PERDÓN!
Me disculpo por la falta de actualización todas estas semanas. Y gracias, por aun seguir ahí.
35
— ¿Crees que si se lo pedimos a mamá, ella querrá tener otro? —preguntó mirando a Frannie con la ilusión propia de una edad temprana.
—No es como tener un perrito, Quinn. No lo encuentras abandonado y te lo traes a casa. Luego cuando caga, otro junta la mierda —replicó la rubia mayor. Vio la tristeza reflejada en el rostro de la otra rubia más pequeña, y se explicó mejor—: Escucha, no es un buen momento, ¿Ok? Papá está viajando mucho, mamá… Ella está ocupada con sus cosas. Pedirle un hermanito ahora… no creo que sea buena idea. Necesitará mucha atención, ¿Entiendes? Darle de comer, cambiar el pañal, ayudarle a caminar,…
—Tú y yo podemos hacer eso —señaló Quinn con el entrecejo ligeramente fruncido—. Podemos tener un hermanito y cuidarlo. Será como jugar con las muñecas, Fran.
—Sí, ¿Y recuerdas lo que pasó con Lorraine cuando jugábamos con ella? —la mirada de la rubia menor bajó al suelo con una mezcla de malestar y vergüenza—. Exacto. La dejamos durmiendo la siesta y Manchas le destrozó la cabeza.
—Ese maldito perro —escupió con enojo.
— ¿Ahora entiendes por qué no podemos cuidar a un bebé nosotras mismas? Los adultos son idiotas pero los necesitamos. De esa forma, las Lorraine de cabezas destrozadas no se multiplican. —La Quinn pequeña de casi nueve años asintió con la cabeza aunque no parecía muy convencida—. Yo también quiero un hermanito. Tú y yo vamos a crecer, y cuando nos vayamos a recorrer el país en mi bicicleta como dijimos, mamá necesitará alguien que cuide de ella mientras no estamos. Papá no puede hacerlo porque viaja mucho pero un hermano menor si puede. No me gusta ver a mamá tanto tiempo sola.
—A mí tampoco. Se ve triste y después apesta a alcohol. Es como si se bañara con el perfume que usa tía Daisy. No me gusta. Me marea ese perfume.
—A mí también. Apesta a zorrino con diarrea —se espantó Frannie con cara de asco.
— ¿Cómo apesta un zorrino con diarrea? —quiso saber Quinn entre pensativa y asqueada.
—Igual que tía Daisy —respondió Frannie poniendo los ojos en blanco. Como si la pregunta de su hermana fuera algo tonta y la respuesta bastante obvia.
La sonrisa en los labios de la Quinn mayor que era en tiempo presente, se acentuó un poco más frente al recuerdo de su infancia. Hasta el momento no se había detenido a pensar en esa escena que había sucedido en su vida veinte años atrás. Sin borrar la sonrisa, se preguntó si Frannie recordaría ese momento también.
Cuando era pequeña, tener un hermano menor parecía ser algo de vital importancia. Obviamente, no era consciente de que quizá no era algo que realmente necesitara en ese momento. Su deseo de tener un hermano más, partía del hecho de que sus compañeros de clase tenían uno. A los nueve años no se piensan en bebés como seres humanos con todas sus complejidades, sino más bien se cree que es, como dijo Frannie, un cachorro. Por suerte, esa idea no duró demasiado tiempo en su cabeza; pero por mucho que lo ignorase, a medida que iba creciendo, una parte inconsciente de ella alimentaba ese deseo de tener un hermano pequeño. Esta vez, sin el capricho de que ser algo que todos tenían y ella quería.
—Mi voz por tus pensamientos —escuchó decir a sus espaldas.
La sonrisa ya puesta en sus labios se hizo un poco más grande al darse cuenta de quién se trataba. Su pecho también hizo aparición latiendo desaforado, como siempre le sucedía con algo relacionado a Rachel. A los pocos segundos, sintió los brazos de la morena rodear su cintura por detrás. No le sorprendió para nada que un suspiro escapara de lo más profundo de ella cuando el cuerpo de Berry se pegó a su espalda. Tres meses oficialmente de novias, y muchos más suspirando una por la otra, y aún seguía sintiéndose como la primera vez.
Secretamente deseaba jamás dejar de sentirse de esa forma.
Recostó más su espalda en el pecho de su novia y dejó que la tranquilidad que la morena le otorgaba, se apoderase completamente de ella. Sonrió con los ojos cerrados y esperó que sus pensamientos se acomodasen lo más prolijamente posible antes de abrir la boca y responderle a Berry.
Algo que había notado y tenido en cuenta desde hacía tiempo, era el hecho de que no había nada que pudiera negarle u ocultarle a su chica por mucho que lo quisiera o lo intentara. Hablar con Rachel de sus pensamientos más profundos era algo natural que salía solo. Quizás porque sabía perfectamente que no había peligro de que la joven se burlara de ella o la juzgase. Podía decirle a la morena con total honestidad que tenía miedo sabiendo que ésta respondería con un «¿Quieres enfrentarlo, o esconderte? Decidas lo que decidas, estaré junto a ti».
—Te reirás de mí si te lo cuento —murmuró de manera divertida. Se rió cuando los brazos de la morena se cerraron más alrededor de su cintura como respuesta—. Hablo en serio, Berry. Los duendes como tú pueden ser muy bufones.
—Te estas ganando que esta noche duerma en mi casa, Fabray. No me provoques —amenazó Rachel aunque Quinn sabía que no decía en serio.
La rubia se dio vuelta en los brazos de su novia y la besó. Se olvidó completamente que estaba parada casi en mitad del gimnasio, que había personas alrededor de ellas, lo expuestas que estaban. Se olvidó de absolutamente todo, menos de Rachel y su presencia junto a ella. Los brazos de la morena se cerraron más a su alrededor pegando completamente sus cuerpos, recordándole que eso era una de las cosas que más le gustaba de estar saliendo con Berry. Esos pequeños gestos que le hacían sentir seguridad y anhelo de quedarse por un buen rato en esa misma posición. En lo que le pareció una eternidad, le puso fin al beso con sonriendo sobre los labios de su novia, y cuando un suspiro se escapó de su boca no pudo evitar bajar la mirada completamente tímida.
—Cuando haces eso, me enamoro un poco más — susurró Rachel dejándole un beso en la punta de la nariz.
La respuesta de Quinn fue un nuevo beso, esta vez un poco más corto, porque no encontraba las palabras para decir lo bien que le hacía la morena al decir esas cosas. A veces odiaba esa incapacidad de no poder expresarse correctamente de manera verbal, de no tener las palabras que definiera exactamente como se sentía junto a su novia. La forma entre alocada y armoniosa en que latía su corazón tenía un nombre, una descripción correcta, estaba completamente segura de eso, pero ella no lo había encontrado todavía. Lo único que se le acercaba un poco a la definición correcta eran los hechos: besar a Rachel, tomarle de la mano de manera completamente espontanea, sentir el deseo constante de tenerla a su lado, que le suceda algo y que automáticamente quiera buscar a la morena y compartirlo con ella.
Eso era lo único que Quinn podía hacer y que creía que demostraba como se sentía en realidad pero, ¿Y si no era suficiente? ¿Y si Rachel necesitaba escuchar de vez en cuando un «Me vuelves loca», «Lo que me haces sentir es tan hermoso y puro que asusta. Asusta no poder ser capaz de cuidarlo» o un simple «Te quiero»? ¿Por qué tenía que ser tan complicada en cuanto a expresar sus sentimientos?
—Oh, oh… esa mirada —canturreó Rachel con el entrecejo ligeramente fruncido—. ¿En qué piensas?
Responderle con honestidad le valdría una discusión porque sabía perfectamente lo que la morena opinaba acerca de sus pensamientos, esos que la hacían perderse y comenzar a dudar de sí misma, de si merecía o no pasar sus días con una persona como Rachel a su lado. Así que para evitar todo eso, eligió no responder sinceramente. Para su suerte, sus ojos captaron la escena que estaba viendo antes de la llegada de Rachel al gimnasio y eso le dio el pie para inventarse una salida.
—Miraba a Camille —como buena negadora que era, decidió ignorar la mirada incrédula de Rachel y agregó para aclarar—: Cuando era pequeña, deseaba tener un hermano menor— comenzó a decir sin dejar de mirar hacia adelante—. Todos tenían uno o tenían primos que se sentían como hermanos. En casa solo éramos Frannie y yo, nadie más. No puedes jugar a las escondidas si solo son dos, no es divertido. Tampoco puedes jugar a los policías y ladrones. Entonces, un hermano más parecía ser la solución a eso. Obviamente, mi hermana me hizo entrar en razón y me explicó por qué no era posible tal cosa.
»Había olvidado el recuerdo de esa charla con Frannie. Ahora, viendo a Camille, vino solo a mi mente. Jamás se me hubiera ocurrido que mi deseo de un hermano menor se llevaría a cabo muchísimos años después. Jamás hubiera creído que esa mocosa atrevida e insoportable se convertiría en mi hermanita pequeña. Recuerdo querer lanzarla de la camioneta de Frannie en algunos de los viajes a Lima que hice hace tiempo. Y a pesar de que ahora sigo queriendo hacer eso mismo, no hay un solo día que no logre imaginarla en mi vida. Con su arrogancia y estupidez adolescente logro meterse dentro de mí. Se volvió alguien importante en mi vida, ¿Entiendes?
—Por supuesto que lo entiendo. Tengo a mi Camille personal —respondió Rachel con una media sonrisa y dejándole un beso en los labios—. O sea tú. Me sacabas de quicio con tu distancia y míranos ahora. No hay un minuto que no quiera pasarlo contigo.
Guiada por los atolondrados latidos de su corazón se inclinó y capturó los labios de Rachel nuevamente entre los suyos. Aun le costaba acostumbrarse a la forma en que el cuerpo de la morena parecía relajarse contra el suyo, como si no le importara en lo más mínimo lo que hiciera con él. Obviamente, eso le provocaba cierto temor porque pensaba que no estaba preparada para cargar con semejante responsabilidad de tener a cuestas el bienestar de alguien más; pero el pensamiento y el temor se esfumaba al instante en el que Rachel le decía lo mucho que la quería con solo mirarla.
Era un círculo en el cual la persona que le provocaba temor era la misma que se lo quitaba. ¿Acaso tenía algo de lógica eso?
— ¿No debería estar entrenando? —preguntó Rachel mirando hacia donde estaba Camille—. Nos levantó temprano porque quería hacer ejercicio y ahora está tirada en el suelo, panza para abajo con una laptop frente a ella, ¿Es broma?
—Y luego la defiendes cuando la regaño —señaló Quinn con una sonrisa. La misma que se borró cuando la morena se escapó de entre sus brazos con intenciones de ir hacia la adolescente—. ¿Adónde vas, Berry? Ven aquí. Déjalos un rato más. No está siendo una buena mañana para Spencer. —Rachel la miró pidiéndole aclaración—. Él y Adam pelearon, y no quieren compartir espacio juntos. Intenté hablar con Adam pero es terco, y si insistía íbamos a terminar peleando nosotros. Spens es más… abierto pero no me dijo nada. Solo que no era un buen momento. Camille debe saber lo que pasó. Ella y Spencer son amigos.
— ¿Lo son?
—Sí. No. Bueno,… se llevan bien. Siempre que Cam me trae el almuerzo al gimnasio se queda un rato hablando con él, y tengo entendido que salieron varias veces —respondió la rubia encogiéndose ligeramente de hombros—. Ella debe saber lo que sucedió. Aunque estoy segura que no me lo dirá si Spens le pidió que no lo hiciera. ¿Crees que estén saliendo?
— ¿Lo preguntas en serio, Quinn? ¿Spencer y Camille juntos? El exceso de entrenamiento le hace mal a tu cerebro —se burló Rachel. La respuesta de Quinn fue una mirada seria—. Te recuerdo que tu amigo Spencer es gay y Camille… Bueno, Camille estuvo enamorada de Dani. Si salen juntos no creo que sea como pareja. Lo que creo que sucede es que tú quieres que tu hermana salga con cualquier persona para que Dani deje de formar parte del panorama, ¿O me equivoco?
Guardó silencio a modo de respuesta y se alejó de Rachel. No le apetecía para nada responder esa pregunta, más que nada porque eso significaba tener que darle espacio en su mente a una persona que no lo merecía: Danielle. Puede que hayan pasado meses desde que la camarera amiga de Rachel le rompió el corazón a Camille pero para Quinn la rabia por lo hecho seguía estando presente como lo estuvo desde el primer día. No podía olvidarse de un día para el otro la imagen de su hermanastra sentada a su lado llorando como si hubiera perdido una parte de ella. No podía evitar el sentimiento de frustración que sintió al no poder hacer nada para evitarle ese momento de sufrimiento a Camille. Pero lo que si podía hacer era mantener a la joven lo más alejada posible de la camarera.
—Hey… Quinn… —llamó Rachel siguiéndola—. No quería que te pongas así. Lo siento.
—No la menciones más, entonces. Ya sé que tú y ella han vuelto a ser amigas y me parece bien. Lo digo en serio —afirmó. Respiró profundo antes de agregar—: pero allí donde tú ves a una amiga, yo veo a la chica que rompió en pedazos el corazón de mi hermana menor, ¿Entiendes? No puedo verla de otra forma. No ahora, no en este momento.
—Está bien. Lo entiendo. En serio lo hago. Hubo un tiempo en el que odié profundamente al ex-novio de Kurt por haberlo engañado —contó la morena tomando entre sus manos la de Quinn. La rubia no pudo evitar darse cuenta que la tensión entre ambas disminuyó cada vez más a causa de las caricias de la morena—. Olvidémonos de eso, ¿Ok? Al menos por ahora. Vamos a ver qué hace tu hermana menor.
—No es mi hermana —negó Quinn casi con desgana.
—Hace diez segundos atrás dijiste todo lo contrario —señaló Berry con una sonrisa tierna dejándole un beso en el hombro a su chica. Antes de que la rubia pudiera decir algo más, caminaron hasta donde estaba Camille con Spencer—: Hola, Cam. Hola,…
— ¡Hey! ¡Hola, Rach! —saludó la adolescente poniéndose rápidamente de pie. Saludó a Rachel con un abrazo eufórico y después se giró hacia el amigo de Quinn—. Spens, ella es Rachel. Rachel, él es Spens.
—Ya nos conocemos, Cam —se rió el joven de cabeza rapada—. Hola, Rachel. —la morena correspondió el saludo con un movimiento de cabeza acompañado de una sonrisa—. Me alegra verte de nuevo. Sobre todo porque cuando estas cerca, no tenemos que… Lo… lo siento. Debo irme.
—No hace falta que te… Spens —llamó Camille pero el joven ya se había perdido de vista. A lo lejos, Adam miraba disimuladamente hacia donde estaban las tres chicas paradas. Fue entonces que Quinn entendió el porqué de la huida de su amigo—. No me mires que yo no sé nada, Fabray. Y si lo sé, no te lo diré porque me pidieron silencio absoluto.
—Te lo dije —le susurró Quinn a Rachel que pareció ignorarla—. Te estoy hablando, Berry.
—Ya lo sé. Te escuché —soltó la morena en el mismo tono de voz. Le sonrió a Camille de manera tal que le hizo pensar a Quinn que algo planeaba—. No íbamos a preguntarte por tu amigo, Cam. Es obvio que lo que le pasa no es algo que tengas que divulgar por todos lados. Lo que íbamos a preguntarte es si querías almorzar con nosotras.
— ¿En serio? —Preguntaron Quinn y Camille al unísono.
—Ah, sí. Es verdad —cercioró la rubia al recibir una mirada significativa por parte de su novia. No sabía que planeaba Rachel pero aun así iba a seguirle el juego—. Por supuesto. Queremos hablar un poco contigo, saber qué haces con la laptop, porque nos levantaste tan temprano para nada, que es lo que sabes de Spencer que nosotras no…
—No, eso no —murmuró Rachel con los dientes apretados pero sin dejar de sonreír de manera sospechosa.
—No, eso… eso no— repitió Quinn—. Era… era broma eso último.
—Hmm… cuando se ponen en plan cómplices me dan miedo —dijo Camille mirándolas de manera sospechosa—. Parecen Pinky y Cerebro planeando la conquista del mundo. Obviamente, ya sabemos quién es Cerebro, ¿No?
—Yo, por supuesto.
—No, es Rachel —replicó la adolescente borrando la sonrisa en los labios de Quinn. Berry al lado de la rubia, le dejó un beso en la mejilla junto con un «No es verdad» que sonó a mentira—. No le mientras, Rach. Las mentiras hacen mal a las parejas. Quinn, no eres para nada inteligente pero tranquila, que no pasa nada. Las personas a tu alrededor te queremos más allá de tu falta de cerebro.
—Que desaparezca de mi vista o le rompo la laptop en la cabeza, Rachel.
La adolescente soltó una carcajada y se fue rápidamente hacia el vestuario del gimnasio, no sin antes haberle guiñado un ojo a Berry con complicidad. Quinn miró a su novia con seriedad preguntándole, obviamente, de qué lado estaba en realidad. O era cómplice de ella, o lo era de Camille. No podía ser cómplice de las dos sin que eso se sintiera como traición. La respuesta sin palabras de la morena fue poner los ojos en blanco con diversión antes de robarle un beso a la rubia.
—No me beses, traicionera —refunfuñó provocando más diversión en Rachel—. Ve a besar a mi hermana, la bastarda, esa con la que compartes guiños y…
—Eres lo más hermoso que vi en mi vida —interrumpió la morena abrazándola por la cintura y poniendo fin a su mala actuación de novia celosa.
Aun no lograba acostumbrarse a escuchar cosas así y menos ser ella quien recibiera esas palabras. Rachel podría estar diciéndole esas mismas cosas a cualquier otra persona, a Brody, a alguien que conoció en el trabajo de camarera, a algún asistente de maquillaje con el que estuviera saliendo, a cualquier persona menos a ella; pero no. La morena la elegía a ella. Iba y se lo decía directamente, sin miedos, sin cuidado, sin pararse a pensar en nada. Rachel la abrazaba, la besaba, la miraba con amor y por si no había quedado claro lo que le pasaba con ella, iba y se lo decía. Las palabras que Quinn siempre había dicho que se las llevaban el viento, con Rachel quedaban completamente grabadas a fuego en su interior.
—Deja de adularme y dime lo que planeas —pidió haciéndose la dura aunque lo dicho por su novia aún se paseaba por su cabeza.
—Adoro cuando finges indiferencia —rió Rachel que parecía no poder dejar de besar a la rubia. Un último beso robado, por el momento, y respondió a la pregunta anterior—: Soy actriz, cielo. Sé actuar y aparentar que algo no me interesa. Obviamente, Camille cree que solo iremos a almorzar pero lo que haremos tú y yo será sacarle información respecto a Spencer. ¿No es eso lo que querías? —Quinn asintió impresionada por la astucia de su novia—. Tú déjamelo todo a mí, que yo me encargo.
—Miedo me das, Berry —dijo la rubia con bastante honestidad. La sonrisa que Rachel dejó escapar solo aumentó más su estado temeroso—. Mejor voy a darme una ducha así cuando vuelva Cam nos vamos.
—Mejor idea no podrías haber tenido porque apestas.
—Yo no apesto —replicó con el entrecejo fruncido.
—No entraremos en polémicas —se burló la morena besando fugazmente a su novia—. Ve a ducharte. Yo aquí te espero.
—Yo no apesto, Berry —insistió la rubia siendo empujada por su novia hacia los vestuarios—. Rachel… Ok, supongamos que tienes razón. Apestosa y todo, me besaste. Por lo tanto…
—Alégrate entonces. Lo que siento por ti es amor real y profundo.
Soltó una carcajada siendo plenamente consciente de lo que su novia había dicho y de lo que eso había provocado en ella. Con una sonrisa de oreja a oreja entró a las duchas del vestuario encontrándose a Camille con una toalla alrededor del cuerpo. Su hermana menor fingió sorpresa y timidez al ser descubierta, lo que causó que su sonrisa se hiciera más grande aun.
La ducha duró menos de lo que esperaba, —dos canciones mal cantadas y un baile que no venía a cuento—. Le hubiese gustado que durara un poco más pero no pudo darse el lujo de tal cosa porque la hora del almuerzo se acercaba y su estómago rugiendo lo sabía. Por ende, y con un incipiente malhumor provocado por la falta de comida y el no poder disfrutar de la ducha caliente un poco más, salió del vestuario ya lista para reunirse con Camille y Rachel.
—Ya estoy lista —anunció. Tanto su novia como su hermana guardaron silencio rápidamente intercambiando una sonrisa cómplice—. ¿De qué hablaban?
—Cosas sin importancia —respondió Camille con un movimiento de manos—. ¿Nos vamos? Muero de hambre.
Y Quinn moría de curiosidad, pero no lo dijo para nada. Que Rachel y Camille habían creado un lazo de amistad y entendimiento, no era sorpresa alguna. Lo que le llamaba la atención era ese toque cómplice y misterioso que se había generado repentinamente entre las dos. ¿Por qué tenían que guardar silencio justo cuando ella llegó? ¿Por qué no le dijeron de lo que estaban hablando realmente? ¿Por qué respondió Camille y no Rachel? Claramente no eran celos lo que estaba sintiendo en ese momento. Simplemente no le gustaba sentir que estaba perdiéndose algo. O que le estaban ocultando algo.
—Vamos, amor mío —rió Rachel tomándola del brazo.
Pensó que irían a algún restaurante cercano por ende se sorprendió bastante cuando se dio cuenta que estaban caminando rumbo al Spotlight. Lo primero que cruzó por su mente frente a ese detalle fue un «Mierda» cargado de enojo, lo segundo que hizo fue mirar a Camille expectante por la reacción de la joven y por último, miró a Rachel pidiéndole explicaciones.
Hacía tiempo había acordado con su novia jamás llevar nuevamente a Camille al café-bar. No era un lugar que le haría bien a la adolescente, que le haría sentir cómoda y mucho menos que le haría sonreír. Aquel lugar era donde trabajaba la persona que le rompió el corazón, aquella que no fue clara con sus sentimientos y la razón por la cual Camille había llorado en los brazos de Quinn dejando al descubierto que no era solamente una adolescente rebelde y cínica.
Al parecer, Rachel se olvidó de ese trato, y de todo lo que la hija de Frank sufrió por culpa de Danielle, porque allí estaban de pie frente al local a punto de entrar.
— ¿Qué estás haciendo, Berry? —le recriminó en voz baja. La morena no la miró para nada sorprendida, lo que le hizo sospechar que quizás ya sabía lo que estaba por suceder—. Habíamos hecho un trato. Dijiste que…
—Cam… —llamó Rachel interrumpiéndola con una mano en alto y una sonrisa a juego que le regaló a la adolescente. Camille, que dejó la distracción a un lado, miró a Berry—. ¿Por qué no vas entrando y le dices a Kurt que te acompañe a nuestra mesa? Quinn y yo entraremos en un minuto.
—Ok.
En cuanto se quedaron a solas, Quinn se cruzó de brazos y se alejó de Rachel tanto como le fue posible. Quería hacerle notar a su novia lo molesta que estaba y lo difícil que sería cambiarle el estado de ánimo. Esta vez no había besos robados y palabras dulces que borraran el enojo. Camille no debía estar en el Spotlight y menos con Danielle rondando por ahí. Fin de la historia.
—Ni se te ocurra preguntarme porqué estoy enojada, ¿Ok? Teníamos un trato, Rachel —recordó con un movimiento de manos—. Habíamos acordado que Cam no volvía a este lugar mientras tu amiga estuviera ahí dentro.
— ¿Me dejas explicarte? —preguntó la morena con una calma que molesto más a Quinn. La rubia negó con la cabeza tensando la mandíbula—. No me importa. Te lo explicare igual. Primero, Dani no está adentro. Su turno es a la noche. Segundo, no soy idiota, Quinn. No voy a lastimar conscientemente a Camille. Y tercero, fue ella quien pidió venir aquí. Dijo algo de cerrar viejas historias para crear nuevas. ¿Sabes de quien aprendió eso? De ti. Y si no me crees pregúntaselo a ella.
No importaba cuantas veces lo dijera, lo pensara o lo sintiera, siempre iba a odiar y a amar a Rachel a partes iguales por desafiarla de esa manera. Le decía «Rachel, no hagas esto» y la morena iba y lo hacía. Lo peor no era eso. Lo peor era saber que no lo hacía a propósito, no le llevaba la contraria porque no la escuchaba o no le importaba lo que tenía para decir. Simplemente lo hacía porque de esa manera le plantaba cara y le decía, de cierta forma, «hasta acá llego tu capricho, señorita perfecta». Como un rato antes que no quiso escuchar lo que su novia tenia para decir y aun así, ésta se lo dijo igual.
—Te odio. Lo sabes, ¿No?
—Y yo te quiero. Lo sabes, ¿No?
Y sin más, la morena la abandonó en medio de la vereda frente al café-bar. No sin antes haberle dejado un beso en la mejilla junto con un «Cuando termines con tus pensamientos, únete a nosotros». Contra todo pronóstico, esas palabras de su novia la hicieron sonreír. Rachel la conocía lo suficiente como para saber cuándo necesitaba espacio y cuando no.
El saber que Danielle no estaba dentro del Spotlight le proporcionaba bastante tranquilidad. Una parte de ella pensaba que estaba siendo demasiado exagerada en cuanto a todo ese asunto pero la otra parte le recordaba que no debía bajar los brazos porque en cuanto menos lo esperase, Camille podría volver a sufrir a manos de la amiga de Rachel. No sabía de donde le salía ese lado protector entorno a la adolescente, lo que si sabía era que desde el último viaje a Lima había estado más presente que nunca.
Entró al café-bar donde su novia aun trabajaba por las noches y buscó con la mirada la posición de la morena. Se la encontró riendo con Kurt y Camille de vaya uno a saber qué sin reparar en ningún momento de su presencia. Para ella, muchísimo mejor. Era en esos momentos de distracción que podía mirar a Rachel a su antojo sin tener la sensación de ser descubierta en cualquier momento.
Le encantaba lo extremadamente adorable y dramática que podía llegar a ser la morena estando enferma, el entusiasmo con el que explicaba por qué las metáforas eran importantes, ese lado demente y cómplice que siempre salía a flote cuando se trataba de alguna travesura, casi tan demente y pasional como cuando se trataba de algo artístico, su lado divertido cuando salían de fiesta y terminaba ebria, su lado irónico cuando estaba enojada, también la indiferencia con la que la trataba.
Le encanta llegar a su departamento y encontrársela yendo de un lado al otro de la sala repasando en voz baja el guion de su nuevo proyecto. Despertar primero y verla dormir, verla de la manera más desarreglada y pura, los primeros rayos del sol dándole en el rostro haciéndola lucir más joven de lo que era, sentir que esa joven tan maravillosa había dormido y amanecido junto a ella. Con nadie más, solo con ella. Sentirse orgullosa de sí misma por haber sido capaz de crear algo tan valioso y firme como una amistad y que luego se haya convertido en algo más. Que Rachel haya decidido crear algo más con ella. La morena pudo haberse conformado con ser solo su amiga, y sin embargo se enamoró de ella. Aun con todo lo que eso implicaba. Si eso no era amor en su estado más puro, no creía que otra cosa lo fuera.
Le pareció ver a Kurt señalándola con la cabeza y una sonrisa en los labios, y lo siguiente que supo fue que la atención de Rachel y Camille estaban puestas en ella también. Aunque solo le importaba una sola persona: su novia. En cuantos sus ojos se conectaron con los de Rachel, como cientos de veces ya lo habían hecho y a la vez de una manera tan única y maravillosa, un suspiro se trabó en su garganta. El pecho se le llenó de alegría y el deseo de tomar a la joven entre sus brazos se hizo diez más veces más grande de lo que ya era.
De repente, parecía no existir nadie más que ellas dos en el Spotlight. Ella y la sonrisa de Rachel. Ella y los ojos de Rachel. Ella y el labio mordido de Rachel. Todo su mundo resumido a una misma persona y al mismo tiempo no. No era una persona dependiente de Berry, sino más bien de lo que la morena generaba en ella. Eso tan precioso que podía tener miles de nombres pero que ella prefería simplemente llamarlo amor.
—Sí, es amor —susurró para sí misma.
Sonrió completamente radiante antes guardarse todas las emociones para ella misma y caminar hacia donde estaba su novia. A cada paso que daba, no podía evitar pensar en que, metafóricamente, eso significaba su avance hacia la morena. Rachel, ya había avanzado todo lo que podía hacia ella, ahora era su turno hacer lo mismo con la joven. Y hacerlo de manera completamente incondicional, sin preguntar nada, sin dudar. Llegar al punto de saber que Berry había hecho lo mismo, le sirvió a la rubia para anotar un nuevo punto de porqué lo de ella y la morena era amor puro y del bueno.
—Pedí por ti, ¿No te molesta? —preguntó Rachel una vez que Quinn se sentó a su lado. La respuesta de la rubia fue un beso en la mejilla antes de negar con la cabeza—. O… ok. Sándwich de pollo pero con ensalada, así puedo robarte la comida.
— ¿Cuál es la contraseña del WiFi? —intervino Camille con la laptop sobre la mesa, siendo ignorada.
—Me has robado todo lo que soy, que me robes un bocado es lo de menos —murmuró por lo bajo solo para su novia. Pensando que ya había sido lo suficientemente cursi por el día, dirigió su mirada hacia el amigo de Rachel—: Hola, Kurt.
— ¿Cuál es la contraseña?
—Hola, Qui… ¿Qué…? ¿Qué haces con eso, Cam? —se interesó el joven paliducho mirando a la adolescente que no respondió. Simplemente lo miró de arriba abajo y volvió la vista al ordenador—. ¿Acaba de…? Rachel, dime que esta niña no acaba de ignorarme.
Quinn se mordió el labio para no reír a carcajadas cuando la respuesta de Rachel fue un encogimiento de hombros haciéndose la desentendida. Desde que habían comenzado a compartir algunos almuerzos —Quinn no sabía decir con exactitud cuándo comenzó esa especie de rutina—, Kurt y Camille terminaban teniendo alguna escena similar a la anterior. Kurt era demasiado curioso, y eso fue lo primero que Cam descubrió del chico, entonces lo usaba a su favor. Quinn sospechaba que ignorar al amigo de Rachel dejándolo con la intriga de saber que lo que tanta atención requería, era el pasatiempo favorito de la hija de Frank.
Le pareció divertida la escena de los dos jóvenes mientras almorzaban. Camille seguía preguntando por la contraseña del WiFi del lugar, y Kurt seguía tratando de averiguar para qué requería dicha información. La respuesta de Camille siempre era un «Es asunto mío, Pinocho», «¿Qué te importa?» o simplemente, y que a Quinn le parecía gracioso, le sacaba la lengua sin decir nada más. Rachel a su lado también los observaba y en algún momento de todo ese rato, sus miradas divertidas se encontraron.
Y nuevamente todo en Quinn se sumió en un cortocircuito.
Los ojos de Rachel ya no la miraban, y eso le hacía sentir más alivio que molestia. Nuevamente podría mirar a su novia a su antojo sin que ésta lo supiera. Recordaba fugazmente haber entrelazado sus dedos a los de la morena cuando ambas terminaron de almorzar, aunque de vez en cuando, Rachel picoteaba con su mano libre el resto de la ensalada que estaba frente a Quinn. Le gustaba la forma en que su cuello y su mandíbula se agitaban cuando reía, o la forma en que sus cejas se fruncieron cuando decidió que era momento de ponerle un alto a la batalla entre Kurt y Camille.
—Cam, deja de jugar a la misteriosa y cuéntanos que es lo que tanto buscas en ese aparato —escuchó decir a Rachel.
Aunque su curiosidad también se había despertado y esperaba saber por fin que era lo que tanto tenia a Camille metida en el navegador, la parte enamorada de ella no pudo evitar perderse en el hecho de lo perfectamente bien que encajaba su mano a la de Rachel. Lo magnéticos que parecían ser los dedos de ambas entre sí, el contraste de ambas pieles, las diferentes temperaturas. La mano de Rachel estaba caliente y la de ella completamente fría. Lo mismo sucedía cuando dormían juntas. Su cuerpo siempre buscaba absorber el calor que desprendía el de la morena y cuando por fin lo encontraba, todo parecía encajar.
Sonaba cursi incluso en su cabeza pero recordar a Rachel durmiendo en su cama era algo que le hacía sonreír sin esfuerzo alguno. Era algo que quería ver el resto de su vida. De hecho, era algo que veía varios días a la semana desde que habían vuelto de Lima. Fue como si el último viaje que hicieron a Ohio hubiese marcado un antes y un después. No solo en ella misma, sino en la relación con la morena.
No estaban viviendo juntas, eso lo tenía bien en claro, pero se sentía como si lo hicieran. Quinn secretamente había hecho espacio en uno de los cajones de su armario y de un día para el otro los cepillos de dientes del baño pasaron de ser dos a ser tres. Camille siempre le tomaba el pelo diciendo que no le sorprendería si un día de esos amanecían casadas. La respuesta de Quinn era un golpe en la cabeza junto con un «Ya hablaremos de ti cuando llegue el momento», pero lo cierto era el que el gusanito de «¿Por qué no?» había picado en algún lugar de ella haciéndole notar cada tanto su presencia. Eso no significaba que fuera a pedirle casamiento a Rachel de un momento a otro. Solo era algo para tener en cuenta a futuro.
—Sal de tu mente y préstale atención a tu hermana —le susurró Rachel discretamente—. ¿Qué es lo que piensas tanto?
La morena no parecía molesta por su falta de atención, sino más bien interesada. Quinn sonrió con diversión al notar que, por mucho que lo intentase, Rachel no lograba saber que pasaba por su mente esta vez. Sabía perfectamente que eso era algo que sí molestaba a la morena. Le regaló un beso en la mejilla y posó su vista en Camille que parecía haberse apiadado de Kurt contándole de una vez por todas lo que hacía con la laptop.
—…un empleo. Ya sabes, Quinn no puede hacerse cargo de todos los gastos de la casa —decía la adolescente. Fabray tenía una postura bastante firme acerca de eso pero prefirió guardar silencio un rato más—. Spens me estaba ayudando a buscar algo en línea pero no encontramos nada acorde a…
—Espera —interrumpió Kurt con una mano en alto girándose para mirar a Rachel—. ¿No le has hablado de esto, Rach? ¿No les contaste lo que piensas hacer? ¿Lo del espacio libre aquí si…?
—Kurt…
— ¿Qué piensas hacer? —intervino Quinn sentándose más erguida en su asiento con el entrecejo ligeramente fruncido—. Rachel, ¿Me explicas de lo que habla tu amigo o…?
Si tenía que ser honesta, no le gustó para nada que la morena se mordiera el labio, como si estuviera debatiéndose entre hablar o no, fulminara a Hummel con la mirada y por último soltara un suspiro que sonó a resignación. Rachel no tenía por qué contarle todo lo que sucedía en su vida pero tampoco podía tomar una decisión importante y hacer de cuenta que Quinn no figuraba en el panorama. Se supone que eran una pareja, ¿No? Las cosas importantes se comparten.
Escuchó un «Gracias, Kurt» completamente irónico por parte de su novia y eso aumentó muchísimo más su molestia. Sintiendo que estaba quedándose afuera de algo, y con el orgullo de querer decirle a la morena un «Deja. No me cuentes nada» a flor de piel, se puso de pie y se alejó de la mesa donde estaban rumbo a la salida. Después de las palabras y los gestos de Rachel, lo menos que quería hacer era hablar con la morena. No estaba tratando de ser controladora, simplemente le hubiese gustado saber por boca de su novia qué era lo que ésta decidiendo para su vida.
— ¿Puedes parar un segundo? —pidió Rachel con voz agitada detrás de ella.
—No puedo, tengo que volver al trabajo —respondió cortante sin dejar de caminar.
—Quinn tengo zapatos altos. Si aceleró el paso para alcanzarte, seguramente me romperé un tobillo —dramatizó la morena. Fabray puso los ojos en blanco y sin que se notara, ralentizó sus pasos—. Quinn…
—Quinn nada, Rachel. Sea lo que sea que tengas para decir ahora —enfatizó—, se lo dices a mi espalda.
—Qué infantil eres cuando te enojas —señaló la morena cada vez más cerca de ella—. Y solo para que lo sepas, estas caminando rumbo a casa, no al gimnasio.
—Jamás dije que iba al gimnasio —negó sabiendo que era mentira.
— ¡Claro que sí! Trabajo, gimnasio, es todo lo mismo. ¡Fabray! ¡Para ya!
«No le hagas caso. No le hagas caso. Estas molesta. Sigue caminando. Tú puedes. Sé fuerte. No le hagas caso», se decía mentalmente pero cuando sus pies se volvieron más lentos y segundos después sintió la mano de la morena tomando la suya, supo que había cedido completamente. ¿Dónde había quedado aquella Quinn no se doblegaba ante nadie, que le importaba muy poco los demás? Cierto, estaba perdida en los océanos chocolates que Rachel tenía por ojos.
—Estaba pensando en dejar el Spotlight —soltó la morena mirándola a los ojos. Quinn abrió los suyos pero no dijo nada porque, sinceramente, no sabía que decir—. Las grabaciones empezarán la semana próxima y los horarios del Spotlight no son compatibles con la filmación.
«¿Eso era todo?», pensó.
— ¿Y no podías decírmelo a eso? —reaccionó la rubia soltándose del agarre de la morena—. Pasamos casi todo el día juntas, Rachel, ¿No podías contarme ese pensamiento? ¿Pensaste que no te apoyaría? ¿Qué me opondría a…?
—Quiero que mi puesto en el Spotlight lo ocupe Camille —interrumpió Berry levantando el mentón como si quisiera aparentar firmeza aunque Quinn sabía perfectamente que estaba nerviosa por alguna razón—. Pensaba… pensaba comentártelo pero sé cómo te pones cuando…
—De nuevo, ¿Pensaste que no te apoyaría? ¿Qué no apoyaría a mi hermana? ¿Qué…?
Y de repente todo cobró sentido. Supo perfectamente porqué Rachel no quería comentárselo, porqué estaba nerviosa, porqué no la miraba a los ojos. La morena quería que Camille trabajara en su lugar, en su turno. Y con Danielle. ¡Con la chica que le había roto el corazón a Camille! De ninguna manera iba a permitir tal cosa. Por supuesto que no.
—Quinn… —llamó Rachel captando su atención. La miró apretando la mandíbula y con una mirada fría—. Cam necesita… necesita un incentivo. El Spotlight sería…
—Sería como arrojarla a una hoguera, Rachel. Y sabes muy bien quien encendería el fuego —fue lo último que dijo antes de alejarse completamente de la morena.
Aun sin mirarla, sabía perfectamente que Rachel hizo el amague de seguirla y agradeció cuando no lo hizo. De haberla seguido, sabía que terminarían discutiendo y, aunque el clima estaba tenso entre ellas, no era algo que quería que sucediera. Por otro lado, que ella y su novia estuvieran caminando en sentidos opuesto, era una prueba más de que Rachel la conocía lo suficientemente bien como para saber cuándo darle espacio y cuándo no. Y con un tema que ella consideraba bastante delicado, como lo era el corazón roto de Camille, era mejor dejarla sola. Necesitaba poner en calma su enojo, su molestia, repasar con calma y sin bronca el recuerdo de haber visto a su hermana menor completamente rota por un amor no correspondido.
Ir a su departamento, como pensaba hacerlo antes de hablar con Rachel, no era una opción. Volver al trabajo tampoco lo era. De hecho, le mando un mensaje a Spencer pidiéndole que se hiciera cargo de todo por unas horas más. No podía ir a lugares donde quizás fueran a buscarla. Necesitaba un momento a solas para analizarlo todo.
Primer punto: Camille trabajando. Trabajando en Spotlight.
Le sorprendió bastante darse cuenta que en realidad no estaba aterrada de que trabajara en el Spotlight con Danielle, sino más bien que estaba aterrada de que trabajara en general. Un pensamiento salido de la nada le hizo ver que el lugar y las personas eran lo de menos. No es que quisiera limitar o cortarle las alas a la adolescente, simplemente sentía temor de que le sucediera algo estando lejos de ella. Si bien al principio había querido matarla con sus propias manos, había aprendido a conocer y querer cada parte de Camille. Lo bueno y lo malo. Había pasado de ser una adolescente completamente insoportable a ser prácticamente su hermana menor. Y no porque el padre de la adolescente fuera a casarse con su madre, sino porque la joven se lo había ganado.
Si Camille comenzaba a trabajar pasarían menos tiempo entre ellas. Entre que Quinn estaría por las mañanas y la tarde en el gimnasio y la joven de ojos azules trabajaría de noche en el Spotlight, casi ni se verían. Cuando ella llegara a casa, Cam se iría. Las noches de películas entre hermanas que silenciosamente habían establecidos, se reducirían notoriamente. Las cenas de cereales y fideos pegados quedarían en la nada. Los desayunos quedarían en el olvido porque cuando ella se levantara para ir a trabajar, Camille estaría regresando del café-bar agotada con la única intención de dormir.
Que la llamen idiota y sentimental, pero sentía miedo de la sensación de pérdida que la estaba invadiendo mientras pensaba en lo que sucedería a partir de ahora entre ella y Camille si ésta comenzaba a trabajar. Por fin había encontrado a alguien a quien considerar ese hermano pequeño que siempre había deseado, ¿Y ya iba a perderlo? ¿Tan rápido?
Se sintió repentinamente sofocada a causa de todos sus pensamientos, y antes de que pudiera hundirse más en ellos, prefirió pasar al siguiente punto en su lista: Rachel. Aunque claro, no contaba con lo que podía significar pensar en la morena.
Había otra razón por la cual la noticia de Berry le había afectado pero no pensaba darle espacio en ella porque eso significaba aumentar muchísimo más su nivel de sentimentalismo y cursilería. En lugar de quedarse allí en medio de la nada, entre un mar de personas que iban y venían, decidió ponerse en marcha ella también. En un abrir y cerrar de ojos se encontraba en el café 71 donde había ido varias veces con su novia cuando solamente eran amigas. Sonrió fugazmente al darse cuenta que no importara lo mucho que quisiera estar lejos de Rachel, siempre terminaría buscando algo que le recordara a la joven.
Entró al local y en cuanto dio dos pasos rumbo al mostrador, una melena marrón llamó su atención por completo: al parecer, Rachel había tenido la misma idea que ella. Una vez más su corazón comenzó a bombear de manera atolondrada y más de un suspiro se quedó trabado en su interior con la sola imagen de la joven. Meses a su lado y aun se sentía todo como al inicio de esa historia. Dejándose llevar por sus pasos, y dándose cuenta la falta que le había hecho su novia durante esas horas, camino hasta Berry sentándose en el asiento frente a ella.
—Juro que no te estoy siguiendo.
Rachel dio un pequeño salto en el lugar, producto del susto que le provocó, pero no dijo absolutamente nada. El marrón de sus ojos volvió a dejar en evidencia el profundo océano que era y Quinn no pudo hacer nada más que perderse en eso. Parecían no necesitar de las palabras, toda la comunicación que podían mantener luego del momento tenso entre ambas estaba reflejada en sus ojos. O en sus caricias, cuando la rubia tomó la mano de su novia que descansaba sobre la mesa.
—Me aterra pensar la idea que ya no la veré tanto como antes —confesó mirando hacia el mantel oscuro de la mesa y dibujando garabatos con el dedo índice de su mano libre. Rachel apretó un poco más su mano invitándola a continuar—. Ya te… Ya te conté sobre el deseo de tener un hermano menor cuando era pequeña. Ahora… Ahora veo a Cam y siento que ella merece tener ese… ese título. Entonces tú dijiste lo de… lo del trabajo y yo me asusté.
Con los ojos clavados de Rachel en ella, todo lo referente a Camille que había pasado por su mente en esas horas de soledad, fue expresado con palabras. Ya no tenía miedo de hablar con Rachel sobre sus miedos porque sabía que la morena no iba a burlarse de ella, sino todo lo contrario: la ayudaría a encontrar una solución. Por otro lado, el que la morena estuviera frente a ella completamente atenta y sin soltarla de la mano era un alivio, porque eso significaba que no estaba enojada con ella por haberse alejado como lo hizo.
O quizás no tan enojada.
—Eres consciente de que no vas a perderla si pasan unas horas separadas, ¿Cierto? —preguntó la morena con calma. Quinn se encogió de hombros sin saber qué decir exactamente—. Quinn,… Tú y Frannie pasan horas separadas, hay kilómetros en medio de las dos, ¿Tú crees que la has perdido a causa de eso?
No, no había perdido a Frannie. De hecho, estaban cada vez más unidas. Su hermana mayor la llamaba todos los días por teléfono antes de arrancar el día, e incluso a veces después de la cena. Ella era la única que sabía que su hermana pensaba pedirle a Zach que volvieran a estar juntos cuando se reunieran todos en Lima para Acción de Gracias, y también los planes de mudanza de Frannie a un lugar que estuviera entremedio de Lima y Nueva York para así poder estar a la misma distancia de su madre y de sus hermanas menores.
Frannie y ella compartían muchas confidencias desde que habían vuelto a conectar entre sí, y la distancia o los horarios no parecían ser problema alguno. Por ende, si no había perdido a Frannie que vivía a cientos de kilómetros de ella, tampoco iba a perder a Camille que era con quien compartía hogar, ¿Cierto?
—Debes pensar que soy una idiota —susurró con la cabeza baja. Rachel respondió con una risa—. Hablo en serio, Berry… Me asusto por nada.
— ¡Claro que no! Es completamente aceptable que tengas miedos a los cambios, Quinn —aseguró la morena dejándole un beso en la mano—. Yo también tengo miedo. Me aterra dejar el Spotlight. No por el lugar, sino por lo que significa para mí. Trabajé años allí, conocí personas, historias, fui parte de algo, Dani y yo nos peleamos y nos amigamos infinidades de veces, te… te conocí a ti. Siento que si dejo al Spotlight estaría dejando abandonado a un perro. Me lo imagino mirándome como diciendo «No me abandones». Asi que no, no pienso que seas una idiota porque si no tendría que pensar lo mismo de mí.
Sintió una oleada de alivio al darse cuenta que la morena sentía lo mismo que ella en cuanto al café-bar. Esa había sido la otra razón por la cual la noticia de Rachel le había afectado. El Spotlight era mucho más que un café-bar en la historia de las dos. Era donde comenzó todo, donde ella empezó a conocerse a sí misma, donde pasó horas compartiendo cosas con una joven que no conocía de nada, donde se enamoró de dicha joven, donde la escuchó cantar y se enamoró de su voz, donde vieron el amanecer mientras Rachel compartía con ella una etapa dolorosa de su vida. Si Rachel dejaba el Spotlight, ella ya no tendría razones para volver allí. Estaría abandonando algo importante. Lo estaría perdiendo también, al igual que a Camille.
—Siempre podremos volver —habló la morena sacándola de sus pensamientos—. No es como si Spotlight se fuera a cambiar de sitio o algo por el estilo. Simplemente,… Simplemente pasaremos menos tiempo allí.
— ¿No estaríamos abandonando a un perro? —preguntó en voz baja.
—No, solamente lo estaríamos dejando al cuidado de la tía Cam mientras nos tomamos unas vacaciones —respondió Rachel con una sonrisa. Quinn, frente a ella, sonrió también apretando la mano de la morena—. Eso me alivia. Necesito avanzar, Quinn. Necesito escribir una nueva página en mi libro y si para eso tengo que alejarme un tiempo del Spotlight, lo haré. Adoro actuar, más que nada en el mundo, y se me presenta esta oportunidad. Tengo que dar el ciento diez por ciento de mí, como siempre lo he hecho. Asi que… si no te he contado antes lo que pensaba hacer fue porque no sabía cómo hacerlo y porque aún tengo sentimientos encontrados de lo que ese cambio significaría para mí.
— ¿No querías decírmelo por lo de Dani también?
—Ese era otro punto a tener en cuenta. Sé lo mucho que amas a Camille. No lo niegues —se adelantó cuando Fabray abrió la boca para contradecirla—. Sé lo mucho que deseas cuidarla, protegerla, porque sé que te hubiese gustado tener a alguien que hiciera lo mismo por ti en tus años oscuros, pero dejarla que estire las alas es ayudarla también. No cortes su vuelo, mejor ayúdala a practicar. Enséñale a volar de la forma que mejor te salga. No impidas que se choque contra una pared, mejor enséñale qué hacer para esquivarlas a tiempo. Deja que se caiga, pero mantente cerca con el botiquín para curarle las heridas. Sé su hermana mayor, no su piedra en el camino.
Y una vez más, Rachel le ofrecía una perspectiva diferente de la situación. Una vez le hacía parar un segundo y pensar todo con claridad. Le hacía ver que el vaso en realidad estaba medio lleno y no medio vacío. Ponía su mente en un estado de relajación absoluta a tal punto que los pensamientos negativos se calmaban por completo.
Camille no iba a desaparecer de su vida solo por desencontrarse unas horas, no iba a perderla como hermana menor, no iban a vivir menos cosas solo por tomar caminos diferentes. Nada cambiaba, o quizás todo cambiaba pero de una cosa estaba segura: no iba a perder a su hermanita menor. Como tampoco iba a perder aquello que la unía al Spotlight.
Todo iba de la mano. Camille y el Spotlight, por ejemplo. Y ella planeaba pasar tiempo con los dos siempre que fuera posible. No los estaba abandonando, solamente estaba dejando que hicieran su propio camino.
—No le has contado a Cam lo que tienes en mente, ¿No? —preguntó sabiendo que quedaba un punto importante a tener en cuenta en todo ese asunto. Rachel negó con la cabeza provocándole alivio—. Perfecto, porque antes quiero hablar con ella sobre algo.
—Sobre alguien, mejor dicho. Dani, ¿Verdad?
—Tú y ella han vuelto a ser amigas, pero si esa chica aun significa algo para mi hermana, Camille no pisará el Spotlight —afirmó completamente seria. Esta vez, la morena asintió, como si estuviera de acuerdo con ella—. No quiero que sufra. Y definitivamente voy a evitar tal cosa si está en mis manos hacerlo.
—Lo sé. Cuenta conmigo —prometió Rachel inclinándose hacia adelante sellando esa promesa con un beso.
—Cuento contigo —susurró con una sonrisa y los ojos cerrados.
Sí, contaba con Rachel. La incondicional Rachel Berry.
Pido disculpas si la calidad del capitulo es bastante flojo en comparación con los anteriores. Fue extraño volver a escribir después de tanto tiempo. De hecho, considero que este no es uno de mis mejores capítulos. Fue uno de los más dude a la hora de actualizar, pero bueno... espero que les haya gustado.
Hasta la próxima. Buena semana.
