Teenage dream by Katy Perry.
CAPITULO 35
ESTO ES PARA TI
Sábado 12 de Julio, 17; 01 p.m., West Hollywood, California.
—Papá, estamos bien, esto es fantástico, Ashley tiene una casa enorme…yo diría que es una mansión, y el tiempo es perfecto. Los Ángeles es realmente genial, cuando veníamos, Brittany hizo que nos detuviéramos para hacernos una foto frente al cartel de Hollywood—balbuceaba casi sin control a través del teléfono—No, no, claro que no. No hemos subido a las colinas, eso está prohibido.
Rachel y el resto de los chicos habían dado por terminado el juego en la piscina y volvieron al jardín a continuar con la fiesta. Rachel, abandonó el lugar para subir a la habitación dónde estaba su bolso.
Sus padres le habían pedido que les llamase todos los días desde que salieron y aún no lo había hecho aquél sábado.
—Si, si…. si…no, Paula y Arthur no están, pero ya me dijo Spencer que mañana iríamos a verlos…sí, claro papá….esto es enorme. No, la madre de Ashley tampoco está, vamos papá….no somos niños…si… no lo sé, han preparado una barbacoa…no lo se imagino que cenaremos en algun restaurante. Papá no seas pesado…sabes que sí….bien, Santana y Britt no paran de hablar con todos… no, con Quinn ya aclaramos todo… seguro…—Respondía desganada mientras se entretenía observando su figura delante de un espejo que había colgado en la pared de la habitación.—Yo también te quiero… vamos papá… mañana te llamo…si, si…Te quiero.—Se despidió dando por finalizado el extenuante cuestionario al que la tenía sometida. Y se despidió porque deseaba regresar rápidamente al jardín y continuar divirtiéndose con el resto. Pero evidentemente eso no iba a suceder de manera tan sencilla. Apenas unos segundos después de abandonar la habitación, escuchó como de nuevo una alarma salía de ella y la obligaba a retroceder, para descubrir como el sonido procedía directamente desde el interior del bolso de Quinn. Dudó durante algunos segundos en tomar el teléfono de la rubia, pero el estar a solas en la habitación le ayudó a decidirse. Mala idea. Rachel se lamentó en el mismo instante en el que descubría como la emisora de aquella llamada no era otra más que una tal Ámber, y que ella conociese, no había más Amber en la vida de Quinn que quien había provocado sin intención alguna, aquella estúpida pelea que la mantuvo separada de la rubia durante dos semanas. Dos semanas en las que volvió a perder la confianza que poco a poco le había ido regalando.
En su cabeza empezó a rondar la idea de apagar el teléfono, al menos hasta que Quinn no lo quisiese utilizar no se daría cuenta de que estaba apagado, pero su corazón no le permitía hacerle algo así, sobretodo porque Amber era su jefa al fin y al cabo y sabía de la importancia de aquel trabajo.
El teléfono dejó de sonar en las manos de la morena y tras un leve suspiro, salió de la habitación con el móvil dispuesta a entregárselo.
—¿Quinn?— No tardó en interrumpir su conversación en el jardín con Santana y Madison, tras una breve búsqueda, y Quinn se giró hacia ella.—Toma— le entregó el teléfono con el gesto serio— Estaba sonando en la habitación...
—Ah… gracias Rachel— respondió con media sonrisa— Debe ser mi madre, es una pesada— dijo mientras trataba de averiguar la última llamada recibida y Rachel optaba por apartarse de ella, dejándola a solas y uniéndose al grupo de Glen, Spencer y demás chicos.
Sabía lo que hacía. A Quinn le bastó descubrir el nombre de Amber en la pantalla e instintivamente volvió a buscarla. Entendió que aquella seriedad que había mostrado no eran más que los estúpidos celos. De nuevo los celos que a punto habían estado de obligarla a darse por vencida. Ver como Rachel le daba la espalda e la ignoraba, no hizo más que confirmarle lo que ya sospechaba. Quinn no dudó en buscar un lugar más apartado para realizar aquella llamada, pero no despegó sus ojos de la morena en ningún momento. Algo que Rachel tampoco pudo evitar regalándole algunas miradas fugaces que por supuesto, Quinn descubría.
—Rachel ¿Me acompañas? – Fue Ashley quien interrumpió el embelesamiento de la morena y la arrastró tras ella, obligándola a que siguiese sus pasos hacia el interior de la casa. Algo que también hizo con Quinn, a quien no tuvo inconveniente alguno de asaltar tras ver como finalizaba la llamaba y regresaba al grupo de chicos.
—¡Hey!, ¿Qué pasa?— preguntó extrañada ante el impulso de la anfitriona. Rachel se mantenía en un segundo plano, esperando una respuesta a la pregunta de Quinn.
—Necesito que me ayudéis… en 15 minutos será oficialmente el cumpleaños de Spencer y quiero darle una sorpresa.
—¿Nosotras?...¿Qué podemos hacer?—Intervino Rachel.
—Por lo pronto podéis ir terminando de decorar la tarta— Anunció al tiempo que sacaba de la nevera un enorme pastel — La hice yo, pero Spencer es tan intensa que se vino muy temprano y no he podido terminarla— Añadió mientras la colocaba en la mesa de la cocina.
— ¿Y cómo quieres que decoremos la tarta aquí, ahora? ¿Y si entra Spencer? La va a ver.
—Aiden y Glen están distrayéndola. Tomad—les ofreció varios botecitos que acababa de sacar de uno de los armarios. –Es sirope. Los hay de varios sabores y colores… utilizar vuestra imaginación y dibujad cosas o muñecos o…. lo que queráis… pero que le guste a ella, ¿Ok?
—¿Y tú?, ¿No nos vas a ayudar?— preguntó Rachel al ver que Ashley caminaba decidía hacia el interior de la casa.
—Yo tengo que prepararme para la segunda sorpresa de la fiesta. Bajo enseguida… por cierto— se detuvo en el umbral de la puerta— id preparando vuestras voces.
—¿Nuestras voces?—Balbuceó Rachel dirigiendo la mirada hacia Quinn, tras ver como Ashley las dejaba a solas.—¿Qué ha querido decir con eso?
—No lo sé, imagino que querrá que cantemos el cumpleaños feliz.
—Tienes razón, es algo lógico. ¿Qué se supone que vamos a dibujar aquí?, soy pésima para estas cosas.—Volvió a detenerse en la tarta, pero Quinn ni siquiera la dejó terminar. Tomó uno de los botes y con decisión, comenzó a escribir sobre la tarta. Y lo hizo con una habilidad y soltura que Rachel no pudo evitar sorprenderse.
—¡Wow! lo has hecho genial ¿Dónde has aprendido a hacer eso?
—Muchas tardes cuidando a los hijos de mis vecinos y preparándoles la merienda—sonrió divertida—Vamos, es tu turno.
—Ok, pero ¿Qué se supone que tengo que dibujar? Soy incapaz de hacer letras como esas.
—No lo sé, por ejemplo…dibuja un sol— Dijo incitándola a que se lanzara, y lo consiguió. Tras un primer intento en el que un circulo con varias rayas sinuosas a su alrededor se convertía en sol, ambas se entusiasmaron de tal forma que no hubo trozo de tarta que quedase libre ante el alud de ideas que se regalaban para dibujar en ella. Y fue Quinn quien aprovechó aquel momento de absoluta relajación mientras decoraban la tarta, la primera en tratar de aclarar lo que ya guardaba en su interior.
—Era Amber— Susurró alertando a Rachel, que dejó que la sonrisa en su rostro se esfumase y la seriedad volviese a ella. Lo último que deseaba era que volver a dejar entrever aquellos absurdos ataques de celos que la invadían. Sobre todo, porque no quería volver a discutir con ella. Con Quinn.
— Ah, muy bien— musitó mientras terminaba de pintar un pequeño corazón.
—Me llamó para indicarme los horarios de ésta semana. Me va a tocar trabajar el martes por la tarde.
—Quinn… no tienes que darme explicaciones de quien te llama y para qué— trató de quitarle importancia aunque en el fondo se alegró al saber qué pretendía la camarera con aquella llamada.
—Lo sé. Pero…pensé que quizás…
— Todo está bien, Quinn—la interrumpió regalándole de nuevo una sonrisa y mirándola a los ojos. Algo que no había hecho desde que le entregó el teléfono. Y Quinn agradeció aquel gesto devolviéndole la sonrisa, aunque ésta fue un poco más pícara.
—No, no está todo bien.
—¿Qué? ¿A qué te refieres?—cuestionó Rachel confusa. Pero no recibió respuesta alguna, al menos con palabras.
Con una dulzura infinita, Quinn acercó su mano con el pequeño pincel que pertenecía al bote de sirope hacia el rostro de Rachel, y sin mediar palabra alguna, dibujó un fino trazo sobre la mejilla de la chica, que evidentemente permaneció completamente enmudecida y sin saber que estaba ocurriendo. Hasta que descubrió el pincel, claro.
—¿Qué?¿Qué haces Quinn?— Replicó tratando de esquivarla, pero la rubia no estaba dispuesta a que aquello sucediera y volvió a avanzar hacia ella, ésta vez con mucha más rapidez. La suficiente para pillar desprevenida a su víctima.
—Espera que aún hay más— volvió a acercarse rápidamente y dejó varios puntos más del caramelo líquido sobre la frente y barbilla de la morena que aunque reaccionó tarde, si pudo comenzar a defenderse sujetándole las manos y comenzando un forcejeo entre las dos que a punto estuvo de terminar con la tarta aplastada con su cuerpo.
—¡Basta Quinn! Vamos a dejar caer la tarta— dijo entre risa, logrando que el ataque cesara por parte de la rubia.—¿Estás loca? Mira como me has puesto— Recriminó mientras se adueñaba de una servilleta de papel y hacia el intento de limpiarse. Intento porque sin su ayuda se hacía prácticamente imposible. Quinn no dejó de sonreír, ni siquiera cuando decidió regresar a su tarea de redecorar el pastel.—No tiene gracia— Añadió tratando de llamar su atención, fingiendo una seriedad que se veía interrumpida por una contenida sonrisa— Ahora estoy pegajosa…parece que un niño con la boca llena de caramelo me ha besado. Mira, mira como estoy.
—No seas más quejica—replicó Quinn prestándole atención. Sabiendo que era eso lo que pretendía la morena— A ver, deja que...
—¡Ni se te ocurra!—exclamó alzando la mano frente a ella— No te acerques a mi…
—Tranquila, no voy a hacerte nada. Solo quiero ayudarte a limpiar ese desastre que tienes en tu cara—musitó sin perder la travesura en su sonrisa.
—Las manos donde pueda verlas— amenazó Rachel tras ver como Quinn seguía avanzando hacia ella.—No me fio de ti.
—Manos arriba— Susurró alzando ambas manos por encima de su cabeza en señal de rendición. Y Rachel dejó de retroceder. Lo hizo porque a pesar de ver como las manos de la rubia permanecían lejos de ella, su cuerpo seguía acercándose con una intención que no podia rechazar. Menos aun cuando vislumbró que lo que pretendía hacer era besarla. Su mirada directa hacia los labios así se lo hizo saber, y aguantando el temblor de piernas que precedía a aquel gesto, Rachel esperó con ganas poder sentir los labios de Quinn sobre los suyos.
Pero Quinn no pensaba en eso precisamente. Justo cuando ambos labios estaban a punto de rozarse, la rubia desvió aquel beso y sus labios fueron a posarse sobre la de los labios de Rachel que seguía inmóvil esperando aquel beso.
Fue tan sutil, tan sensual y tentador que Rachel perdió por completo el habla. Dejó que los labios de Quinn rozasen sobre los suyos y se relamieran frente a ella.
—Tenías un poco de sirope ahí— susurró a escasos centímetros de sus labios, clavando la mirada en sus ojos y dejándola paralizada de nuevo, hasta que una voz volvía a sacarlas del embelesamiento. Una vez más, volvían a interrumpirlas en la mejor parte.
—Muy bien chicas, después del festival erótico que me acabáis de demostrar es hora de que sigamos con la sorpresa— Ashley entró como un vendaval en la cocina asustando a ambas, que rápidamente volvieron a ocupar sus lugares alrededor de la tarta.
—¡Guau!— Exclamó Quinn al observar el cambio radical de Ashley, e ignorando el intencionado comentario que las interrumpió. Un vestido blanco perfectamente amoldado a su cuerpo y dejando ver unas perfectas y bronceadas piernas llamó la atención de ambas.
—¿Qué haces así vestida?— preguntó Rachel mientras Ashley abría una pequeña maleta.
—Tomad— Dijo ignorando la pregunta de Rachel y entregándoles dos pequeñas bolsas. – Es vuestro vestuario, imagino que os quedaran bien, no hay mucha diferencia de tallas entre nosotras tres, y si no está bien, da igual pero ponéroslo ya.
—¿Qué? ¿Vestuario? – Cuestionó Quinn mientras abría la bolsa y descubría un vestido negro en su interior.— ¿Quieres que nos pongamos esto? ¿Para qué?.
—Necesito que salgáis ahí conmigo… y cantéis…
—¿Cantar?
—Sí… hay una canción que le encanta a Spencer y me he tomado la molestia de aprenderme los acordes de guitarra y cantarla. Y como vosotras cantáis en ese club… como quiera que se llame, me vais a hacer los coros para que quede todo más bonito ¿Verdad?— Explicó divertida.
—Pero, ¿Cómo vamos a salir a cantar? Ni siquiera hemos ensayado y éste vestido no sé si...
—Quinn, recuerda que es tu amiga—añadió de nuevo Ashley— Hazlo por ella…. y por mi.— se acercó a la rubia plantándole un sonoro beso en la mejilla
—Oh…ok—balbuceó un tanto ruborizada— Está bien… pero al menos dinos que tenemos que cantar… y, Oh dios, tengo el bikini mojado, necesito ir al baño y quitármelo para no…
—No hay tiempo, mira a Rachel— contestó mientras volvía a salir de la cocina, y eso hizo Quinn. La morena ya tenía el vestido colocado y con una destreza pasmosa, se deshizo de la parte superior del bikini sin dejar que nada quedase a simple vista. Y la rubia no tardó en imitar la acción tras colocarse el vestido.
En apenas un par de minutos, ambas estaba perfectamente vestidas para la ocasión, y mirándose sin contemplaciones. Observando como el vestido se amoldaba perfectamente a sus cuerpos y sin saber muy bien cómo iba a comenzar, y mucho menos acabar todo aquello.
—Es una locura, ¿No crees?—musitó Quinn y Rachel sonrió.—¿Cómo pretende que cante ahí, sin saber siquiera cual es la canción?
—Lo harás bien—respondió la morena—Siempre lo has hecho bien.
—¿Me ayudarás si no va bien? Si ves que me equivoco alza más la voz. Todos te prestaran atención a ti y yo no quedaré en ridículo.
—No me gusta que pienses eso, pero sí…prometo echarte una mano si la necesitas.—Respondió sin dejar de mirarla—Estás muy guapa. ¿Cómo es posible que todo te quede bien?
—¿Me lo dices a mí?—replicó divertida, con algo de coqueteo en su mirada y en su tono de voz—¿Te has visto cómo estás? Empiezo a temer por lo que puedan ofrecerte ese tal Aiden o Glen. No se van a quedar parados viéndote así—añadió provocando el rubor en la morena.
—No tienen nada que hacer—musitó mordiéndose el labio—Yo ya tengo a alguien en mi mente.
—¿Ah sí? ¿Y quién es esa per…
—Otra vez flirteando—volvía a interrumpirlas la voz de Ashley—Chicas, yo sé que el principio siempre es bonito y esas cosas, pero hoy tenéis que dejar las hormonas aparcadas y prestarme atención a mí, ¿Ok?.—Apuntilló provocando que el rubor en Rachel se extendiese hacia Quinn—Esta es la letra de la canción— le entregó un papel a cada una— Imagino que la conoceréis ¿no?—Cuestionó y ambas asintieron al leer el título.—Solo tenéis que cantar los estribillos señalados. Una vez que escuchéis el ritmo de la guitarra os resultará más sencillo… ¿Ok?
—Ok— Respondió Rachel por las dos justo cuando Aiden hacía acto de presencia en la cocina.
—Todo listo Ash… Spencer tiene los ojos tapados.
—Allá vamos—Musitó dejando escapar una sonora bocanada de aire producto de los nervios, e invitando a las chicas a que le acompañasen al jardín. Allí, junto a una explanada de césped junto a la piscina, los chicos ya formaban un pequeño corro alrededor de Spencer, que con los ojos tapados y sentada en una silla, permanecía a la espera de la tan ansiada sorpresa.
Tres banquetas frente a ella fueron tomadas por el improvisado trío, quedando Ashley justamente en la del medio. Y Glen, detrás de su hermana, fue el encargado de deshacer el nudo del pañuelo que mantenía en absoluto silencio a la chica.
—Spencer—Habló Ashley tras la sorpresa inicial de su chica.
—¿Qué es todo esto?—cuestionó sin dejar de buscar una respuesta en las tres.
—Te prometí que trataría de hacerte sonreír y sentirte especial durante el resto de mi vida—Volvió a tomar la palabra la anfitriona— Y he decidido que tengo que empezar con un regalo que nunca más vas a olvidar. Bueno, yo pensaba regalarte un viaje a Las Vegas, pero siempre hablas de gestos y no de cosas materiales, así que he creído conveniente que éste sería el mejor de cuantos regalos te puedo hacer.—Explicó sin poder evitar que los nervios le diesen un toque cómico al sermón—No obstante, el viaje a las Vegas sigue en pie—Apuntilló regalándole un guiño de ojos.—Esto es para ti.
Fue lo último que dijo, porque a partir de ahí, Ashley solo pudo sonreír al tiempo que sus manos ya lograban crear la melodía en la guitarra, mientras Rachel y Quinn esperaban ansiosas a su lado.
ASH
You think I'm pretty without any makeup on
(Piensas que soy linda sin maquillaje)
You think I'm funny when I tell the punchline wrong
(piensas que soy divertida contando chistes malos)
I know you get me so I let my walls come down, down
(Ahora que sé que me tienes, dejo caer mis barreras)
Before you met me, I was alright but things
(antes de conocerte, estaba bien pero habia cosas)
Were kinda heavy, you brought me to life
(Demasiado pesadas, tu me entregaste una vida)
Now every February, you'll be my valentine, valentine
(Ahora cada Febrero, tú serás mi San Valentin)
QUINN
Let's go all the way tonight
(Vamos a llegar al final ésta noche)
No regrets, just love
(Sin remordimientos, sólo amor)
RACHEL
We can dance until we die
(Podemos bailar hasta morir)
You and I will be young forever
(Tú y yo seremos jóvenes para siempre)
ASHLEY, QUINN Y RACHEL
You make me feel like I'm living a teenage dream
(Tú me haces sentir como si viviera un sueño adolescente)
The way you turn me on, I can't sleep
(tu manera de volverme loca, no puedo dormir)
Let's runaway and don't ever look back
(vamos a caminar y nunca mirar a atrás)
Don't ever look back
(nunca mirar atrás)
My heart stops when you look at me
(mi corazón se detiene cuando me miras)
Just one touch now baby I believe
(solo un roce, ahora nena, creo)
This is real so take a chance and don't ever look back
(Esto es real, así que aprovecha la oportunidad y nunca mires atrás)
Don't ever look back
(Nunca mirar a atrás)
Las lágrimas en Spencer no tardaron en aparecer al ser testigo del perfecto regalo que su chica le estaba regalando, sin embargo, aquellas lágrimas a punto estuvieron tambien de inundar la mejilla de Rachel. La intencionalidad y tal vez la casualidad de escuchar como Quinn parecía dirigirse a ella con cada frase que cantaba, hizo que la emoción comenzara a apoderarse de ella. Tanto que incluso tuvo que desviar la mirada hacia el suelo cuando la canción llegó a su fin, y Ashley y Spencer se fundieron en un beso frente a todos los invitados. A todos sus amigos. Pero las sorpresas no acabaron ahí. Aiden, que había vuelto a escaparse tras la actuación, aparecía en mitad del jardín portando la tarta que minutos antes habían ellas mismas habían decorado y el cumpleaños feliz se comenzó a escuchar por parte de todos los chicos, poniendo aún más nerviosa a Spencer, que ya no solo no podía contener las lágrimas, sino que una risa nerviosa le la hacía temblar más de lo normal en aquellos casos. Rachel no tardó en tratar de apartarse y evitar que el resto de chicos fuesen testigos de sus lágrimas, mientras su mejor amiga soplaba las velas. Pero esa soledad que buscaba no tardó en verse interrumpida por quien menos esperaba.
—¿Qué te pasa, Rachel?— Brittany no dudó en cuestionarla sin previo aviso, asaltándola por la espalda.
—Nada– Susurró tras el repentino susto que le provocó su aparición y trataba de camuflar sus lágrimas.
—Estás llorando— Replicó Brittany, que terminó apoyando su cabeza sobre los hombros de la chica.
—Me he emocionado cantando. Lo que ha hecho Ash es… es… tan…
—¿Bonito?, no tenía ni idea de lo que le teníais preparado. ¿De dónde salió éste vestido?
— Es de Ash y no, no hemos preparado nada. Al menos yo no sabía nada hasta hace 20 minutos
—Ha sido divertido. Habéis cantado muy bien.
—¿Divertido?, vamos Britt, ha sido súper romántico. Si a mí me hacen eso, muero de amor.
—¡Hey!— exclamó al tiempo que apartaba su cabeza de los hombros de Rachel— No te quejes. Recuerda que lo que te preparó Quinn en Nueva York era mucho más espectacular.
—¿Cómo?— Balbuceó buscando su mirada— ¿De qué hablas?
—De la sorpresa de Quinn—respondió como si nada.
—¿Qué sorpresa?.
—¿Cómo que qué sorpresa? Vamos Rachel, recuerda cuando Quinn…Oh Dios—se detuvo prologando un breve silencio—¿Tú no sabes nada?
—Pues no, ¿Qué tengo que saber?¿Qué iba a hacer Quinn?
—Eh…Ok,ok. Yo no he dicho nada—Masculló al tiempo que se alejaba de ella rápidamente, dejando a Rachel completamente desconcertada.
—¿Dónde vas, Britt? ¿Qué hizo Quinn?—Insistió pero la rubia ni siquiera se dignó a respodner. Simplemente se llevó el dedo a los labios pidiéndole silencio, y desapareció entre el grupo de chicos que ya saludaban a Spencer. —¿Qué hizo Quinn?—balbuceó para ella misma.
#NC
