La primera vez

James ha visto muchos partidos de Quidditch en su vida; su padre, fiel aficionado del deporte sobre escobas le inculcó desde muy pequeño el gusto por el juego de entretenimiento más popular entre los magos. Cuando James tenía tres años, el Señor Potter le compró su primera camiseta de los Chudley Cannons "porque este es tu equipo, hijo, el equipo de la familia" y desde ese momento, el niño de gafas comenzó a sentir en el deporte algo más que una diversión anaranjada los días de fiesta. El Quidditch se convirtió en la más pura obsesión: aprender técnicas de juego, equipos, historia, todos y cada uno de los pequeños y no tan pequeños detalles del gran deporte mágico. A James nunca le gustó leer, pero no había quien le detuviese cuando se sentaba en la mesa de la cocina bajo la acusadora mira de su madre, con el suplemento del Profeta de los domingos y devoraba con los ojos todos los resultados de temporada. No había nadie que le superase, nadie que supiera más que él, y cuando tuvo siete años decidió que su futuro se encontraba encima de una escoba, en los grandes campos de Quidditch de la Liga e incluso en los mundiales. Sin embargo, hasta 1972, cuando se despertó una fría mañana de diciembre, no fue capaz de asumir que estaba empezando a cumplir su sueño.

Durante varios meses, Sirius y James entrenaron duramente, sabiendo que por fin lo habían conseguido "tío, estamos en el equipo", pero hasta que Jack no les entregó en mano sus uniformes rojos, con bordados dorados y el escudo del valiente león de Gryffindor en el pecho, no fueron conscientes de que tendrían que volar delante de todo el colegio, y lo más importante, tendrían que ganar.

¾ Estoy nervioso, tío – Sirius se coloca la capa roja después de varios intentos en los que ha decidido llevar únicamente una camiseta bajo el uniforme en vez del jersey que le ha sugerido Remus desde el principio –, ¿y si me caigo de la escoba?

¾ ¿Y si me desmayo? – Gime James todavía mirando el uniforme como quien observa su pastel de cumpleaños antes de soplar las velas.

¾ ¡Pero qué decís! – Remus se cruza de brazos, sentado en la cama y con la cabeza apoyada en la pared. Lleva más de diez minutos allí, abrigado con cien capas, preparado para salir a la calle y escuchando a sus amigos quejarse – Será mejor que te vistas, James. Llegaremos tarde.

¾ ¡No quiero ir! Seguro que no veré la snitch. Seguro que ganará Slytherin. Seguro que me pegará una bludger y me quedaré inconsciente. Seguro que…

¾ ¡Merlín! – Remus se levanta, con un largo suspiro y se acerca a James, colocando sus dedos largos sobre el nudo de corbata que él mismo hizo esa mañana antes de bajar a desayunar – Vamos, vístete, ¿o también tengo que hacer yo eso?

¾ No… Gracias.

Mientras James se quita la camisa y comienza a vestirse con parsimonia, Sirius mira por la ventana, el cristal humedecido; y los ojos de Remus y Peter pasan del uno al otro, como quien sigue un partido de tenis. Finalmente, los dos jugadores respiran hondo, con los nervios a flor de piel y es Sirius el que abre la puerta del dormitorio para que los otros tres chicos bajen las escaleras. En la Sala Común no hay nadie y lo agradecen; a pesar de su habitual necesidad de llamar la atención, ni James ni Sirius tienen ninguna gana de que alguien les dirija la palabra.

Conforme bajan las escaleras se cruzan con varios alumnos mayores; Sirius discute nerviosamente con Remus que le repite por doceava vez que tenga cuidado, que esas pelotas son muy peligrosas y puede hacer daño a alguien de verdad; pero James tiene la mente en blanco y lo único que puede pensar es que todo el mundo esa mañana parece mucho más alto y grande que antes y que él no es más que una mota de polvo entre ellos; que no será capaz de conseguirlo. Sólo le despierta un golpe de Sirius en su hombro, cuando le adelanta con zancadas enfurecidas.

¾ ¡Régulus Black!

¾ Hermano.

Un niño delgado, de pelo un poco más oscuro que Sirius y ojos claros le observa con latente frialdad. Remus se fija en Régulus; sin duda nadie podría negar que los dos chicos son hermanos. Cuando el joven Black les mira lo hace con la misma superioridad que Sirius cuando se dirige hacia alguien que no son sus amigos pero hay algo distinto; a pesar de que los ojos de Sirius son claros y fríos, siempre que buceas en ellos encuentras una llama cálida que te asegura que el muchacho es algo más que una apariencia regia y aristocrática; alguien en quien confiar; esa llama cálida que luego se transforma en una enorme sonrisa socarrona que desde luego Régulus no conoce. Sí, a pesar de poder ser tan parecidos como dos gotas de agua, incluso esa forma de inclinar la cabeza es parecida; Régulus y Sirius Black son como el día y la noche. Y sólo el tiempo decidirá cuál es cuál.

¾ Por tu culpa me metí en problemas; te retaron a un duelo por la noche, ¿por qué no fuiste?

¾ ¿Un duelo? – Régulus parece que tiene que detenerse a pensar a qué se refiere, y finalmente una risa ronca emerge de su pecho – ¿No me digas que se te ocurrió la brillante idea de salir del castillo por la noche?

¾ ¡Cállate! – Las mejillas de Sirius se tiñen del mismo rojo que su uniforme – ¿Por qué no estabas?

¾ Nadie con dos dedos de frente caería en una trampa tan estúpida como un duelo a media noche, hermano. Creía que eras más listo – los ojos de Régulus pasan de uno a uno, primero se detienen en Peter con indiferencia, después en el pelo desordenado de James y las greñas largas de su hermano y tras soltar un fuerte suspiro que suena como "y gente como esta es de los nuestros…" se da la vuelta, no sin antes lanzar una larga mirada de desprecio absoluto a Remus –. En fin, me marcho, tengo que celebrar la victoria de Slytherin hoy.

¾ Será… – Remus coloca una mano apaciguadora en el hombro de Sirius y niega con la cabeza en algo que quiere decir "déjalo, amigo, no conseguirás nada".

¾ Creo que me va a dar un infarto, tíos. – James se apoya en la pared y con la mano en el pecho se muerde el labio.

¾ ¡Pero deja de ser tan exagerado! – Remus frunce el ceño – Te he dicho cien veces que lo vas a hacer bien en el partido.

¾ No soy yo, Remus. Es ella.

Lily Evans camina sonriente al lado de Lucy (apellido); su pelo rojo ondea suelto sobre sus hombros y parece que chispea, como una hoguera hambrienta; viste un sencillo jersey de color marrón y una falda a juego de cuadros oscuros que se levanta levemente cuando ella da un par de pasos cortos y rítmicos; las piernas, delgadas, están cubiertas de unos gruesos leotardos que acaban en un par de bailarinas sencillas. Es Lily "como siempre" Evans, pero es ese "como siempre" el que hace que tanto Remus como James no puedan apartar la vista de la joven, porque es Lily "como siempre" Evans con pecas brillantes en la nariz, porque es Lily "como siempre" Evans sonriente como un día soleado, porque es "Lily "como siempre" Evans y eso basta para saber que es la chica más preciosa que ha pisado ese colegio jamás. Las dos chicas se dirigen al campo de Quidditch, sin ningún distintivo de la casa Gryffindor, pero un brillo rojizo en la mirada que clama la victoria. Y es en ese momento, bajo el abrasador iris verde de Lily Evans, que James Potter decide que no piensa perder ese partido.

Lucy y Lily salen al exterior y entrecierran los ojos cuando una volada de aire las hace detenerse. Las dos chicas miran al cielo, gris amenazador de tormenta y se muerden el labio, preocupadas. Ninguna de las dos sabe demasiado de Quidditch, pero todos los Gryffindor se dirigen aquella mañana al enorme campo y tampoco tienen otra cosa que hacer. Lily ha visto de reojo a James y Sirius en la entrada; evidentemente no les ha prestado ningún tipo de atención, pero una rápida mirada le ha servido para darse cuenta de que los dos chicos están nerviosos. Casi por primera vez es benevolente y espera que el equipo de su casa gane al fin y al cabo son puntos. Lily descubrió el Quidditch por primera vez el año pasado; cuando era pequeña disfrutaba jugando con la pelota en el jardín de detrás de su casa, a veces veía partidos de fútbol con su padre en el televisor y en alguna ocasión contada se atrevió a enfrentarse a sus compañeras de colegio al baloncesto. Pero nunca jamás se le habría ocurrido que existía un deporte como aquel, un deporte tan mágico que la dejaría maravillada desde el primer momento. Lily no sabe volar; aprobó con dificultad las clases del año anterior de la Profesora Hooch, pero mentiría si dijese que a veces no le gusta mirar los entrenamientos desde la torre en la que duerme con sus amigas y preguntarse qué se siente a tanta altura con la única compañía de un palo de escoba, pero supongo que nunca lo sabré.

Las Gryffindor siguen a un grupo de chicos de quinto de Slytherin, vestidos con largas bufandas de verde fundido con plata y gorros gigantescos en forma de serpiente. Ellas dos no van ataviadas para la ocasión y Lily se pregunta en ese momento si el fino jersey que ha decidido ponerse esa mañana no será poco abrigo para el día que le espera.

Se sientan en las gradas, junto a un grupo enorme de Gryffindor entre los que Sabine, vestida de arriba a abajo de rojo intenso y brillos dorados las saluda y las invita a acercarse. La chica se ha pintado la cara con los colores distintivos y sujeta entre las manos una pequeña banderita con un león que ruge cada cinco segundos.

¾ Vaya, Sabi, ¡sí que vas bien preparada! Exclama Lucy ocupando un sitio a su lado.

¾ ¿Bromeas? ¡Es el debut de James!

¾ ¡Y el de Sirius!

Lily se apoya en la vaya de madera que tiene delante, con los brazos cruzados y la mirada perdida en el campo. Se da cuenta de que los aros están más altos de lo que ella recordaba y respira con fuerza dejando que el olor del césped recién cortado la llene por dentro. Sin embargo no es el olor de la hierba lo que la envuelve, sino una mezcla entre café recién hecho y libros y… ¿avellana? ¿Huele a dulce y al mismo tiempo a avellana? Y sí, es el mismo aroma que envuelve los libros cuando…

¾ Hola. – Remus Lupin sonríe levemente mientras él y Peter Pettigrew ocupan los asientos de al lado.

¾ H… Hola – Lily no puede evitar que sus dedos se entrelacen nerviosos, de la misma forma que días atrás, secreto bien guardado en la Sala Común, lo hiciesen con los dedos largos del chico que casi roza su hombro con un grueso jersey de color marrón oscuro y desgastado – ¿Qué tal?

¾ Bien, hemos venido a ver a James y Sirius y… Eso – Remus sacude la cabeza, con un gesto que parece decir "di más tonterías" y señala al muchacho regordete a su derecha –, Peter y yo hemos venido.

¾ Me alegro. – Lily se siente estúpida, sus ojos verdes no se apartan de los azules de Remus durante varios segundos y finalmente, cuando una voz retumba por encima de sus cabezas consigue dirigir su atención hacia el enorme campo.

¾ ¡BIENVENIDOS AL PRIMER PARTIDO DE LA TEMPORADA! – La voz potente procede de una pequeña cabina en lo alto del estadio en la que Lily alcanza a ver la figura de Minerva McGonagall, con su sombrero de pico y a la siempre sonriente Mary McDonald – ¡GRYFFINDOR CONTRA SLYTHERIN! ¿No estáis emocionados? ¡Creo que no he estado tan emocionada en mi vida!

Lily conoce a Mary McDonald; no es que pueda decir que la "conoce" realmente porque apenas ha mantenido un par de conversaciones en su vida con ella, pero sí que la "conoce" de la forma en la que Lily conoce a cualquiera. Mary suele llegar de las últimas a clase, se apresura a sentarse en los pupitres del fondo e invierte su tiempo en dibujar líneas sinsentido sobre los pergaminos. Si Lily supiese un poco más sobre Quidditch y un poco menos sobre Pociones sabría que lo que Mary se esfuerza por plasmar en sus pergaminos no es otra cosa que técnicas y estrategias de lo más elaboradas para "conseguir el partido de Quidditch perfecto". Pero Lily no lo sabe. Al menos no de momento. Lily sabe que a Mary le gustan los guisantes y también sabe que la chica pasa la mayor parte de su tiempo libre o bien correteando por los pasillos de Hogwarts mirando las vitrinas de premios o buceando en la biblioteca en el departamento de Deportes Mágicos. Si Lily supiese un poco más sobre Mary comprobaría cómo cada noche, la chica se dedica a hacer los deberes que no le ha dado tiempo a hacer durante el día y que tiene que entregar a la mañana siguiente; pero Lily no lo sabe. Al menos no de momento. A Mary le gustan los sábados, le gustan las tardes y la hechiza la nieve de la misma forma que lo haría una maldición Imperio. Eso Lily sí que lo sabe, lo sabe porque el invierno anterior las dos almorzaron de pie, mirando el Sauce Boxeador, en un silencio para nada incómodo y se preguntaron durante más de diez minutos si un ser humano podría volar sin necesidad de escoba. Lily prometió buscar información en la biblioteca y Mary rió diciendo que con una escoba era más que suficiente.

¾ ¡Y EL EQUIPO DE SLYTHERIN SALE AL CAMPO! ¡Hace un sol espléndido y los reflejos plateados de su escudo brillan con intensidad! Sólo hace falta ver si ellos también brillarán… – Mary sigue hablando con los labios pegados al micrófono – Os recuerdo que Slytherin lleva ganando la Copa de Quidditch por cuatro años seguidos, ¿será Gryffindor capaz de enfrentarle este curso? – Los gritos de la marea verde en las gradas del lado opuesto al que está Lily enmudecen la siguiente frase de la chica, pero de nuevo, se hace escuchar – ¡Y AHÍ ESTÁ GRYFFINDOR! ¡He hablado con Jack antes y dice que tiene varios ases en la manga! La verdad es que no sé si me tomaba el pelo o si tendremos algo interesante que ver en el campo…

El equipo de Gryffindor recorre con sus escobas el campo y Jack aprovecha para levantar la mano y saludar con entusiasmo se le ve muy convencido y Lily entrecierra los ojos para poder ver con más detalle las pequeñas siete figuras que se posicionan, vestidas de color rojo, frente a las otras siete de tonalidades verde.

¾ ¡Mira, Remus! – Peter salta en su sitio levantando las manos – ¡Es Sirius!

Sirius se remueve inquieto, sujeta el bate con el hombro y solamente reacciona cuando un muchacho de pelo rojo como el fuego pasa a su lado y le golpea en el brazo de forma amistosa. Remus sabe quién es. Gideon Prewett, estudiante de tercer curso y golpeador del equipo de Gryffindor desde el año anterior. Los dos chicos chocan los bates en el aire y salen volando en direcciones opuestas. La mirada del hombrelobo se aleja de Sirius y busca con curiosidad la pequeña silueta de James, quien inmóvil, medio tirado sobre la escoba, observa el campo desde lo alto y parece mucho menos nervioso que aquella mañana. Demasiado, cabría decir.

¾ ¡Y COMIENZA EL PARTIDO! – Mary grita con todas sus fuerzas – ¡Y LA QUAFFLE ES PARA GRYFFINDOR! Los cazadores del equipo de Gryffindor no se pueden comparar a los de Slytherin. Lo digo de forma objetiva yo no… ¡Y DIEZ PUNTAZOS PARA GRYFFINDOR! ¡Sorprendente! La oportunidad de Gryffindor reside en la fuerza de su buscador y no olvidemos que Slytherin tiene al magnífico Brandon Price, que les ha proporcionado la victoria todos estos años, ¿podrá Potter con él? Yo lo dudo un poco. Aunque Sandler se ha negado a darme información sobre él. Tal vez se le de igual de bien pillar la snitch como pavonearse en clase de Transform… ¡Y AHÍ ESTÁ SLYTHERIN MARCA!

James apenas escucha a Mary hablar; respira hondo sobre la escoba y mira como sus compañeros se pasan la quaffle a velocidades de vértigo. Ni siquiera se da cuenta de cuando Sirius casi lo derriba al apartarle una bludger justo dos segundos antes de que impacte contra su cara; tampoco ve a Remus y Peter animarle; de hecho tampoco está pendiente del resultado durante los primeros minutos de partido y no es hasta que la angustia llena la voz de la chica de Gryffindor que sus ojos se centran en el marcador: van perdiendo 50 a 170.

¿Cómo demonios podemos ir perdiendo de tanto? Al fijarse en el juego de nuevo se responde a sí mismo. A pesar de que los cazadores de Gryffindor se esfuerzan por igualar a los de Slytherin, la diferencia es abismal. Jack no lo hace mal entre los postes, pero Slytherin roba demasiadas veces la quaffle. Demasiadas. En menos de dos minutos Slytherin marca otros veinte puntos y Gryffindor consigue un tanto de milagro. Gideon y Sirius consiguen evitar un tercero, pero no un cuarto y cuando el marcador indica 60 a 200 James se da cuenta de que si no hace algo perderán el partido. Y maldición, no puedo perder, no puedo perder porque Lily pensará que soy un perdedor. Y Lily no puede pensar que soy un perdedor.

¾ Van a perder… – Murmura Sabine, mucho más apagada que antes – ¡Van a perder!

¾ No puedes saberlo aún – susurra Lily con los ojos verdes fijos en el juego. Se sorprende a sí misma poniendo tanto entusiasmo –, Gryffindor aún no ha perdido.

¾ ¡Y DE NUEVO MARCA SLYTHERIN! – Hace un rato que la voz de Mary es la única que se oye por encima de los gritos de los Slytherin que celebran su victoria aplastante – ¡Merlín! ¡Los cazadores de Gryffindor parece que han tomado una poción de sueño! Y para colmo la snitch no se deja ver…

¾ ¿Y si la snitch ya ha aparecido y no la han visto? – Peter se lleva las manos a la boca consternado.

¾ No – Remus frunce el ceño –. La snitch no está en el campo, porque si estuviera en el campo él la habría visto.

Sirius golpea una bludger que impacta con fuerza en el brazo de un cazador de Slytherin que deja caer la quaffle. Lleva un rato maldiciendo por lo bajo y controlándose para no liarse a puñetazos con todo el equipo. El suyo y el contrario. Cada dos por tres mira a James y lo ve tirado sobre la escoba, con la mirada perdida y sin moverse y se pregunta si a su amigo se le ha ido el talento de repente o algo parecido. Celebra el siguiente tanto de Gryffindor como el que más, pero sigue creyendo que la cosa no tiene solución. Eleva la escoba para ponerla a la altura de la de James y con la boca torcida grita por encima del hombro.

¾ ¿TE HAS QUEDADO CIEGO DE VERDAD O QUÉ, JIMMY?

¾ SI NO TE CALLAS AHORA MISMO TE VOY A METER ESE BATE POR EL… – Los ojos de James brillan amenazadores bajo las gafas y Sirius casi siente miedo cuando su mejor amigo vira el mango de su escoba hacia él y se lanza con fuerza.

¾ ¿Qué demo…?

¾ ¡POTTER, POTTER, POTTER! – Mary es la primera que se da cuenta de lo que está ocurriendo – POTTER HA VISTO LA SNITCH, ¡LA HA TENIDO QUE VER PARA SALIR ASÍ DE RÁPIDO! ¡CIRCE PODEROSA, POR FIN PASA ALGO INTERESANTE!

¾ McDonald contrólese. – La voz de Minerva McGonagall se escucha levemente.

¾ ¡CÓMO QUIERE QUE ME CONTROLE PROFESORA! ¡Y PRICE SE UNE A LA LUCHA!

Sirius, con la boca abierta gira la cabeza para ver cómo el buscador de Slytherin se lanza desesperado contra James, que con el ceño fruncido ha sucumbido al encanto de su querida snitch será malnacido casi me tira… Olvida su enfado cuando por alguna razón siente que el hecho de que James haya visto la snitch no le resulta para nada un alivio. El marcador. Gryffindor ha marcado 70 puntos y Slytherin ha marcado 210. Con los dedos Sirius empieza a contar y… ¡Son 140 puntos de diferencia! Si el idiota de James coge la snitch habremos ganad…

¾ ¡Howell le pasa la quaffle a Harrison y…! ¡Potter va a por la snitch y…! ¡SI SLYTHERIN MARCA…!

¾ Por encima de mi cadáver. – Sirius no pierde de vista a James, que si no fuera porque es imposible juraría que está haciendo todo lo posible por alargar la captura de la snitch no puede estar haciendo eso el muy idiota, si la coge Price estamos acabados. Con todas las fuerzas que le quedan baja en picado hacia el suelo, con el bate sujeto con ambas manos y no sabe si es suerte, si se le puede llamar destino, si en realidad tal y cómo dijo después se trató de habilidad, pero la bludger marrón que en ese momento, que en ese segundo se lanzó contra él era justo lo que estaba esperando. Ian Harrison nunca supo por qué no llegó a marcar ese tanto, de hecho pocos vieron la furiosa bludger que impacto contra él e hizo que la quaffle se perdiese en el aire en el momento en el que la mano de James Potter se cerraba sobre la brillante snitch.

¾ ¿La ha cogido? – El silencio solamente se rompe por la voz dudosa de Mary – ¿LA HA COGIDO? ¡JAMES POTTER HA COGIDO LA MALDITA SNITCH Y GRYFFINDOR GANA EL PARTIDO! 220 PUNTOS CONTRA 210, ¡ES INCREÍBLE! ¡MALDITO POTTER!

¾ ¡McDonald!

Pero la protesta de McGonagall ya no se escucha, ya no se escuchan los gritos de Mary McDonald mientras se pega al cristal y da pequeños saltos de emoción. Lo único que los terrenos de Hogwarts escuchan en ese momento son los gritos de alegría de los Gryffindor.

¾ ¡Os lo dije! – Lily mira sorprendida a Remus, que no cabe en el sitio de emoción – Os dije que James cogería la snitch, ¡sí!

¾ ¡Hemos ganado, hemos ganado! – Sabine se abraza a Lucy como si realmente la victoria le perteneciera.

Lily no grita, no celebra, no abraza a nadie; simplemente mira el campo, donde los abatidos Slytherin se marchan a paso lento al mismo tiempo que los Gryffindor se echan encima del pequeño James que aún sostiene la snitch entre las manos como un preciado tesoro. Sirius le pasa el brazo por los hombros y grita algo que la chica no alcanza a escuchar. Después Jack le revuelve el pelo al joven buscador y el equipo entero grita el nombre de la casa tan fuerte que toda Escocia tiembla.

Porque esa fue la primera victoria, la primera vez que James Potter atrapó la snitch delante del graderío, la primera vez que Sirius Black golpeó una bludger en el momento y en el segundo adecuados, la primera vez que Remus Lupin gritó con tanta fuerza que se quedó afónico, la primera vez que Peter Pettigrew acabó pintándose los colores rojo y dorado por toda la cara, la primera vez que Lily Evans se sorprendió de las habilidades del chico de pelo desordenado, la primera vez que Mary McDonald acabó siendo arrastrada por la profesora McGonagall hacia la Sala Común sin dejar de repetir que había sido el mejor partido de su vida, pero desde luego no fue la última.