mayormente mía, dejé que todo esto pasara por no pensar en las consecuencias y dejarme llevar. Si ese día la hubiera detenido, nada hubiera pasado…
- ¿Te arrepientes de eso?- le preguntó Pacífica con una voz más seria.
Diper quiso decir que sí, pero lo cierto es que en su momento lo disfrutó tanto que nunca se imaginó que algún día todo eso terminaría. En realidad una parte de él deseaba que eso nunca se acabara.
- No me arrepiento de lo que pasó, es solo que todo fue tan rápido- admitió Diper con pesar en su corazón-. No quería que acabara, creo que por que toda nuestra vida hemos estado juntos tenía la idea de que nunca acabaría, pero todo terminó tan rápido como empezó…
- Ustedes siempre van a estar juntos- dijo Pacífica sin tener nada mejor en mente, en realidad no sabía cómo apoyarlo en ese momento-. Tienes que descansar Diper, anda, vamos.
Pacífica guió al chico hasta la habitación para que durmieran. Esa noche, quizá por todo lo que tenía en mente, al chico no le pasó de nuevo lo de la primera noche, y esa vez no le puso caso al hecho de dormir con ella.
Diper tuvo el mismo sueño que la vez anterior, pero ahora, solo Mabel se alejaba, y él se quedaba plantado en la luz de Pacífica, viendo sin poder hacer nada como su hermana se alejaba en la penumbra, entonces, vio como una mano se acercaba a ella Diper quiso gritar, pero su voz no le salía, y solo pudo ver como su hermana era imbuida por las sombras.
Diper se levantó de golpe, jadeando. Su frente estaba llena de sudor y sentía una pesadez extrema, como si hubiera corrido toda la mañana. Trató de calmarse respirando profundamente, y secándose el sudor de la frente. Miró a su lado y notó que Pacífica ya no estaba en la cama. Se levantó con pereza de la cama, y descalzo salió de la habitación esperando verla.
La encontró en la sala, con el celular a la mano y varias revistas abiertas. Diper sentía admiración al ver la diligencia de la chica ante su trabajo, teniendo esa idea de que aún cuando él no hubiera llegado a su vida, ella se las habría apañado sola. Era fuerte y perseverante, no necesitaba de nadie.
- "Te necesito… No soy tan fuerte, te necesito Diper… tu me haces verdaderamente fuerte."
Diper hizo lo mismo que ella el día anterior. Se acercó sigilosamente, y la abrazó por la espalda, haciendo que Pacífica diera un respingo, y sintió que sus mejillas se ruborizaban cuando vio de quien se trataba.
- Buenos días- le dijo el chico a su oído, provocando otro respingo en la rubia.
- Buenos días, no quise despertarte, por eso me vine a trabajar aquí- dijo Pacífica con la voz entrecortada.
- Gracias, por tu apoyo- le dijo el chico besando su mejilla-. Prepararé el almuerzo, ¿deseas algo en especial?
- Lo que sea está bien- respondió Pacífica sin poder controlarse, aquello era demasiado bueno, hermoso. Creyó que aún estaba soñando, y su corazón no le daba tregua un segundo.
Diper se separó lentamente de ella, y caminó a la cocina para hacer el almuerzo. Pacífica lo tuvo difícil para poderse concentrar de nuevo en su trabajo, aquello le había gustado demasiado, y aún sentía sus mejillas rojas. Era un sueño tan hermoso que deseaba nunca despertar de él.
Mabel despertó demasiado temprano, había dormido tanto y tan profundamente que no tuvo ni un sueño o pesadilla esa noche. El sillón aunque parecía incómodo, en realidad era bastante confortable. Ella jamás había cocinado, pero intentó hacer algo. Al abrir el refrigerador se topó con que este estaba casi vacío, a excepción de un par de cervezas y una manzana casi seca.
- Hoy iba a hacer el mandado, creo que ya urge- dijo de pronto Wendy, asustando a Mabel, no la había sentido llegar.
- ¿Has cocinado tu?- preguntó Mabel curiosa, tenía esa duda desde que lavó el enorme montón de platos sucios.
- Si, se podría decir que es la única tarea que se me da bien- contestó Wendy sin reparo-. Es lo mínimo que he de saber si quiero vivir sola.
- Bueno, ¿te parece si voy a las compras yo?
- Ya hiciste demasiado, te ves agotada- le dijo Wendy con calma-. Si sigues así te vas a agotar, deja que yo me encargue.
Para Mabel eso no era problema, mientras más rato estuviera ocupada, mejor para ella. Wendy no aceptó su negativa, y al final Mabel tuvo que rendirse.
Estar sola en ese lugar, ahora le resultaba pesado. No podía dejar de pensar en Diper y Pacífica, les había dejado completamente el camino libre, y todo lo que podía pasar ahora que estaban solos. El solo pensar eso le revolvía el estómago. El recordar lo que hicieron ellos dos cuando sus padres no estaban en casa, y el fruto de ello… el solo pensar que eso mismo pasara con Pacífica, le daba unas ganas de llorar y de arrepentirse, de correr a su lado, de rogarle volver, pero, no podía descomponerse así, se había decidido a ello, y no podía detenerse ahora. No podía quedarse ahí, no lo soportaría. Le dejó un mensaje a Wendy de que saldría, y salió presurosa.
Mabel no quería cargar su celular, sabía que la intentaría contactar y no quería arriesgarse a tener un encuentro con él, no aún, en ese momento le destrozaría la poca convicción que aún tenía. Tampoco podía ir con ninguna de sus amigas, por el mismo miedo, ni comunicarse con ellas (no tenía la misma memoria que su hermano, no sabía sus números para llamarles de un teléfono público). Tampoco tenía dinero, había dependido tanto de Diper para ese sentido, que ella jamás había ahorrado un poco. Ahora le pesaba tanto el hecho de haber dependido tanto de él, aún en las cosas más pequeñas. Se había dejado llevar tanto por ese hecho de pensar que toda su vida estarían juntos, que ahora estaba sufriendo el karma de quererlo monopolizar en todos sentidos. Ese era su castigo, un castigo divino por haberlo encerrado para ella de una manera tan egoísta, y era un castigo que aunque no deseaba sufrir, tenía que aceptar sin más. Siguió caminando sin rumbo, esperando que algo se le ocurriera, algún milagro, lo que fuera.
Diper y Pacífica, a pesar de estar solos, no desaprovecharon el tiempo que tenían. La chica tenía un montón de encargos que hacer, ese trabajo se le hacía cada vez más pesado, y pronto no podría hacerlo sola. Para Diper esas cosas eran fáciles, los cálculos se le daban bien, y era incluso mejor ayuda para Pacífica que su calculadora. Un encargo tras otro, Pacífica sentía felicidad por ver lo mucho que su negocio había crecido, que incluso pensaba pagar de regreso el dinero que le habían dado para iniciar, aunque sabía que él no aceptaría así de fácil.
- Vaya, todo esto es demasiado- dijo Diper suspirando al ver lo que aún les faltaba por hacer-. Te admiro, todo esto es increíble.
- Y aún nos falta Dip- dijo Pacífica con naturalidad-. Espero que podamos acabar a tiempo, aún tenemos tarea que hacer.
- Al ritmo que vamos, estará terminaremos en nada amor…
Hubo un silencio, y ambos se quedaron de piedra. Diper no se dio cuenta cuando ese mote salió de sus labios, se le escapó completamente. No quería voltear a ver a Pacífica, pero imaginaba que estaba igual que él; ambos completamente ruborizados.
- Lo siento… yo…
- No me molesta- lo interrumpió con mucha efusividad Pacífica, con la voz completamente temblorosa.
Diper se animó a voltear a verla al fin. Como lo sospechó, estaba completamente roja, pero su mirada era de asombro, y una sonrisa se empezaba a formar en sus labios. Pacífica sentía una emoción indescriptible, algo que jamás había vivido en su vida. Quería correr y gritar al cielo de la emoción que estaba sintiendo en ese momento, pero eso sería demasiado vergonzoso. Se limitó a mirarlo a él, el motivo de su actual alegría, agradeciendo la oportunidad que se le había presentado.
Mabel caminó sin rumbo, pensando en cualquier cosa que se le pasara por la mente, tenía que alejarse de todo. Tenía que despejar su mente, y haría lo que fuera para ello, y lo más importante, no quería estar sola. Estaba caminando con la cabeza agachada, que no se dio cuenta hasta que la alzó, que había llegado a un lugar al que nunca pensó regresar. Quiso dar la media vuelta, pero.
- ¿Mabel?, ¿qué haces aquí?- le preguntó Armando desde la puerta de su casa, muy asombrado de verla en ese lugar.
¿Cómo se le había ocurrido llegar ahí? No pudo haberlo hecho de casualidad, sería demasiado para eso. Se reprendió a si misma de siquiera pensar en ello.
- Nada, vine por error- dijo tajante Mabel dando media vuelta.
- ¿De verdad lo crees?- dijo el chico acercándose a ella.
Mabel no quería escucharlo, menos en ese momento en el que ella estaba tan vulnerable. Lo conocía bien y sabía que lo mejor era alejarse. Caminó rápidamente sin detenerse, y aunque no podía verlo, sabía que él la seguía.
- Deja de seguirme- le reprendió Mabel sin mirar atrás.
- No hasta que me digas que te pasa- dijo seriamente el chico.
Mabel no quería decirle, aún tenía que ser fuerte y soportar. Quiso correr, pero no había comido nada en ese día y había caminado demasiado, se sentía demasiado agotada para eso. Era una trampa que ella misma se había tendido, una telaraña de sus errores de la que no podía escapar, y ese chico, era su salvación, o su destrucción… ya no había marcha atrás.
- Vete- dijo de pronto Mabel deteniéndose, ya no podía andar más-. Solo vete y déjame sola.
- ¿Por qué estás sola?, es la segunda vez que te encuentro en una situación similar, y de nuevo te rehúsas a decirme que pasa- la voz del chico estaba cada vez más cerca.
Mabel se debatía a sí misma, ella no quería estar sola en ese momento, eso era obvio, pero esa compañía no era la mejor, aunque ya era demasiada casualidad para ella que las dos veces que el chico se la encontraba, ella estaba deseando la compañía de alguien, y comenzó a recordar ese tiempo en el que él era su todo, su sueño.
- No quiero estar sola- le confesó Mabel, abrazándose a sí misma. No podía evitarlo, iba a descomponerse, destrozarse por dentro si seguía siendo fuerte.
Entonces, sintió que aquel chico la abrazaba por la espalda, sintiendo una calidez que, aunque quería negarlo, necesitaba.
- No lo estás- le dijo el chico con una cálida voz, a su oído-. Aquí estoy guapa, no estás sola...
No podía hacerlo, no podía descomponerse así, no ahí, no con él. Por qué había pasado eso…
- "No, ya basta… yo sé por qué está pasando esto, yo sé por qué estoy aquí, yo sé por qué estoy sufriendo en este momento, por qué Diper se alejó de mi, por qué estoy en este momento en este lugar con él, no hay culpables, no hay misterios, no hay una fuerza divina que me esté castigando sin merecerlo… todo es mi culpa, todo lo tejí yo por egoísta, por narcisista, por mal amiga, por inocente… soy yo la única culpable, nadie más... Es hora de dejar de huir…"
- No me dejarás sola, ¿verdad?- dijo Mabel al chico, con apenas un hilo de voz.
- No, jamás- le respondió este al oído.
- Aunque solo te esté usando, aunque solo te quiera para quitarme un dolor previo, aunque solo te use para curar mis heridas…
- Entonces yo seré quien te las lave- le interrumpió el chico, sonando sincero-. Solo quiero una cosa, estar a tu lado.
- Está bien- dijo Mabel derrotada-. Quédate a mi lado… no me dejes sola…
Los personajes le pertenecen a Alex Hirsch y solo los uso para fines de este fic.
(Título anterior: Dicotomía.
Avance: 24-6-26-13-23-12 7-18-22-13-22-8 15-12 10-6-22 10-6-18-22-9-22-8 13-6-13-24-26 15-12 8-6-22-15-7-22-8).
Código secreto:
156 (19-21-19)
28 (5-14)
111 (6-21-5-18-1)
56 (19-9-7-21-9-15´)
