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Llevaban varias horas volando y House dormía sobre el hombro de Cuddy. Ella odiaba los aviones y no conseguía conciliar el sueño. Tenía la sensación de que los motores se detendrían en el momento en que cerrase los ojos.
Era un fastidio que el vuelo se realizase casi por completo de día, ya que no tenía la posibilidad de despertar a House con algún tipo de artimaña erótica mientras las luces estuviesen apagadas.
La había llevado de compras en el aeropuerto. Un par de vestidos elegantes para las dos jornadas de conferencias, unos pantalones cómodos y alguna blusa ligera. Él se había quedado comprando chucherías para el viaje mientras ella había ido a mirar ropa interior. Para desilusión del hombre, Cuddy no había querido que la acompañase.
Cuando volvió a su lado, él tenía una pequeña bolsa con productos de belleza e incluso un perfume. Cuddy pensó en lo detallista que podía ser y en lo desesperante que había sido trabajar con él años atrás.
Eran más de las doce de la noche cuando llegaron a Madrid. El hotel, situado en plena Castellana, era un edificio moderno y oscuro.
-Aquí tengo su reserva, Doctor House-dijo la recepcionista entregándoles los papeles de registro.-Habitación doble con camas separadas y…
-¿Cómo que camas separadas?-intervino Cuddy. House la observó levantando la ceja.
-Es lo que pone aquí-contestó la chica algo nerviosa.
-Pedimos cama de matrimonio. ¿Tenemos cara de querer dormir en camas separadas?
-Lo siento, es lo que anotó la persona…
-Si su responsable de reservas no sabe hablar inglés, no es mi problema.
-Sí que sabe, es que…
-Disculpe, jovencita-intervino House intentando utilizar su registro más serio.-Si la señora dice que reservamos una habitación con cama de matrimonio es porque reservamos una habitación con cama de matrimonio. Y si reservamos una habitación con cama de matrimonio es porque tenemos la intención de pasarnos la noche dale que te pego.
La muchacha enrojeció visiblemente y miró rápidamente el planning para ver si tenía alguna habitación libre con cama grande. Por suerte quedaban un par de ellas y en un momento pudo realizar el cambio.
House fue el primero en entrar a ducharse. Intentó arrastrar a Cuddy por la fuerza y meterla en la ducha con él, pero la mujer se resistió y consiguió librase de él lanzándole un par de patadas en el culo que él consiguió evitar.
Después entró ella y se tiró un buen rato haciendo Dios sabe qué. House se preguntó si harían el amor esa noche. Tenía tantas ganas de acostarse con ella que, si la mujer volvía a rechazarle, se cambiaría de habitación para evitar hacer alguna tontería que les costase un disgusto.
Ella apareció mucho después. House esperaba verla salir en pijama y con la cara lavada pero lo que vio delante de sus ojos parecía una auténtica alucinación. Se había puesto uno de los dos vestidos que le había comprado para que asistiese a sus conferencias. Era negro, sencillo y ajustado, con un escote acabado en pico y unos elegantes bordados negros en la zona del pecho. Calzaba unos zapatos de tacón imposible y llevaba el pelo suelto y ligeramente rizado. Se había maquillado mínimamente y estaba guapísima.
Desde la cama, House pudo oler el perfume que le había regalado y sintió como todos los huesos de su cuerpo se hacían gelatina.
-¿Quieres que salgamos a tomar algo?-preguntó el hombre, intentando aclararse la garganta.
-Hilo musical, doc-respondió ella.
House supo inmediatamente cuales eran sus intenciones y se apresuró a buscar un tipo de música que se adaptase a lo que estaba a punto de suceder. Ella pareció satisfecha con su elección y comenzó a bailar para él.
A House en seguida le cautivó la manera en la que lo miraba. Nunca apartaba sus ojos de él. No importaba que él la estuviese mirando directamente a los ojos o estuviese desviando su vista a cualquier otra parte de su cuerpo.
Cuddy deslizó las manos sensualmente por su cuerpo y él siguió el recorrido con la mirada. Ella se giró, dándole la espalda, y se desabrochó lentamente el vestido. Dejó que la tela que resbalase por sus hombros y sus caderas, hasta quedarse delante de él en ropa interior.
House observó su bello cuerpo. Sus esbeltas piernas perfectamente torneadas, su pequeña cintura y la deliciosas curvas de sus caderas y su trasero. En medio de su espalda estaba aquella marca eterna que siempre le recordaría que había amado a otro hombre, pero todo lo demás era perfecto.
El fino conjunto de sujetador y braguitas de encaje que había elegido estaba consiguiendo que se le nublase la mirada, pero él no quería perderse ni un detalle. La mujer sabía mover su cuerpo.
Por fin dejó de darle la espalda y él pudo apreciarla completamente. Pensó en lo afortunado que era teniendo a una mujer tan espléndida sólo para él.
-Quítate el sujetador-le pidió.
Y ella obedeció, como si de una orden se tratase. Llevándose las manos a la espalda, soltó el broche y dejó caer el sostén. Inmediatamente, deslizó las manos por sus senos, para guiarlas después por la firme piel de su abdomen, hasta llegar al borde de la tela de sus bragas.
-No sigas, por favor-dijo él intentando mantener la calma.-Ven aquí.
La mujer se subió a la cama y gateó hasta la cabecera. Se situó a horcajadas encima de él y besó sus labios. Él rodeó su cintura con las manos y metió la legua en su boca. Ella intensificó el beso y tiró de él, hasta conseguir que quedase tumbado encima suya.
A House le estorbaba toda la ropa y ella le ayudó a desnudarse sin dejar de besarle con pasión. Cuando le estaba quitando los calzoncillos, sus manos rozaron el muslo herido del hombre. Dejó de besarle para mirarle a los ojos.
-¿Crees que te va a doler?
-Claro que me va a doler-dijo él mirándose la cicatriz.-Si hace falta, me tomaré un bote de vicodina cuando terminemos. Te deseo demasiado.
-Si quieres puedo ponerme encima.
-Déjame que lleve yo las riendas esta vez, por favor.
Ella lo atrajo de nuevo para que la besase el cuello. Mientras se fundía entre sus brazos, House intentó recordar cuando había sido la última vez que verdaderamente había hecho el amor y fue incapaz de recordarlo. No era capaz de recordar la última vez que se había sentido así porque nunca antes se había sentido así. Tenía cincuenta y un años y era la primera vez que estaba perdiendo la cabeza por una mujer.
Cuando se cansó de besarle la piel del cuello, bajó hasta sus senos y los acarició con las manos. Se había asomado tantas veces a su escote que para él, tener por fin la posibilidad de tocarla y besarla en esa zona, era uno de los momentos más excitantes de su vida.
Tomó uno de sus pezones en la boca y no dejó de succionar hasta hacerla gemir.
-Vamos, no me hagas esperar-dijo ella poniendo su mano en la cara del hombre y atrayéndolo de nuevo hacia su boca. Claramente quería que la penetrase ya, pero él no estaba dispuesto a dejarla ganar tan rápidamente.
Tras plantar un par de besos en sus labios, el hombre volvió a bajar por su cuerpo, hasta detenerse en su abdomen. Mientras succionaba su fina piel, deslizó las braguitas de la mujer a lo largo de sus piernas, hasta dejarla completamente desnuda.
Cuddy cerró los ojos y dejó que House se colocase entre sus piernas. El hombre comenzó besando sus ingles para después irse acercando poco a poco a su sexo. Lo hacía todo tan despacio y de manera tan sensual que ella tenía que morderse la lengua para no apremiarle.
Él no tenía prisa. La quería tanto y disfrutaba de tal manera haciéndola rabiar que estaba dispuesto a saltarse su primera conferencia si la noche lo requería. Cuando ella comenzó a darle pequeños golpecitos en las orejas con los muslos, decidió no hacerla esperar más y empezó a mover su lengua donde ella más lo deseaba.
-No se te ocurra parar ahora-dijo ella mordiéndose los labios.
-Pues dime que me quieres-contestó él sin dejar de lado lo que estaba haciendo.
-¡Nunca!
Él se retiró de su cuerpo y la oyó soltar algún tipo de maldición entre dientes. Se tumbó encima de ella y besó su mejilla. Ella colocó las piernas alrededor de su torso y le acarició la piel de la espalda.
-Esto es muy importante para mí, Cuddy-dijo él susurrándole al oído.-Necesito saber que importa. Que es algo más que sexo.
-A mí me importa.
House alzó un poco las caderas y, sin dejar de mirarla, empezó a penetrarla lentamente. Ella echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos.
Apoyándose sobre su codo derecho y sujetando con su mano izquierda la pierna de la mujer, House consiguió una postura que le dejaba moverse dentro de ella sin que su pierna se resintiese y, a la vez, le permitía no perderse, ni un instante, la belleza de la expresión de su rostro.
Desde que había sufrido el infarto, no había vuelto a llevar las riendas en la cama. Normalmente se tumbaba boca arriba y se dejaba hacer. Pero con Cuddy necesitaba sentir que dominaba la situación y que la estaba haciendo disfrutar por sus propios medios. Ella abrió los ojos y lo tomó por el cuello. Alzándose levemente, lo besó en la boca.
-Sigue así, cariño-dijo la mujer entre susurros.-Me gusta así de despacio.
-No tengo ninguna prisa.
Cuddy volvió a tumbarse y él se echó completamente encima de ella para dejar descansar su brazo. La mujer empezó a mover las caderas siguiendo su ritmo. A los pocos minutos, ella empezó a acelerar el movimiento y House supo que estaba a punto de tener un orgasmo. Él era consciente de que no duraría mucho más y tenía miedo de terminar antes que ella. La fricción que la mujer le estaba provocando con sus movimientos estaba a punto de acabar con él. Cuando supo que no aguantaría ni un segundo más, se incorporó y, antes de darle tiempo a protestar, volvió a colocar su cara entre sus piernas. En menos de un minuto, jugando con su lengua y con sus dedos, la llevó al borde del orgasmo. Viendo que la mujer estaba a punto de llegar al clímax, volvió a colocarse sobre ella y, tras volver a penetrarla, consiguió que ambos explotasen de placer al mismo tiempo.
House cayó rendido encima de Cuddy. Apretando su mejilla contra la de ella, pensó que, en ese momento, el mundo era un lugar completamente húmedo. El pelo de ella estaba empapado, como lo estaba su cuello y el brazo que él le acariciaba. Y él notaba la fina película de sudor en su propia espalda y las pequeñas gotas resbalando por su frente.
Ella buscó su boca y la atrapó en un húmedo beso que le supo a gloria. Y él sintió las sábanas mojadas y la humedad dentro de ella. Aún no había salido de dentro de su vagina y su cabeza se concentraba ahora en la sensación que le provocaba el cuerpo de la mujer en su miembro relajado. Ella seguía estando húmeda por dentro, debido a la pasada excitación y…
House tomó aire y no supo como soltarlo. De repente comprendió que el líquido que resbalaba por entre los muslos de la mujer no era sudor, ni si quiera sus propios fluidos. Era su semen.
No habían tomado ningún tipo de precaución y él había perdido el control de tal manera que ni siquiera se había planteado la posibilidad de terminarlo todo fuera de ella.
Sintió como la mujer se sobresaltaba debajo de su cuerpo y comprendió que también se había dado cuenta.
-House…-dijo moviéndose a un lado y librándose de su peso.
-Ya, ya lo sé. Lo estaba pensando ahora mismo. No creo que haya de qué preocuparse.
-Prefiero no correr riesgos. Voy a salir a comprar la pastilla del día después.
-Es tarde y en pocas horas tenemos que estar arriba.
-Yo puedo dormir más.
-¿No vas a venir a la conferencia?
-¿Quieres que vaya?
-Pues claro que quiero. Aquí estamos tú y yo, Cuddy. En cuanto volvamos a Estados Unidos, seremos tú y yo y tus cuatro críos y Alice y Wilson y Gale y Jackson y veinte mil más. Quiero aprovechar al máximo estas horas. Quiero estar cerca de ti tanto tiempo como sea posible.
-Claro. En fin, ya iremos por la mañana a por la pastilla. Al fin y al cabo, tenemos veinticuatro horas.
-Esa es mi chica-dijo besándole la ceja.-Sólo quiero que te lo tomes con calma. Si seguimos adelante, despacio y sin miedo, quizá logremos hacerlo funcionar.
-Yo creo que va a funcionar.
-¿En serio? ¿Por qué?
-Porque estoy empezando a quererte.
-Yo ya te quiero.
