Cap 35: Reencuentro.
..
Rosalie Swan
El amor te vuelve idiota. De eso no me cabe ya duda alguna.
"Quiero estar contigo después de esto" – habían sido esas sus palabras. Y yo, por supuesto, le había creído.
"¿Segura que quieres hacer esto tú sola?"
"Sí" – asentí. Esa noche me sentía valiente, segura. Creía que todo iría bien. Ambos habíamos llamado a Royce y Pamela respectivamente. Confié en él… me entregué. Ahí estuvo el grave error.
"Regresaré pronto" – prometió, antes de marcharse.
Yo, por mi parte, aguardé por Royce en la entrada de la mansión. Me había asegurado que llegaría ahí en unos cuantos minutos. Así que pensé que no tenía caso alguno entrar.
Bajé la mirada en cuanto le vi bajar del carro. El amor te vuelve idiota y la culpa te hace sentir peor que una mierda. Royce sonreía mientras se acercaba. No era un gesto feliz, era más bien una mueca forzada y resignada.
Él no era tonto. Sabía la historia sin que yo tuviera que contársela.
"Discúlpame" – musité. No encontraba nada más qué decir. Nunca antes me había sido tan difícil terminar con alguien. Supongo que quería a Royce más de lo que estaba dispuesta a aceptar; pero tenía que elegir entre él o Emmett.
Y la decisión ya estaba tomada.
"Yo…"
"Shhh" – me silenció suavemente – "No digas más, Rose. Está bien"
"Discúlpame" – volví a repetir.
Él negó con la cabeza, seguía sonriendo.
"No tengo nada que disculparte." – me acarició brevemente el rostro – "Así es la vida. Hay que aprender a perder."
Besó mi frente y se marchó, dejándome con la esperanza de que pronto el sabor amargo palpitante en mi garganta se esfumaría.
Pero no fue así.
Esperé en el mismo lugar durante una, dos, tres horas y Emmett no llegaba. Aún así, mantuve mi esperanza intacta. Soñé despierta, vaya tontería. Ideé un mundo en el que él y yo permanecíamos juntos siempre.
Nada es para siempre.
Émmett llegó casi a media noche. Yo seguía sentada frente a la mansión. Se acercó con caminar pausado y expresión seria. Es normal, me dije, Después de todo, no quería lastimar a Pamela.
Tomé sus manos para ofrecerle mi apoyo, estaban frías.
"Ella estará bien" – le dije. Él no me miraba a los ojos – "¿Emmett?"
"Discúlpame…" – susurró. Ese mismo y maldito juego de palabras… Supe muy bien qué me decía con ello. Supe todo con una precisión más que exacta, pues era como si todos los papeles hubieran cambiado. Ahora era yo quien perdía.
"No pude…" – comenzó a explicarse – "No pude hacerlo"
Liberé mis manos de las suyas como si tocarlas por un segundo más fuera a acabar con mi vida. Y así era. Él había elegido, al igual que yo; pero su elección me devastaba. Me hería.
"Rose… Dame tiempo"
Me agarró de los hombros y me miró con súplica ¿Tiempo? ¿Para qué?
"Necesito encontrar una manera de… decirle la verdad"
"Eres un cobarde" – musité, reprimiendo el llanto. Alguien había dicho alguna vez "No des mucho, porque puedes recibir poco". Cuánta razón tenía.
Él bajó la mirada y la situó en el suelo. Mierda, aquello era patético. Yo era patética. ¿Cómo es que había caído en este juego? Intenté marcharme, pero sus manos me lo impidieron
"Te amo" – casi juró
"No lo creo" – discutí – "Suéltame"
"Por favor…"
"¡Suéltame!" – exigí, con furia.
Ardía en coraje, no contra él, si no contra mí. Jamás me perdonaría el ser tan ilusa, tan tonta… ¿Lo peor? Saber que lo merecía, saber que mucha culpa recaía en mí. Después de todo, yo había sido quien, al principio, lo había alejado. Había creído que todo sería fácil, pero no. Había cometido errores y ahora tenía que pagar por ellos.
Bien. Podía soportarlo.
"Suéltame" – pedí otra vez, con más calma.
Supongo que mi rostro era como el de Royce, resignado y apagado. No era fácil aprender a perder. Pero era necesario para crecer, o al menos eso esperaba.
Emmett acarició mi mejilla, sus ojos eran inescrutables mientras intentaban penetrar en los míos. Yo los evitaba. No me imaginaba qué era lo que cruzaba por su mente, pero me daba miedo descubrirlo a través de ellos.
Y yo que me había sentido valiente pocos minutos antes. Ahora temblaba.
"Espérame"
¿Qué si el amor te vuelve idiota? No, para nada. Te convierte en alguien peor, te vuelve débil, te arrebata el orgullo, te quita todo. El amor, te convierte en una mierda.
"Sí" – asentí.
¿Qué más podía hacer si no era eso?: Esperarlo… y aceptar el beso que él me dio después. Un beso cargado de pasión, un beso casi ilegal para lo que acababa de hacer. Debí de rechazarlo, poner al menos una mínima resistencia, pero no. Mi cuerpo no entendía razones, mi alma sólo comprendía que lo amaba y, aunque dolía, prefería aceptar que él había preferido estar con otra, a dejarlo ir por completo.
Tonto pensamiento. Si había algo que pagar, todos los meses que transcurrieron aguardando por una promesa que no se cumplía habían sido suficientes.
Al menos, Emmett tuvo la delicadeza de no mostrarse con ella frente a mí. Falló en un par de ocasiones y la escena había sido nefasta. Una total basura. No sabía si sentir pena por Pamela, por él o por mí. Los tres éramos payasos de un circo barato. ¿Qué más daba? En las noches él llegaba a mi recamara y me hacía el amor con un ardor casi asesino.
Así pasó el tiempo… tan lento y tan fugaz, como un sueño que te tortura, pero el cual alargas y alargas, pues, a pesar del daño, no quieres despertar.
..
..
Alice Swan.
—Así que… ya llevas seis meses con Jasper, eh – apuntó Charlotte, con una sonrisa pícara en los labios
—Ummm… sí – me sonrojé.
Aún no me acostumbraba a este tipo de pláticas. Mi amiga rió, disfrutaba de hacerme siempre lo mismo. Oculté mi rostro con la punta de mi gorra, intentando no darle más importancia, y seguí caminando hasta que topé contra alguien.
No fue necesario alzar la mirada para saber de quién se trataba, las mariposas en mi estómago me lo dijeron.
—Alice, ¿Qué pasa? – preguntó. Era fácil para él saber que algo andaba mal, por muy insignificante que fuera el problema.
—Charlotte – expliqué.
—¿Otra vez te molesta? – adivinó Peter.
Asentí con declarada incomodidad que parecía importarle poco a mi amiga. Jasper soltó una risita y se acercó para depositar un pequeño beso sobre mi mejilla, al mismo tiempo que sus dedos se entrelazaban con los míos.
—¿Qué tal tu día?
—Bien – logré decir con claridad
—¡Alice! ¡Jasper! – Gritó Paul desde el campo de futbol –¡Corran! El partido está por empezar
Instintivamente, di un paso hacia el frente.
—¿A dónde crees que vas? – me frenó Jasper.
Le miré confundida. Generalmente, siempre era él quien decía "¿Quieres ver quién llega primero?", mientras salía disparado detrás de mí
—¿Qué sucede? – pregunté
—¿Sueles ser así de olvidadiza cuando te conviene? – entrecerró los ojos y me miró con acusación.
Parpadeé, ¿Qué le pasaba? Él suspiró y sacudió la cabeza, después descolgó su mochila y extrajo de ésta un par de hojas con letras negras impresas y un enorme cinco remarcado con rojo.
Oh, sí, claro. Era mi examen de matemáticas, el cual había reprobado.
—Tutoría – dijo lentamente.
Tener un novio realmente responsable a la hora de estudiar tenía tanto ventajas como desventajas. Me gustaba pasar tiempo a solas con Jasper, pero no era nada agradable la idea de estar toda la tarde tratando de resolver problemas a los cuales no les hallaba ni principio ni fin.
Eso te pasa por no estudiar, me reprendí mientras luchaba para que mis neuronas lograran conectarse. Eres sorprendente, Alice, si tan si tan sólo fueras más práctica como Rose o Bella…
Mis hermanas… Ahora que lo recordaba…
—Alice – la voz de Jasper me hizo reaccionar – ¿Tan malo es? –Preguntó con una sonrisa – Podemos descansar un momento, si quieres.
Entonces comprendí que, sin darme cuenta, había dejado de lado el lápiz, el cuaderno y los libros.
—No – negué con la cabeza – Lo siento, me distraje.
—¿Sucede algo? – se preocupó
—¿No has notado algo extraño con nuestros hermanos? – inquirí
—¿Extraño?
—Rose y Emmett, por ejemplo – me expliqué – ¿Recuerdas que bien se llevaban en un principio? Después, por alguna razón, se distanciaron y ahora ambos lucen… no sé… distintos. Y Bella…
—¿Qué sucede con ella?
—Tiene mucho que no la veo sonreír... Siempre que le habló, parece como si estuviera pensando en algo… o en alguien.
—¿Te refieres a mi hermano? – adivinó.
Así que no era la única loca que se había dado cuenta. No contesté. Quizás estuviera en un error, pero casi podía jurar que desde que Edward se había ido, ella parecía otra. Un cuerpo sin alma, moviéndose mecánicamente.
Suspiré y volví a coger el lápiz.
—Entre más creces, más complicado es vivir, ¿no? Supongo que las matemáticas son nada en comparación.
Él sonrió y alborotó mis cabellos.
—No te preocupes, yo estaré siempre contigo– prometió, mientras se acercaba lentamente y yo cerraba mis ojos, para recibir el breve y dulce beso que me obsequiaría.
—Dudo mucho que esto sea de ayuda para que pueda concentrarme – musité, después de que sus labios me rozaran delicadamente, como las alas de un colibrí.
—Tienes razón – acordó sonriente, pero aun manteniendo la corta distancia que nos separaba – Hay que seguir estudiando.
—Umm…
—Vamos, vamos – alentó – Es más fácil de lo que parece
—Sí, claro – ironicé lo mejor que pude. No era fácil ser sarcástica cuando estábamos tan cerca.
Pegamos un brinco en cuanto escuchamos que la puerta principal era abierta y optamos una posición informal frente a la mesa. Yo simulando estar demasiado concentrada en el estudio y Jasper aparentando prestar atención a un programa que pasaba en la televisión. Dudaba que fuéramos buenos actores, pero hacíamos el mejor intento y, estimábamos que el paso de los meses iba mejorando nuestras habilidades para mentir, pues, de alguna u otra manera, nos las habíamos ingeniado para que nadie dentro de la casa supiera que éramos… novios.
Se escucharon rápidos pasos subir por las escaleras, seguidos de un tropezón y una pequeña queja. Tampoco había necesidad de pensar mucho para saber de quién se trataba. Era Bella.
—Hermana – salí a su encuentro, extrañada porque estuviera tan temprano en la casa
—Se me olvidó la ropa para trabajar en el restaurant – dijo, como si pudiera leer mis pensamientos.
Bajó con la misma velocidad que subió (vestida ya de hombre); ésta vez, a punto de caer dos veces, y después se marchó… arrancando la moto de Jacob a una velocidad sorprendente.
—Bella – musité, aterrada. Desconocía a mi hermana… ella jamás haría algo tan imprudente.
—Alice – Jasper llegó a mi lado – Tranquila…
—Mataré a Jacob en cuanto lo vea –juré, con mis manos indeliberadamente empuñadas a un lado de mis caderas – ¿Cómo se le ocurre darle esa cosa mortal de dos ruedas a mi hermana?
—Bella es una chica responsable – dijo él, con voz calmada, rodeándome y sosegándome con sus brazos – Estará bien.
—Eso espero – susurré, más para mí que para él – Eso espero…
..
..
Edward Cullen.
Miré una vez más por la empañada ventanilla del taxi. Gotas de lluvia cayendo, árboles frondosos y verdes… El cielo tan gris. Me era difícil creer que estuviera de nuevo en Forks.
—Ya veo que no exageraban al decir que es uno de los pueblos más lluviosos de Estados Unidos – apuntó Tanya, con diversión.
—Si no te sientes a gusto, debes decírmelo – pedí
—Sé adaptarme – tranquilizó y me miró a los ojos – Edward, luces nervioso.
Y lo estaba. Ocho meses habían transcurrido tras mi partida, ocho meses sin ver a mi familia, sin verla a ella… Era ridículo, pero me inquietaba saber que, dentro de poco, estaríamos frente a frente.
—¡Maldición! – exclamó el chofer, al mismo tiempo que las llantas del taxi rechinaban violentamente para detenerse lo más pronto posible. Tensé el cuerpo y sostuve a Tanya con una mano, procurando que no saliera lastimada por lo que estuviera a punto de pasar.
El taxi frenó a pocos metros de una motocicleta que se había barrido contra el suelo al intentar evitar la colisión que se hubiera causado de no ser así. El chofer descendió rápidamente y corrió hacia el muchacho que yacía inconsciente en el pavimento.
—¿Te encuentras bien? – pregunté a Tanya.
—Sí –tranquilizó, un poco pálida – Deberías de bajar – recomendó en seguida – Seguramente esa persona esté herida; puedes ser de ayuda.
—Tienes razón – acordé y abrí la puerta – Espérame aquí.
Alrededor, un grupo de curiosas personas se habían juntado para enterarse de lo ocurrido. La lluvia seguía cayendo, aunque con menos intensidad.
—Yo no tuve la culpa – tartamudeaba el chofer, sudando de pánico – Yo venía respetando adecuadamente las señales de tránsito… él apareció de repente.
—Llame a una ambulancia – le presté mi celular, mientras me inclinaba para acercarme al joven y comprobar que su respiración era notoria, lo cual significaba que la caída no había sido grave. El casco que llevaba puesto había disminuido la fuerza del impacto.
—No lo mueva…
—Estudio medicina – informé, mientras ponía el cuerpo en una posición más adecuada, advirtiendo un misterioso traspaso de corriente eléctrica en cuanto acomodé mis manos sobre él
—Uhg…
—Tranquilo – dije, haciendo caso omiso del repentino aceleramiento que se producía en mi pecho – ¿Me escuchas? ¿Cómo te sientes?
—Ed…
—¿Perdón?
—Edw… - una de sus manos se aferró a la mía con fuerza.
Tan cálida... Tan conocida…
Un instinto incontrolable me incitó a descubrir el rostro que se encontraba bajo aquel casco y, al hacerlo, todo, todo, se detuvo.
—Bella – reconocí, con la sangre coagulada en mis venas y el corazón fríamente estático.
Ella entreabrió lentamente sus ojos y me miró fijamente por un segundo, antes de volverlos a cerrar.
—¡Mierda! – exclamé, preso de un honda y súbita desesperación – ¡¿Dónde está la maldita ambulancia?!
—V-viene en camino – contestó el chofer, regresándome el celular
Apreté la mandíbula y respiré hondo para sosegarme. No es nada, me repetí innumerables veces, no es nada grave. Ella estará bien. La miré una vez más, comprobando que no tuviera nada más delicado que la contusión en su frente, y preguntándome en qué diablos andaba pensando al actuar con tanta imprudencia.
Tonta… Siempre dándome sorpresas, pensé mientras la tomaba entre mis brazos y la acercaba a mi pecho. Necesitaba hacerlo, necesitaba sentir su corazón latiendo cerca del mío, para que lo reviviera. Cielo santo, qué imposible me parecía todo esto. Ocho meses estando tan lejos y ahora la tenía aquí, conmigo, herida, frágil…
—Edward – la voz de Tanya me recordó que ella estaba ahí – ¿Qué sucede? ¿Conoces a este muchacho?
—Sí – contesté
La ambulancia llegó poco después. Tanya y yo nos desviamos con todo y equipaje al hospital. No era nada grave, me habían asegurado, sólo un simple desmayo causado por el golpe; pero quería estar ahí.
—Discúlpame, Tanya – dije, mientras tomábamos asiento en la sala de espera - Has de estar cansada. Puedo llevarte a mi casa…
—No hace falta - sonrió – Así que… ella es Isabella.
Asentí, en silencio.
—¡Edward! – la voz de Esme se escuchó por todo el pasillo.
—Mamá – caminé a su encuentro, siendo recibido por un amoroso y cálido abrazo
—¡Cuánto gusto me da verte, hijo! No avistaste que vendrías.
—¿Bella? ¿Cómo está? – pedí saber.
—Bien – contestó, acariciando mi mejilla – Durmiendo. Tu padre está con ella – agregó, mientras volvía el rostro hacia Tanya y la miraba con amable curiosidad —Finalmente tengo el gusto de conocerte en persona
—El gusto es mío – respondió mi novia.
—Rosalie, Alice y tus hermanos no tardan en venir. ¿Por qué no van a la casa y descansan?
No…
..
—Gracias por traerme
—¿Qué dices? – me confundí
Tanya esperó a que dejara su equipaje en el suelo para enredar sus manos en mis cabellos y dirigir mis labios a los suyos.
—Quieres ir con ella
—Sí – contesté contra su boca y sin pensarlo, aún sabiendo que había sido una pregunta, y no percatándome de mi error hasta el segundo siguiente, en el que ella se alejó un paso – Quiero decir…
—Ve con ella, entonces –interrumpió, sonriente.
—Tanya…
—Es tu amiga, te necesita – insistió, guiándome hacia la salida – Haríamos lo mismo por Kate o alguno de los chicos, ¿no?
Una amiga…
Miré detenidamente su rostro pálido y sereno, recostado sobre las blancas sabanas de la camilla, comprobando que, a pesar del tiempo, no había olvidado ningún detalle de éste.
No has cambiado en nada, sonreí sin planearlo, mientras me inclinaba hacia delante y paseaba ligeramente la punta de mis dedos por su mejilla, experimentando en mi pecho una sensación suave… de alivio.
..
Hola, hola! Nos leemos rápido, ¿verdad que sí? Bueno, como les conté, estoy de vacaciones, así que tengo prácticamente todo el día para escribir y estoy tratando de compensar todas esas esperas lo mejor posible ^^. Además, mis clases comienzan el lunes, así que los días de gloria están a punto de acabarse y regreso con mi rutina de números diaria T_T. En fin, en fin, ya en otra ocasión vendré a atiborrarlas con mis quejas :-P
Quiero aprovechar también para agradecer todo su apoyo incondicional. Hace unas semanas, me informaron que esta historia estaba "nominada" en un blog de Twilight Fanfics, como "Mejor Capuccion" (Creo que se refieren a mejor historia con rating T) En primera instancia, quiero darles las gracias por haberme nominado y gracias al staff del blog por tomar en cuenta mi historia. Si no dije nada antes era porque no quería hacer "promoción" alguna. No me interesaba ganar, nunca me ha interesado la competencia. Para mí ya es bastante con lo que ustedes me dan aquí, a través del tiempo que se dan para leerme, sus comentarios, alertas y favoritos. Algunas, incluso, por agregarme al msn y soportar mi poca capacidad de charla xD. Pero, saber que su apoyo va más allá de esta página, ha sido demasiado…
Gracias a ustedes, Nuevo Hogar ganó como mejor Capuccino. Gracias una y diez millones más. No sé si merezca tanto apoyo de su parte, pero, de verdad, muchísimas gracias. Ese premio va para todas ustedes ^^.
Ahora bien, pasando a otro punto. Estas líneas van dedicadas especialmente para "Orror". Chica o chico, no soy perfecta y sé que mi escritura tiene muchos errores. Del mismo modo, estoy consciente que mi historia no es la mejor. Agradezco que te hayas tomado el tiempo de leerme, y respeto mucho si no te gustó, pero te pido que, al momento de hacer una crítica, seas más escrupulosa (o). Como tú misma(o) lo has dicho, me esfuerzo mucho para hacer lo mejor posible y, por lo mismo, no creo que tengas el derecho de decirme "bórrala" o "cámbiala" cuando, por lo que puedo apreciar, tú no sabes ni si quiera escribir los nombres con mayúsculas. En fin, no pienso detenerme a hacer más circo y maroma por esto; lo único que te pido es que si al menos vas realizar una crítica de tal "magnitud" des la cara como debe de ser. Quizás así podamos intercambiar ideas y me ahorre la necesidad de hacer una nota de autor tan larga.
Bueno, sin más que decir, gracias una vez más y disculpas por soportar esto sin necesidad alguna. Nos leemos pronto! ^^
Atte
Anju
